O CAVALO PENSANTE DO SUL

 (Filosofia de Telhado: reflexões Caramelo) por Padre Gegê,tributo ao ecoteólogo Leonardo Boff

Há quatro dias pensando em cima desse telhado

Digo

Penso , logo existo

Prefiro ser um cavalo

A me igualar ao ser humano

Bicho velhaco arruinado

Que desmata

Que destrói

Por onde passa corrói

Deixa o mundo devastado

Será que a culpa é do rio

Que vem cobrar o que é seu?

Ou a culpa é do ser humano que a natureza ofendeu

Destruindo rio e mata

Cachoeira e cascata

Se achando maior que Deus

Dizem que sou só Cavalo

Não passo de animal

Sem alma

Sem pensamento

Sem manejo racional

Mas não fui eu que me curvei ao poder do capital

Não fui que produzi o aquecimento global

Não fui eu que não pensei

Nas consequências do mal

Não fui eu que descuidei da minha terra natal

Não fui eu que não investi numa cidade florestal

Não fui eu que produzi

O desastre ambiental

Agora fiquei famoso

De pé aqui no telhado

Vivendo na corda bamba

É lama pra todo lado

É gente perdendo tudo

Corpo vivo soterrado

Parece que humanidade

Escolheu o caminho errado

Eu que sou pobre Cavalo

Nunca acumulei capim

Só como o que preciso

O que serve para mim

Não penso a Mãe natureza como um recurso sem fim

Nunca fiz do semelhante

Objeto ou trampolim

Por que é que o ser humano não vive também assim?

Ouça Ailton krenak

O alerta que ele faz

Chico Mendes

Boff e

Francisco

Os mensageiros da paz

Da África ouça os mais velhos

As vozes dos ancestrais

Senão o apocalipse

Chegará cedo demais

Terá arca de Noé ?

Vejo o mundo arruinado

O amanhã está incerto

O futuro ameaçado

Não sei se teremos tempo

O alerta já está ligado

Será que haverá uma arca pelo Agro construída?

Ou será que o pobre Noé também já foi arrastado pelas águas do Guaíba?

E você aí assistindo

Com o olho esbugalhado

Que se diz inteligente

Um ser informatizado

Autor da selva de pedra

No mundo globalizado

Grudado ao celular

Feito um cão acorrentado

Destruindo a embarcação

E sucumbindo afogado

Indago a você irmão

Surfando nesse telhado

Olhe a minha situação e a dos rios revoltados

Hoje o grito vem do sul

Amanhã vem do outro lado

Não há espaço nesta Terra

Que não esteja ameaçado

Onde o homem pôs as mãos

Fez-se um mal-aventurado

Tratou a mãe natureza

Sem ternura e sem cuidado

O fim deste belo mundo

Pode estar do nosso lado

Colhemos o que plantamos

Conforme ensina o ditado

Que nunca escuta conselho

Um dia ouve “coitado”

Tudo isso eu refleti

Em cima de um telhado

Responda então a pergunta de um Caramelo assustado:

Que bicho pensa melhor

O ser humano ou o Cavalo?

El caballo Caramelo como metafora del cambio climatico

 Leonardo Boff*

Escena impactante y conmovedora: a su alrededor sólo las aguas turbias de las inundaciones, casas cubiertas hasta el tejado, y de pronto sobre un tejado despunta un caballo: dos patas a un lado y las otras dos al otro lado de la cumbrera de la casa.

Se quedó ahí, impasible, noche y día, durante 2-3 días, sin poder moverse. Cualquier movimiento podía hacerle resbalar y precipitarse en el mar de aguas fangosas. Habría muerto ahogado.

El caballo representa una metáfora de la resiliencia, de la esperanza esperante de ser salvado por una alma compasiva; metáfora también de la naturaleza que, puesta en peligro de desaparecer, se obstina en permanecer sustentada en sus propias fuerzas. Otra metáfora, y esta, siniestra, del descuido humano que permitió que las aguas se rebelasen y destruyesen todo lo que encontraban a su paso: personas, casas, animales, iglesias, escuelas, universidades, museos. A la furia de las aguas parece no importarle todo lo que los seres humanos con sudor y lucha han construido.

Hay que admitir que nosotros no hemos respetado los derechos de la naturaleza con su valor intrínseco, ni puesto bajo control nuestra voracidad de devastarla para el enriquecimiento de algunos a costa de la miseria de las grandes mayorías y del equilibrio ecológico del planeta. La consecuencia ha sido el cambio climático, el calentamiento irreversible de la Tierra que causan eventos extremos como estas inundaciones de gran parte de las ciudades de Río Grande del Sur. ¿Estas imágenes, provenientes del inconsciente del caballo, de sus ancestros, no estarían pasando por la cabeza de Caramelo?

Las nuevas ciencias del universo, de la Tierra y de la vida (cito solo tal vez al mayor representante actual de ellas, el cosmólogo Brian Swimme de California, al lado de Fitjof Capra, Mark Hathaway, Humberto Maturana de Chile y Amit Goswami de India entre tantos otros), proyectaron el paradigma cosmogénico que es el inmenso y complejo proceso de evolución del universo y la lenta emergencia dentro de él de todos los seres.

Estos científicos sustentan que el espíritu es un atributo del universo y no sólo de los seres humanos. Él sería tan ancestral como la materia. Desde el momento en que dos partículas elementales (¿bosons, topquarks?) se formaron y entraron en relación, establecieron el inicio de eso que llamamos espíritu: la capacidad de interacción, de establecer relaciones de todos con todos y de acumular informaciones. La matriz relacional subyace a todo el universo y a cada uno de los seres que existen en él. Es la presencia del espíritu. Hay grados diferentes de realización del mismo principio, pero el principio es el mismo: la panrelacionalidad universal.

Un grado de espíritu se da, por ejemplo, en la montaña, inconsciente e irreflexivo; otro grado, tal vez el más elevado, en el ser humano, consciente y reflejo. La montaña se relaciona con las energías del universo, con los rayos del sol, con los vientos, las lluvias, los pájaros y con la persona que la contempla, extasiado. Es la presencia de su espíritu. Nosotros nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros, con la naturaleza, con el sol, con las estrellas y con todo el  universo visible (sólo el 5%, lo restante es invisible) y con el Infinito. Todo este haz de relaciones diferenciadas constituyen la realidad del espíritu que impregna todas las cosas. Es nuestro de forma consciente y auto-reflexiva. En su grado de espíritu Caramelo percibió la tragedia que estaba ocurriendo.

Sabemos también que la realidad se presenta bajo tres formas: como energía, como materia y como información. Me ciño a la información. Cada vez que los seres se relacionan dejan marcas los unos en los otros, intercambian informaciones y las acumulan.

Por tratarse de espíritu, en cada ser, especialmente en los vivos, hay imágenes formadas por interminables relaciones/informaciones, desde los más ancestrales hasta los más recientes. C.G.Jung las llamaría  arquetipos. Hay momentos en que los más ancestrales irrumpen como imágenes acumuladas en el inconsciente colectivo de su especie “caballo”

Aplicándolo al caballo Caramelo: en esa larga espera esperante, posiblemente inundaron su mente imágenes ancestrales: la vaga imagen de su aparición hace 56 millones de años, como un pequeño herbívoro del tamaño de un perro. Vivía en los bosques y después en las suaves praderas norteamericanas. Se fue desarrollando hasta convertirse en el caballo de las proporciones actuales. Entonces atravesó, por el polo norte, el puente de tierra de Bering y llegó a Asia. Había cientos de especies de caballos.

A nosotros nos interesa el caballo doméstico como Caramelo. Este surgió hace entre cuatro y cinco mil años, según datos arqueológicos, en Eurasia Occidental, más precisamente en el sur de Rusia, en la intersección de los ríos Volga y Don. Su domesticación empezó probablemente en Kazajistán hace unos 4 mil años.

Entonces comenzó su saga: en su mente emergieron probablemente las imágenes de las distintas formas como fue tratado el caballo doméstico: como caballo fuerte de tracción y uso en la agricultura, caballo más esbelto, de carroza, al servicio de reyes y reinas, caballo de carrera y entretenimiento, caballo para caza, por eso más ágil y atento a cualquier ruido. Pero principalmente fue usado para la guerra, como caballo más resistente y veloz. Luego fue usado como caballo montado por policías a fin de mantener el orden y reprimir manifestaciones indeseadas por los poderes establecidos. Pero la convivencia con los humanos lo volvió un ser afectuoso e incluso terapéutico.

Siempre estuvo al servicio de los seres humanos, con excepción de los caballos salvajes que vivían y viven en grupos en los bosques. Puedo imaginar que tales imágenes arquetípicas emergieron en la mente de Caramelo, en aquellas horas de soledad y de miedo, durmiendo de pie como es costumbre de los caballos. Pero seguramente con cierto orgullo, recordaba que ellos, los caballos, realizaron la primera globalización, pues ellos estaban en todas partes del planeta, tornando las distancias más próximas y accesibles.

Por fin, posiblemente en la mente de Caramelo surgió la figura del ser humano que siempre lo usó y se hizo agresor, hostil a los ritmos de la naturaleza, devastador de los bienes y servicios esenciales para la vida. El resultado de este comportamiento ha ocasionado el cambio climático, ya irreversible, que está en la base de la tragedia que ha victimizado vidas y tantos bienes materiales y culturales. Él mismo está siendo víctima, junto con sus hermanos perros y gatos. Caramelo, heredero de experiencias de su raza, debe haber sentido eso.

Él, en su espíritu, se habría preguntado: ¿será que en los seres humanos se ha extinguido la compasión, la solidaridad y el amor? Cuando vio que se aproximaban barcos para salvarlo, su mente se despejó. Se dio cuenta de que en ellos existía todavía solidaridad y compasión. Por eso se movieron para sacarme sano y salvo de este tejado. Tales figuras surgieron probablemente en su espíritu.

Caramelo fue rescatado con gran dificultad y riesgo. Recibió el agua indispensable y el alimento necesario. Que él nos sirva de lección para que no perdamos la esperanza. Al igual que él fue salvado, nosotros los humanos también podemos salvarnos.

*Leonardo Boff ha escrito “Los animales como portadores de derechos”, en El doloroso parto de la Madre Tierra,Vozes 2021, p.212-217.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Il conto è arrivato: la tragedia climatica nel Rio Grande do Sul

            Leonardo Boff

Interrompo la mia riflessione sui vettori dell’attuale crisi sistemica e sulle possibili vie d’uscita a causa della tragedia ambientale del Rio Grande do Sul. Le forti piogge e le catastrofiche inondazioni, con le acque che hanno invaso intere città, distruggendole in parte, costringendo centinaia di famiglie a lasciare la loro casa, provocando migliaia di sfollati, dispersi e morti, ci devono far riflettere.

Esprimiamo innanzitutto la nostra profonda solidarietà alle persone colpite da questa calamità di proporzioni bibliche; esprimiamo la nostra compassione perché, come insegnava San Tommaso nella Somma Teologica, «di per sé la compassione è la più grande delle virtù, perché appartiene alla compassione che uno si doni all’altro e, per di più, vada incontro alla debolezza dell’altro». Tutto il Paese si è mobilitato. Il popolo brasiliano ha mostrato il meglio di sé, la sua capacità di solidarietà e la sua disponibilità ad aiutare, al di là dei malvagi che sfruttano le disgrazie per i propri fini e attraverso menzogne e calunnie.

Sarebbe sbagliato pensare che si tratti di una semplice catastrofe naturale solo perché fenomeni simili si verificano di tanto in tanto. Questa volta, la natura della tragedia ha un’origine diversa. Ha a che fare con la nuova fase in cui è entrato il pianeta Terra: l’avvio di un nuovo stadio caratterizzato da un aumento del riscaldamento globale. Tutto di origine antropica, cioè prodotto dall’essere umano, ma più precisamente dal capitalismo anglosassone devastatore degli equilibri naturali.

Ci sono negazionisti in tutti gli ambiti, soprattutto tra gli amministratori delegati delle grandi aziende e tra coloro che si sentono a proprio agio nella loro posizione di privilegio. Ma la valanga di sconvolgimenti climatici, l’irruzione di eventi estremi, le ondate di calore intenso e di gravi siccità, i grandi incendi, i tornado e le terribili alluvioni sono fenomeni innegabili che investono anche i più recalcitranti, pure loro costretti a riflettere.

Considerando la storia del pianeta, che esiste già da oltre 4 miliardi di anni, constatiamo che il riscaldamento globale è parte dell’evoluzione e della dinamica dell’universo, il quale è sempre in movimento adattandosi ai cambiamenti energetici che si verificano durante il processo cosmogenico. Così, il pianeta Terra ha vissuto molte fasi, alcune di freddo estremo e altre di caldo estremo come avvenuto 14 milioni di anni fa. In questo periodo di estremo calore, l’essere umano non esisteva ancora, essendo comparso in Africa solo 7-8 milioni di anni fa, mentre l’attuale Homo sapiens solo 200.000 anni fa.

Gli stessi esseri umani hanno attraversato varie fasi nel loro dialogo con la natura: inizialmente predominava un’interazione pacifica con essa; poi si è passati a intervenire attivamente sui suoi ritmi, deviando i corsi dei fiumi per l’irrigazione e tagliando territori per le strade; infine si è proceduto a una vera  aggressione della natura, esattamente a partire dal processo industrialista che ha sfruttato le risorse naturali per la ricchezza di pochi a scapito della povertà delle grandi maggioranze: un’aggressione che attraverso tecnologie estremamente efficienti ha condotto a una vera distruzione della natura, alla devastazione di interi ecosistemi, attraverso la deforestazione per la produzione di materie prime, l’uso improprio del suolo a causa dei pesticidi, la contaminazione dell’acqua e dell’aria. Siamo nel bel mezzo di una fase di distruzione delle basi naturali che sostengono la nostra vita. Chiamiamola con il suo nome: il modello di produzione/devastazione del sistema capitalista anglosassone oggi globalizzato, con il suo mantra la massimizzazione del profitto attraverso lo sfruttamento eccessivo dei beni e dei servizi naturali, in un quadro di spietata concorrenza senza alcun accenno di collaborazione.

Questo processo ha avuto un costo pesante, che non è stato nemmeno preso in considerazione dagli operatori di tale sistema. I danni naturali e sociali erano considerati un effetto collaterale che non rientrava nei conti delle imprese. Spettava allo Stato, non a loro, occuparsi di questi tassi di iniquità.

La Terra vivente ha cominciato a reagire inviando virus, batteri, malattie di ogni tipo, tifoni, tempeste rovinose e un aumento della sua temperatura naturale. È entrata in ebollizione. Abbiamo imboccato una strada senza ritorno. Si tratta dei gas serra: CO2, metano (28 volte più dannoso della CO2), protossido di azoto e zolfo, tra altri. 40,8 milioni di tonnellate di anidride carbonica sono state rilasciate nell’atmosfera solo nel 2023, secondo il rapporto della COP 28 svoltasi a Dubai.

Diamo un’occhiata ai livelli di crescita di questo gas: nel 1950 le emissioni erano pari a 6 miliardi di tonnellate; nel 2000 a 25 miliardi; nel 2015 sono salite a 35,6 miliardi; nel 2022 a 37,5 miliardi e infine nel 2023, come abbiamo detto, a 40,9 miliardi di tonnellate. Questo volume di gas funziona come una serra, impedendo ai raggi del sole di ritornare nell’universo e così creando uno strato caldo che provoca il riscaldamento dell’intero pianeta. Senza contare che l’anidride carbonica (CO2) rimane nell’atmosfera per circa 100-110 anni.

Come può la Terra digerire un tale inquinamento? L’accordo di Parigi della COP 2015 aveva stabilito delle quote per la riduzione di questi gas attraverso la creazione di energie alternative (eolica, solare, mareomotrice). Non è stato fatto nulla di concreto. Ora è arrivato il conto da pagare per tutta l’umanità: un riscaldamento irreversibile che renderà inabitabili alcune regioni del pianeta in Africa, Asia e anche tra di noi.

Quello a cui stiamo assistendo nel Rio Grande do Sul è solo l’inizio di un processo che, se manteniamo l’attuale tipo di civiltà distruttrice della natura, non potrà che peggiorare. Gli stessi climatologi hanno lanciato l’allarme: la scienza e la tecnologia si sono svegliate troppo tardi rispetto al cambiamento climatico. Ora non si può più evitarlo, si può solo avvisare dell’arrivo di eventi estremi e mitigarne gli effetti dannosi.

La Terra e l’umanità dovranno adattarsi a questo cambiamento climatico. Anziani, bambini e molti organismi viventi avranno difficoltà ad adattarsi e andranno incontro a grandi sofferenze, persino alla morte. La Madre Terra vivrà d’ora in poi trasformazioni mai viste prima. Alcune di esse potrebbero decimare la vita di migliaia di persone. Se non facciamo attenzione, l’intero pianeta potrebbe diventare ostile alla vita della natura e alla nostra vita. Alla fine, potremmo persino scomparire. Sarebbe il prezzo della nostra irresponsabilità, disumanità e negligenza nei confronti della natura che ci dà tutto per vivere. Non riusciremo a pagare il conto.

Tradução: Claudia Fanti

Carta aos negacionistas: comprem um seguro de vida

Jamil Chade

Jamil Chade é um dos mais competentes jornalistas brasileiros. Reside em Genebra de onde cobre as políticas de diversos países, a nossa e em geral a geopolítica entre os três grandes países com armas de destruição em massa: USA,Rússia e China que disputam  a hegemonia no mundo. Esta disputa pode terminar numa guerra nuclear, perigosa para o futuro da humanidade. Publico esta conclamação de Jamil Chade face à gravidade da mudança climática que já se impôs e pode provocar eventos dramáticos como as enchentes no Rio Grande do Sul. Este evento extremo obriga os negacionistas da mudança climática a abandonarem seus preconceitos e falsas alegações (é coisa de comunistas).Esse fato como tantos outros no mudo, particularmente, a pouco noticiada frequência de grandes queimadas no Canadá, na Amazônia,no Pantanel  e em outros lugares no mundo nos alertam sobre as ameaças que pesam sobre a nossa Casa Comum e o futuro da vida nela:Lboff

*************

Coube à nossa geração viver uma encruzilhada existencial: ou mudamos a forma de nos relacionar e habitar o planeta, ou simplesmente esse planeta será inabitável para nós.

As cenas que estamos testemunhando no Rio Grande do Sul são exemplos de uma realidade que não vai desaparecer e que, a cada ano, se repete de forma cada vez mais intensa pelo mundo.

Todos os dados mostram isso. Seja aqui nos Alpes, onde moro, na África, nas florestas do Canadá e em tantos outros lugares.

Vocês nunca acreditaram que a água iria subir, que o calor seria insuportável, que a produção agrícola sofreria. Pois bem: essa realidade definirá sua existência.

A questão ambiental não é uma ideologia. É um fato. E ele é dramático.

John Maynard Keynes já dizia que aqueles que acreditam estar isentos de qualquer influência intelectual estão, frequentemente, escravizados por algum economista morto. Eu iria além: por algum ideólogo defunto.

Continua após a publicidade

Vimos alguns de seus líderes acusar uma jovem que reivindicava um novo mundo de “pirralha”. Vimos um ex-chefe da diplomacia que denunciava como esses estudantes eram “zumbis” que serviam ao globalismo e outros ismos que ele mesmo não sabe definir.

Tenho a impressão de que alguns desses líderes de fato sabem que a transformação é uma realidade. Mas não podem admitir. Caso contrário, teriam de reconhecer que o próprio sistema está falido. E, caso optem por esse caminho, terão de desmontar as bases sobre as quais seu poder é estabelecido.

No Congresso Brasileiro, seus representantes têm em suas mãos decisões que serão fundamentais para definir qual a direção que o Brasil e o planeta tomarão. Dependendo da decisão que tomem, estarão ajudando a vida humana na terra a ser ainda mais difícil.

Nas prefeituras espalhadas pelo país, seus representantes não têm mais escolha: ou atuam para preparar suas comunidades ou serão varridos pelo óbvio. Hoje, um político que optar por negar a revolução climática não está apenas cometendo uma insensatez. Trata-se de um crime.

Estamos vivendo uma verdadeira transição a uma sociedade moldada por limites ecológicos. A era do mundo infinito acabou.

Há poucos dias, escutei uma história reveladora. Um produtor rural no Sul do país — negacionista — insistia que essa história de mudanças climáticas era coisa de comunista. Mas, sem contar a seus parceiros, aumentou o seguro de sua produção. Não aguentava mais perder dinheiro diante dos eventos climáticos extremos que sua região vive.

Sugiro ir além: comprem também um seguro de vida. Negar o óbvio não será suficiente para sobreviver.

Saudações democráticas

Jamil Chade

Fonte: noticias.uol.com.br  do dia 12/5/2024.