El amor forma parte del ADN del ser humano

Observamos con consternación en nuestro país y también en gran parte del mundo una ola de odio, de desprecio, de exclusión y de violencia simbólica y física que suscita la pregunta: ¿cómo se inscribe este dato siniestro dentro de la vida humana? Como veremos luego, los investigadores del secreto de la vida humana nos aseguran que por naturaleza y no simplemente por un proyecto personal o social, en nuestro DNA está inscrito el amor, la cooperación, la solidaridad y la compasión. Los que viven y alimentan el odio son enemigos de sí mismos y de la vida misma. Por eso no producen nada positivo, sino desgracias, exclusiones, crímenes y muerte. Es lo que lamentablemente estamos presenciando.

Sobre esta cuestión, el primer nombre a ser mencionado es sin duda James D.Watson con su famoso libro “ADN: el secreto de la vida” (2005). Junto con su colega Francis Crick sustentan científicamente que el amor está presente en la esencia del ADN. Ambos descodificaron en 1953 el código genético, la estructura de la molécula de ADN, la doble hélice que contiene el programa de toda vida, desde la célula primigenia surgida hace 3.800 millones de años hasta llegar a nosotros, seres humanos. 

Todos estamos constituidos por el mismo código genético de base, lo que nos hace a todos parientes unos de otros. Afirma Watson: “contra el orgullo, las sublimes realizaciones del intelecto humano revelan que tenemos apenas dos veces más genes que un gusano insignificante, tres veces más genes que una mosca de frutas en descomposición y solo seis veces más genes que la simple levadura de panadería”. Una molécula de ADN estirada alcanza un metro y 85 centímetros; reducida a su forma original es una billonésima de centímetro y está presente en cada célula de nuestro cuerpo, incluso en la más superficial de la piel de nuestra mano. Watson define: “la vida así como la conocemos no es más que una vasta gama de reacciones químicas coordinadas. El secreto de esta coordinación es un complejo y arrebatador conjunto de instrucciones inscritas químicamente en nuestro ADN. Pero todavía nos queda un largo camino que recorrer hasta llegar al pleno conocimiento de cómo actúa el ADN” (p.424).

Muchos nuevos conocimientos enriquecieron la visión de Watson y Crick, especialmente los de los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela. Lo mejor de estas investigaciones fue maravillosamente resumido por el ecologista y físico cuántico Fritjof Capra en su libro La trama de la vida (1997). Él mostró didácticamente que para que surgiera la vida es necesario el patrón de organización (que nos hace distinguir una silla de un árbol) de una estructura que organiza los elementos físico-químicos que permiten la irrupción de la vida. Pero esto no basta, es necesario incluir la auto-creación. Los seres vivos, en sistemas abiertos que los hacen dialogar con todo el entorno, no son estáticos, están siempre en proceso de autocreación (autopoiesis de Maturana). No solo se adaptan a los cambios, sino que crean otros nuevos junto con los demás seres, de tal forma que continuamente co-evolucionan.

Una contribución decisiva fue aportada por Humberto Maturana que estudió la base biológica del amor. Él ve el amor presente desde los inicios del universo. Cada ser se rige por dos procesos: el primero es de necesidad de interconectarse con todos los demás para asegurar más fácilmente su supervivencia. El segundo es de pura espontaneidad. Los seres se interrelacionan por rara gratuidad, creando entre sí lazos nuevos y por afinidad, como si se enamorasen recíprocamente. Es la irrupción del amor en el proceso cosmogénico. El amor que surge entre dos seres, millones de años después, tuvo su origen en esa relación de ancestral amorosidad espontánea.

Todo esto sucede como un dato de la realidad objetiva. Al llegar al ser humano se puede transformar en algo subjetivo, en un amor conscientemente asumido y vivido conscientemente como un proyecto de vida.

Toda esta reflexión se destina a deslegitimar y acusar como inhumana, contraria al movimiento del universo y a la base biológica de la vida, la prevalencia del odio, de la exclusión y de la rabia presentes en nuestro país, animadas por un jefe de estado que se distingue por su odio y comportamientos desviados y necrófilos. Se ha hecho enemigo de la vida de sus compatriotas al aliarse con la Covid-19, presentándose como maestro curador a través de la cloroquina y compuestos, como si fuese médico y especialista. Quedó como un simple charlatán y, con referencia a los indígenas, un genocida.

Termino con este testimonio de Watson en el libro antes mencionado:

Aunque no sea religioso, veo elementos profundamente verdaderos en las palabras sobre el amor de San Pablo en la epístola a los Corintios: “Si hablase todas las lenguas… si conociese todos los misterios y toda la ciencia… pero no tuviese amor, no sería nada. Pablo, a mi entender, reveló con claridad la esencia de nuestra humanidad. El amor, ese impulso que nos hace cuidar al otro fue lo que permitió nuestra supervivencia y éxito en el planeta. El amor es tan fundamental a nuestra naturaleza humana que estoy seguro de que la capacidad de amar está inscrita en nuestro ADN. Un Pablo secular (él, Watson) diría que el amor es la mayor dádiva de nuestros genes a la humanidad” (p.433-434).

Tales palabras nos llevan a responder al odio bolsonarista con el amor, a la ofensa de sus fans con amorosidad: Tales actitudes nos dan la certeza y garantía de que estos tiempos nefastos de ira y de odio pasarán.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor y ha publicado La casa, la espiritualidad, el amor, Paulinas, SP 2017Los derechos del corazón, Paulus, SP 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 O Seráfico Pai São Francisco: o último cristão

Hoje, 4 de outubro, é o dia do Seráfico Pai São Francisco como os frades costumam afetivamente chamá-lo. Foi alguém que levou tão longe o projeto de Jesus que acabou se identificando com ele. Em razão disso é chamado o Primeiro  depois do Único, Jesus Cristo ou também o Último cristão. A Tradição de Jesus gerou incontáveis seguidores, entre homens e mulheres. Mas ninguém foi tão radical como ele: o último cristão de verdade.

, Segundo o historiador Arnold Toynbee, e o filósofo Max Scheler, professor de Martin Heidegger, Francisco foi o maior homem que o Ocidente produziu. Ele desborda a Ordem Franciscana e já não pertence mais à Igreja Católica mas à humanidade. Tornou-se o irmão universal. Inspirou o Papa Francisco a escrever as duas encíclicas de ecologia integral:”Sobre o cuidado da Casa Comum”(2015) e “Todos irmãos e irmas”(2020). Diz, comovedoramente, Francisco “é o exemplo pelo cuiado pelo que é frágil; qualquer criatura era uma irmã, unida a ele por laços de carinho, pois, se sentida chamado a cuidar de tudo o que existe”(n.10 e 11).

Francisco é chamado também de o Poverello o pobrezinho de Assis ou tambem de Fratello, o irmãozinho de toda criatura.

Entre outras, três características marcam sua pessoa: a pobreza, a fraternidade e a minoridade.

A pobreza para Francisco náo é um exercício ascético. É um modo de vida. Consiste em remover tudo o que possa me distanciar do outro: os bens, os saberes e principalmente os interesses. Como a palavra – interesse – sugere é aquilo que fica entre (inter) mim e outro. Quis despojar-se disso tudo. Colocar-se de joelhos, à altura do outro, para estar olho a olho e rosto a rosto. Sem distância, você sente o outro como seu irmão ou sua irmã, sua pele, seu olhar e o pulsar de seus corações.

A fraternidade resulta desta pobreza. Ser pobre para ser mais irmão e irmã e formar uma comunidade humana e também cósmica. Com profunda humildade acolheu o húmus escuro de onde todos nos originamos em suas palavras, “a mãe e irmã Terra”, também os seres todos da natureza. A minhoca que forceja por cavar um buraco no chão duro do caminho, ele cuidadosamentr a leva a um lugar úmido. Vê um ramo quebrado e corre a enfaixá-lo para que possa reviver. Escuta as cotivas cantando e pede-lhes licença para unir-se a elas com seus salmos. Buscou a  unidade da criação entre os seres humanos e todo  criado. Em plena cruzada contra os muçulmanos, atravessa o front e vai conversar com o sultão do Egito. Não foi para convertè-lo. Foi para se confraternizar com ele e juntos rezarem. Ficam grandes amigos. Até o feroz lobo de Gubbio é feito irmão e faz com que se reconcilie com toda a cidade,

A minoridade nasce da pobreza e da fraternidade universal. Havia, em seu tempo,os “maiores” toda a hierarquia eclesiástica tendo o Papa como cabeça, os ricos comerciantes das Comunas, como seu pai,  que estavam se formando e deixando para trás as hierarquias feudais. E havia os “menores”, os servos da gleba,  os empregados das fabriquetas de tingir os tecidos, vivendo em condições miseráveis. E havia ainda os hansenianos (os leprosos),rejeitados e isolados, fora da cidade.

São os sem poder. É com esses que Francisco vai viver e conviver. Junta-se aos hansenianos, come da mesma escudela deles, limpa-lhes as chagas e os abraça como a irmãos e a irmãs. Renega todo o poder. Sabe que no poder consiste a maior tentação  humana, pois, nos faz parecer “pequenos deuses” que define o destino dos outros. Bem observava Hobbes em seu Leviatã:”o poder para se assegurar busca  cada vez mais poder e isso cessa apenas com a morte”. Os sábios de todas as tradições nos advertem: onde impera o poder, ai desaparece o amor e some a ternura; impera  a concorrência,surge a tensão, irrompe o conflito e pode ocorrer até o assassinato do outro. Ser “menor” para Francisco é unir-se aos sem-poder, participar de sua marginalização e decididamente recusar-se assumir qualquer poder. Não elaborou nenhuma instituição que os auxiliasse. Fez mais. Foi viver com eles e participar de sua sorte.

Por fim cabe referir o seu profundo amor a Clara.Poucas vezes na história cristã se verificou tanta sintonia entre o animus  e a anima. Não fugiram da experiência mais gratificante e profunda do amor humano nem de suas argúcias.  No amor real e verdadeiro entre ambos encontravam o Amor Maior que os unia mais profundamente e também com todas as criaturas.

Em louvor do Seráfico Pai Francisco,meu irmão e seguidor que em sua homenagem escreveu: Francisco de Assis: o homem do paraíso, ilustrado por Nelson Porto, Vozes, Petrópolis 1986, Francisco de Assis: ternura e vigor, Vozes, Petrópolis 1981 várias edições e A oração de São Francisco pela paz, Vozes, Petrópolis 2014..

O amor pertence ao DNA do ser humano

Assistimos, estarrecidos, em nosso país e também em grande parte do mundo uma onda de ódio, de desprezo, de exclusão e de violência simbólica e física que suscita a questão: que inscrição possui este dado sinistro dentro da vida humana? Como veremos logo a seguir,os pesquisadores sobre o segredo da vida humana nos garantem que, por natureza e não simplesmente por um projeto pessoal ou social, está inscrito em nosso DNA o amor, a cooperação, a solidariedade e a compaixão. Os que vivem e alimentam o ódio são inimigos de si mesmos e da própria vida. Por isso nada de efetivo produzem, senão desgraças, exclusões, crimes e morte. É o que lastimavelmente estamos assistindo.

Nesta questão, o primeiro nome a ser referido é sem dúvida, James D.Watson com seu famoso livro “DNA: o segredo da vida”(2005). Junto com seu colega Francis Crick cientificamente sustentam que o amor está presente na essência do DNA. Ambos em 1953 decodificaram o código genético, a estrutura da molécula de DNA, a dupla hélice que contém o  programa de toda vida, desde a célula primigênia surgida há 3,8 bilhões de anos até chegar a nós, seres humanos.

Todos somos constituídos pelo mesmo código genético de base, o que nos faz a todos parentes uns dos outros. Afirma Watson: “contra o orgulho, revelam as sublimes realizações do intelecto humano, que temos apenas duas vezes mais genes que uma reles minhoca, três vezes mais genes que uma mosca de frutas em decomposição e apenas seis vezes mais genes do que o simples fermento de padaria”.A célula do DNA esticada alcança um metro e 85 centímetros;reduzida a sua forma original é de um trilionésimo de centímetro e está presente em cada célula, mesmo na mais superficial da pele de nossa mão. Watson  define: ”a vida assim como a conhecemos nada mais é que uma vasta gama de reações químicas coordenadas. O segredo desta coordenação é um complexo e arrebatador conjunto  de instruções inscritas quimicamente em nosso DNA.Mas há ainda um longo caminho a percorrer em nossa jornada até o pleno conhecimento de com o DNA atua”(p.424).

Muitos conhecimentos novos enriqueceram a visão de Watson/Crick especialmente pelos dois biólogos chilenos Humberto Maturana e Francisco Varela. O melhor destas pesquisas foi maravilhosamente resumido no livro do ecologista e físico quântico Fritjof Capra em seu livro “A teia da vida”(1997).Ele mostrou didaticamente que para o surgimento da vida se precisam  de um padrão de organização (que nos faz distinguir uma cadeira de uma árvore) de uma estrutura que  organiza os elementos físico-químicos que permitem o irromper da vida. Mas isso não basta :precisa-se incorporar a auto-criação.Os seres vivos, em sistemas abertos que os faz dialogar com todo o entorno,não são estáticos, estão sempre em processo de auto criação (autopoiesis de Maturana). Não apenas se adaptam às mudanças, mas criam novas junto com os demais seres de tal forma que continuamente co evoluem.

Um contribuição decisiva foi trazida por Humberto Maturana que estudou a base biológica do amor. Ele  vê o amor presente desde os inícios do universo. Cada ser se rege por dois processos:  primeiro é de necessidade de interconectar-se  com todos os demais para garantir mais facilmente sua sobrevivência. O segundo é de pura espontaneidade. Os seres se inter-relacionam por rara gratuidade, criando entre si laços novos e por afinidade, como se enamorassem reciprocamente. É a irrupção do amor no processo cosmogênico.O amor que surge entre dois seres, milhões de anos depois, teve sua origem nessa relação de ancestral amorosidade espontânea.

Tudo isso ocorre como um dado de realidade objetiva. Ao chegar ao ser humano pode se transformar em algo subjetivo, num amor conscientemente assumido e vivido  como um projeto de vida.

Toda esta reflexão se destina a deslegitimar e acusar como desumana, contrária ao movimento do universo e à base biológica da vida, a prevalência do ódio, da exclusão, das raivas presentes em nosso pais, animadas por um chefe de estado que excele em ódio,comportamentos desviantes e necrófilos. Fez-se inimigo da vida de seus compatriotas ao aliar-se ao Clovd-19,apresentando-se como um mestre curador através da cloroquina e compostos, como se médico e especialista fosse. Passou por um reles charlatão e, com referência aos indígenas, um genocida.

Termino com o testemunho de Watson no referido livro:

”Embora não seja religioso,vejo elementos profundamente verdadeiros nas palavras sobre o amor de São Paulo na epístola aos Coríntios:”Se falasse todas as linguas…se tivesse o conhecimento de todos os mistérios e de toda a ciência…senão tivesse o amor nada seria. Paulo, no meu entendimento, revelou com clareza a essência de nossa humanidaade. O amor, esse impulso que nos faz ter cuidado com o outro foi que nos permitiu nossa sobrevivência e sucesso no planeta. Tão fundamental é  amor à nossa natureza humana que estou certo de que   a capacidade de amar está inscrita em nossa DNA. Um Paulo secular (ele Watson) diria que o amor é a maior dávida de nossos genes à humanidade”(p.433-434).

Tais palavras nos levam a responder ao ódio bolsonarista com o amor, à ofensa de seus fãs com amorosidade: Tais atitudes nos d a certeza e garantia de que estes tempos nefastos de ira e de ódio passarão.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor e publicou A casa,a espiritualidade,o amor,Paulinaa=,SP 2017; Os direitos do coração, Paulus,SP 2015.