La Iglesia-institución como “casta meretriz”

Quienes han seguido las noticias de los últimos días acerca de los escándalos en el Vaticano, dados a conocer por los periódicos italianos La Repubblica y La Stampa, refiriéndose a un informe de 300 páginas sobre el estado de la curia vaticana, preparado por tres cardenales designados a tal efecto, naturalmente han debido quedar horrorizados. Me puedo imaginar a nuestros hermanos y hermanas piadosos que, fruto de un tipo de catequesis exaltatoria del Papa como “el dulce Cristo en la Tierra”, deben estar sufriendo mucho, porque aman lo justo, lo verdadero y lo transparente y jamás desearían vincular su figura a las notorias fechorías de sus ayudantes y colaboradores.

El gravísimo contenido de estos informes reforzó, en mi opinión, la voluntad de renunciar del Papa. En ellos se comprobaba un ambiente de promiscuidad, de luchas de poder entre “monsignori”, una red de homosexualidad gay en el Vaticano y desvío de fondos del Banco Vaticano. Como si no bastasen los crímenes de pedofilia en tantas diócesis, que han desmoralizado profundamente a la Iglesia-institución.

Quien conoce un poco de historia de la Iglesia ̶ y los profesionales del área tenemos que estudiarla en detalle ̶  no se escandaliza. Ha habido momentos de verdadero desastre del Pontificado con Papas adúlteros, asesinos y traficantes. Desde el papa Formoso (891-896) al papa Silvestre (999-1003) se instaló según el gran historiador cardenal Baronio la «era pornocrática» de la alta jerarquía de la Iglesia. Pocos papas escaparon de ser derrocados o asesinados. Sergio III (904-911) asesinó a sus dos predecesores, Cristóbal y León V.

La gran transformación de la Iglesia como un todo sucedió, con consecuencias para toda la historia posterior, con el papa Gregorio VII en 1077. Para defender sus derechos y la libertad de la Iglesia-institución contra los reyes y príncipes que la manipulaban, publicó un documento que lleva este significativo título «Dictatus Papae», que traducido literalmente significa «la dictadura del Papa». En este documento, él asumía todos los poderes, pudiendo juzgar a todos sin ser juzgado por nadie. El gran historiador de las ideas eclesiológicas Jean-Yves Congar, dominico, la consideraba la mayor revolución que ha habido en la Iglesia. De una Iglesia-comunidad se pasó a una institución-sociedad monárquica y absolutista, organizada en forma piramidal, que ha llegado hasta nuestros días.

Efectivamente, el canon 331 del actual Derecho Canónico se une a esta comprensión, atribuyendo al Papa poderes que en realidad no corresponderían a ningún mortal, sino sólo a Dios: «En virtud de su oficio, el Papa tiene el poder ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal» y en algunos casos específicos, «infalible».

Este teólogo eminente, Congar, tomando mi defensa contra el proceso doctrinal impulsado por el card. Joseph Ratzinger por mi libro Iglesia: carisma y poder, escribió un artículo en La Croix (09.08.1984) sobre “El carisma del poder central”. En él escribía: «El carisma del gobierno central es no tener ninguna duda. Pero no tener dudas acerca de uno mismo es, a la vez, magnífico y terrible. Es magnífico porque el carisma del centro es precisamente mantenerse firme cuando todo vacila a su alrededor. Y es terrible, porque los hombres que están en Roma tienen límites, límites en su inteligencia, límites en su vocabulario, límites en sus referencias, límites en su ángulo de visión». Y yo añadiría límites en su ética y en su moral.

Siempre se dice que la Iglesia es «santa y pecadora» y debe ser «reformada siempre». Pero eso no es lo que sucedió durante siglos, ni después del deseo explícito del Concilio Vaticano II y del actual Papa Benedicto XVI. La institución más antigua de Occidente incorporó privilegios, hábitos, costumbres políticas palaciegas y principescas, de resistencia y de oposición que prácticamente impidieron o desvirtuaron todos los intentos de reforma.

Sólo que esta vez se ha llegado a un punto de altísima desmoralización, con prácticas incluso criminales, que ya no puede ser negada y que requiere cambios fundamentales en el viejo aparato de gobierno de la Iglesia. De lo contrario, este tipo de institucionalidad tristemente envejecida y crepuscular se debilitará hasta llegar al ocaso. Los escándalos actuales siempre han existido en la curia vaticana sólo que no había un providencial Vatileaks para hacerlos públicos e indignar al Papa y a la mayoría de los cristianos.

Mi sentimiento del mundo me dice que estos males en el espacio sagrado y centro de referencia para toda la cristiandad -el Papado- (donde debería sobresalir la virtud y la santidad) son consecuencia de esta centralización absolutista del poder papal. Él hace a todos vasallos, sumisos, ávidos de estar físicamente cerca del portador del poder supremo, el Papa. Un poder absoluto, por su naturaleza, limita y hasta niega la libertad de los demás, favorece la creación de grupos de anti-poder, camarillas de burócratas de lo sagrado unas contra otras, practica ampliamente la simonía, que es la compra y venta de favores, promueve la adulación y destruye los mecanismo de transparencia. En el fondo, todos desconfían de todos. Y cada uno busca su satisfacción personal como puede. Por eso siempre ha sido sido problemática la observancia del celibato dentro de la curia vaticana, como se está viendo ahora con la existencia de una verdadera red de prostitución gay.

Mientras ese poder no se descentralice y no dé más participación a todos los sectores del pueblo de Dios, hombres y mujeres, en la conducción de los caminos de la Iglesia, el tumor que causa esta enfermedad perdurará. Se dice que Benedicto XVI pasará a todos los cardenales el mencionado informe para que cada uno de ellos sepa los problemas a los que tendrá que enfrentarse caso de ser elegido Papa, así como la urgencia de introducir cambios radicales. Desde la época de la Reforma se oye el grito: “Reforma en la cabeza y en los miembros”. Porque nunca ocurrió, surgió la Reforma como un gesto desesperado de los reformadores de realizar por su cuenta tal empresa.

Para ilustración de los cristianos y de aquellos interesados en los asuntos eclesiásticos, volvamos a la cuestión de los escándalos. La intención es desdramatizarlos, permitir que se tenga una noción menos idealista y a veces idólatra de la jerarquía y de la figura del Papa y liberar la libertad a la que Cristo nos ha llamado (Gálatas 5:1). En esto no hay ningún gusto por lo negativo ni el deseo de añadir desmoralización sobre desmoralización. El cristiano tiene que ser adulto, no puede dejarse infantilizar ni permitir que le nieguen conocimientos de la teología y de la historia para darse cuenta de lo humana, y demasiado humana, que puede ser la institución que nos viene de los Apóstoles.

Hay una larga tradición teológica que se refiere a la Iglesia como casta meretriz (“casta meretrix”), tema abordado en detalle por un gran teólogo, amigo del Papa actual, Hans Urs von Balthasar (ver Sponsa Verbi, Einsiedeln 1971, 203-305). En varias ocasiones el teólogo J. Ratzinger se ha referido a esta denominación.

La Iglesia es una meretriz que todas las noches se entrega a la prostitución; casta porque Cristo se compadece de ella cada mañana, la lava y la ama.

El “habitus meretrius” de la institución, es decir, el vicio del meretricio, fue duramente criticado por los Padres de la Iglesia como san Ambrosio, san Agustín, san Jerónimo y otros. San Pedro Damián llega a llamar al mencionado Gregorio VII “Santo Satanás” (D. Romag, Compendio de historia de la Iglesia, vol 2, Petrópolis 1950, p.112). Esta dura denominación nos remite a aquella de Cristo dirigida a Pedro. Por su profesión de fe lo llama “piedra”, pero por su poca fe y por no entender los designios de Dios lo califica de “Satanás” (Evangelio de Mateo 16,23). San Pablo parece un hombre moderno hablando cuando dice a sus opositores con furia: “Ojalá sean castrados todos los que os pertuban” (Gálatas 5,12).

Por tanto, existe espacio para la profecía en la Iglesia y para las denuncias de irregularidades que pueden ocurrir en el medio eclesiástico y también entre los fieles.

Me gustaría mencionar otro ejemplo tomado de un santo muy querido de la mayoría de los católicos por su candor y su bondad: san Antonio de Padua. En sus sermones, famosos en su tiempo, no es nada dulce y suave. Hace fuertes críticas a los prelados derrochadores de su tiempo. Y dice: «los obispos son perros sin ninguna vergüenza, porque de frente tienen cara de meretriz y por eso mismo no quieren avergonzarse» (uso la edición latina crítica publicada en Lisboa, 2 vol, 1895). Este fue el sermón del cuarto domingo después de Pentecostés (p. 278). En otra ocasión, llama a los obispos «monos en el tejado, presidiendo desde ahí el pueblo de Dios» (op cit p. 348). Y continúa: «el obispo de la Iglesia es un esclavo que pretende reinar, príncipe inicuo, león rugiente, orso hambriento de presa que despoja a los pobres» (p.348). Por último, en la fiesta de san Pedro levanta la voz y denuncia: «Miren que Cristo dijo tres veces: apacienta, y ninguna vez esquila y ordeña… Ay de aquel que no apacienta ninguna vez y esquila y ordeña tres o más veces… es un dragón al lado del arca del Señor, que no tiene más que apariencia y no la verdad» (vol. 2, 918).

El teólogo Joseph Ratzinger explica el sentido de este tipo de denuncias proféticas: «El sentido de la profecía en realidad reside menos en algunas predicciones que en la protesta profética: protesta contra la auto-satisfacción de las instituciones, que sustituye la moral por el rito y la conversión por las ceremonias»(Das neue Volk Gottes, Düsseldorf 1969, 250, existe traducción en español: El nuevo pueblo de Dios, 1972).

Ratzinger critica haciendo hincapié en la separación que hicimos con referencia a la figura de Pedro: antes de la Pascua, el traidor, después de Pentecostés, el fiel. «Pedro sigue viviendo esta tensión del antes y del después, sigue siendo las dos cosas: piedra y escándalo … Eso no sucedió a lo largo de toda la historia de la Iglesia, que el Papa fuese a la vez el sucesor de Pedro, la “roca” y el “escándalo”» (Das neue Volk Gottes,op.cit. 259)?

¿Adónde queremos llegar con todo esto? Queremos llegar a reconocer que la Iglesia institución de papas, obispos y sacerdotes, se compone de hombres que pueden traicionar, negar y hacer del poder religioso negocio e instrumento de autosatisfacción. Reconocer esto es terapéutico pues nos cura de una ideología idólatra en torno a la figura del Papa, considerado prácticamente infalible. Esto es visible en los movimientos conservadores y fundamentalistas laicos católicos y también en grupos de sacerdotes. En algunos existe una verdadera papolatría que Benedicto XVI ha tratado siempre de evitar.

La crisis actual de la Iglesia ha llevado a la renuncia a un Papa que se dio cuenta de que ya no tenía la fuerza necesaria para sanar escándalos tan graves. «Impotente, él tiró la toalla» con humildad. Que venga otro más joven y asuma la tarea ardua y difícil de limpiar la corrupción de la Curia vaticana y del universo de los pedófilos, y eventualmente sancione, destituya y envíe a los más obstinados a un convento para hacer penitencia y enmendar su vida.

Sólo alguien que ama a la Iglesia puede hacer las críticas que hemos hecho, citando textos de autoridades clásicas del pasado. Quien ha dejado de amar a la persona un día amada, se vuelve indiferente a su vida y su destino. Nosotros, al contrário, nos hemos interesado al igual que el amigo y compañero de tribulación Hans Küng (que fue condenado por la ex-Inquisición), quizás uno de los teólogos que más ama a la Iglesia y por eso la critica.

No queremos que los cristianos cultiven ese sentimiento de abandono e indiferencia. Por malos que hayan sido sus errores y equivocaciones históricas, la Iglesia-institución guarda la memoria sagrada de Jesús y la gramática de los evangelios. Ella predica la liberación, sabiendo que son otros los que liberan y no ella.

Así y todo vale la pena estar dentro de ella, al igual que San Francisco, Dom Helder Câmara, Juan XXIII y los notables teólogos que ayudaron a hacer el Concilio Vaticano II, y que antes de eso habían sido condenados todos por la ex-Inquisición, como de Lubac, Chenu, Congar, Rahner y otros. Hay que ayudarla a salir de esta vergüenza, alimentando más el sueño de Jesús de un Reino de justicia, paz y reconciliación con Dios y de seguimiento de su causa y su destino, que la simple y justificada indignación que fácilmente puede caer en el fariseísmo y en el moralismo. La Iglesia-institución tiene que volver a ser el hogar espiritual de todos los fieles.

Nota:Más reflexiones de este orden están en mi libro Iglesia: Carisma y Poder (Record 2005), especialmente en el apéndice, con todas las actas del proceso habido al interior de la ex-Inquisición en 1984.

A erosão das fontes de sentido

Já foi dito, com verdade, que o  ser humano é devorado por duas fomes: de pão e de espiritualidade. A fome de pão é saciável. A fome de espiritualidade, no entanto, é insaciável. É feita de valores intangíveis e não materiais como a comunhão, a solidariedade, o amor, a compaixão, a abertura a tudo o que é digno e sagrado, o diálogo e a prece ao Criador.

Esses valores, secretamente ansiados pelos seres  humanos, não conhecem limites em seu crescimento. Há um apelo  infinito que lateja dentro de nós. Somente um infinito real pode nos fazer repousar. A excessiva centralização na acumulação e no desfrute de bens materiais acaba por produzir grande vazio e decepção. Foi o que concluiram analistas da universidade Lausane. Algo em nós grita por algo maior e mais humanizador.

É nesta dimensão que se coloca a questão do  sentido da vida. É uma necessidade humana encontrar um sentido coerente. O vazio e o absurdo produzem angústia e  sentimento de estar só e desenraizado. Ora,  a sociedade industrialista e consumista, montada sobre a razão funcional, colocou no centro o indivíduo e seus interesses particulares. Com isso, fragmentou a realidade, dissolveu qualquer cânon social, carnavalizou as coisas mais sagradas e ironizou ancestrais convições, chamadas de “grandes narrativas”, consideradas metafísicas essencialistas, próprias de sociedades   de outro tempo. Agora funciona o “anything goes”, o vale tudo dos vários tipos de racionalidade, de posturas e de leituras da realidade.  Criou-se o relativismo que afirma que nada conta definitivamente.

A isso se chamou de pós-modernidade que para mim representa a fase mais avançada e decadente da burguesia rica mundial. Não satisfeita de destruir o presente, quer destruir também o futuro. Ela se caracteriza por um completo descompromisso de transformação e de um professado desinteresse por uma humanidade melhor. Tal postura se traduz por uma ausência declarada de solidariedade para com o destino trágico de milhões que lutam por terem uma vida minimamente digna, de poderem morar melhor do que os animais, de terem acesso aos bens culturais que lhes enriqueçam a visão do mundo. Nenhuma cultura sobrevive sem uma narrativa coletiva que confira dignidade, coesão, ânimo e sentido à caminhada coletiva de um povo. A pós-modernidade nega irracionalmente esta dado originário.

No entanto, por todas as partes do mundo, as pessoas  estão elaborando significados para suas vidas e padecimentos, buscando  estrelas-guias que lhes dêem   um norte e lhes abram um porvir esperançador. Podemos viver sem fé, mas não sem esperança. Sem ela se esta está a um passo da violência, da banalização da morte e, no limite, do suicídio.

Ora as instâncias que historicamente representavam a construção permanente do sentido, entraram modernamente em erosão. Ninguém, nem o Papa, nem Sua Santidade o Dalai Lama podem dizer seguramente o que é bom ou mau para esta quadra planetária da história humana.

As filosofias e outros caminhos espirituais respondiam por esta demanda fundamental do humano. Mas elas, em grande parte, se fossilizaram e perderam o impulso criador. Sofisticam-se cada vez mais sobre o já conhecido, sempre de novo repensado e redito mas desfibradas de coragem para projetar novas visões, sonhos promissores e utopias mobilizadoras. Vivemos um “mal-estar da civilização”, semelhante àquele do ocaso do império romano, descrito por Santo Agostinho em “A Cidade de Deus”.  Nossos  “deuses”  como os deles já não são mais críveis. Os novos “deuses” que estão despontando não são vigorosos o bastante para serem reconhecidos, venerados e lentamente ganharem os altares.

Estas crises só são superadas quando se fizer uma nova experiência do Ser essencial de onde se deriva uma espiritualidade viva. Vejamos alguns lugares onde os “novos deuses” se anunciam  e uma nova percepção do Ser aparece.

Por mais críticas que lhe devemos fazer no seu aspecto econômico e político, a globalização é, antes de tudo, um fenômeno antropológico que se expressaria melhor por planetização: a humanidade se descobre uma espécie, habitando uma única Casa Comum, o planeta Terra, com um destino comum. Tal fenômeno vai exigir uma governança global para gestionar os problemas coletivos. É algo novo.

Os Fórums Sociais Mundiais que a partir do ano 2000 começaram a se realizar a partir de Porto Alegre, no Rio Grande do Sul, revelam uma particularíssima irrupção de sentido. Pela primeira vez na história moderna, os pobres do mundo inteiro, fazendo contraponto às reuniões dos super-ricos na cidade suiça de Davos, conseguiram acumular tanta força e capacidade de articulação que acabaram aos milhares se encontrando primeiro em Porto Alegre, depois em outras cidades do mundo, para apresentar suas experiência de resistência e de libertação, para trocar experiências de como  criam microalternativas ao  sistema de dominação imperante, como alimentam um sonho coletivo para gritar:um outro mundo é possível, um outro mundo é necessário. É algo novo.

Nas várias edições dos Fóruns Sociais Mundiais, em níveis regional e internacional, se notam os brotos do novo paradigma de humanidade, capaz de organizar de forma diferente a produção, o consumo, a preservação da natureza e a inclusão de toda a humanidade num projeto coletivo que garanta um futuro de vida e de esperança para todos. Dai a sua importância: do fundo do desamparo humano está emergindo uma fumaça que remete a um fogo interior do lixo ao qual foram condenadas as grandes maiorias da humandiade. Esse fogo é inapagável. Ele se transformará numa brasa e num clarão a iluminar um novo sentido para humanidade. Oxalá.

*Leonardo Boff teólogo e filósofo é autor de Tempo de transcendência, Vozes 2010.

Obama bereitet den Weg für einen schwarzen Papst

Interview von Joshua Goodman am 19.02.2013
Befreiungstheologe sieht in Obama einen Wegbereiter für einen schwarzen Papst

Katholische Kardinäle sind durch den Wahlsieg Barack Obamas leichter geneigt, den ersten schwarzen Papst zu wählen, meint ein brasilianischer Theologe, dem einst durch Kardinal Joseph Ratzinger das Bußschweigen auferlegt wurde, bevor dieser zum Papst gewählt worden war.
Leonardo Boff sagte, die Chance, dass ein Afrikaner wie der Kardinal Peter Turkson aus Ghana zum nächsten Papst gewählt würde, sei gering, nachdem Papst Benedikt XVI die meisten der 117 Kardinäle ernannt hat, die im nächsten Monat in einem Konklave seinen Nachfolger wählen werden. Dennoch könnte Obamas Wahl zum Präsidenten der USA eine Bereitschaft zum Wandel in der alten Garde des Vatikans bewirken und auch ein Überdenken der Themen Empfängnisverhütung und Zulassung von Frauen zum Priesteramt.
Zweifellos wird Obamas Anwesenheit unter den Kardinälen spürbar sein.“ Boff, ein ehemaliger Franzsikaner, der in den 1960er Jahren mit Ratzinger an der Universität von München studierte, sagte in einem Telefoninterview: „Wir haben bereits einen schwarzen Präsidenten, warum nicht also auch einen schwarzen religiösen Präsidenten?“
Boff war ein Protagonist der Befreiungstheologe, einer Bewegung, die ihren Anfang durch lateinamerikanische Priester während des Kalten Kriegs nahm und sich auf die Seite der Armen der Region stellte. Ratzinger, der damalige Präfekt der Glaubenskongregation, beschuldigte diese Bewegung marxistischer Tendenzen und verhängte 1985 über Boff das Schweigegebot wegen dessen kritischen Buchs über die kirchliche Hierarchie. Boff kehrte der Kirche 1992 den Rücken und beschuldigte später den zukünftigen Papst des „religiösen Terrorismus“.
Benedikt als Fehlbesetzung
Während der 74-jährige Boff Benedikts Intellekt schätzt, bezeichnet er ihn als „autoritär“ und als Papst eine „Fehlbesetzung“ und nennt dessen Umgang mit dem Skandal der sexuellen Missbrauchsfälle, die zu Pädophilie-Klagen gegen Tausende von Priestern führte und die Kirche in ihrer  Aufgabe als Trägerin der Moral im Kern erschütterte.
„Benedikt stellte nie eine der Ursachen für die Pädophilie infrage, nämlich die Sexualität der Priester und die sexuelle Erziehung in den Seminaren“, sagte Boff am 15. Februar in einem Interview in Araras, einem Bauerndorf und einer Touristenenklave in den von Urwäldern bedeckten Hügeln außerhalb von Rio de Janeiro. „Für ihn ist der Zölibat ein in Stein gemeißeltes Gesetz.“
Ein afrikanischer oder lateinamerikanischer Papst mit lebensnaher Pastoral-Erfahrung hätte mehr Gespür für den Bedarf an Erneuerungen und könnte seine monarchische Macht nutzen, im Handumdrehen die Doktrin über den Zölibat und andere kontroverse Themen abzuändern.
„Es hängt alles von einem Papst aus der Dritten Welt ab“, sagte Boff, der über 60 Bücher über Religion schrieb und Ratgeber für politische Protestgruppen, einschließlich der Landlosenbewegung Brasiliens, ist. „Kontinuität würde nicht mehr ausreichen. Wir hatten jemand Intelligentes, aber als Papst war er eine Fehlbesetzung.“
Reaktion aus dem Vatikan
Ein altgedienter Vertreter des Vatikans meinte, den Papst wegen des Sexskandals in der Kirche als eine Fehlbesetzung zu bezeichnen wäre, als würde man Obama für die Schwäche der Weltwirtschaft beschuldigen. Wenn es auch möglich wäre, dass ein Afrikaner zum Papst gewählt würde, so könne man nicht automatisch davon ausgehen, dass dieser die Lehre über Empfängnisverhütung oder über die Zulassung von Frauen zum Priesteramt revidieren würde. Man könne ebensogut denken, ein Nicht-Katholik könne Papst werden, sagte der Vertreter, der nicht namentlich genannt werden möchte, da die Sitzungen im Vatikan vertraulich behandelt werden müssen.
Das Konklave, das den künfigen Papst wählt, könnte bereits vor dem 15. März stattfinden, wenn alle abstimmenden Kardinäle rechtzeitig in Rom eintreffen. Der Sprecher des Heiligen Stuhls, Federico Lombardi, erklärte am 16. Februar in einer Pressemitteilung, dass die Vertreter des Vatikans den neuen Papst gern schon vor Ostern zu haben wünschen, dem wichtigsten Feiertag der Katholiken, der dieses Jahr auf den 31. März fällt, berichtete die Tageszeitung Repubblica am 17. Februar.
Aus Lateinamerika, nämlich Honduras, käme Oscar Rodriguez Maradiaga infrage, als ein Papst, der die jahrtausendalte Institution modernisieren und eine schwindende Herde neu inspirieren könnte, sagte Boff. Seiner Meinung nach hätte allerdings Turkson aus Ghana eine etwas größere Chance, vom Vatikan gewählt zu werden. Er rangiert zurzeit auf dem zweiten Platz hinter dem Erzbischof von Mailand, Angelo Scola, auf der Liste der möglichen Nachfolger Benedikts, gemäß dem Verlag  Paddy Power Plc. aus Dublin.
„Halb-revolutionär“
Boff sagte zwar, er kenne Turkson nicht persönlich, aber seine Kommentare zugunsten einer afrikanisierten Kirche wären „halb-revolutionär“ für den Heiligen Stuhl. Turkson hatte gesagt, durch die Wahl eines Papstes aus einem der Entwicklungsländer, in denen die Hälfte der 1,2 Milliarde Katholiken lebt, würde bereits ein langes Stück Weg zurückgelegt in Richtung Einflussnahme der Kirche aus den aufstrebenden Nationen.
Während in den Anfängen der Kirche zur Zeit des Römischen Reichs drei Päpste aus Nordafrika stammten, gab es seitdem keinen afrikanischen Papst mehr.
Boff sagte, einen lateinamerikanischen oder afrikanischen Papst zu wählen, könnte auch den Finanzen des Vatikans in einer Zeit zugute kommen, da Pfarrgemeinden in Deutschland und den Vereinigten Staaten noch infolge des sexuellen Missbrauchskandals durch die Prozesskosten und schwindenden Anzahl von Gottesdienstbesuchern geschwächt sind.
„Der Vatikan hat es mit einer enormen Finanzkrise zu tun, denn seine größten Finanzquellen sind am Schrumpfen“, sagte er. „Die Kirche wird, schon aus finanzieller Notwendigkeit, sich dazu entscheiden, eine einfachere Kirche zu sein.“

Questions and Answers: What Pope can we hope for who is not another Benedict XVII?

1. Question: How did you receive the news of the renunciation of Benedict XVI?

Answer: At first, I felt a deep sadness for him because from what I knew, especially of his shyness, I could imagine the effort he had to have made to greet the people, to embrace them, kiss the children. I was convinced that one day he would take advantage of a sensible reason, such as the physical limitations of his health and his declining mental vigor, to resign. Even though he appeared to be an authoritarian pope, he was not attached to the position of pope. I felt relieved because the Church is without a spiritual leader who elicits hope and purpose. We need a different type of pope; more a pastor than a professor, not a man of the Church-institution, but a representative of Jesus of Nazareth who said: “and he that cometh to me I will in no wise cast out”, (Gospel of John, 6,37), be he a homosexual, a prostitute, or a transsexual.

2. Q: What is the personality of Benedict XVI like, since you had a certain friendship with him?

A: I met Benedict XVI in my doctoral years in Germany, between 1965-1970. I attended many of his conferences, but was never a student of his. He read my doctoral thesis: “The Place of the Church in the Secularized World” and liked it very much, to the point of looking for an editor to publish it, a 500 page work. After that, we worked on the international magazine, Concilium, whose directors met every year, somewhere in Europe, during the week of Pentecost. I edited the Portuguese edition. This was between 1975-1980. While the others took a nap, he and I would take a walk and talk about topics of theology, faith in Latin America, especially about Saint Bonaventure and Saint Augustine, of whom he is a specialist and to whom even now I often turn. Then, in 1984, we found ourselves in a moment of conflict: he as my judge in the process the former Holy Office undertook against my book, Church: Charisma and Power, (Iglesia: carisma y poder, Vozes 1981; Sal Terrae 1982). Then I had to sit in the chair where, among others, Galileo and Giordano Bruno had sat. He subjected me to a time of “obliging silence”, I had to leave teaching and was prohibited from publishing anything. After that we never saw each other again. As a person he is refined, timid and extremely intelligent.

3. Q: As a Cardinal he was your Inquisitor, after having been your friend: how did you see that situation?

A: When he was named President of the Congregation for the Doctrine of the Faith (the former Inquisition) I was extremely happy. I thought: we will finally have a theologian as the head of an institution with the worst imaginable reputation. Fifteen days later, he thanked me, and said: “I believe you have several issues pending here in the Congregation, that we will have to solve.” And almost every time I published a book, requests for clarification would come from Rome, that I did not answer promptly. But nothing ever comes from Rome that has not previously been sent to Rome. Here in Brazil there were conservative bishops who persecuted theologians of liberation and sent complaints of their theological ignorance to Rome, under the pretext that my theology could harm the faithful. Then I realized that he had already been contaminated by the Roman virus that causes all those working in the Vatican to quickly find a thousand reasons to be moderate or even conservative. And then, more than surprised, I was truly disappointed.

4. Q: How did you receive the punishment of “obliging silence”?

A: After the examination and the reading of my written defense, that is now an appendix to the new edition of Church: Charisma and Power, (Record 2008), there were 13 Cardinals who opined and decided. Ratzinger is only one of them. Then they submited their decision to the pope. I believe his was a dissenting vote from the majority, because he knew other books of mine on theology, translated into German, and had told me that he liked them. Once, in front of the pope in an audience in Rome, he even referred to them favorably. I received the “obliging silence” as any Christian linked to the Church would: l accepted it with calm. I remember saying: “it is better to walk with the Church than alone with my theology”. It was relatively easy for me to accept the imposition, because the Presidency of the National Conference of Bishops of Brazil, (CNBB, in Portuguese) had always supported me, and two of its Cardinals, don Aloysio Lorscheider and don Paulo Evaristo Arns, accompanied me to Rome and participated, in a second part, in the dialogue between Cardinal Ratzinger and me. There we were three against one. Sometimes we put Cardinal Ratzinger on the spot because the Brazilian Cardinals assured him that the criticisms against the theology of liberation Ratzinger had made in a recently published document were just an echo of its detractors and not an objective analysis. They asked for a new, positive, document. He accepted the idea and actually did it two years later. They also asked, to me and to my brother Clodovis who was in Roma, that we write a scheme and give it in the Sacred Congregation. In one day and one night, we wrote it and turned it in.

5. Q: You left the Church in 1992. Do you have any bitterness over the whole Vatican affair?

A: I never left the Church. I left a function within the Church, the priesthood. I continued as a theologian and professor of theology in several chairs, here in Brazil and abroad. Whoever understands the logic of a closed and authoritarian system, not very open to the world, that does not cultivate dialogue and exchange (living systems are alive to the degree that they open up and inter-exchange), knows that someone like me, who does not plainly get in line with that system, will be watched over controlled and eventually punished. It is similar to the security systems that we have known in Latin America under the military regimes of Brazil, Argentina, Chile and Uruguay. Within this logic, the then Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith, (former Holy Office, former Inquisition), Cardinal Joseph Ratzinger condemned, silenced, removed from their teaching chairs or transferred out more than one hundred theologians. There were two of us from Brazil: theologian Ivone Gebara and myself. Because I understand and lament the above mentioned logic, I know they are condemned to do what they do with complete good will. But, as Blaise Pascal said: “Evil is never so perfectly done as when it is done with good will”. Of course this good will is not good, because it creates victims. I have no rancour or resentment because I had compassion and mercy for all those who moved within this logic, that, as I see it, is many light years away from the witness of Jesus of Nazareth. Moreover, it is something of the last century, already past. And I will not go back to it.

6. Q: How do you evaluate the pontificate of Benedict XVI? Has he known how to handle the internal and external crises of the Church?

A: Benedict XVI was an eminent theologian, but a frustrated pope. He did not have the charisma to direct and animate the community, as John Paul II had. Unfortunately, he will be stigmatized in a reductionist manner, as the papacy when pedophiles increased, homosexuals were not recognized, and women were humiliated, as in the United States, where the right of citizenship was denied to a theologian for reasons of gender. And he will also go down in history as the pope who strongly criticized the theology of liberation, interpreted it in the light of its detractors, and not through the pastoral and liberating witness of bishops, priests, men and women religious and lay people who made a serious option for the poor against poverty and in favor of life and liberty. For this just and noble reason they were misinterpreted by their brethren in the faith and many of them were detained, tortured and murdered by organs of national security of the military state. Among them we find bishops such as Bishop Enrique Angelelli from Argentina and Archbishop Oscar Romero from El Salvador. Archbishop Dom Helder Camara was the martyr they did not kill. But the Church is much larger than her popes, and she will continue, between shadow and light, offering a service to humanity, in order to keep alive the memory of Jesus and to offer a possible source of meaning to life beyond this life. Now we know from the Vatileaks that the Roman curia are deeply involved in a ferocious fight for power, especially between the wing of Cardinal Tarcisio Bertone, the present Secretary of State, and the former Secretary, Cardinal Angelo Sodano, already emeritus. Both have their allies. Bertone, taking advantage of the limitations of the pope, has practically built a parallel government. The scandals revealed by the leaked secret documents from the desk of the Pope and the Vatican Bank, used by Italian millionaires, some from the mafia, to launder money and send it abroad, very much affected the Pope. And more and more he became isolated. His resignation is due to the limits of age and illness, but made even graver by these internal crises that weakened him and that he did not know how to, or could not, stop in time.

7. Q: Pope John XXIII said that the Church cannot be a museum, but must be a house with open doors and windows. Do you believe Benedict XVI attempted to transform the Church back into something like a museum?

A: Benedict XVI is nostalgic for the medieval synthesis. He reintroduced the mass in Latin, chose vestments of renaissance popes and of other times in the past, kept palatial habits and ceremonials, to those who sought communion he would first offer the papal ring to be kissed, and only after that would he offer the sacrament, something that was no longer done. His vision was restorative and he is nostalgic for a synthesis between culture and faith that visibly exists in his native Bavaria, something he explicitly noted. In the University where he studied, where I also studied, in Munich, when he saw a poster announcing me as a guest lecturer to deliver a conference on the new frontiers of the theology of liberation, he asked the dean to postpone it sine die. His theological idols are Saint Augustine and Saint Bonaventure, who always had a great distrust of everything coming from the world, contaminated by sin and in need of rescue by the Church. It is one of the facts that explain his opposition to modernity, which he sees through the lens of secularism and relativism, and as being beyond the realm of the Christian influence that helped to form Europe.

8. Q: In your opinion, will the Church change her doctrine on the use of condoms and sexual morals in general?

A: The Church must maintain her convictions, those she believes cannot be abandoned, such as opposition to abortion and the manipulation of life. But she must renounce the status of exclusivity, as if she were the only carrier of truth. She must understand herself within the democratic space, where her voice is heard alongside other voices. And she must respect those voices and even be ready to learn from them. And when her point of view is defeated, she should offer her experience and tradition to improve what can be improved and to make easier the weight of existence. In fact, she has to be more human, more humble and to have more faith, in the sense of not having fear. The opposite of faith is not atheism, but fear. Fear paralyzes and isolates the people from each other. The Church must walk together with humanity, because humanity is the true People of God. She reflects this more consciously, but she does not exclusively own this reality.

9. Q: What should the future Pope do to avoid the emigration of many of the faithful to other Churches, especially to the Pentecostals?

A: Benedict slowed down the renewal of the Church that was encouraged by Vatican Council II. He did not accept divisions in the Church, so he preferred a lineal point of view, strengthening tradition. It so happens that the tradition of the XVIII and XIX centuries opposed all the modern achievements of democracy, such as religious liberty and other rights. Benedict has tried to reduce the Church to a fortress to defend herself from modernity, and he saw Vatican II as a Trojan Horse through which it could enter. He did not deny Vatican II, but he interpreted it in the light of Vatican Council I, that is centered on the figure of the Pope with monarchical power, absolute and infallible. This produced a great centralization in Rome, under the direction of the Pope, who, poor pope!, has to guide a Catholic population the size of China. This has brought a great conflict to the Church and even to whole episcopacies, such as the German and the French. It has contaminated with suspicion the atmosphere of the internal Church, resulting in the creation of groups, the emigration of many Catholics of the community and accusations of relativism and of parallel teaching. In other words, in the Church there no longer lived a frank and open fraternity, a spiritual home common to all.

The profile of the new Pope, in my opinion, should not be that of a man of power nor of a man of the institution. Where there is power love does not exist and mercy disappears. The new Pope should be a pastor, closer to the faithful and to all human beings, independently of their moral, political and ethnic situations. He should have as a motto the words of Jesus mentioned above: “and he who cometh to me I will in no wise cast out”, because Jesus of Nazareth welcomed everyone, from a prostitute such as Magdalen to a theologian such as Nicodemus. He should not be a man of the West that is seen now as an accident of history, but a man of the vast globalized world who feels a passion for the poor and for the suffering cry of the Earth, devastated by consumerist greed.

He should not be a man of certitudes but someone who encourages all to find better paths. He would logically be guided by the Gospels but without a proselytizing spirit, with the consciousness that the Spirit always arrives before the missionary and that the Word illuminates all men and women who come to this world, as Gospel writer Saint John says.

He should be a profoundly spiritual man open to all religious paths, that together they keep alive the sacred flame that is in every person: the mysterious presence of God. And, finally, he should be a man of profound goodness, in the style of Pope John XXIII, with tenderness for the humble and a prophetic firmness to denounce those who promote exploitation and who make of violence and war instruments to dominate others and the world. May a man of this type prevail in the negotiations of the Cardinals in the conclave and over the tensions of the tendencies. How the Holy Spirit works there is a mystery. He has no other voice, or other head, than those of the Cardinals. May the Spirit not fail them.

Leonardo Boff

Translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.