El colapso actual de la ética

Leonardo Boff*

Hemos vivido y sufrido en Brasil tiempos sombríos bajo el gobierno de Jair Bolsonaro, donde la ética fue enviada al limbo y prácticamente valía todo (las fake news, las mentiras, la predicación de la violencia y la exaltación de la tortura). En el  momento actual  asistimos desolados a la guerra Rusia-Ucrania. Esta guerra representa la negación de todos los valores  civilizatorios, pues una  gran potencia nuclear está literalmente destruyendo una pequeña nación y a su pueblo.

Sin perder de vista los dos datos que hemos mencionado, percibo, entre otros, dos factores  principales que alcanzan el corazón de la ética: la globalización del capitalismo depredador y la mercantilización de la sociedad.

La mundialización del capitalismo, como modo de producción, y su expresión política, el neo-liberalismo, ha mostrado las consecuencias perversas de la ética capitalista: sus ejes  estructuradores son el lucro ilimitado, acumulado individualmente o por grandes corporaciones, la competencia desenfrenada, el asalto a los bienes y servicios de la naturaleza, la flexibilización de las leyes y la minimización del estado en su función de garantizar una sociedad mínimamente equilibrada. Tal ética es altamente conflictiva porque no conoce la solidaridad, sino la competencia que hace de todos adversarios, si no enemigos a ser vencidos.

Es muy diferente, por ejemplo, la ética de la cultura maya. Esta cultura pone todo centrado en el corazón, ya que todas las cosas nacieron del amor de dos grandes corazones, del Cielo y de la Tierra. El ideal ético es crear en todas las personas corazones sensibles, justos, transparentes y verdaderos. O la ética andina del “bien vivir y convivir”, basada en el equilibrio con todas las cosas, entre los humanos, con la naturaleza y con el universo.

La globalización, al interrelacionar todas las culturas, ha acabado por revelar la pluralidad de caminos éticos. Una de sus consecuencias está siendo la relativización general de los valores éticos. Sabemos que la ley y el orden, valores de la práctica ética fundamental, son los requisitos previos de cualquier civilización en cualquier parte del mundo.

Lo que observamos es que la humanidad está cediendo ante la barbarie, poniendo rumbo  hacia una verdadera edad de las tinieblas global, tal es el descalabro ético que estamos viendo.

El segundo gran obstáculo para la ética es la mercantilización de la sociedad, lo que Karl  Polanyi llamaba ya en 1944 La Gran Transformación. Es el fenómeno del paso de una economía de mercado a una sociedad puramente de mercado.

Todo se transforma en mercancía, algo ya previsto por Karl Marx en su texto “La miseria de la filosofía” de 1848, cuando se refería a la época en que las cosas más sagradas como la verdad y la conciencia serían llevadas al mercado; sería “el tiempo de la gran corrupción y de la venalidad universal”. Pues estamos viviendo ese tiempo.

La economía, especialmente la especulativa, dicta el rumbo de la política y de la sociedad en su conjunto, que se caracteriza por generar un profundo foso entre los pocos ricos y las grandes mayorías empobrecidas. Aquí se revelan huellas de barbarie y crueldad como pocas veces en la historia.

¿Qué ética puede orientarnos como humanidad que vive en la misma Casa Común? La ética que hunde sus raíces en lo que nos es propio como humanos y que, por tanto, es universal y puede ser asumida por todos.

Creo que en primer lugar está la ética del cuidado. Según la fábula 220 del esclavo Higino, bien interpretada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo y detallada por mí mismo en Saber cuidar, el cuidado constituye el sustrato ontológico del ser humano, es decir, el conjunto de factores objetivos sin los cuales el ser humano y los demás seres vivos no podrían existir.

Dado que el cuidado está en la esencia del ser humano, todos pueden vivirlo y darle formas concretas, según las distintas culturas. El cuidado presupone una relación amigable y afectuosa con la realidad, una mano tendida para la solidaridad, no el puño cerrado para la competición. En el centro del cuidado está la vida. La civilización deberá ser bio-socio-centrada.

Otro dato de nuestra esencia humana es la solidaridad y la ética que de ahí se deriva. Hoy sabemos por la bioantropología que fue la solidaridad de nuestros antepasados antropoides la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Buscaban los alimentos y los consumían solidariamente. Todos vivimos porque ha existido y existe un mínimo de solidaridad, empezando por la familia. Esto que ayer fue fundamento sigue siéndolo todavía hoy.

Otra vía ética, ligada a nuestra estricta humanidad, es la ética de la responsabilidad universal. Ser responsable es ser consciente de las consecuencias beneficiosas o perjudiciales de nuestros actos personales y sociales. O asumimos juntos responsablemente el destino de nuestra Casa Común o recorreremos un camino sin retorno. Somos responsables de la sostenibilidad de Gaia y de sus ecosistemas para que podamos seguir conviviendo con toda la comunidad de vida.

El filósofo Hans Jonas, que elaboró por primera vez el Principio de Responsabilidad, le agregó la importancia del miedo colectivo. Cuando surge este miedo y los humanos empiezan a darse cuenta de que pueden tener un final trágico e incluso desaparecer como especie, surge un miedo ancestral que les lleva a una ética de  supervivencia. El supuesto inconsciente es que el valor de la vida está por encima de cualquier otro valor cultural, religioso o económico.

También es importante rescatar la ética de la justicia para todos. La justicia es el derecho mínimo que debemos a los demás para que puedan seguir existiendo y darles lo que les corresponde como personas: dignidad y respeto. Las instituciones, especialmente, deben ser justas y equitativas para evitar los privilegios y las exclusiones sociales que producen tantas víctimas, particularmente en Brasil, uno de los países más desiguales, es decir, más injustos del mundo. De ahí el odio y la discriminación que desgarran la sociedad, que no provienen del pueblo, sino de las élites adineradas que no aceptan la ley para todos, sino que quieren preservar sus privilegios.

La justicia no sólo se aplica a los seres humanos, sino también a la naturaleza y a la Tierra, que son portadoras de derechos y deben, por tanto, incluirse en nuestro concepto de democracia socioecológica.

Por último, debemos incorporar una ética de sobriedad compartida para alcanzar lo que  decía Xi Jinping, Jefe Supremo de China: “una sociedad moderadamente acomodada”. Esto significa un ideal mínimo y alcanzable.

Estos son algunos parámetros básicos para una ética, válida para cada pueblo y para la humanidad reunida en la Casa Común. De lo contrario, podríamos vivir un Armagedón social y ecológico.

*Leonardo Boff ha escrito Cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2018.

The current collapse of ethics

I perceive two main factors, among others, that strike at the heart of ethics: the globalization of predatory capitalism and the commodification of society.

The globalization of capitalism, as a mode of production and its political expression, neo-liberalism showed the perverse consequences of capitalist ethics: its structuring axes are unlimited profit, accumulated individually or by large corporations, unbridled competition, the assault on goods and services of nature, the relaxation of laws and the minimization of the state in its function of guaranteeing a minimally balanced society. Such ethics is highly conflictive because it does not know solidarity, but competition that makes all opponents, if not enemies to be defeated.

Quite different, for example, is the ethics of the Mayan culture. This puts everything centered in the heart, since all things were born from the love of two great hearts, Heaven and Earth. The ethical ideal is to create sensitive, fair, transparent and true hearts in all people.

Or the ethics of “bien vivir y convivir” of the Andeans, based on balance with all things, between humans, with nature and with the universe.

Globalization, interrelating all cultures, also ended up revealing the plurality of ethical paths. One of its consequences is the general relativization of ethical values. We know that law and order, values ​​of fundamental ethical practice, are the prerequisites for any civilization anywhere in the world.

What we observe is that humanity is giving in to barbarism towards a true global dark age, such is the ethical breakdown that we are seeing.

The second major obstacle to ethics is the commodification of society, what Karl Polaniy already called “The Great Transformation” in 1944. It is the phenomenon of the transition from a market economy to a purely market society.

Everything becomes merchandise, something already predicted by Karl Marx in his text “The Misery of Philosophy” of 1848, when he referred to the time when the most sacred things like truth and conscience would be taken to the market; it would be “the time of great corruption and universal venality”. For we live in this time: nowledge, schools, universities, neo-pentecostal churches, courses, lectures, counseling, sex, human organs, everything, everything is an object of business and gain. A self-serving and mercantilist relationship prevails, which greatly weakens solidarity, cooperation and gratuity.

The economy, especially the speculative one, dictates the direction of politics and society as a whole, which is characterized by the generation of a deep gap between the rich few and the great impoverished majorities. Here, traces of barbarism and cruelty are revealed as few times in history.

What is the ethics that can guide us as humanity living in the same Common Home? It is that ethics that is rooted in what is specific to us, as humans and that, therefore, is universal and can be assumed by all.

I believe that in the first place is the ethics of care. According to the fable 220 of the slave Higino of the roman imperial time and well interpreted by Martin Heidegger in Being and Time and detailed by me in Knowing how to care, it constitutes the ontological substratum of the human being, that is to say, that set of objective factors without which the human being would never arise and other living beings.

Because care is of the essence of what is human, everyone can experience it and give it concrete forms, according to different cultures. Care presupposes a friendly and loving relationship with reality, with an outstretched hand for solidarity and not a clenched fist for competition. At the center of care is life. Civilization must be bio-socio-centered.

Another fact of our human essence is the solidarity and ethics that derive from it. We know today through bioanthropology that it was the solidarity of our anthropoid ancestors that allowed us to make the leap from animality to humanity. They sought food and consumed it in solidarity. We all live because there was and there is a minimum of solidarity, starting with the family. What was founding yesterday is still founding today.

Another ethical path, linked to our strict humanity, is the ethics of universal responsibility. To be responsible is to realize the beneficial or harmful consequences of our personal and social actions. Either we responsibly assume the destiny of our Common Home together or else we will walk a path of no return. We are responsible for the sustainability of Gaia and its ecosystems so that we can continue to live together with the whole community of life.

The philosopher Hans Jonas, who first elaborated “The Responsibility Principle”, added to it the importance of collective fear. When this appears and humans begin to realize that they may meet a tragic end and even disappear as a species, an ancestral fear erupts that leads them to an ethic of survival. The unconscious assumption is that the value of life is above any other cultural, religious or economic value.

It is also important to rescue the ethics of justice for all. Justice is the minimum right that we give to the other, so that he can continue to exist and give him what he deserves as a person: dignity and respect. Institutions, in particular, must be fair and equitable to avoid the privileges and social exclusions that so many victims produce, particularly in Brazil, one of the most unequal, that is to say, most unfair in the world. This explains the hatred and discrimination that tear society apart, coming not from the people, but from those wealthy elites who do not accept rights for all but want to preserve their privileges.

Justice does not only apply to humans, but also to nature and the Earth, which are bearers of rights and, therefore, must be included in our concept of socio-ecological democracy.

Finally, we must incorporate an ethic of shared sobriety to achieve what Xi Jinping, the supreme leader of China, said “a moderately well-off society”. This means a minimal and achievable ideal.

These are some fundamental parameters for an ethics, valid for each people and for humanity, gathered in the Common House. Otherwise, we may experience a social and ecological Armageddon.

Leonardo Boff wrote: How to take care of the Common Home, Petropolis/Rio 2018.

                     O colapso atual da ética

Temos vivido e sofrido no  Brasil  tempos sombrios sob o governo de Jair Bolsonaro, onde a ética foi enviada ao limbo e tudo praticamente valia (as fake news,as mentiras,a pregação da violência e a exaltação da tortura). Nos dias atuais assistimos, desolados, a guerra Rússia-Ucrânia.Esta guerra representa a negação de todos os valores civilizatórios,pois uma grande potência nuclear está literalmente destruindo uma pequena  nação e seu povo.

Sem perder de vista os dois dados acima referidos, percebo dois fatores principais,entre outros, que atingem o coração da ética: a globalização do capitalismo depredador e a mercantilização da sociedade.

A mundialização do capitalismo,como modo de produção e sua expressão política, o neo-liberalismo mostrou as consequências perversas da ética  capitalista: seus eixos estruturantes são o lucro ilimitado, acumulado individualmente ou por grandes corporações, a concorrência desenfreada, o assalto aos bens e serviços da natureza, a flexibilização das leis e a minimilização do estado em sua função de garantir uma sociedade minimamente equilibrada. Tal ética é altamente conflitiva porque não conhece a solidariedade, mas a concorrência que faz de todos adversários,senão inimigos a serem vencidos.

Bem diferente, por exemplo, é a ética  da cultura maia. Esta coloca tudo centrado no coração, ja que todas as coisas nasceram do amor de dois grandes corações, do Céu e da Terra. O ideal ético  é criar em todas as pessoas corações sensíveis, justos, transparentes e verdadeiros. Ou a ética do “bien vivir y convivir” dos andinos, assentada no equilíbrio com todas as coisas, entre os humanos, com a natureza e com o universo.

A globalização, inter-relacionando todas as culturas, acabou também por revelar a pluralidade dos caminhos éticos. Uma de suas consequências está sendo a relativização generalidade dos valores éticos. Sabemos que a lei e a ordem, valores da prática ética fundamental, são os pre-requisitos para qualquer cvilização em qualquer parte do mundo.

O que observamos é que a humanidade está cedendo diante da barbárie rumo a uma verdadeira idade das trevas mundial, tal é o descalabro ético que estamos vendo.

O segundo grande empecilho à ética é  mercantilização da sociedade, aquilo que Karl Polaniy chamava já em 1944 de “A Grande Transformação”. É o fenômeno da passagem de uma economia de mercado para uma sociedade puramente de mercado.

Tudo se transforma em mercadoria, coisa já prevista por Karl Marx em seu texto “A miséria da Filosofia” de 1848, quando se referia ao tempo em que as coisas mais sagradas como a verdade e a consciência seriam levadas ao mercado; seria “tempo da grande corrupção e da venalidade universal”. Pois vivemos este tempo.

A economia especialmente a especulativa dita os rumos da política e da sociedade como um todo que se caracteriza pela geração de um profundo fosso entre os poucos ricos e as grandes maiorias empobrecidas.         Aqui se revelam traços de barbárie e de crueldade  como poucas vezes na história.

Qual é a ética que nos poderá orientar como humanidade vivendo na mesma Casa Comum? É aquela ética que se enraiza naqulo que é específico nosso, enquanto humanos e que, por isso, seja universal e possa ser assumida por todos.

Estimo que que em primeiríssimo lugar é a ética do cuidado. Consoante a fabula 220 do escravo Higino e bem interpretada por Martin Heidegger em Ser e Tempo e detalhada por mim em Saber cuidar,constitui o substrato ontológico do ser humano, valer dizer, aquele conjunto de fatores objetivos sem os quais jamais surgiria o ser humano e outros seres vivos.

Pelo fato de o cuidado ser da essência do humano, todos podem vive-lo e dar-lhe formas concretas, segundo as diferentes culturas. O cuidado pressupõe uma relação amigável e amorosa para com a realidade, da mão estendida para a solidariedade e não do punho cerrado para a competição. No centro do cuidado está a vida. A civilização deverá ser bio-sócio-centrada.

Outro dado de nossa essência humana é a  solidariedade e a ética que daí se deriva. Sabemos hoje pelo bioantropologia que foi a solidariedade de nossos ancestrais antropóides que permitiu dar o salto da animalidade para a humanidade. Buscavam os alimentos e os consumiam solidariamente. Todos vivemos porque existiu e existe um mínimo de solidariedade, começando pela família. O que foi  fundador ontem, continua sendo-o ainda hoje.

Outro caminho ético, ligado à nossa estrita humanidade, é a ética da responsabilidade universal. Ser responsável é dar-se conta das consequências benéficas ou maléficas de nossos  atos pessoais e sociais. Ou assumimos juntos responsavelmente o  destino de nossa Casa Comum ou então percorreremos um caminho sem retorno. Somos responsáveis pela sustentabilidade de Gaia e de seus ecossistemas para que possamos continuar a viver junto com toda a comunidade de vida.

O filosofo Hans Jonas que, por primeiro, elaborou “O Princípio Responsabilidade”, agregou a ele a importância do medo coletivo. Quando este surge e os humanos começarem a dar-se conta de que podem conhecer um fim trágico e até de desaparecer como espécie, irrompe um medo ancestral que os leva a uma ética de sobrevivência. O pressuposto inconsciente é que o valor da vida está acima de qualquer outro valor cultural, religioso ou econômico.

Importa também resgatar a ética da justiça para todos. A justiça é o direito mínimo que tributamos ao outro, de que possa continuar a existir e  dando-lhe o que lhe cabe como pessoa:dignidade e respeito. Especialmente as instituições devem ser justas e equitativas para evitar os privilégios e as exclusões sociais que tantas vítimas produzem, particularmente no Brasil, um dos mais desiguais, vale dizer, mais injutos do mundo. Daí se explica o ódio e as discriminações que dilaceram a sociedade, vindos não do povo, mas daquelas elites endinheiradas que não aceitam o direito para todos mas querem preservar seus privilégios.

A justiça não vale apenas entre os humanos mas também para com  a natureza e a Terra que são portadores de direitos e, por isso, devem ser incluidos em nosso conceito de democracia sócio-ecológica.

Por fim, devemos incorporar uma ética da sobriedade compartida para lograr o que dizia Xi Jinping, chefe supremo da China “uma sociedade moderadamente abastecida”.Isto significa um ideal mínimo e alcancável.

Estes são alguns parâmetros fundamentaus para uma ética, válida para cada povo e para a humanidade, reunida na Casa Comum. Caso contrario poderemos conhecer um armagedon social e ecológico.

Leonardo Boff  escreveu: “Como cuidar da Casa Comum,  Vozes 2018.

Eine sozial-ökologische oder ökosozialistische Demokratie

                       LeonardoBoff
Die Erde befindet sich in einem unumkehrbaren Wandel. Wir treten in ein neues Klimasystem ein, das viel heißer und bedrohlicher ist. Wissenschaft und Technik kamen zu spät. Erst mit der Anhäufung von Treibhausgasen in der Atmosphäre änderte sich der Lauf der Dinge auf dem lebenden Planeten. Die verschiedenen Arten von Wissen, vom populären bis zum wissenschaftlichen, können die schädlichen Auswirkungen nur abmildern. Aber diese werden immer häufiger und immer gravierender auftreten.

Wenn wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, müssen wir ein anderes zivilisatorisches Paradigma entwickeln, das freundlich zum Leben ist und sich als Brüder und Schwestern aller anderen Lebewesen fühlt, wie Papst Franziskus in Fratelli tutti (2020) postuliert. Wir haben ja den gleichen genetischen Code wie sie. In diesem Zusammenhang besteht ein dringender Bedarf an einer anderen Art von Demokratie: sozial-ökologisch oder ökosozialistisch.

Sie würde die Krönung des demokratischen Ideals darstellen, und zwar genau in dem Moment, in dem wir einen ernsthaften Rückgang der demokratischen Ideale in einem Kontext zunehmender autoritärer Bewegungen erleben. Hinzu kommt die Ausbreitung der künstlichen Intelligenz, die Millionen von Algorithmen kombiniert und die Demokratie bedrohen und zum Beispiel die Person des Papstes, dargestellt in einer dicken, seltenen und sehr teuren Jacke, entstellen kann.

Trotz alledem müssen wir über die bedrohte Demokratie diskutieren. Dahinter steckt die ursprüngliche Idee aller Demokratie: Alles, was alle interessiert, muss von allen bedacht und entschieden werden.

In kleinen Gemeinden oder in einem Land wie der Schweiz gibt es die direkte Demokratie. Wenn diese gesellschaftlichen Gruppierungen größer sind, wird die repräsentative Demokratie projiziert. Da die Mächtigen in der Regel die Kontrolle ausüben, wurde eine partizipative Demokratie vorgeschlagen, in der die Menschen in den unteren Ebenen an der Formulierung und Überwachung der Politik des Landes teilnehmen können.


Es wurden weitere Fortschritte erzielt, und es entstand eine von den Andenvölkern gelebte kommunitäre Demokratie, in der alle an allem teilhaben, in einer großen Harmonie zwischen Mensch und Natur. Das ist “bien vivir y convivir”. Es wurde festgestellt, dass die Demokratie ein universeller Wert ist (N. Bobbio), der täglich im Leben, in der Familie, in den Vereinen und in der Art und Weise, wie der Staat organisiert wird, gelebt wird. Auch eine endlose Demokratie (Boaventura de Souza Santos), denn sie kann immer vervollkommnet werden und ist nie fertig. Angesichts der drohenden Gefahr des Aussterbens der menschlichen Spezies würden sich alle, um sich zu retten, in einer planetarischen Superdemokratie zusammenschließen (J. Atalli).

Mehr oder weniger in diesem Sinne müssen die verschiedenen Formen der Demokratie gedacht und gelebt werden. Die Überlebenden der großen Transformation der Erde, die ihr durchschnittliches Klima bei 38 Grad Celsius oder mehr stabilisiert, haben aus diesen drastischen Veränderungen gelernt. Um zu überleben, müssen sie neue Formen von Beziehungen im Einklang mit der Natur und Mutter Erde einführen. Daher wurde diese Art der sozial-ökologischen Demokratie erdacht. Sie ist sozial, weil sie die gesamte Gesellschaft einbezieht.

Es ist der große Vorschlag des Ökosozialismus, der nichts mit dem frustrierten realen Sozialismus zu tun hat, der bereits verschwunden ist. Diese sozio-ökologische oder ökosozialistische Demokratie hat das Ökologische als strukturierende Achse. Nicht als Technik, um die Nachhaltigkeit der menschlichen Lebensweise zu garantieren, nach dem derzeitigen Paradigma des Menschen als dominus=Herr und außerhalb und über der Natur, sondern als frater=Bruder und Schwester, Teil der Natur und in ihr. Es wäre vielmehr eine Kunst, eine neue Art der zärtlichen und geschwisterlichen Koexistenz mit der Natur.

Die Produktionsweise und die Institutionen werden die Natur nicht mehr dazu zwingen, sich den menschlichen Wünschen anzupassen. Sie werden sich den Rhythmen der Natur anpassen, sie pflegen, ihr Ruhepausen zur Regeneration geben. Der Mensch wird die Natur selbst spüren, und indem er sich um sie kümmert, kümmert er sich auch um sich selbst.

Die Einzigartigkeit des Menschen, und das haben Neurologen, Genetiker, Bioanthropologen und Kosmologen bewiesen, besteht darin, dass er als ein Wesen erscheint, das aus Beziehungen, Liebe, Zusammenarbeit, Solidarität und Mitgefühl besteht. Dies hat James D. Watson in seinem Buch “DNA: Das Geheimnis des Lebens” (2005) gesagt: Liebe und Solidarität gehören zum human-genetischen Code.


Diese Einzigartigkeit zeigt sich deutlicher, wenn wir sie mit den höher entwickelten Affen vergleichen, von denen wir uns in nur 1,6 % der genetischen Materie unterscheiden. Auch sie führen ein gemeinschaftliches Leben. Aber sie werden von der Logik der Herrschaft und Hierarchisierung geleitet. Wir aber unterscheiden uns von ihnen durch Kooperation und Kommensalität.

Heute ist man sich einig, dass sowohl die Natur als auch die Erde Rechtssubjekte sind. Sie sind die neuen Bürger, mit denen wir freundschaftlich zusammenleben müssen. Die Erde ist eine biogeophysikalische Einheit, Gaia, die alle Elemente miteinander verbindet, um am Leben zu bleiben und die gesamte biologische Vielfalt hervorzubringen. In einem fortgeschrittenen Stadium ihrer Entwicklung und Komplexität begann sie zu fühlen, zu denken, zu lieben und sich zu kümmern. Zu diesem Zeitpunkt erschien der Mensch, Mann und Frau, der die denkende und liebende Erde ist.

Wenn wir gemeinsam überleben wollen, muss diese Demokratie eine Biokratie, eine Soziokratie, eine Geokratie und eine Kosmokratie sein, kurz gesagt, eine ökologisch-soziale oder ökosozialistische Demokratie. Die Zeit drängt. Wir müssen ein neues Bewusstsein schaffen und uns auf die Veränderungen vorbereiten, die nicht lange auf sich warten lassen werden. Ist das eine Utopie? Ja, aber eine notwendige Utopie, wenn wir noch auf diesem Planeten leben wollen.

Leonardo Boff, brasilianischer Philosoph, Theologe und Schriftsteller, schrieb zusammen mit dem deutschen Theologen Jürgen Moltmann „Gibt es Hoffnung für die gefährdete Schöpfung?“ Vozes, Petrópolis/Rio 2014; Caring for the Earth-Protecting Life: How to Avoid the End of the World, Record, Rio 2010.

Leonardo Boff

Die Erde befindet sich in einem unumkehrbaren Wandel. Wir treten in ein neues Klimasystem ein, das viel heißer und bedrohlicher ist. Wissenschaft und Technik kamen zu spät. Erst mit der Anhäufung von Treibhausgasen in der Atmosphäre änderte sich der Lauf der Dinge auf dem lebenden Planeten. Die verschiedenen Arten von Wissen, vom populären bis zum wissenschaftlichen, können die schädlichen Auswirkungen nur abmildern. Aber diese werden immer häufiger und immer gravierender auftreten.

Wenn wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, müssen wir ein anderes zivilisatorisches Paradigma entwickeln, das freundlich zum Leben ist und sich als Brüder und Schwestern aller anderen Lebewesen fühlt, wie Papst Franziskus in Fratelli tutti (2020) postuliert. Wir haben ja den gleichen genetischen Code wie sie. In diesem Zusammenhang besteht ein dringender Bedarf an einer anderen Art von Demokratie: sozial-ökologisch oder ökosozialistisch.

Sie würde die Krönung des demokratischen Ideals darstellen, und zwar genau in dem Moment, in dem wir einen ernsthaften Rückgang der demokratischen Ideale in einem Kontext zunehmender autoritärer Bewegungen erleben. Hinzu kommt die Ausbreitung der künstlichen Intelligenz, die Millionen von Algorithmen kombiniert und die Demokratie bedrohen und zum Beispiel die Person des Papstes, dargestellt in einer dicken, seltenen und sehr teuren Jacke, entstellen kann.

Trotz alledem müssen wir über die bedrohte Demokratie diskutieren. Dahinter steckt die ursprüngliche Idee aller Demokratie: Alles, was alle interessiert, muss von allen bedacht und entschieden werden.

In kleinen Gemeinden oder in einem Land wie der Schweiz gibt es die direkte Demokratie. Wenn diese gesellschaftlichen Gruppierungen größer sind, wird die repräsentative Demokratie projiziert. Da die Mächtigen in der Regel die Kontrolle ausüben, wurde eine partizipative Demokratie vorgeschlagen, in der die Menschen in den unteren Ebenen an der Formulierung und Überwachung der Politik des Landes teilnehmen können.

Es wurden weitere Fortschritte erzielt, und es entstand eine von den Andenvölkern gelebte kommunitäre Demokratie, in der alle an allem teilhaben, in einer großen Harmonie zwischen Mensch und Natur. Das ist “bien vivir y convivir”. Es wurde festgestellt, dass die Demokratie ein universeller Wert ist (N. Bobbio), der täglich im Leben, in der Familie, in den Vereinen und in der Art und Weise, wie der Staat organisiert wird, gelebt wird. Auch eine endlose Demokratie (Boaventura de Souza Santos), denn sie kann immer vervollkommnet werden und ist nie fertig. Angesichts der drohenden Gefahr des Aussterbens der menschlichen Spezies würden sich alle, um sich zu retten, in einer planetarischen Superdemokratie zusammenschließen (J. Atalli).

Mehr oder weniger in diesem Sinne müssen die verschiedenen Formen der Demokratie gedacht und gelebt werden. Die Überlebenden der großen Transformation der Erde, die ihr durchschnittliches Klima bei 38 Grad Celsius oder mehr stabilisiert, haben aus diesen drastischen Veränderungen gelernt. Um zu überleben, müssen sie neue Formen von Beziehungen im Einklang mit der Natur und Mutter Erde einführen. Daher wurde diese Art der sozial-ökologischen Demokratie erdacht. Sie ist sozial, weil sie die gesamte Gesellschaft einbezieht.

Es ist der große Vorschlag des Ökosozialismus, der nichts mit dem frustrierten realen Sozialismus zu tun hat, der bereits verschwunden ist. Diese sozio-ökologische oder ökosozialistische Demokratie hat das Ökologische als strukturierende Achse. Nicht als Technik, um die Nachhaltigkeit der menschlichen Lebensweise zu garantieren, nach dem derzeitigen Paradigma des Menschen als dominus=Herr und außerhalb und über der Natur, sondern als frater=Bruder und Schwester, Teil der Natur und in ihr. Es wäre vielmehr eine Kunst, eine neue Art der zärtlichen und geschwisterlichen Koexistenz mit der Natur.

Die Produktionsweise und die Institutionen werden die Natur nicht mehr dazu zwingen, sich den menschlichen Wünschen anzupassen. Sie werden sich den Rhythmen der Natur anpassen, sie pflegen, ihr Ruhepausen zur Regeneration geben. Der Mensch wird die Natur selbst spüren, und indem er sich um sie kümmert, kümmert er sich auch um sich selbst.

Die Einzigartigkeit des Menschen, und das haben Neurologen, Genetiker, Bioanthropologen und Kosmologen bewiesen, besteht darin, dass er als ein Wesen erscheint, das aus Beziehungen, Liebe, Zusammenarbeit, Solidarität und Mitgefühl besteht. Dies hat James D. Watson in seinem Buch “DNA: Das Geheimnis des Lebens” (2005) gesagt: Liebe und Solidarität gehören zum human-genetischen Code.

Diese Einzigartigkeit zeigt sich deutlicher, wenn wir sie mit den höher entwickelten Affen vergleichen, von denen wir uns in nur 1,6 % der genetischen Materie unterscheiden. Auch sie führen ein gemeinschaftliches Leben. Aber sie werden von der Logik der Herrschaft und Hierarchisierung geleitet. Wir aber unterscheiden uns von ihnen durch Kooperation und Kommensalität.

Heute ist man sich einig, dass sowohl die Natur als auch die Erde Rechtssubjekte sind. Sie sind die neuen Bürger, mit denen wir freundschaftlich zusammenleben müssen. Die Erde ist eine biogeophysikalische Einheit, Gaia, die alle Elemente miteinander verbindet, um am Leben zu bleiben und die gesamte biologische Vielfalt hervorzubringen. In einem fortgeschrittenen Stadium ihrer Entwicklung und Komplexität begann sie zu fühlen, zu denken, zu lieben und sich zu kümmern. Zu diesem Zeitpunkt erschien der Mensch, Mann und Frau, der die denkende und liebende Erde ist.

Wenn wir gemeinsam überleben wollen, muss diese Demokratie eine Biokratie, eine Soziokratie, eine Geokratie und eine Kosmokratie sein, kurz gesagt, eine ökologisch-soziale oder ökosozialistische Demokratie. Die Zeit drängt. Wir müssen ein neues Bewusstsein schaffen und uns auf die Veränderungen vorbereiten, die nicht lange auf sich warten lassen werden. Ist das eine Utopie? Ja, aber eine notwendige Utopie, wenn wir noch auf diesem Planeten leben wollen.

Leonardo Boff, brasilianischer Philosoph, Theologe und Schriftsteller, schrieb zusammen mit dem deutschen Theologen Jürgen Moltmann „Gibt es Hoffnung für die gefährdete Schöpfung?“ Vozes, Petrópolis/Rio 2014; Caring for the Earth-Protecting Life: How to Avoid the End of the World, Record, Rio 2010.

Eine sozial-ökologische oder ökosozialistische Demokratie

Leonardo Boff

Die Erde befindet sich in einem unumkehrbaren Wandel. Wir treten in ein neues Klimasystem ein, das viel heißer und bedrohlicher ist. Wissenschaft und Technik kamen zu spät. Erst mit der Anhäufung von Treibhausgasen in der Atmosphäre änderte sich der Lauf der Dinge auf dem lebenden Planeten. Die verschiedenen Arten von Wissen, vom populären bis zum wissenschaftlichen, können die schädlichen Auswirkungen nur abmildern. Aber diese werden immer häufiger und immer gravierender auftreten.

Wenn wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, müssen wir ein anderes zivilisatorisches Paradigma entwickeln, das freundlich zum Leben ist und sich als Brüder und Schwestern aller anderen Lebewesen fühlt, wie Papst Franziskus in Fratelli tutti (2020) postuliert. Wir haben ja den gleichen genetischen Code wie sie. In diesem Zusammenhang besteht ein dringender Bedarf an einer anderen Art von Demokratie: sozial-ökologisch oder ökosozialistisch.

Sie würde die Krönung des demokratischen Ideals darstellen, und zwar genau in dem Moment, in dem wir einen ernsthaften Rückgang der demokratischen Ideale in einem Kontext zunehmender autoritärer Bewegungen erleben. Hinzu kommt die Ausbreitung der künstlichen Intelligenz, die Millionen von Algorithmen kombiniert und die Demokratie bedrohen und zum Beispiel die Person des Papstes, dargestellt in einer dicken, seltenen und sehr teuren Jacke, entstellen kann.

Trotz alledem müssen wir über die bedrohte Demokratie diskutieren. Dahinter steckt die ursprüngliche Idee aller Demokratie: Alles, was alle interessiert, muss von allen bedacht und entschieden werden.

In kleinen Gemeinden oder in einem Land wie der Schweiz gibt es die direkte Demokratie. Wenn diese gesellschaftlichen Gruppierungen größer sind, wird die repräsentative Demokratie projiziert. Da die Mächtigen in der Regel die Kontrolle ausüben, wurde eine partizipative Demokratie vorgeschlagen, in der die Menschen in den unteren Ebenen an der Formulierung und Überwachung der Politik des Landes teilnehmen können.

Es wurden weitere Fortschritte erzielt, und es entstand eine von den Andenvölkern gelebte kommunitäre Demokratie, in der alle an allem teilhaben, in einer großen Harmonie zwischen Mensch und Natur. Das ist “bien vivir y convivir”. Es wurde festgestellt, dass die Demokratie ein universeller Wert ist (N. Bobbio), der täglich im Leben, in der Familie, in den Vereinen und in der Art und Weise, wie der Staat organisiert wird, gelebt wird. Auch eine endlose Demokratie (Boaventura de Souza Santos), denn sie kann immer vervollkommnet werden und ist nie fertig. Angesichts der drohenden Gefahr des Aussterbens der menschlichen Spezies würden sich alle, um sich zu retten, in einer planetarischen Superdemokratie zusammenschließen (J. Atalli).

Mehr oder weniger in diesem Sinne müssen die verschiedenen Formen der Demokratie gedacht und gelebt werden. Die Überlebenden der großen Transformation der Erde, die ihr durchschnittliches Klima bei 38 Grad Celsius oder mehr stabilisiert, haben aus diesen drastischen Veränderungen gelernt. Um zu überleben, müssen sie neue Formen von Beziehungen im Einklang mit der Natur und Mutter Erde einführen. Daher wurde diese Art der sozial-ökologischen Demokratie erdacht. Sie ist sozial, weil sie die gesamte Gesellschaft einbezieht.

Es ist der große Vorschlag des Ökosozialismus, der nichts mit dem frustrierten realen Sozialismus zu tun hat, der bereits verschwunden ist. Diese sozio-ökologische oder ökosozialistische Demokratie hat das Ökologische als strukturierende Achse. Nicht als Technik, um die Nachhaltigkeit der menschlichen Lebensweise zu garantieren, nach dem derzeitigen Paradigma des Menschen als dominus=Herr und außerhalb und über der Natur, sondern als frater=Bruder und Schwester, Teil der Natur und in ihr. Es wäre vielmehr eine Kunst, eine neue Art der zärtlichen und geschwisterlichen Koexistenz mit der Natur.

Die Produktionsweise und die Institutionen werden die Natur nicht mehr dazu zwingen, sich den menschlichen Wünschen anzupassen. Sie werden sich den Rhythmen der Natur anpassen, sie pflegen, ihr Ruhepausen zur Regeneration geben. Der Mensch wird die Natur selbst spüren, und indem er sich um sie kümmert, kümmert er sich auch um sich selbst.

Die Einzigartigkeit des Menschen, und das haben Neurologen, Genetiker, Bioanthropologen und Kosmologen bewiesen, besteht darin, dass er als ein Wesen erscheint, das aus Beziehungen, Liebe, Zusammenarbeit, Solidarität und Mitgefühl besteht. Dies hat James D. Watson in seinem Buch “DNA: Das Geheimnis des Lebens” (2005) gesagt: Liebe und Solidarität gehören zum human-genetischen Code.

Diese Einzigartigkeit zeigt sich deutlicher, wenn wir sie mit den höher entwickelten Affen vergleichen, von denen wir uns in nur 1,6 % der genetischen Materie unterscheiden. Auch sie führen ein gemeinschaftliches Leben. Aber sie werden von der Logik der Herrschaft und Hierarchisierung geleitet. Wir aber unterscheiden uns von ihnen durch Kooperation und Kommensalität.

Heute ist man sich einig, dass sowohl die Natur als auch die Erde Rechtssubjekte sind. Sie sind die neuen Bürger, mit denen wir freundschaftlich zusammenleben müssen. Die Erde ist eine biogeophysikalische Einheit, Gaia, die alle Elemente miteinander verbindet, um am Leben zu bleiben und die gesamte biologische Vielfalt hervorzubringen. In einem fortgeschrittenen Stadium ihrer Entwicklung und Komplexität begann sie zu fühlen, zu denken, zu lieben und sich zu kümmern. Zu diesem Zeitpunkt erschien der Mensch, Mann und Frau, der die denkende und liebende Erde ist.

Wenn wir gemeinsam überleben wollen, muss diese Demokratie eine Biokratie, eine Soziokratie, eine Geokratie und eine Kosmokratie sein, kurz gesagt, eine ökologisch-soziale oder ökosozialistische Demokratie. Die Zeit drängt. Wir müssen ein neues Bewusstsein schaffen und uns auf die Veränderungen vorbereiten, die nicht lange auf sich warten lassen werden. Ist das eine Utopie? Ja, aber eine notwendige Utopie, wenn wir noch auf diesem Planeten leben wollen.

Leonardo Boff, brasilianischer Philosoph, Theologe und Schriftsteller, schrieb zusammen mit dem deutschen Theologen Jürgen Moltmann „Gibt es Hoffnung für die gefährdete Schöpfung?“ Vozes, Petrópolis/Rio 2014; Caring for the Earth-Protecting Life: How to Avoid the End of the World, Record, Rio 2010.

Eine sozial-ökologische oder ökosozialistische Demokratie

Leonardo Boff

Die Erde befindet sich in einem unumkehrbaren Wandel. Wir treten in ein neues Klimasystem ein, das viel heißer und bedrohlicher ist. Wissenschaft und Technik kamen zu spät. Erst mit der Anhäufung von Treibhausgasen in der Atmosphäre änderte sich der Lauf der Dinge auf dem lebenden Planeten. Die verschiedenen Arten von Wissen, vom populären bis zum wissenschaftlichen, können die schädlichen Auswirkungen nur abmildern. Aber diese werden immer häufiger und immer gravierender auftreten.

Wenn wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, müssen wir ein anderes zivilisatorisches Paradigma entwickeln, das freundlich zum Leben ist und sich als Brüder und Schwestern aller anderen Lebewesen fühlt, wie Papst Franziskus in Fratelli tutti (2020) postuliert. Wir haben ja den gleichen genetischen Code wie sie. In diesem Zusammenhang besteht ein dringender Bedarf an einer anderen Art von Demokratie: sozial-ökologisch oder ökosozialistisch.

Sie würde die Krönung des demokratischen Ideals darstellen, und zwar genau in dem Moment, in dem wir einen ernsthaften Rückgang der demokratischen Ideale in einem Kontext zunehmender autoritärer Bewegungen erleben. Hinzu kommt die Ausbreitung der künstlichen Intelligenz, die Millionen von Algorithmen kombiniert und die Demokratie bedrohen und zum Beispiel die Person des Papstes, dargestellt in einer dicken, seltenen und sehr teuren Jacke, entstellen kann.

Trotz alledem müssen wir über die bedrohte Demokratie diskutieren. Dahinter steckt die ursprüngliche Idee aller Demokratie: Alles, was alle interessiert, muss von allen bedacht und entschieden werden.

In kleinen Gemeinden oder in einem Land wie der Schweiz gibt es die direkte Demokratie. Wenn diese gesellschaftlichen Gruppierungen größer sind, wird die repräsentative Demokratie projiziert. Da die Mächtigen in der Regel die Kontrolle ausüben, wurde eine partizipative Demokratie vorgeschlagen, in der die Menschen in den unteren Ebenen an der Formulierung und Überwachung der Politik des Landes teilnehmen können.


Es wurden weitere Fortschritte erzielt, und es entstand eine von den Andenvölkern gelebte kommunitäre Demokratie, in der alle an allem teilhaben, in einer großen Harmonie zwischen Mensch und Natur. Das ist “bien vivir y convivir”. Es wurde festgestellt, dass die Demokratie ein universeller Wert ist (N. Bobbio), der täglich im Leben, in der Familie, in den Vereinen und in der Art und Weise, wie der Staat organisiert wird, gelebt wird. Auch eine endlose Demokratie (Boaventura de Souza Santos), denn sie kann immer vervollkommnet werden und ist nie fertig. Angesichts der drohenden Gefahr des Aussterbens der menschlichen Spezies würden sich alle, um sich zu retten, in einer planetarischen Superdemokratie zusammenschließen (J. Atalli).

Mehr oder weniger in diesem Sinne müssen die verschiedenen Formen der Demokratie gedacht und gelebt werden. Die Überlebenden der großen Transformation der Erde, die ihr durchschnittliches Klima bei 38 Grad Celsius oder mehr stabilisiert, haben aus diesen drastischen Veränderungen gelernt. Um zu überleben, müssen sie neue Formen von Beziehungen im Einklang mit der Natur und Mutter Erde einführen. Daher wurde diese Art der sozial-ökologischen Demokratie erdacht. Sie ist sozial, weil sie die gesamte Gesellschaft einbezieht.

Es ist der große Vorschlag des Ökosozialismus, der nichts mit dem frustrierten realen Sozialismus zu tun hat, der bereits verschwunden ist. Diese sozio-ökologische oder ökosozialistische Demokratie hat das Ökologische als strukturierende Achse. Nicht als Technik, um die Nachhaltigkeit der menschlichen Lebensweise zu garantieren, nach dem derzeitigen Paradigma des Menschen als dominus=Herr und außerhalb und über der Natur, sondern als frater=Bruder und Schwester, Teil der Natur und in ihr. Es wäre vielmehr eine Kunst, eine neue Art der zärtlichen und geschwisterlichen Koexistenz mit der Natur.

Die Produktionsweise und die Institutionen werden die Natur nicht mehr dazu zwingen, sich den menschlichen Wünschen anzupassen. Sie werden sich den Rhythmen der Natur anpassen, sie pflegen, ihr Ruhepausen zur Regeneration geben. Der Mensch wird die Natur selbst spüren, und indem er sich um sie kümmert, kümmert er sich auch um sich selbst.

Die Einzigartigkeit des Menschen, und das haben Neurologen, Genetiker, Bioanthropologen und Kosmologen bewiesen, besteht darin, dass er als ein Wesen erscheint, das aus Beziehungen, Liebe, Zusammenarbeit, Solidarität und Mitgefühl besteht. Dies hat James D. Watson in seinem Buch “DNA: Das Geheimnis des Lebens” (2005) gesagt: Liebe und Solidarität gehören zum human-genetischen Code.


Diese Einzigartigkeit zeigt sich deutlicher, wenn wir sie mit den höher entwickelten Affen vergleichen, von denen wir uns in nur 1,6 % der genetischen Materie unterscheiden. Auch sie führen ein gemeinschaftliches Leben. Aber sie werden von der Logik der Herrschaft und Hierarchisierung geleitet. Wir aber unterscheiden uns von ihnen durch Kooperation und Kommensalität.

Heute ist man sich einig, dass sowohl die Natur als auch die Erde Rechtssubjekte sind. Sie sind die neuen Bürger, mit denen wir freundschaftlich zusammenleben müssen. Die Erde ist eine biogeophysikalische Einheit, Gaia, die alle Elemente miteinander verbindet, um am Leben zu bleiben und die gesamte biologische Vielfalt hervorzubringen. In einem fortgeschrittenen Stadium ihrer Entwicklung und Komplexität begann sie zu fühlen, zu denken, zu lieben und sich zu kümmern. Zu diesem Zeitpunkt erschien der Mensch, Mann und Frau, der die denkende und liebende Erde ist.

Wenn wir gemeinsam überleben wollen, muss diese Demokratie eine Biokratie, eine Soziokratie, eine Geokratie und eine Kosmokratie sein, kurz gesagt, eine ökologisch-soziale oder ökosozialistische Demokratie. Die Zeit drängt. Wir müssen ein neues Bewusstsein schaffen und uns auf die Veränderungen vorbereiten, die nicht lange auf sich warten lassen werden. Ist das eine Utopie? Ja, aber eine notwendige Utopie, wenn wir noch auf diesem Planeten leben wollen.

Leonardo Boff, brasilianischer Philosoph, Theologe und Schriftsteller, schrieb zusammen mit dem deutschen Theologen Jürgen Moltmann „Gibt es Hoffnung für die gefährdete Schöpfung?“ Vozes, Petrópolis/Rio 2014; Caring for the Earth-Protecting Life: How to Avoid the End of the World, Record, Rio 2010.