El fundamentalismo como enfermedad

Todo lo que está sano puede enfermar. La religión, al contrario de lo que dicen sus críticos como Freud, Marx, Dawkins y otros, se inscribe dentro de una realidad saludable: la búsqueda de la Última Realidad por el ser humano, que da un sentido último a la historia y al universo. Esa búsqueda es legítima y se encuentra atestiguada en las más antiguas expresiones del homo sapiens/demens, pero puede conocer expresiones enfermizas. Una de ellas, la más frecuente hoy, es el fundamentalismo religioso, que también se manifiesta donde reina el pensamiento único en política.

El fundamentalismo no es una doctrina en sí, sino una actitud y una forma de vivir la doctrina. La actitud fundamentalista surge cuando la verdad de su iglesia o de su grupo es entendida como la única legítima con exclusión de todas las demás, consideradas erróneas y por eso sin derecho a existir. Quien imagina que su punto de vista es el único válido está condenado a ser intolerante. Esta actitud cerrada conduce al desprecio, a la discriminación y a la violencia religiosa o política.

El nicho del fundamentalismo se encuentra históricamente en el protestantismo norteamericano de finales del siglo XIX cuando irrumpió la modernidad no solo en lo tecnológico, sino también en las formas democráticas de convivencia política y en la liberalización de las costumbres. En este contexto surgió una fuerte reacción por parte de la tradición protestante, fiel a los ideales de los «padres fundadores», todos procedentes del rigorismo de la ética protestante. El término fundamentalismo está unido a una colección de libros publicados por la Universidad de Princeton por los presbiterianos que llevaba por título Fundamentals. A Testimony of Truth, (1909-1915: “Los fundamentos, el testimonio de la verdad”).

En esta colección se proponía un antídoto a la modernización: un cristianismo riguroso, dogmático, fundado en una lectura literalista de la Biblia, considerada infalible e inequívoca en cada una de sus palabras, por ser considerada Palabra de Dios. Se oponían a toda interpretación exegético-crítica de la Biblia y a la actualización de su mensaje para los contextos actuales.

Esta tendencia fundamentalista ha estado siempre presente desde entonces en la sociedad y en la política norteamericana. Adquirió expresión religiosa en las llamadas «electronic Churches», esas iglesias que se valen de los modernos medios televisivos de comunicación que cubren el país de costa a costa y que tienen otras semejantes en Brasil y en América Latina. Combaten a los cristianos liberales, los que practican una interpretación científica de la Biblia y aceptan los movimientos modernos de las feministas, de los homoafectivos, de los que defienden la descriminalización del aborto. Todo eso es interpretado por ellos como obra de Satanás.

La vertiente política asimiló a la religiosa, uniéndola a la ideología política del «destino manifiesto», creada después de la incorporación de territorios de México por parte de Estados Unidos, según la cual los norteamericanos tienen el destino divino de llevar claridad, los valores de la propiedad privada, del libre mercado, de la democracia y de los derechos a todos los pueblos, como lo afirmó el segundo presidente de Estados Unidos, John Adams. Como rezaba la versión popular y política, los americanos son «el nuevo pueblo escogido» que va a llevar a todos a la «Tierra de Emanuel, sede de aquel Reino nuevo y singular que será concedido a los Santos del Altísimo» (K. Amstrong, En nombre de Dios, Companhia das Letras, São Paulo 2001).

Esa amalgama religioso-política ha dado origen a la arrogancia y al unilateralismo en las relaciones internacionales de la política exterior norteamericana que perdura también bajo Barack Obama.

Un tipo semejante de fundamentalismo lo encontramos en grupos católicos extremadamente conservadores que todavía sostienen que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Se afanan en convertir al mayor número de personas que pueden para librarlas del infierno. Algunos grupos evangélicos, especialmente en sectores de las iglesias carismáticas con sus programas de TV, revelan discursos fundamentalistas, particularmente de cara a las religiones afrobrasileras, pues consideran sus celebraciones como obras de Satanás. De ahí los frecuentes exorcismos y hasta invasiones de terreiros para «purificarlos» del Exu.

El fundamentalismo más visible tanto en grupos católicos como en algunos grupos evangélicos se muestra en las cuestiones morales: son inflexibles ante los problemas del aborto, las uniones de los homoafetivos, el empeño de las mujeres por su libertad de decisión. Promueven verdaderas guerras ideológicas en las redes sociales y medios de comunicación contra todos los que discuten tales cuestiones, aunque estas formen parte de la agenda de todas las sociedades abiertas.

Lamentablemente tenemos una candidata a la presidencia de la República, Marina Silva, que manifiesta un tipo de fundamentalismo que es el biblicismo. Hace una lectura literalista de la Biblia, como si en ella se encontrase la solución de todos los problemas. Como bien dijo el Papa Francisco, la Biblia antes que un depósito de verdades es una fuente inspiradora para la iniciativas humanas benéficas. Hay que ponerla detrás de la cabeza para iluminar la realidad, no delante de los ojos, tapando así la realidad.

El Estado brasilero es laico y pluralista. Acoge todas las religiones sin adherirse a ninguna. Según la constitución no es lícito que una determinada religión imponga a toda la nación sus puntos de vista. Una autoridad puede tener sus convicciones religiosas pero no es por ellas, sino por las leyes como debe gobernar. Existen cuatro evangelios, no solo uno. Y todos ellos conviven entre sí en la diversidad de las interpretaciones que dan del mensaje de Jesús. Es un ejemplo de la riqueza de la diversidad. El mismo Dios es la convivencia eterna de Tres Divinas Personas que por el amor forman un sólo Dios. La diversidad es fecunda.

Traducción de Mª José Gavito Milano

João Pedro Stédile: O fim de um ciclo e a necessidade de avançar

O gaúcho João Pedro Stédile, 60 anos, um dos fundadores e principal dirigente do Movimento dos Trabalhadores Sem Terra (MST), é umas lideranças populares mais lúcidas do país. Sempre apoiou o PT mas nunca renunciou à crítica pertinente e por vezes severa. Mas não entrega as conquistas históricas que o povo logrou nos últimos anos, e pela primeira vez na história, às classes dominantes. Por exemplo se pergunta: como é possível conceber um partido que tem 800 mil filiados, mas não tem cursos de formação política, não tem sequer um jornal nacional que oriente o debate e a militância? Vale a pena ler a entrevista que concedeu a Carta Maior de 2/10/2014. Sinto afinidade com suas ideias e propostas, embora daria mais acento à ideia da democracia social, participativa e sem fim: LBoff



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O MST tem se posicionado criticamente em relação ao governo, sobretudo na questão agrária, mas não só. Em quem você vai votar no domingo?

Stédile –Vou votar na Dilma, no Tarso Genro, no Olívio Dutra e nos candidatos a deputado que o MST apoia no Rio Grande do Sul. Eu e a ampla maioria do povo brasileiro queremos, no entanto, mudanças. Mudanças para melhorar as condições de vida do povo. O neodesenvolvimentismo praticado até agora foi importante para barrar o neoliberalismo e gerar uma transição. Resgatou-se o papel do Estado e o crescimento com distribuição da renda. Porém, essa política se esgotou, tanto é que vários setores da burguesia agora estão na oposição. E se esgotou também por conta da conjuntura econômica internacional. O próximo mandato precisa fazer mudanças estruturais, que alterem a política econômica e com ela o superávit primário e a matriz tributária. São requisitos para canalizar recursos necessários aos 10% do PIB na educação, à saúde, moradia, reforma agrária e aos pesados investimentos em transporte público de qualidade, que a população cobra. No campo político, é necessário convocar uma assembleia constituinte. É o único caminho para uma profunda reforma no sistema política. Queremos mudanças também na forma de conduzir a política agrícola e agrária. Se o governo Dilma não tiver forças para caminhar nessa direção teremos quatro anos de instabilidade politica. O povo voltará as ruas.

Por que, em sua opinião, os governos do PT não cumpriram integralmente as agendas e compromissos firmados com os movimentos sociais?



Stédile— Bem, em primeiro lugar, não considero os governos Lula e Dilma do PT, propriamente. Foram governos de composição de classes, em que estavam todas as classes sociais, desde o banqueiro Meireles, até os mais pobres do Bolsa Família. Em termos partidários houve uma coalização com mais de dez partidos, com o eterno peso conservador do PMDB e demais oportunistas. Por outro lado, foram governos que ainda viveram um período histórico de refluxo dos movimentos massas, derrotados política e ideologicamente na década de 80, e que não conseguiram ainda retomar a ofensiva da luta nas ruas. E por fim, o PT como maior partido da esquerda, com toda sua influencia nas massas e nas organizações populares, abdicou de seu papel de organizador político, renunciou ao dever de formador ideológico, resignou-se ao medíocre papel de disputar cargos públicos. Por isso, esclerosou-se ideologicamente. Esperamos que no próximo período haja uma retomada do movimento de massas. As mobilizações de junho já foram um sinal de alerta. E o plebiscito pela Constituinte da reforma política, com quase oito milhões de eleitores participando, outro.

Diante da frente única conservadora –que por um momento parecia levar Marina à vitória contra Dilma– o PT mudou seu discurso. Em SP, em um balanço da campanha, no dia 5 de setembro, Lula disse que era preciso demarcar o campo de classe da eleição. É um sinal de mudança também?

Stédile–A candidatura Dilma teve a sorte de que a burguesia se dividiu: parte a apoia; parte ao Aécio e parte a Marina. Eles não encontraram uma liderança que pudesse expressar a vontade de mudanças da ótica da direita. Nem Aécio, nem Marina expressam isso. As campanhas eleitorais foram sequestradas pelo financiamento das empresas e pela lógica dos marqueiteiros. Isso tirou o povo da disputa real. Pior: tirou a possibilidade de debate real sobre os problemas do país. Virou uma disputa de marqueteiro. As pessoas que estão na rua com propaganda o fazem por DINHEIRO. É emprego, não convicção. É mais uma evidência da crise de participação e representação. Creio que Lula, porém, que ainda é a maior liderança popular que temos, percebeu isso, e foi o grande destaque dos comícios e intervenções nessa campanha, porque fez a leitura da situação da luta de classes, e defendeu a necessidade de uma assembleia constituinte para fazer uma profunda reforma política, que recoloque o povo, a militância e a luta por ideias e projetos no centro da disputa.

O peso da correlação de forças explica, em parte, o engessamento de muitas bandeiras progressistas. Por que em 12 anos de governos progressistas não se conseguiu mudar essa correlação de forças?

Stédile— Por vários fatores conjugados. A derrota de 89, a hegemonia do neoliberalismo e império onipotente dos Estados Unidos, impuseram uma derrota política, econômica e ideológica a toda classe trabalhadora no mundo. Essas derrotas, em geral demoram uma geração para que a classe entenda, amadureça e volte a tomar iniciativa da luta. O processo de desindustrialização de nossa economia, por outro lado, quebrou a espinha da classe operária industrial, que era nosso setor mais organizado, mais forte e mais politizado, no qual Lula e o PT foram gerados. Estamos ainda vivendo uma crise ideológica na esquerda mundial. Falta-nos um projeto claro de transição do capitalismo para o socialismo. Isso tudo dificulta a construção de processos unitários e de programas de curto prazo para as forças populares, que mudem a correlação de forças. E por fim, porque o PT, sendo o maior partido de esquerda, como disse, não conseguiu levar adiante a formação política e a disputa ideológica entre seus militantes e na sociedade. Não se pode conceber que um partido que tenha 800 mil filiados, não tenha cursos de formação política, não tenha sequer um jornal nacional que oriente e debata com a militância política

Em que medida o monólogo conservador da mídia interdita essa mudança na correlação de força

?

Stédile-– A burguesia faz sua parte para manter a hegemonia econômica, política e ideológica na sociedade. Ela não fica esperando por nós. Para isso, controla e opera três instrumentos políticos simultaneamente. Em primeiro lugar, tem o controle absoluto do poder judiciário –basta ver o comportamento do STF no processo AP 470, ou a desfaçatez de juízes que se atribuem um auxílio moradia de 4.600, reais por mês, ao mesmo tempo em que não hesitam em autorizar ações de despejo contra todas ocupações dos que lutam pelo direito à habitação . Em segundo lugar, controla o parlamento, cada vez mais refém das 117 empresas que financiam 90% das campanhas dos candidatos nesse país. Transformaram o parlamento num balcão de negócios e trincheira de ideias conversadoras para a destruição dos direitos conquistados desde 1988, na Constituinte. E por último, controla de forma absoluta os meios de comunicação de massa. A Globo é hoje o principal partido ideológico da burguesia brasileira. É ela que exerce o papel de orientador político e de formação ideológica das massas, com as ideias da burguesia. Por isso é fundamental uma reforma política ampla e profunda, que envolva não só a forma de eleger os candidatos ao governo e ao parlamento.
Mas também o papel do poder do judiciário e a democratização dos meios de comunicação. Sem isso não teremos democracia. Nem a burguesa!

Diante da fragilidade de suas apostas eleitorais, o conservadorismo já faz baldeação para um outro comboio: a tese de que um ‘ajuste doloroso’ na economia será inevitável em 2015, ganhe que ganhar. Trata-se de uma tentativa de desossar um segundo governo Dilma por antecipação?



Stédile — A burguesia usará todas as armas que mencionamos para radicalizar a subordinação do Brasil à economia dos Estados Unidos, vale dizer, aos interesses dos bancos e das corporações internacionais. Querem o país como mero exportador de commodities, minerais, energéticas e agrícolas. Mas isso não gera empregos e nem desenvolve a economia. O pré-sal pode ter um papel, porém setorial. Nós, dos movimentos sociais, lutaremos para que haja mudança efetiva. Isso inclui mudar a política burra do superávit primário para pagar juros a 15 mil famílias, e redirecionar os recursos a investimentos produtivos, educação, saúde e transporte público. Precisamos de uma reforma tributária que inverta a matriz atual, que só penaliza os trabalhadores. O governo deve controlar a taxa de juros, não só a Selic, mas também as taxas impostas pelos bancos ao povo, que paga em média 48% de juros ao ano. E intervir no câmbio, para evitar que a indústria brasileira esfarele. Finalmente, é urgente revogar a lei Kandir. Essa é um absurdo.
 
Bilionárias exportações de commodities minerais, energéticas e agrícolas não pagam imposto no Brasil. Um DINHEIRO que poderia contribuir para investir em serviços públicos é legalmente sonegado à população. A Vale do Rio Doce, por exemplo, exportando bilhões e bilhões de toneladas de ferro e não paga nada de imposto. Somos o maior exportador de soja do mundo. E ninguém paga imposto! Na Argentina, os exportadores de soja pagam 40%. Como se vê, será um período de intensa disputa, em torno dos rumos da política econômica. E se a mudança frustrar o interesse dos trabalhadores, entraremos numa crise política grave.

O que você diria à juventude que hesita em votar em Dilma pelas razões discutidas acima?



Stédile –A juventude tem direito a ser desconfiada e votar em quem quiser. Há motivos para não acreditar até maiores do que para acreditar. Em função da conjuntura histórica exposta aqui, vivemos um período em que a juventude esteve ausente da política, e não pôde participar de nenhuma instituição. Nem na igreja, nem nos sindicatos, nem nos partidos. E muito menos nos governos, que só chamam as lideranças na hora em que a água ferve. Então, a juventude esta desanimada com a política institucional. É saudável. Se estivessem satisfeitos já estariam velhos e conservadores. Mas ela precisa participar da política de outra forma e mais intensa. Agora mesmo no mutirão do plebiscito pela Constituinte da reforma política, a condução do processo foi basicamente da juventude. Não basta, porém. Ela precisa se vincular às organizações da classe trabalhadora, para que juntos possamos construir um programa unitário de mudanças. Protesto é só o começo. Ele não constrói a mudança. A s mudanças virão de um programa unitário, que consiga aglutinar as forças organizadas do povo, da classe trabalhadora, tendo a juventude como participantes ativos. Nas eleições acho que a juventude vai ficar entre abstenção, voto nulo, voto na Dilma e na Luciana Genro. Percebo que a juventude que votou na Marina em 2010 desencantou-se com ela.

No documentário, ‘Em busca da terra sem veneno’, você aponta a necessidade de um aggiornamento da bandeira da reforma agrária. Que reforma agrária responde aos desafios do século XXI?

Stédile— No século passado, a reforma agrária respondia a uma necessidade de democratizar a propriedade da terra. A luta principal, portanto, era contra o latifúndio, em geral improdutivo. De um modo geral, esse programa de reforma clássico ocorreu no âmbito de governos burgueses nacionalistas. No Brasil, nunca conseguimos fazer esse tipo de reforma agrária. O mais próximo disso ocorreu na crise de 64, com a proposta de reforma do Celso Furtado- Goulart. O MST se desenvolveu com base nesse programa, de terra para quem nela trabalha.
 
Infelizmente, ele não se realizou no Brasil. Agora, com o capitalismo financeiro e as corporações transnacionais dominando a agricultura, a disputa não é apenas por terra. A disputa é pelo modelo de produção agrícola. A disputa é pelo destino dos recursos naturais. Precisamos mudar o modelo. Em primeiro lugar, para produzir alimentos sadios a toda sociedade. Comida sem veneno. Ao mesmo tempo, adotar a matriz tecnológica da agroecologia: produzir em equilíbrio com a natureza, sem destruir a biodiversidade que altera o meio ambiente e o clima. E precisamos organizar agroindústrias na forma cooperativa, para processar esses alimentos. Por isso, agora estamos diante de um novo modelo que chamamos de reforma agrária popular.

Essa é uma bandeira que não interessa apenas ao camponês, que antes queria apenas terra para trabalhar. Agora, as mudanças, interessam a todo povo. Interessa a quem não quer adoecer ou morrer de câncer por conta da ingestão de agrotóxico, que tem no Brasil o maior consumidor mundial. Interessa aos que sofrem na cidade, expulsos do campo; e aos que se preocupam com a desordem climática em curso, como o demonstra a falta de água em São Paulo. Esse será o futuro da agricultura, e na verdade, a única possibilidade de sobrevivermos.

Assista ao documentário ‘Em busca da terra sem veneno’

 

 

 

 

 

 

 

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Glaube und Politik jenseits von Fundamentalismus

Wir befinden uns in einer Wahlperiode. Viele Bereiche der verschiedenen Kirchen, einschließlich der römisch-katholischen Kirche, engagieren sich für Projekte für das Land und für Kandidaten, die mehrere Stellen besetzen sollen. Dies ist der Augenblick für die Klärung des Verhältnisses zwischen Glauben und Politik.

Zuerst einmal sollten wir zwischen Politik und Politik unterscheiden, bzw. zwischen Sozialpolitik und Parteipolitik.

Die Sozialpolitik bezieht sich auf das Gemeinwohl der Gesellschaft; so fällt z. B. die Organisierung des Gesundheitswesens, des Bildungssystems, der öffentlichen Verkehrsmittel, Löhne und Gehälter etc. unter die Sozialpolitik. Sich für ein nachbarschaftliches Gesundheitszentrum einzusetzen, sich zusammenzutun, um eine Buslinie bis auf einen Berggipfel fahren zu lassen, heißt sich in der Sozialpolitik zu engagieren.

Diese Art von Politik meint das gemeinsame Streben nach dem Gemeinwohl. Alle Bürgerinnen und Bürger, alle Christinnen und Christen, ob katholisch oder evangelisch, können und müssen auf diesem Level der Politik teilnehmen.

Die Parteipolitik steht für den Kampf um die Staatsgewalt, um die Kontrolle der städtischen, staatlichen und föderalen Regierungen. Die Funktion der politischen Parteien besteht darin, Macht zu erlangen, um dies zu ändern (Befreiungsprozess) oder Macht auszuüben, wie es sich zurzeit darstellt (den Staat so, wie er ist, zu regieren). Die Partei, wie dieser Ausdruck wörtlich impliziert, ist ein Teil, ein Stück der Gesellschaft, nicht die ganze Gesellschaft. Jede Partei repräsentiert die Interessen von Gruppen oder Klassen, welche Projekte für die ganze Gesellschaft in Angriff nehmen. Erlangen sie die Staatsgewalt (Regierung), werden sie versuchen, öffentliche Politik ihrem Programm gemäß und nach der Ausrichtung der parteilichen Perspektive in die Praxis umzusetzen.

Im Hinblick auf Parteipolitik ist es wichtig, Folgendes zu bedenken: das Programm der Partei zu verstehen; welchen Platz das Volk in diesem Programm einnimmt, ob das Programm an der Parteibasis diskutiert wurde, ob es die geschichtlichen Forderungen des Volkes in Betracht zieht; ob es die Partizipation des Volkes durch dessen Bewegungen und Organe in seiner Planung, Umsetzung und Kontrolle mit einschließt; wer sind die Kandidaten, die das Programm repräsentieren, wie sieht deren Biographie aus, stehen sie auf einer Schwarzen Liste, behielten sie stets einen organischen Bezug zur Basis bei, waren sie wahrhaft mit den Fragen nach Gerechtigkeit und notwendigen sozialen Veränderungen verbunden und waren sie deren Repräsentanten, oder wollen sie die sozialen Verhältnisse so belassen, wie sie sind mit allen Widersprüchen und den damit verbundenen Ungerechtigkeiten.

Diese Art von politischer Macht wurde in der Geschichte von unseren Eliten zu deren eigenem Profit ausgeübt, wobei sie das Subjekt aller Macht, das Volk, aus den Augen verloren.

Was hat Glaube mit all dem zu tun?

Glaube hat direkt mit Gott zu tun und mit Gottes Plan für die Menschheit, doch Glaube befindet sich inmitten der Gesellschaft und ist Schöpfer von Meinungen und Entscheidungen. Er funktioniert wie ein Fahrrad: Er hat zwei Räder, durch die er in der Gesellschaft effizient ist: das Rad der Religion und das Rad der Politik.

Das Rad der Religion nimmt konkrete Gestalt an durch Gebet, Zelebrationen, Predigten und durch das Lesen der Schriften.

Durch das Rad der Politik drückt sich der Glaube aus, indem Gerechtigkeit und Solidarität praktiziert werden und Korruption angeprangert wird. Wie wir sehen können, ist Politik hier ein Synonym für Ethos. Wir müssen lernen, das Gleichgewicht über die beiden Räder zu bewahren, um korrekt handeln zu können.

Für die Bibel ist das Rad der Politik als Ethos wichtiger als das Rad der Religion als Kult. Ohne Ethos wird der Glaube leer und trägt keine Frucht. Die Praxis ist wertvoll für Gott, nicht das Predigen. Besser als auszurufen „Herr, Herr!“, ist es, den Willen des Vaters zu tun, der in Liebe, Erbarmen und Gerechtigkeit besteht, d. h. in praktischen und daher ethischen Dingen.

Ganz konkret existieren Glaube und Politik gemeinsam im Leben des Volkes. Glaube beinhaltet Politik. d. h. ein Christ muss, weil er Christ ist, nach Gerechtigkeit und sozialem Wohlergehen streben; er/sie muss sich auch für Programme und Personen einsetzen, die so dicht wie möglich an dem sind, was wir unter dem Projekt Jesu und Gottes in der Geschichte verstehen. Papst Franziskus betonte dies, als er sich in Brasilien aufhielt.

Doch Glaube reicht über Politik hinaus, denn Glaube bezieht sich auch auf das ewige Leben, auf die Auferstehung des Fleisches, auf die Transformation des Universums, etwas, das weder Sozialpolitik noch eine politische Partei oder ein Staat versprechen können.

Der Übergang von Glaube zu Parteipolitik ist kein direkter, d. h. von der Bibel lässt sich weder eine direkte Unterstützung für eine bestimmte politische Partei ableiten noch eine Wahlpflicht für eine bestimmte Person oder wie hoch das Mindesteinkommen sein sollte. Die Bibel bietet nicht die Lösungen, sondern die Inspiration, damit wir in der Lage sind, eine gute Wahl für eine Partei zu treffen und einen würdigen Lohn zu bestimmen. Für einen Christen, der dem Pfad folgt, auf dem Papst Franziskus stets beharrt, sollte Politik Folgendes sein:

befreiend: Es reicht nicht aus, die bestehende Gesellschaft zu verändern; worum es geht, ist ein anderes Modell von Gesellschaft, das eher inklusiv ist und das durch Partizipation den Weg zur sozialen Gerechtigkeit erleichert.

befreiend, beginnend bei den Armen und ausgeschlossenen Mehrheiten: Sie muss ganz unten ansetzen, denn auf diese Weise wird niemand ausgelassen. Würde sie beim Lohnempfänger ansetzen oder beim Bürgertum, würde sie von Anfang an fast die Hälfte der ausgeschlossenen Bevölkerung auslassen.

– eine Politik, die sich einer befreienden Methodik bedient, d. h. eine Politik, die Partizipation durch das Volk erleichtert, von ganz unten beginnend und von innen nach außen; eine Politik, die mehr als eine repräsentative/delegierende Demokratie bietet, sondern eine partizipative Demokratie, durch die das Volk mit seinen Organisationen beiträgt zu diskutieren, zu entscheiden und Antworten auf soziale Fragen zu finden. Dies war die große Forderung der Demonstrationen im Juni 2013, die sich nun fest verankert hat.

– eine sozio-ökologische Demokratie, welche die Rechte von Mutter Erde respektiert, die des Ökosystems, der Tiere und aller Wesen der Schöpfung, mit denen wir in Beziehungen von gegenseitiger Abhängigkeit stehen.

Diese Art von Politik ist eine der höchsten Formen von sozialer Liebe.

übersetzt von Bettina Gold-Hartnack

Discutir el aborto por amor a la vida

Me cuesta creer que haya personas que defiendan el aborto por el aborto. Implica eliminar la vida o interferir en un proceso vital que culmina con la aparición de la vida humana. Yo personalmente estoy en contra del aborto pues amo la vida en cada una de sus fases y en todas sus formas.

Pero esta afirmación no me vuelve ciego a una realidad macabra que no puede ser ignorada y que desafía el buen sentido y a los poderes públicos. Cada año se hacen en Brasil cerca de 800 mil abortos clandestinos. Cada dos días muere una mujer víctima de un aborto clandestino mal asistido.

Esta realidad debe ser enfrentada no con la policía sino con una salud pública responsible y con sentido realista. Considero farisaica la actitud de aquellos que de forma intransigente defienden la vida embrionaria y no adoptan la misma actitud ante los miles de niños lanzados a la miseria, sin comida y sin cariño, deambulando por las calles de nuestras ciudades. La vida debe ser amada en todas sus formas y edades y no solo en su primer despertar en el seno de la madre. Corresponde al Estado y a toda la sociedad crear las condiciones para que las madres no necesiten abortar.

Yo mismo asistí, en las gradas de la catedral de Fortaleza, a una madre famélica, pidiendo limosna y amamantando a su hijo con sangre de su pecho. Era la figura del pelícano. Perplejo y lleno de compasión la llevé hasta la casa del Cardenal Dom Aloisio Lorscheider donde le dimos toda la asistencia posible. Incluso así ocurren abortos, siempre dolorosos y que afectan profundamente a la psique de la madre. Narro lo que escribió un eminente psicoanalista de la escuela junguiana de São Paulo, Léon Bonaventure, narrado en la introducción que escribió a un libro de otra psicoanalista junguiana italiana, Eva Pattis, titulado: Aborto, pérdida y renovación: paradoja en la búsqueda de la identidad femenina (Paulus 2001).

Cuenta Léon Bonaventure, con la sutileza de un fino psicoanalista para quien la espiritualidad constituye una fuente de integración y de cura de heridas del alma.

«Un sacerdote confesaba a una mujer que en el pasado había abortado. Después de oír la confesión, le preguntó: “¿Qué nombre le diste a tu hijo?” La mujer, sorprendida, quedó callada largo rato pues no había dado nombre a su hijo.

“Entonces” –dijo el cura–, “vamos darle un nombre y si está usted de acuerdo vamos a bautizarlo”. La mujer asintió con la cabeza y así lo hicieron simbólicamente.

Después el cura hizo algunas consideraciones sobre el misterio de la vida: “existe la vida” –dijo–, “que viene a la luz del día para ser para vivida en la Tierra, durante 10, 50, 100 años. Otras vidas nunca van a ver la luz del sol. En el calendario litúrgico católico existe, el día 28 de diciembre, la fiesta de los santos inocentes, los recién nacidos que murieron gratuitamente cuando nació el Niño divino en Belén. Que ese día sea también el día de la fiesta de tu hijo”.

Y siguió diciendo: “en la tradición cristiana el nacimiento de un hijo es siempre un regalo de Dios, una bendición. En el pasado era costumbre ir al templo para ofrecer el niño a Dios. Nunca es demasiado tarde para que ofrezcas tu hijo a Dios”.

Terminó diciendo: “como ser humano no puedo juzgarte, si pecaste contra la vida, el propio Dios de la vida puede reconciliarte con ella. Vete en paz y vive”» (p. 9).

El Papa Francisco recomienda siempre misericordia, comprensión y ternura en la relación de los sacerdotes con los fieles. Ese sacerdote vivió avant la lettre esos valores profundamente humanos y que pertenecen a la práctica del Jesús histórico. Que ellos puedan inspirar a otros sacerdotes a tener la misma humanidad.