Una increíble revolución, vivida por pocos y rechazada por muchos (II)

Leonardo Boff*

La primera palabra de Jesús cuando apareció públicamente fue: “El Reino tan ansiado ha llegado; cambien de mente y de corazón” (Mc 1,14). Reino, contrariamente a la expectativa de los judíos, no era el restablecimiento del antiguo orden, la liberación política de la dominación romana que los avergonzaba. Para Jesús, el Reino de Dios es otra cosa: consiste en una nueva relación de amorosidad entre las personas, incluyendo a todos, hasta a los ingratos y malos (Lc 6,35). Lo que prevalece ahora es esa proximidad de Dios hecha de amor y de misericordia ilimitada.

No hay condenación eterna, sólo temporal

La condenación es una invención de las sociedades. Dios no conoce una condenación eterna, pues su misericordia no tiene límites. Si hubiese una condenación eterna, Dios habría perdido. Él no puede perder nunca nada “de aquello que creó con amor, pues no odia a ninguno de los seres que ha puesto en la existencia; si no, no los habría creado, porque es el apasionado amante de la vida” (cf. Sab 11,24-26). Deja 99 ovejas a buen recaudo y se va a buscar la oveja perdida hasta encontrarla.

Afirma el salmo 103, uno de los más esperanzadores textos bíblicos: “Dios no nos está acusando siempre. Como un padre siente ternura hacia sus hijos, así de tierno es Dios… porque conoce nuestra naturaleza, se acuerda de que somos polvo; su misericordia es desde siempre para siempre” (Sl 103:6-17).

Este mensaje innovador de Jesús –la proximidad incondicional y la misericordia ilimitada de Dios-Abba– fue y es tan innovador que ha sido y es vivido por pocos y rechazado por la gran mayoría, como ocurrió en el tiempo en que él andaba por los pedregosos caminos de Palestina. No debemos olvidar que fueron los políticos y principalmente los religiosos quienes lo condenaron y lo llevaron a la cruz. En palabras del padre Julio Lancellotti hemos sido desafiados a vivir el “Amor a la manera de Dios” (título de su libro, Planeta, 2021) empezando por la gente de la calle, por los discriminados a causa del color de su piel o de su origen, los quilombolas, las mujeres lesbianas, los homoafectivos y los LGBTI, los pobres cobardemente odiados por la “élite del atraso” (la mayoría cristiana culturalmente pero a siglos-luz de la Tradición de Jesús), ignorantes de la amorosidad y de la proximidad de Dios-Abba a ellos también.

La gran tragedia vivida por Jesús fue que esa proximidad de Dios amoroso no fue acogida: “vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron”(Jn 1,11). Por eso lo crucificaron, porque no hubo correspondencia. Ese rechazo se viene manteniendo durante siglos y siglos hasta el día de hoy, tal vez con más ferocidad aún, pues el odio y la discriminación campan por el ancho mundo.

No importa. Aunque se sintiese Hijo de Dios-Abba identificándose con Él, no se aferró a esta situación de Hijo bienamado; por solidaridad se presentó como simple hombre en la condición de siervo, aceptando el más vergonzoso castigo, morir en la cruz, que significaba morir en la maldición divina (cf. Flp 2,6-8).

El gran rechazo a la proximidad de Dios

Por causa de este amor que ardía dentro de él, Jesús asumió sobre sí solidariamente ese tipo de muerte maldita y todos los dolores del mundo; todo tipo de maledicencia contra él; soportó la traición de los apóstoles, Judas y Pedro, la suerte de aquellos que ya no creen o se sienten abandonados por Dios, y recibió una seria amenaza de muerte que después se cumplió. Como tantas personas en el mundo, él también se llenó de angustia y de pavor, hasta el punto que “el sudor se volvió gruesas gotas de sangre” (Lc 22,41) en el Jardín de Getsemaní. En la cruz, casi al límite de la desesperación, que muchos sufren también y que él quiso también sentir en comunión con todos ellos, gritó: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). La proximidad de Dios estaba en Jesús pero encubierta, para que él pudiese participar del infierno humano de la muerte de Dios, sufrida por no pocas personas. Todos estos, no estarán jamás solos en su sufrimiento. El credo cristiano reza “descendió a los infiernos”, que significa: sintió estar absolutamente sólo, sin que nadie lo pudiese acompañar. Pero Dios-Abba estaba también allí como ausente. Desde ese momento nadie más estará solo en el infierno de la absoluta soledad humana. Jesús estuvo y estará con todos ellos.

La resurrección de Jesús que representa una verdadera insurrección contra la religión de la Ley y la justicia de su tiempo, es como una luz que va a mostrar, en total plenitud, esta proximidad de Dios que nunca se ausentó. Ella estaba totalmente allí, sufriendo con los que sufren. Los negadores y los ateos son libres de ser lo que son, de no acoger o de ni siquiera saber de esta proximidad de Dios, pero eso no cambia nada para Dios-Abba, que nunca los abandona porque no dejan de ser sus hijos e hijas, sobre los cuales repite: “Vosotros sois mis hijas e hijos bienamados, con vosotros me regocijo”.

Pero vale la pena considerar: si no puedes ver una estrella en el cielo límpido, la culpa no es de la estrella, sino de tus ojos. Por su amor ilimitado y su misericordia sin fronteras también ellos son abrazados por Dios-Abba aunque se nieguen a abrazarlo. Aunque no la vean, la estrella estará brillando.

El cristianismo verdadero y real es vivir esta Tradición de Jesús. La mayoría de las iglesias cristianas, no excluida la romano-católica, se organizan en torno al poder sagrado que crea desigualdades, se apoyan sobre un grueso libro doctrinario llamado Catecismo, están vinculadas a cierto orden moral, a una vida piadosa, a la recepción de los sacramentos, a la participación en la fiestas litúrgicas. Todo esto no es que no tenga importancia. Pero difícil y raramente se proponen vivir el amor incondicional y ensayar a amar al modo de Dios y al modo de Jesús, privilegiando a aquellos que él privilegió, los últimos, los que no son, ni cuentan. Donde impera el poder, no brota el amor ni florece la ternura y la proximidad de Dios-Abba y su misericordia, siempre presentes.

No hay cómo negar que, históricamente, gran parte de la Iglesia católica romana estaba más cerca de los palacios que de la gruta de Belén, teniendo en mayor consideración el madero de la cruz que aquel que está crucificado en él por solidaridad con todos, con los perdidos y caídos en los caminos.

La gran inversión: la conversión del padre y no la del hijo pródigo

Qué diferente sería todo si esta inaudita revolución hubiese prosperado en nuestro mundo. No habría lo que estamos presenciando en nuestro país y, en general, en tantas partes, la prevalencia del odio, de la discriminación, de la violencia contra los que no pueden defenderse, y especialmente hoy contra la naturaleza que nos asegura las bases que sustentan la vida y a la Madre Tierra.

Por esta razón, Jesús, aun resucitado, continúa dejándose crucificar con todos los crucificados de la historia de las más diversas modalidades.

La parábola del hijo pródigo revela cómo es la Tradición de Jesús. El hecho nuevo y sorprendente no es la conversión del hijo que vuelve arrepentido a casa de su padre, sino la conversión del padre que, lleno de amor y de compasión, abraza, besa y organiza una fiesta para ese hijo que derrochó su herencia. El único criticado es el hijo bueno, seguidor de la Ley. Todo en él era perfecto. Para Jesús, sin embargo, no basta ser bueno. Le faltaba lo principal: la misericordia y la percepción de la proximidad de Dios-Abba hasta en su hermano perdido por el mundo.

El futuro de la increíble revolución de Jesús

Hemos experimentado de todo en la ya larga historia humana, pero todavía no hemos experimentado colectivamente amar al modo de Jesús y de Dios-Abba. No obstante, ha habido muchos hombres y mujeres que lo han entendido y vivido: son los verdaderos portadores del legado de Jesús, testimonios de la proximidad de Dios, especialmente a aquellos mencionados en el evangelio de san Mateo: “yo era forastero y me hospedaste, estaba desnudo y me vestiste, tenía hambre y me diste de comer, estaba en la cárcel y me fuiste a ver” (Mt 25,34-30). En eso se revela la Tradición de Jesús que se sentía tan unido a Dios-Abba hasta el punto de decir: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9). Y dice a todos estos: “Cuando lo hicisteis a mis hermanas y hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,34-40).

¿Llegaremos a ver aceptada un día la proximidad de Dios, independientemente de la situación moral, política e ideológica de las personas (pensemos en los torturadores de las dictaduras militares) aunque lo rechacen explícitamente y abusen de su nombre (como nuestro jefe de Estado, enemigo de la vida)? ¿Ganará centralidad esta verdadera revolución transformadora del mundo?

Francisco de Asís y Francisco de Roma, junto con un ejército de personas, muchas de ellas anónimas, osaron emprender esta aventura, creyeron y creen que por ahí pasa la liberación de los seres humanos y la salvaguarda de la vida y de la Madre Tierra amenazadas. La gravedad de la situación actual nos coloca ante esta disyuntiva: “o nos salvamos todos o nadie se salva” como lo dijo enfáticamente el Papa Francisco en la Fratelli tutti (n.32). La Madre Tierra se encuentra en permanentes dolores de parto hasta que nazca, ese día que sólo Dios sabe, el ser nuevo, hombre y mujer; juntos con la naturaleza habitarán la única Casa Común. Como profetizó el filósofo alemán del principio esperanza, “el verdadero Génesis no se encuentra al comienzo sino al final”. Sólo entonces “Dios vio todo lo que había hecho y le pareció que era muy bueno” (Gen 1,31).

O hacemos esta conversión al sueño del Nazareno, que nos trajo la novedad de la proximidad de Dios que siempre nos está buscando, hasta en las sombras del valle de la muerte, o si no, debemos temer por nuestro futuro. En vez de ser los cuidadores del ser, hemos venido a ser su amenaza mortal. Pero aquel que está en medio de nosotros y jamás nos retira su proximidad, tiene el poder de forjar de las ruinas un nuevo cielo y una nueva Tierra. Entonces todo esto habrá pasado. Las lágrimas serán enjugadas y todos serán consolados por Dios-Abba. Comenzará la verdadera historia de Dios-Abba con sus hijas e hijos bienamados por toda la eternidad.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito: Jesucristo el Liberador (Vozes,1972/2012); Pasión de Cristo-pasión del mundo (Vozes, 2012); La resurrección de Cristo: nuestra resurrección en la muerte (Vozes 2010), publicados todos en español por la editorial Sal Terrae.

Uma espantosa revelação, vivida por poucos  e recusada por muitos (II)       

Leonardo Boff 

A primeira palavra de Jesus quando apareceu publicamente foi: “O Reino tão ansiado foi aproximado e mudem de mente e de coração” (Cf.Mc 1,14). Reino, contrariamente à expectativa dos judeus, não era o restabelecimento da antiga ordem, a libertação política contra a dominação romana que tanto os envergonhava. Reino de Deus, para Jesus, é outra coisa: consiste numa nova relação de amorosidade  entre as pessoas, incluindo a todos, até os ingratos e maus (Lc 6,35). O que prevalece agora é essa proximidade de Deus (ele se fez o mais próximo dos próximos) feita de amor e de  misericórdia ilimitada.

Nâo há uma condenação eterna, só temporal.

A condenação é invenção das sociedades. Deus não conhece uma condenação eterna, pois sua misericórdia é sem limites.Se houvesse uma condenação eterna, Deus teria perdido. Ele não pode perder nunca nada “daquilo que ele criou com amor, pois, não odeia nenhum ser  que pôs na existência senão não o  teria criado, porque é o apaixonado amante da vida” (cf. Sab 11,24-26). Deixa as 99 ovelhas resguardadas e vai  em busca da tresmalhada até encontrá-la.

Atesta-o o salmo 103, dos mais esperadores textos bíblicos:”Deus não está sempre acusando.Como um pai sente compaixão pelos filhos, assim ele se compadece…porque conhece nossa natureza e se lembra de que somos pó; sua misericórdia é de sempre para sempre”(Sl 103- 6-17).

Esta mensagem inovadora de Jesus – a proximidade incondicional e a misericórdia ilimitada do Deus-Abba  –  foi e é tão inovadora que foi e é vivida por poucos  e é rejeitada pela grande maioria, como ocorreu no  tempo em que ele perambulava pelas pedregosas estradas da Palestina.Não se deve esquecer que  foram os políticos mas principalmente os  religiosos que condenaram e levaram à cruz. Nas palavras do Pe.Júlio Lancellotti  somos desafiados a viver  o “amor à maneira de Deus”(título de seu livro, Planeta, 2021) começando pela população de rua, pelos discriminados por causa da cor de sua pele ou de sua origem os quilombolas, as mulheres lésbicas, os homoafetivos e os LGBTI, os pobres covardemente odiados pela “elite do atraso”,(a maioria apenas culturalmente cristã mas a séculos luz da Tradição de Jesus),ignorantes da amorosidade e da proximidade  do Deus-Abba  para com eles também.

A grande tragédia vivida por Jesus foi o fato de  que essa proximidade de Deus amoroso, não foi acolhida:“veio para o que era seu, e os seus não receberam”(Jo 1,11). Por isso o crucificaram, porque não houve correspondência. Essa recusa se prolonga pelos séculos até aos dias de hoje, talvez com mais ferocidade ainda, pois o ódio e a discriminação campeiam pelo vasto  mundo.

Não importa. Embora se sentisse Filho do Deus-Abba identidcando-se com Ele “não fez caso dessa situação de Filho bem amado; por solidariedade apresentou-se como simples homem na condição de servo, aceitando o mais vergonhoso castigo,  morrer na cruz que significava morrer na maldição divina (cf. Flp 2,6-8).

A grande recusa da proximidade de Deus

Por causa do amor que lhe ardia dentro, Jesus assumiu sobre si, solidariamente, esse tipo de morte amaldiçoada e todas as  dores do mundo; todo tipo de maledicência contra ele, suportou  a traição dos  apóstolos, Judas e Pedro, a sorte  daqueles que já não creem ou se sentem abandonados por Deus e até recebeu séria ameaça de morte que depois se efetivou. Como tantos no mundo, ele também foi tomado de angústia e de pavor, a ponto de “o suor tornou-se grossas gotas de sangue”(Lc 22,41) como no Jardim do Getsêmani. Na cruz quase no limite do desespero do qual muitos são também tomados e ele o quis em comunhão com todos eles, sentir também, gritou:”Meu Deus, por que me abandonaste”(Mc 15,34)? A proximidade de Deus estava  em  Jesus mas recolhida, para que ele pudesse participar do inferno humano da morte de Deus, sofrida por não poucas pessoas. Todos estes, não estarão jamais sozinhos. O credo cristão reza que “ele desceu aos infernos”, significa: sentiu estar absolutamente só, sem que ninguém o pudesse acompanhar. Mas o Deus-Abba estava também lá como ausente. Desde este momento ninguém estará sozinho no inferno da absoluta solidão humana.Jesus esteve e estará com todos eles.

A ressurreição de Jesus que representa uma verdadeira insurreição contra a religião da Lei e a justiça do tempo, comparece como um clarão  que vai mostrar, em total plenitude, esta proximidade de Deus que nunca se ausentou. Ela estava totalmente lá, sofrendo com os que sofrem. Os negadores e os  ateus tem a liberdade de serem o que são, de não acolherem ou sequer saberem desta proximidade de Deus, mas isso não muda nada para  Deus-Abba  que nunca os abandona porque não deixam de serem  seus filhos e filhas, sobre os quais repete:”Vocês são meus filhos e filhas bem amados com vocês me regozijo”.

Mas cabe ponderar: se não puderem enxergar uma estrela no céu límpido, a culpa não é da estrela, mas de seus olhos. Pelo fato do  amor ilimitado e da misericórdia sem fronteiras são também eles abraçados por Deus-Abba embora se neguem de abraçá-lo. Mesmo não vista, a estrela estará brilhando.

O verdadeiro e real cristianismo é viver esta Tradição de Jesus. A maioria das igrejas cristãs, não excluída a romano-católica, se organizam redor do poder sagrado que cria desigualdades, firmada sobre um grosso livro doutrinário chamado de Catecismo,  vinculadas a certa ordem moral, à uma vida piedosa, à recepção dos sacramentos, à   participação nas festas litúrgicas.Tudo isso não é sem importância. Mas difícil e raramente se propõem a viver o amor incondicional e ensaiar amar à moda de Deus e à moda de Jesus, privilegiando aqueles que ele privilegiou, os últimos, os que não são, nem contam. Onde impera o poder, não viceja o amor nem floresce a ternura e a proximidade do Deus-Abba e de sua misericórdia, sempre  presentes.

Não há como negar que, historicamente, grande parte da Igreja romano-católica estava mais perto dos palácios do que da gruta de Belém, mais considerando o madeiro da cruz do que aquele que lá está crucificado por solidariedade com todos, com os perdidos e caídos nas estradas.

A grande inversão: a conversão do pai e não do filho pródigo

Como tudo seria diferente neste mundo se esta inaudita revolução tivesse prosperado em nosso mundo. Não haveria o que estamos assistindo em nosso país e, em geral, em tantas partes, a prevalência do ódio, da discriminação, da violência contra os que não podem se defender e especialmente hoje contra a natureza que nos garante as bases que sustentam a vida e a Mãe Terra.

Por esta razão, Jesus, mesmo ressuscitado, continua se deixando crucificar com todos os crucificados da história sob as mais diversas modalidades.

A parábola do filho pródigo revela como é a Tradição de Jesus. O fato novo e surpreendente não é a conversão do filho que volta arrependido para a casa do pai.  Mas a conversão do pai que,cheio de misericórdia e amor, abraça, beija e organiza uma festa para  filho, esbanjador da herança.O único criticado é o filho bom, seguidor da Lei. Tudo nele era perfeito, Para Jesus, não bastava, porém, ser bom. Faltava-lhe o principal: a misericórdia e o sentimento da proximidade do Deus-Abba até em seu irmão perdido pelo mundo.

O futuro da revolução espantosa de Jesus

Experimentamos tudo na já longa história humana, mas ainda não experimentamos coletivamente amar à moda de Jesus e do Deus-Abba. No entanto, muitos homens e mulheres o entenderam e viveram: estes são os verdadeiros portadores do legado de Jesus, os testemunhos da proximidade de Deus, especialmente àqueles referidos pelo evangelho de São Mateus:”eu era forasteiro e me hospedaste, estava nu e me vestiste,  estava com fome e me destes  que comer, esta na cadeia e me visitaste”(Mt 25,34-30). Nisso  se revela a Tradição de Jesus que se sentia tão unido ao Deus-Abba a ponto de dizer: “Quem me viu, viu o Pai”(Jo 14,9). E diz a todos estes:”Todas as vezes que  fizestes a  um destes meus irmãozinhos e irmãzinhas menores, foi a mim que o fizestes (Mt 23,40).

Chegaremos um dia ver acolhida a proximidade de Deus, indistintamente da situação moral, política e ideológica das pessoas (pensemos nos torturadores das ditaduras militares) mesmo que o recusem explicitamente e abusam de  seu nome (como o  nosso chefe de Estado, inimigo da vida)? Ganhará centralidade  esta verdadeira revolução transformadora do mundo?

Francisco de Assis e Francisco de Roma, junto com um exército de pessoas,muitas delas anônimas, ousaram esta aventura, acreditaram e acreditam que por aí passa a libertação dos seres humanos e a salvaguarda da vida e da Mãe Terra  ameaçadas. A gravidade da situação atual nos coloca esta disjuntiva:”ou nos salvamos todos ou ninguém se salva” como o Papa Francisco  o diz enfaticamente na Fratelli tutti (n.32). A Mãe Terra se encontra em permanente dores de parto até que nasça, naquele dia que só Deus sabe quando, o ser novo, homem e mulher,juntos com a natureza, habitarão  a única Casa Comum. Então como profetizou um filósofo alemão do princípio esperança, que “o verdadeiro Gênesis não se encontra no começo mas no fim”. Só então “Deus viu tudo quanto havia feito e achou que estava muito bom”(Gen 1,31).

Ou faremos esta conversão ao sonho do Nazareno que nos trouxe a novidade da proximidade de Deus(o mais próximo dos próximos) que sempre está em nossa busca,mesmo nas sombras do vale da morte, ou então devemos temer por nosso futuro. Ao invés de sermos os cuidadores do ser, fizemo-nos sua ameaça mortal. Mas aquele que está no meio de nós e jamais retira sua proximidade,  tem o poder de, das ruínas, forjar um novo céu e  uma nova Terra. Então tudo isso terá passado.As lágrimas serão enxugadas e todos serão consolados por Deus-Abba. Começará a verdadeira história de Deus-Abba com seus filhos e filhas bem  amados pela eternidade afora.

Leonardo Boff é teólogo e escreveu Jesus Cristo Libertador (Vozes,1972/2012); Paixão de Cristo-paixão do mundo (Vozses(2012): A nossa ressurreição na morte(Vozes 2010).

Pão nosso de cada dia:opções econômicas para sair da crise:L.Dowbor

15/09/2021 11:34  Carta M

O economista Ladislau Dowbor da PUC-SP é mais que um economista com experiência internacional.Como Jefrey Sachs entre outros combina economia com democracia,humanismo e paradigma ecológico. É ativo na discussão acadêmica e com grupos de ativistas e populares face ao drama da desigualdade mundial e especialmente nacional. Suas propostas são concretas e podem realizar o que Paulo Freire sempre buscava “o viável possível”. Este texto nos ajuda a entender os desafios atuais em tempo de pandemia e o que pode vier após sua passagem avassaladora por este mundo. LBoff

 
Não basta dizer que
um outro mundo é possível.
Precisamos mostrar que
uma outra gestão é possível.
O que propomos tem de funcionar.


No momento em que finalizamos essa atualização e ampliação do texto original desse livro, o mundo enfrenta uma pandemia que colocou com muita força no palco mundial a necessidade de novas regras do jogo. Tornou-se claro que estamos enfrentando a convergência de várias crises, a catástrofe ambiental, a desigualdade explosiva, o caos financeiro, a desagregação dos mecanismos democráticos, e, ainda por cima, a pandemia. O movimento Economia de Francisco, lançado pelo Papa, os escritos de tantos pesquisadores de primeira linha, como Joseph Stiglitz, Thomas Piketty, Ann Pettifor, Jeffrey Sachs, Kate Raworth, e de numerosos centros de pesquisa apresentam o denominador comum de rejeitar os absurdos do neoliberalismo. O movimento também é muito rico no Brasil, com numerosos pesquisadores de economia e de ciências sociais trazendo novas visões. Não é por falta de visões ou de propostas que a economia brasileira está paralisada, e sim pela força dos interesses de elites improdutivas.

A análise do funcionamento da economia que aqui apresentamos tem, sim, um objetivo, que não é necessariamente o crescimento do PIB, mas a reconversão necessária para um desenvolvimento equilibrado. Aliás, é interessante constatar que com um PIB mundial de 88 trilhões de dólares e 7,8 bilhões de habitantes, o que produzimos hoje em bens e serviços representa o equivalente a 18 mil reais por mês por família de quatro pessoas, o que permitiria uma vida digna e confortável para todos, bastando para isso uma modesta redução das desigualdades. Isso também vale para o Brasil, pois com um PIB de 7,3 trilhões de reais (2019) e uma população de 212 milhões, produzimos o equivalente a 11 mil reais por mês por família de quatro pessoas. Não há nenhuma razão econômica para a pobreza, a desigualdade e a consequente guerra social e política interna que vivemos. Nosso problema não é produzir mais: é definir melhor o que produzir, a quem distribuir, e como assegurar a sustentabilidade social e ambiental do planeta. Nosso problema é de redefinição das formas de organização política e social.

Os mecanismos econômicos não são complexos. O que complica é que, segundo os interesses e a vontade de se apropriar de um pedaço maior do bolo, ouvimos explicações contraditórias para cada coisa. O banqueiro diz que precisa subir os juros para ganhar mais, pois isso permite que ele invista e dinamize a economia para o bem de todos. O funcionário diz que precisa ganhar mais, pois isso estimula a demanda, o que, por sua vez, gera investimentos e dinamiza a economia para todos. Todos querem, no discurso, o bem de todos, se possível justificando a apropriação do maior pedaço possível para si. Não há como não trazer para o raciocínio o conceito de justiça, de merecimento. Eu, francamente, acho mais legítimos os interesses dos trabalhadores do que os dos banqueiros. Banco é atividade de meio, e os meios têm de se adequar aos fins, que é o fomento da economia e uma vida digna para todas as famílias.

Muitos simplesmente desistem de entender, imaginam uma complexidade acima da sua compreensão. No entanto, se trata do nosso dinheiro, da nossa sociedade, dos nossos empregos, dos nossos filhos. Enquanto deixarmos a compreensão da economia para os especialistas, são os interesses deles, e dos que os empregam, que vão prevalecer. A democratização da economia, e da própria compreensão do seu funcionamento, é fundamental. Precisamos de muito mais gente que entenda como se pode realmente equilibrar as coisas. O que temos é muita narrativa, mas pouca explicitação dos mecanismos.

A mídia comercial, sem dúvida, não ajuda e, curiosamente, ainda que a nossa vida dependa tanto do andamento da economia, nunca na escola tivemos uma só aula sobre os seus mecanismos. Nenhuma aula sobre como funciona, por exemplo, o dinheiro, esse poderoso estruturador da sociedade. A televisão atinge hoje 97% dos domicílios: seria tão difícil assim gerar uma sociedade mais informada, em vez de nos massacrar com bobagens e fundamentalismos ideológicos? Mas a mídia comercial vive da publicidade contratada pelos grandes grupos privados de interesses, e não há análise objetiva a se esperar desse lado.

Esse pequeno livro busca dar ferramentas de análise a quem queira entender, sem querer se tornar um comentarista, sobre como a economia funciona e como se relacionam os diversos setores. Não haverá nesse texto nenhuma equação, nenhuma econometria. E tampouco haverá simplificações ideológicas. O que interessa é um sistema que funcione. Vamos descrever aqui os desafios, ponto por ponto, setor por setor, apontando dificuldades e soluções. E, como o texto completo está na internet, com livre acesso, inclusive com vídeos de apoio, qualquer leitor poderá se manifestar, sugerir complementos e correções.

Esse livro é muito pequeno, se comparado com os tratados de economia que vemos nas estantes das livrarias. Não vai, portanto, ensinar tudo, mas sim os mecanismos básicos, que cada um poderá detalhar segundo as suas experiências e conhecimentos complementares. Todos nós temos o ponto de partida essencial, que é a vivência de como somos recompensados ou depenados, segundo as circunstâncias. Portanto temos a matéria-prima, e ao vermos o quadro mais amplo, as coisas se encaixam e passam a fazer sentido. Sugiro uma leitura tranquila, passo a passo, e a releitura, pois aqui, mais que o detalhe, interessa a visão de conjunto.

A economia não é propriamente um “setor” de atividades, como a educação ou a agricultura, e sim uma dimensão de todas as nossas atividades. Tem dimensão econômica a latinha de cerveja que alguém joga na rua, e que alguém terá de apanhar. Ou a escola que escolhemos para os nossos filhos, ou ainda a obesidade que se gera com refrigerantes e certos tipos de comida. Quem limpa a rua terá de ser pago, da qualidade da escola depende a produtividade futura, a obesidade vai gerar custos na saúde. Praticamos economia o dia inteiro, ainda que a dimensão econômica frequentemente nos escape. A economia, nesse sentido, constitui um movimento que resulta do conjunto de iniciativas dos mais variados setores, e temos de ter uma noção da contribuição de cada um, e de como se articulam.

A economia está impregnada de ideologias, contaminada por preconceitos. Esse ponto é importante, e vai nos fazer entender, por exemplo, que o motorista apressado tenha ódio do corredor de ônibus, ou que os acionistas de um grupo econômico que poderiam lucrar com um shopping fiquem escandalizados que uma área verde sirva apenas como espaço gratuito de lazer. Mas a economia que funciona não se resolve no ódio, e sim na harmonização razoavelmente equilibrada dos diversos interesses.

Essa harmonização não significa uma abordagem neutra, pois enfrentamos aqui desequilíbrios antigos e novos, herdados e reproduzidos. Nos EUA, o salário de um administrador top de linha de uma instituição de especulação financeira é, aproximadamente, o mesmo que o de 17 mil professores do ensino primário (Russell Jacoby). Faz algum sentido? Nenhum sentido ético, pois o trabalho do professor é muito intenso, e nenhum sentido econômico, pois o professor multiplica conhecimentos, enquanto o especulador multiplica crises. No entanto, é o que prevalece, e o importante não é odiar individualmente o especulador – há inúmeros candidatos para ocupar o seu lugar –, e sim entender como o sistema se deformou e permite esses absurdos.

No plano social, temos de entender como o 1% dos mais ricos do planeta se tornaram donos de 50% das riquezas produzidas por toda a sociedade. Como podemos ter mais de 800 milhões de pessoas que passam fome quando o mundo produz, apenas de grãos, mais de um quilo por pessoa por dia? Como, com tantas tecnologias, um terço da humanidade ainda cozinhe com lenha, e 1,3 bilhões sequer tenham acesso à eletricidade? Esperar ter paz social, política equilibrada e um mundo em segurança nessas condições não faz muito sentido. Gente reduzida ao desespero reage de maneira desesperada, é tão simples. A partir de um certo grau de desigualdade, as sociedades, no seu conjunto, deixam de funcionar, acumulam-se crises e conflitos, os processos democráticos se desarticulam.

No plano ambiental, podemos enfileirar um conjunto de tragédias que se avolumam, como o aquecimento global, a liquidação das florestas, a perda de solo fértil, a ruptura das cadeias alimentares dos oceanos, o desaparecimento da biodiversidade, a contaminação generalizada da água doce e outros processos acelerados de destruição, em que cada agente econômico busca arrancar o máximo para o seu proveito e o dos seus acionistas, sem pensar no conjunto: entre o interesse financeiro de curto prazo dos grupos econômicos e o interesse mais amplo da sociedade, o chamado bem comum, a luta ficou desigual. O relatório da World Wide Fund For Nature (WWF) de 2014 mostra que em quarenta anos, entre 1970 e 2010, destruímos 52% da fauna do planeta, com numerosas espécies já irremediavelmente extintas. Não ver o drama que se avoluma já não é questão de posicionamento político, e sim de cegueira ideológica. Temos de assumir as nossas responsabilidades como seres humanos. Isso envolve uma dimensão ética das pessoas, mas, sobretudo, a reorganização do sistema, de forma que contribuir para a sociedade se torne mais interessante do que maximizar a apropriação. Trata-se de reconciliar a busca de realização individual e a construção do bem comum.

No plano da organização econômica e financeira, chegamos ao absurdo de ter mais de um terço do valor do PIB mundial estocado em paraísos fiscais, fortunas que são aplicadas não em criar atividades econômicas, produzir coisas úteis, mas em gerar lucros especulativos. Como os lucros especulativos aumentam em ritmo muito superior ao crescimento da economia real, temos aqui uma bola de neve em que os mais ricos, que são os que jogam no mercado financeiro, aumentam a sua parte do bolo em ritmo crescente. Como nos paraísos fiscais não se paga impostos, ou apenas simbolicamente, geramos um processo completamente disfuncional, na linha do que tem sido chamado de financeirização da economia.

Jacob Goldstein, autor do livro chamado simplesmente Money, comenta esse estranho divórcio entre a economia real e os sistemas de apropriação: “Os economistas usam essa frase estranha: ‘A economia real’. Isso se refere aproximadamente a tudo o que ocorre fora das finanças. O carpinteiro que constrói a casa trabalha na economia real. Não é o caso do banqueiro que lhe empresta dinheiro para comprar a casa. Quando uma economia funciona bem, a economia real e as finanças se complementam. O banqueiro lhe dá um empréstimo para que você possa comprar a casa que o carpinteiro construiu. Todos (teoricamente) ganham. Mas há tempos em que a economia real e as finanças se desconectam.” (69) O que aqui nos interessa é a economia real, o processo produtivo, o que chamamos simbolicamente de “o pão nosso de cada dia”.

O nosso desafio é bem conhecido: temos de assegurar uma sociedade que seja economicamente viável, mas também socialmente justa e ambientalmente sustentável. Esse tripé, o triple bottom-line, é hoje internacionalmente aceito, mas estamos destruindo o planeta em proveito de uma minoria, sendo que essa minoria sequer consegue administrar os seus recursos para que tenhamos um desenvolfimento econômico que faça sentido. Esses recursos, na realidade, são necessários para financiar políticas sociais inclusivas capazes de assegurar vida digna à imensa massa de pobres, e para financiar a reconversão tecnológica e organizacional que permita assegurar uma produção que não destrua o planeta. Para isso, evidentemente, não basta a boa vontade de alguns, temos de rever as regras do jogo. A governança corporativa, e a responsabilização dos grandes grupos econômicos, assume um papel particularmente importante.

A economia moderna se tornou demasiado complexa para as grandes simplificações de outrora. O que herdamos como visões do século passado era, de um lado, a visão capitalista, centrada na propriedade privada, regulada pela mão invisível e o liberalismo empresarial, com a burguesia ditando os rumos em termos políticos. De outro lado, os defensores da economia estatizada, regulada pelo planejamento central, e com o controle político do proletariado. Hoje, essas visões nos trazem o sentimento de folhearmos antigos compêndios empoeirados. Temos de enfrentar a complexidade de uma economia que funciona com subsistemas diferenciados, buscando soluções menos lineares, e, sobretudo, inteligentes.

Em outros termos, além das simplificações, e levando em conta as enormes transformações das últimas décadas, temos de pensar com cabeça mais fria o que funciona melhor e com que sistemas de gestão. A Polônia, para dar um exemplo, foi, segundo a Economist, o país que melhor sobreviveu à crise de 2008. Os bancos não tinham sido privatizados, e os recursos das poupanças da população continuaram a ser geridos dominantemente por cooperativas como “caixas de poupança”. Balcerowicz, um importante economista polonês, disse ironicamente que a Polônia foi salva por seu atraso financeiro. Semelhante “atraso” pode ser encontrado com as sparrkassen municipais que gerem quase dois terços da poupança da Alemanha, financiando as necessidades reais de cada município em vez de alimentar fortunas no casino financeiro.

Em outros termos, o que aqui buscamos é ver, setor por setor, o que funciona melhor, conscientes de que há coisas que funcionam melhor com mercado, outras com planejamento central, outras, ainda, com planejamento participativo descentralizado, e assim por diante. Estamos diante do desafio real de equilibrar, numa economia que se diversificou, mecanismos de regulação diferenciados e articulados. Como objetivo maior, visamos a construção de sistemas democráticos, equilibrados e sustentáveis de gestão.

Enfrentei, no quadro da ONU a montagem de sistemas econômicos em diversos países africanos, além de ter acompanhado situações muito diversificadas, como as da Mongólia, China, Equador, Suíça, Polônia e muitos outros. Isso me faz duvidar bastante dos grandes caminhos retos, das grandes propostas que tudo igualam. Gostemos ou não, temos de olhar os problemas mais de perto. Simplificações podem assegurar satisfação ideológica e fortes convicções, mas não resolvem os problemas nem abrem caminhos para os avanços que são necessários.

Para o leitor que acompanha os meus estudos, algumas palavras para situar o presente livro. O fio condutor aqui é o mesmo do meu A reprodução social, publicado pela Editora Vozes, mas aqui com dados atualizados e análise expandida. O presente trabalho é particularmente complementar de A era do capital improdutivo, publicado por Autonomia Literária e Outras Palavras. De certa maneira, ao tratar o “Capital Improdutivo”, analisei as deformações do sistema pela financeirização, enquanto o presente estudo é centrado nos setores concretos da “economia real”, como indústria, saúde ou educação, e numa visão propositiva. Na sequência das análises que tenho construído, trata-se precisamente de resgatar a base produtiva da sociedade, a economia real, setor por setor.

Por trás de um livro, há um autor. Eu me tornei consciente dos dilemas sociais trabalhando como jornalista no Jornal do Commercio do Recife, nos tempos de Miguel Arraes, estudei economia política com bons banqueiros na Suíça, e a economia do socialismo em Varsóvia: de certa forma, as duas vertentes, as duas metades da laranja. E com anos de implantação de sistemas de organização econômica e social em diversos países, no quadro das Nações Unidas, me tornei muito mais pragmático, cético quanto às simplificações ideológicas, ainda que cada vez mais consciente dos dramas que estão sendo gerados. O pequeno livro que o leitor tem em mãos resulta, em grande parte, dessa trajetória: ao elaborar um plano nacional de desenvolvimento, é preciso conhecer de maneira concreta os desafios dos diferentes setores, e entender como podem ser articulados.

Para entender os nossos dilemas econômicos, não há como não ver o pano de fundo: nas diversas eras e civilizações, sempre tivemos elites que se apropriaram do produto dos outros, por meio de diferentes mecanismos: a exploração dos servos na era feudal, dos escravos nas plantações, dos assalariados nas fábricas, dos endividados no planeta todo. Mas como mostra Piketty no Capital e ideologia, sempre foram construídas narrativas para justificar a apropriação do excedente social por quem não o produziu: os aristocratas tinham direito de explorar os servos, pois tinham sangue nobre, e o rei era “de direito divino”, os escravos podiam ser explorados, pois eram “legítima propriedade” e sequer teriam alma, os proletários explorados recebiam o merecido, pois os capitalistas é que enfrentavam os riscos – capital de risco, nos ensinam até hoje –, e as fortunas financeiras de hoje fariam parte da lógica impessoal “dos mercados”, ainda que sejam propriedade de pessoas de verdade que pouco produzem. Hoje enfrentamos um “neo-feudalismo”, escreve Joel Kotkin.

Sempre houve mecanismos de exploração e narrativas para justificá-la. E evidentemente, para os que não acreditavam ou hoje não acreditam nas narrativas, sempre há o porrete. Mecanismos econômicos de apropriação, narrativas e contos de fadas para justificar o injustificável, e o porrete para os que não acreditam em contos de fada, esse pode ser o resumo dos nossos tristes destinos de economia selvagem. É tempo de nos civilizarmos

 
Não basta dizer que
um outro mundo é possível.
Precisamos mostrar que
uma outra gestão é possível.
O que propomos tem de funcionar.


No momento em que finalizamos essa atualização e ampliação do texto original desse livro, o mundo enfrenta uma pandemia que colocou com muita força no palco mundial a necessidade de novas regras do jogo. Tornou-se claro que estamos enfrentando a convergência de várias crises, a catástrofe ambiental, a desigualdade explosiva, o caos financeiro, a desagregação dos mecanismos democráticos, e, ainda por cima, a pandemia. O movimento Economia de Francisco, lançado pelo Papa, os escritos de tantos pesquisadores de primeira linha, como Joseph Stiglitz, Thomas Piketty, Ann Pettifor, Jeffrey Sachs, Kate Raworth, e de numerosos centros de pesquisa apresentam o denominador comum de rejeitar os absurdos do neoliberalismo. O movimento também é muito rico no Brasil, com numerosos pesquisadores de economia e de ciências sociais trazendo novas visões. Não é por falta de visões ou de propostas que a economia brasileira está paralisada, e sim pela força dos interesses de elites improdutivas.

A análise do funcionamento da economia que aqui apresentamos tem, sim, um objetivo, que não é necessariamente o crescimento do PIB, mas a reconversão necessária para um desenvolvimento equilibrado. Aliás, é interessante constatar que com um PIB mundial de 88 trilhões de dólares e 7,8 bilhões de habitantes, o que produzimos hoje em bens e serviços representa o equivalente a 18 mil reais por mês por família de quatro pessoas, o que permitiria uma vida digna e confortável para todos, bastando para isso uma modesta redução das desigualdades. Isso também vale para o Brasil, pois com um PIB de 7,3 trilhões de reais (2019) e uma população de 212 milhões, produzimos o equivalente a 11 mil reais por mês por família de quatro pessoas. Não há nenhuma razão econômica para a pobreza, a desigualdade e a consequente guerra social e política interna que vivemos. Nosso problema não é produzir mais: é definir melhor o que produzir, a quem distribuir, e como assegurar a sustentabilidade social e ambiental do planeta. Nosso problema é de redefinição das formas de organização política e social.

Os mecanismos econômicos não são complexos. O que complica é que, segundo os interesses e a vontade de se apropriar de um pedaço maior do bolo, ouvimos explicações contraditórias para cada coisa. O banqueiro diz que precisa subir os juros para ganhar mais, pois isso permite que ele invista e dinamize a economia para o bem de todos. O funcionário diz que precisa ganhar mais, pois isso estimula a demanda, o que, por sua vez, gera investimentos e dinamiza a economia para todos. Todos querem, no discurso, o bem de todos, se possível justificando a apropriação do maior pedaço possível para si. Não há como não trazer para o raciocínio o conceito de justiça, de merecimento. Eu, francamente, acho mais legítimos os interesses dos trabalhadores do que os dos banqueiros. Banco é atividade de meio, e os meios têm de se adequar aos fins, que é o fomento da economia e uma vida digna para todas as famílias.

Muitos simplesmente desistem de entender, imaginam uma complexidade acima da sua compreensão. No entanto, se trata do nosso dinheiro, da nossa sociedade, dos nossos empregos, dos nossos filhos. Enquanto deixarmos a compreensão da economia para os especialistas, são os interesses deles, e dos que os empregam, que vão prevalecer. A democratização da economia, e da própria compreensão do seu funcionamento, é fundamental. Precisamos de muito mais gente que entenda como se pode realmente equilibrar as coisas. O que temos é muita narrativa, mas pouca explicitação dos mecanismos.

A mídia comercial, sem dúvida, não ajuda e, curiosamente, ainda que a nossa vida dependa tanto do andamento da economia, nunca na escola tivemos uma só aula sobre os seus mecanismos. Nenhuma aula sobre como funciona, por exemplo, o dinheiro, esse poderoso estruturador da sociedade. A televisão atinge hoje 97% dos domicílios: seria tão difícil assim gerar uma sociedade mais informada, em vez de nos massacrar com bobagens e fundamentalismos ideológicos? Mas a mídia comercial vive da publicidade contratada pelos grandes grupos privados de interesses, e não há análise objetiva a se esperar desse lado.

Esse pequeno livro busca dar ferramentas de análise a quem queira entender, sem querer se tornar um comentarista, sobre como a economia funciona e como se relacionam os diversos setores. Não haverá nesse texto nenhuma equação, nenhuma econometria. E tampouco haverá simplificações ideológicas. O que interessa é um sistema que funcione. Vamos descrever aqui os desafios, ponto por ponto, setor por setor, apontando dificuldades e soluções. E, como o texto completo está na internet, com livre acesso, inclusive com vídeos de apoio, qualquer leitor poderá se manifestar, sugerir complementos e correções.

Esse livro é muito pequeno, se comparado com os tratados de economia que vemos nas estantes das livrarias. Não vai, portanto, ensinar tudo, mas sim os mecanismos básicos, que cada um poderá detalhar segundo as suas experiências e conhecimentos complementares. Todos nós temos o ponto de partida essencial, que é a vivência de como somos recompensados ou depenados, segundo as circunstâncias. Portanto temos a matéria-prima, e ao vermos o quadro mais amplo, as coisas se encaixam e passam a fazer sentido. Sugiro uma leitura tranquila, passo a passo, e a releitura, pois aqui, mais que o detalhe, interessa a visão de conjunto.

A economia não é propriamente um “setor” de atividades, como a educação ou a agricultura, e sim uma dimensão de todas as nossas atividades. Tem dimensão econômica a latinha de cerveja que alguém joga na rua, e que alguém terá de apanhar. Ou a escola que escolhemos para os nossos filhos, ou ainda a obesidade que se gera com refrigerantes e certos tipos de comida. Quem limpa a rua terá de ser pago, da qualidade da escola depende a produtividade futura, a obesidade vai gerar custos na saúde. Praticamos economia o dia inteiro, ainda que a dimensão econômica frequentemente nos escape. A economia, nesse sentido, constitui um movimento que resulta do conjunto de iniciativas dos mais variados setores, e temos de ter uma noção da contribuição de cada um, e de como se articulam.

A economia está impregnada de ideologias, contaminada por preconceitos. Esse ponto é importante, e vai nos fazer entender, por exemplo, que o motorista apressado tenha ódio do corredor de ônibus, ou que os acionistas de um grupo econômico que poderiam lucrar com um shopping fiquem escandalizados que uma área verde sirva apenas como espaço gratuito de lazer. Mas a economia que funciona não se resolve no ódio, e sim na harmonização razoavelmente equilibrada dos diversos interesses.

Essa harmonização não significa uma abordagem neutra, pois enfrentamos aqui desequilíbrios antigos e novos, herdados e reproduzidos. Nos EUA, o salário de um administrador top de linha de uma instituição de especulação financeira é, aproximadamente, o mesmo que o de 17 mil professores do ensino primário (Russell Jacoby). Faz algum sentido? Nenhum sentido ético, pois o trabalho do professor é muito intenso, e nenhum sentido econômico, pois o professor multiplica conhecimentos, enquanto o especulador multiplica crises. No entanto, é o que prevalece, e o importante não é odiar individualmente o especulador – há inúmeros candidatos para ocupar o seu lugar –, e sim entender como o sistema se deformou e permite esses absurdos.

No plano social, temos de entender como o 1% dos mais ricos do planeta se tornaram donos de 50% das riquezas produzidas por toda a sociedade. Como podemos ter mais de 800 milhões de pessoas que passam fome quando o mundo produz, apenas de grãos, mais de um quilo por pessoa por dia? Como, com tantas tecnologias, um terço da humanidade ainda cozinhe com lenha, e 1,3 bilhões sequer tenham acesso à eletricidade? Esperar ter paz social, política equilibrada e um mundo em segurança nessas condições não faz muito sentido. Gente reduzida ao desespero reage de maneira desesperada, é tão simples. A partir de um certo grau de desigualdade, as sociedades, no seu conjunto, deixam de funcionar, acumulam-se crises e conflitos, os processos democráticos se desarticulam.

No plano ambiental, podemos enfileirar um conjunto de tragédias que se avolumam, como o aquecimento global, a liquidação das florestas, a perda de solo fértil, a ruptura das cadeias alimentares dos oceanos, o desaparecimento da biodiversidade, a contaminação generalizada da água doce e outros processos acelerados de destruição, em que cada agente econômico busca arrancar o máximo para o seu proveito e o dos seus acionistas, sem pensar no conjunto: entre o interesse financeiro de curto prazo dos grupos econômicos e o interesse mais amplo da sociedade, o chamado bem comum, a luta ficou desigual. O relatório da World Wide Fund For Nature (WWF) de 2014 mostra que em quarenta anos, entre 1970 e 2010, destruímos 52% da fauna do planeta, com numerosas espécies já irremediavelmente extintas. Não ver o drama que se avoluma já não é questão de posicionamento político, e sim de cegueira ideológica. Temos de assumir as nossas responsabilidades como seres humanos. Isso envolve uma dimensão ética das pessoas, mas, sobretudo, a reorganização do sistema, de forma que contribuir para a sociedade se torne mais interessante do que maximizar a apropriação. Trata-se de reconciliar a busca de realização individual e a construção do bem comum.

No plano da organização econômica e financeira, chegamos ao absurdo de ter mais de um terço do valor do PIB mundial estocado em paraísos fiscais, fortunas que são aplicadas não em criar atividades econômicas, produzir coisas úteis, mas em gerar lucros especulativos. Como os lucros especulativos aumentam em ritmo muito superior ao crescimento da economia real, temos aqui uma bola de neve em que os mais ricos, que são os que jogam no mercado financeiro, aumentam a sua parte do bolo em ritmo crescente. Como nos paraísos fiscais não se paga impostos, ou apenas simbolicamente, geramos um processo completamente disfuncional, na linha do que tem sido chamado de financeirização da economia.

Jacob Goldstein, autor do livro chamado simplesmente Money, comenta esse estranho divórcio entre a economia real e os sistemas de apropriação: “Os economistas usam essa frase estranha: ‘A economia real’. Isso se refere aproximadamente a tudo o que ocorre fora das finanças. O carpinteiro que constrói a casa trabalha na economia real. Não é o caso do banqueiro que lhe empresta dinheiro para comprar a casa. Quando uma economia funciona bem, a economia real e as finanças se complementam. O banqueiro lhe dá um empréstimo para que você possa comprar a casa que o carpinteiro construiu. Todos (teoricamente) ganham. Mas há tempos em que a economia real e as finanças se desconectam.” (69) O que aqui nos interessa é a economia real, o processo produtivo, o que chamamos simbolicamente de “o pão nosso de cada dia”.

O nosso desafio é bem conhecido: temos de assegurar uma sociedade que seja economicamente viável, mas também socialmente justa e ambientalmente sustentável. Esse tripé, o triple bottom-line, é hoje internacionalmente aceito, mas estamos destruindo o planeta em proveito de uma minoria, sendo que essa minoria sequer consegue administrar os seus recursos para que tenhamos um desenvolfimento econômico que faça sentido. Esses recursos, na realidade, são necessários para financiar políticas sociais inclusivas capazes de assegurar vida digna à imensa massa de pobres, e para financiar a reconversão tecnológica e organizacional que permita assegurar uma produção que não destrua o planeta. Para isso, evidentemente, não basta a boa vontade de alguns, temos de rever as regras do jogo. A governança corporativa, e a responsabilização dos grandes grupos econômicos, assume um papel particularmente importante.

A economia moderna se tornou demasiado complexa para as grandes simplificações de outrora. O que herdamos como visões do século passado era, de um lado, a visão capitalista, centrada na propriedade privada, regulada pela mão invisível e o liberalismo empresarial, com a burguesia ditando os rumos em termos políticos. De outro lado, os defensores da economia estatizada, regulada pelo planejamento central, e com o controle político do proletariado. Hoje, essas visões nos trazem o sentimento de folhearmos antigos compêndios empoeirados. Temos de enfrentar a complexidade de uma economia que funciona com subsistemas diferenciados, buscando soluções menos lineares, e, sobretudo, inteligentes.

Em outros termos, além das simplificações, e levando em conta as enormes transformações das últimas décadas, temos de pensar com cabeça mais fria o que funciona melhor e com que sistemas de gestão. A Polônia, para dar um exemplo, foi, segundo a Economist, o país que melhor sobreviveu à crise de 2008. Os bancos não tinham sido privatizados, e os recursos das poupanças da população continuaram a ser geridos dominantemente por cooperativas como “caixas de poupança”. Balcerowicz, um importante economista polonês, disse ironicamente que a Polônia foi salva por seu atraso financeiro. Semelhante “atraso” pode ser encontrado com as sparrkassen municipais que gerem quase dois terços da poupança da Alemanha, financiando as necessidades reais de cada município em vez de alimentar fortunas no casino financeiro.

Em outros termos, o que aqui buscamos é ver, setor por setor, o que funciona melhor, conscientes de que há coisas que funcionam melhor com mercado, outras com planejamento central, outras, ainda, com planejamento participativo descentralizado, e assim por diante. Estamos diante do desafio real de equilibrar, numa economia que se diversificou, mecanismos de regulação diferenciados e articulados. Como objetivo maior, visamos a construção de sistemas democráticos, equilibrados e sustentáveis de gestão.

Enfrentei, no quadro da ONU a montagem de sistemas econômicos em diversos países africanos, além de ter acompanhado situações muito diversificadas, como as da Mongólia, China, Equador, Suíça, Polônia e muitos outros. Isso me faz duvidar bastante dos grandes caminhos retos, das grandes propostas que tudo igualam. Gostemos ou não, temos de olhar os problemas mais de perto. Simplificações podem assegurar satisfação ideológica e fortes convicções, mas não resolvem os problemas nem abrem caminhos para os avanços que são necessários.

Para o leitor que acompanha os meus estudos, algumas palavras para situar o presente livro. O fio condutor aqui é o mesmo do meu A reprodução social, publicado pela Editora Vozes, mas aqui com dados atualizados e análise expandida. O presente trabalho é particularmente complementar de A era do capital improdutivo, publicado por Autonomia Literária e Outras Palavras. De certa maneira, ao tratar o “Capital Improdutivo”, analisei as deformações do sistema pela financeirização, enquanto o presente estudo é centrado nos setores concretos da “economia real”, como indústria, saúde ou educação, e numa visão propositiva. Na sequência das análises que tenho construído, trata-se precisamente de resgatar a base produtiva da sociedade, a economia real, setor por setor.

Por trás de um livro, há um autor. Eu me tornei consciente dos dilemas sociais trabalhando como jornalista no Jornal do Commercio do Recife, nos tempos de Miguel Arraes, estudei economia política com bons banqueiros na Suíça, e a economia do socialismo em Varsóvia: de certa forma, as duas vertentes, as duas metades da laranja. E com anos de implantação de sistemas de organização econômica e social em diversos países, no quadro das Nações Unidas, me tornei muito mais pragmático, cético quanto às simplificações ideológicas, ainda que cada vez mais consciente dos dramas que estão sendo gerados. O pequeno livro que o leitor tem em mãos resulta, em grande parte, dessa trajetória: ao elaborar um plano nacional de desenvolvimento, é preciso conhecer de maneira concreta os desafios dos diferentes setores, e entender como podem ser articulados.

Para entender os nossos dilemas econômicos, não há como não ver o pano de fundo: nas diversas eras e civilizações, sempre tivemos elites que se apropriaram do produto dos outros, por meio de diferentes mecanismos: a exploração dos servos na era feudal, dos escravos nas plantações, dos assalariados nas fábricas, dos endividados no planeta todo. Mas como mostra Piketty no Capital e ideologia, sempre foram construídas narrativas para justificar a apropriação do excedente social por quem não o produziu: os aristocratas tinham direito de explorar os servos, pois tinham sangue nobre, e o rei era “de direito divino”, os escravos podiam ser explorados, pois eram “legítima propriedade” e sequer teriam alma, os proletários explorados recebiam o merecido, pois os capitalistas é que enfrentavam os riscos – capital de risco, nos ensinam até hoje –, e as fortunas financeiras de hoje fariam parte da lógica impessoal “dos mercados”, ainda que sejam propriedade de pessoas de verdade que pouco produzem. Hoje enfrentamos um “neo-feudalismo”, escreve Joel Kotkin.

Sempre houve mecanismos de exploração e narrativas para justificá-la. E evidentemente, para os que não acreditavam ou hoje não acreditam nas narrativas, sempre há o porrete. Mecanismos econômicos de apropriação, narrativas e contos de fadas para justificar o injustificável, e o porrete para os que não acreditam em contos de fada, esse pode ser o resumo dos nossos tristes destinos de economia selvagem. É tempo de nos civilizarmos.

Unincreíble revelación, vivida por pocos y rechazada por muchos (I)

Leonardo Boff*

En las religiones, los seres humanos buscan a Dios. En la Tradición de Jesús es Dios quien busca a los seres humanos. En las primeras lo hacen mediante la oración oral, la meditación silenciosa, la observancia de los preceptos religiosos y éticos, la participación en las fiestas y los ritos y la memoria de las tradiciones. Cuanto más recta y fiel sea una persona, más meritoriamente llega a Dios.

En la Tradición de Jesús ocurre lo contrario: Es Dios quien busca al ser humano, especialmente a aquel que se siente perdido, que no lleva una vida virtuosa y que juzga haber sido abandonado por Dios. Lógicamente en esta Tradición también se reza y se conservan las tradiciones religiosas, se vive éticamente y se participa en los cultos y las fiestas. Reuniendo todo: se observa la Ley. Pero la novedad no reside en esto, ni es por estos medios por los que acogemos la singularidad traída por Jesús.

La experiencia originaria de Jesús: la proximidad de Dios

En un pequeño pueblo, Nazaret, tan insignificante que nunca aparece en la Escrituras del Antiguo Testamento, vive un hombre desconocido cuyo nombre nunca figuró en la crónica profana de la época, ya fuera en Jerusalén o en Roma. Pertenece al grupo de los llamados “los pobres de Yavé”, que son los humildes e invisibles, pero cuya característica consiste en vivir una profunda fe en el Dios de los padres, Abraham, Isaac y Jacob, y una inquebrantable confianza en que Dios va a realizar lo que los profetas habían anunciado: la justicia para los pobres, la protección de las viudas y el ensalzamiento de los humillados y ofendidos. Ese hombre es Jesús de Nazaret.

De profesión es un artesano-carpintero como su padre José. Hasta la edad adulta ha vivido en su familia la espiritualidad de los pobres de Yavé. En su pueblo era conocido como “el hijo de José, de quien conocemos el padre y la madre” (Jn 6,42) o simplemente como “el carpintero, hijo de María” (Mt 5,3) o “el hijo de José”(Lc 4,22).

Pero él mostraba una singularidad que dejaba perplejos a sus padres. No llamaba a Dios como era lacostumbre, sino de una forma muy propia: Abba (diminutivo infantil de “papá querido”. Esto quedóclaro cuando a los 12 años participó, con sus padres, en la romería anual a Jerusalén y se perdió porallí. Una vez encontrado, les dijo a sus padres que estaban llenos de angustia: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc 2,50). Perplejos, sus padres no entendieron este lenguajeinaudito (Lc 2,5). Así y todo, María guardaba estas cosas en su corazón (Lc 2,51). Y todo terminó allí. No se sabe nada de su vida oculta, profesional y familiar. Solo el evangelista Lucas observa tardíamente hacia los años 80 dC que “Jesús crecía en edad, en sabiduría y en gracia delante de Diosy de los hombres” (Lc 2,52).

Sin contar los evangelios de la infancia de Mateo y de Lucas, cargados de significado teológico posterior, todos los evangelistas comienzan sus narrativas con el bautismo de Jesús por Juan Bautista. Fue entonces, testimonian los relatos, cuando ocurrió una gran transformación en la vida del desconocido Nazareno. Cuando oyó hablar de Juan Bautista, venido del desierto, que bautizaba en el río Jordán, no por curiosidad sino por su espíritu profundamente piadoso, se unió a la multitud y fue también a ver a Juan y conocer qué estaba pasando allí. Venían multitudes de toda Palestina, pues el Bautista predicaba la inminente llegada del Reino (el nuevo orden querido por Dios) y pedía penitencia a la gente en vista de esta irrupción. Es probable que Jesús conversara con él y con sus discípulos.

Pero llegó el momento en que junto con la multitud, y no él solo como muestran las pinturas, Jesús entró en el agua. A una señal del Bautista, él se sumergió en el agua y así se dejó bautizar, como hacían todos.

Pero he aquí que en él sucedió algo especialísimo. Después de ser bautizado, mientras rezaba, dice el texto de Lucas (3,21), sintió una tremenda conmoción interior. Fue invadido por una onda de ternura tan avasalladora que conmovió todo su interior: “Tu eres mi hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,9-11). Lucas es más explícito y dice que Jesús oyó: “Tu eres mi Hijo amado, y hoy te engendré” (Lc 3,21-22).

El lenguaje bíblico expresa la experiencia interior usando expresiones pictóricas y simbólicas: el cielo se abrió y se vio al Espíritu descender sobre él en forma corpórea de paloma.

Se trata de una escenificación plástica para expresar una radical y originalísima experiencia espiritual vivida por Jesús, imposible de ser expresada con palabras. A partir de ahí ocurrió una verdadera revolución en su vida: se siente hijo amado de Dios-Pa querido. Es invadido por una pasión de amor divino que trastocó su vida. Experimentó una absoluta y directa proximidad de Dios.Ya no es él quien busca a Dios. Dios lo buscó y asumió como su hijo querido.

La increíble revolución: la proximidad amorosa de Dios-Abba

Como en todas las cosas, todo tiene un proceso. Con Jesús no fue diferente. Fue dándose cuentalentamente de la cercanía de Dios, de acuerdo a su edad, hasta irrumpir en plena conciencia albautizarse en el río Jordán a la edad de 30 años. Una cosa es ser objetivamente el Hijo bienamado de Dios y otro es darse cuenta subjetivamente de este hecho. En el bautismo en el río Jordánsucedió ese salto de conciencia con ocasión de esa visitación concretísima de Dios-Abba.

Aquí se encuentra la gran singularidad relatada por los evangelistas: dar testimonio de la proximidad de Dios, del Dios que busca intimidad con el ser humano, con Jesús de Nazaret. Esa proximidad escon todos los seres humanos, independientemente de su condición moral y de su situación de vida. Se trata del desbordamiento gratuito del amor de Dios hacia sus hijos e hijas.

Con esto se inaugura un nuevo camino, distinto del de la observancia de la Ley y de las distinciones que se hacen entre buenos y malos, justos e injustos. Estas cosas tienen su razón de ser en la convivencia humana. Pero no es así como Dios ve y juzga a los seres humanos. Su mirar y su lógica es totalmente otra, como se reveló en Jesús, miembro del grupo de los pobres de Yavé. En este irrumpe un amor divino ilimitado, empezando por aquel del que nunca hablan, que nunca fue a ninguna escuela de teología, como mucho a la escuelita bíblica de la sinagoga. El Nazareno vino de este medio. No pertenece al mundo de los letrados, de los juristas, de la casta sacerdotal o de algún status social. Es un anónimo, más acostumbrado al trabajo de las manos que al uso de la palabra.

De repente todo cambió: inundado de la proximidad amorosa de Dios se puso a predicar con tanto entusiasmo y sabiduría que los oyentes comentaban: “¿De dónde le viene tal sabiduría? ¿No es el hijo del carpintero?” (Mc 6,23, Mt 13, 54-55) Sus privilegiados son los pobres, siempre cobardemente despreciados; come con los pecadores, se aproxima a los cobradores de impuestos, odiados por el pueblo pues son aliados de las fuerzas de ocupación romana (Mc 2,216). Le llaman hasta comilón y bebedor porque acepta la invitación a comer en casa de pecadores (Mt 11,19). Rompe los tabús religiosos de la época al conversar con una mujer samaritana, al defender a otra mujer sorprendida en adulterio, al dejar que sus pies fueran ungidos con un perfume especial, besados y enjuagados con los cabellos y las lágrimas de María Magdalena, que tenía mala fama.

Andando con gente de mala fama Jesús les muestra la cercanía de Dios

¿Por qué hace eso? Porque quiere llevar a todos, especialmente a estos socialmente descalificados,los leprosos, los paralíticos, los ciegos, pero también los pecadores públicos, los desesperados, lanovedad de que Dios está próximo a todos ellos. Jesús, desbordando de amor de Dios-Abba, vahacia sus hermanos y hermanas y les anuncia esa novedad de la cercanía incondicional de Dios que se hace para todos el “pa amoroso”. Lo decisivo no es la Ley y las tradiciones cuidadosamente observadas sino aceptar aquello que Dios-Abba dijo a Jesús y que ahora lo repite para ellos, poco importa lo que hacen en la vida ni como es su condición religiosa y moral. Solo les dice: “vosotrossois mis hijas e hijos, en vosotros encuentro mi regocijo”. Esto suena primeramente como sorpresa y después como una inaudita alegría y liberación. Dicen: es la buena noticia, es el evangelio. Esta sorprendente propuesta requería y requiere una respuesta. Exige cambiar de mente y de corazón.¿Lo hemos hecho? Esta es la cuestión. (sigue)

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Jesucristo el Liberador, Vozes 1972-2012; Pasión de Cristo-pasión delmundo, Vozes 2012Nuestra resurrección en la muerteVozes 2010publicados todos en español por la editorial Sal Terrae.Traducción de Mª José Gavito Milano