La justa medida: empieza por ti mismo y respete la Madre Tierra

Leonardo Boff*

Los cambios y la propia historia no se hacen mecánicamente.Siempre se producen dentro de condicionamientos del pasado y del presente, pero no excluyen nunca la actuación de los sujetos históricos, que usan su libertad y toman posiciones. Ellos son,dentro de cada contexto determinado, los que hacen la historia.Esto mismo sirve para el rescate de la justa medida, tan urgente en los tiempos actuales.

La justa medida está presente en todas las éticas mundiales. El verdadero humanismo solamente se da si se funda en lamoderación, en el camino del medio, y en la justa medida.

¿Por dónde empezar?

Empieza por ti mismo

Los cambios personales, las llamadas revoluciones moleculares, que marcan el primer paso de cualquier proceso de transformación, son fundamentales. Esta sólo será efectiva si la persona se dispone a vivirlos en su propia vida. En este aspecto debemos ser concretos: el exceso de marketing hace que las personas sean seducidas por el consumo y pierdan la justa medida; el exceso de selfies denota narcisismo; el tiempo dedicado a viajar por pura curiosidad por los programas de internet y otros del mismo género son demostraciones de falta de la justa medida. Rehenes de la virtualidad nos negamos el gusto del encuentro y de la amistad. Bien observó el Papa Francisco en la encíclica Todos hermanos y hermanas: «Los medios digitales nos privan de la comunicación directa. Hacen falta los gestos físicos, las expresiones del rostro, los silencios, el lenguaje corporal y hasta el perfume, el temblor de las manos,el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y es parte de la comunicación humana» (n.43).

Tales medios nos hacen próximos, pero no hermanos. Constituye un principio de la física cuántica y de la nueva cosmogénesis ver toda la realidad, también la materia, como formas de energía con distintos grados de densidad y siempre en redes de relaciones. De acuerdo con esta comprensión, no existe nada fuera de las relaciones, ningún acto realizado por una persona física queda retenido en ella. La energía que emite, circula por todas las redes, fortaleciéndolas y de esta forma acelerando la construcción de la Casa Común.

De aquí se deriva el hecho de que ningún acto humano se reduce a lo personal, siempre implica lo social y lo global porque estamos permanentemente conectados con ellos. Veamos algunas expresiones de esta dimensión de la justa medida en el ámbito personal.

Para empezar, cada persona debe conocerse mínimamente a símisma, sus pulsiones, sus energías interiores, positivas o negativas. Hay personas que por naturaleza son más impulsivas y dadas a perder la justa medida. Hay otras, por naturaleza más tranquilas y ante situaciones conflictivas no pierden la justa medida.

Mantener la justa medida en estos casos es un acto sapiencial: sabe cuando hablar y cuando callar; aprende a dominar sus impulsos y piensa y repiensa antes de actuar. Otros conscientemente hacen un esfuerzo significativo para contenerse y guardar la justa medidaRevelan así madurez ycapacidad de autodominio.

Podríamos identificar también la justa medida en el ámbito delejercicio del poder, en la conducción de una comunidad, en elliderazgo político e incluso en la confrontación de ideas. En Brasil somos condenados a soportar un presidente que no demuestra ningún sentido de justa medida,sea en las palabras ofensivas sea en actos de producir verguenza. Es la expresión más perversa de falta de cualquier moderacón y justa medida.

Rehacer el contrato natural con la Madre Tierra

Como participantes de la naturaleza y con capacidad de intervenir en ella, es necesario hacer una referencia importante al Contrato Natural entre la Tierra y la Humanidad. Ese contrato nos viene dado, no se hace. Al existir, recibimos todo lo que necesitamos de la Madre Tierra: el suelo, el aire, las aguas, todo tipo de alimentos, los climas favorables a la vida, en una palabra, todos los componentes que permiten a la vida subsistir y reproducirse. Como en todo contrato, hay siempre una contrapartida: cada cual debe cumplir su parte.

Inicialmente los seres humanos vivían el Contrato Natural sin tener que pensar en él. La Madre Tierra les ofrecía en abundancia los medios de vida y ella era amada, celosamente respetada y cuidada en sus ritmos naturales.

Esto se hizo de manera ejemplar durante el matriarcado, hace por lo menos 20 mil años. Las mujeres sentían una especial connaturalidad con la Madre Tierra, pues unas y otras generan vida.

Fueron pasando los tiempos y el hombre-masculinizado acumuló poder e impuso su voluntad y sus propósitos. Dominó a las mujeres y junto con ellas sometió también a la naturaleza.Lentamente pero de manera progresiva se rompió el Contrato Natural. La Matriz Relacional, aquella sagrada relación de todos con todos se perdió. El ser humano se sintió dueño de la naturaleza y no parte de ella.

La Tierra ya no era considerada como Madre generosa, sino como una “cosa extensa” sin propósito, como un granero lleno de recursos, disponibles al gusto de los hombres. 

En la actualidad el Contrato Natural ha sido roto totalmente hasta el punto de que la Tierra hace sentir lo grave de esta ruptura a través de los desajustes que están apareciendo. Los humanos, según la naturaleza de todo contrato, han dejado de cuidar a la Madre Tierra, sus biomas, sus selvas, sus aguas y sus suelos. Antes bien, la han agredido.

La alarma actual por los cambios climaticos contituyen una de las expresiones de haber sepultado el Contrato Natural. Hoy más que nunca urge rehacer ese Contrato Natural. Este implica de nuestra parte tener un sentimiento de respeto, de cuidado, de sinergia y establecer un lazo afectivo con la Tierra y con todos sus elementos. Aquí emerge el valor eminente de la justa medida, de la autocontención de nuestro impulso de poseer más y más, de respeto a la identidad de cada ser y también de sus derechos intrínsecos.

Si no restablecemos los términos justos de este Contrato Natural y lo articulamos con el Contrato Social (el que regula la sociedad) en vano aplicaremos la ciencia y la técnica para recuperar los daños ya producidos. Lo decisivo consiste en crear un lazo de afecto y de amor con la Tierra y tratarla como la Madre Tierra, la Magna Mater, la Pachamama y Gaia. Sólo con justa medida y sinergia, entre ambas grandezas, abriremos una ventana para un futuro esperanzador.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra:una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

La política de odio y el asesinato del indigenista Bruno Pereira e o periodista ingles Dom Phillips

Leonardo Boff*

El asesinato del conocido indigenista Bruno Pereira y del periodista inglés Dom Phillips ha comovido al país y al mundo entero. Este crimen sólo es comprensible en el marco de una política de odio y persecución que el gobierno actual ha establecido como política normal, incidiendo principalmente sobre los pueblos originarios, los negros, las personas de otra opción sexual y los pobres en general. Sólo en tiempos del nazismo se instaló tal práctica política. Ella es expresión de barbarie, cuando pasa por encima del contrato social que establece relaciones civilizadas entre los ciudadanos.

Estos asesinatos tienen que ser investigado hasta el fondo y han de tener en cuenta la atmósfera de odio y de violencia, estimulada desde arriba, que se ha apoderado del país. Quien ha afirmado que la revolución del 64 se equivocó al torturar pues debería haber matado, quien explícitamente declara que habría que fusilar a 30 mil izquierdistas y hace apología abierta de un conocido torturador, no es ajeno a la atmósfera que propició el bárbaro crimen cometido en el Vale do Javari amazónico. ¿Por qué la Policía Federal suspendió las investigaciones? ¿Quién lo ordenó? Las instituciones jurídicas están siendo puestas a prueba. Deben actuar.

A pesar de esta verdadera desgracia nacional no queremos perder la esperanza de que todo saldrá a la luz y los culpables directos e indirectos serán castigados. El país va a encontrar su verdadero destino. Nos inspira el legado de uno de los mayores pensadores de Occidente, el africano san Agustín (354-430) que decía: jamás debemos perder la esperanza porque su alternativa es el suicidio. Confiemos en ella, pues tiene dos hermosas hermanas: la indignación y la valentía. La indignación para rechazar todo lo que es malo y perverso. La valentía para transformar esta situación en beneficiosa. En este momento sombrío de nuestra historia tenemos que enamorarnos de estas dos hermanas.

La hermana indignación

Nos indignamos contra un gobierno que se ha propuesto como tarea destruir todo nuestro pasado cultural e imponer otro modelo que pretende conducirnos a tiempos oscuros del pasado. Servidor de los intereses norteamericanos, ha hecho alianza con lo más atrasado y reaccionario que existe en aquel país.

Nos indignamos con un jefe de estado, que por su alta función debería vivir los valores y virtudes que quisiera que el pueblo viviese también, pero que muy al contrario no hace más que dar malos ejemplos. Ha difundido desde arriba una ola de odio, de mentiras, de violencias y de fake news como política de estado. Tal actitud ha infundido en la sociedad y en los órganos policiales situaciones de barbarie con uso indiscriminado de la violencia dirigida contra los más desvalidos. Se ha mostrado totalmente irresponsable en cuestiones ambientales, de modo particular en lo que se refiere a la Amazonia y al Pantanal.

Nos indignamos por haberse aliado con la Covid-19, negando su importancia, tratando de imponer la inmunización de rebaño, sacrificando con ello a centenares de personas, y prescribiendo medicinas sin efecto inmunizador.

Negó la eficacia de las vacunas hasta el punto de rechazar comprarlas en su momento. Él es responsable de buena parte de las más de 660 mil víctimas de Covid-19, cuando podría haberlo evitado. Pocas veces, de forma ritual, ha mostrado empatía y solidaridad con las familias enlutadas de las víctimas.

Nos indignamos con él por despreciar las leyes y la Constitución, atacar al Supremo Tribunal Federal y al Tribunal Superior Electoral, por amenazar con un golpe de estado y afirmar que solo reconocerá en las elecciones un único resultado: su reelección. En caso contrario habrá convulsión social, manipulando a su base fanatizada y armada.

Nos indignamos por haberse traicionado a sí mismo y al pueblo brasilero, retomando sin escrúpulos la vieja política que quería superar, aliándose a grupos políticos oportunistas y conservadores con los cuales articuló vergonzosamente un presupuesto secreto, fuente de grandísima corrupción.

Nos indignamos, finalmente, por ser corrupto en el sentido originario de la palabra: tener un corazón (cor) corrupto (corruptus). Peor que la corrupción monetaria existente en el actual gobierno, que no puede ser investigada y puesta bajo secreto, es la corrupción de su mente y de su corazón. Él está dominado visiblemente por la pulsión de muerte, dado el descuido que muestra de la vida de las personas y de la naturaleza. De esta corrupción fundamental nace su odio, su grosería, las palabras de mal gusto, las mentiras y la distorsión de la realidad. 

¿Cómo puede todavía decir que tiene a Dios en el corazón?

La hermana valentía 

Nos animan la oposición y la resistencia de políticos ligados a los intereses generales de la nación, especialmente de los movimientos sociales populares del campo y de la ciudad y de varios estratos maltratados por su gobierno como artistas y actrices, los cultivadores de la cultura, los negros, los quilombolas, los indígenas y los pobres.

Nos animan los medios de información y de opinión alternativos ya sea los impresos o los medios virtuales que mantienen viva la conciencia crítica y denuncian los desmanes gubernamentales y parlamentarios.

Nos animan los varios manifiestos de profesores y profesoras, de intelectuales, artistas, gente de los movimientos sociales y del pueblo organizado contra las reformas que han desmantelado conquistas históricas de derechos de los trabajadores y de los jubilados, entre otros.

Nos anima la conciencia nacional y colectiva en defensa de nuestra democracia representativa que, aunque no sea de alta intensidad, es hoy por hoy el gran instrumento político para el mantenimiento de un estado de derecho, la vigencia y respeto a la constitución y a las leyes, siendo el espacio de las libertades de opinión y de elaboración de los consensos.

Nos animan, a pesar de la falta de apoyo de los órganos oficiales, las iniciativas populares y de los movimientos sociales para vivir concretamente la ética de la solidaridad en tiempos de pandemia, ofreciendo toneladas de alimentos biológicos y millones de platos calientes a los miles y miles de desempleados y afectados por la Covid-19.

Nos animan los cientos de encuentros virtuales, en vivo, promovidos por grupos u organizaciones sobre temas actuales, reforzando el compromiso y la esperanza. Cabe enfatizar el alto valor civilizatorio del Instituto Conhecimento Liberta (ICL) fundado por el exbanquero Eduardo Moreira y su grupo, que ofrece 145 cursos online, dados por las mejores cabezas nacionales e internacionales, llegando a más de 60 mil alumnos al precio de 42-49 reales al mes, pudiendo seguir todos los cursos por ese precio.

Nos anima la posibilidad de elegir representantes políticos de las asambleas estatales y del parlamento que podrán sustentar a un eventual gobierno que rescate la democracia, los derechos perdidos y una soberanía activa y orgullosa con repercusión internacional.

Nos anima el apoyo internacional a nuestras fuerzas democráticas, contra el autoritarismo y la barbarie social, para recuperar nuestra importancia conquistada en las relaciones internacionales, especialmente por las políticas contra el hambre y las demás políticas de inclusión social, técnica y universitaria.

Nos anima, finalmente, la relevancia que tiene nuestro país por su privilegiada situación ecológica en el equilibrio de los climas, en el mantenimiento del sistema-vida y del sistema-Tierra para beneficio nuestro y de toda la humanidad.

Estamos convencidos de que ninguna sociedad se construye sobre el odio ni sobre la pulsión de muerte, sino sobre la convivencia pacífica entre todos, mediante el cuidado de unos a otros y de la gran Casa Común, incluida la naturaleza, especialmente la Amazonia, bien común de la humanidad.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito El pescador ambicioso y el pez encantado: en busca de la justa medida, Vozes 2022.

Traducción de Mª José Gavito Milano

GUSTAVO GUTIÉRREZ, TEÓLOGO DEL DIOS LIBERADOR

                                Juan José Tamayo

Gustavo Gutiérrez é o grande teólogo peruano, latino-americano,universal, o iniciador da Teologia da Libertação. Agora completa 94 anos. Foi perseguido e proibido como tantos outros teólogos da libertação. Mas o Papa Francisco que vem desde caldo teológico, da Teología da Libertação de vertente argentina, o reabilitou, bem como a Jon Sobrino, José María Castillo e outros. Juntos começamos este tipo de teologia, embora não nos conhecíamos pessoalmente. Mas havia aquilo que Hegel chama de Weltgeist, um Espírito que atravessa o mundo e faz surgir níveis de consciência e temáticas de pensamento e de ação adequadas ao tempo. Assim foi quando começamos nos fins dos anos 60 e princípios dos anos 70 do século passado. Aqui vão os meus melhores votos ao ancião e “AMAUTA” “o sábio”, o maior título que o governo peruano concede a raras personaidades do país. Ele é verdadeiramente um “amauta”, sábio, indígenas, amigo dos pobres e um justo entre as nações. Juan José Tamayo faz-lhe as honras, pois é o teólogo espanhol que melhor conhece a teologia da libertação e a pratica no quadro de seu país.  LBoff

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La teología cristiana ha sido con frecuencia una disciplina inocua en el conjunto de los saberes, beligerante frente a los avances científicos, legitimadora de los poderes establecidos, ajena a la marcha de la historia, poco sensible a los sufrimientos humanos y muro de contención de las revoluciones sociales y políticas. La teología latinoamericana de la liberación ha venido a quebrar dicha imagen, recuperando la imagen del Dios de la vida y de Jesús de Nazaret, el Cristo liberador y situando al cristianismo en la vanguardia de los movimientos sociales que luchan por la transformación de la sociedad de todas las opresiones, también de la religiosa.

El sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez es reconocido con razón como el padre del nuevo paradigma teológico que supuso una verdadera revolución epistemológica y metodológica en el discurso religioso y en la práctica liberadora de los cristianos y las cristianas. El pasado 8 de junio cumplió 94 años y conserva íntegra su lucidez intelectual, la misma que tuve la oportunidad de comprobar hace cuatro años en el encuentro que mantuvimos en Lima.

Entonces le felicité por sus 90 años presencialmente. Hoy lo hago de nuevo con este artículo que quiere ser un acto de memoria histórica de los orígenes de la teología de la liberación, cuya primera piedra puso Gustavo en las conferencias que impartió en 1968 en la ciudad peruana de Chimbote, ubicada a orillas de Océano Pacífico. A ellas asistió su compatriota el escritor y antropólogo José María Arguedas, que en El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador” y lo contrapone al “cura del Dios inquisidor” de su propia novela Todas las sangres. En esas conferencias, calificadas por Arguedas de “lúcidas y patéticas”, Gustavo habló de la teología como inteligencia del compromiso. Tres años después publicó Teología de la liberación. Perspectivas (1971, 1ª ed.), su obra más emblemática e influyente en el panorama teológico cristiano de las últimas cinco décadas, traducida a decenas de idiomas y con numerosas ediciones. Dedica el libro a Arguedas y lo introduce con un texto de Todas las sangres, que Arguedas le había leído en Lima, en el que el sacristán y cantor de San Pedro de Lahuaymarca, quemada ya su iglesia y refugiado entre los comuneros de las alturas, le replica a un cura del Dios inquisidor con argumentos semejantes a los de las conferencias de Chimbote. El propio Gustavo considera al sacristán de San Pedro “precursor de la teología de la liberación”.  

En Teología de la liberación. PerspectivasGustavo define la teología como reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra, como teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad, que no se limita a pensar el mundo, sino que se sitúa como un momento del proceso a través del cual el mundo es transformado, abriéndose al don del reino de Dios. Estamos ante una nueva manera de hacer teología que tuvo repercusiones sociales y políticas desestabilizadoras para el sistema neocolonial latinoamericano y sigue teniéndolas hoy para el sistema de la globalización neoliberal, que el Papa Francisco define como “globalización de la indiferencia, que nos vuelve “indiferentes ante los clamores de los otros”, y califica de injusto en su raíz.  

Gutiérrez lleva a cabo una verdadera revolución en la teología, cuyo acto primero es el compromiso con los oprimidos y la experiencia del Dios de los pobres, y el acto segundo, la reflexión, pero no desde la neutralidad social y la asepsia doctrinal sino desde el reverso de la historia y la opción ético-evangélica por los pobres. A estos les reconoce el teólogo peruano una fuerza histórica capaz de mutar el curso de la historia en dirección a la liberación. La teología de liberación remite derechamente al compromiso de los cristianos en los movimientos de liberación.  

George Bernanos afirmaba que los cristianos son capaces de instalarse cómodamente bajo la cruz de Cristo. Gustavo Gutiérrez pretende corregir esa tendencia conformista activando las energías utópico-liberadoras del cristianismo. Su referente intelectual es Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios sometidos a esclavitud por los conquistadores y pionero del reconocimiento y respeto del pluriverso cultural. Parafraseando a Las Casas (“los indios mueren antes de tiempo”) el teólogo peruano afirma que “los pobres en América Latina mueren antes de tiempo”. Sobre Las Casas ha escrito uno de los mejores estudios que conozco, En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de Las Casas (Centro Bartolomé de Las Casas, 1992), que dedica al teólogo mártir hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría. Otro libro excelente sobre Bartolomé de Las Casas es el de Francisco Fernández Buey La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano (El Viejo Topo, Barcelona, 1995).

Las preguntas existenciales, o mejor vitales, que queman en los labios a Gustavo y golpean su conciencia tienen que ver con el lenguaje sobre Dios: ¿cómo hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes; con la hermandad: ¿cómo hablar de Dios Padre en un mundo donde los seres humanos no son hermanos?, y con la vida y la muerte: ¿cómo hablar de la resurrección en un mundo donde los excluidos son carne de cañón? La pregunta que sigue interpelándole con más radicalidad y urgencia es la que da título a uno de sus ensayos: ¿Dónde dormirán los pobres?  Las preguntas que plantea dan una idea acertada de la orientación de su teología: una teología no levítico-sacerdotal, sino samaritana; crítica y no conformista, abierta al pluriverso cultural, religioso y étnico, no de pensamiento único; una teología siempre en perspectiva de liberación y sensible a las nuevas esclavitudes que genera la globalización neoliberal. En la teología de Gustavo Gutiérrez vuelven a articularse armónicamente pensamiento y vida, teoría y praxis, rigor metodológico y talante profético, como sucediera en los misioneros, teólogos y obispos defensores de los derechos de los indios de Abya-Yala en el siglo XVI. El teólogo peruano acostumbra a decir que él no cree en la teología de la liberación, sino que esta es solo camino para mejor seguir a Jesús de Nazaret y contribuir a la liberación de los pobres. Todo un ejemplo de modestia intelectual para los teólogos europeos que tendemos a veces a conceder más importancia a la teología que a la experiencia, a la teoría que a la práctica, a la reflexión que a la liberación, cuando ambas tienen que ir unidas

Gustavo Gutiérrez, honoris causa

Ad multos años, Gustavo

Para una profundización sobre Gustavo Gutiérrez y sobre la Teología de la liberación, remito a mis libros: Para comprender la teología de la liberación (1989; 2017, 8ª ed.) (EVD, Estella); Panorama de la teología latinoamericana (2002, 2ª ed.) (EVD, Estella); La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (2011, 2ª ed,) (Tirant, Valencia); Teologías del Sur. El giro descolonizador (2017), (Trotta, Madrid).

Lo Femenino y el Espíritu Santo

Leonardo Boff*

Es convicción de fe de los cristianos que el Hijo de Dios-Padre se encarnó en el hombre Jesús de Nazaret. Así la encarnación, bien representada en la fiesta de Navidad, es una de las celebraciones principales de la cristiandad.

Casi nunca pensamos en la “encarnación” del Espíritu Santo. Al contrario, nos concentramos más en la fiesta de Pentecostés, que recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en el cenáculo. Sobre todos los que estaban con ellos, de varias procedencias y que hablaban las más distintas lenguas, una especie de lengua de fuego descendió sobre sus cabezas. Todos entendierom el mismo mensaje como si hubiese sido dicho en la lengua de cada uno.

Esta fiesta de Pentecostés nos ofrece la oportunidad de profundizar en el significado del Espíritu en la humanidad y en la creación.

Pensándolo bien, el Espíritu estaba siempre en el mundo. El primer capítulo del Génesis refiere que el Espíritu se cernía sobre el desierto, el vacío y las tinieblas primigenias (touwaboú en hebreo) y dio origen y ordenó todas las cosas creadas. El amor, la bondad, la solidaridad, la compasión y todas las demás virtudes tienen que ver con el Espíritu Santo. Estas realidades se encuentran en todos los pueblos de la Tierra. Por eso se dice que el   Espíritu Santo llega antes que el misionero. Este ya encuentra la presencia del Espíritu en aquellas  realidades tan humanas. El evangelio viene a confirmarlas y consolidarlas.

Y aquí surge la pregunta: un hombre, Jesús de Nazaret, fue divinizado por la encarnación del Hijo  eterno, pero ¿qué pasa con la mujer? Para el equilibrio de la propia autocomunicación de Dios (revelación), ¿no sería conveniente divinizar también a la mujer? Así lo masculino y lo femenino (animus y anima), la totalidad del fenómeno humano, comenzaría a pertenecer al propio Dios. Toda la humanidad sería entronizada en la Suprema Realidad.

Esta reflexión tiene cierta actualidad, pues vivimos bajo la eventual amenaza de desaparición de la especie humana debido a nuestra propia irresponsabilidad, por haber destruido las condiciones físico-químico-ecológicas que sustentan nuestra vida. Si por un acaso esto llegase a suceder, podemos decir que algo nuestro, lo masculino y lo femenino,em Jesús y María están ya eternizados y habríamos alcanzado el punto Omega de la antropogénesis.

Por tanto, algo nuestro jamás desaparecerá, lo que fundamenta la esperanza de que tampoco nosotros vamos a desaparecer.

Retomando el tema, podemos decir que una mujer, Miriam de Nazaret, fue también elevada a la altura de la divinidad. No soy yo quien lo dice, sino el mismo evangelista san Lucas, cuando es leído con ojos no patriarcales. De hecho, él dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo armará su tienda sobre ti y por eso el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios” (1,35).

Tenemos que leer el texto en su original griego para entender el mensaje ahí revelado. Entonces nos damos cuenta de que el evangelista Lucas usa la misma palabra con referencia a Miriam que el evangelista Juan usa refiriéndose a Jesús. Ambos usan la expresión “tienda” (skené en griego) para expresar la morada permanente, no fugaz, sea del Hijo sea del Espíritu Santo.

Lucas dirá que el Espíritu Santo “armará su tienda” (episkiásei: 1,35) sobre María. Juan dirá también “que el Logos (Hijo) armó su tienda entre nosotros” (eskénosen: Jn 1,14). Como puede verse, subyace a esos verbos la misma expresión, skené: morada permanente, personal y duradera de las divinas Personas, ya sea sobre el hombre Jesús o sobre la mujer Miriam. “Por eso” (diò kaì) lo que nacerá de ella es Hijo de Dios”.

Sólo es Hijo de Dios quien nace de alguien que ha sido elevado a la altura de Dios. Fue lo que ocurrió con Miriam de Nazaret. Sólo es posible la venida del Hijo de Dios-Padre encarnándose en Jesús porque antes ocurrió la venida del Espíritu, que asumió a la mujer, Miriam, que gestó al Hijo de Dios-Padre. De aquí que la primera Persona divina en venir a este mundo no fue el Hijo sino el Espíritu Santo.

Por todo esto nos es concedido afirmar que una mujer ha sido también divinizada. Así llegamos a un perfecto equilibrio humano-divino. Lo masculino a través de Jesús y lo femenino a través de Miriam forman parte del misterio de Dios. Ya no podremos hablar de Dios sin hablar del hombre y de la mujer. Ni tampoco podremos hablar del hombre y de la mujer sin hablar de Dios.

Se nos escapa lo que significa, en su última radicalidad, esta imbricación divino-humana, masculino-femenino y las dos divinas Personas. Son misterios que remiten a otros misterios; misterios no como límite de la razón sino como lo ilimitado de la razón, misterios que no dan miedo cual abismos aterradores sino que extasían como las cumbres de las montañas. En el fondo se trata de un único Misterio de comunión y de donación, de ternura y de amor en el cual Dios y los seres humanos estamos indisolublemente envueltos.

Sé que hay feministas que no aceptan este tipo de reflexión y alegan que no necesitan la divinización para ser plenamente mujeres. Yo solo hago esta consideración: “te estoy mostrando una estrella; si no puedes verla, no es por culpa de la estrella sino de tus ojos”. La oferta de sentido sigue siendo válida.

El Espíritu no restringe su presencia solo a lo femenino, comenzando por Miriam de Nazaret, sino que en cierta forma tiene una presencia cósmica. Dice un antiguo dicho: “El Espíritu duerme en la piedra, sueña en la flor, despierta en los animales y siente y sabe que está despierto en el ser humano”.

De esta forma, la historia del mundo y del universo es la historia de la acción creativa y siempre dinámica del Espíritu rumbo a una plenitud siempre ansiada que un día, así lo esperamos, se va a realizar.

*Leonardo Boff es filósofo, teólogo y escritor, ha escrito El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, Vozes 2013; El rostro materno de Dios, Vozes 2012; El Ave-Maria: lo femenino y el Espíritu Santo, Vozes 2014; con Rose Marie Muraro, Femenino & Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Record 2010. Todos publicados en español.

Traducción de Mª José Gavito Milano