¿Por qué hemos llegado a la pavorosa situación actual?

Leonardo Boff*

Es un lugar común afirmar que estamos en el corazón de una gran crisis de civilización. No es una crisis regional sino global. A decir verdad, ella encierra una infinidad de otras crisis, en lo económico, en lo político, en lo ideológico, en lo educacional, en lo religioso y hasta en lo espiritual. No sabemos qué nos espera. Tenemos mayor conciencia cada vez de que el mundo así como está no puede continuar. El camino actual nos está llevando al borde de un precipicio. Tenemos que cambiar. Se atribuye a Einstein esta frase: “el pensamiento que creó la crisis actual no puede ser el mismo que nos saque de ella”. Tenemos que definir un nuevo camino. ¿Cómo construirlo para que sea realmente otro tipo de mundo?

El hecho innegable es que hay demasiado caos destructivo sin previsión de que vaya a ser generativo. Hay formas de inhumanidad que superan todo lo que hemos vivido y sufrido en la historia. Basta presenciar al genocidio que ocurre a cielo abierto en la Franja de Gaza perpetrado por un primer ministro israelí, cruel y sin piedad, apoyado por un presidente estadounidense católico y por la Comunidad Europea que traiciona sus ideales históricos de derechos humanos, de libertad y de democracia. Todos estos se hacen cómplices del atroz crimen contra la humanidad. Sin olvidar la ola de odio, la negación de la ciencia y de la verdad. Prevalece la ignorancia y el lenguaje grosero y ofensivo. Este antifenómeno se da principalmente en Occidente.

El solo hecho de que el 1% posea la riqueza de más de la mitad de la humanidad, demuestra cuan perverso, profundamente desigual e injusto es el escenario social mundial. Todavía hay que añadir la emergencia ecológica con la insostenibilidad del planeta Tierra, viejo y con recursos limitados que, en sí, no soporta un crecimiento ilimitado, obsesión de las políticas sociales de los países. Ese proceso la extenuó, debido a la superexplotación de los biomas terrestres y está poniendo en peligro las bases naturales que sustentan la vida (Earth Overshoot). La continuidad de la aventura humana en este planeta no está asegurada. Bien escribió el Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (2020): “Estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salva nadie”. Todo esto viene resumido por el calentamiento global creciente, inaugurando, por lo que parece, una nueva fase más caliente y peligrosa de la historia de la Tierra y de la humanidad.

¿Por qué hemos llegado a la amenazante situación actual que puede poner en peligro el futuro de la vida humana y de la naturaleza?

Hay varias interpretaciones de esta funesta situación de la actualidad. No tengo la pretensión de tener una respuesta suficiente. Pero levanto una hipótesis, fruto de toda una vida de estudio y de reflexión. Estimo que nuestra situación se remonta muy atrás, a hace dos millones de años, cuando el homo habilis, el ser humano que inventó instrumentos de intervención en los ciclos de la naturaleza. Hasta entonces su relación con ella era de interacción, sintonizándose con los ritmos naturales y tomando lo que su mano alcanzaba. Ahora, con el homo habilis o faber comienza la intervención en la naturaleza: la caza de animales y el derribo de vegetación para un cultivo rudimentario. Después de miles de años, la intervención siguió adelante hasta llegar hace 10-12 mil años, en el neolítico, a la agresión de la naturaleza. Interfirió en el curso de los ríos, inaugurando la agricultura de irrigación y el manejo de regiones enteras, que implicaba cambios en las relaciones con la naturaleza, depredándola ya. Finalmente, la era del industrialismo y el modo moderno y contempoáneo de producción por la técnica, por la automatización, por la robótica y por la inteligencia artificial han llevado a un proceso de destrucción de la naturaleza. Proyectamos una nueva era geológica, la del antropoceno y sus derivados, el necroceno y el piroceno. Ahí el ser humano aparece como el Satán de la Tierra. Ha transformado el jardín del Edén en un matadero, como denunció el biólogo E.Wilson. No se ha comportado como el ángel cuidador de todo lo creado.

Ese proceso histórico-social ganó su justificación teórica con los padres fundadores de la modernidad Galileo Galilei, Descartes, Newton, Francis Bacon y otros. Para ellos, el ser humano es “dueño y señor” de la naturaleza. No se sentía parte de ella, estaba fuera y por encima de ella. La Tierra, considerada hasta entonces como Magna Mater que nos da todo, pasó a ser considerada como una cosa inerte (res extensa), sin propósito, a lo máximo, un baúl de recursos entregados al uso y disfrute del ser humano. El eje orientador de este modo de ver el mundo es la voluntad de poder, como dominación del otro, de los pueblos, de sus tierras (colonización), de la clase obrera, de la naturaleza, de la vida hasta el más mínimo gen, de la materia hasta el pequeñísimo topquark. La ciencia fue creada al servicio de la dominación, no solo como el justo conocimiento teórico de cómo se estructuran las cosas, sino como instrumento de dominación y de nuevos inventos. Pronto fue apropiada por la voluntad de poder, convirtiéndola en una operación técnica para la transformación del mundo circundante. Con ella se llevó a cabo una verdadera guerra contra la Tierra, sin posibilidad de vencerla, arrancando de ella todo en función del sueño de un crecimiento ilimitado de bienes materiales. Se atacó a la Tierra en todos los niveles, lo que tuvo como consecuencia la devastación de prácticamente los principales biomas, sin medir los efectos colaterales. Es el imperio de la razón instrumental-analítica y tecnocrática. No podemos dejar de apreciar los inmensos beneficios que ha traido para la vida humana. Pero el mismo tiempo ha creado el principio de autodestrucción con armas letales que pueden liquidar toda la vida. La razón se ha vuelto irracional y enloquecida.

Hoy hemos llegado al punto-límite, la Tierra se muestra gravemente enferma. Como es un Super-Organismo vivo, Gaia, reacciona mandándonos eventos extremos: sequías severas y nevadas rigurosas, una vasta gama de virus y bacterias, algunas letales, además de huracanes, tornados, riadas y terremotos. No es que vayamos hacia el calentamiento global. Estamos ya dentro de él. La ciencia ha llegado con retraso, solo puede alertar sobre la llegada de desastres y aminorar sus efectos dañinos. Efectivamente, este cambio climático amenaza peligrosamente la vida de niños y de las personas mayores y pone en grave peligro el futuro del sistema-vida.

 Hay que añadir un dato nada despreciable. El despotismo de la razón –el racionalismo– ha acentuado lo que hay de más humano en nosotros: nuestra capacidad de sentir, de amar, de cuidar, de vivir la dimensión de los valores como la amistad, la empatía, la compasión, en fin, el mundo de las excelencias. Todo esto era visto como obstáculo para la mirada objetiva de las ciencias. Se separó la mente y el corazón, la razón intelectual y la razón sensible. Tal ruptura ha producido una profunda distorsión de los comportamientos, ocasionando insensibilidad ante el drama de los millones y millones de pobres y miserables y la falta de cuidado de la naturaleza y sus “bondades”, como dicen los pueblos andinos.

Si quisiéramos resumir en una pequeña fórmula la crisis civilizacional diría: ella perdió la justa medida, valor presente en todas las tradiciones éticas de la humanidad. Todo es des-medido, el asalto a la naturaleza, el uso de la violencia en las relaciones personales y sociales, las guerras sin medida alguna de contención, el predominio des-medido de la competición al precio de la cooperación, el consumo des-medido al lado del hambre atroz de millones de personas, sin el menor sentido de solidaridad y de humanidad.

De seguir este proyecto de civilización, calcado sobre el poder-dominación y sobre la razón instrumental y sin corazón, hoy mundializado, iremos fatalmente al encuentro de una tragedia ecológico-social capaz de hacer el planeta Tierra inhabitable para nosotros y para los organismos vivos. Sería nuestro fin después de millones de años sobre este bello y riente planeta. No supimos cuidarlo para ser la Casa Común de todos los humanos, con la naturaleza incluida.

Pero como el proceso de la génesis del cosmos y de la Tierra no es lineal, sino que da saltos hacia arriba y hacia delante, puede ocurrir lo inesperado. Ante un gran impacto o catástrofe puede hacerse viable una transformación fundamental. Llevaría a cambiar la conciencia colectiva de la humanidad. Como dijo el poeta alemán Hölderin (+1843): “Donde habita el peligro, crece también lo que lo salva”. Ese salvamento significaría el cambio necesario de paradigma civilizatorio, garantizando así nuestro futuro. Eso podría ser la utopía posible y viable para la situación actual. ¡Ojalá!

*Leonardo Boff ha escrito La búsqueda de la justa medida (2 vol), Vozes 2002/3; Cuidar de la Casa Común: pistas para evitar el fin del mundo, Vozes 2023.

Traducción de María José Gavito

La mia patria è la Terra: l’utopia promettente

Leonardo Boff

Oggi viviamo in tempi distopici, privi di ispirazioni utopistiche. Le grandi utopie del passato non hanno mantenuto le loro promesse: dall’illuminismo, dare istruzione a tutti; dal capitalismo, tutti possono diventare ricchi; dal socialismo, uguaglianza tra tutti; dal comunismo, una società senza classi; dalla postmodernità, non esistono narrazioni universali, ognuno sceglie la propria. Il fatto è che nessuna società, assicurano antropologi e sociologi, vive senza avere un’utopia, cioè un’idea forte, un sogno ispiratore che dia senso alla vita delle persone, alla società e alla storia.

Diceva bene lo scrittore irlandese Oscar Wilde: “Una mappa del mondo che non includa l’utopia non vale la pena di essere guardata, poiché ignora l’unico territorio in cui sempre l’umanità approda, partendo in seguito per una terra ancora migliore”.

Ma il sogno utopico non muore mai, poiché è l’essenza dell’essere umano, il principio speranza (Ernst Bloch) dell’essere sempre in cammino. È completo ma imperfetto, poiché cerca sempre di migliorare la sua umanità. C’è molto di vero nell’utopia di Pierre Teilhard de Chardin ancora nel 1930, di fronte all’irruzione della noosfera, in cui il cuore e la mente dell’umanità avrebbero raggiunto una felice convergenza. Anche l’utopia che circola dal basso: “l’anima non ha confini, nessuna vita è straniera”. O quella che ha diffuso persino la televisione: “la mia patria è la Terra”, una vera utopia.

Due utopie realizzabili sono state proposte, quella della Carta della Terra (2000) con la sua etica della cura di tutti gli esseri e quella di Papa Francesco con la sua ecologia integrale, “Come prendersi cura della Casa Comune” (2015) in cui afferma la relazione di tutti con tutti, “con il sole e la luna, con il cedro e il passero” (n.86) e la «fratellanza universale» tra gli umani e con tutti gli esseri della natura (Fratelli tutti 2020), in quanto tutti sono stati generati dalla Madre Terra e possiedono lo stesso codice genetico di base.

Voglio presentare l’utopia radicale di Robert Müller, alto funzionario delle Nazioni Unite per 40 anni e primo rettore dell’Università della Pace in Costa Rica. Ci riporta all’utopia biblica del “nuovo cielo e della nuova Terra”. Ha disegnato una Nuova Genesi (cfr. O nascimento de uma civilização global , Aquarius, São Paulo 1993 p,170-171).

«E Dio vide che tutte le nazioni della terra, bianche e nere, povere e ricche, del Nord e del Sud, dell’Est e dell’Ovest, di ogni credo, mandavano i loro emissari a un grande edificio di cristallo sulle rive del fiume del Sol Nascente, sull’isola di Manhattan, per studiare insieme, pensare insieme e prendersi cura insieme del mondo e di tutti i suoi popolo. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il primo giorno della Nuova Era della Terra.

E Dio vide che i soldati della pace separavano i combattenti delle nazioni in guerra, che le differenze erano risolte attraverso il negoziato e la ragione e non con le armi, e che i leader delle nazioni si incontravano, scambiavano idee e univano i loro cuori, le loro menti, le loro anime e le loro forze per il beneficio di tutta l’umanità. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il secondo giorno del Pianeta della Pace.

E Dio vide che gli esseri umani amavano la totalità della Creazione, le stelle e il sole, il giorno e la notte, l’aria e gli oceani, la terra e le acque, i pesci e gli uccelli, i fiori e le piante e tutti gli esseri umani, loro fratelli e sorelle. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il terzo giorno del Pianeta della Felicità.

E Dio vide che gli esseri umani eliminavano la fame, la malattia, l’ignoranza e la sofferenza in tutto il globo, fornendo a ogni persona umana una vita dignitosa, consapevole e felice, riducendo l’avidità, la forza e la ricchezza di pochi. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il quarto giorno del Pianeta della Giustizia.

E Dio vide che gli esseri umani vivevano in armonia con il loro pianeta e in pace con gli altri, gestendo saggiamente le proprie risorse, evitando gli sprechi, frenando gli eccessi, sostituendo l’odio con l’amore, l’avidità con la contentezza, l’arroganza con l’umiltà, la divisione con la cooperazione e il sospetto con la comprensione. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il quinto giorno del Pianeta dOro.

E Dio vide che le nazioni distruggevano le loro armi, le loro bombe, i loro missili, le loro navi e aerei di guerra, disattivando le loro basi e smobilitando i loro eserciti, mantenendo solo agenti di polizia di pace per proteggere i buoni dai cattivi e i normali dai pazzi. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il sesto giorno del Pianeta della Ragione.

E Dio vide che gli esseri umani restauravano Dio e la persona umana come l’Alfa e l’Omega, riducendo istituzioni, credenze, politiche, governi e tutte le entità umane a semplici servitori di Dio e delle persone. E Dio li vide adottarla come legge suprema: “Amerai il Dio dell’Universo con tutto il tuo cuore, con tutta la tua anima, con tutta la tua mente e con tutte le tue forze. Amerai il tuo bellissimo e miracoloso pianeta e lo tratterai con infinita cura. Amerai i tuoi fratelli e sorelle come ami te stesso. Non ci sono comandamenti più grandi di questi”. E Dio disse: “Ciò è bene”. E quello fu il settimo giorno del Pianeta di Dio».

Se alla porta dell’inferno della Divina Commedia di Dante Alighieri era scritto: “Abbandonate ogni speranza, voi che entrate” sulla porta della Nuova Genesi del mondo planetizzato sarà scritto in tutte le lingue della Terra: “Non abbandonate mai la speranza, voi che entrate”.

Non sono sicuro che questo sogno di Robert Müller sia, per ora, realizzabile con il tipo di esseri umani che siamo diventati. Ma reinventando l’essere umano – questa è la nostra sfida se vogliamo sopravvivere – questo sogno potrebbe diventare realtà.

Ebbene, non stanchiamoci mai di sognare che, un giorno, potremo sperimentare questa promettente e realizzabile utopia: La mia patria è la Terra.

Leonardo Boff ha scritto O doloroso parto da Mãe Terra, Vozes 2021.

(traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

Die Planetisierung der Menschheit gegen Trumps „MAGA“

                                             Leonardo Boff  

Unsere Vorfahren (Hominiden) haben sich im Laufe der Evolution vor etwa 7-8 Millionen Jahren entwickelt. Der heutige Homo sapiens (und demens)mit seinem reflexiven Bewusstsein, seiner Intelligenz, seiner Liebesfähigkeit und seiner Sprache, von dem wir abstammen, ist erst vor 200.000 Jahren entstanden. Davor lebte er mehrere Millionen Jahre lang in Afrika. Unsere grundlegenden anthropologischen Strukturen, die unser Menschsein ausmachen, wurden dort entwickelt. Deshalb sind wir alle in irgendeiner Weise Afrikaner. Dann begann sie ihre große Ausbreitung über die ganze Welt, bis sie alle Räume der Erde besetzt hatte. Jetzt hat die große Reise zurück begonnen, damit sich alle in der gleichen gemeinsamen Heimat, dem Planeten Erde, treffen können. Eine neue Phase der Menschheit und der Erde hat begonnen, die planetarische Phase, die andere Globalisierung nennen. Erst im Jahr 1521, als Ferdinand Magellan und seine Seeleute die Weltumsegelung unternahmen, begann das kollektive Bewusstsein, dass die Erde rund ist und von überall aus erreicht werden kann. Die damaligen Mächte Portugal und Spanien begannen mit der Besetzung/Invasion von Afrika, Abya Yala und Teilen Asiens. Dies waren die ersten Schritte zur Planetisierung.

Diese Globalisierung hat zugenommen und nimmt heute viele Formen an. Man spricht von der ökonomisch-thyrannosaurischen Globalisierung, der menschlich-sozialen Globalisierung und der öko-zoischen-spirituellen Globalisierung. Die vorherrschende Form ist die wirtschaftlich-finanzielle, die ich als Dinosaurier-Phase bezeichnen würde, weil sie sich in einer gefräßigen Art und Weise vollzieht, die uns an Dinosaurier denken lässt, weil sie die Menschen unterdrückt und die Natur verschlingt. In der Tat handelt es sich um die Verwestlichung der Welt, ihrer Werte wie Demokratie, Menschenrechte, Wissenschaft und Technologie, aber auch ihrer Mängel wie Herrschsucht, Kampfgeist und Individualismus (Serge Latouche The Westernisation of the World, Vozes 1994).

Der Mensch hat noch nie allein gelebt. Der deutsche Denker Norbert Elias sah die Sozialität in „Subsistenzeinheiten“ (Der Prozess der Zivilisation,1959), deren Funktion es war, die Gruppe vor existenziellen Risiken zu schützen und gleichzeitig die Gewalt innerhalb der Gruppe und gegenüber externen Gruppen zu kontrollieren.

Diese „Subsistenzeinheiten“ haben sich historisch zu Städten, Metropolen und heute zu Megakonzernen und-mächten entwickelt, die über eine phantastische Wirtschaftskraft und eine militärische Macht verfügen, die in der Lage ist, mit ihren atomaren, chemischen und biologischen Waffen alles Leben zu vernichten. Wissenschaftler sehen in der Tödlichkeit von Atomwaffen sogar eine merkwürdige zivilisatorische Funktion im Sinne eines Schutzes vor einem endgültigen Krieg. „Ihre Nützlichkeit läge in ihrem Nicht-Einsatz“, weil sie die ‚Mutually Assured Destruction‘ (gegenseitigzugesicherte Zerstörung) vermeiden würde, so Stephen Mennel, in (Mike Featherstone (org,),Cultura global,Vozes 1994, S.389).

Die dringende Frage, die noch nicht gelöst ist, ist die Konstituierung einer demokratischen planetarischen governance. Die neue Tatsache, dass wir uns alle im selben gemeinsamen Haus befinden, erfordert ein plurales Gremium von Männern und Frauen, die alle Völker und Interessen vertreten, um über das Schicksal der Menschheit nachzudenken und vor allem um globale Lösungen für globale Probleme wie Covid-19, die zunehmende Erwärmung der Erde und die Zerstörung der Artenvielfalt zu finden.

Derzeit besteht ein Paradoxon: Einerseits werden die technischen, wirtschaftlichen, politischen und kulturellen Zusammenhänge der Planetisierung, die Entdeckung des einzigen Gemeinsamen Hauses als unumkehrbare Tatsache, mit allen Mitteln überprüft und andererseits die Bewahrung von nationale Souveränitäten, die an sich überholt sind mit äußerst tödlichen Kriegen, um die Grenzen bestimmter Nationen zu gewährleisten. Das kollektive Bewusstsein, dass wir Planetenbürger sind und dass „Mein Heimatland die Erde“ ist, hat sich noch nicht gebildet. Hierin liegt die wahre Gefahr des Mantras von Präsident Donald Trump: „Make America Great Again“ (MAGA) oder des Aphorismus „America first“, der aber angeblich lautet: „Only America“. Wenn sich die mächtigste wirtschaftliche, technisch-wissenschaftliche und militärische Macht isoliert und ihre Verantwortung nicht wahrnimmt, um den ernsten Gefahren für das Leben und die Menschheit gemeinsam mit allen anderen zu begegnen, könnten sich die harten Worte des UN-Generalsekretärs António Gutérrez bewahrheiten: „Entweder wir handeln gemeinsam oder wir werden kollektiven Selbstmord begehen“. Edgar Morin hat im Alter von 93 Jahren zu Recht festgestellt: „Es bräuchte eine plötzliche und schreckliche Eskalation der Gefahr und das Eintreffen einer Katastrophe, um den für das Bewusstsein und die Entscheidungsfindung notwendigen elektrischen Schock auszulösen“ (Weltgesellschaft oder Imperium in der Außenpolitik Bd. 1, 2022 S. 85).

 Trump und unsere Nichtwählbaren sind notorische Leugner, die laut N. Chomsky in einem Museum des Bösen „einen besonderen Raum haben sollten“ (Wie kann man die Weltuntergangsuhr anhalten? Editora ICL 2023, S. 22).

         Derzeit stehen wir vor diesem Dilemma: Entweder wir finden einen dauerhaften Frieden zwischen allen und mit der Gemeinschaft des Lebens, oder wir könnten einen nuklearen Holocaust erleben, die Folge von Leugnung und Verantwortungslosigkeit. Wenn Mächte um die Vorherrschaft streiten, wie im Fall der USA, Russlands und Chinas, so sagen Wissenschaftler, endet das meist mit einem Krieg. Wenn es ein Atomkrieg ist, könnte es ein Krieg im Endstadium sein.

Ich möchte mich den Worten des Astronauten Sigmund Jähn bei seiner Rückkehr zur Erde anschließen: „Politische Grenzen wurden überschritten, und die Grenzen der Nationen wurden überschritten. Wir sind ein Volk, und jeder von uns ist für die Erhaltung des fragilen Gleichgewichts der Erde verantwortlich. Wir sind ihre Hüter und wir müssen uns um unsere gemeinsame Zukunft kümmern.“

Leonardo Boff Autor von: Cuidar da Terra: como evitar o fim do mundo,Vozes 2023.

Übersetzt von Bettina Goldhartnack

Por que chegamos à estarrecedora situação atual?

                                           Leonardo Boff

         É lugar comum afirmar que estamos no coração de uma grande crise de civilização. Ela não é regional mas global. Na verdade, ela encerra uma infinidade de outras crises, no econômico, no político, no ideológico, no educacional, no religioso e até no espiritual. Não sabemos o que nos espera. Temos mais e mais a consciência de que assim como  o mundo está, não pode continuar.O caminho atual nos está levando à beira de um precipício. Temos que mudar. É atribuída a Einstein a frase: “o pensamento que criou a crise atual não pode ser o mesmo que nos vai tirar dela”. Temos que definir um novo caminho.Como construí-lo para que seja realmente outro tipo de mundo?

O fato irrecusável é que há demasiado caos  destrutivo sem previsão de ser generativo.Há formas de desumanidade que ultrapassam tudo o que temos vivido e sofrido na história.Basta assistir ao genocídio que ocorre a céu aberto na Faixa de Gaza perpetrado por um Primeiro Ministro israelense, cruel e sem piedade, Benjamin Netanhyau, apoiado por um Presidente católico norte-americano e pela Comunidade Europeia que trai seus ideais históricos de direitos humanos, de liberdade e de democracia. Todos estes se fazem cúmplices do crime hediondo contra a humanidade. Sem esquecer que vigora uma nefasta onda de ódio, a negação da ciência e da verdade. Prevalece a ignorância e a linguagem grosseira e ofensiva. Esse anti-fenômeno se dá principalmente no Ocidente.

 Só o fato de 1% possuir a riqueza de mais da metade da humanidade, demonstra quão perverso, profundamente desigual e injusto é o cenário social mundial. Acresce ainda a emergência ecológica com a insustentabilidade do planeta Terra, velho e com recursos limitados que, em si, não suporta um crescimento ilimitado, obsessão das políticas sociais dos países.Esse processo extenuou, devido à superexploração, os biomas terrestres e está pondo em risco as bases naturais que sustentam a vida (Earth Overshoot). A  continuidade da aventura humana neste planeta não está assegurada. Bem escreveu o Papa Francisco em sua encíclica Fratelli tutti (2020):”Estamos todos no mesmo barco; ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”. Tudo vem resumido pelo aquecimento global crescente, inaugurando, ao que parece, uma nova fase mais aquecida e perigosa da história da Terra e da humanidade.

Por que chegamos à atual situação ameaçadora que pode pôr em risco o futuro da vida humana e da natureza?

Há várias interpretações da situação funesta da atualidade.Não tenho a pretensão de ter uma resposta suficiente. Mas levanto uma hipótese, fruto de toda uma vida de estudo e de reflexão. Estimo que a nossa situação remonta lá atrás, há dois milhões de anos,quando surgiu o homo habilis, o ser humano que inventou instrumentos de intervenção nos ciclos da natureza. Até aí sua relação era de interação, sintonizando-se com os ritmos naturais e tomando o que sua mão alcançava. Agora, com o homo habilis ou faber começa a intervenção na natureza: a caça de animais e a derrubada de matas para um cultivo rudimentar.Depois de milhares de anos, levou avante a intervenção até chegar há 10-12 mil anos, no neolítico, com a agressão da natureza. Interferiu-se no curso dos rios, inaugurando a agricultura de irrigação e o manejo de inteiras regiões que implicava  mudanças nas relações com a natureza e já depredando-a.  Por fim, a partir da era do industrialismo e do modo moderno e contemporâneo de produção pela técnica, pela automação, pela robótica e pela inteligência artificial levou a um processo de destruição da natureza. Projetamos uma nova era geológica, a do antropoceno e seus derivados, o necroceno e o piroceno. Aí comparece o ser humano como o Satã da Terra.Transformou o jardim do Éden num matadouro,como denunciou o biólogo E.Wilson.Não se comportou como o anjo cuidador de todo o criado.

Esse processo histórico-social ganhou sua justificação teórica pelos pais fundadores da modernidade com Galileo Galilei, Descartes, Newton, Francis Bacon e outros. Para eles, o ser humano é “mestre e dono” da natureza. Não se sentia parte dela, mas estava fora e acima dela. A Terra até então tida como Magna Mater que tudo nos dá, passou a ser considerada como uma coisa inerte (res extensa), sem propósito, no máximo, um baú de recursos entregues ao uso e ao bel prazer do ser humano. O eixo orientador deste modo de ver o mundo  é a vontade de poder, como dominação do outro, dos povos, de suas terras (colonização), da classe operária, da natureza, da vida até o mínimo gene, da matéria até o pequeníssimo topquark. A serviço da dominação foi criada a ciência, não apenas como justo conhecimento teórico de como as coisas se estruturam mas como instrumento de dominação e de novos inventos.Ela foi logo apropriada pela vontade de poder,convertendo-a numa operação técnica para a transformação do mundo circundante. Com ela se moveu uma verdadeira guerra contra a Terra, sem chance de vencê-la, arrancando tudo dela em função do sonho de um crescimento ilimitado de bens materiais. Atacou-se a Terra em todos os níveis, tendo como consequência a devastação de praticamente os principais biomas, sem medir os efeitos colaterais. É o império da razão instrumental-analítica e tecnocrática. Não podemos deixar de apreciar os imensos benefícios que trouxe para a vida humana. Mas ao mesmo tempo criou o princípio de autodestruição com armas letais que podem liquidar toda a vida. A razão ficou irracional e enlouquecida.

Hoje chegamos ao ponto-limite de a Terra  se mostrar gravemente enferma. Como é um Super-Organismo vivo, Gaia, reage mando-nos eventos extremos: secas severas e nevascas rigorosas, uma vasta gama de vírus e bactérias, algumas letais, além de tufões, tornados, enchentes e terremotos.  Não estamos indo ao encontro do aquecimento global. Estamos já dentro dele. A ciência chegou atrasada, apenas pode alertar para a chegada de desastres e minorar seus efeitos danosos. Efetivamente, esta mudança climática ameaça perigosamente a vida de crianças e de idosos e põe sob grave risco o futuro do sistema-vida.

Acresce um dado nada desprezível. O despotismo da razão – o racionalismo – recalcou o que há demais humano em nós: nossa capacidade de sentir, de amar, de cuidar, de viver a dimensão dos valores como a amizade, a empatia, a compaixão, em fim, o mundo das excelências. Tudo isso era visto como empecilho para o olhar objetivo das ciências. Separou-se mente e coração, a razão intelectual e a razão sensível. Tal ruptura ocasionou profunda distorção dos comportamentos, ocasionando insensibilidade face ao drama dos milhões e milhões de pobres e miseráveis e a falta de cuidado para com a natureza e suas “bondades” como dizem os povos andinos.

Se quiséssemos resumir numa pequena fórmula a crise civilizacional diria: ela perdeu a justa medida, valor, presente em todas as tradições éticas da humanidade. Tudo é des-medido, o assalto à natureza, o uso da violência nas relações pessoais e sociais, as guerras sem qualquer medida de contenção, o predomínio des-medido da competição ao preço da cooperação, o consumo des-medido ao lado da fome canina de milhões, sem qualquer senso de solidariedade e de humanidade.

A seguir este projeto de civilização,calcado sobre o poder-dominação e somente sobre a razão instrumental e sem coração hoje mundializado, iremos fatalmente ao encontro de uma tragédia ecológico-social  a ponto de fazer o planeta Terra inabitável para nós e para os organismos vivos. Seria o nosso fim depois de milhões de anos sobre esse belo e ridente planeta. Não soubemos cuidá-lo para ser a Casa Comum de todos os humanos, a natureza incluída.

Mas como o processo da gênese do cosmos e da Terra não é linear, mas dá saltos para cima e para frente, pode ocorrer o inesperado. Face a um grande impacto ou catástrofe, pode torna viável uma transformação fundamental. Levaria a mudar a consciência coletiva da humanidade. Como disse o poeta alemão Hölderin (+1843):”Ai onde mora o perigo,cresce também o que o salva”. Esse salvamento significaria a mudança necessária de paradigma civilizatório e assim garantindo  o nosso futuro. Isso poderia representar a utopia possível e viável para a atual situação. Oxalá!

Leonardo Boff escreveu A busca da justa medida (2 vol), Vozes 2002/3; Cuidar da Casa Comum:pistas para evitar o fim do mundo, Vozes 2023.