Basta de desgracias: el ex juez Moro, candidato

Como si no bastase el horror de la pandemia de Covid-19 que ha producido más de 600 mil víctimas y una crisis generalizada a todos los niveles en nuestro país, tenemos que presenciar ahora el lanzamiento de la candidatura a la presidencia nada menos que del ex juez Sérgio Moro, declarado parcial por el STF.

Él representa la estirpe derechista del Capitán que ha traído la mayor desgracia y vergüenza a nuestro país, por su incompetencia en el trato de la pandemia, porque le falta cualquier indicio de un proyecto nacional, por establecer la mentira como política de Estado, por su absoluta incapacidad para gobernar y por dar claras señales de comportamiento desviado. Miente tan perfectamente que parece verdad la mentira de la cual es consciente. La victoria del Capitán es fruto de un inmenso y bien tramado fraude para suscitar el antipetismo, poniendo la corrupción endémica del país como si fuese cosa exclusiva del PT, cuando sabemos que la del mercado (evasión fiscal de las empresas) es decenas de veces mayor que la política, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión deformada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los afrodescendientes, los quilombolas, los pobres, los homoafectivos, los LGBTI, y divulgando millones de fake news, calumniando con difamación perversa al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales falsas noticias, las creyeron. 

Detrás del triunfo de esta extrema-derecha, han actuado fuerzas del imperio, particularmente de la CIA y de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, como ha sido revelado por varios analistas del área internacional. Ahí también han actuado las clases pudientes, notorios corruptos por evadir mil millones de impuestos anuales, una parte del Ministerio Público, las operaciones del Lava-Jato, teñidas de intención política, para estremecimiento del derecho y de la exención necesaria, parte del STF, ycon expresiva fuerza el oligopolio mediático y la prensa empresarial conservadora, que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el actual descalabro sanitario, político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. La mayoría de ellas ha estado y está contaminada por motivaciones políticas conservadoras y por el deseo de alejar a Lula y al PT de la escena política, por representar las reivindicaciones de las grandes mayorías explotadas y empobrecidas, colocadas siempre al margen.

La justicia ha sido vergonzosamente parcial, y lo ha sido especialmente por parte del justiciero ex juez federal de primera instancia, ahora candidato, que hizo de todo para meter a Lula en la cárcel, aun sin pruebas materiales para tanto. Él siempre se ha movido no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por el impulso de rencor y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas para en el fondo encubrir el entrenamiento recibido de los órganos de seguridad de Estados Unidos en el uso del law fare. Consiguió impedir que Lula fuese candidato a la presidencia, cuando contaba con la mayoría de las intenciones de voto, y hasta le secuestraron el derecho a votar.

Ahora Moro se presenta como candidato a la presidencia arrebatando al Capitán la bandera del combate contra la corrupción, cuando él se distinguió por actos corruptos y por conchabarse con los grandes contratistas para hacer delaciones forzadas que incriminasen a Lula y a miembros del PT.

La victoria fraudulenta del Capitán (principalmente mediante los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Esta ya existía en el país a niveles insoportables (los más de 30 a 40 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente sigue alimentando. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un angustioso vacío de esperanza.

Este escenario adverso al derecho y a todo lo que es justo y recto ha afectado nuestras mentes y nuestros corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen militarizado y de excepción, en tiempo de pos-democracia (R.R. Casara). Ahora es importante rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de esta crisis sin precedentes en nuestra historia.

Tenemos que superarla, no considerando la situación actual como una tragedia que no tiene remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de esta escabrosa situación y salir más maduros, experimentados y seguros, también de la pandemia, para definir un nuevo camino más justo, democrático y popular.

Urge aplicar el principio esperanza, que es ese impulso interior que nos lleva a movernos siempre y a proyectar sueños y proyectos viables. Son los que nos permiten sacar sabias lecciones de las dificultades y de los eventuales fracasos y nos hacen más fuertes en la resistencia y la lucha. Recordemos el consejo de Don Quijote: “no podemos aceptar la derrota sin dar antes todas las batallas”. Las daremos y venceremos.

Importa evitar, dentro de la democracia, la continuidad del actual y peor proyecto para el país, trenzado de odio, persecución, negacionismo de la ciencia y de la gravedad letal de la Covid-19, ejecutado actualmente por el Capitán y sus paniguados y, suponemos, prolongado por el ex juez candidato a la presidencia, cuyas características parecen confundirse con las del Innombrable. Esta vez no debemos errar.

*Leonardo Boff ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El ex juez Moro, candidato: basta de desgracias

Leonardo Boff*

Como si no bastase el horror de la pandemia de Covid-19 que ha producido más de 600 mil víctimas y una crisis generalizada a todos los niveles en nuestro país, tenemos que presenciar ahora el lanzamiento de la candidatura a la presidencia nada menos que del ex juez Sérgio Moro, declarado parcial por el STF.

Él representa la estirpe derechista del Capitán que ha traído la mayor desgracia y vergüenza a nuestro país, por su incompetencia en el trato de la pandemia, porque le falta cualquier indicio de un proyecto nacional, por establecer la mentira como política de Estado, por su absoluta incapacidad para gobernar y por dar claras señales de comportamiento desviado. Miente tan perfectamente que parece verdad la mentira de la cual es consciente. La victoria del Capitán es fruto de un inmenso y bien tramado fraude para suscitar el antipetismo, poniendo la corrupción endémica del país como si fuese cosa exclusiva del PT, cuando sabemos que la del mercado (evasión fiscal de las empresas) es decenas de veces mayor que la política, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión deformada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los afrodescendientes, los quilombolas, los pobres, los homoafectivos, los LGBTI, y divulgando millones de fake news, calumniando con difamación perversa al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales falsas noticias, las creyeron. 

Detrás del triunfo de esta extrema-derecha, han actuado fuerzas del imperio, particularmente de la CIA y de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, como ha sido revelado por varios analistas del área internacional. Ahí también han actuado las clases pudientes, notorios corruptos por evadir mil millones de impuestos anuales, una parte del Ministerio Público, las operaciones del Lava-Jato, teñidas de intención política, para estremecimiento del derecho y de la exención necesaria, parte del STF, ycon expresiva fuerza el oligopolio mediático y la prensa empresarial conservadora, que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el actual descalabro sanitario, político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. La mayoría de ellas ha estado y está contaminada por motivaciones políticas conservadoras y por el deseo de alejar a Lula y al PT de la escena política, por representar las reivindicaciones de las grandes mayorías explotadas y empobrecidas, colocadas siempre al margen.

La justicia ha sido vergonzosamente parcial, y lo ha sido especialmente por parte del justiciero ex juez federal de primera instancia, ahora candidato, que hizo de todo para meter a Lula en la cárcel, aun sin pruebas materiales para tanto. Él siempre se ha movido no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por el impulso de rencor y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas para en el fondo encubrir el entrenamiento recibido de los órganos de seguridad de Estados Unidos en el uso del law fare. Consiguió impedir que Lula fuese candidato a la presidencia, cuando contaba con la mayoría de las intenciones de voto, y hasta le secuestraron el derecho a votar.

Ahora Moro se presenta como candidato a la presidencia arrebatando al Capitán la bandera del combate contra la corrupción, cuando él se distinguió por actos corruptos y por conchabarse con los grandes contratistas para hacer delaciones forzadas que incriminasen a Lula y a miembros del PT.

La victoria fraudulenta del Capitán (principalmente mediante los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Esta ya existía en el país a niveles insoportables (los más de 30 a 40 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente sigue alimentando. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un angustioso vacío de esperanza.

Este escenario adverso al derecho y a todo lo que es justo y recto ha afectado nuestras mentes y nuestros corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen militarizado y de excepción, en tiempo de pos-democracia (R.R. Casara). Ahora es importante rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de esta crisis sin precedentes en nuestra historia.

Tenemos que superarla, no considerando la situación actual como una tragedia que no tiene remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de esta escabrosa situación y salir más maduros, experimentados y seguros, también de la pandemia, para definir un nuevo camino más justo, democrático y popular.

Urge aplicar el principio esperanza, que es ese impulso interior que nos lleva a movernos siempre y a proyectar sueños y proyectos viables. Son los que nos permiten sacar sabias lecciones de las dificultades y de los eventuales fracasos y nos hacen más fuertes en la resistencia y la lucha. Recordemos el consejo de Don Quijote: “no podemos aceptar la derrota sin dar antes todas las batallas”. Las daremos y venceremos.

Importa evitar, dentro de la democracia, la continuidad del actual y peor proyecto para el país, trenzado de odio, persecución, negacionismo de la ciencia y de la gravedad letal de la Covid-19, ejecutado actualmente por el Capitán y sus paniguados y, suponemos, prolongado por el ex juez candidato a la presidencia, cuyas características parecen confundirse con las del Innombrable. Esta vez no debemos errar.

*Leonardo Boff ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Chega de desgraça: o ex-juiz Moro candidato

         Como se não bastasse o horror da pandemia do Covid-19 que vitimou mais de 600 mil pessoas e a crise generalizada em todos os níveis de nosso país, temos que assistir agora ao lançamento da candidatura à presidência nada menos do que do ex-juiz Sérgio Moro, declarado parcial pelo STF.

        Ele representa a estirpe direitista do Capitão que trouxe a maior desgraça e vergonha ao nosso país, por sua criminosa incompetência no trato da pandemia, por lhe faltar qualquer indício de um projeto nacional, por estabelecer a mentira como política de Estado, por absoluta incapacidade de governar e por claros sinais de desvio comportamental . Ele mente tão perfeitamente que parece verdade, a mentira da qual é ciente.

        A vitória do Capitão é fruto de uma imensa e bem tramada fraude, suscitando o antipetismo, colocando a corrupção  endêmica no país, como se fosse coisa exclusiva do PT, quando sabemos ser  a do mercado (sonegação fiscal das empresas), dezenas de vezes maior que a política, defendendo alguns valores de nossa cultura tradicionalista, ligada a um tipo de família moralista  e de uma compreensão distorcida da questão de gênero, alimentando preconceitos contra os indígenas, os afrodescendentes, os quilombolas, os pobres, os homoafetivos, os LGBTI e divulgando  milhões de fake news, caluniando com perversa difamação o candidato Fernando Haddad. Informações seguras constataram que cerca de 80% das pessoas que receberam tais falsas notícias acreditaram nelas.

Por trás do triunfo desta extrema-direita, atuaram forças do Império, particularmente, da CIA e da Secretaria de Estado dos USA como o revelaram vários analistas da área internacional. Ai atuaram também as classes dos endinheirados, notórios corruptos por sonegar anualmente bilhões em impostos, parte do Ministério Público, as operações da Lava-Jato, eivadas de intenção política, ao arrepio do direito e da necessária isenção, parte do STF e com expressiva força o oligopólio midiático e a imprensa empresarial  conservadora que sempre apoiou os golpes e se sente mal com a democracia.

         A consequência é o atual o descalabro sanitário, político, jurídico e institucional. É falacioso dizer que as instituições funcionam. Funcionam seletivamente para alguns. A maioria delas foi e está contaminada por motivações políticas conservadoras e pela vontade de afastar Lula e o PT da cena política por representarem os reclamos das grandes maiorias exploradas e empobrecidas, historicamente sempre postas à margem.

A justiça foi vergonhosamente parcial especialmente o foi pelo justiceiro ex-juiz federal de primeira instância, agora candidato, que tudo fez para pôr Lula na prisão,mesmo sem materialidade criminosa para tanto. Ele sempre  se moveu, não pelo senso do direito, mas pelo law fare (distorção do direito para condenar o acusado), pelo impulso de rancor e por convicção subjetiva. Diz-se que estudou em Harvard. Fez apenas quatro semanas lá, no fundo para encobrir o treinamento recebido  nos órgãos de segurança dos USA no uso da law fare.

Conseguiu impedir que Lula fosse candidato à presidência já que contava com a maioria das intenções de voto e até lhe sequestraram o direito de votar. Agora Moro se apresenta como candidato à presidência,  arrebatando do Capitão a bandeira do combate à corrupção quando ele primou por atos corruptos e por conchavos com as grandes empreiteiras para fazerem delações forçadas que incriminassem a Lula e a membros do PT.

 A vitória fraudulenta do Capitão (principalmente por causa dos milhões de fake news) legitimou uma cultura da violência. Ela já existia no país em níveis insuportáveis (os mais de 30 a 40 mil assassinatos anuais). Mas agora ela se sente legitimada pelo discurso de ódio que o candidato e agora presidente continua a  alimentar. Tal realidade sinistra, trouxe como consequência,  um forte desamparo e um sofrido vazio de esperança.

Este cenário adverso ao direito e  a tudo o que é justo e reto, afetou nossas mentes e corações de forma profunda. Vivemos num regime militarizado e de exceção, num tempo de pós-democracia (R.R. Casara).  Agora importa resgatar o caráter político-transformador da esperança e da resiliência, as únicas que nos poderão sustentar no quadro de uma crise sem precedentes em nossa história.

Temos que dar a volta por cima, não considerar a atual situação como uma tragédia sem remédio, mas como uma crise fundamental que nos obriga a resistir, a aprender desta escabrosa situação e a sair mais maduros, experimentados e seguros, também da pandemia, para definir um novo caminho mais justo, democrático e popular.

Urge ativar o princípio esperança que é aquele impulso interior que nos leva a  nos mover sempre e a projetar sonhos e  projetos viáveis.São eles que nos permitem tirar sábias lições das dificuldades e dos eventuais fracassos e nos tornar mais fortes na resistência e na luta. Lembremos do conselho de Dom Quixote:”não devemos aceitar a derrota sem antes de dar todas as batalhas”. Daremos e venceremos.  

Importa evitar, dentro da democracia, a continuidade do atual e do pior projeto para o país, urdido de ódio, perseguição, negacionismo da ciência e da gravidade letal do Covid-19. É operado atualmente pelo Capitão e seus apaniguados e, supomos, prolongado pelo ex-juiz, candidato à presidência, cujas características, parece, se confundir  com aquelas do Inominável. Desta vez não nos é permitido errar.

Leonardo Boff escreveu: Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.

COP26 HAT ES VERSÄUMT, AUF DEN KLIMANOTSTAND ZU REAGIEREN

Leonardo Boff

Dieser Artikel wurde zwar kurz vor dem Abschluss der COP26 geschrieben, aber meine Vermutungen wurden weitgehend bestätigt. Den Vertretern der Erde fehlte der Mut, einen tragischen Klimawandel bis 2030 wirksam zu verhindern. Der Vorschlag des „schrittweisen Ausstiegs“ aus der Nutzung von Kohle wurde insbesondere auf Druck Indiens auf „schrittweises Auslaufen“ geändert, d. h. Kohle mit hohen CO2-Emissionen darf weiterhin genutzt werden.  Es war eine Unverschämtheit der reichen Länder, gegen die Einrichtung eines Fonds zur Behebung der Schäden in den durch den Klimawandel bedrohten armen Ländern zu protestieren. Außerdem wurde kein verbindlicher Beschluss gefasst, was bedeutet, dass Länder wie Brasilien und andere wenig oder gar nichts tun, um den Ausstoß von Treibhausgasen zu verringern. Alles wurde sehr vage gehalten, um einen Minimalkonsens zwischen den 197 dort vertretenen Ländern zu erreichen. Das Problem ist global und ernst und erfordert Dringlichkeit und einen angemessenen Konsens über Grenzwerte, auf die wir nicht warten dürfen.

Das durch das Schmelzen der Polkappen und des Permafrosts freigesetzte Methan, das 80-mal schädlicher ist als CO2, hat die Klimastörungen erheblich verschärft, da es zu den anderen Treibhausgasen CO2, Ozon (O3) und Distickstoffoxid (N2O) hinzukommt. Wir werden also die globale Erwärmung nicht bewältigen. Wir sind in sie eingetaucht. Das Pariser Abkommen von 2015 über die Reduzierung von Treibhausgasen, das einige Hoffnungen weckte, wurde nicht erfüllt. Im Gegenteil, die Emissionen stiegen um 60 %. China ist mit 30,3 % der größte Emittent, gefolgt von den Vereinigten Staaten mit 14,4 % und den Europäern mit 6,8 %. Die Verschlechterung war weit verbreitet.

Wissenschaftler und Klimaexperten haben bereits den Klimanotstand ausgerufen. Patricia Espinosa, UN-Exekutivsekretärin für Klimawandel, sagte bei der Eröffnung der COP26: „Wir sind auf dem Weg zu einem globalen Temperaturanstieg von 2,7 Grad Celsius, obwohl wir das Ziel von 1,5 Grad erreichen sollten.“ Wir wissen, dass sich bei dieser Erwärmung viele Arten nicht anpassen können und verschwinden werden. Millionen von armen und schutzbedürftigen Menschen werden in großer Gefahr sein. Angesichts all dessen hat Papst Franziskus in seiner Schlussbotschaft zur COP26 zu Recht gesagt: „Wir haben einen Garten erhalten und überlassen unseren Kindern und Enkeln eine Wüste“.

Was ist die Ursache? Die Daten der Wissenschaftler, die zur COP26 entsandt wurden, um die richtigen Entscheidungen zu treffen, geben eine Antwort: „Der Klimawandel wird durch die Art der sozialen und wirtschaftlichen Entwicklung verursacht, die durch die Natur der kapitalistischen Gesellschaft hervorgerufen wird, die sich als nicht nachhaltig erweist“. Das Problem ist also nicht das Klima, sondern der Kapitalismus, der weder eine umweltbezogene noch eine sozialpolitische Ökologie kennt.

Angesichts der Dringlichkeit des ökologischen Notstandes waren die Ergebnisse der COP26 unzureichend, ja sogar frustrierend. Die einzigen Empfehlungen lauteten, die Gase und den Einsatz von Kohle bis 2030 schrittweise zu reduzieren. Sie sollten auf die Hälfte reduziert werden, aber niemand hat sich dieses Ziel gesetzt. Viele haben, vage, unter dem Druck der Kritik in ihren Ländern, wie z. B. Brasilien, Zusagen gemacht, jedoch ohne jegliche Verbindlichkeit. China und Indien, die für den Klimaschutz und die Anpassung an den Klimawandel entscheidend sind, schwiegen, und erst im letzten Moment einigten sich China und die USA auf eine vorsichtigere Politik in Bezug auf die Kohlenutzung.

Wir können das verstehen: Auf den Konferenzen der Vertragsparteien (COP) sitzen Vertreter von Regierungen, praktisch alle von kapitalistischen Regimen. Letztere sind aufgrund ihrer inneren Dynamik überhaupt nicht an Veränderungen interessiert, da dies einen Widerspruch bedeuten würde. Sie werden von den großen Kohle-, Öl- und Gaskonzernen unterstützt, die sich stets gegen Änderungen gewehrt haben, um ihre Gewinne nicht zu verlieren. Sie waren stets bei allen COPs anwesend und übten starken Druck auf die Teilnehmer im Sinne der Verweigerung aus. Über Kohle und die Umstellung auf saubere Energie ist viel diskutiert worden, aber nur 13 kleine Länder haben sich dazu verpflichtet. Wie bereits erwähnt, haben sich China und die Vereinigten Staaten auf einen schrittweisen Ausstieg aus der Kohlenutzung geeinigt.

Ein anderes Szenario ist die Parallelveranstaltung zur COP26, an der Tausende von Vertretern aller Völker der Welt auf der Straße teilnahmen. Dort wurde die Wahrheit gesagt, die die Machthaber nicht hören wollen: Wir haben wenig Zeit, wir müssen den Kurs ändern, wenn wir das Leben und unsere Zivilisation retten wollen. Auf vielen Plakaten stand: „Ihr stehlt unsere Zukunft, wir wollen eine lebendige Erde“. Daher die Worte von Papst Franziskus und anderen religiösen Führern in einer Botschaft an die COP26: „Wir haben einen Garten erhalten, und wir können unseren Kindern keine Wüste hinterlassen“.

In diesem Zusammenhang war der „5. Internationale Gerichtshof für die Rechte der Natur und des Amazonasgebiets“ wichtig. Neben anderen Unterstützern waren auch Vertreter der neun Länder des Amazonas anwesend. Die Tatsache, dass die Natur und die Erde Subjekte von Rechten sind, wurde bekräftigt, wie es bereits in den Verfassungen von Ecuador und Bolivien verankert ist und mehr und mehr zu einer neuen Realität im kollektiven Bewusstsein wird.

Das Amazonasgebiet mit seinen rund 6 Millionen Quadratkilometern, das von etwa 500 verschiedenen Völkern bewohnt wird, erhielt besondere Aufmerksamkeit. Der grundlegende Slogan lautete: „Der Amazonas: ein bedrohtes Lebewesen“. Indigene Völker kamen mit ihren verschiedenen Organisationen und legten Zeugnis ab von ihrem Widerstand, von der Ermordung ihrer Anführer, von der Invasion ihrer Gebiete, sie brachten Videos ihrer Kulturen, Tänze, Ausdrucksformen ihrer fernen Abstammung.

Aus den Tiefen des Dschungels kam der Ruf nach einer anderen Art zu leben und sich mit der Natur zu verbrüdern, um zu beweisen, dass es möglich ist, gut zu leben, ohne sie zu zerstören. Die Indigenen sind unsere Lehrmeister, denn sie empfinden die Natur als eine Erweiterung ihres Organismus, weshalb sie sie pflegen und lieben, als wäre sie ihr eigener Körper.

Nach einer gründlichen wissenschaftlichen Untermauerung, die als Grundlage für die Diskussionen, ob persönlich oder virtuell, diente, wurde dieses Urteil gefällt:

„Das Tribunal verurteilt diejenigen, die direkt für die Verbrechen des Ökozids, des Ethnozids und des Völkermords am Amazonas und seinen Völkern verantwortlich sind, nämlich: Banken, Finanziers von Megaprojekten; internationale Unternehmen: Bergbau- und Privatunternehmen, Unternehmen der Agrarindustrie. Und schließlich die Staaten, die kriminelle Handlungen gegen das Amazonasgebiet zulassen, für die strukturelle Gewalt, die die Handlungen krimineller Organisationen unterstützt, die in die Gebiete traditioneller Völker eindringen und ungestraft Morde, Entführungen von indigenen Führern und Verteidigern der Menschenrechte und der Rechte der Natur begehen“.

In dem Urteil werden mehrere Maßnahmen genannt, die vor allem zugunsten der indigenen Völker als natürliche Verteidiger des Amazonasgebietes, der Anerkennung des Amazonasgebietes als Rechtssubjekt, der Wiedergutmachung und Wiederherstellung seiner Integrität und der Dekommodifizierung der Natur ergriffen werden müssen. Es entstand der Ausdruck: Wir müssen uns amazonisieren, um das Klima zu regulieren und die Zukunft der biologischen Vielfalt zu sichern.

Es wurde beschlossen, im Juli 2022 ein pan-amazonisches Sozialforum in Belém do Pará im brasilianischen Amazonasgebiet abzuhalten. Es wird sich um Allianzen zwischen allen indigenen Völkern handeln, mit einer massiven Präsenz von Frauen, in der Überzeugung, dass der pan-amazonische Wald von grundlegender Bedeutung für die Regulierung des Klimas auf der Erde ist und den Fortbestand des Lebens auf dem Planeten garantiert. Das menschliche Leben wird vielleicht irgendwann verschwinden und die Erde wird sich weiter um die Sonne drehen, aber ohne uns. Dies kann vermieden werden, wenn es eine globale Allianz der Menschen zugunsten des Lebens in all seiner Vielfalt gibt. Wir haben die Mittel, Wissenschaft und Technologie. Uns fehlen nur der politische Wille und die gefühlsmäßige Verbundenheit mit der Natur und mit der großen und großzügigen Mutter Erde.

(übersetzt von Adalbert Krims)