Anticipación de la humanidad reconciliada: los Juegos Olímpicos

Leonardo Boff*

La situación actual del mundo, además de caótica, corre el grave peligro de un enfrentamiento entre las potencias militaristas (USA, Rusia, China, Israel entre otras menores) con uso de armas nucleares, lo que implicaría el exterminio de gran parte de la humanidad y de la biosfera. Incluso en medio de tal eventual hecatombe, la humanidad no renuncia a su anhelo más profundo: vivir como una gran familia, una y diversa, dentro de la misma Casa Común, la Madre Tierra, en la cual todos se reconocen y se acogen así como son, en el reino de una Paz Perpetua.

Los Juegos Olímpicos revelan ese anhelo general. Durante un breve tiempo, todos los pueblos olvidan los conflictos y guerras y viven un momento mágico y simbólico de esta unidad y paz tan ansiadas. Por eso nadie debería ser excluido, como ha ocurrido ahora en las Olimpiadas de París con el caso de Rusia, debido a la guerra en Ucrania. Hay cierta incongruencia en esta exclusión, pues el claro genocidio practicado por el gobierno de Israel en Gaza ante los ojos de toda la humanidad con miles y miles de niños inocentes y de población civil merecería la misma discriminación.

Pero como decía hace un momento, incluso así, en el espíritu humanitario de los Juegos Olímpicos todos deberían estar incluidos sin excepción. Se ha abierto una herida en un evento simbólico de una humanidad que todavía cree que puede reencontrarse como humanidad.

Los Juegos Olímpicos nos dan la oportunidad de reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego. No estoy pensando en el juego que se ha vuelto profesión y gran negocio internacional como el fútbol, el baloncesto y otros. Son más deportes que juegos. 

El juego, como dimensión humana, se revela mejor en los medios populares, en el fútbol callejero o el que se juega en la playa o en algún espacio verde o arenoso. Este tipo de juego no tiene ninguna finalidad práctica. Lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de alegría, de diversión en compañía de los demás.

En los Juegos Olímpicos impera otra lógica, diferente de la cotidiana de nuestra cultura capitalista, cuyo eje articulador es la competición excluyente: el más fuerte triunfa en el mercado, y si puede, se come a su competidor. En los Juegos hay competición, pero es positiva e incluyente, pues todos participan. La competición es en función del mejor, apreciando y respetando las cualidades y virtudes del otro.

En este contexto, se me ocurre el concepto de Ubuntu, propio de la cultura africana. Significa: “Yo soy yo a través de ti”. En Ubuntu no hay competición sino profunda solidaridad y colaboración. Según esta concepción, no en todos los juegos, pero sí en algunos como la clásica carrera de los 100 metros y en otras semejantes, todos colocarían sus brazos en los hombros de los otros y correrían todos juntos hasta el final. Todos serían vencedores. Pero esa no es nuestra tradición.

Como teólogo quiero hacer una aportación a partir de la fe cristiana. Hay una antigua tradición teológica que desarrolló toda una reflexión sobre el profundo significado del juego. Las dos Iglesias hermanas, la latina y la griega, se refieren a Deus ludens, al homo ludens e incluso a la eccclesia ludens (Dios, el hombre y la Iglesia lúdicos).

Ellas veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: lanzó las estrellas por un lado, por el otro el sol, más abajo lanzó los planetas y con cariño a la Tierra, distante del Sol para que pudiese tener vida. La creación expresa la alegría desbordante de Dios, una especie de teatro en el cual todos los seres desfilan y muestran su belleza y grandeur. Se hablaba entonces de la creación como un theatrum gloriae Dei (un teatro de la gloria de Dios).

En un hermoso poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): “El Logos sublime juega. Adorna con las imágenes más variadas por puro gusto y de todas las formas posibles el cosmos entero”. En efecto, el juguete es obra de la fantasía creadora como lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacciones, creando un mundo fantástico, sin finalidad práctica, libre del lucro y de ventajas individuales. Jugar por jugar.

“Porque Dios es vere ludens (verdaderamente lúdico) cada uno debe ser también vere ludens, aconsejaba, ya mayor, uno de los más finos teólogos del siglo XX, Hugo Rahner, hermano de otro eminente teólogo, Karl Rahner que fue profesor mío en Munich.

Estas consideraciones muestran cómo puede ser más placentera y sin angustias nuestra existencia aquí en la Tierra, al menos por un momento, durante los Juegos Olímpicos.

Tal vez este sea su sentido secreto.

*Leonardo Boff ha escrito Virtudes para otro mundo posible: convivencia, respeto y tolerancia, Sal Terrae 2007.

Vorwegnahme der versöhnten Menschheit:die Olympischen Spiele

        Leonardo Boff

Die derzeitige Situation in der Welt ist nicht nur chaotisch, sondern es besteht die ernste Gefahr einer Konfrontation zwischen den Militär mächten (USA, Russland, China, Israel und anderen kleineren Mächten) unter Einsatz von Atomwaffen, was die Auslöschung eines großen Teils der Menschheit und der Biosphäre bedeuten würde. Selbst inmitten einer solchen möglichen Katastrophe verzichtet die Menschheit nicht auf ihre tiefste Sehnsucht: als eine große Familie zu leben, eins und vielfältig, innerhalb desselben gemeinsamen Hauses, der Mutter Erde, in dem jeder den anderen anerkennt und willkommen heißt, so wie er ist, im Reich des Ewigen Friedens.

Die Olympischen Spiele offenbaren diese allgemeine Sehnsucht. Für eine kurze Zeit vergessen alle Völker Konflikte und Kriege und erleben einen magischen und symbolischen Moment dieser ersehnten Einheit und des Friedens. Deshalb sollte auch niemand ausgeschlossen werden, wie es jetzt bei den Olympischen Spielen in Paris im Falle Russlands wegen des Krieges gegen die Ukraine geschehen ist. Es gibt eine gewisse Ungereimtheit in diesem Ausschluss, denn der eindeutige Völkermord, den die derzeitige israelische Regierung in Gaza an tausenden von unschuldigen Kindern und Zivilisten begeht, verdient in den Augen der gesamten Menschheit die gleiche Diskriminierung.

Aber wie ich soeben betont habe, sollten im humanitären Geist der Olympischen Spiele alle ohne Ausnahme einbezogen werden. Es wurde eine Wunde aufgerissen bei einem Ereignis, das symbolisch für eine Menschheit steht, die immer noch glaubt, sich als Menschheit wiederfinden zu können.

Die Olympischen Spiele geben uns die Gelegenheit, über die anthropologische und soziale Bedeutung des Spiels nachzudenken. Ich denke hier nicht an das Spiel, das zu einem Beruf und einem großen internationalen Handel geworden ist, wie Fußball, Basketball und andere. Das sind keine Spiele, sondern Sportarten. 

Das Spiel als menschliche Dimension offenbart sich am besten in populären Kreisen, bei Spielen auf der Straße, am Strand oder auf einer Wiese oder einem Sandplatz. Diese Art von Spiel hat keinen praktischen Zweck. An sich hat es eine tiefe Bedeutung als Ausdruck der Freude, sich in der Gemeinschaft mit anderen zu vergnügen.

Bei den Olympischen Spielen herrscht eine andere Logik als im Alltag unserer kapitalistischen Kultur, die auf einem ausschließenden Wettbewerb beruht: Der Stärkere setzt sich auf dem Markt durch, und wenn er kann, schluckt er seinen Konkurrenten. Bei den Spielen gibt es Wettbewerb. Aber er ist positiv und inklusiv, denn alle nehmen teil. Es wird um die Besten gekämpft, man schätzt und respektiert die Qualitäten und Tugenden der anderen.

In diesem Zusammenhang erinnere ich mich an den Begriff Ubuntu, der aus der afrikanischen Kultur stammt. Es bedeutet: „Ich bin nur ich durch dich“. In Ubuntu gibt es keinen Wettbewerb, sondern tiefe Solidarität und Zusammenarbeit. Nach diesem Verständnis würden nicht bei allen Spielen, aber bei einigen, wie dem klassischen 100-Meter-Lauf und anderen, alle ihre Arme umeinander legen. Alle würden gemeinsam bis zum Ende laufen. Jeder würde ein Gewinner sein. Aber das ist nicht unsere Tradition.

Als Theologe möchte ich einen Beitrag aus dem christlichen Glauben leisten. Es gibt eine alte theologische Tradition, die eine ganze Reflexion über die tiefe Bedeutung des Spiels entwickelt hat. Die beiden Schwesterkirchen, die lateinische und die griechische, sprechen von Deus ludens, homo ludens und sogar eccclesia ludens (der spielende Gott, der spielende Mensch und die spielende Kirche).

Sie sahen die Schöpfung als ein großes Spiel, das von einem spielenden Gott gespielt wurde: Auf der einen Seite warf er die Sterne, auf der anderen die Sonne, weiter unten warf er die Planeten und warf liebevoll die Erde, die gleich weit von der Sonne entfernt war, damit sie Leben haben konnte. Die Schöpfung ist Ausdruck der überschwänglichen Freude Gottes, eine Art Theater, in dem alle Wesen ihre Schönheit und Erhabenheit zur Schau stellen.  Die Schöpfung wurde damals als „theatrum gloriae Dei“ (ein Theater der Herrlichkeit Gottes) bezeichnet.

In einem schönen Gedicht sagt der große Theologe der orthodoxen Kirche Gregor Nazianzen (+390): „Der erhabene Logos spielt.Er schmückt den ganzen Kosmos mit den verschiedensten Bildern und nach reinem Geschmack und auf jede Weise“. In der Tat ist das Spiel das Werk der schöpferischen Phantasie, wie uns die Kinder zeigen: Ausdruck der Freiheit ohne Zwang, Erschaffung einer phantastischen Welt, ohne praktischen Zweck, frei von Profit und individuellem Vorteil. Spiel um des Spiels willen.

„Weil Gott vere ludens (wahrhaftig spielerisch) ist, muss auch jeder Mensch vere ludens sein“, mahnte einer der besten Theologen des 20. Jahrhunderts, Hugo Rahner, Bruder eines anderen bedeutenden Theologen, Karl Rahner, der mein Lehrer in München war.

Diese Überlegungen zeigen, wie entlastend und stressfrei unser Dasein hier auf der Erde während der Olympischen Spiele sein kann, zumindest für einen Moment.

Vielleicht ist dies ihre geheime Bedeutung.

Leonardo Boff  Autor von: Tugenden für eine bessere Welt, Butzon & Bercker, 2009.

Uma antecipação da humanidade reconciliada:os Jogos Olímpicos

Leonardo Boff

A  situação atual do mundo, além de caótica, está correndo grave risco de um confronto entre as potências militaristas (USA, Rússia,China, Israel entre outras menores) com uso de armas nucleares, o que implicaria o extermínio de grande parte da humanidade e da biosfera. Mesmo no meio de tal eventual hecatombe, a humanidade não renuncia ao seu anelo mais profundo: de viver como uma grande família, una e diversa, dentro da mesma Casa Comum, a Mãe Terra, na qual todos se reconhecem e se acolhem assim como são no reino de uma Paz Perpétua.

Os Jogos Olímpicos revelam essa ânsia geral. Por um breve tempo, todos os povos esquecem os conflitos e guerras e vivem um momento mágico e simbólico desta unidade e paz tão ansiadas. Por isso ninguém deveria ser excluído,  como ocorreu agora nas Olimpíadas de Paris, no caso da Rússia, em razão da guerra contra a Ucrânia. Há certa incongruência nesta exclusão, pois, o claro genocídio aos olhos de toda a humanidade, praticado pelo atual governo de Israel em Gaza contra já milhares de crianças inocentes e da população civil, mereceria a mesma discriminação.

Mas como acabei de enfatizar, mesmo assim, no espírito humanitário dos Jogos Olímpicos, todos deveriam estar incluídos sem exceção. Abriu-se uma ferida num evento simbólico de uma humanidade que ainda acredita poder se reencontrar como humanidade.

Os Jogos Olímpicos nos dão o ensejo de refletirmos sobre a importância antropológica e social do jogo. Não penso aqui no jogo que virou profissão e grande comércio internacional como o futebol, o basquetebol  e outros. São antes esportes que jogos. 

O jogo, como dimensão  humana, se revela melhor nos meios populares, nas peladas de rua ou na praia ou em algum espaço gramado ou arenoso. Este tipo de jogo não possui finalidade prática nenhuma. Em si mesmo carrega um profundo sentido como expressão de alegria de divertir-se em companhia com os outros.

Nos Jogos Olímpicos impera outra lógica, diferente daquela cotidiana de nossa cultura capitalista, cujo eixo articulador é a competição excludente: o mais forte triunfa no mercado, e se puder, engole o seu concorrente. Nos Jogos há competição. Mas ela é positiva e includente, pois, todos participam. A competição é em função do melhor, apreciando e respeitando as qualidades e virtuosidades do outro.

Neste contexto, ocorre-me o conceito de Ubuntu, próprio da cultura africana. Ele significa “Eu só sou eu através de você”. No Ubuntu não há competição mas profunda solidariedade e colaboração. Consoante esta compreensão, não em todos os jogos, mas em alguns como na clássica corrida dos 100 metros e em outras semelhantes, todos colocariam os braços nos ombros de uns nos outros. Todos correriam juntos até o final. Todos seriam vencedores. Mas não é essa a nossa tradição.

Como teólogo quero dar uma contribuição a partir da fé cristã. Há uma antiga tradição teológica que desenvolveu toda uma reflexão sobre o profundo significado  do jogo. As duas Igrejas-irmãs, a latina e a grega, se referem ao Deus ludens, ao homo ludens e até da eccclesia ludens (o Deus, o homem e a Igreja lúdicos).

Elas viam a criação como um grande jogo do Deus lúdico: para um lado jogou as estrelas, por outro o sol, mais  abaixo jogou os  planetas e com carinho jogou a Terra, equidistante do Sol, para que  pudesse ter vida. A criação expressa a alegria transbordante de Deus, uma espécie de teatro no qual todos os seres desfilam e mostram sua beleza e grandeur.  Falava-se então da criação como um theatrum gloriae Dei (um teatro da glória de Deus).

Num belo poema diz o grande teólogo da Igreja ortodoxa Gregório Nazianzeno (+390): ”O Logos sublime brinca. Enfeita com as mais variegadas imagens  e por puro gosto e por todos os modos, o cosmos inteiro”. Com efeito, o brinquedo é obra da fantasia criadora, com o mostram as crianças: expressão de uma liberdade sem coação, criando um mundo fantástico, sem finalidade prática, livre do lucro e de vantagens individuais. Brincar por brincar.

“Porque Deus é vere ludens (verdadeiramente lúdico) cada um deve ser também vere ludens, admoestava, já velhinho, um dos mais finos teólogos do século XX, Hugo Rahner, irmão de outro eminente teólogo,  Karl Rahner que foi meu professor em Munique.

Estas considerações vem mostrar como pode ser desanuviada e sem angústias a nossa existência aqui na Terra, pelo menos por um momento, durante os Jogos Olímpicos.

Talvez este seja seu sentido secreto.

Leonardo Boff escreveu Virtudes de outro mundo possível: convivência, respeito e tolerância,Vozes 2006.

Welche Wissenschaft ist nützlich für die Transformation der Welt?

Leonardo Boff

Seit 2017 haben die Länder, die die G20 bilden, eine Verbindung zwischen den Wissenschaftsakademien der Mitgliedsländer geschaffen, um wissenschaftliche und technologische Subventionen für ihre jährlichen Treffen auszuarbeiten. Das Land, das die G20 ausrichtet, ist für das Treffen dieser Gruppe verantwortlich, in diesem Fall Brasilien, wo der Gipfel 2024 in Rio de Janeiro stattfinden wird. Die Gruppe hat sich den Namen Science20 gegeben. Die Studien und Debatten wurden am 2. Juli dieses Jahres abgeschlossen.

Das Thema lautet „Wissenschaft für den globalen Wandel“ und ist in fünf thematische Achsen unterteilt: künstliche Intelligenz, Bioökonomie, Energiewende, gesundheitliche Herausforderungen und soziale Gerechtigkeit.

Da es sich um ein sehr wichtiges Thema handelt, sollten die Vorschläge, die den Staats- und Regierungschefs auf dem Gipfel unterbreitet werden, sorgfältig analysiert werden.

Da sich das Thema auf die Bereiche Wissenschaft und Technologie bezieht, ist es nur natürlich, dass sich die Zusammenfassungen in den fünf Themenbereichen auf diese Wissenszweige konzentrieren.

Es ist jedoch sofort klar, dass wir es mit einem systeminternen Diskurs zu tun haben, ohne die diesem System zugrundeliegenden Annahmen zu hinterfragen. In ihm operiert das Paradigma der modernen Wissenschaften, das Wissen atomisiert, anthropozentrisch ist, weil es den Menschen als von der Natur getrennt betrachtet, und dessen strukturierende Achse der Praxis der Wille zur Macht/Herrschaft über alles und jeden ist. Sie ist ohne jede kritische Betrachtung in das von diesem Paradigma geschaffene System des Kapitals mit all seinen bekannten Mantras eingeschrieben.

In diesem Sinne sehen wir in der veröffentlichten Zusammenfassung keine Aneignung des neuen holistischen und relationalen Paradigmas, das auf der Quantenphysik (Bohr/Heisenberg) basiert, deren grundlegendes Verständnis darin besteht, zu behaupten, dass alles mit allem zusammenhängt und nichts außerhalb der Beziehung existiert; in der von Einstein eingeführten Wissenschaft der Äquivalenz zwischen Materie und Energie; noch in der neuen Biologie und Kosmologie, die als Kosmogenese und Biogenese verstanden werden; noch im ökologischen Diskurs, der seit seinem Begründer Ernst Haekel (1834-1919), der das Wort Ökologie prägte (1866), die Ökologie als die Wissenschaft der Beziehungen betrachtet, da alle Wesen miteinander verbunden sind und alle in einem ständigen Dialog mit der Umwelt stehen. Dies wurde in der Erdcharta, die von der UNO (2003) als eines der wichtigsten offiziellen Dokumente der heutigen Ökologie angenommen wurde, klar zum Ausdruck gebracht: „Unsere ökologischen, wirtschaftlichen, politischen, sozialen und spirituellen Herausforderungen sind miteinander verbunden, und gemeinsam können wir integrative Lösungen schmieden“ (Präambel, 4). Papst Franziskus schreibt dasselbe in seiner Enzyklika Über die Sorge für unser gemeinsames Haus (2015).

Eine solche „Vernetzung“ und die Suche nach „integrativen Lösungen“ sucht man in der genannten Zusammenfassung vergeblich. Die Themen laufen parallel zueinander, ohne dass die systemische Verbindung zwischen ihnen bemerkt wird.

Es muss jedoch klar gesagt werden, dass Wissenschaft und Technologie für das Funktionieren unserer komplexen Gesellschaften von grundlegender Bedeutung sind. Aber wir wissen auch aus der zeitgenössischen Erkenntnistheorie, dass hinter allem Wissen Interessen aller Art stehen, auch geopolitische. Man erinnere sich nur an das klassische Buch von Jürgen Habermas, „Wissen und Interesse“ (Unesp 2014), einem Philosophen und Soziologen der Frankfurter Schule.

Worin bestehen diese Interessen? Das wichtigste ist die Aufrechterhaltung des derzeitigen sozioökonomischen Systems, des Kapitalismus, als Produktionsweise und seines politischen Ausdrucks, des Neoliberalismus mit seinem Markt. Hinzu kommt das Interesse der dominierenden Macht, der USA, an der Sicherheit im Sinne der Gewährleistung einer unipolaren Welt, die sich auf die Technowissenschaft und die Produktion von immer ausgefeilteren Waffen stützt, von denen viele so mächtig sind, dass sie menschliches Leben auslöschen können. Zu diesem Zweck werden Billionen von Dollar investiert, die, wenn sie investiert würden, das ernste Problem des Hungers, der Gesundheit und der Wohnsituation für die Millionen von Marginalisierten im gegenwärtigen herrschenden System lösen würden.

Abgesehen von diesen theoretischen Überlegungen lohnt es sich, die konkreten Auswirkungen dieser Art von Wissenschaft und Technik hervorzuheben, die in der Neuzeit entwickelt wurde und heute noch in Kraft ist. In dem Bestreben, alles zu beherrschen, wurde das Prinzip der Selbstzerstörung mit allen möglichen tödlichen Waffen geschaffen, was zeigt, dass die technisch-wissenschaftliche Rationalität völlig irrational geworden ist. Die Akkumulationswut hat praktisch alle terrestrischen und marinen Ökosysteme verwüstet. Der Konsum der reichen Länder verlangt nach mehr als anderthalb Erden an Gütern und Dienstleistungen, die er nicht erfüllen kann: die so genannte „Erdüberlastung“. Die extrem intensive Entnahme natürlicher Ressourcen, von denen einige kollektive Gemeingüter sind (wie Wasser, Wälder und Saatgut), hat zu der heutigen ökologischen und sozialen Krise geführt.

Diese Krise zeigt sich in der globalen Erwärmung, die seit der letzten Zwischeneiszeit vor 125.000 Jahren beispiellos ist. 2023 und 2024 erreichen die globalen Temperaturen einen Rekordwert und liegen 1,5 ºC über der vorindustriellen Zeit (1850-1900). Überschwemmungen und Brände haben viele Regionen wie Rio Grande do Sul und das Pantanal verwüstet. Die soziale Ungleichheit ist eine der perversesten Realitäten: Die reichsten 1 Prozent besitzen mehr als die Hälfte des weltweiten Reichtums. Die Luftverschmutzung durch Kleinstpartikel ist für viele Krankheiten und 7 Millionen vorzeitige Todesfälle pro Jahr verantwortlich. Und wir könnten noch viele andere schädliche Auswirkungen aufzählen, die sich aus diesem Paradigma ergeben.

Wichtig ist, dass die Hauptverantwortlichen für die Zerstörung des Planeten Erde und des Lebens genau diejenigen sind, die sich auf dem G20-Gipfel treffen (mit einigen Ausnahmen): die Regierungen, in denen die Mächtigen und Reichen dieser Welt sitzen.

Es ist symptomatisch, dass unter der Überschrift „Soziale Gerechtigkeit“ kein Wort über die brutale soziale Ungleichheit in der Welt verloren wird – man konzentriert sich auf die Ausweitung des allgemeinen Zugangs zum Internet. Unter der Überschrift „Bioökonomie“ hätte man erwartet, dass es um die Überwindung der derzeitigen, stark ausgrenzenden und auf die Produktion von materiellen Gütern ausgerichteten Wirtschaftsform geht. Anstatt, wie der Titel suggeriert, das Leben in den Mittelpunkt zu stellen und Wissenschaft und Technik, Politik und Wirtschaft in den Dienst des Lebens zu stellen.

Es wird jedoch dazu aufgerufen, „einen Rahmen gemeinsamer politischer Maßnahmen zu formulieren, der es den Ländern ermöglicht, Bioökonomie-Programme … zur Verbesserung der Lebensqualität und zum Schutz der natürlichen Ressourcen durchzuführen“. Ohne das akkumulative und ausgrenzende System zu berühren, ist dies ein schöner Vorschlag, wie das Pariser Abkommen von 2015, das nicht in die Praxis umgesetzt wurde. Ein solch idealistisches Ziel widerspricht der Logik des herrschenden Systems. Es wird sicherlich nicht umgesetzt werden.

Dies sind einige der Kritikpunkte an den Vorschlägen von Experten und Wissenschaftlern, die auf dem G20-Gipfel in Rio de Janeiro vorgestellt werden. Ich begrüße den Vorschlag von Präsident Lula, eine globale Allianz gegen Hunger und Armut zu bilden.

Aber die Wahrheit muss gesagt werden: Diese Art von Techno-Wissenschaft, ohne Gewissen, ist nicht gut genug für die Transformation der Welt. Wenn wir uns nur auf die Mittel konzentrieren, ohne andere humanitäre und ökologische Ziele unter einem anderen Paradigma zu definieren, werden wir auf eine unermessliche Katastrophe zusteuern.

Wie viel Wahrheit und wie viel Kurswechsel kann der Geist des Kapitals ertragen? Das ist eine Frage, auf die es wohl kaum eine Antwort geben wird.

Leonardo Boff Autor von:  O doloroso parto da Mãe Terra: uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social, Vozes 2021; Cuidar da Casa Comum: pistas para proteger o fim do mundo, Vozes 2024.