Lamento de cautiverio y de liberación:día del asesinato del negro João Alberto Freitas en Porto Alegre-RS

Leonardo Boff*

En  este 20 de noviembre de 2020, en el que celebramos el día de la conciencia negra, día de reflexión contra el  racismo y de reconocimiento de la dignidad de la población da población negra en Brasil (más de la mitad de su población), fue cobardemente asesinado, a golpes y sofocado hasta la muerte el negro João Alberto Freitas, de 40 años, por dos vigilantes de  seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre. Las escenas muestran una increíble brutalidad y  cobardía y revelan todo el racismo presente en sectores de la sociedad y cuan inhumanos y crueles podemos ser. 

En homenaje a João Alberto Freitas vuelvo a publicar un texto que escribí tiempo atrás pero que guarda permanente actualidad.

La Pasión de Cristo continúa siglo tras siglo en el cuerpo de los crucificados. Jesús agonizará hasta el fin del mundo, mientras uno solo de su hermanas y hermanos esté pendiendo todavía de alguna cruz, a semejanza de los bodhisatwas budistas (los iluminados) que se detienen en el umbral del Nirvana para retornar al mundo del dolor –samsara– en solidaridad con quienes sufren, personas, animales y plantas. Con esta convicción, la Iglesia Católica, en la liturgia de Viernes Santo, pone en la boca de Cristo estas palabras conmovedoras:

“Pueblo mío, mi pueblo elegido ¿en qué te entristecí? Dime. ¿Qué más podría haber hecho por ti? ¿en qué te falté? Yo te hice salir de Egipto y te alimenté con maná. Te preparé una tierra hermosa; tú, la cruz para tu rey”.

Al celebrar la abolición de la esclavitud el 13 de mayo de 1888, nos damos cuenta de que aún no se ha completado. La pasión de Cristo continúa en la pasión del pueblo negro. Falta la segunda abolición, la de la miseria y el hambre. Se oyen todavía los lamentos de cautiverio y de liberación venidos de las senzalas, hoy de las favelas alrededor de nuestras ciudades. La población negra todavía nos habla en forma de lamento:

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te inspiré la música cargada de banzo y el ritmo contagioso. Te enseñe cómo usar el bumbo, la cuica y el atabaque. Fui yo quien te dio el rock y la ginga de la samba. Y tú tomaste lo que era mío, te hiciste nombre y renombre, acumulaste dinero con tus composiciones y nada me devolviste.

Yo bajé de los cerros y te mostré un mundo de sueños, de una fraternidad sin barreras. Creé mil fantasías multicolores y te preparé la mayor fiesta del mundo: dancé el carnaval para ti. Y tú te alegraste y me aplaudiste de pie. Pero pronto, muy pronto, me olvidaste, reenviándome al cerro, a la favela, a la realidad desnuda y cruda del desempleo, del hambre y de la opresión.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te di en herencia el plato del día-a-día, el fríjol y el arroz. De los restos que recibía hice la feijoada, el vatapá, el efó y el acarajé: la cocina típica de Brasil. Y tú me dejas pasar hambre. Y permites que mis niños mueran de hambre o que sus cerebros sean irremediablemente afectados, infantilizándolos para siempre

Yo fui arrancado violentamente de mi patria africana. Conocí el navío-fantasma de los negreros. Fui hecho cosa, pieza, esclavo. Fui la madre-negra para tus hijos. Cultivé los campos, cogí el tabaco y planté la caña. Hice todos los trabajos. Fui yo quien construyó las bellas iglesias que todos admiran y los palacios que habitaban los dueños de esclavos. Y tú me llamas perezoso y me detienes por vagabundeo. A causa del color de mi piel me discriminas y todavía me tratas como si fuera esclavo.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo supe resistir, conseguí huir y fundar quilombos o palenques: sociedades fraternales, sin esclavos, de gente pobre pero libre, negros, mestizos y blancos. A pesar de los azotes en mi espalda, trasmití la cordialidad y la dulzura al alma brasilera. Y tú me enviaste al capitán-do-mato para cazarme como a un bicho, arrasaste mis quilombos y aún hoy impides que la abolición de la miseria que esclaviza sea para siempre verdad cotidiana y efectiva.

Yo te mostré lo que significa ser templo vivo de Dios. Y, por eso, cómo sentir a Dios en el cuerpo lleno de axé y celebrarlo en el ritmo, en la danza y en las comidas. Y tú reprimiste mis religiones llamándolas ritos afro-brasileros o considerándolas simple folclore. Invadiste mis terreiros echándoles sal y destruyendo nuestros altares. No raras veces, hiciste de la macumba un caso policial. La mayor parte de los jóvenes asesinados en las periferias con edades entre 18 y 24 años son negros, y por el hecho de ser negros son sospechosos de estar al servicio de las mafias de la droga. La mayoría de ellos son simples trabajadores.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Cuando con mucho esfuerzo y sacrificio conseguí ascender un poco en la vida, ganando un salario trabajado, comprando mi casita, educando a mis hijos, cantando mi samba, apoyando a mi equipo preferido y pudiendo tomar el fin de semana una cervecita con los amigos, tú dices que soy un negro de alma blanca, disminuyendo así el valor de nuestra alma de negros dignos y trabajadores. Y en los concursos, en igualdad de condiciones, casi siempre decides a favor de un blanco.

Y cuando se pensaron políticas que reparasen la perversidad histórica, permitiéndome lo que siempre me negaste, estudiar y formarme en las universidades y en las escuelas técnicas y así mejorar mi vida y la de mi familia, la mayoría de los tuyos grita: va contra la constitución, es una discriminación, es una injusticia social.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¿Qué hiciste con mi hermano João Alberto Freitas cobardemente asesinado por dos vigilantes de seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre. ¡Respóndeme!

Mis hermanos y hermanas negros, en este día 20 de noviembre, día de Zumbi y de la conciencia negra, quiero homenajearles a todos ustedes que consiguieron sobrevivir durante todo este largo tiempo, porque la alegría, la música, la danza y lo sagrado están dentro de ustedes, a pesar de todo el viacrucis de sufrimientos que injustamente les son impuestos.

Con mucho axé y amorosidad

Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor

Traducción de María José Gavito Milano

Lamento de cautiverio y de liberación: día del asesinato del negro João Alberto Freitas en Porto Alegre, en el día de la conciencia negra

Leonardo Boff

                         Lamento de cautiverio y de liberación

En  este 20 de noviembre de 2020, en el que celebramos el día de la conciencia negra, día de reflexión contra el  racismo y de reconocimiento de la dignidad de la población da población negra en Brasil (más de la mitad de su población), fue cobardemente asesinado, a golpes y sofocado hasta la muerte el negro João Alberto Freitas, de 40 años, por dos vigilantes de  seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre-RS. Las escenas muestran una increíble brutalidad y  cobardía y revelan todo el racismo presente en sectores de la sociedad y cuan inhumanos y crueles podemos ser.  

En homenaje a João Alberto Freitas vuelvo a publicar un texto que escribí tiempo atrás pero que guarda permanente actualidad.

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La Pasión de Cristo continúa siglo tras siglo en el cuerpo de los crucificados. Jesús agonizará hasta el fin del mundo, mientras uno solo de su hermanas y hermanos esté pendiendo todavía de alguna cruz, a semejanza de los bodhisatwas budistas (los iluminados) que se detienen en el umbral del Nirvana para retornar al mundo del dolor –samsara– en solidaridad con quienes sufren, personas, animales y plantas. Con esta convicción, la Iglesia Católica, en la liturgia de Viernes Santo, pone en la boca de Cristo estas palabras conmovedoras:

“Pueblo mío, mi pueblo elegido ¿en qué te entristecí? Dime. ¿Qué más podría haber hecho por ti? ¿en qué te falté? Yo te hice salir de Egipto y te alimenté con maná. Te preparé una tierra hermosa; tú, la cruz para tu rey”.

Al celebrar la abolición de la esclavitud el 13 de mayo de 1888, nos damos cuenta de que aún no se ha completado. La pasión de Cristo continúa en la pasión del pueblo negro. Falta la segunda abolición, la de la miseria y el hambre. Se oyen todavía los lamentos de cautiverio y de liberación venidos de las senzalas, hoy de las favelas alrededor de nuestras ciudades. La población negra todavía nos habla en forma de lamento:

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te inspiré la música cargada de banzo y el ritmo contagioso. Te enseñe cómo usar el bumbo, la cuica y el atabaque. Fui yo quien te dio el rock y la ginga de la samba. Y tú tomaste lo que era mío, te hiciste nombre y renombre, acumulaste dinero con tus composiciones y nada me devolviste.

Yo bajé de los cerros y te mostré un mundo de sueños, de una fraternidad sin barreras. Creé mil fantasías multicolores y te preparé la mayor fiesta del mundo: dancé el carnaval para ti. Y tú te alegraste y me aplaudiste de pie. Pero pronto, muy pronto, me olvidaste, reenviándome al cerro, a la favela, a la realidad desnuda y cruda del desempleo, del hambre y de la opresión.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te di en herencia el plato del día-a-día, el fríjol y el arroz. De los restos que recibía hice la feijoada, el vatapá, el efó y el acarajé: la cocina típica de Brasil. Y tú me dejas pasar hambre. Y permites que mis niños mueran de hambre o que sus cerebros sean irremediablemente afectados, infantilizándolos para siempre

Yo fui arrancado violentamente de mi patria africana. Conocí el navío-fantasma de los negreros. Fui hecho cosa, pieza, esclavo. Fui la madre-negra para tus hijos. Cultivé los campos, cogí el tabaco y planté la caña. Hice todos los trabajos. Fui yo quien construyó las bellas iglesias que todos admiran y los palacios que habitaban los dueños de esclavos. Y tú me llamas perezoso y me detienes por vagabundeo. A causa del color de mi piel me discriminas y todavía me tratas como si fuera esclavo.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo supe resistir, conseguí huir y fundar quilombos o palenques: sociedades fraternales, sin esclavos, de gente pobre pero libre, negros, mestizos y blancos. A pesar de los azotes en mi espalda, trasmití la cordialidad y la dulzura al alma brasilera. Y tú me enviaste al capitán-do-mato para cazarme como a un bicho, arrasaste mis quilombos y aún hoy impides que la abolición de la miseria que esclaviza sea para siempre verdad cotidiana y efectiva.

Yo te mostré lo que significa ser templo vivo de Dios. Y, por eso, cómo sentir a Dios en el cuerpo lleno de axé y celebrarlo en el ritmo, en la danza y en las comidas. Y tú reprimiste mis religiones llamándolas ritos afro-brasileros o considerándolas simple folclore. Invadiste mis terreiros echándoles sal y destruyendo nuestros altares. No raras veces, hiciste de la macumba un caso policial. La mayor parte de los jóvenes asesinados en las periferias con edades entre 18 y 24 años son negros, y por el hecho de ser negros son sospechosos de estar al servicio de las mafias de la droga. La mayoría de ellos son simples trabajadores.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Cuando con mucho esfuerzo y sacrificio conseguí ascender un poco en la vida, ganando un salario trabajado, comprando mi casita, educando a mis hijos, cantando mi samba, apoyando a mi equipo preferido y pudiendo tomar el fin de semana una cervecita con los amigos, tú dices que soy un negro de alma blanca, disminuyendo así el valor de nuestra alma de negros dignos y trabajadores. Y en los concursos, en igualdad de condiciones, casi siempre decides a favor de un blanco.

Y cuando se pensaron políticas que reparasen la perversidad histórica, permitiéndome lo que siempre me negaste, estudiar y formarme en las universidades y en las escuelas técnicas y así mejorar mi vida y la de mi familia, la mayoría de los tuyos grita: va contra la constitución, es una discriminación, es una injusticia social.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¿Qué hiciste con mi hermano João Alberto Freitas cobardemente asesinado por dos vigilantes de seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre. ¡Respóndeme!

Mis hermanos y hermanas negros, en este día 20 de noviembre, día de Zumbi y de la conciencia negra, quiero homenajearles a todos ustedes que consiguieron sobrevivir durante todo este largo tiempo, porque la alegría, la música, la danza y lo sagrado están dentro de ustedes, a pesar de todo el viacrucis de sufrimientos que injustamente les son impuestos.

Con mucho axé y amorosidad

Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor.

Traducción de Maria José Gavito Milano

Lamento de cativeiro e de libertação: dia do assassinato do negro João Alberto Freitas em Porto Alegre, no dia da consciência negra

                         Lamento de cativeiro e de libertação

Neste dia, 20 de novembro de 2020, quando celebramos o dia da consciência negra, dia de reflexão contra o racismo e de reconhecimento da dignidade da população negra no Brasil (mais da metade da população), foi covardemente assassinado, a pancadas e sufocado até à morte, o negro João Alberto Freitas, de 40 anos, por dois seguranças e um policial num Carrefour de Porto Alegre. As cenas mostram inominável brutalidade e covardia e revelam todo o racismo presente em setores da sociedade e o quanto desumandos e cruéis podemos ser.

Em homenagem a João Alberto Freitas republico um texto lançado tempos atrás mas que guarda permanente atualidade

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A Paixão de Cristo continua pelos séculos afora no corpo dos crucificados. Jesus agonizará até o fim do mundo, enquanto houver um único de seus irmãos e irmãs que esteja ainda pendendo de alguma cruz, à semelhança dos bodhisatwas budistas (os iluminados) que param no umbral do Nirvana para retornarem ao mundo da dor –samsara – em solidariedade com quem sofre, pessoas, animais e plantas. Nesta convinção, a Igreja Católica, na liturgia da Sexta-feira Santa, coloca na boca do Cristo estas palavras pungentes:

”Que te fiz, meu povo eleito? Dize em que te contristei! Que mais podia ter feito, em que foi que te faltei? Eu te fiz sair do Egito, com maná de alimentei. Preparei-te bela terrra, tu, a cruz para o teu rei”.

Celebrando a abolição da escravatura a 13 de maio de 1888, nos damos conta de que ela não foi completada ainda. A paixão de Cristo continua na paixão do povo negro. Falta a segunda abolição, da miséria e da fome. Ouvem-se ainda os ecos dos lamentos de cativeiro e de libertação, vindos das senzalas, hoje das favelas ao redor de nossas cidades. A população negra ainda nos fala em forma de lamento:

“Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te inspirei a música carregada de banzo e o ritmo contagiante. Eu te ensinei como usar o bumbo, a cuica e o atabaque. Fui eu que te dei o rock e a ginga do samba. E tu tomaste do que era meu, fizeste nome e renome, acumulaste dinheiro com tuas composições e nada me devolveste.

Eu desci os morros, te mostrei um mundo de sonhos, de uma fraternidade sem barreiras.Eu criei mil fantasias multicores e te preparei a maior festa do mundo: dancei o carnavalpara ti. E tu te alegraste e me aplaudiste de pé. Mas logo, logo, me esqueceste, reenviando-me ao morro, à favela, à realidade nua e crua do desemprego, da fome e da opressão.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te dei em herança o prato do dia-a-dia, o feijão e o arroz. Dos restos que recebia, fiz a jeijoada, o vatapá, o efó e o acarajé: a cozinha típica do Brasil. E tu me deixas passar fome. E permites que minhas crianças morram famintas ou que seus cérebros sejam irremediavelmente afetados, infantilizando-as para sempre.

Eu fui arrancado violentamente de minha pátria africana. Conheci o navio-fantasma dos negreiros. Fui feito coisa, peça, escravo. Fui a mãe-preta para teus fihos. Cultivei os campos, plantei o fumo e a cana. Fiz todos os trabalhos. Fui eu que construi a belas igrejas que todos admiram e os palácios que os donos de escravos habitavam. E tu me chamas de preguiçoso e me prendes por vadiagem. Por causa da cor da minha pele me discriminas e me tratas ainda como se continuasse escravo.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo:que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu soube resistir, consegui fugir e fundar quilombos: sociedades fraternais, sem escravos, de gente pobre mas livre, negros, mestiços e brancos. Eu transmiti apesar do açoite em minhas costas, a cordialidade e a doçura à alma brasileira. E tu enviaste o capitão do moto para me caçar como bicho, arrasaste meus quilombos e ainda hoje impedes que a abolição da miséria que escraviza, seja para sempre verdade cotidiana e efetiva.

Eu te mostrei o que significa ser templo vivo de Deus. E, por isso, como sentir Deus no corpo cheio de axé e celebrá-lo no ritmo, na dança e nas comidas. E tu reprimiste minhas religiões chamando-as de ritos afro-brasileiros ou de simples folclore. Invadiste meus terreiros, jogando sal e destruindo nossos altares. Não raro, fizeste da macumba caso de polícia. A maioria dos jovens assassinados nas periferias, na idade entre 18 e 24 anos são negros, pelo fato de serem negros ou suspeitos de estarem a serviço das máfias da droga. A maioria deles são simples trabalhadores.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo:que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Quando com muito esforço e sacrifício consegui ascender um pouco na vida, ganhando um salário suado, comprando minha casinha, educando meus filhos, cantando o meu samba, torcendo pelo meu time de estimação e podendo tomar no fim de semana uma cervejinha com os amigos, tu dizes que sou um negro de alma branca diminuindo assim o valor de nossa alma de negros dignos e trabalhadores. E nos concursos em igual condição quase sempre tu decides em favor de um branco.

E quando se pensaram políticas que reparassem a perversidade histórica, permitindo-me o que sempre me negaste, estudar e me formar nas universidades e nas escolas técnicas assim melhorar minha vida e de minha família, a maioria dos teus grita: é contra a constituição, é uma discriminação, é uma injustiça social.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: Que te fiz eu e em que te contristei? O que fizeste com meu irmão João Alberto Freitas, covardemente assassinado a pancadas por dois seguranças e um policial num Carrefour de Porto Alegre-RS. Responde-me!”

Com muito axé e amorosidade

Leonardo Boff teólogo, filósofo e escritor

Covid-19 zwingt uns zum Nachdenken, was wirklich essenziell ist

Der renommierte deutsche Philosoph Jürgen Habermas bekräftigte in einem Interview über Covid-19: “Wir haben noch nie so viel über Unwissenheit gewusst wie jetzt.”  Die Wissenschaft ist für das Überleben und die Erklärung der Komplexität moderner Gesellschaften unverzichtbar, aber sie kann nicht arrogant sein und so tun, als könne sie, wie einige Pseudowissenschaftler postulieren, alle Probleme lösen.  Um die Wahrheit zu sagen: Was wir nicht wissen, ist unendlich größer als das, was wir wissen.  Alles Wissen ist endlich und unvollkommen.  Das wird jetzt in unserer hektischen Suche nach einem wirksamen Impfstoff gegen Covid-19 bewiesen.  Wir wissen weder, wann ein Impfstoff erhältlich sein wird, noch wann die Pandemie überstanden sein wird.

Das Virus hinterlässt uns mit einem Sonnenuntergangsgefühl am Horizont des Lebens und der Hoffnung und Gelegenheiten, das gut in der Twitter-Nachricht der Richterin und Autorin Andréa Pacha (“Das Leben ist nicht gerecht”) beschrieben wird: „Die Pandemie hat viel Chaos angerichtet.  Manches ist physisch, konkret und endgültig.  Andere Schäden sind subtil, aber verheerend.  Sie stiehlt uns den Wunsch, einfach los zu gehen, zu spielen, Pläne zu haben, auch solche, die utopisch und chimerisch sind, die nie verwirklicht werden, aber die Seele ernähren.”

Wir spüren, dass es eine tiefe kollektive Depression und Melancholie gibt, die uns sogar wütend gegen das Virus macht, über das wir so wenig wissen und gegen das wir so wenig tun können.  Wir alle fühlen uns umgeben vom Gespenst der Kontamination, des Eingesperrtseins und des Todes.

Die Realität ist, dass wir unter einer außergewöhnlichen Notlage wie dem Tsunami in Japan leben, der Atomanlagen betrifft, von denen eine weiterhin Radioaktivität aussendet und die Küsten Indiens, Thailands und sogar die Küsten Kaliforniens betrifft und an den schrecklichen Bränden des Amazonas, des Pantanal und der Wälder Kaliforniens beteiligt ist.  Mit Covid-19 stehen wir vor einer extremen Notlage, die den ganzen Planeten betrifft.  Sie ist eine Folge einer tiefen ökologischen Erosion, die durch die Unersättlichkeit des Big Business verursacht wird, das es nur abgesehen hat auf materiellen Gewinn aus der Zerstörung und Rodung der Wälder, der Ausweitung monokultureller Kulturen wie Sojabohnen oder des Viehweidelands und der exzessiven Urbanisierung der ganzen Welt.

Dieses Eindringen des Menschen in die Natur, ohne jeglichen Sinn für den Respekt vor deren intrinsischem Wert und die Haltung, diese als bloßes Produktionsmittel anzusehen und nicht als etwas Lebendiges, von dem wir ein Teil sind und nicht die Herren und Meister, leugnet in uns die Achtung der Grenzen der Nachhaltigkeit der Natur.  Es hat zur Zerstörung der Lebensräume von Tausenden von Viren in Tieren und Pflanzen geführt, die auf andere Tiere und sogar auf den Menschen übertragen wurden.

Wir müssen neue Konzepte einbeziehen: Zoonose (die Krankheit, die aus der Tierwelt kommt: Vögel, Schweine und Rinder) und Zoonosetransfer (eine Tierplage, die auf den Menschen übertragbar ist).  Ab sofort werden diese nicht nur als wissenschaftliche Begriffe in unser Vokabular eingehen.

Einer der größten Virenspezialisten, David Quammen (Montana, USA), warnt uns in seinem Video „Spillover: the Next Human Pandemic (2015)“ davor.  “Es ist unvermeidlich, dass eine große Pandemie auf uns zukommt.  Sie kann Zehntausende, Hunderttausende oder Millionen von Menschen töten, je nach den Umständen und den Formen unserer Reaktion, aber einige dieser Dinge werden geschehen.  Es wird sicherlich ein Zoonose-Ereignis geschehen.  Es wird von Tieren stammen, nicht von Menschen.  Es wird sicherlich einen Virus geben.”  Lasst uns auf diese Warnung eines berühmten Wissenschaftlers achten.

Angesichts dieser extremen Notlage, die mit dem Mangel an nationaler und internationaler Mobilität, sozialer Isolation, Distanzierung und dem Tragen von Masken verbunden ist, ist es angemessen, dass wir die grundlegendsten Fragen unseres Lebens stellen.  Was zählt am Ende am meisten?  Was ist wirklich essenziell?  Was sind die Gründe, die uns in einen so extremen Notfall gebracht haben?  Was müssen wir tun und was können wir nach der Pandemie tun?  Das sind unvermeidbare Fragen.

Wir werden dann entdecken, dass es keinen größeren Wert als das Leben und die gesamte Gemeinschaft des Lebens gibt.  Das Leben entstand vor etwa 3,8 Milliarden Jahren und die Menschheit vor etwa 8 bis 10 Millionen Jahren.  Das Leben durchlief verschiedene verheerende Momente, überlebte aber immer.  Und mit dem Leben kommen die Lebensgrundlagen, ohne die es sich nicht verteidigen kann, nämlich Wasser, Erde, Atmosphäre, Biosphäre, Klima, Arbeit und die Natur, die uns alles bietet, was wir zum Leben und Überleben brauchen.  Es gibt die menschliche Gemeinschaft, die uns aufnimmt und uns die Grundlagen der sozialen und spirituellen Ordnung bietet, die uns gesellschaftlichen Zusammenhalt gewährt.  Die Anhäufung materieller Güter, der individuelle Reichtum und der unverminderte Wettbewerb sind wertlos.  Was uns als Lebewesen und soziale Wesen rettet, ist Solidarität, Kooperation, Großzügigkeit und die Sorge füreinander und für die Umwelt.

Das sind die menschlich-spirituellen Werte im Gegensatz zu denen des materiellen Kapitals, für das Covid-19 einen Donnerschlag darstellt, der ihn in Stücke schlägt.  Wir können nicht zu dem zurückkehren, was war, um Mutter Erde und Natur nicht zu provozieren.  Wenn wir unsere Beziehungen nicht auf die Grundlagen der Achtung und Fürsorge stellen, werden wir ein weiteres Virus erhalten, vielleicht ein tödlicheres und allerletztes (The Big One), das die menschliche Spezies dezimieren könnte.

Diese Zeit der erzwungenen Abgeschiedenheit ist eine Zeit der Reflexion und der ökologischen Umkehr, eine Zeit, um zu entscheiden, welche Art von gemeinsamem Zuhause wir für die Zukunft wollen.  Wir müssen in Solidarität und Liebe zu der ganzen Schöpfung wachsen, besonders zu unseren mitmenschlichen Brüdern und Schwestern.  

Wir werden “Solidaritätsmänner und -frauen” sein, der Beginn einer neuen Ära, in der das Leben und seine Vielfalt zentral sein werden und alles andere dem untergeordnet sein wird.  Gemeinsam werden wir uns über die fröhliche Feier des Lebens freuen.


Leonardo Boff 27.10.2020