Onde Deus está?

Legenda para pensar nos dias de Natal.

É atribuída a Lutero, o grande reformador no século XVI.

Era uma vez um homem muito piedoso. Ele queria já neste mundo chegar ao céu. Por isso se empenhava em fazer mais e mais obras de piedade, de caridade e de humildade. Assim que chegou, em fim, ao alto da escada da perfeição. Num certo dia, depois de grande devoção,subiu tanto que sua cabeça penetrou no céu.

Olhou em volta e ficou muito decepcionado.
Pois o céu estava escuro, vazio e frio.

É que Deus estava na Terra, numa majedoura, tiritando de frio e no meio de animais.

Lição da história: devemos buscar Deus lá onde Ele verdadeiramente está, no meio dos pequenos, dos pobres e dos invisíveis. E onde ele está, lá é o céu mesmo que seja num estábulo, de noite e no frio junto com animais.

La navidad de antes, siempre nueva

Vengo de hace tiempo, de los fines de los años 30 del siglo pasado, de un tiempo en que Papá Noel todavía no había llegado en su trineo. En nuestras colonias italianas, alemanas y polacas, exploradoras de la región de Concórdia (Santa Catarina), conocida por ser la sede de la Sadia y de la Seara con sus excelentes productos de carne, sólo se conocía al Niño Jesús. Eran tiempos de fe ingenua y profunda que informaba todos los detalles de la vida. Para nosotros los niños, la Navidad era la culminación del año, preparada y anhelada. Por fín venía el niño Jesús con su mulita (musseta en veneto) a traernos regalos.

La región tenía pinares hasta donde se perdía la vista y era fácil encontrar un hermoso pino. Lo adornábamos con los materiales rudimentarios de aquella región todavía en construcción. Utilizábamos papel de colores, de celofán y pinturas que nosotros mismos hacíamos en la escuela. La madre hacía pan de miel con distintas figuras, humanas y de bichitos, que colgábamos de las ramas del pino. En la punta siempre había una estrella grande recubierta de papel amarillo. Debajo, alrededor del pino, montábamos el pesebre, hecho con figuritas de papel recortadas de una revista a la que mi padre, maestro de escuela, estaba suscrito. Ahí estaba el Buen José, María, toda recogida, los Reyes Magos, los pastores, las ovejitas, el buey y la mula, algunos perros, y los ángeles cantores, que colgábamos en las ramas más bajas. Y naturalmente, en el centro, el Niño Jesús, que, al verlo casi desnudo, lo imaginábamos titiritando de frío y nos llenábamos de compasión.

Vivíamos el tiempo glorioso del mito. El mito traduce mejor la verdad que la pura y simple descripción histórica. ¿Cómo hablar de un Dios que se hace niño, del misterio del ser humano, de su salvación, del bien y del mal, sino contando historias y proyectando mitos que revelan el sentido profundo del acontecimiento? Los relatos del nacimiento de Jesús que están en los evangelios, contienen elementos históricos, pero para enfatizar su significado religioso, vienen revestidos de lenguaje mitológico y simbólico. Para nosotros niños, todo eso eran verdades que asumíamos con entusiamo.

Antes de introducirse el decimotercer salario, los profesores recibían una paga extra por Navidad. Mi padre gastaba todo ese dinero para comprar regalos a sus 11 hijos. Eran regalos que venían de lejos y todos instructivos: una baraja con los nombres de los músicos importantes, de pintores célebres, cuyos nombres nos costaba trabajo pronunciar, y nos reíamos de las barbas que tenían, de su nariz o de cualquier otro detalle. Un regalo que tuvo mucho éxito: una caja con materiales para construir una casa o un castillo. Los más mayores empezábamos a participar de la modernidad: recibíamos un jeep o un automóvil que se movían dándoles cuerda, o una rueda que al girar lanzaba chispas, y otras cosas por el estilo.

Para que no hubiese peleas, cada regalo tenía escrito debajo el nombre del hijo o de la hija. Y después comenzaban las negociaciones y los cambalaches. La prueba infalible de que el Niño Jesús había pasado por casa era la desaparición de los manojos de hierba fresca. Corríamos a comprobarlo. Y así era, la musseta se lo había comido todo.

Hoy vivimos los tiempos de la razón y de la desmitificación. Pero esto vale solo para los adultos. Los niños, ahora con Papa Noel y ya no con el Niño Jesús, viven el mundo encantado de los sueños. El viejito bonachón trae regalos y da buenos consejos. Como tengo barba blanca, no hay niño o niña que pase por mi lado y no me llame Papá Noel. Yo les digo que no soy Papá Noel sino su hermano, que vengo a observar si los niños hacen todo como se debe y después se lo cuento todo a Papá Noel para que les traiga un buen regalo. Así y todo, muchos dudan. Se acercan, me tocan la barba y dicen: No, usted es Papá Noel mismo. Soy una persona como cualquier otra, pero el mito me hace ser Papá Noel de verdad.

Si nosotros adultos, hijos de la modernidad crítica y de la desmitificación, ya no conseguimos encantarnos, permitamos, por lo menos, que nuestros hijos e hijas se encanten y gocen del reino mágico de la fantasía. Su existencia estará llena de sentido y de alegría. ¿Qué más queremos para Navidad sino esos dones preciosos que Jesús quiso también traer a este mundo?

Leonardo Boff es autor de El Sol de la Esperanza: Navidad, historias, poesías y símbolos, Editorial Mar de Idéias, Río de Janeiro 2007.

A grande regressão

Ignace Ramonet é reconhecido como um dos melhores intérpretes do processo de globalização e das crises pelas quais estamos passando. Publico este artigo dele, em primeiro lugar, pois pode esclarecer muitos pontos para os leitores não muito acostumados ao dialeto econômico e depois porque vem confirmar meu último artigo “O dia do juizo sobre a nossa cultura”. Um dia a crise vai atingir so seu ápice e vai ter que ser superada. Ou então nos afundaremos todos. Eu sempre tenho sustentado a tese da tendência suicidária do sistema econômico atual. Mas não aceitamos tal fato como uma fatalidade. Cremos que podemos e devemos sair da crise de outra forma que nos salvará a todos (a Terra se salva por si mesma).
La gran regresión

Por Ignacio Ramonet*

Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia.

Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.

¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.

Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real…

Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.

Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender -en teoría- los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra.

Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos…

Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%… De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.

Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país.

Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota…

Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.

De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.

Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.

La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia…

Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”? Le Monde Diplomatique, Edición de diciembre 2011

*Periodista español. Presidente del Consejo de Administración y director de la redacción de “Le Monde Diplomatique” en Español

(1) Un billón = un millón de millones.
(2) En España, por ejemplo, el 45% de la deuda soberana lo poseen los propios bancos españoles, y los dos tercios del 55% restante, los detentan establecimientos financieros del resto de la Unión Europea. Lo cual significa que el 77% de la deuda española ha sido adquirida por europeos, y que sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos extranjeros a la UE.
(3) La nota más elevada es AAA, que, a finales de noviembre pasado, sólo poseían en el mundo algunos países: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. La nota de Estados Unidos ha sido degradada, en agosto pasado, a AA+. La de España es actualmente AA-, idéntica a la de Japón y China.
(4) En Estados Unidos, Goldman Sachs ya consiguió colocar, por ejemplo, a Robert Rubin como Secretario del Tesoro del Presidente Clinton, y a Henry Paulson en esa misma función en el gabinete de George W. Bush. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue también vicepresidente de Goldman Sachs para Europa de 2002 a 2005.


Este artículo esta disponible en http://www.other-news.info/noticias/

Como se coloca o problema de Deus hoje

Hoje o tema de Deus está em alta. Alguns em nome da ciência pretendem negar sua existência como o biólogo Richard Dawkins com seu livro Deus, um delírio (São Paulo 2007). Outros como o Diretor do Projeto Genoma, Francis Collins com o sugestivo título A linguagem de Deus (São Paulo 2007) apresentam as boas razões da fé em sua existência. E há outros no mercado como os de C.Hitchens e S.Harris.

No meu modo de ver, todos estes questionamentos laboram num equívoco epistemológico de base que é o de quererem plantar Deus e a religião no âmbito da razão.

O lugar natural da religião não está na razão, mas na emoção profunda, no sentimento oceânico, naquela esfera onde emergem os valores e as utopias. Bem dizia Blaise Pascal, no começo da modernidade: “é o coração que sente Deus, não a razão” (Pensées frag. 277). Crer em Deus não é pensar Deus, mas sentir Deus a partir da totalidade do ser.

Rubem Alves em seu Enigma da Religião (1975) diz com acerto: “A intenção da religião não é explicar o mundo. Ela nasce, justamente, do protesto contra este mundo descrito e explicado pela ciência. A religião, ao contrário, é a voz de uma consciência que não pode encontrar descanso no mundo tal qual ele é, e que tem como seu projeto transcendê-lo”.

O que transcende este mundo em direção a um maior e melhor é a utopia, a fantasia e o desejo. Estas realidades que foram postas de lado pelo saber científico voltaram a ganhar crédito e foram resgatadas pelo pensamento mais radical inclusive de cunho marxista como em Ernst Bloch e Lucien Goldman. O que subjaz a este processo é a consciência de que pertence também ao real o potencial, o virtual, aquilo que ainda não é, mas pode ser. Por isso, a utopia não se opõe à realidade. É expressão de sua dimensão potencial latente.

A religião e a fé em Deus vivem desse ideal e desta utopia. Por isso, onde há religião há sempre esperança, projeção de futuro, promessa de salvação e de vida sem fim. Elas são inalcançáveis pela simples razão técnico-científica que é uma razão encurtada porque se limita aos dados sempre limitados. Quando se restringe apenas a essa modalidade, se transforma numa razão míope como se nota em Dawkins. Se o real inclui o potencial, então com mais razão o ser humano, cheio de ilimitadas potencialidades. Ele, na verdade, é um ser utópico. Nunca está pronto, mas sempre em gênese, construindo sua existência a partir de seus ideais, utopias e sonhos. Em nome deles mostrou o melhor de si mesmo.

É deste transfundo que podemos recolocar o problema de Deus de forma sensata. A palavra-chave é abertura. O ser humano mostra três aberturas fundamentais: ao mundo transformando-o, ao outro se comunicando, ao Todo, captando seu caráter infinito, quer dizer, sem limites.

Sua condition humaine o faz sentir-se portador de um desejo infinito e de utopias últimas. Seu drama reside no fato de que não encontra no mundo real nenhum objeto que lhe seja adequado. Quer o infinito e só encontra finitos. Surge então uma angústia que nenhum psicanalista pode curar. É daqui que emerge o tema Deus. Deus é o nome, entre tantos, que damos para o obscuro objeto de nosso desejo, aquele sempre maior que está para além de qualquer horizonte.

Este caminho pode, quem sabe, nos levar à experiência do cor inquietum de Santo Agostinho: “meu coração inquieto não descansará enquanto não repousar em ti”.