Ano: 2015
Un’economia incentrata sul bioregionalismo
Dappertutto si va a caccia di alternative alla produzione industrial/mercantilistico/consumistica, visto che gli effetti sulle società e sulla natura si stanno dimostrando sempre più disastrosi. Il caos climatico, l’erosione della biodiversità, la scarsità di acqua potabile, la penetrazione dei pesticidi negli alimenti e il riscaldamento globale sono i sintomi più rivelatori. Questo modo di produzione è ancora dominante, ma non è indenne da serie critiche.
In compenso, appaiono dappertutto forme alternative di produzione ecologica, come l’agricoltura organica, cooperative di alimenti biologici, agricoltura familiare, eco-cittadine e altre affini. La visione di un’economia della sufficienza ossia del “ben vivere e convivere” dà spessore al bioregionalismo, come abbiamo già spiegato su questo foglio.
L’economia bioregionale si propone di soddisfare i bisogni umani (in contrasto con la soddisfazione dei desideri) e realizzare il ben vivere e convivere, rispettando le possibilità e i limiti di ogni eco-sistema locale.
Innanzitutto dobbiamo interrogarci sul senso della ricchezza e del suo uso. Invece di avere come obiettivo l’accumulazione materiale al di là di ciò che è necessario e decente, dobbiamo cercare un altro tipo di ricchezza, questa sì umana veramente, come il tempo per la famiglia e i figli, per gli amici, per sviluppare la creatività, per godersi incantati lo splendore della natura, per dedicarsi alla meditazione e al tempo libero. Il senso originario dell’economia non è l’accumulazione di capitale ma creazione e ri-creazione della vita. Essa è ordinata a soddisfare le nostre necessità materiali e a creare le condizioni per la realizzazione dei beni spirituali (non materiali) che non si trovano sul mercato, ma provengono dal cuore e da corretti rapporti con gli altri e con la natura, tipo la convivenza pacifica, il senso di giustizia, di solidarietà, di compassione, di amorizzazione e di cura per tutto quello che vive.
Mettendo a fuoco la produzione bioregionale, abbiamo minimizzato le distanze che i prodotti devono affrontare, abbiamo economizzato energia e diminuito l’inquinamento. Quel che occorre per i nostri bisogni può essere fornito da industrie di piccola scala e con tecnologie sociali facilmente assorbite dalla comunità. I rifiuti possono essere maneggiati o trasformati in bio-energia. Gli operai si sentono legati a ciò che la natura locale produce e siccome operano in piccole fabbriche, considerano il loro lavoro più significativo.
Qui risiede la singolarità dell’economia regionale, invece di adattare l’ambiente alle necessità umane, sono queste ultime che si adattano e si armonizzano con la natura e perciò assicurano l’equilibrio biologico. L’economia usa in grado minimo le risorse non rinnovabili e usa razionalmente le rinnovabili, dando alla Terra il tempo per il riposo e la rigenerazione. I cittadini si abituano a sentirsi parte della natura e suoi curatori.
Invece di creare posti di lavoro, si cerca di creare, come afferma la Carta della Terra, “modi sostenibili di vita” che siano produttivi e diano soddisfazione alle persone.
I computer e le moderne tecnologie di comunicazione permetteranno di lavorare in casa, come si faceva nell’era pre-industriale. La tecnologia serve non per aumentare la ricchezza, ma per liberarci e garantirci più tempo – come sempre enfatizza il leader nativo Ailton KrenaK – per la convivenza, per il riposo creativo, per il rilassamento, per la restaurazione della natura e per la celebrazione delle feste tribali.
L’economia bioregionale facilita l’abolizione della divisione del lavoro fondata sul sesso. Uomini e donne assumono insieme i lavori domestici e l’educazione dei figli e hanno cura della bellezza ambientale.
Questo rinnovamento economico favorisce anche un rinnovamento culturale. La cooperazione e la solidarietà diventano più realizzabili e le persone si abituano a un comportamento corretto tra di loro e con la natura perché è più evidente che questo fa parte dei suoi interessi come di quelli della comunità. La connessione con la Madre Terra e i suoi cicli suscita una coscienza di reciproca appartenenza e di un’etica della cura.
Il modello bioregionale, a partire dalla piccola città inglese Totnes è assunto oggi da circa 8.000 città, chiamate Transition Towns: passaggio verso il nuovo. Questi fatti generano speranza per il futuro.
*Leonardo Boff, scrittore, ecólogo, columnist del JB on line.
Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato
Pensando en la COP21:Una economía centrada en el biorregionalismo
La COP21 que se encerró en Paris en el dia 12 de diciembre, se ha concentrado in una visión global de los problemas de los cambios climaticos de la Tierra mediante la adaptación y la mitigación con el auxilio de la ciencia, de la tecnología, de transferencias tecnologicas, de capacitación a los necesitados y de la finaciación por parte de los paises ricos con referencia a los paises menos desarrolados. Practicamente no se habla de soluciones a partir de la configuración que la misma Tierra ha hecho mediante la configuración de los rios y de las montañas.
Aqui, ofrecemos, prolongando un reflexión anterior sobre el bioregionalismo, lo que seria una economía centrada en esta perspectiva. Lo que se observa es que por todas partes se buscan alternativas al modo de producción industrial/mercantilista /consumista, ya que los efectos sobre las sociedades y sobre la naturaleza se están demostrando cada vez más desastrosos. El caos climático, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable, la quimicalización de los alimentos y el calentamiento global son los síntomas más reveladores. Este modo de producción es todavía dominante, pero no sin críticas.
En contrapartida, aparecen por todas partes formas alternativas de base ecológica de producción como la agricultura orgánica, cooperativas de alimentos agroecológicos, granjas familiares, ecoaldeas y similares. La visión de una eco-economía de la suficiencia o del “buen vivir y convivir” da cuerpo al biorregionalismo, como ya hemos explicado aquí.
La economía biorregional se propone satisfacer las necesidades humanas (en oposición a la satisfacción de los deseos) y realizar el bien vivir y convivir, respetando el alcance y los límites de cada ecosistema local.
Previamente hemos de preguntarnos sobre el sentido de la riqueza y su uso. En vez de centrarnos en la acumulación material más allá de lo necesario y decente, debemos buscar otro tipo de riqueza, esta sí, verdaderamente humana, como el tiempo para la familia y los niños, para los amigos, para desarrollar creatividad, para deleitarnos con el esplendor de la naturaleza, para dedicarnos a la meditación y la recreación. El sentido original de la economía no es la acumulación de capital, sino la creación y re-creación de la vida. Ella se ordena a satisfacer nuestras necesidades materiales y crear las condiciones para el logro de los bienes espirituales (no materiales) que no están en el mercado, pero se derivan del corazón y de las relaciones justas con los demás y con la naturaleza, como la convivencia pacífica, el sentido de justicia, la solidaridad, la compasión, la amorización y el cuidado de todo lo que vive.
Al centrarnos en la producción biorregional, minimizamos las distancias que los productos tienen que recorrer, ahorramos energía y disminuimos la contaminación. El suministro de las necesidades puede ser satisfecho por las pequeñas industrias y tecnologías sociales fácilmente incorporadas por la comunidad. Los residuos pueden ser fácilmente manejados o transformados en bioenergía. Los trabajadores se sienten conectados con lo que produce la naturaleza local y al trabajar en fábricas pequeñas consideran su trabajo más significativo.
En esto radica la singularidad de la economía biorregional: en lugar de adaptar el medio ambiente a las necesidades humanas, son estas las que se adaptan y se armonizan con la naturaleza y por lo tanto aseguran el equilibrio ecológico. La economía usa mínimamente los recursos no renovables y usa racionalmente los renovables, dándole tiempo para descansar y regenerarse. Los ciudadanos se acostumbran a sentirse parte de la naturaleza y sus cuidadores. De ahí nace la verdadera sostenibilidad.
En lugar de crear puestos de trabajo, se busca crear, según afirma la Carta de la Tierra “medios de vida sostenibles” para ser productivos y dar satisfacción a las personas.
Las computadoras y las modernas tecnologías de comunicación permitirán a la gente trabajar en su casa, como se hacía en la era pre-industrial. La tecnología no sirve para aumentar la riqueza, sino para liberar y asegurar más tiempo, como recuerda siempre el líder indígena Ailton Krenak, para la convivencia, para la recreación, para la restauración de la naturaleza y para celebrar las fiestas tribales.
La economía biorregional facilita la abolición de la división del trabajo basada en el sexo. Los hombres y las mujeres asumen juntos las tareas domésticas y de crianza de los hijos y velan por la belleza del medio ambiente.
Esta renovación económica propicia también una renovación cultural. La cooperación y la solidaridad se hacen más factibles y la gente se acostumbra a actuar correctamente con los demás y con la naturaleza, porque es claro que es en su propio interés, así como en el de la comunidad. La conexión con la Madre Tierra y sus ciclos suscita una conciencia de mutua pertenencia y una ética del cuidado.
El modelo biorregional de la pequeña ciudad inglesa de Totnes, es seguido hoy por unas 8.000 ciudades, llamadas Ciudades de Transición: transición para lo nuevo. Tales hechos generan esperanza para el futuro.
Leonardo Boff escribió con el cosmólogo Mark Hathaway El Tao de la Liberción: explorando la ecología de la transformación, 2012.
Traducción de MJ Gavito Milano