La COP26 no ha respondido a la emergencia climática

Este artigo fué escrito antes del cierre de la COP26. Há confirmado em gran parte mi presuposión. Le faltó a los representes de la Tierra osadia para, efectivamente, evitar los cambios climaticos tragicos hasta el 2030. La propuesta de “la eliminación gradual” de uso del carbón, bajo la presión especialmente de India se puso “diminiución gradual”, es decir, sigue su utilización con fuerte emisión de CO2.   Fué una cobardía de los paises ricos de protelar la creación de um fondo para reparar los daños en los paises pobres, amenazados por los climas cambiados. Además ninguna decisión es vinculante, lo que permite que paises como Brasil entre otros poco o nada hacen para minorar la emisión de gases de efecto invernadero. Todo se quedó muy vago en función de se conseguir un consenso minimo entre los 197 paises  ahi representados. El problema es global y grave y demanda urgencia y un consenso adecuado  al rededor de situaciones-limite frente a las cuales no nos es concedio esperar.

Con el deshielo de los cascos polares y del permafrost, el metano liberado, 80 vezes más dañino que el CO2, ha agravado fuertemente los trastornos climáticos al sumarse a los otros gases de efecto invernadero: el CO2, el ozono (O3) y el óxido nitroso (N2O). Por tanto, no estamos yendo al encuentro del calentamiento climático. Estamos inmersos en él. El Acuerdo de París de 2015 sobre la reducción de los gases de efecto invernadero que daba alguna esperanza, no fue cumplido. Al contrario, la emisión creció un 60%. China es el mayor emisor con un 30,3%, seguida de Estados Unidos con 14,4, y los europeos con un 6,8%. El deterioro fue generalizado.

Científicos y estudiosos del clima ya han declarado una emergencia climática. En las duras palabras de Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de la ONU sobre Cambio Climático en la apertura de la COP26: “Estamos a camino de un aumento de la temperatura global de 2,7 grados centígrados cuando deberíamos alcanzar la meta de 1,5 grados”. Sabemos que, con este nivel de calentamiento, gran parte de las especies no conseguirán adaptarse y desparecerán. Millones de seres humanos pobres y vulnerables estarán en grave peligro. De cara a todo este el Papa Francisco en un mensaje final a la COP26 dijo aciertadamente:”Hemos recibido um jardin y estamos entregando a nuestros hijos y nietos un desierto”.

¿Cuál es la causa? Datos de la comunidad científica enviados a la COP26 para ayudar en las decisiones acertadas, dan una respuesta: “el cambio climático está causado por el carácter del desarrollo social y económico, producido por la naturaleza de la sociedad capitalista, que se muestra insostenible”. Por tanto, el problema no es el clima sino el capitalismo que no reconoce una ecología ambiental ni político-social.

Ante la gravedad de la alarma ecológica, los resultados de la COP26 han sido insuficientes hasta frustrantes. Sólo se han hecho recomendaciones en el sentido de reducir gradualmente los gases y el uso del carbón hasta 2030. Debería ser a la mitad, pero nadie asumió esa meta. Muchos, vagamente, presionados por las críticas en sus países, como Brasil, hicieron promesas, pero sin ninguna vinculación. China y la India, decisivos para la mitigación y adaptación, guardaron silencio.Solamente en el último momento se hice un acuerdo entre China y USA para tener una politica más beniga frente al uso del carbón.

Podemos entenderlo: en las Conferencias de las Partes (COP) están los representantes de gobiernos, prácticamente todos de régimen capitalista. Este, por su dinámica interna, no está nada interesado en los cambios, pues sería contradictorio. Ellos están apoyados por las megacorporaciones del carbón, del petróleo, del gas, que se han opuesto siempre a los cambios para no perder sus ganancias. Han estado presentes siempre en todas las COPs presionando fuertemente a los participantes en un sentido negacionista. Se ha discutido ampliamente sobre el carbón y el paso a una energía limpia, pero solamente trece países pequeños asumieron un compromiso. Como referi arriba, China y  Estados Unidos acordaran trabajar para minorar gradualmente el uso del carbón.

Otro escenario es la COP26 paralela que se realiza en la calle con miles de representantes de todos los pueblos del mundo. Allí se dice la verdad que los gobernantes no quieren oír: tenemos poco tiempo, tenemos que cambiar de rumbo si queremos salvar la vida y nuestra civilización. Muchos carteles decían: “nos están robando el futuro, queremos una Tierra viva”. De ahí se entienden las palabras del Papa Francisco, y otros religiosos, en un mensaje enviado a la COP26: “Hemos recibido un jardín y no podemos dejar a nuestros hijos un desierto”.

En este contexto, fue importante el quinto Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza y de la Amazonia. Estaban presentes los representantes de los nueve países que componen la Amazonia, entre otros defensores. Se reafirmó el hecho de que la naturaleza y la Tierra son sujetos de derechos, como aparece ya en las constituciones de Ecuador y de Bolivia y es cada vez más un nuevo dato de la conciencia colectiva. 

La Amazonia con cerca de 6 millones de km cuadrados y habitada por cerca de 500 pueblos diferentes recibió una atención especial. El lema básico era: “La Amazonia: una entidad viva amenazada”. Vinieron indígenas con sus distintas organizaciones, dando testimonio de su resistencia, de los asesinatos de sus líderes, de la invasión de sus territorios, trajeron vídeos de sus culturas, danzas, expresiones de su remota ancestralidad.

De lo profundo de la selva se oyó un grito de otra forma de vivir y de confraternizar con la naturaleza, probando que se puede vivir bien sin destruir. Los pueblos originarios son nuestros maestros, pues sienten la naturaleza como prolongación de su cuerpo, razón por la que la cuidan y la aman como a sí mismos. 

Después de una minuciosa fundamentación científica que sirvió de sustrato para las discusiones, bien presenciales o virtuales, se llegó a este veredicto: 

“El Tribunal condena por los crímenes de ecocodio, etnocidio y genocidio de la Amazonia y de sus pueblos, a los directamente responsables, a saber: bancos, financiadores de los megaproyectos; empresas internacionales: empresas mineras y privadas, empresas de agronegocios. Y finalmente, a los Estados por permitir las acciones criminales contra la Amazonia… por la violencia estructural, avalando las acciones de organizaciones criminales que invaden los territorios de los pueblos tradicionales y son actores impunes de asesinatos, secuestros de líderes indígenas, y de defensores de los derechos humanos y de los derechos de la naturaleza”.

El veredicto detalla varias medidas a tomar principalmente en favor de los pueblos indígenas, como defensores naturales de la Amazonia, el reconocimiento de la Amazonia como sujeto de derechos, la reparación y restauración de su integridad y la desmercantilización de la naturaleza. Se creó la expresión: tenemos que amazonizarnos para regular los climas y garantizar el futuro de la biodiversidad.

Se decidió hacer en julio de 2022 un Foro Social Panamazónico, en Belém do Pará, en la Amazonia brasilera. Tratará sobre las alianzas entre todos los pueblos originarios,com presencia masiva de mujeres, en la convicción de que la floresta panamazónica es fundamental para regular los climas de la Tierra y para garantizar la perpetuidad de la vida en el planeta. La vida humana podrá eventualmente desaparecer y la Tierra seguirá girando alrededor del Sol, pero sin nosotros. Esto puede ser evitado si hay una alianza global de los humanos en favor de la vida en toda su diversidad. Tenemos medios, ciencia y técnica. Nos falta solo la voluntad política y el lazo afectivo con la naturaleza y con la grande y generosa Madre Tierra. 

*Leonardo Boff es miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra y ha sido participante del Quinto Tribunal Internacional del Derecho de la Naturaleza y de la Amazonia, realizado híbridamente, presencial y virtual, en Glasgow durante la COP26.

Ocho cosas que hay que saber sobre el calientamento global y la cumbre de Glasgow

                                             Marc Vandepitte

Publicamos este texto que considero da maior importância. A meu ver é o melhor apanhado geral do problema ameaçador do aquecimento global e suas consequências dramáticas sobre o nosso futuro. Oferece os dados sem dramatizá-los. Nem precisa. Os fatos falam por si. É o que tenho escrito já há muito tempo: temos que mudar de paradigma, da conquista e dominação para o cuidado e a responsabilidade coletiva. Na linguagem do Papa Francisco na Fratelli tutti (2020): urge passar do dominus (senhor e dono) dos modernos para o frater (irmão e irmã) dos contemporâneos. Se não fizermos esta travessia não haverá uma arca de Noé, “ou nos salvamos todos”, adverte o Papa, “ou ninguém se salva”. Este texto mostra a relutância dos chefes de Estado para chegar a um consenso, sempre pressionados pelas grandes corporações que não almejam nenhuma mudança para não perder seus lucros e sus fortunas. O texto ressalta a urgência de uma governabilidade global para enfrentar um problema global. Não bastam compromissos voluntários, necessita-se de uma regulação obrigatória, coisa que os grandes grupos financeiros não querem de modo nenhum. Assim sendo, provavelmente, vamos ao encontro de uma inominável catástrofe ecológico social. Bem disse o Papa num pronunciamento enviado à COP26:”Que não tenhamos que enfrentar o juizo de Deus por não termos sido fiéis administradores do mundo que nos foi confiado”. Nutro a esperança esperante (Sartre) de que ainda poderemos nos salvar a nós, a nossa civilização, a natureza incluida. No grande aperto, na tribulação da desolação, poderemos dar um salto no nivel de nossa consciência coletiva e de nossos comportamentos e assim criar as condições de nossa sobrevivência nesse belo e esplendoroso planeta.Que assim o queiram todos e o queira Deus?Lboff

1. ¿Cuáles son las principales causas del calentamiento global?

El calentamiento es una consecuencia de la cantidad de dióxido de carbono, o CO2, que entra en nuestra atmósfera. Desde la revolución industrial, el nivel de CO2 es el más alto de los últimos 4 millones de años.

 Hay tres razones principales que explican este alto nivel. La más importante es la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Los quemamos para generar la enorme cantidad de energía en la que se basa toda nuestra civilización industrial y moderna. Prácticamente toda nuestra prosperidad y tecnología se basa en la energía procedente de los combustibles fósiles. Esto libera miles de toneladas de CO2 a la atmósfera cada año.

 Una segunda causa es la deforestación, porque mientras los árboles crecen, sacan el dióxido de carbono de la atmósfera. Por tanto, la tala de bosques para la madera, la agricultura o la industria aumenta las emisiones de carbono. Desde 2010, la selva amazónica emite más CO2 del que almacena.

 Una tercera causa son las emisiones de metano. El metano es un potente gas de efecto invernadero que tiene hasta 80 veces más efecto de calentamiento que el CO2 a corto plazo. La ganadería, la extracción de combustibles fósiles y los vertederos son los principales responsables de las emisiones de metano. Desde que comenzaron las mediciones en 1983, el nivel de metano en la atmósfera ha aumentado más rápido que nunca. Esto también es un hecho preocupante para el planeta.

 2. ¿Quiénes son los mayores emisores?

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos. El efecto es acumulativo. Las emisiones se distribuyen de forma muy desigual, tanto hoy como en el pasado.

Apenas 90 grandes empresas son responsables históricamente de casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de los últimos 200 años. Se trata casi exclusivamente de empresas de los países del Norte.

Si nos fijamos en los propios países, los países ricos e industrializados representan en conjunto el 64% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono. Por otro lado, los 54 países africanos sólo representan el 4% de las emisiones mundiales de carbono, pero hoy en día son responsables de cerca del 80% del impacto del cambio climático.

Pero también hay una gran diferencia dentro de los propios países. Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, el 10% más rico causa al menos cinco veces más emisiones que el 50% más pobre. El 10% más rico del planeta emite hasta 175 veces más que el 10% más pobre.

En términos absolutos, China es hoy el mayor emisor de CO2. Pero si se mira la cifra por habitante, el país sólo ocupa el puesto 42, precedido por muchos países europeos. Son principalmente los Estados del Golfo y países como Canadá, Estados Unidos y Australia los grandes culpables.

E incluso esas cifras dan una imagen distorsionada. La mayoría de los países altamente industrializados consumen más emisiones de las que producen. En países como China, es justo al revés. Las exportaciones chinas representan alrededor del 5% de las emisiones mundiales de combustibles fósiles. Dos tercios de estas exportaciones de emisiones van a los países de la OCDE (el club de los 38 países ricos).

3. ¿Cuáles son los principales impactos?

Hace dos siglos, la temperatura media empezó a aumentar de forma constante. Pero desde la Segunda Guerra Mundial el aumento ha sido exponencial. Esto provoca una serie de efectos nocivos.

Condiciones meteorológicas extremas

En primer lugar, las condiciones meteorológicas extremas. Las olas de calor y las sequías extremas serán de 4 a 9 veces más frecuentes que en el pasado. Si nos acercamos a los 3°C, casi toda América del Norte y Europa tendrán un mayor riesgo de incendios forestales. Los ríos de Francia, y por tanto del resto de Europa, podrían perder hasta un 40% de su caudal y volverse en gran medida innavegables.

Las lluvias extremas, que causaron inundaciones mortales en Alemania y Bélgica el pasado verano, serán hasta nueve veces más frecuentes. El número de fenómenos meteorológicos excepcionales que provocan inundaciones, como tormentas y tsunamis, podría multiplicarse por diez.

Una media de cinco millones de personas mueren ya cada año como consecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos. Sólo las condiciones meteorológicas extremas han sumado una media de 25,3 millones de desplazados anuales desde 2008. En 2060, unos 1.400 millones de personas podrían ser refugiados climáticos.

Deshielo y aumento del nivel del mar

Una segunda consecuencia importante del calentamiento del clima es el deshielo. El Polo Norte, el Polo Sur y Groenlandia contienen cantidades gigantescas de hielo, que ahora se está derritiendo lentamente. El Ártico se está calentando casi tres veces más rápido que la Tierra en su conjunto. Groenlandia ha perdido más hielo en la última década que en el último siglo.

Esto, a su vez, está causando varios efectos. El hielo deja paso a aguas más oscuras, que absorben más calor solar que el hielo, calentando aún más el planeta. Además, el permafrost (zona cuyo subsuelo nunca se descongela del todo) del Ártico contiene suficiente metano como para calentar el planeta 20ºC. Ya se está liberando en grandes cantidades en el norte de Rusia. Puede que no todo ese metano se libere a corto plazo, pero al menos deberíamos evitarlo a largo plazo.

Un último efecto, pero no menos importante, es la subida del nivel del mar. Los científicos estiman que, en el mejor de los casos, el nivel del mar subirá entre 1 y 2 metros para el año 2100. Pero ese aumento continuará durante milenios y podría producir océanos hasta 6 metros más altos que los actuales. Megaciudades como Londres, Yakarta, Nueva York y Shanghai no pueden sobrevivir a una subida del nivel del mar de este tipo.  En 2100, una quinta parte de la población mundial podría verse desplazada por la subida del nivel del mar.

No sólo se está derritiendo el hielo marino. Los glaciares también se ven afectados. Son los depósitos del 95% del agua dulce del planeta. En la actualidad, el 2% de su masa se derrite cada año. Se prevé que más de la mitad de los grandes glaciares del mundo habrán desaparecido a finales de este siglo.

Puntos de inflexión y efectos de autorrefuerzo

Hasta ahora, el calentamiento del planeta ha sido bastante predecible y a un ritmo bastante uniforme. Pero esto puede cambiar una vez superados ciertos umbrales o por efectos de autorrefuerzo.

Un ejemplo de este efecto de autorrefuerzo: la quema de combustibles fósiles provoca temperaturas más cálidas y largos periodos sin lluvia. Esto conduce a más incendios, liberando más carbono a la atmósfera, lo que a su vez conduce a condiciones aún más calientes y secas, y a más incendios.  

Los científicos ya han señalado varios de estos efectos de autorrefuerzo. Señalan que el calentamiento global es algo muy complejo y que los cambios graduales en el clima pueden provocar repentinamente consecuencias drásticas cuando se supera un determinado umbral. Estos umbrales no están necesariamente predeterminados y un punto de inflexión climático puede provocar la caída de otro, al igual que las fichas de dominó.

4. ¿Cuál es la diferencia entre 1,5°C y 2°C?

La cumbre del clima de París apuntaba principalmente a un calentamiento de 2°C,  ahora el consenso se dirige cada vez más hacia los 1,5°C. La diferencia no parece grande, pero las consecuencias sí lo son.

Los riesgos del cambio climático y su irreversibilidad aumentan rápidamente entre 1,5°C y 2°C de calentamiento. Eso es lo que muestran los modelos científicos. En los últimos años ya hemos visto -también en nuestro propio país- las consecuencias de un mundo entre 1,1 y 1,2°C más cálido. No son muy tranquilizadores.

Con un aumento de la temperatura de más de 1,5 °C, es probable que el Ártico pierda su hielo de verano, con consecuencias nefastas para el resto del clima (véase más arriba). La capa de hielo de Groenlandia también podría entrar en un estado de declive irreversible.

Un aumento de más de 1,5°C podría alterar irremediablemente la corriente del Golfo, con consecuencias desastrosas para la agricultura y la biodiversidad. Con 2°C, las islas pequeñas y las zonas costeras bajas de todo el mundo se inundarían.

“Con 1,5°C, 700 millones de personas estarían en riesgo de sufrir olas de calor extremas. A 2°C, habría 2.000 millones. Con 1,5°C, el 70% de los arrecifes de coral del mundo morirán. A 2°C han desaparecido todos.” Dice Alok Sharma, presidente de la cumbre climática de Glasgow.

Podemos considerar que 1,5°C es uno de esos umbrales del calentamiento global anteriormente mencionados. El último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) afirma que cada fracción de grado cuenta. Cada décima de grado centígrado de calentamiento que podamos evitar hará que el planeta sea mucho más habitable para las generaciones futuras.

 5. ¿Es demasiado tarde para detener el calentamiento global?

Después de cada informe del IPCC se escucha que casi no queda tiempo para evitar una crisis climática. En agosto, el Secretario General de la ONU, António Guterres, calificó el último informe del IPCC de “código rojo para la humanidad”.”.

Todavía no es demasiado tarde, pero el tiempo que queda es muy corto. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 40% de posibilidades de que dentro de cinco años tengamos ya una media anual superior a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales.

Para tener una oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5ºC, tenemos “ocho años para reducir casi a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero”, según Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). “Ocho años para elaborar planes, adoptar políticas, aplicarlas y, en definitiva, reducir las emisiones. El tiempo corre.”

No en vano, los científicos y los políticos llaman a la década de 2020 la década crucial para el clima.

En otras palabras, hay que poner toda la carne en el asador y acelerar los esfuerzos actuales. Para mantenerse por debajo de 1,5 °C, el carbón, por ejemplo, tendrá que ser eliminado cinco veces más rápido que en la actualidad. La reforestación tiene que producirse tres veces más rápido, la financiación del clima tiene que crecer 13 veces más rápido y la intensidad energética de los edificios tiene que disminuir casi tres veces más rápido que ahora. En los países prósperos, el consumo de carne de vacuno debe disminuir una vez y media más rápido que ahora. Y así sucesivamente.

No es una cuestión de falta de recursos o de tecnología para evitar una crisis climática. Según el Papa, “la humanidad nunca ha tenido tantos medios a su disposición para lograr este objetivo”. Es más bien una cuestión de voluntad política y mucho valor. Greta Thunberg lo expresa con fuerza: “Para que la Cop26 de Glasgow sea un éxito, hace falta mucho. Pero sobre todo hace falta honestidad, solidaridad y coraje”.

6. ¿Qué hay que hacer para evitar una crisis climática?

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sabemos exactamente qué hacer. El reto nunca se ha visto, ya que se ha hecho necesaria nada menos que una revolución de nuestro sistema energético. Sin embargo, según la AIE, esta revolución es técnicamente factible y asequible (véase más abajo).

Hay que tener en cuenta que entre 1850 y 2000, el consumo de energía de la humanidad se multiplicó por 15. En los próximos 30 años, el 90% o más de la energía mundial producida actualmente a partir de combustibles fósiles tendrá que ser suministrada por fuentes alternativas. Se trata, sin duda, de una tarea gigantesca.

Según la AIE, la electrificación basada en fuentes de energía renovables es el núcleo del nuevo sistema energético. Para el transporte y ciertas aplicaciones industriales, también se necesitan otras fuentes de energía, como el hidrógeno, la bioenergía o las centrales eléctricas de combustibles fósiles que entierran sus residuos en lugar de emitirlos. La energía nuclear también es recomendada por algunos, pero no es recomendable. 

La eliminación del carbón es urgente y esencial. Las emisiones de metano deben reducirse sustancialmente a corto plazo. Esto significa, entre otras cosas, que la agricultura y el consumo de alimentos necesitan un serio reajuste. La revolución energética también implica que la gran mayoría de las reservas de combustibles fósiles deben permanecer bajo tierra.  Este será uno de los retos más difíciles, pero es crucial. Además de la revolución energética, la reforestación también será importante para frenar el calentamiento del clima.

La revolución energética tendrá que ser global. Lo que ocurra en los países en desarrollo será decisivo. Allí es donde la población crece más rápidamente y donde la demanda de energía es mayor. Esto significa que los países ricos deben poner a disposición recursos financieros y conocimientos tecnológicos para que estos países también puedan dar el salto a una economía sostenible.

7. ¿Es asequible y quién debe pagar?

Para lograr las emisiones cero, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que se necesitarán 4 billones de dólares anuales de aquí a 2030, frente al billón actual. Estas elevadas inversiones se verán compensadas en parte por unos costes de explotación más bajos y, en algunos casos, pueden incluso generar importantes beneficios netos.

Aparte de la miseria humana, el coste de la inacción es asombroso: se calcula que habrá 600 billones de dólares a finales de siglo. En otras palabras, las pérdidas debidas a la degradación del clima superan con creces las inversiones necesarias para evitarlas.

En la ceremonia de apertura de la cumbre sobre el clima, el Primer Ministro de Barbados señaló que los bancos centrales han inyectado 25 billones de dólares en los mercados financieros desde la crisis financiera, incluido 9 billones en los últimos 18 meses para luchar contra el Covid-19. Se pregunta por qué no se puede repetir eso para combatir el calentamiento global.

“Si hubiéramos utilizado esos 25 billones de dólares para comprar bonos para financiar la transición energética, para la transición de la forma en que comemos o cómo nos movemos en el transporte, ahora estaríamos alcanzando ese límite de 1,5°C que es tan vital para nosotros.”

Pero ni siquiera hay que buscar tan lejos. En la actualidad, se gastan 5 billones de dólares anuales en subvenciones a los combustibles fósiles. Si dirigimos ese dinero hacia la tan necesaria transición energética, el trabajo estará hecho.

Una cuestión importante es quién debe pagar la factura. El movimiento de los chalecos amarillos ha dejado claro que un plan climático sólo puede tener éxito si se hace de forma equitativa. Hay que proteger a los vulnerables y los más responsables deben soportar la mayor parte de la carga.  Para Thomas Piketty, “no hay otra solución al problema climático que una reducción muy fuerte de la desigualdad”.

Según Al Gore, ex vicepresidente de EE.UU., la crisis climática y la desigualdad en la sociedad deben abordarse conjuntamente y se puede apuntar a los ricos: “Para cerrar la brecha de emisiones para 2030, los gobiernos deben centrar sus acciones en los contaminadores más ricos. (…) Esto incluye medidas para frenar el consumo de carbono de lujo, como los megayates, los jets privados y los viajes espaciales, así como las inversiones intensivas en clima, como la propiedad de acciones en la industria de los combustibles fósiles”.

A escala mundial, esto significa que los países del Norte tendrán que ayudar a los del Sur. La AIE estima que alrededor del 70% de los 4 billones de dólares anuales de inversión deberían ir a parar a los países emergentes y en desarrollo. La cifra asciende a 2,8 billones de dólares, y está muy lejos de la ayuda anual prometida de 100.000 millones, que aún no se ha alcanzado. Por lo tanto, será necesario un giro completo en este ámbito.

8. ¿Qué importancia tiene la Cumbre de Glasgow?

Las expectativas de una cumbre sobre el clima suelen ser altas. Y con razón, porque está en juego nada menos que el futuro de nuestro planeta. Sin embargo, estas cumbres no suelen dar lugar a los avances esperados.

Esto se debe en parte a que el proceso de toma de decisiones en una cumbre climática de este tipo es muy complejo. Los contrastes entre los distintos actores son a veces muy grandes y, en ausencia de un gobierno mundial, no existe ninguna forma de exigibilidad. Además, muchos gobernantes negocian adentro de las posibilidades que les imponen los grandes grupos de capital de sus países. Por ejemplo, Estados Unidos no firma el pacto del carbón porque Biden necesita el apoyo en el Congreso de un senador patrocinado por la industria del carbón.

Dadas estas circunstancias, es típico de estas cumbres que se hagan grandes promesas retóricas, pero que se carezca de medidas concretas para llevarlas a cabo, por no hablar de su cumplimiento. Desgraciadamente, ni siquiera es raro que se utilice una cumbre sobre el clima para hacer un lavado verde.

Esta cumbre no es una excepción. La promesa de detener la deforestación para 2030 es un buen ejemplo. Esta bonita promesa no es ni obligada ni transparente, y carece de un plan de financiación. Además, mientras tanto, la tala de árboles puede continuar a buen ritmo.

Algo similar puede verse con las promesas de los grandes grupos financieros de invertir el capital necesario en la transición energética. Si los firmantes no presentan planes creíbles y concretos a corto plazo, esto huele más a lavado verde. Según un inversor, los compromisos voluntarios no resuelven el problema. Lo que se necesita es una regulación. Exactamente lo que esos grupos financieros no quieren, por supuesto.

Lo importante en una cumbre de este tipo es que se alcance algún tipo de consenso. Que se eviten divisiones o recriminaciones como las de Copenhague en 2009. Para esta cumbre, es muy importante establecer una hoja de ruta clara que pueda impedir de forma creíble que el mundo supere los 1,5 °C.

La cuestión es entonces cómo garantizar que esa hoja de ruta se haga realidad. La verdadera lucha al respecto no se librará en dicha cumbre. Mientras los gobernantes sigan el camino los grandes grupos de capital, estas cumbres seguirán limitándose a promesas vagas y no vinculantes y nuestro planeta estará condenado.

Depende de nosotros construir un equilibrio de poder diferente y obligar a los líderes del gobierno y a la élite económica a tomar un rumbo diferente. Una actuación que no asegura los beneficios de los grandes grupos de capital sino los del planeta. Un rumbo que evite que la factura la pagaremos nosotros, la gente común.

Los jóvenes lo han entendido bien con sus huelgas climáticas. Es fundamental que los trabajadores busquen también formas de lucha que garanticen la supervivencia de nuestro planeta y lo hagan de forma social.

 Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2021/11/05/acht-zaken-die-je-moet-…

https://www.alainet.org/es/articulo/214343  fecha 12/11/2021

Stiamo distruggendo il futuro dei nostri giovani?

                        Leonardo Boff

La parte più decisiva della COP26 di Glasgow riguardante la riduzione dei gas serra, che causano il riscaldamento globale, si è conclusa melanconicamente. L’accordo di Parigi del 2015, che impegna le potenze economicamente più forti a raggiungere l’obiettivo di mitigazione del riscaldamento entro il 2030, non arrivando a un aumento di temperatura maggiore di 1,5 gradi Celsius, non ha prodotto alcun effetto. Ora a Glasgow si è tentata la stessa cosa. il più grande emettitore, la Cina, con il 27% e un altro grande emettitore, l’India, hanno rifiutato gli obiettivi e hanno solo dichiarato che fino al 2030 avrebbero mitigato il riscaldamento. I cambiamenti non vengono fatti dall’oggi al domani, ma in un processo difficile e coerente. Guardando indietro, possiamo dire con relativa certezza che entro il 2030 supereremo i 1,5 gradi Celsius. La stessa ONU, con i suoi consulenti specializzati, ha avvertito che con lo sviluppo del metano, 80 volte più dannoso della CO2, e seguendo i piani attuali arriveremo a + 2,7 gradi Celsius.

Questo rappresenta la “tribolazione della desolazione”: aumenteranno sensibilmente gli eventi estremi con tifoni, gravi siccità, inondazioni ovunque, specialmente nelle città costiere, erosione della biodiversità, aumento disperato della povertà, della miseria con milioni di emigranti climatici, destabilizzando molti paesi soprattutto in Medio Oriente e in Africa. Non è bastato l’avvertimento lanciato da António Guterrez, Segretario Generale delle Nazioni Unite in occasione dell’apertura dei lavori della COP26, che questa è “l’ultima opportunità” per cambiamenti radicali se non vogliamo “scavarci la fossa”. Qui riecheggiano le parole di Papa Francesco della Fratelli tutti: “siamo sulla stessa barca o ci salviamo tutti insieme o nessuno si salva” (n.30.34.)

È ormai chiaro agli analisti più seri: il problema non è il clima, ma il sistema capitalista che produce le perturbazioni del clima. I vari progetti per il periodo post-pandemia come il Greet Reset (il grande ripristino), il Capitalismo Verde, Il futuro che ci aspetta e la Responsabilità Sociale d’Impresa rappresentano gli interessi dei paesi opulenti e non gli interessi generali dell’umanità. Le soluzioni sono intra-sistemiche, senza mai mettere in discussione la vera causa delle attuali minacce. Al contrario, radicalizzano il sistema di accumulazione prevalente con la cultura consumistica che ha generato. La loro preoccupazione ecologica è superficiale e negano le minacce che gravano sul sistema-vita e sul sistema-Gaia, un super essere vivente. E così andiamo allegramente verso una tragedia ecologico-sociale di proporzioni inimmaginabili. Vale anche la pena sottolineare che la distruzione delle foreste e l’aumento dell’urbanizzazione globale, associato all’aumento della temperatura, potrebbero rilasciare – questo è l’avvertimento dei più grandi epidemiologi – una gamma incalcolabile di virus più pericolosi del Covid-19. Che non sia il prossimo Big one, già avvertito, contro il quale nessun vaccino sarebbe efficace e che potrebbe portarsi via gran parte dell’umanità. Et tunc erit finis.

In questo contesto, vogliamo fare riferimento al Quinto Tribunale Internazionale dei Diritti della Natura. Basandosi su un’approfondita indagine scientifica e giuridica, ha emesso due verdetti, uno sulla violazione dei diritti della natura e l’altro sull’Amazzonia. Mi limito all’Amazzonia, perché è la più colpita. Già il titolo è significativo: “l’Amazzonia, un essere vivente minacciato”. Il rapporto dettagliato, supportato dai dati scientifici e giuridici più attendibili, arricchito dalle testimonianze vive dei rappresentanti dei 9 paesi amazzonici, sia di indigeni, sia di altri abitanti della regione, rilasciate il 4 novembre di persona o virtualmente (nel mio caso, dal corpo dei giurati), fa paura.

Nel verdetto, senza mezzi termini, si afferma “l’Amazzonia come soggetto di diritti”. Questi sono sistematicamente violati. Si denuncia che in Amazzonia “è in atto un ecocidio, tali sono le cifre di deforestazione, perdita di biodiversità, contaminazione e prosciugamento delle risorse idriche, desertificazione, tra le altre cose che incidono gravemente sulla capacità di ripristino naturale dell’ecosistema di vita e viola il diritto di esistere della natura… È un crimine contro la natura e contro l’umanità…”.

La relazione dell’esperto di studi amazzonici Antônio Nobre ha chiarito che nell’Amazzonia brasiliana (67% del totale) siamo vicini al punto di svolta. Ancora un po’ e i danni saranno irreversibili e ci incammineremo verso una sorta di “savanizzazione” . Questo fatto destabilizza i climi del paese, dei paesi limitrofi e dello stesso sistema mondiale. Solo incorporando la saggezza dei popoli indigeni, che naturalmente si prendono cura della foresta sentendosi parte di essa, assumendo una bio-economia adatta a quell’ecosistema e un estrattivismo rispettoso della foresta, per il quale lottava Chico Mendes, potremo fermare il processo di degradazione. Nel lungo e dettagliato rapporto si dimostra che nella vasta regione amazzonica sono in atto un ecocidio, un etnocidio e un genocidio. La situazione è disastrosa.

Tornando alla COP26, c’è un’evidente mancanza di consapevolezza delle minacce che gravano sulla Terra viva e sull’umanità da parte dei “decisions makers”, dei governanti delle diverse nazioni. Mai, in nessun momento, i paesi che rappresentano il rischio maggiore hanno riconosciuto che il sistema socio-economico-politico da essi promosso, in una parola, il capitalismo come modo di produzione e il neoliberismo come sua espressione politica, è la causa principale dell’eventuale Armageddon ecologico.

Non possiamo essere tenuti in ostaggio dalla bolla capitalista. È urgente romperla. Come? Papa Francesco ci indica una direzione: «Non si può uscire da questa crisi senza spostarsi nelle periferie». Dall’alto possiamo aspettarci solo lo stesso o peggio. Dalle periferie, dal basso, dai numerosi movimenti sociali popolari e dalle sperimentazioni alternative, nel lavoro sul territorio con un altro tipo di economia solidale, preservando i beni comuni, con una democrazia quotidiana e partecipativa, con altri valori umano-spirituali (amore, solidarietà, cura, compassione ecc.) si sta generando un nuovo modo di abitare la Casa Comune.

Senza questa necessaria svolta, stiamo distruggendo il futuro dei nostri giovani e anche il futuro della nostra civiltà. Abbiamo poco tempo e poca saggezza. Ma con la sofferenza attuale, l’amore per la Madre Terra e il riscatto dell’intelligenza cordiale, sempre più emergente, potremo forgiare un futuro di speranza. Così lo voglia Dio.

Leonardo Boff, teologo e filosofo. Tra gli ultimi saggi pubblicati in italiano ricordiamo: Abitare la terra. Quale via per la fraternità universale? (Ed. Castelvecchi, Roma 202

(Traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

 Fonte RAI NEWS :CONFINI 11/11/2021

COP26 has not responded to the climate emergency

With the melting of the polar ice caps and the parmafrost, the methane released has heavily aggravated climate upheavals in addition to the other greenhouse gases: CO2, ozone (O3) and nitrous oxide (N2O). Therefore, we are not heading towards global warming. We are deep in it. The 2015 Paris Agreement on greenhouse gas mitigation that gave some hope has not been observed. On the contrary, emissions have grown by 60%. China is the largest emitter with 30.3%, followed by the USA with 14.4, the Europeans with 6.8%. The deterioration was widespread.

Climate scientists and scholars have already declared a climate emergency. In the harsh words of Patricia Espinosa, UN Executive Secretary on Climate Change, at the opening of COP26: “We are heading for a global temperature increase of 2.7 degrees C. when we should reach the target of 1.5 degrees”. We know that with this level of warming, most species will be unable to adapt and will disappear. Millions of poor and vulnerable humans will be at grave risk.

What is the cause? Data from the scientific community sent to the COP26 to assist in the right decisions, give an answer: “climate change is caused by the character of social and economic development, produced by the unsustainable nature of capitalist society”. Therefore, the problem is not the  climate but capitalism that does not know environmental and socio-political ecology.

Given the seriousness of the ecological alarm, the results of COP26 were disappointing and frustrating. Only recommendations were made to reduce gases by 2030. It should be half. But no one took on this goal. Vaguely, many, coerced by the criticism in their countries, like Brazil, made promises but without any binding. China and India, decisive for mitigation and adaptation, omitted.

We can understand: in the Conferences of the Parties (COP) there are representatives of governments, practically all of them under the capitalist regime. This, by its internal dynamics, is not at all interested in the changes, because it would be contradictory. They are supported by the coal, oil and gas megacorporations that have always opposed change in order not to lose their profits. They are always present at the various COPs, putting strong pressure on the participants, in a negative sense.

There was a lot of discussion about coal-based thermal energy and the transition to clean energy. But only 13 countries, small ones, made a commitment, not China and the USA, which use coal the most, although these two ended up making an agreement at the end of the Conference to start reducing the use of coal, but without specific targets.

Another scenario is the parallel COP26 that takes place in the street with thousands of representatives of all the peoples of the world. There, they are telling the truth that the governments do not want to hear: we have little time, we have to change course if we want to save life and our civilization. Many posters read: “they are stealing our future, we want a living Earth”. Hence the words of Pope Francis, with other religious, in a message sent to COP26: “We have been given a garden and we must not leave our children a desert”.

In this context, the Fifth International Tribunal for the Rights of Nature and Amazonia was important. Representatives of the nine countries that make up the Amazon region were present, among other supporters. The fact that nature and the Earth are subjects of rights was reaffirmed, as it already appears in the constitutions of Ecuador and Bolivia, and more and more it is a new fact of collective consciousness.

Special attention was given to the Amazon, with its nearly 6 million square kilometers and inhabited by some 500 different peoples.  The basic motto was: “Amazonia: a living entity under threat“. Indigenous people came with their various organizations, giving testimony of their resistance, the murders of their leaders, the invasion of their territories, bringing videos of their cultures, dances, expressions of their high ancestry.

From deep in the jungle a cry of another way of living and of fraternizing with nature was heard, proving that it is possible to live well without destroying. The native peoples are our masters, for they feel that nature is an extension of their bodies, which is why they care for and love it as themselves.

After a thorough scientific reasoning that served as a substratum for both face-to-face and virtual discussions, the verdict was reached:

“The Court condemns for the crimes of ecocide, ethnocide and genocide in the Amazon and of its peoples, those directly responsible, namely: banks, financiers of the megaprojects; international companies: mining and private companies, agribusiness companies; and finally, the States for allowing the criminal actions against the Amazon. …by structural violence, supporting the actions of criminal organizations that invade the territories of traditional peoples and are unpunished authors of assassinations, kidnappings of indigenous leaders, and defenders of human rights and the rights of nature”.

The verdict details several measures to be taken mainly in favor of indigenous peoples, such as natural defenders of the Amazon, the recognition of the Amazon as a subject of rights, the repair and restoration of its integrity, and the demercantilization of nature. The expression was created: we have to Amazonize ourselves to regulate the climates and guarantee a future for biodiversity.

It was decided to hold a Pan-American Social Forum in July 2022, in Belém do Pará, in the Brazilian Amazon. It will deal with alliances among all native peoples, in the conviction that the Panamazonic forest is fundamental to regulate the Earth’s climates and to guarantee the perpetuity of life on the planet. Human life may eventually disappear. But the Earth will continue to revolve around the sun, however, without us. This can be avoided if there is a global alliance of humans in favor of life in all its diversity. We have the means, science and technology. We only lack the political will and the emotional bond with nature and the great and generous Mother Earth.

Leonardo Boff is a member of the International Earth Charter Initiative and was a participant in the Fifth International Tribunal on the Law of Nature and Amazonia, held hybridously, in person and virtually, in Glasgow during the COP26.