“Yo soy yo a través de ti”:Ubuntu: una salida a nuestra barbarie

La pandemia ha mostrado una abismal desigualdad mundial y una cruel falta de solidaridad hacia las personas que no pueden mantener la distancia social ni dejar de trabajar porque entonces no tienen qué comer. Para ser concretos: no hemos abandonado aún el mundo de la barbarie: si ya la habíamos dejado, hemos vuelto ella. Nuestro mundo no se puede llamar civilizado cuando un ser humano no reconoce y acoge a otro ser humano, independientemente del dinero que lleva en el bolsillo o tiene depositado en el banco, o de su visión de mundo y su pertenencia religiosa. La civilización surge cuando los seres humanos se entienden iguales y deciden convivir pacíficamente. Si esto es así, estamos todavía en la antesala de la civilización y navegamos en plena barbarie. Este escenario es dominante en el mundo de hoy, agravado aún más por el ataque de la Covid-19. Él adquirió su más siniestra expresión mediante la cultura del capital, competitiva, poco solidaria, individualista, materialista y sin ninguna compasión con la naturaleza. En este contexto ultrajante dos alternativas pueden salvarnos: la solidaridad y el internacionalismo. La solidaridad pertenece a la esencia de lo humano, pues si no hubiera habido un mínimo de solidaridad y de compasión, ninguno de nosotros estaría aquí hablando de estas cosas. Fue necesario que nuestras madres solidariamente nos acogieran, abrazaran, alimentaran y amaran para que podamos existir. Sabemos por la bioantropología que por la solidaridad nuestros antepasados antropoides se volvieron humanos, y con esto, civilizados, cuando empezaron a traer comida al grupo, la repartieron solidariamente entre ellos y practicaron la comensalidad. Esta acción continúa todavía hoy, cuando muchos grupos, especialmente los Sin Tierra, se han mostrado solidarios distribuyendo decenas de toneladas de alimentos del campo y muchos centenares de marmitas para saciar el hambre de miles de personas en las calles y periferias de nuestras ciudades. Parece obvio: si el problema es internacional, debería haber también una solución concertada internacionalmente. ¿Pero quién cuida de lo internacional? Cada país cuida de sí mismo como si no hubiese nada más allá de sus fronteras. Ocurre sin embargo que hemos inaugurado una fase nueva de la historia de la Tierra y de la Humanidad: la fase planetaria, la de la única Casa Común. Los virus no respetan las fronteras nacionales. La Covid-19 ha atacado a toda la Tierra y amenaza a todos los países sin excepción. Las soberanías se muestran obsoletas. ¿Qué hubiera sido de los mayores de Italia, gravemente infectados por la Covid-19, sin la solidaridad de Angela Merkel de Alemania que salvó a la gran mayoría? Pero eso fue una excepción para mostrar que es mediante la superación del nacionalismo envejecido en nombre del internacionalismo solidario como podremos encontrar un camino de salida a nuestra barbarie.En esa perspectiva consideramos inspiradora una categoría fundamental, venida de África. Mucho más pobre que nosotros, ella es más rica en solidaridad. Esta se expresa por la palabra Ubuntu, que significa: yo solo soy yo a través de ti. Por lo tanto, el otro es esencial para que yo exista en cuanto humano y civilizado. Inspirado por Ubuntu, el recién-fallecido arzobispo anglicano, Desmond Tutu, encontró para Sudáfrica una clave para la reconciliación entre blancos y negros en la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación.Como ilustración de cómo el Ubuntu está enraizado en las culturas africanas, consideremos este pequeño testimonio: un viajante europeo y blanco se extasió con el hecho de que siendo más pobres que la mayoría, los africanos eran menos desiguales. Quiso saber el por qué. Ideó un test. Vio un grupo de chicos jugando futbol en un campo rodeado de árboles. Compró una hermosa cesta de variados frutos llenos de color y la puso en lo alto de una pequeña colina.
Llamó a los jóvenes y les dijo: “Allí arriba hay un cesta llena de sabrosos frutos. Vamos a hacer una apuesta, pónganse todos en fila y cuando dé la señal empiecen a correr. El primero que llegue arriba podrá coger la cesta y comer todo lo que quiera”.Dio la señal de partida. Cosa curiosa: todos se dieron las manos y juntos corrieron hacia lo alto, donde estaba la cesta. Y empezaron a saborear solidariamente los frutos.El europeo, estupefacto, preguntó: ¿por qué hicieron eso? ¿no era que el primero que llegase podría comer todos los frutos él solo? 

Todos gritaron al unísono: ¡Ubuntu! ¡Ubuntu! Y un chico algo más mayor le explicó: “¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz solo si todos los demás estuvieran tristes?” Y añadió: “Mi señor, la palabra Ubuntu significa eso para nosotros: “yo solo puedo ser yo por medio del otro”. “Sin el otro no soy nada y estaría siempre solo”. “Soy quien soy porque soy a través de los otros. Por eso repartimos todo entre nosotros, colaboramos unos con otros y así nadie se queda fuera y triste. Eso hicimos con su propuesta. Comemos todos juntos porque todos ganamos la carrera y juntos disfrutamos los buenos frutos que nos trajo. ¿Entendió ahora?”Este pequeño relato es lo contrario de la cultura capitalista. Esta imagina que alguien es tanto más feliz cuanto más puede acumular individualmente y disfrutarlo solo. A causa de esta actitud reina la barbarie, y hay tanto egoísmo, falta de generosidad y ausencia de colaboración entre las personas. La alegría (falsa) es de pocos, al lado de la tristeza (verdadera) de muchos. Para vivir bien en nuestra cultura, muchos tienen que vivir mal.Sin embargo, por todas partes en la humanidad, están fermentando grupos y movimientos que ensayan vivir esa nueva civilización de la solidaridad entre los humanos y también con la naturaleza.Creemos que la construcción del Arca de Noé ha empezado. Ella podrá salvarnos si el Universo y el Creador nos conceden el tiempo necesario. Fuera de la solidaridad y el sentido internacionalista pereceremos en nuestra barbarie. 

*Leonardo Boff es eco-teólogo y ha escrito Covid-19, la Madre Tierra contraataca a la humanidad, Vozes 2020; Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2121.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Passi per sconfiggere in Brasile il fascismo e la politica dell’odio

Leonardo Boff

Pubblichiamo queste riflessioni, del famoso teologo Leonardo Boff, sulle prossime elezioni presidenziali. Infatti, nel 2022, si svolgeranno, in Brasile, oltre alle elezioni presidenziali anche quelle politiche per il rinnovo del Parlamento. L’articolo va collocato in questo contesto politico.

Questo articolo è dedicato a coloro che combattono in Brasile per una
democrazia ferita e per il riscatto della nazione devastata.

Le forze politiche, nemiche della vita, si sono alleate con il Coronavirus e stanno favorendo la decimazione di oltre 600.000 vite. Il loro obiettivo è condurci ai tempi premoderni, smantellando la nostra cultura e scienza, sopprimendo i diritti del lavoro e della sicurezza sociale, diffondendo menzogne e un odio codardo per i poveri, le popolazioni indigene, i quilombola, gli afro-discendenti, gli omosessuali e le persone LGBTI.

Ideologicamente tali forze sono ultraconservatrici con un profilo spiccatamente fascista. Sono salite al più alto potere della repubblica. Il principale rappresentante di queste forze vuole, con ogni mezzo, anche contro la legge, essere rieletto. Come parlamentare ha magnificato i torturatori e ha difeso le dittature. Come capo di stato, è stato indulgente con i grandi incendi nella foresta amazzonica, con i taglialegna e con l’insediamento di imprese minerarie e garimpos, anche nelle terre indigene. Ha commesso crimini contro l’umanità per il suo negazionismo nei confronti degli immunizzanti al Covid-19 e si è mostrato insensibile e senza alcuna empatia verso la sofferenza di migliaia di famiglie in lutto e milioni di disoccupati e affamati.

Purtroppo constatiamo la fragilità, fino all’omissione, delle nostre istituzioni ufficiali o giuridiche e la bassa intensità della nostra democrazia. Niente o poco è stato fatto per allontanare questa figura sinistra, autoritaria e fascistoide. Non possiamo assistere, impassibili, alla disgregazione demografica, culturale, politica e spirituale del nostro Paese.

Di fronte a questa tragedia storica, abbiamo bisogno, attraverso i mezzi elettorali, di frenare la pulsione di morte, presente nel potere esecutivo e nei suoi ausiliari. È necessario infliggere una clamorosa sconfitta elettorale a colui che si è dimostrato pazzo, indegno, malevolo e incapace di governare il popolo brasiliano. Merita di essere allontanato, legalmente, dalla scena politica e pagare per i suoi crimini, in modo che, alla fine, si possa vivere con un minimo di sviluppo equo e sostenibile, con pace sociale, con gioia schietta e con felicità collettiva.

Per realizzare questo passo politico ed etico, nei limiti della Costituzione e dell’ordinamento giuridico democratico, è importante, a mio avviso, compiere i seguenti passi:

Primo, garantire, se possibile al primo turno, la vittoria per la presidenza, da parte di qualcuno dotato di carisma, con la fiducia della grande maggioranza e con la capacità di tirarci fuori dal baratro oscuro in cui siamo stati gettati. In precedenza ha dimostrato di essere in grado di realizzare questa redenzione.
Non c’è bisogno di rivelare il suo nome perché è già emerso dai sondaggi
elettorali.

Secondo, non basta eleggere un presidente con tali caratteristiche. È fondamentale garantirgli un’ampia rappresentanza parlamentare affinché il presidenzialismo di coalizione non comprometta gli ideali e le finalità, presenti in origine e applicabili, come l’opzione per politiche sociali che vadano incontro alle grandi maggioranze impoverite e oppresse, con trasparenza, con l’etica di solidarietà a partire dai più vulnerabili e con un’attiva e fiera sovranità.
Altrettanto importante è garantire l’elezione dei governatori e, a tempo debito, di sindaci e consiglieri che, nei territori e alla base, diano sostegno al governo centrale con senso di giustizia sociale e cura della vita delle persone e della natura.

Terzo, – il più importante – rafforzare e, ove necessario, riprendere il lavoro di base, organizzando comitati popolari di ogni tipo, in modo che partecipino e si articolino con le organizzazioni già esistenti e attive nei campi della salute, istruzione, uguaglianza di genere e in altri ambiti, creando una coscienza di cittadinanza. Non basta garantire l’inserimento nel sistema attuale, perverso e antipopolare, ma creare una coscienza di cambiamento, puntando a un altro
tipo di società con democrazia partecipativa, ecologica e sociale.

Questo lavoro di base è imperativo se vogliamo creare le condizioni per una trasformazione che viene dal basso e creare movimenti progressisti e libertari, che traducano i sogni in pratiche fattibili e quotidiane. È a questo livello, al pianterreno, che inizia la prova del nuovo e si alimenta l’energia necessaria per continuare la rifondazione di un nuovo Brasile, contro il prolungamento della dipendenza storica, contro il gira-volta presente nella élite dell’arretratezza e contro l’oligopolio dei media, braccio ideologico della classe dominante, erede della cultura schiavista.

Siamo convinti che questo sofferente caos distruttivo passerà e si trasformerà nel promettente caos generativo di un ordine nuovo, più alto, più giusto, fraterno e premuroso per tutta la vita. Infine, di un Brasile nel quale avremo la gioia di vivere e convivere, dove sarà più facile l’amorevolezza e la giovialità che caratterizzano il meglio che è in noi.

*Leonardo Boff eco-teologo, filosofo e scrittore. Ha scritto: Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018; Abitare la Terra:quale via per la fraternità universale,Castelvecchi,Roma 2121.

(Traduzione dal porrtoghese di Gianni Alioti)

Das “stahlharte Gehäuse” des Kapital

Im Rahmen der Quantenperspektive der neuen Kosmologie kann das Unerwartete eintreten: Das derzeitige Leiden aufgrund der Systemkrise wird nicht umsonst sein; es sammelt gutartige Energien an, die einen Sprung zu einer anderen, höheren Ordnung machen werden.

Wir befinden uns immer noch im Jahr 2021, einem Jahr, das nicht zu Ende ging, weil Covid-19 die Zählung der Zeit aufgehoben hat, indem es sein tödliches Werk fortsetzte. Das Jahr 2022 konnte vorerst nicht eingeläutet werden. Tatsache ist, dass das Virus alle Mächte, vor allem die militaristischen, in die Knie gezwungen hat, da ihr Arsenal des Todes völlig wirkungslos geworden ist.

Die Genialität des Kapitalismus in Bezug auf die Pandemie hat die transnationalisierte Kapitalistenklasse jedoch dazu veranlasst, sich durch den Großen Reset neu zu strukturieren und die neue digitale Wirtschaft durch die Integration der Giganten zu erweitern: Microsoft, Facebook, Apple, Amazon, Google, Zoom, und andere mit dem militärisch-industriellen Sicherheitskomplex.

Ein solches Ereignis stellt die Entstehung einer immensen Macht dar, wie es sie noch nie gegeben hat. Es handelt sich dabei um eine kapitalistische Wirtschaftsmacht, die ihr wesentliches Ziel, die unbegrenzte Gewinnmaximierung unter rücksichtsloser Ausbeutung von Mensch und Natur, verwirklicht. Die Akkumulation ist kein Mittel für ein gutes Leben, sondern ein Selbstzweck, d. h. Akkumulation um der Akkumulation willen, was irrational ist.

Die Konsequenz dieser Radikalisierung des Kapitalismus bestätigt, was ein Soziologe der Universität von Kalifornien in Santa Barbara, William I. Robinson, in einem kürzlich erschienenen Artikel gut beobachtet hat (ALAI 20/12/2021): “Nach der Pandemie wird es mehr Ungleichheit, Konflikte, Militarismus und Autoritarismus geben, da die sozialen Umwälzungen und Bürgerkriege eskalieren. Die herrschenden Gruppen werden den globalen Polizeistaat ausweiten, um die Unzufriedenheit der Massen von unten einzudämmen“. Tatsächlich wird die künstliche Intelligenz mit ihren Abermilliarden von Algorithmen eingesetzt werden, um jeden einzelnen Menschen und die gesamte Gesellschaft zu kontrollieren. Wohin wird diese brutale Macht die Menschheit führen?

Im Wissen um die unerbittliche Logik des kapitalistischen Systems behauptete Max Weber, einer derjenigen, die es am besten kritisch analysiert haben, kurz vor seinem Tod: “Was uns erwartet, ist nicht die Blüte des Herbstes, sondern eine polare, eisige, dunkle und mühsame Nacht“ (Le Savant et le Politique, Paris 1990, S. 194). Er prägte einen starken Ausdruck, der den Kern des Kapitalismus trifft: Er ist ein “stahlhartes Gehäuse“, das nicht aufgebrochen werden kann und uns daher in eine große Katastrophe führen kann (vgl. die einschlägige Analyse von M. Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiana, México 2017). Diese Meinung wird von großen Namen wie Thomas Mann, Oswald Spengler, Ferdinand Tönnies, Eric Hobsbawm und anderen geteilt.

Es werden verschiedene Weltgesellschaftsmodelle für die Zeit nach der Pandemie diskutiert. Die wichtigsten sind, neben dem Großen Reset der Milliardäre, der grüne Kapitalismus, der Ökosozialismus, das andine buen vivir und convivir, die Biozivilisation verschiedener Gruppen und Papst Franziskus, um nur einige zu nennen. Es ist hier nicht meine Aufgabe, diese Projekte im Einzelnen zu beschreiben, was ich in dem Buch „Covid-19: A Mãe Terra contra-ataca a Humanidade“ (Vozes 2020) getan habe. Ich möchte nur sagen: Entweder wir ändern das Paradigma der Produktion, des Konsums, des Zusammenlebens und vor allem der Beziehung zur Natur mit Respekt und Fürsorge, indem wir uns als Teil von ihr fühlen und nicht als Besitzer und Herren über sie, oder Max Webers Prognose wird sich bewahrheiten: Wir könnten von 2030 bis höchstens 2050 ein ökologisch-soziales Armageddon erleben, das dem Leben und der Erde extrem schadet.

In diesem Sinne sagt mir mein Gefühl für die Welt, dass derjenige, der die Ordnung des Kapitals mit seiner Wirtschaft, Politik und Kultur zerstören wird, nicht irgendeine Mühle oder Schule des kritischen Denkens sein wird. Es wäre die Erde selbst, ein begrenzter Planet, der ein Projekt des unbegrenzten Wachstums nicht mehr tragen kann. Der sichtbare Klimawandel, der auf den letzten COPs der Vereinten Nationen Gegenstand von Diskussionen und Entscheidungen (praktisch keine) war, die zunehmende Erschöpfung der natürlichen Güter und Dienstleistungen, die für das Leben grundlegend sind (The Earth Overshoot), und die drohende Überschreitung der neun wichtigsten Grenzen der Entwicklung, die nicht um den Preis des Zusammenbruchs der Zivilisation überschritten werden können, sind einige Indikatoren für eine bevorstehende Tragödie.

Viele Klimaexperten sagen, dass wir zu spät dran sind. Mit den bereits angesammelten Treibhausgasen werden wir nicht in der Lage sein, die Katastrophe einzudämmen, sondern nur mit Hilfe von Wissenschaft und Technologie ihre katastrophalen Auswirkungen zu mildern. Aber die große unumkehrbare Krise wird kommen. Deshalb sind sie zu Skeptikern und sogar Techno-Fatalisten geworden.

Sind wir resignierte Pessimisten oder, im Sinne Nietzsches, Anhänger der “heroischen Resignation”? Ich denke, wie ein Vorsokratiker sagte: Wir sollten das Unerwartete erwarten, denn wenn wir es nicht erwarten, werden wir es, wenn es kommt, nicht wahrnehmen. Das Unerwartete kann in der Quantenperspektive der neuen Kosmologie eintreten: Das derzeitige Leiden aufgrund der Systemkrise wird nicht umsonst sein; es sammelt gutartige Energien an, die bei Erreichen eines bestimmten Niveaus der Komplexität und Akkumulation einen Sprung zu einer anderen, höheren Ordnung mit einem neuen Horizont der Hoffnung für das Leben und für den lebenden Planeten Gaia, Mutter Erde, machen werden. Paulo Freire hat den Ausdruck “hoffen” geprägt: nicht darauf zu hoffen, dass sich die Situation eines Tages verbessert, sondern die Voraussetzungen dafür zu schaffen, dass die Hoffnung nicht leer ist, sondern dass sie durch unsere Anstrengungen wirksam wird.

Ich glaube, dass dieser Sprung mit unserer Beteiligung, insbesondere der Opfer der Ausbeutung durch den Kapitalismus, möglich ist und im Rahmen der Möglichkeiten der Geschichte des Universums und der Erde liegt: Vom derzeitigen zerstörerischen Chaos können wir zu einem generativen Chaos einer neuen Art des Seins und der Bewohnung des Planeten Erde übergehen.

Das ist es, woran ich glaube und worauf ich hoffe, bestärkt durch das Wort der Offenbarung, in dem es heißt: “Gott hat alles aus Liebe geschaffen, denn er ist der leidenschaftliche Liebhaber des Lebens” (Weisheit 11,26). Wir werden weiterhin unter dem wohlwollenden Licht der Sonne leben.

Leonardo Boff, Befreiungstheologe und Schrifsteller.  

Die Zukunft des menschlichen Lebens auf der Erde hängt von uns ab      

Leonardo Boff*

Covid-19 hat uns, indem es alle Menschen betrifft, ein Signal gegeben, das interpretiert werden muss. Nichts in der Natur ist zufällig. Die mechanistische Auffassung, dass die Natur und die Erde keinen Zweck haben, ist überholt. Als Lebewesen sind sie Träger von Bedeutung und Teil des Gesamtbildes des kosmogenen Prozesses, der mittlerweile 13,7 Milliarden Jahre alt ist. Hätten sich all diese Elemente nicht über Milliarden von Jahren auf subtile Weise herausgebildet, wären wir nicht hier, um über diese Dinge zu schreiben.

Was ist der unmittelbarste Sinn, den uns die Natur mit dem Angriff des Coronavirus offenbart? Die Bedeutung wird uns in Form einer Ermahnung vermittelt:

“Stoppen Sie den systematischen und verwerflichen Angriff auf Ökosysteme, auf Wälder und Dschungel, auf Böden, auf Gewässer, auf die biologische Vielfalt. Ihre industriellen und extraktivistischen Megakonzerne, Ihre Bergbauunternehmen, die Agrarkonzerne in Partnerschaft mit der Agro-Toxin-Industrie, die Gigatonnen von Treibhausgasen in die Atmosphäre ausstoßen, die Ursachen für die Erosion der biologischen Vielfalt, Sie zerstören die Grundlagen, die Ihr eigenes Leben erhalten; Sie schaufeln sich in absehbarer Zeit Ihr eigenes Grab; nicht die Familienbauern, die Armen der Erde, sondern Sie zerstören die Lebensräume von Tausenden von Viren, die in Tieren vorkommen; um zu überleben, haben Sie im Menschen einen Wirt für ihr Überleben gefunden, auf Kosten Ihres Lebens. Das falsche Projekt des unbegrenzten Wachstums/Entwicklung eurer konsumistischen Kultur kann von der Natur und der Erde, dem alten und begrenzten Planeten, nicht mehr mit Waren und Dienstleistungen unterstützt werden; als Reaktion auf die Gewalt gegen mich – die Natur und Mutter Erde – habe ich euch bereits mehrere Viren geschickt, die euch angegriffen haben, aber ihr habt in ihnen kein Zeichen gesehen, ihr habt nicht gelernt, sie zu lesen, noch habt ihr die Lektion gezogen, die sie enthalten. Ihr denkt nur daran, zur alten und perversen Normalität zurückzukehren; deshalb sage ich euch: Entweder ihr ändert euer Verhältnis zur Natur und zu Mutter Erde, ein Verhältnis der Achtsamkeit, des Respekts vor ihren Grenzen, der Selbstbeschränkung eurer eigenen Gefräßigkeit, indem ihr euch tatsächlich als Teil der Natur und nicht als ihre angeblichen Besitzer fühlt, oder ihr werdet von noch tödlicheren Viren heimgesucht; ich warne euch: Einer von ihnen kann so resistent sein, dass er die völlige Unwirksamkeit der derzeitigen Impfstoffe zeigen würde, und ein großer Teil der Menschheit würde vom nächsten großen Virus, dem letzten und tödlichen, verschlungen werden. Die Erde und das Leben auf ihr, insbesondere das mikroskopische Leben, werden nicht untergehen. Die lebendige Erde wird weiterhin um die Sonne kreisen und sich regenerieren, aber ohne dich. Seid also auf der Hut, denn wir befinden uns in der Zeit des Countdowns. Die Natur ist eine Schule, aber ihr wolltet euch nicht einschreiben, und so ebnet ihr irrationalerweise den Weg, der zu eurer eigenen Zerstörung führt. Es ist trauroig zu erfahren, dass ich,  die Natur, rede, aber der Mensch hört mich nicht.  Ich sage nichts mehr.

Die Pandemie hat die Menschheit weltweit erfasst. Da es sich um ein globales Problem handelt, sollte die Lösung natürlich auch global sein, d. h. global diskutiert und entschieden werden. Wo gibt es ein pluralistisches und globales Zentrum für das Denken und die Suche nach Lösungen für globale Probleme?

Die UNO wird ihren Gründungszielen nicht gerecht, da sie sich in eine Organisation verwandelt hat, die die Interessen mächtiger Nationen vertritt, die insbesondere der Sicherheitsrat ein Vetorecht haben. Wir sind Geiseln der überholten Vision der nationalen Souveränität, die die neue Phase der Menschheitsgeschichte, die Planarisierung, noch nicht realisiert hat, die alle Nationen miteinander verbindet und sie alle ein gemeinsames Schicksal haben lässt.

Wir sitzen alle im selben Boot: Entweder sind wir alle gerettet oder niemand ist gerettet, wie Papst Franziskus warnte. Das ist die wahre Bedeutung von Globalisierung oder Planarisierung. Die Zeit der Nationen ist vorbei. Wir müssen ein gemeinsames Haus bauen, in das die verschiedenen Kulturnationen passen, die immer miteinander verflochten sind und ein einziges gemeinsames Haus bilden, einschließlich der Natur.

Die Pandemie hat deutlich gemacht, wie unmenschlich und grausam wir sein können: Die Reichen haben die Situation ausgenutzt und sind viel reicher geworden, während die Armen viel ärmer geworden sind. Die derzeitige Kultur ist wettbewerbsorientiert und sehr unkooperativ. Der Profit zählt mehr als das Leben.

Die Impfstoffe sind ungleich verteilt, so dass die Armen der Ansteckung und dem Tod ausgesetzt sind. Ein ganzer Kontinent mit mehr als einer Milliarde Menschen, Afrika, ist in Vergessenheit geraten. Kaum 10 % der Bevölkerung sind geimpft worden. Der Tod ist weit verbreitet, insbesondere bei Kindern, was auf die Gefühllosigkeit und Unmenschlichkeit unserer globalisierten Zivilisation zurückzuführen ist. Es ist die Herrschaft der Barbarei, die jeden Sinn für menschliche Zivilisation leugnet.

Kein Wunder, dass einige Analysten, insbesondere Biologen, fragen: Haben wir noch das Recht, auf diesem Planeten zu leben? Unsere Art zu sein, zu produzieren und zu consumieren bedrohen alle anderen Arten durch ihren Verzehr. Wir haben ein neues geologisches Zeitalter eingeläutet, das Anthropozän und sogar das Nekrozän, d. h. die große tödliche Bedrohung für das Leben auf diesem Planeten geht nicht von einem vorbeifliegenden Meteor aus, sondern von den barbarisierten Menschen, insbesondere in den wohlhabenderen Bevölkerungsschichten.

 Unter den Armen und Ausgegrenzten gibt es noch Menschlichkeit, Solidarität, gegenseitige Hilfe und die Sorge um das Gemeinwohl, wie sich in dieser Zeit der weltweiten Pandemie gezeigt hat.

Der Ausbruch von Covid-19 lädt zum Nachdenken ein: Warum sind wir an diesem Punkt angelangt, bedroht von einem unsichtbaren Virus, der die militaristischen Mächte und ihren phantasievollen imperialen Impuls in die Knie gezwungen hat? Wohin gehen wir? Was müssen wir ändern, wenn wir uns und unseren Nachkommen eine Zukunft sichern wollen?

Die globalen Billionäre (die 0,1 % der Menschheit) träumen von einer totalen Radikalisierung der Ordnung des Kapitals, die allen eine kybernetische Despotie aufzwingt, die alle Gegner überwacht und unterdrückt und ihren Reichtum garantiert. Der Magen von Mutter Erde wird eine solche Ungeheuerlichkeit nicht verdauen. Zusammen mit dem unverzichtbaren menschlichen Widerstand wird er ihre Ansprüche umstoßen und ihnen die ökologischen Grundlagen für dieses perverse Projekt entziehen, die sie nicht kontrollieren können.

Wie nie zuvor in der Geschichte hängt das Schicksal unseres Lebens von den Entscheidungen ab, die wir gemeinsam treffen müssen. Andernfalls werden wir den Weg kennen, den schon die Dinosaurier beschritten haben. Das wollen wir nicht. Aber wir befinden uns an einem Scheideweg.

*Leonardo Boff hat geschrieben: Cuidar la Tierra – proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010; mit J. Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Stimmen 2013.