Agua: ¿fuente de vida o fuente de lucro? Contra la privatización del agua

Hoy hay dos cuestiones principales que afectan a toda la humanidad: el calentamiento global y la creciente escasez de agua potable. Ambas obligan a profundos cambios en nuestro modo de vivir, pues pueden producir un colapso de nuestra civilización y afectar profundamente el sistema-vida. 

Atengámonos a la cuestión del agua, codiciada por las grandes corporaciones para privatizarla y lucrarse enormemente. Ella puede ser tanto motivo de guerras como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Ya se ha dicho que las guerras del siglo XX eran por petróleo y las del siglo XXI serán por agua potable. No obstante, ella puede ser referencia central para un nuevo pacto social mundial entre los pueblos y los gobiernos con vistas a la supervivencia de todos.

Consideremos los datos básicos acerca del agua. Ella es extremadamente abundante y al mismo tiempo escasa. Existen cerca de 1.360.000.000 km3 cúbicos de agua en la Tierra. Si tomáramos toda esa agua que está en los océanos, lagos, ríos, acuíferos y cascos polares y la distribuyésemos equitativamente sobre una superficie terrestre plana, toda la Tierra quedaría sumergida bajo el agua a tres km de profundidad. El 97% es agua salada y el 3% es agua dulce. Pero solamente el 0,7% de esta es directamente accesible al uso humano. De este 0,7, el 70% va para la agricultura, el 22% para la industria y lo que queda para el uso humano y animal.

La renovación de las aguas es del orden de 43.000 km3 al año, mientras que el consumo total está estimado en 6.000 km³ al año. Hay por lo tanto superabundancia de agua, pero desigualmente distribuida: el 60% se encuentra en solo 9 países, mientras otros 80 enfrentan escasez. Poco menos de mil millones de personas consumen el 86% del agua existente mientras que para 1,400 millones es insuficiente (en 2020 serán tres mil millones) y para dos mil millones no es tratada lo que genera un 85% de las enfermedades comprobables. Se presume que en 2032 cerca de 5.000 millones de personas se verán afectadas por la crisis del agua. 

El problema no es la escasez de agua sino su mala gestión y distribución para atender las demandas humanas y de los demás seres vivos. Brasil es la potencia natural de las aguas, con el 13% de toda el agua dulce del planeta, con un total de 5,4 billones de metros cúbicos. A pesar de la abundancia, se desperdicia el 46% de ella, lo que daría para abastecer a toda Francia, Bélgica, Suiza y el Norte de Italia. Carecemos aún de una cultura del agua.

Por ser escasa, el agua dulce se ha convertido en un bien de alto valor económico. Como hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado, todo se transforma en mercancía. En función de esta “gran transformación” (Karl Polanyi), hoy en día hay una carrera mundial desenfrenada para privatizar el agua y obtener grandes lucro 

Así han surgido empresas multinacionales como las francesas Vivendi y Suez-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la americana Bechtel, entre otras. Se ha creado un mercado de las aguas de más de 100.000 millones de dólares. Ahí están fuertemente presentes Nestlé y Coca-Cola, buscando comprar fuentes por todas partes del mundo.

El gran debate hoy se presenta en estos términos: ¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro? ¿El agua es un bien natural, vital, común e insustituible o un bien económico a ser tratado como recurso hídrico y como mercancía?

Para empezar es importante reconocer que el agua no es un bien económico como cualquier otro. Ella está tan ligada a la vida que debe ser entendida como algo vital y sagrado. La vida no puede ser transformada en mercancía. Es uno de los bienes más excelentes del proceso evolutivo y unos de los mayores dones divinos. Además, el agua está ligada a otras dimensiones culturales, simbólicas y espirituales que la hacen preciosa y cargada de valores que en sí no tienen precio. 

Para entender la riqueza del agua que transciende su dimensión económica, necesitamos romper con la dictadura de la razón instrumental-analítica y utilitarista, impuesta a toda la sociedad. Esta ve el agua como mero recurso hídrico con el cual se puede hacer negocios. Atiende solo a finalidades y utilidades. Pero el ser humano tiene otros ejercicios de su razón. Existe la razón más ancestral, sensible, emocional, cordial y espiritual. Este tipo de razón va más allá de finalidades y utilidades. Esta razón está ligada al sentido de la vida, a los valores, al carácter simbólico ético y espiritual del agua.

En esta perspectiva, el agua se considera un bien común natural, como fuente y nicho donde hace 3,800 millones de años surgió la vida en la Tierra. El agua es un bien común público mundial. Es patrimonio de la biosfera y vital para todas las formas de vida. No existe vida sin agua.

Obviamente, las dimensiones del agua como fuente de vida y como recurso hídrico no necesitan excluirse, pero deben ser rectamente relacionadas. Fundamentalmente el agua pertenece al derecho a la vida. 

La ONU declaró el día 28 de julio de 2010 que el agua limpia y segura, así como el saneamiento básico, constituye un derecho humano fundamental.

Pero ella demanda, sí, una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, lo que implica una innegable dimensión económica. Esta, sin embargo, no debe prevalecer sobre la otra, la del derecho, sino que debe hacer el agua accesible a todos. Se debe garantizar a todos gratuitamente por lo menos 50 litros de agua potable y sana al día. Cabe al poder público junto con la sociedad organizada crear la financiación pública para cubrir los costos necesarios para garantizar ese derecho de todos. Las tarifas para los servicios deben contemplar los diversos usos del agua, ya sea doméstico, industrial, agrícola o recreativo. Para los usos en la industria y en la agricultura, evidentemente, el agua esta sujeta a precio.

La visión predominante mercadológica distorsiona la correcta relación entre el agua como fuente de vida y el agua como recurso hídrico. Esto se debe fundamentalmente a la exacerbación de la propiedad privada que hace que se trate al agua sin el sentido de compartir ni de considerar las demandas de los demás y de toda la comunidad de vida.

Es todavía muy débil el principio de solidaridad social y de comunidad de intereses y del respeto por las cuencas hidrográficas que transcienden los límites de las naciones como ocurre, por ejemplo, entre Turquía de una parte y Siria e Iraq de otra, o entre Israel de un lado y Jordania y Palestina del otro, o también entre USA y México en lo que se refiere a los ríos Río Grande y Colorado.

Para discutir todas estas cuestiones vitales se creó en 2003 en Florencia, Italia, el Fórum Mundial Alternativo del Agua. En él se propuso la creación de una Autoridad Mundial del Agua. Ella sería una instancia de gobierno público, cooperativo y plural para tratar del agua a nivel de las grandes cuencas hídricas internacionales así como su distribución más equitativa según las demandas regionales.

Paralelamente, se formó una articulación internacional con vistas a un Contrato Mundial del Agua. Como no existe un contrato social mundial, podría elaborarse en torno a aquello que efectivamente une a todos, que es el agua, de la cual depende la vida de las personas y de los demás seres vivos. De manera semejante ahora con la irrupción de la Covid-19, urge un contrato mundial de salvaguarda de la vida humana, mas allá de cualquier soberanismo, visto como algo superado, de otro tiempo histórico.

Un papel importante es presionar a los gobiernos y a las empresas para que el agua no se lleve a los mercados ni se considere una mercancía. Es importante fomentar la cooperación público-privada para evitar que tanta gente muera por falta de agua o como resultado de un agua mal tratada. Cada día, 6.000 niños mueren de sed y unos 18 millones de niños y niñas dejan de ir a la escuela porque se ven obligados a ir a buscar agua a 5-10 km de distancia. Es importantísimo conservar los bosques y las selvas en pie y reforestar lo más posible. Son los que garantizan la permanencia del agua, alimentan los acuíferos, así como mitigan el calentamiento global mediante la captación de dióxido de carbono y la producción de oxígeno vital.

Un mundo con hambre cero, preconizado desde hace años por los Objetivos del Milenio de la ONU debería incluir la sed cero, porque el agua es alimento y no hay nada que pueda vivir y ser consumido sin agua. Finalmente, el agua es vida, generadora de vida y uno de los símbolos más poderosos de la vida eterna, ya que Dios aparece como vivo, generador de toda vida y fuente infinita de vida.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, ha escrito El doloroso parto de la madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Água: fonte de vida ou fonte de lucro? Contra a privatização da água.

Hoje há duas questões maiores que afetam toda a humanidade: o aquecimento global e a crescente escassez de água potável. Ambas obrigam a profundas mudanças no nosso modo de viver,pois podem produzir um colapso de nossa civilização e afetar profundamente o sistema-vida.

Atenhamo-nos à questão da água, cobiçada pelas grandes corporações para privatizá-la e lucrar enormemente. Ela pode ser motivo de guerras como de solidariedade social e cooperação entre os povos. Já se disse que se as guerras do século XX eram por petróleo, as do século XXI serão por água potável. Não obstante isso, ela pode ser referência central para um novo pacto social mundial entre os povos e governos em vista da sobrevivência de todos

Consideremos  os dados básicos acerca da água. Ela é extremamente abundante e ao mesmo tempo escassa.

Existe cerca de um bilhão e 360 milhões de km cúbicos de água na Terra. Se tomarmos toda essa água que está nos oceanos, lagos, rios, aquíferos e calotas polares e distribuíssemos equitativamente sobre uma superfície terrestre plana, toda a Terra ficaria mergulhada na água a três km de profundidade. 97% é água salgada e  3% é água doce. Mas somente 0,7% desta é diretamente acessível ao uso humano. Destes 0,7, 70% vão para a agricultura,22% para a indústria e o restante para o uso humano e a animal.

A renovação das águas é da ordem de 43 mil km cúbicos por ano, enquanto o consumo total é estimado em 6 mil km cúbicos por ano. Há, portanto, superabundância de água mas desigualmente distribuída: 60%  se encontra em apenas 9 países, enquanto 80 outros enfrentam escassez. Pouco menos de um bilhão de pessoas consome 86% da água existente enquanto para 1,4 bilhões é insuficiente (em 2020 serão três bilhões) e para dois bilhões, não é tratada, o que gera 85% das doenças constatáveis. Presume-se que em 2032 cerca de 5 bilhões de pessoas serão afetadas pela crise de água.

O problema não é a escassez de água mas sua má gestão e distribuição para atender as demandas humanas e dos demais seres vivos.

O Brasil é a potência natural das águas, com 13% de toda água doce do Planeta perfazendo 5,4 trilhões de metros cúbicos. Apesar da abundância, 46% dela é desperdiçada, o que daria para abastecer toda a França,  a Bélgica, a Suíça e o Norte da Itália.Carecemos ainda de uma cultura da água.

Por ser escassa, a água doce se tornou um bem de alto valor econômico. Como passamos de uma economia de mercado para uma sociedade de marcado,tudo se transforma em mercadoria. Em função desta “grande transformação”(Karl Polaniy) verifica-se hoje,  uma corrida mundial desenfreada para privatizar a água e ter grandes lucros. Assim surgiram as empresas multinacionais como as francesas Vivendi e Suez-Lyonnaise, a alemã RWE, a inglesa Thames Water e a americana Bechtel, entre outras. Criou-se um mercado das águas que envolve mais de 100 bilhões de dólares. Ai estão fortemente presentes a Nestlé e a Coca-Cola, buscando comprar fontes por toda a parte no mundo.

O grande debate hoje se trava nestes termos: A água é fonte de vida ou fonte de lucro? A água é um bem natural, vital, comum e insubstituível ou um bem econômico a ser tratado como recurso hídrico e como  mercadoria?

Importa, de saída, reconhecer que a água não é um bem econômico como qualquer outro. Ela está tão ligada à vida que deve ser entendida como algo vital e sagrado. A vida não pode ser transformada em mercadoria. É um dos bens mais excelentes do processo da evolução e um dos maiores dons divinos. Ademais, a água está ligada a outras dimensões culturais, simbólicas e espirituais que a tornam preciosa e carregada de valores que em si não têm preço.

Para entendermos a riqueza da água que transcende sua dimensão econômica, precisamos romper com a ditadura da razão instrumental-analítica e utilitarista, imposta à toda a sociedade. Esta vê a água como mero recurso hídrico com o qual se pode fazer negócios. Só atende a finalidades e utilidades. Mas o ser humano tem outros exercícios de sua razão. Há a razão mais ancestral, sensível, emocional, cordial e espiritual.Este tipo de razão vai além de finalidades e utilidades.Esta razão está ligadas ao sentido da vida, aos valores, ao caráter simbólico ético e espiritual da água.

Nesta perspectiva, a água comparece como um bem comum natural, como fonte e o nicho de onde há 3,8 bilhões  de anos surgiu a vida na Terra. A água é um bem comum publico mundial.  É patrimônio da biosfera e vital para todas as formas de vida. Não o existe vida sem a água.

Obviamente, as dimensões de água como fonte de vida e de recurso hídrico não precisam se excluir, mas devem ser retamente relacionadas. Fundamentalmente a água pertence ao direito à vida. A ONU declarou no dia 28 de julho de 2010 que a água limpa e segura bem como o saneamento básico constituem um direito humano fundamental.

Mas ela demanda, sim, uma complexa estrutura de  captação, conservação, tratamento e distribuição, o que implica uma inegável dimensão econômica. Esta, entretanto, não deve prevalecer sobre a outra, ao direito, mas deve  tornar a água acessível a todos.

Deve-se garantir a todos gratuitamente pelo menos 50 litros de água potável e sã. Cabe ao poder publico junto com a sociedade organizada criar um financiamento público para cobrir os custos necessários para garantir esse direito de todos. As tarifas para os serviços devem contemplar os diversos usos da água, se doméstico, se industrial, se agrícola, se  recreativo. Para os usos na indústria e na agricultura, evidentemente, a água é sujeita a preço.

A visão predominante mercadológica, distorce a reta relação entre agua como fonte de vida e água como recurso hídrico. Isso se deve fundamentalmente à exacerbação da propriedade privada que faz com que se trate a água sem o sentido de partilha e de consideração das demandas dos outros e de toda a comunidade de vida.É muito débil ainda, o princípio da solidariedade social e da comunidade de interesse e do respeito pelas bacias hidrográficas que transcendem os limites das nações como ocorre, por  exemplo, entre a Turquia de um lado e a Siria e o Iraque do outro, ou entre Israel de um lado e a Jordânia e a Palestina do outro ou mesmo entre os USA e o México ao redor dos rios Rio Grande e Colorado.

Para discutir todas estas questões vitais criou-se em 2003 em Florença na Itália o Fórum Mundial Alternativo da Agua. Ai foi proposta a criação de uma  Autoridade Mundial da Água.  Ela seria uma instância de governo publico, cooperativo e plural para tratar  da água a nivel das grandes bacias hídricas internacionais e de sua distribuição mais equitativa  segundo as demandas regionais.

Paralelamente, formou-se uma articulação internacional em vista de um Contrato Mundial da Água.Como inexiste um contrato social mundial, poderia se elaborar ao redor daquilo que efetivamente une a todos que é  a água, da qual depende a vida das pessoas e dos demais seres vivos. Semelhantemente agora com a intrusão do Covid-19,urge um contrato mundial de salvaguarda da vida humana para além de qualquer soberanismo, visto como algo ultrapassado, de outro tempo histórico.

Função importante é pressionar os Governos e as empresas para que a água não seja levada aos mercados nem seja considerada mercadoria. Importa incentivar a cooperação publico-privado para impedir que tantos morram em consequência da falta de água ou em consequência de águas maltratadas.

Diariamente morrem 6 mil crianças de sede e cerca de 18 milhões de meninos/meninas deixem de ir para  a escola porque são obrigadas a buscar água a 5-10  km de distância

Importantíssimo é preservar as florestas em pé e reflorestar o mais possível.São elas que garantem a permanência da água,alimentam os aquíferos além de amenizar o aquecimento global pelo sequestro do dióxido de carbono e a produção de oxigênio vital.

Uma fome zero mundial, preconizada há anos pelas Metas do Milênio da ONU deve incluir a sede zero, pois a água é alimento e não há nada que possa viver e ser consumido sem a água.

Por fim, a água é vida, geradora de vida e um dos símbolos mais poderosos da vida eterna, já que Deus aparece como vivo,o gerador de toda vida  e fonte infinita de vida.

Leonardo Boff, ecoteólogo e escreveu O doloroso parto da mãe Terra:um sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social,  Vozes , 202.

Sofer with those who suffer: the actuality of compassion

Leonardo Boff

A cloak of suffering and pain covers the whole of humanity, threatened by Covid-19. The culture of capital, in which we live, is characterized by individualism and a crying lack of cooperation. The Pope, on the Italian island of Lampeduza, seeing hundreds of Africans arriving by boat from Africa and being unwelcomed by the local population, said almost in tears: “Our modern culture has robbed us of compassion for our fellow human beings; we have become incapable of crying.

It seems that the inflation of instrumental and analytical rationality has caused us a kind of lobotomy: we have become insensitive to the suffering of others. The current president is the most tragic proof of this indifference. He has never visited a hospital overcrowded with people contaminated by Covid-19, many of them suffocating to death.

The pandemic made us discover our deep humanity: the centrality of life, the interdependence among all, the solidarity and the necessary care. It made us more sensitive. It brought back compassion.

Compassion is the ability to feel and share the passion of the other, to whisper words of hope into the ear, to offer a shoulder and say that you are there for them come and go, to be able to cry together but also to encourage each other.

Compassion is a transcultural human feeling. It can be found in all cultures: everyone bends over the fallen and bends down before the dignity of the suffering of the other.

Some time ago an ancient Egyptian tomb was discovered with this inscription, full of compassion: “I was someone who listened to the widow’s complaint; I was someone who wept for a misfortune and consoled the downcast; I was someone who heard the sobbing of the orphan girl and wiped her tears; I was someone who had compassion on a desperate woman.

Today the relatives of those killed and affected by Covid-19, which left in its victims severe sequelae, call us to live this better side of our humanity: compassion. St. Thomas Aquinas wrote in his Summa Theologica that compassion is more excellent than love for one’s neighbor; the latter is directed toward the other; compassion is directed toward the other who suffers.

From quantum physics, contemporary cosmology, and bioanthropology we learn that the fundamental law of all things and of the entire universe is not competition and the triumph of the most capable of adaptation, but the cooperation and synergy of all with all. Even the smallest and weakest has the right to live, because it has its place among all beings and carries within it a message to be heard by all. In this field, compassion among all beings other than humans also applies.

The following legend is told about St. Francis, who was especially compassionate with lepers, with the worm that could not make a hole in the hard soil of the road and who was compassionate enough to remove it and bring it to the damp earth, or with the broken twig:

He found a boy who was carrying in a cage doves to be sold in the market. He begged him: “Good child, give me these humble and innocent little doves so that they will not be killed and eaten by men. The boy, touched by St. Francis’ innocent love, gave him the cage with the doves. Whispering, St. Francis said to them: “my dear little sisters, foolish and simple, why have you let yourselves be caught? Behold, I am coming to set you free. He opened the cage. Instead of flying out, they went lining up on his chest and in his hood and did not want to leave. St. Francis took them to the hermitage and told them, “multiply as your Creator wills. They had many chicks. They did not leave the company of St. Francis and the friars, as if they were domestic. They only took off and flew away when St. Francis blessed them and let them go.

As can be seen, compassion, along the lines of Buddhism and Arthur Schopenhauer’s “Fundamentals of Morals” (1840), all founded on unlimited compassion for all beings, is not only important for those who are currently suffering, but for all of creation.

Let’s conclude with the inspiring words of the Dalai Lama: “Whether you believe in God or not, whether you believe in Buddha or not Even if you can’t help them with money, it’s still always worthwhile to express moral support and empathy. This should be the basis of our action. Whether we call it religion or not is the least of our concerns” (Logic of Love, 1998).What matters is compassion.

Leonardo Boff wrote Principle of Compassion and Care: the encounter between East and West, Vozes 2009.

Sufrir con quien sufre: la actualidad de la compasión

Leonardo Boff*

Un manto de sufrimiento y de dolor cubre toda la humanidad, amenazada por la Covid-19. La cultura del capital, dentro de la cual vivimos, se caracteriza por el individualismo y por una clamorosa falta de cooperación. El Papa, en la isla italiana de Lampedusa, al ver a cientos de africanos que llegaban en barco desde África y eran mal acogidos por la población local, dijo casi entre lágrimas: “nuestra cultura moderna nos ha arrebatado la compasión por nuestros semejantes; nos hemos vuelto incapaces de llorar”.Parece que la inflación de racionalidad instrumental y analítica nos ha producido una especie de lobotomía: nos hemos hecho insensibles al sufrimiento del otro.

El presidente actual es la comprobación más trágica de esta indiferencia. Jamás visitó un hospital a tope de personas contaminadas de Covid -19, muchas muriendo asfixiadas. Sin ningún sentimiento leyó en un discurso público una fría frase que le prepararon, pero se sentía que no venía de un corazón sensibilizado por las casi 600 mil vidas truncadas por su política necrófila.

La pandemia nos está haciendo descubrir nuestra humanidad profunda: la centralidad de la vida, la interdependencia entre todos, la solidaridad y el cuidado necesario. Nos hace más sensibles. Ha traído de vuelta la compasión. Tener compasión no es tener pena de los otros, mirándolos desde arriba. Compasión es la capacidad de sentir y compartir la pasión del otro, decirle al oído palabras de esperanza, ofrecerle un hombro y decirle que estás ahí, a su lado para lo que sea, es ser capaz de llorar juntos pero también de animarse mutuamente.

La compasión es un sentimiento humano transcultural. Se encuentra en todas las culturas: todos se inclinan sobre el caído y ante la dignidad del sufrimiento del otro. 

Tiempo atrás en un ancestral túmulo egipcio se descubrió esta inscripción, llena de compasión:

“Yo fui alguien que escuchó la queja de la viuda: fui alguien que lloró por una desgracia y consoló al abatido; fui alguien que oyó el sollozo de la niña huérfana y le enjugué las lágrimas; fui alguien que tuvo compasión de una mujer desesperada”. 

Hoy los familiares de los muertos y afectados por la Covid-19, que ha dejado en los curados secuelas graves, nos convocan a vivir este lado mejor de nuestra humanidad: la compasión. Santo Tomás de Aquino escribió en su Suma Teológica que la compasión es más excelente que el amor al prójimo. Este se dirige al otro; la compasión se dirige al otro que sufre.

Aprendemos de la física cuántica, de la cosmología contemporánea y de la bioantropología que la ley fundamental de todas las cosas y de todo el universo no es la competición y el triunfo del más capaz de adaptación sino la cooperación y la sinergia de todos con todos. Hasta el más pequeño y débil tiene derecho a vivir pues posee su lugar en el conjunto de los seres y lleva en sí un mensaje a ser oído por todos.

En este campo también vale la compasión entre todos los seres más allá de los humanos. De San Francisco, que se compadecía especialmente de los hansenianos (leprosos), de la lombriz que no conseguía hacer un hueco en el suelo duro del camino, la sacaba, compasivo, y la llevaba a la tierra húmeda, o de la rama rota, se cuenta la siguiente leyenda:

“Una vez encontró a un niño que llevaba una jaula llena de palomas para venderlas en el mercado. Le pidió: “buen niño, dame estas palomas tan humildes e inocentes para que no sean muertas y comidas por los hombres”. El niño, tocado por el amor inocente de San Francisco, le dio la jaula con las palomas. San Francisco les dijo susurrando: “mis queridas hermanitas, sencillas y simples, ¿por qué os dejasteis atrapar? Yo voy a liberaros”. Abrió la jaula pero en vez de salir volando, fueron a colocarse en su pecho y no se querían ir. San Francisco las llevó a la ermita y les dijo: “multiplicaos como lo quiere vuestro Creador”. Tuvieron muchos pichoncitos. No salían de la compañía de San Francisco y de los frailes, como si fuesen domésticos. Sólo levantaron el vuelo y salieron volando por los aires cuando San Francisco las bendijo y las dejó ir”.

Como se deduce, la compasión, en la línea del budismo y de Arthur Schopenhauer en su Fundamento de la moral (1840), fundada en la ilimitada compasión para con todos los seres, no es solo importantísima para quien está sufriendo actualmente sino para toda la creación.

Concluyamos con las palabras inspiradoras del Dalai Lama:

“Ya crea o no crea usted en Dios, ya crea en Buda o no… tenemos que participar en los sufrimientos de las otras personas. Aunque uno no pueda ayudarlas con dinero, siempre es válido expresar apoyo moral y empatía. Esta debe ser la base de nuestro actuar. Que a esto le llamemos religión o no, es lo que menos importa” (Lógica del amor, 1998). Nuestra conclusión: Lo que importa es la compasión más allá de cualquier diferencia o singularidad.

Leonardo Boff ha escrito Principio de Compasión y Cuidado: el encuentro entre oriente y occidente, Vozes 2009.

Traducción de Mª José Gavito Milano