¿Es posible la fraternidad humana universal y con todas criaturas?II)

 Leonardo Boff*

Hace dos años, en febrero de 2019, el Papa Francisco, cuando visitó los Emiratos Árabes, firmó en Abu Dahbi con el Gran Imán Al Azhar Ahmad Al-Tayyeb un importante documento “Sobre la fraternidad humana en pro de la paz y de la convivencia común”. Dando continuidad la ONU estableció el día 4 de febrero como el Día de la Fraternidad Humana.

Todos son esfuerzos generosos que buscan si no eliminar, al menos minimizar las profundas divisiones que imperan en la humanidad. Ansiar una fraternidad universal parece un sueño distante, pero siempre anhelado. 

El gran obstáculo a la fraternidad: la voluntad de poder

El eje estructurador de las sociedades mundiales y de nuestro tipo de civilización, ya lo escribimos anteriormente, es la voluntad de poder como dominación. 

No hay declaraciones sobre la unidad de la especie humana y de la fraternidad universal, tal como la más conocida Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948, enriquecida con los derechos de la naturaleza y de la Tierra, que consigan imponer límites a la voracidad del poder. Bien lo entendió Thomas Hobbes en su Leviatán (1615 cap X):

«Señalo, como tendencia general de todos los hombres, un perpetuo e inquieto deseo de poder y más poder, que sólo cesa con la muerte; la razón de esto radica en el hecho de que no se puede garantizar el poder sino es buscando todavía más poder».

Jesús fue víctima de ese poder y fue asesinado judicialmente en la cruz. Nuestra cultura moderna se ha apoderado de la muerte, ya que con la máquina de exterminio total creada puede eliminar la vida en la Tierra y a sí misma. ¿Cómo controlar el demonio del poder que nos habita? ¿Dónde encontrar el remedio?

Renuncia a todo poder por la humildad radical

Aquí san Francisco nos abre un camino: la humildad radical y la total sencillez. La humildad radical implica ponerse junto al humus, en la tierra, donde todos nos encontramos y nos hacemos hermanos y hermanas porque todos venimos del mismo humus.

El camino para eso consiste en bajar del pedestal en el que nos colocamos como amos y señores de la naturaleza y realizar un despojamiento radical de todo título de superioridad. Consiste en hacerse realmente pobre, en el sentido de quitar todo lo que se interpone entre el otro y yo. Ahí se esconden los inter-eses. Estos no pueden prevalecer, pues son trabas para el encuentro con el otro cara a cara, mirándose a los ojos, con las manos abiertas para el abrazo fraterno entre hermanos y hermanas, por distintos que sean. 

La pobreza no es ningún ascetismo. Es el modo que nos hace descubrir la fraternidad, juntos sobre el mismo humus, sobre la hermana y madre Tierra. Cuanto más pobre, más hermano del Sol, de la Luna, del pobre, del animal, del agua, de la nube y de las estrellas.

Francisco recorrió humildemente esta senda. No negó los oscuros orígenes de nuestra existencia, el humus (de donde viene homo en latín) y de esta forma confraternizó con todos los seres, llamándolos con el dulce nombre de hermanos y hermanas, hasta al feroz lobo de Gubbio.

Otro tipo de presencia en el mundo

Se trata de tener una nueva presencia en el mundo y en la sociedad, no como quien se cree la cumbre de la creación y está por encima de todos, sino como quien está al pie y junto a los demás seres. Por esta fraternidad universal, el más humilde encuentra su dignidad y su alegría de ser por sentirse acogido y respetado y por tener garantizado su lugar en el conjunto de los seres. 

Leclerc obstinadamente plantea siempre de nuevo la pregunta como quien no está totalmente convencido: «¿Será posible la fraternidad entre los seres humanos?» Y él mismo responde: Solamente si el ser humano se coloca a símismo con gran humildad entre las criaturas, dentro de la unidad de la creación (que incluye al ser humano y lanaturaleza como un todo), respetando todas las formas de vida, incluso las más humildes, podrá esperar un día formar una verdadera fraternidad con todos sus semejantes. La fraternidad humana pasa por esta fraternidad cósmica» (p.93).

La fraternidad viene acompañada de la sencillez

Esta no es una actitud exagerada ni excesiva. Se trata de un modo de ser que aparta todo lo que es superfluo, todo tipo de cosas que vamos acumulando, que nos hacen rehenes de ellas y crean desigualdades y barreras con respectoa los otros, negándonos a convivir solidariamente con ellos, y nos lleva a contentarnos con lo suficiente y a compartir con los demás. 

Este camino no fue fácil para Francisco. Se sentía responsable del camino de la pobreza radical y de la fraternidad. Al crecer el número de seguidores, por miles, se imponía una organización mínima. Había bellos ejemplos en el pasado. Francisco le tenía verdadera ojeriza a eso. Llegó a decir: «no me hablen de las reglas de San Agustín, de San Benito o de San Bernardo; Dios quiso que yo fuese un nuevo loco en este mundo (novellus pazzus)». Es la clara afirmación de la singularidad de su modo de vida y de su estar en el mundo y en la Iglesia, como un simple laico que toma absolutamente en serio el evangelio en medio y con los pobres e invisibles, y no como un clérigo de la poderosa Iglesia feudal. 

La gran tentación de san Francisco de Asís

Sin embargo, en un momento dado de su vida entra en una crisis profunda, pues veía que su camino evangélico de pobreza radical y de fraternidad le estaba siendo arrebatado. 

Afligido, se retira a una ermita en el bosque durante dos largos años, acompañado de su íntimo amigo fray León “la ovejita de Dios”. Es la gran tentación, a la que las biografías dan poca relevancia, pero es esencial para entender la propuesta de vida de Francisco.

Por fin, se despoja de ese instinto de posesión espiritual. Acepta un camino que no es el suyo pero que es inevitable. ¿Dónde dormirían los frailes? ¿Cómo se sostendrían? Prefiere salvar la fraternidad a salvar su propio ideal. Acoge jovialmente la férrea lógica de la necesidad. Ya no pretende nada más. Se despoja totalmente, incluso de sus deseos más íntimos, hasta el punto de que su biógrafo san Buenaventura lo llama vir desideriorum (hombre de deseos).

Ahora, totalmente despojado en su espíritu, se deja conducir por Dios. El Espíritu será el señor de su destino. Él mismo ya no se propone nada más. Está a merced de aquello que la vida le va pidiendo, viéndola como voluntad de Dios. Siente en eso la mayor libertad de espíritu posible, que se expresa por una alegría permanente hasta el punto de que le llaman “el hermano siempre alegre”. Él no ocupa ya el centro. El centro es la vida conducida por Dios. Y eso basta.

Regresa entre los cofrades y recupera la jovialidad y la plena alegría de vivir, pero, siguiendo la llamada del Espíritu, como en los primeros tiempos, vuelve a convivir con los leprosos, a los que llama “mis cristos” en profunda comunión fraterna. Jamás abandona la profunda comunión con la hermana y Madre Tierra. Cuando va a morir, pide que lo coloquen desnudo sobre la Tierra para la última caricia y total comunión con ella.

La unidad de la creación: todos hermanos y hermanas, los humanos y la naturaleza

Francisco buscó incansablemente la unidad de la creación mediante la fraternidad universal, unidad que incluye a seres humanos y seres de la naturaleza. Todo comienza con la fraternidad con todas las criaturas, amándolas y respetándolas. Si no cultivamos esta fraternidad con ellas, la fraternidad humana pasa a ser meramente retórica y continuamente violada.

Curiosamente, el famoso antropólogo Claude Lévy Strauss, que enseñó e investigó en Brasil durante muchos años y aprendió a amarlo (véase su libro Saudade de Brasil), confrontado con la crisis aterradora de nuestra cultura, sugiere el mismo remedio que san Francisco: «el punto de partida debe ser una humildad principal: respetar todas las formas de vida… preocuparse del ser humano sin preocuparse de las otras formas de vida es, queramos o no, llevar a la humanidad a oprimirse a sí misma, abrirle el camino de la auto-opresión y de la auto-explotación» (Le Monde 21-22 de enero de 1999). Frente a las amenazas planetarias afirmó también: «La Tierra surgió sin el ser humano y podrá continuar sin el ser humano».

Volvamos a nuestro momento histórico: el confinamiento social nos ha creado condiciones involuntarias para plantearnos esta cuestión fundamental: ¿Qué es esencial, la vida o el lucro? ¿el cuidado de la naturaleza o su explotación ilimitada? ¿Qué Tierra queremos, finalmente? ¿Y qué Casa Común queremos habitar? ¿Solo con nosotros, los seres humanos, o con todos los hermanos y hermanas de la gran comunidad de vida, realizando la unidad de la creación?

El Papa durante la pandemia se tomó un tiempo para reflexionar sobre esta cuestión del momento. La expresó en términos graves, casi desesperanzados en la Fratelli tutti aunque, como hombre de fe, mantiene y reafirma siempre la esperanza.

El superviviente del campo de exterminio nazi, Éloi Leclerc, la replanteó de forma existencial y permanentemente angustiada, pero con signos de esperanza dentro de los frecuentes sobresaltos causados por la memoria imborrable de los horrores sufridos en los campos de exterminio nazi.

Si no puede ser un estado, la fraternidad puede ser un nuevo tipo de presencia en el mundo 

Francisco vivió en términos personales la fraternidad universal. Pero en términos globales, fracasó. Tuvo que hacer concesiones a la orden y al poder. Y lo hizo sin amargura, reconociendo y acogiendo su inevitabilidad. Es la tensión permanente entre el carisma y el poder. El poder es un componente de la esencia del ser humano social. El poder no es una cosa (como el estado, el presidente, la policía), sino una relación entre personas y cosas. Al mismo tiempo asume la forma de una instancia de dirección social. Sin embargo, debemos calificar la relación y la dirección. ¿Están ambas al servicio del bien de todos, o de grupos y entonces se revela como exclusión y dominación? Para evitar ese modo (el demonio que lo habita) prevalente en la modernidad, el poder debe estar siempre bajo control, ser pensado y vivido a partir del carisma. Este representa un límite al poder para garantizar su carácter de servicio a la vida y al bien de todos, y evitar la tentación de la dominación y del despotismo. El carisma es siempre creativo y pone en jaque al poder establecido.

Respondiendo a la pregunta de si es posible una fraternidad universal, diría: dentro del mundo en que vivimos bajo el imperio del poder-dominación sobre las personas, las naciones y la naturaleza, aquella está siempre inviabilizada y hasta negada. Por aquí no hay camino.

Sin embargo, si no puede ser vivida como un estado permanente, puede realizarse como espíritu, como una nueva presencia y un modo ser que intenta comprometer todas las relaciones, incluso dentro del orden actual que es un desorden. Pero esto solo es posible a condición de que cada persona sea humilde, se sitúe junto al otro y a la altura de naturaleza, supere las desigualdades y vea un hermano y una hermana en cada uno, situados en el mismo humus terrenal donde están nuestros orígenes comunes y sobre el cual convivimos. 

El tiempo de san Francisco es nuestro tiempo 

Francisco de Asís, en el marco problemático de su tiempo, el ocaso del feudalismo y el alborear de las comunas, mostró la posibilidad real de, al menos a nivel personal, crear una fraternidad sin límites. Pero su impulso lo llevaba más lejos: crear una fraternidad global al unir los dos mundos de entonces: el mundo musulmán del sultán egipcio Al Malik al-Kamil, con quien cultivó una gran amistad, y el mundo cristiano bajo el pontificado de Inocencio III, el más poderoso de la historia de la Iglesia. De esta forma realizaría su mayor sueño: una fraternidad realmente universal, en la unidad de la creación, confraternizando el ser humano con otros seres humanos, aun de religiones tan distintas, pero unidos con todos los demás seres de la creación. 

Este espíritu, en el contexto de las fuerzas destructivas del antropoceno y del necroceno reinantes, se enfrenta a una situación totalmente distinta de aquella vivida por Francisco de Asís. En ella no se cuestionaba si la Tierra y la naturaleza tenían o no futuro. Se suponía que todo esto estaba garantizado. Ocurrió lo mismo en la gran crisis económico-financiera de 1929 e incluso en la de 2008. Nadie planteaba la cuestión de los límites de la Tierra y de sus bienes y servicios no renovables. 

Era una suposición dada como evidente, pues para todos ella era como un baúl lleno de recursos ilimitados, base para un crecimiento también ilimitado. En la Laudato Si el Papa llama a esta concepción, “mentira”(n.106). Hoy ya no es así. Todo esto se desvaneció, pues sabemos que nosotros podemos hacer tambalear y destruir las bases físicas, químicas y ecológicas que sustentan la vida. 

El espíritu de fraternidad como exigencia para la continuidad de nuestra vida en el planeta

No estamos ante una opción que podemos asumir o no, sino ante una exigencia para la continuidad de nuestra vida en este planeta. Nos encontramos en una situación que amenaza nuestra especie y nuestra civilización. La Covid-19 que está afectando a toda la humanidad debe ser interpretada como una señal de la Madre Tierra de que no podemos continuar con la dominación y devastación de todo lo que existe y vive. O hacemos, como advierte el Papa Francisco de Roma a la luz del espíritu y de un nuevo modo de ser en el mundo de Francisco de Asís, “una radical conversión ecológica” (n.5) o ponemos en peligro nuestro futuro como especie: “Las previsiones catastróficas ya no se pueden mirar con desprecio e ironía. Nuestro estilo de vida y nuestro consumismo insostenibles solo pueden desembocar en catástrofes” (Laudato Si n.161). En la Frateli tutti es más contundente: “Estamos en el mismo barco, nadie se salva solo, solo podemos salvarnos juntos” (n.32). Se trata de una última carta para la humanidad.

El surgimiento de las condiciones para una fraternidad universal

Y he aquí que surge una nueva alternativa posible, pues la historia no es rectilínea. Conoce rupturas y saltos. Así estaríamos ante un salto en el estado de conciencia de la humanidad. Puede llegar un momento en que ella se vuelva plenamente consciente de que puede autodestruirse, ya sea por una fenomenal crisis ecológica, social y sanitaria (atacada por virus letales) o por una guerra nuclear.

Entenderá que es preferible vivir fraternalmente en la misma Casa Común que entregarse a un suicidio colectivo. Se verá obligada a convencerse de que la solución más sensata y sabia consiste en cuidar la única Casa Común, la Tierra, viviendo todos dentro de ella, como hermanos y hermanas, la naturaleza incluida. Con toda seguridad la humanidad no está condenada a autodestruirse, ni por voluntad del poder-dominación ni por el aparato bélico capaz de eliminar toda la vida. Está llamada a desarrollar las incontables potencialidades que hay dentro de ella, como un momento avanzado de la cosmogénesis. No estoy solo en esta apuesta. La hacen muchos científicos, como por ejemplo, Jacques Attali en su libro Breve historia del futuro (París 2006) y el famoso cosmólogo Brian Swimme en Journey of the Universe (Yale University, 2012) entre otros tantos.

Entonces será un dato de la conciencia colectiva aquello que las encíclicas Laudato Si y Fratelli tutti repiten de principio a fin: todos estamos relacionados unos con otros, todos somos interdependientes y solo sobreviviremos juntos. Todo será relacional, también las empresas, generando un equilibrio general asentado sobre el amor social, el sentido de pertenencia fraterna, el altruismo, la solidaridad y el cuidado común de todas las cosas comunes (agua, alimentación, vivienda, seguridad, libertad y cultura etc).

Todos se sentirán ciudadanos del mundo y miembros activos de sus comunidades. Habrá un gobierno planetario plural (de hombres y mujeres, representantes de todos los países y culturas) que buscará soluciones globales a losproblemas globales. Prevalecerá una hiperdemocracia terrenal. La gran misión colectiva es construir la Tierra, como ya anunciaba Pierre Teilhard de Chardin en el desierto de Gobi de China en los años de 1933. Asistiremos alsurgimiento lento y sostenible de la noosfera, es decir, de las mentes y los corazones sintonizados dentro del único planeta Tierra. Este es nuestro acto de fe. Ahora se darán las condiciones del sueño de Francisco de Asís y de Francisco de Roma: una real fraternidad humana, un verdadero amor social con los demás hermanos y hermanas de la naturaleza.

Nos corresponde a nosotros como personas y como colectividad pensar y repensar con la mayor seriedad, plantearnos y replantearnos esta cuestión: Dentro de esta situación cambiada de la Tierra y de la humanidad, y de las amenazas que pesan sobre ellas, no es un puro sueño y una utopía inviable buscar un espíritu de fraternidad universal entre los humanos y con todos los seres de la naturaleza y realizarlo colectivamente. Esta será la gran salida que nos podrá salvar. El Papa Francisco cree y espera que este sea el camino. Puede ser tortuoso, conocer obstáculos y sufrir desvíos, pero sigue el rumbo correcto. Nos urge responder, pues el tiempo del reloj corre en contra nuestra. 

O acogemos la propuesta de la figura más inspiradora do Occidente, el humilde Francisco de Asís, como lo llamaTomás Kempis, autor de la Imitación de Cristo, retomada en la Fratelli tutti por Francisco de Roma, y repensadapor Leclerc y Lévy Strauss, o puede que recorramos el camino que recorrieron los dinosaurios hace 67 millones de años. Pero creemos que este no es el destino de la humanidad. 

Solo nos queda recorrer este camino de la fraternidad universal y del amor social porque entonces podremos continuar, bajo la luz bienhechora del sol, sobre este pequeño planeta, azul y blanco, la Tierra, nuestro querido hogar y Casa Común. Scripsi et salvavi animam meam.

*Leonardo Boff es ecoteólogo brasilero y ha escrito: Covid-19: contraataque de la Tierra contra la humanidad(Petrópolis-Río, 2020/21).

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Dois anos de desgoverno – a crise de legitimidade

A situação do Brasil, assaltado por múltiplas crises, representa um desafio a qualquer analista. No meu entender, um dos melhores e mais argutos é JUAREZ GUIMARÃES, professor de Ciência Política da UFMG. Combina de forma inteligente a análise com a síntese, oferecendo-nos grelhas de interpretação que nos ajudam a entender o intrincado jogo de poderes que se escondem por trás do bolsonarismo. Este na verdade imita de forma cabocla, até nos mínimos detalhes, o trumpismo dos USA. Bolsonaro é apenas um figurante de um jogo que ele, possivelmente, nem entende direito,mas que se presta a desempenhar seu papel a serviço de uma coalizão das forças políticas conservadoras, anti-populares e anti-democráticas que sempre se articularam entre si e com outras forças afins, em benefício próprio, sem preocupação com o destino das grandes maiorias. Desta vez estas forças arquitetaram talvez seu assalto final ao que se pode arrancar do país, o que implica um processo de desmontagem do Estado, dos direito sociais conquistados em dezenas de anos de lutas e a postos ao leilão internacional nossos principais bens públicos. Temos a ver com um ultra neoliberalismo, arquitetado na escola de Viena e posteriormente de Chicago. Ele vem nefastamente representado no Brasil,pelo ministro da Economia, o especulador financeiro, Paulo Guedes. Tudo isso vem detalhado por Juarez Guimaraes nesta brilhante analise. No podemos ser ingenuos e cair no engodo mediatico pelo qual se escondem as principais razoes de nossa crise e seu provavel e funesto desfecho, especialmente, agora, que a principal pessoa de referencia, Donald Trump, foi derrota e vergonhosamente ele saiu da cena como um criminoso politico por atentar contra a democracia no caso da invasao barbara do Capitolio em fevereiro deste ano: LBoff

****************************

16/01/2021 em A Terra é Redonda

JUAREZ GUIMARÃES*

A defesa do impeachment de Bolsonaro deve organizar a política de resistência e construção de alternativas das esquerdas em 2021.

Após as eleições presidenciais de 2018, realizadas já em um ambiente de colapso democrático na sequência do golpe de 2016, houve um debate sobre como qualificar politicamente o novo governo, como avaliar a sua força e estabilidade e sobre qual caminho estratégico para enfrentá-lo. As divergências aí surgidas estão na base da dificuldade de unidade e de protagonismo nacional das esquerdas, que se manifestou durante estes dois últimos anos e nitidamente nas eleições municipais de 2020. Por isso, longe de ser apenas um exercício retrospectivo, um balanço de dois anos do governo Bolsonaro deve ser capaz de criar um campo de previsão, condicionado e prudencial, sobre sua dinâmica neste ano de 2021 capaz de orientar uma diretriz e um campo unitários de ação das esquerdas brasileiras.

O primeiro erro que se vê em muitos balanços é o de analisar o bolsonarismo e seu governo como um fato dissociado da coalizão neoliberal que o elegeu, que o apoiou num primeiro momento e que continua ainda protegendo o seu mandato criminoso. Isto equivale a lhe retirar o caráter de classe, de ser instrumental a um capital financeiro internacional predatório, de atribuir o bolsonarismo a uma mera perversão política que deveria ser bem compreendida em sua singularidade. Este erro organiza o juízo da mídia neoliberal sobre Bolsonaro, mas é muito frequente em analistas da esquerda.

O segundo erro é o de não compreender que o bolsonarismo é um americanismo, que formou a sua força política em linha direta com o trumpismo nos Estados Unidos, sendo de fato uma força orgânica a ele em seus valores, seu programa, sua linguagem, sua forma de fazer política, seu aparato tecnológico de comunicação, sua pragmática. Sem trumpismo não existiria o bolsonarismo tal como o conhecemos. E é evidente que a derrota eleitoral do trumpismo, o fato de ele não dirigir o Estado ainda mais poderoso do mundo, apesar de manter sua base social e sua potência eleitoral, afeta diretamente a força e a evolução do bolsonarismo.

O terceiro erro seria o de não compreender o que há de singularidade no processo de formação do bolsonarismo, sua capacidade e seus impasses na formação de sua potência de poder. Sua origem ali onde o Estado brasileiro mais estava destruído, no território do crime organizado do Rio de Janeiro, sua aliança com seitas evangélicas que fazem da religião um negócio sórdido de acumulação e fraude, sua ligação orgânica com a máquina de propaganda criminosa de Steve Bannon na campanha eleitoral e sua ancoragem em setores de uma corporação militar que professa abertamente o orgulho de ter torturado prisioneiros políticos, só pôde caminhar ao centro do poder porque contou com a cobertura e omissão das instituições máximas do sistema de justiça brasileiro centralizada em uma dinâmica de Lawfare, em uma operação de guerra contra as esquerdas.

O bolsonarismo não forma uma coalizão estável de poder e provavelmente isto está fora de sua potência de poder: seu caráter de facção o torna permanentemente refém das crises que gera em suas relações políticas. O culto à violência e ao extermínio dos adversários não é, por isso, estranho à sua identidade: o bolsonarismo, na célebre metáfora de Maquiavel, trabalha com pouco consenso e o máximo de força. Isto estreita a sua base social e mina as mediações de uma coalizão política ampla e estável. Ao contrário de Trump, Bolsonaro não tem uma máquina de um Partido Republicano por detrás. E mesmo os “pastores” evangélicos, bem se sabe, são fiéis sobretudo a seus interesses: em uma situação de forte diminuição da popularidade do Bolsonarismo, eles podem mesmo desertar de apoiá-lo, assim como fizeram com outras lideranças políticas, inclusive por um momento, Lula.

Este artigo de balanço do governo Bolsonaro trabalha com uma hipótese central: a de que seu governo aprofundará em 2021 sua condição agônica de legitimidade política. A evolução, o ritmo e o desdobramento político desta tendência central à crise de legitimidade do governo Bolsonaro dependerá, em larga medida, da resposta que as forças de esquerda fornecerem a ela.

Bolsonaro e a coalizão neoliberal

A relação entre a liderança política de Bolsonaro e a coalizão neoliberal passou até agora por seis fases. A primeira delas, que cobre o período de desestabilização do governo Dilma e grande parte do governo Temer, é de convergência no trabalho de combate frontal ao PT e encaminhamento da agenda neoliberal. Esta fase corresponde a uma acumulação inicial de forças do bolsonarismo enquanto fenômeno político.

A segunda fase, durante o primeiro turno das eleições de 2018, é marcada pela disputa sobre quem se posicionaria melhor para derrotar a ameaça de um retorno das esquerdas ao governo do país. Neste período, houve já uma relação orgânica do bolsonarismo com o trumpismo e um primeiro acolhimento por parte de setores das Forças Armadas brasileiras de seu projeto político.

Uma terceira fase, de uma segunda convergência, ocorre já no segundo turno das eleições de 2018, quando todos os partidos da direita, inclusive o PSDB, o DEM e o PMDB, engajaram-se ativamente no apoio à eleição de Bolsonaro. A abstenção de Fernando Henrique Cardoso tinha aí um mero papel simbólico: os principais candidatos do seu partido aos governos estaduais, nas disputas do segundo turno, apoiaram abertamente Bolsonaro. Sem este apoio, Bolsonaro não teria sido eleito presidente.

Abriu-se, então, uma quarta fase, de uma convergência de agendas, na qual os partidos da coalizão neoliberal formaram um apoio midiático, parlamentar e político às reformas neoliberais prioritárias, centralizadas na destruição da Previdência pública. Guardando uma autonomia diante de pautas mais retrógradas, em particular no que diz respeito aos costumes, os partidos neoliberais concentraram-se no apoio à gestão Guedes. Os últimos meses de 2019 foram ainda marcados pela campanha, por exemplo, do grupo Globo e de toda mídia neoliberal em anunciar uma retomada do crescimento econômico do Brasil, inclusive com manipulação de dados, que seria brutalmente desmentida no início de 2020.

O primeiro semestre de 2020, já no contexto da pandemia e de um recrudescimento de uma dinâmica bolsonarista de ataque ao STF e de captura da Polícia Federal e da Procuradoria Geral da República, pode ser caracterizado como uma quinta fase, de um conflito autolimitado entre a coalizão neoliberal e o governo Bolsonaro. A saída de Moro, os conflitos envolvendo a direção do Ministério da Saúde e da Educação, as tomadas de posição do STF e da Câmara Federal, impondo limites aos movimentos mais explicitamente inconstitucionais do governo Bolsonaro, são episódios expressivos desta fase. Chamamos de um conflito autolimitado porque os partidos e a mídia neoliberal, ao mesmo tempo, bloquearam politicamente, na mídia, no STF e na Câmara Federal, um movimento potencialmente expansivo de uma campanha pelo impeachment ou impugnação judicial de Bolsonaro, devido aos seus flagrantes crimes de responsabilidade.

De fato, houve em meados de 2020 uma pactuação de reposição da governabilidade de Bolsonaro, envolvendo diretamente o presidente do STF, a presidência da Câmara e do Senado, a direção dos partidos neoliberais e a mídia empresarial: este, de um lado, recuou em seus ataques direitos ao STF, em suas campanhas olavistas capitaneadas por seus filhos, recompôs uma base parlamentar de modo fisiológico no Congresso Nacional, aprofundou qualitativamente a inserção de quadros das Forças Armadas em seu centro estratégico, trocou o Ministro da Educação; de outro, os partidos neoliberais amorteceram suas críticas ao governo Bolsonaro, em busca de uma recomposição de agenda em torno de reformas neoliberais e novas privatizações.

Esta trégua, com a apropriação dos efeitos massivos e de profundo impacto social do Auxílio Emergencial, proposto pela oposição de esquerda e centro-esquerda, o governo Bolsonaro viu pelo menos uma suspensão de uma dinâmica de crescente impopularidade, muito forte e expressiva desde o início de seu governo, e até mesmo de uma recuperação na margem de popularidade.

Esta quinta fase de um conflito autolimitado, que cobre inclusive o período das eleições municipais de 2020, se expressou através de uma disputa nos primeiros turnos (em geral com resultados negativos para o bolsonarismo) e com uma recomposição de uma dinâmica eleitoral unitária entre bolsonarismo e neoliberais anti-esquerda nos segundos turnos. Em várias capitais, como Porto Alegre e São Paulo, onde a esquerda disputou o segundo turno, a votação final expressa quase que inteiramente a polarização do segundo turno das eleições de 2018, revelando a continuidade da convergência eleitoral da coalizão neoliberal e bolsonarismo.

Inicia-se, então, uma sexta fase em que prevalecerá a delimitação e a disputa da coalizão neoliberal com o bolsonarismo, acumulando forças para uma disputa em 2022, autolimitada na questão central do questionamento da legitimidade de seu mandato. Não se pode descartar uma ruptura da aliança entre a coalizão neoliberal e o bolsonarismo, mas ela não é ainda uma hipótese central e depende do agravamento de sua crise de legitimidade de governo incontrolada em uma dinâmica política aberta na qual outras forças e fatores joguem seu peso.

Esta dinâmica só pode ser melhor pensada se aprofunda-se uma avaliação da relação do bolsonarismo com o programa histórico do neoliberalismo de refundação do Estado brasileiro.

Neoliberalismo, unidade e conflito

Já em sua formação histórica, como documentam Philip Mirowski e Dieter Plehwe em The Making of the Neoliberal thought colletive (Harvard University Press, 2009), o neoliberalismo é uma convergência de uma série de tradições intelectuais e políticas críticas ao socialismo, aos fundamentos republicanos da democracia e ao chamado “liberalismo social” ou “igualitário” ou keynesiano. No mundo contemporâneo, em sua extensão e complexidade, o neoliberalismo converge em coalizões de poder através de várias linguagens políticas diferentes.

A identificação da liberdade com uma ontologia mercantil, que está no centro da identidade neoliberal, pode conviver com desde uma ditadura militar como a de Pinochet até uma democracia liberal na qual os fundamentos da soberania popular estão severamente neutralizados. Já nos anos setenta, analisando o fenômeno da adesão de massas do thatcherismo, inclusive no interior das classes trabalhadoras inglesas, Stuart Hall chamava a atenção para a fusão entre estes valores de mercado e as culturas conservadoras no plano da moral.

Esta fusão já é, de fato, verificável no pensamento original de Hayek como insiste agora Wendy Brown, corrigindo certo unilateralismo de sua interpretação anterior do neoliberalismo. A feminista e marxista Nancy Fraser identificou um neoliberalismo “progressivista”, típico do Partido Democrata norte-americano, isto é, que conjugava a centralidade dos valores do mercado com certos valores anti-patriarcais e anti-racistas. Esta compreensão histórica e conceitual básica do neoliberalismo serve para analisar a unidade e conflito entre a coalizão neoliberal no Brasil e o bolsonarismo.

Esta unidade é, em primeiro lugar, orgânica às classes dominantes, e tem como base a radicalização do programa neoliberal para o qual confluem não apenas o capital financeiro, internacional e nacional, o capital industrial e midiático, do agro-negócio e comercial. Esta unidade se expressão programaticamente na refundação neoliberal do Estado brasileiro através de um rompimento com dimensões centrais das conquistas democráticas e republicanas presentes na Constituição de 1988.

Há unidade em cinco dimensões centrais desta refundação neoliberal do Estado brasileiro: uma redução substantiva do grau de soberania do Estado brasileiro frente aos EUA, aderindo a seus interesses geopolíticos internacionais e na América Latina, abrindo o Estado brasileiro a uma dinâmica profunda de relação orgânica e subordinada ao Estado norte-americano; a privatização, por dentro ou por fora, de toda a economia do setor público, incluindo a Petrobrás, os bancos públicos e o que resta das empresas públicas; a destruição dos direitos do trabalho, formada na tradição varguista e enriquecida ao longo de décadas de lutas das classes trabalhadoras, da negociação coletiva, da Justiça do Trabalho e das dinâmicas de representação sindical; a redução a um padrão minimalista de todas as políticas que, de forma parcial e desigual, constituem os núcleos das políticas do Estado do Bem-Estar Social, como o SUS, a educação pública, a Previdência Social e as políticas de assistência social; a quebra das dimensões participativas e de controle social do Estado brasileiro, a redução drástica do sentido democrático dos pleitos eleitorais e a plena mercantilização dos meios de comunicação.

Estas cinco dimensões centrais de unidade convergem para um padrão violento de reprodução das desigualdades patriarcais e racialistas no Brasil. As mulheres e os negros têm não apenas as suas políticas históricas de reparação bloqueadas, mas sofrem brutal regressão neste programa neoliberal de refundação do Estado brasileiro.

Em todas estas cinco dimensões, com suas resultantes patriarcais e racialistas, não se observou até agora nenhuma diferença fundamental entre a coalizão neoliberal e o bolsonarismo. Pelo contrário, convergência profunda. No plano estadual, governos do PSDB, do PMDB ou do DEM praticam, de fato, estas diretrizes programáticas fundamentais.

O acordo fundamental sobre este vasto programa de destruição do que se acumulou de democrático e republicano no estado brasileiro cessa quando se disputa o que colocar no lugar: há decerto – e ignorá-lo seria um erro político importante – uma diferença de regime político entre o proposto pelo bolsonarismo e aquele proposto pela coalizão neoliberal. Ou seja, entre um regime político protofascista militarizado e extremado em suas dimensões coercitivas, e um regime constitucional neoliberal, no qual as forças democráticas e populares aparecem excluídas do pacto de dominação e submetidas a um sistema de desestruturação política e de forte coerção.

Esta unidade programática, orgânica às classes dominantes, e este conflito político central explicam a narrativa complexa das seis fases antes referidas; submetidas às circunstâncias e às indeterminações próprias da política.

Mas um balanço do governo Bolsonaro e de sua dinâmica exigem um esforço central, não aditivo ou complementar, de suas relações internacionais. Como fenômeno de um país da semi-periferia, no qual a adesão aos valores do mercado extrema a subordinação e a perda de soberania, o bolsonarismo tem agora de acertar as contas com o Estado ainda mais poderoso do mundo, que lhe foi uma fonte fundamental de apoio nos dois anos de seu mandato.

Trump, Biden e o futuro do bolsonarismo

Devemos à consciência histórica de Celso Furtado, a compreensão de que a soberania nacional depende fundamentalmente do grau de democratização real do Estado brasileiro, observado que as classes dominantes brasileiras tendiam historicamente a uma consciência liberal cosmopolita e sem um projeto de nação. Ora, esta compreensão histórica é também uma chave analítica: a desestruturação da democracia brasileira, mesmo em seus limites pós 1988, expõe o Estado brasileiro a um forte recrudescimento da perda de sua soberania, em particular frente aos EUA.

Toda análise da conjuntura brasileira desde o processo de desestabilização da democracia brasileira iniciado de fato desde as eleições presidenciais de 2014 deve incorporar – não como externalidade – a presença forte dos interesses do Estado norte-americano. De fato, Armínio Fraga, indicado para ser o Ministro da Fazenda do presumido governo Aécio Neves, é um homem mais de Wall Street do que da Avenida Paulista. Esta forte presença do Estado norte-americano e de sua rede de poder econômico financeiro já está fartamente documentada nas relações da Operação Lava- Jato com o Departamento de Estado norte-americano pela tradição democrática jurídica brasileira.

Um determinado entendimento da política trabalha esta participação dos EUA nestes acontecimentos relevantes da história brasileira a partir de teorias conspirativas ou como mera expressão de interesses econômicos corporativos. Mas se a política é arte das mediações e também das indeterminações, seria preciso entender melhor conceitualmente estas relações entre as classes dominantes brasileiras e os centros de poder político e econômico do neoliberalismo no plano mundial.

O método de Gramsci de estabelecer graus de organicidade entre direção e força política é aqui fundamental. Este método permite “internalizar” a influência do Estado norte-americano na política brasileira sem simplificar ou saltar mediações nacionais dos fenômenos e, principalmente, sem perder a complexidade e indeterminação dos acontecimentos políticos.

O PSDB, centrado em São Paulo, em seu poder financeiro, industrial e suas relações com o agronegócio, sempre manteve relações históricas com o Partido Democrata norte-americano, bem como com a sua intelectualidade e suas redes de poder. O bolsonarismo, por sua vez, como já se anotou extensivamente é orgânico ao trumpismo e suas redes de poder. Se estamos certos nesta consideração, o Partido Democrata, então no governo do Estado norte-americano quando da desestabilização do governo Dilma, e Donald Trump, então no governo do Estado norte-americano quando da ascensão do bolsonarismo, através de suas mediações e redes de poder, fizeram parte orgânica da direção do Estado brasileiro desde o governo Temer.

Se o neoliberalismo se revela programaticamente de forma mais nítida pela centralidade conferida à ocupação dos centros de poder econômico do Estado, Meirelles (com sua carreira formada no Bank of Boston), Ministro da Fazenda de Temer, e Ilan Goldfajn (ex-economista chefe do Banco Itaú), presidente do Banco Central de Temer, e Paulo Guedes, Ministro da Fazenda de Bolsonaro, (especulador financeiro e fundador do Banco Pactual, um vero “Chicago boy”) e Roberto de Oliveira Campos Neto (da linhagem de Roberto Campos e vindo do Banco Santander), presidente do Banco Central de Bolsonaro, evidenciam esta organicidade destes governos com os poderes da finança internacional e nacional. Não deixa de ser notável que, frente ao desastre econômico do governo Bolsonaro, o presidente de seu Banco Central foi escolhido em 2020 o melhor Presidente do Banco Central do ano pela revista britânica The Banker, vinculada ao Financial Times.

É a partir desta organicidade entre a coalizão neoliberal brasileira e o Partido Democrata norte-americano e entre o bolsonarismo e o trumpismo, que se deve incorporar a dimensão contingencial da política. Pois a ascensão de Temer, a partir da campanha de desestabilização liderada pelo PSDB, coincidiu com a eleição de Trump nos EUA e o governo de Bolsonaro coincide com a derrocada de Trump da direção do Estado norte-americano. Houve, então, aí, pelas contingências da política, duas disjunções.

O que nos interessa aqui é pensar como a disjunção Biden-Bolsonaro afeta o governo deste último. A hipótese central deste artigo é que esta disjunção afeta fortemente a legitimidade do governo Bolsonaro: ele deixa de ser parte orgânica e subordinada ao Estado norte-americano e perde a sua âncora geopolítica. Seu destino passa a ser puramente objeto de um cálculo político por parte da coalizão neoliberal e até mesmo por parte das Forças Armadas brasileiras, a esta altura muito subordinadas à direção do Estado norte-americano.

Se isto for verdade, a autolimitação da coalizão neoliberal em proteger o mandato inteiro de Bolsonaro, como revela o artigo de Fernando Henrique Cardoso neste início de 2021, pode ser revista diante de uma agudização da crise de legitimidade do governo Bolsonaro e de alguma hipótese de controle político, “por cima”, sobre sua substituição. Mas esta hipótese está, decerto, na indeterminação da política.

De fato, a posição da coalizão neoliberal brasileira em relação ao bolsonarismo tem sido mais ambígua do que a posição do próprio Partido Democrata em relação ao trumpismo. Lá o Partido Democrata confrontou Donald Trump com um pedido de impeachment, majoritário na Câmara Federal, e desde o início delimitou-se de suas políticas. Aqui, como vimos, o PSDB e DEM mantiveram relações de forte convergência com o bolsonarismo e ainda protegem o seu mandato do impeachment.

Bolsonarismo, facção e popularidade

Ao definir o bolsonarismo como expressão de uma facção – não faltam elementos para caracterizá-la inclusive como um facção criminosa – , estamos identificando a sua identidade de oposição uma interesse público democraticamente constituído ou a uma vontade geral majoritária livremente expressa. Mas isto não quer dizer que ele não possa conquistar, em certas situações de crise e instabilidade, uma condição de massas e, contingencialmente, majoritária.

Apesar de ser orgânico, não se pode por um sinal de identidade entre trumpismo e bolsonarismo. O primeiro é expressão de um poder imperialista, o segundo é um fenômeno de atualização da colonialidade do poder. O primeiro construiu-se por dentro do sistema político, adonando-se do Partido Republicano; o segundo mantém uma relação fluída com o sistema político partidário brasileiro; o primeiro vem das margens dos capitalistas sem lei e o segundo do crime organizado no Rio de Janeiro. De fato, a resiliência política do bolsonarismo parece mais frágil do que o do trumpismo.

Uma facção pode ganhar adesão massiva se expressar certos valores que respondem a incertezas, sentimentos e esperanças típicas de uma época de crise. Pode ser inclusive majoritária se, em determinados momentos críticos, parece expressar possíveis saídas de uma crise política aguda em relação a uma crise de valores de civilização. Pode formar um bloco de poder duradouro, como Hitler e Mussolini, se consegue cimentar interesses políticos de classe variados em uma coalizão de poder, valendo-se da utilização massiva da força e de algum grau de consentimento passivo.

Trabalha-se aqui com a noção de que o bolsonarismo tem uma vocação massiva (responde a certos valores racialistas e patriarcais, reacionários) ainda de expressão minoritária, mas ampla na longa história de continuidades políticas do Brasil, tem dificuldades fortes de ser majoritário (o segundo turno das eleições de 2018 sendo um momento excepcional de convergências) e carece de um plano para formar um bloco histórico duradouro de poder (isto estaria no plano do possível se Trump continuasse à frente do Estado norte-americano).

Em relação ao importante campo de indagações posto por André Singer – a possibilidade do governo Bolsonaro estabilizar uma base de massas a partir do impacto do Auxílio emergencial – , a resposta está muito focada nos estreitos limites colocados pela sua dura gestão neoliberal macroeconômica. Estes conflitos de gestão fiscal entre Bolsonaro e Guedes, muito presentes no ano de 2020, tendem a se reproduzir neste ano de aprofundamento da crise social.

Como vem demonstrando William Nozaki, em uma série de artigos, a cúpula militar consolidou-se como o núcleo do governo Bolsonaro, ampliando a sua ocupação em cargos estratégicos, (8450 militares da reserva e 2930 militares da ativa) e, principalmente, estabelecendo nele uma ação estratégica de construção de poder. Esta militarização central do governo Bolsonaro é outra diferença importante em relação à experiência do governo Trump e certamente complica, no terreno democrático, a solução de uma eventual crise terminal do governo Bolsonaro.

Pelo seu caráter de facção, pelos valores e interesses fortes que mobiliza, o bolsonarismo sofre certamente de uma dinâmica dialética forte entre popularidade e impopularidade. Isto é, a passagem de uma condição de popularidade para uma condição de impopularidade tende a ser rápida.

Isto foi anotado pelos analistas de pesquisa no primeiro semestre de 2019, observando que ele já constituía em poucos meses de governo um recorde de impopularidade. Esta dinâmica de impopularidade crescente sofreu certa suspensão no início do segundo semestre de 2019, com um forte apelo midiático em torno ao início da recuperação econômica do Brasil, foi retomada nos inícios de 2020 e sofreu uma suspensão e uma inversão na margem sobretudo devido ao massivo e historicamente inédito fluxo de renda do Auxílio emergencial para dezenas de milhões de brasileiros em processo de precarização e pauperização. Diante do volume e amplitude do benefício – mais de 250 bilhões a 68 milhões de brasileiros –, apropriado pelo governo, embora proposta pelas oposições, o que espanta não é que a impopularidade de Bolsonaro não tenha crescido mas que a sua popularidade tenha tão pouco se recuperado.

Diante da crise fiscal do estado brasileiro e das opções neoliberais que continuam a prevalecer no governo Bolsonaro, é possível e provável que se chegue a alguma solução compensatória do fim do Auxílio emergencial, embora em volume e amplitude qualitativamente diversos em 2021.

A tendência provável é, pois, de uma forte retomada da impopularidade do governo Bolsonaro. Não se sabe ao certo o resultado das eleições para a presidência da Câmara dos Deputados e o grau de controle do governo Bolsonaro sobre ela. Mas pode-se dizer que elas terão forte influência sobre como este provável crescimento da impopularidade se relacionará com a institucionalidade em crise da democracia brasileira.

A política do impeachment e a unidade das esquerdas

A tese do “Fora Bolsonaro” foi minoritária no 7º. Congresso do PT e não centralizou a atividade política do PSOL nos dois primeiros anos de governo Bolsonaro, estando de fato muito distante das posições do PC do B, que centralizou a defesa de uma política de alianças das esquerdas que incluísse os principais partidos neoliberais brasileiros, que se opunham frontalmente a uma política de impeachment. No primeiro semestre de 2020, o diretório nacional do PT, o PSOL, o PDT e o PSB e mesmo o PC do B pareciam se mover na direção da tese do impeachment de Bolsonaro, mas uma campanha política nesta direção não foi organizada, tendo o tema praticamente desaparecido nas disputas eleitorais municipais de 2020.

Há, desde o início, razões de ordem civilizatória (o bolsonarismo apresenta publicamente um ataque frontal a todos os direitos humanos, que formam um piso de civilização), de ordem democrática (dezenas de crimes de responsabilidade foram cometidos a partir de um exame minimamente isento da Constituição de 1988), de ordem humanitária (o negacionismo radical no tratamento da pandemia do COVID-19) para indicar que o caminho não é de uma oposição normalizada a um governo democrático do qual fortemente se discorda.

As posições majoritárias do PT, da maioria da bancada federal e do Senado, da metade da bancada do PSOL, do PC do B, do PSB, do PDT em relação às eleições das presidências da Câmara dos Deputados e do Senado, evidenciam toda a ambiguidade das esquerdas e centro-esquerdas em relação a uma política democrática absolutamente necessária de exigência do fim do mandato de Bolsonaro. O cálculo de ocupação de postos na mesa das duas casas do Congresso Nacional em detrimento do lançamento de uma candidatura unificada das esquerdas e centro-esquerdas no primeiro turno traduz bem a subordinação da necessária confrontação democrática do governo Bolsonaro, pública e de massas, a uma oposição que se orienta pelas possibilidades do terreno institucional minado e de alianças que contradizem profundamente o seu próprio programa de resistência ao neoliberalismo.

Este caminho desorganiza a própria identidade, o programa e a unidade necessária das esquerdas. Um programa alternativo ao bolsonarismo só pode se constituir se for alternativo ao da coalizão neoliberal e seu projeto de refundação neoliberal do Estado brasileiro. Se prevalecerem as dinâmicas eleitorais partidárias próprias e o cálculo centrado nas dinâmicas eleitoral e institucional, as esquerdas e centro-esquerdas novamente fatalmente se dividirão.

Sem uma campanha política unitária, ampla e de massas, que faça convergir toda a força potencial da consciência democrática brasileira, a crise de legitimidade agônica do bolsonarismo continuará a ser vivenciada morbidamente como um impasse de gestão do Estado pelas classes dominantes, mas como tragédia para os trabalhadores e o povo brasileiro, dramaticamente expostas na fome, na morte evitável da pandemia, no feminicídio e no recrudescimento da violência racista.

*Juarez Guimarães é professor de Ciência Política na UFMG. Autor, entre outros livros, de Risco e futuro da democracia brasileira (Fundação Perseu Abramo).

É possível a fraternidade humana universal e com todas as criaturas?(II)

                                    Leonardo Boff

Há um ano, em fevereiro de 2019 o Papa Francisco, ao visitar os Emirados Árabes assinou em Abu Dahbi importante documento com o Grão Imã Al Azhar Amad Al-Tayyeb “Sobre a fraternidade humana em prol da paz e da convivêncis comum”. Em sequência a ONU estabeleceu o dia 4 de fevereiro o Dia da Fraternidade Humana.

Todos são esforços generosos que visam senão a  eliminar, pelos menos a minimizar as profundas divisões que imperam na  humanidade. Almejar uma fraternidade universal parece um sonho distante mas sempre desejado.

O grande obstáculo à fraternidade: a vontade de poder

O eixo estruturador das sociedades mundiais e de nosso tipo de civilização, já o refletimos anteriormente é a vontade de poder como dominação.

Não há declarações sobre a unidade da espécie humana e da fraternidade universal bem como  a mais conhecida  Declaração Universal dos Direitos Humanos de 1948 da ONU, enriquecida com os direitos da natureza e da Terra que conseguem impor limites à voracidade do poder

Bem o entendeu Thomas Hobbes em seu Levitã (1615):” Assinalo, como tendência geral de todos os homens, um perpétuo e irrequieto desejo de poder e de mais poder que cessa apenas com a morte; a razão disso reside no fato de que não se pode garantir o poder senão buscando mais poder ainda”. Jesus foi vítima desse poder e foi judicialmente assassinado na cruz. Nossa cultura moderna se assenhoriou da morte, pois com a máquina de extermínio total já criada, pode eliminar a vida sobre a Terra e a si mesmo. Como controlar o demônio do poder que nos habita? Onde encontrar o remédio?

A renúncia a todo o poder pela radical humildade

Aqui São Francisco nos abriu um caminho: a radical humildade e a pura simplicidade. A  radical humildade implica pôr-se junto ao húmus, à terra, onde todos se encontram e se fazem irmãos e irmãs porque todos vieram do mesmo húmus. O caminho para isso consiste em descer do pedestal onde  nos colocamos como senhores e donos da natureza e operar um  radical despojamento de qualquer título de superioridade. Consiste em fazer-se realmente pobre, no sentido de tirar tudo o que se interpõe entre o eu e o outro. Ai se escondem os inter-esses. Estes não podem prevalecer, pois são entraves para o encontro com o outro, olho a olho, rosto a rosto, de mãos vazias para o abraço fraterno entre irmãos e irmãs, por diferentes que sejam.

A pobreza não representa nenhum ascetismo. É o modo que nos faz descobrir a fraternidade, juntos sobre o mesmo húmus, sobre a irmã e mãe Terra Quanto mais pobre mais irmão do Sol, da Lua,do do pobre,do animal, da água, da nuvem e das estrelas.

Francisco palmilhou humildemente esta senda. Não negou as obscuras origens de nossa existência, do húmus (de onde vem homo em latim) e desta forma se confraternizou com todos os seres, chamando-os com o doce nome de irmãos e irmãs, até o feroz lobo de Gubbio.

Um outro tipo de presença no mundo

Temos a ver com uma nova presença no mundo e na sociedade, não como quem se imagina coroa da criação estando em cima de todos, mas como quem está ao pé e junto com os demais seres. Por esta fraternidade universal, o mais humilde encontra sua dignidade e sua alegria de ser por sentir-se acolhido e respeitado e por ter seu lugar garantido no conjunto dos seres.

Leclerc obstinadamente coloca sempre de novo  a pergunta como quem não está totalmente convencido:“Será que  a fraternidade é possível entre os seres humanos?Ele mesmo responde:

”Somente se o ser humano se colocar a si mesmo com grande humildade, entre as criaturas, dentro de uma unidade de criação (que inclui o ser humano e a natureza como um todo) e respeitando todas as formas de vida, inclusive as mais humildes, ele poderá esperar  um dia formar uma verdadeira fraternidade com todos os seus semelhantes. A fraternidade humana passa por esta fraternidade cósmica”(p.93).

A fraternidade vem acompanhada pela simplicidade Esta não é nenhuma atitude piegas ou carola. Trata-se de um modo de ser, afastando tudo o que é supérfluo, todo tipo de coisas que vamos acumulando, fazendo-nos reféns delas, criando desigualdades e barreiras contra os outros  e negando-se a conviver solidariamente com eles e a contentar-se com o suficiente, compartilhando-o com os outros.

Esse percurso não foi fácil para Francisco. Sentia-se  responsável pelo caminho da radical pobreza e fraternidade. Ao crescer o número de seguidores, aos milhares, impunha-se uma organização mínima. Havia belos exemplos do passado. Francisco tinha verdadeira ojeriza a isso. Chega a dizer:”não me falem das regras de Santo Agostinho, de São Bento ou de São Bernardo; Deus quis que eu fosse um  novo louco nesse mundo (novellus pazzus)”. É a clara afirmação da singularidade de seu modo de vida e de seu estar no mundo e na Igreja, como um simples leigo,que toma absolutamente a sério o evangelho, no meio e junto  dos pobres e invisíveis e não como um clérigo da poderosa Igreja feudal.

A grande tentação de São Francisco

Entretanto, num dado momento de sua vida, entra numa profunda crise, pois via que seu caminho evangélico de radical pobreza e fraternidade estava sendo-lhe arrebatado. Amargurado, se retira numa ermida e no bosque, por dois longos anos, acompanhado pelo seu íntimo amigo Frei Leão “a ovelhinha de Deus”. É a grande tentação que as biografias pouco relevância lhe conferem, mas essencial para se entender a proposta de vida de Francisco.

Por fim, despoja-se deste instinto de posse espiritual. Aceita um caminho que não é  o seu mas que era inevitável. Onde dormiriam os frades? Como se sustentariam? Prefere salvar a fraternidade que seu ideal próprio. Acolhe jovialmente a férrea lógica da necessidade. Já não pretende mais nada. Despojou-se totalmente até de seus desejos mais íntimos  a ponto que seu  biógrafo São Boaventua o chamar de  vir desideriorum (homem de dsejos).

Agora, totalmente despojado em seu espírito, deixa-se conduzir por Deus. O Espírito será o senhor de seu destino. Ele mesmo não se propõe mais nada. Está  à mercê daquilo que a vida lhe pedir, vendo-a como vontade de Deus. Sente nisso a maior liberdade de espírito possível que se expressa por uma alegria permanente a ponto de o chamarem “o irmão sempre alegre”. Ele não ocupa mais o centro. O centro é a vida conduzida por Deus.E isso basta.

Volta ao meio dos confrades e recupera a jovialidade e a plena alegria de viver. Mas seguindo o chamado do Espírito, como nos inícios, volta  a conviver com os leprosos, que chama de “meus cristos” em profunda comunhão fraterna. Jamais abandona a profunda comunhão com  a irmã e Mãe Terra. Ao morrer, pede que o coloquem nu sobre a Terra para a ultima carícia e a total comunhão com ela.

A unidade da criação: todos irmãos e irmãs,os humanos e a natureza

Francisco buscou incansavelmente  a unidade da criação mediante a fraternidade universal, unidade que inclui seres humanos e seres da natureza. Tudo começa com a fraternidade com todas as criaturas, amando-as e respeitando-as. Se não cultivarmos esta fraternidade com elas, vã será a fraternidade humana que passa a ser meramente retórica e continuamente violada.

Curiosamente, o renomado antropólogo Claude Lévy Strauss que muitos anos lecionou e pesquisou no Brasil e aprendeu a amá-lo (veja seu livro “Saudade do Brasil”) confrontado com a crise aterradora de nossa cultura sugere o mesmo remédio de São Francisco:” o ponto de partida deve ser uma humildade principal: respeitar todas as formas de vida…preocupar-se do homem sem preocupar-se com as outras formas de vida é, quer queiramos ou não,  levar a humanidade a oprimir-se  a si mesma, abrir-lhe o caminho da auto-opressão e da auto-exploração”(Le Monde 21-22 de janeiro de 1999).  Face às ameaças planetárias também afirmou:”A Terra surgiu sem o ser humano e poderá continuar sem o ser humano”.

Voltemos ao nosso momento histórico: o confinamento social nos criou as condições involuntárias para colocarmos esta questão fundamental: O que é essencial: a vida ou o lucro? O cuidado da natureza ou sua ilimitada exploração? Finalmente que Terra queremos? Que Casa Comum desejamos habitar? Somente nós seres humanos ou junto com todos os demais irmãos e irmãs da grande comunidade de vida, realizando a unidade da criação? 

O Papa durante a pandemia tomou-se o tempo para refletir sobre esta momentosa questão. Expressou-a  em termos graves, quase desesperadores na Fratelli tutti embora, como homem de fé, mantevesse e reafirmasse sempre a esperança.

O sobrevivente do campo de extermínio nazista, Eloi Leclerc, a recolocou de forma existencial e permanentemente angustiada  mas com acenos de esperança, dentro de frequentes sobressaltos causados pela memória inapagável dos horrores sofridos nos campos de extermínio nazista.

Se não pode ser um estado, a fraternidade pode ser um novo tipo de presença no mundo

Francisco viveu em termos pessoais a  fraternidade universal. Mas em termos globais fracassou. Teve que compor-se com a ordem e com o poder. E o fez sem amargura, reconhecendo e acolhendo sua inevitabilidade. É a tensão permanente entre o carisma e o poder. O poder é um componente da essência do ser humano social. O poder, não é uma coisa (o estado, o presidente, a polícia) mas uma relação entre pessoas e coisas. Ao mesmo tempo assume a forma de  uma instância de direção social.  Contudo, devemos qualificar a relação e a direção. Ambos estão a serviço do bem de todos ou a de grupos que então se revela como como exclusão e  dominação? Para evitar esse modo (o demônio que o habita), prevalente na modernidade, deve ser sempre colocado sob controle, ser pensado e vivido a partir do carisma. Este representa um limite ao poder para garantir seu caráter de serviço à vida e ao bem de todos e evitar a tentação da dominação e até do despotismo. O carisma é sempre criativo e coloca em xeque o poder instituído.

Respondendo à questão se é possível uma fraternidade universal, diria:  dentro do mundo em que vivemos sob o império do poder-dominação sobre pessoas, nações e sobre a natureza, ele vem sempre inviabilizado e até negado. Por aquí no hay camino.

No entanto, se ele não pode ser vivido como um estado permanente, ele pode se realizar como como um espírito, como uma  nova presença e como um modo ser  que tenta impegnar todas as relações mesmo dentro da atual ordem que é uma desordem. Mas isso somente é possível à condição de cada pessoa ser humilde, de colocar-se junto ao outro e ao pé da natureza, superar as desigualdades e ver em cada um, um irmão e uma irmã, colocados sobre o mesmo húmus terrenal onde estão nossas origens comuns e sobre o qual convivemos.

O Tempo de São Francisco e o nosso tempo

Francisco de Assis, no quadro conturbado de seu tempo, no tramontar do feudalismo e no alvorecer das comunas, mostrou a possibilidade real de, ao menos a nível pessoal, criar uma fraternidade sem limites. Mas seu impulso o levava para mais longe: criar uma fraternidade global ao unir os dois mundos de então: o mundo muçulmano do sultão egípcio Al Malik al-Kâmil com quem nutriu grande amizade com o mundo cristão sob o pontificado do Papa Inocêncio III, o mais poderoso da história da Igreja. Desta forma realizaria seu sonho maior: uma fraternidade realmente universal, na unidade da criação, confraternizando o ser humano com outros seres humanos, mesmo de religiões distintas mas unidos com todos os demais seres da criação.

Esse espírito, no contexto das forças destrutivas do antropoceno e do necroceno reinantes, se confonta com uma situação, totalmente diversa daquela vivida por Francisco de Assis. Nela não se questionava se a Terra e a natureza tinham futuro ou não. Pressupunha-se que tudo estava garantido.O mesmo ocorreu na grande crise economico-financeira de 1929 e  mesmo na de 2008. Ninguém  colocava em  questão os limites da Terra e de seus bens e serviços não renovaveis. Era um pressuposto dado como evidente pois, para todos, ela comparecia qual baú cheio de recursos ilimitado, base para um crescimento também ilimitado. Na Laudato Si o Papa chama este cocnepçnao de mentira.

Hoje não é mais assim. Tudo se desvaneceu, pois sabemos que nos podemos destruir e abalar as bases físicas, químicas e ecológicas que sustentam a vida.

O espírito de fraternidade como exigência para a continuidade de nossa vida no planeta

Não estamos face a uma opção, que podemos assumir ou não. Mas face à uma exigência  da continuidade de nossa vida nesse planeta. Encontramo-nos numa situação ameaçadora para a nossa espécie e a nossa civilização.

 O Covid-19 que afetou a inteira humanidade cabe ser interpretado como um sinal da Mãe Terra de que não podemos continuar com a dominação e devastação de tudo o que existe e vive. Ou fazemos, como adverte o Papa Francisco de Roma à luz do espírito e  do um novo de ser no mundo de Francisco de Assis, “uma radical conversão ecológica”(N.5) ou pomos em risco o nosso futuro como espécie:“As previsões catastróficas já não se podem olhar com desprezo e ironia..Nosso estilo de vida e o nosso consumismo insustentáveis só  podem desembocar em catástrofes”(Laudat Si n.161). Na Frateli tutti é mais contundete:”Estamos no mesmo barco, ninguém se salva sozinho, só é possível salvar-nos juntos”(n.32). Trata-se de uma derradeira cartada para a humanidade.

O surgimento das condições para uma fraternidade universal

Mas eis que surge uma nova alternativa possível, pois a história não é retilínea. Ela conhece rupturas e saltos. Assim estaríamos face a um salto no estado de consciência da humanidade. Pode chegar a um momento em que ela se torna plenamente consciente de que pode se auto-destuir seja por uma fenomenal crise ecológica, social e sanitária (atacada por vírus letais) seja por uma guerra nuclear. Entenderá que é preferível viver fraternalmente na mesma Casa Comum do que entregar-se a um suicído coletivo. Será obrigada a convencer-se de que a solução  mais sensata e sábia consiste em cuidar da única Casa Comum, a Terra, vivendo dentro dela, todos, como irmãos e irmãs, a natureza incluida. Seguramente a humanidade não está condenada a se autodestruir, nem pela vontade de poder-dominação nem pelo aparato bélico, capaz de eliminar toda vida. Ela é chamada a desenvolver as incontáveis potencialidades que estão nela,como um momento avanaçado da cosmogênese.

 Será, então, um dado da consciência coletiva aquilo que as encíclica Laudato Si e Fratelli tutti repetem de ponta a ponta: todos estamos relacionados uns com os outros, todos somos interdependentes e só sobreviveremos juntos. Tudo será relacinal, também as empresas, gerando um quilíbrio geral assentado sobre o amor social, o  sentido de pertença fraterna,  o altruismo, a solidariedade e o cuidado comum de todas as coisas comuns (água, alimentção, moradia, segurança, liberdade e cultura etc).

Todos se sentirão cidadãos do mundo e membros ativos de suas comunidades. Haverá um governo planetário plural (de homens e mulheres, representantes de todos os países e culturas) que buscará soluções globais para problemas globais. Vigorará uma hiperdemocracia terrenal. A grande missão coletiva é construir a Terra, como já no deserto de Gobi, na China, nos idos de 1933, anunciava Pierre Teilhard de Chardin. Assistiremos ao surgimento lento e sustentável da noosfera vale dizer, das mentes e corações sintonizados dentro do único planeta Terra. Este é o nosso ato de fé.

Agora serão dadas as condições do sonho de Francisco de Assis e de Francisco de Roma: uma real fraternidade humana, de um verdadeiro amor social junto com os demais irmãos e irmãs da natureza.

Cabe a nós como pessoas e como coletividade pensar e repensar com a maior seriedade, colocar e recolocar esta questão: Dentro da situação mudada de Terra e da humanidade e das ameaças qe pesam sobre elas não representa puro sonho e utopia inviável buscar um espírito da fraternidade universal entre os humanos e com todos os seres da natureza e realizá-lo coletivamente. Esta será  a grande saída que nos poderá salvar. O Papa Francisco crê e espera que este é o caminho. Pode ser tortuoso,conhecer obstáculos e fazer desvios, mas segue pelo  rumo certo.

Somos urgidos a responder, pois o tempo do relógio corre contra nós. Ou acolhemos a proposta  da figura mais inspiradora do Ocidente, o humilde Francisco de Assis, como o chama  Tomás Kempis, autor da Imitação de Cristo e retomada na Fratelli tutti pelo Francisco de Roma e repensada por Leclerc e Lévy Strauss ou poderemos trilhar um caminho já percorrido pelos dinossauros há 67 milhões de anos. Mas cremos não ser este o destino da humanidade.

 Só nos resta palmilhar este caminho da fraternidade universal e do amor social porque  então poderemos  continuar, sob a luz benfazeja do sol, sobre esse pequeno planeta, azul e branco, a Terra, nosso querido lar e Casa Comum. Dixi et salvavi aninam meam.

*Leonardo Boff é ecoteólogo brasileiro e escreveu:”O covid-19: um contra-ataque da Terra contra a humanidade”(Petrópolis-Rio, 2020/21).

¿Es posible la fraternidad humana universal y con todas las criaturas? (I)

Leonardo Boff*

En la encíclica social Fratelli tutti (2020) el Papa Francisco presenta su “sueño” de una nueva humanidad fundada en la fraternidad universal y en el amor social (n.6), inspirado en la figura y en el ejemplo de San Francisco de Asís, el hermano universal.

El infierno de los campos de extermio nazi

Este tema de la fraternidad universal fue la insistente preocupación de uno de los mejores conocedores del espíritu de Asís: Éloi Leclerc en varias de sus obras, especialmente en la Sabiduría de un Pobre (París 1959, Braga 1968) y en El Sol sale sobre Asís (París 1999, Sal Terrae 2004). Él no habla teóricamente sino a partir de una terrible experiencia personal. Joven fraile francés, aunque no siendo judío, fue llevado a Alemania y hundido en el infierno de los campos de exterminio nazi de Buchenwald y de Dachau. Conoció la banalidad del mal, las matanzas de la SS por el simple gusto de matar, las torturas y las humillaciones que marcaronsu alma como un hierro al rojo vivo.

Demolida su fe en el ser humano y dudando de todo ideal de fraternidad humana, buscaba desesperadamente un rayo de luz que no le venía de ninguna parte. Incluso después de ser liberado por los aliados en 1945 empezó a tener miedo de todo ser humano. Confiesa: “me despertaba por la noche, sobresaltado, bañado en sudor y el alma llena de pavor; aquellas imágenes de horror volvían siempre y me perseguían; no podía borrarlas” (p.33). Y continúa: “Que el Señor me perdone si a veces de noche, ese hombre viejo en el que me volví, levanta los ojos inquietos al cielo en busca de un poco de luz” (p.31).

La internalización del torturador

Cargaba dentro de sí a los verdugos nazis que le perseguían y le suscitaban cuestiones aterradoras sobre el destino humano y su capacidad de destruir vidas indefensas. Ese mismo trauma, mucho más que psicológico, pues invade y destruye todo el ser humano por dentro y por fuera, fue vivido por el fraile dominico brasilero fray Tito Alençar, bárbaramente torturado por el delegado Fleury. Internalizó su imagen perversa de tal forma que se sentía siempre perseguido por él, hasta que no aguantando más dio fin a su vida, prefiriendo morir antes que vivir en una tortura permanente. Esa experiencia terrible fue vivenciada también por fray Éloi Leclerc, que, larga y sufridamente reflexionada, nos entregó una lucecita trémula, apuntando la posibilidad de una fraternidad universal, inspirada en el pobre de Asís.

En medio de la agonia se entona el Cántico a las Criaturas

El encuentro con esa figura y con su ejemplo hizo que los albores del del sol renaciesen de nuevo en su alma obnubilada y consiguiera rescatar el sentido secreto de todo elsufrimiento. Narra un hecho misterioso que ocurrió en el tren descubierto cargado de prisioneros, que durante 28 días viajaba de un lugar a otro desde Buchenwald hasta acabar en Dachau, en los alrededores de Munich. En él iban tres frailes, uno de ellos agonizante. En medio del infierno, irrumpíó algo de cielo. Sin saber por qué, movidos por una fuerza superior, empezaron a cantar con voces casi inaudibles el Cántico de las Criaturas de San Francisco. Las densas tinieblas no pudieronimpedir la luz del señor y hermano Sol y la generosidad de la madre y señora Tierra. En el Cántico se celebra el encuentro de la ecología interior con la ecología exterior y los esponsales del Cielo con la Tierra, del cual nacen todas las cosas. La pregunta que siempre le anudaba la garganta: ¿será que la fraternidad entre los humanos y con los demás seres de la creación es posible? 

La ternura y la belleza convierten a las personas

¿Esa experiencia entre agonía y deslumbramiento, no podría contener una eventual respuesta esperanzadora?Por lo menos se abrió un trémulo destello. Tal choque existencial lo motivó a estudiar y a profundizar cual sería la singularidad de esta figura absolutamente excepcional dentro del conjunto de las hagiografías.

Leclerc describe, entonces, el proceso de construcción de la fraternidad universal en la trayectoria de Francisco de Asís. Hijo de un rico comerciante de tejidos, considerado el rey de la jeneuse dorée de la ciudad de Asís, vivía en farras y algazaras, pero de repente empezó a darse cuenta de la futilidad de aquella vida. Pasaba horas en la capillita de San Damián, contemplando el rostro dulce y tierno de un crucifijo bizantino. Algo semejante hacía Dostoievsky que una vez al año viajaba hasta Dresden en Alemania para contemplar en la iglesia durante horas la belleza de un cuadro de María extraordinariamente deslumbrante. Necesitaba esta contemplación para apaciguar su alma atormentada. En la novela Los hermanos Karamazov dejó esta intrigante frase: “la belleza salvará al mundo”.

Así fue, la dulzura y la mirada misericordiosa del Cristo bizantino, a semejanza de Dostoievsky, conquistó a aquel joven en profunda crisis existencial y le cambió el destino de su vida. Le convenció la fe en el Creador que creó una fraternidad fundamental, haciendo que todos los seres, pequeños y grandes, también los humanos y el propio Jesús de Nazaret, fuesen todos sacados del polvo, del humus de la Tierra. Todos tenemos el mismo origen, formamos una fraternidad terrenal.

Dicho en términos religiosos, esta idea de una profunda solidaridad y fraternidad aparece clara en la carta a los Efesios san Pablo. El apostol recordaba a sus lectores: “Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo. Siendo Dios, no hizo caso de su condición divina; se anonadó y asumió la condición de siervo por solidaridad con los seres humanos; se presentó como un simple hombre; se humilló obedientemente hasta la muerte y muerte de cruz” (el castigo más humillante impuesto a los subversivos: Flp 2,5-8).

Una radical fraternidad y comunión con los últimos, los leprosos

A la luz de estas cavilaciones, Francisco olvidó su situación de hijo de un rico mercader, descubrió el origen común de todos los seres, el polvo de la Tierra, su humus, y contempló también la humildad de Cristo retratada en el rostro sereno y dulce del crucifijo bizantino. Como era práctico y resoluto en todo lo que se proponía, sacó pronto una conclusión: voy a unirme solidariamente a aquellos que están más próximos al Crucificado: los leprosos, y con ellos voy a vivir aquello que nos hace por la creación hermanos y hermanas y a crear una fraternidad radical con ellos. Confiesa en su testamento: “aquello que antes me parecía amargura, ahora emerge como dulzura”. Conocemos el resto de la saga del Sol de Asís como lo llama Dante en la Divina Comedia.

Por su parte, Éloi Leclerc no se contentó con la experiencia iluminadora del Cántico de las Criaturas. La angustiante pregunta no le daba sosiego: ¿cuál es el gran obstáculo que impide la fraternidad humana y con todas las criaturas y que crea espacio para las masacres y la eliminación sumaria de personas consideradas inferiores o subhumanas, como ocurrió en los campos de exterminio? Llegó a esta conclusión: es la voluntad de poder y de poder como dominación.

La voluntad de poder y de dominacion como el gran obstaculo

Como C.G.Jung ya había observado, la voluntad de poder es el más peligroso arquetipo del ser humano, pues le da la ilusión de ser como Dios, disponiendo como quiere de la vida y la muerte de los demás. Y remataba: “donde predomina el poder ahí no hay ya ternura ni amor”. Cuando se vuelve absoluto, el poder se muestra asesino y elimina a todos los que hacen oír otra voz (p.30). Pues bien, nuestras sociedades históricas (a excepción de los pueblos originarios en los cuales la fraternidad predomina y no el poder) se estructuran alrededor de la voluntad de poder y de dominio de todo lo que se presente: el otro, los pueblos, la naturaleza y la propia vida. Ella introduce la gran división entre aquellos que tienen poder y aquellos que no tienen poder.

Mientras el poder prevalezca como eje estructurador de todo jamás habrá fraternidad entre los humanos y con la creación. Como este arquetipo es humano, él está latente dentro de cada uno de nosotros. En nosotros se esconde un Hitler, un Stalin, un Pinochet y un Bolsonaro. El propio Leclerc confiesa: “Sentí despertar dentro de mi la bestia con su sed de venganza” (p.32). Tenemos que poner bajo serio control esa figura funesta que mora en nosotros, si queremos mantener nuestra humanidad y posibilitar la fraternidad ilimitada. Sinos entregamos a la seducción del poder, rompemos todos los lazos y la indiferencia, el odio y la barbarie pueden ocupar todo el espacio de la conciencia, como está ocurriendo en varios países del mundo, especialmente entre nosotros en Brasil con Bolsonaro que difunde odio, exalta torturadores, pone los fake news y la mentira como comunicación normal del Estado. Emergen entonces las figuras siniestras e incluso necrófilas referidas. 

¿Quién iba a decir que en un país de la vieja cristiandad, como Alemania que nos dio tantos genios como Mozart y Beethoven, Goethe, Freud, Einstein, Marx, Heidegger, Heisenberg, Barth, Rahner,Brecht y otros tantos pudiera irrumpir la barbarie,el  inimus homo?

“O nos salvamos todos o nadie se salva”

Este hecho dramatiza aún más la cuestión propuesta osadamente por el Papa Francisco en la Fratelli tuttiuna fraternidad universal y un amor sin fronteras. Quizá porque esta vez, como ha repetido varias veces: ”O nos salvamos todos o nadie se salva”. Puede ser que la Tierra, o el propio universo, quien sabe, nos estén ofreciendo una última oportunidad: o cambiamos o la Tierra seguirá girando alrededor del sol, pero sin nosotros. (continúa)

*Leonardo Boff  es ecoteólogo y filósofo; ha escrito: Covid-19: contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes 2ª ed, 2020/21.