Recado para el PT: transformar el desaliento en determinación

Tiempo atrás escribí un artículo con un título parecido. Releyéndolo, veo su actualidad ante la crisis de rumbo por la que atraviesa el PT. Lo rehago añadiéndole cosas. No basta la indignación, el desaliento ante los crímenes cometidos en el llamado Lava jato de la Petrobras. Hay que tomar en serio la amarga decepción provocada en la población, especialmente en los más sencillos y en los militantes, que ahora suspiran cabizbajos: “nosotros que te queríamos tanto, PT”.

En este momento lo que debe ser suscitado es la esperanza, pues ella es la última que muere. Pero no cualquier esperanza, como la de los bobos alegres que perdieron las razones de estar alegres, sino la esperanza crítica, la que renace de las duras lecciones aprendidas del fracaso, esperanza capaz de inventar nuevas motivaciones para vivir y luchar, que se hace patente en nuevas actitudes frente a la realidad política, y con una agenda enriquecida que la completa.

La corrupción habida es consecuencia de un estilo de hacer política desgarrada de las bases populares.
El PT fue en primer lugar un movimiento nacido en medio de los oprimidos y de sus aliados: por otro Brasil, de inclusión, de justicia social, de democracia participativa, de desarrollo social con redistribución de rentas. Como movimiento poseía las características de todo carisma: galvanizar a la gente y hacer que tuvieran un sueño. Al crecer, se volvió inevitablemente una organización partidaria. Como organización se volvió poder. Donde hay poder despunta el demonio que habita todo poder y que, si no es continuamente vigilado, puede echar todo a perder. Con esto no queremos satanizar el poder sino darnos cuenta de su lógica. En principio es bueno; es la mediación necesaria para la transformación y para la realización de la justicia. Por lo tanto, se mueve en el orden de los medios. Pero cuando se vuelve un fin en sí mismo, se pervierte y se corrompe, porque su lógica interna es esta: no se garantiza el poder sino buscando más poder. Y si el poder significa dinero, adquiere formas de irracionalidad: los millones y millones robados se suceden sin ningún sentido de límite.

Hay otro problema ligado a la organización: si los dirigentes pierden contacto orgánico con la base, se alienan, se independizan y fácilmente se vuelven víctimas de la lógica perversa del poder como fin en sí mismo. Surgen las alianzas espurias y los métodos ilícitos. La codicia del poder produce la corrupción. Fue lo que aconteció lamentablemente con algunos altos sectores del PT. Si estuviesen ligados a las bases, viendo los rostros sufridos del pueblo, sus duras luchas para sobrevivir, su voluntad de luchar, de resistir y de liberarse, su sentido ético y espiritual de la vida, se sentirían fortalecidos en sus opciones y no sucumbirían a las tentaciones del poder corruptor. Pero se despegaron de las bases.

Ahora al PT no le queda más que la resiliencia, dar la vuelta por encima y hacer de los errores una escuela de aprendizaje humilde. Para los militantes y demás brasileros que abrazaron la causa del PT, aun no estando afiliados al partido como otros y yo mismo, el reto consiste en transformar la decepción en determinación.

La determinación consiste en esto: a pesar de las traiciones, las banderas promovidas por el PT hace ya 25 años deben ser porfiadamente sustentadas, defendidas y proclamadas. No por ser las del PT sino porque valen por sí mismas, por el carácter humanitario, ético, liberador y universalista que representan.

La bandera es un sueño-esperanza de otro Brasil no más rasgado de arriba abajo por la opulencia escandalosa de unos pocos y por la miseria clamorosa de las grandes mayorías, un Brasil con un proyecto de nación abierto a la fase planetaria de la humanidad, cuyos gobiernos pudiesen, con la participación popular, realizar la utopía mínima: que todos puedan comer tres veces al día, ir al médico cuando lo necesiten, enviar a sus hijos a la escuela, tener empleo y con el salario garantizar una vida mínimamente digna y, cuando se jubilen, puedan enfrentar con desahogo los achaques de la edad y puedan despedirse, agradecidos, de este mundo.

Los portadores de este sueño-esperanza son las grandes mayorías, sobrevivientes de una terrible tribulación histórica de sometimiento, explotación y exclusión. Los dueños del poder organizaron siempre el Estado y las políticas en función de sus intereses, dejando al pueblo al margen. Tuvieron y todavía tienen vergüenza de él, tratado como bueno para nada, carbón para el proceso productivo. Pero él, a pesar de este desprecio, nunca perdió su autoestima, su capacidad de resistencia, de soñar y de alimentar una visión maravillada del mundo. Consiguió organizarse en innumerables movimientos, en la Iglesia de la liberación y fue fundamental en la creación del PT como partido nacional.

Esa utopía alimentó el PT histórico y ético. Esta bandera debe ser retomada, pues ella es la que puede refundarlo, confiando más en la dedicación que en la ambición, más en la militancia que en el maquillaje de los expertos en marketing. Esta bandera entusiasmó a las masas, tuvo una función civilizatoria al hacer que el pobre descubriese las causas de su pobreza, se politizase y se sintiese participante de un proyecto de reinvención de Brasil en el cual fuese menos difícil ser gente.

Porque es místico y religioso (¿habrá sabido el PT valorar el capital de movilización que tiene esta dimensión?) el pueblo brasilero tiene un pacto con la esperanza, con los grandes sueños y con la certeza de que se siente siempre acompañado por los buenos espíritus y por los santos importantes hasta el punto de llegar a sospechar que Dios sea brasilero. Bebiendo de esta fuente popular el PT puede renovarse y cumplir su misión histórica de refundar otro Brasil. Si no asume esta tarea, vanas serán sus estrategias de subsistencia, vana su esperanza de victoria futura.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Después de 500 años, ¿qué Brasil queremos? Sal Terrae 2000.
Traducción de MJ Gavito Milano

The era of the great transformations

We live in the Era of the Great Transformations. There are many, but I will mention just two: the first relating to the economy and the second, to the realm of the conscience.

First, the economy: It began in 1834 when the industrial revolution was consolidated in England. It consists of moving from a market economy to a market society. The market has always existed throughout the history of humanity, but never before has there been a society consisting only of the market. In other words, the only thing that counts is the economy. Everything else must serve the economy.

The market that predominates is ruled by competition rather than cooperation. What is sought is individual or corporative economic benefit, not the common good of the entire society. The cost of attaining this benefit is usually the devastation of nature, and creation of perverse social inequalities.

It is said that the market must be free, and the state is seen as its great obstacle. The mission of the state, in reality, is to order society and the economy through laws and norms, and to coordinate the search for the common good. The Great Transformation presupposes a minimal State, practically limited to issues involving society’s infrastructure, the treasury and security. Everything else belongs to and is regulated by the market.

Everything can be relegated to the market: drinking water, seeds, food and even human organs. This commercialization has penetrated all sectors of society: health, education, sports, the world of the arts and entertainment, and even important types of religions and churches, with their TV and radio programs.

Organizing society only around the economic interests of the market has split humanity from top to bottom: an enormous gulf has been created between the few rich and the many poor. A perverse social injustice predominates.

Simultaneously, a horrible ecological injustice has been created. In the eagerness to accumulate, goods and natural resources have been exploited in a predatory manner, with no limitations and a total lack of respect. The goal is to become ever richer to be able to consume more intensely.

This voracity has surpassed the limits of the Earth herself. The goods and services of the Earth are no longer fully sufficient and renewable. The Earth’s resources are not limitless. That fact makes it difficult if not impossible for the capitalist/productive system to constantly regenerate. That is its crisis.

Given its internal logic, that Transformation, is causing biocide, ecocide and geocide. Life itself is endangered, and the Earth may not want us with her, because we are too destructive.

The second Great Transformation is occurring in the field of consciousness. As the damage to nature that affects the quality of life increases, the awareness also grows that 90% of this damage is due to the irresponsible and irrational attitude of humans, more specifically to the attitude of those economic, political, cultural and media power elites that comprise the great multilateral corporations and have assumed control over the destiny of the world.

It is urgent that we interrupt this trajectory towards the precipice. The first global study of the state of the Earth was done in 1972. It revealed that the Earth is not well. The principal cause is the type of development undertaken by society, that has surpassed the limits of nature and the Earth’s endurance. We must produce, yes, to feed humanity, but in a manner that respects the rhythms of nature and her limits, allowing her to rest and to renew herself. It was called sustainable development, as opposed to just material growth, as measured by the GNP.

In the name of this awareness and its urgency, there arose the responsibility principle (Hans Jonas), the caring principle (Boff and others), the sustainability principle (Brundland Report), the cooperation principle (Heisenberg/Wilson/ Swimme), the prevention/precaution principle (1992 Letter of Rio de Janeiro from the United Nations), the compassion principle (Schoppenhauer/Dalai Lama) and the Earth principle (Lovelock and Evo Morales), where the Earth is understood as a living super organism, always ready to produce life.

The ecological reflection has become complex. It cannot be reduced only to environmental preservation. The totality of the world system is at stake. Thus there has emerged an environmental ecology that has as its end the quality of life; a social ecology that seeks a sustainable mode of living (production, distribution, consumption and disposal of waste); a mental ecology that criticizes prejudices and visions of the world that are hostile to life, and proposes to formulate a new design for civilization, based on the principles and values for a new form of inhabiting the Common Home; and finally, an integral ecology that recognizes that the Earth is part of a universe in evolution, and that we must live in harmony with the Whole, one that is complex and purposeful. From this comes peace.

Then it becomes clear that ecology is an art, a new way of relating to nature and the Earth, more than a technique for administering scarce goods and services.

Everywhere in the world, movements, institutions, organisms, NGOs, and research centers have arisen that propose to care for the Earth, especially for all living beings.

If the awareness of caring, and of our collective responsibility for the Earth and for our civilization, triumph, surely we will still have a future.

Free translation from the Spanish by
Servicios Koinonia, http://www.servicioskoinonia.org.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU..

Correggersi e ricominciare è sempre possibile.

Le crisi non sono sempre e necessariamente disutili. La crisi funziona come un crogiuolo che purifica l’oro dalla ganga e lo libera per un nuovo uso. Il caos non è solo caotico; può essere produttivo. È caotico perché distrugge un certo ordine che non risponde più alle richieste di un popolo; è produttivo perché a partire da una nuova collocazione di fattori, instaura un nuovo ordine che rende migliore la vita del popolo. Dicono i cosmologi che la vita è nata dal caos. Questo ha organizzato internamente elementi di alta complessità e da questa complessità ha fatto schiudere la vita sulla terra e più tardi la nostra vita cosciente (Prigogine, Swimme, Morin e altri).

L’attuale crisi politica e il caos sociale ubbidiscono alla logica descritta sopra. Offrono una opportunità di rifondazione dell’ordine sociale a partire dal caos sociale e dagli elementi depurati dalle crisi. Dato che in Brasile facciamo tutto a metà e non concludiamo quasi nessun progetto (Indipendenza, Abolizione della schiavitù, La Repubblica, La democrazia rappresentativa, La nuova democrazia post Dittatura militare, L’Amnistia) c’è il rischio che perdiamo nuovamente l’opportunità attuale di fare qualcosa di realmente profondo e importante oppure continueremo con la solita illusione che, applicando cerotti noi curiamo la ferita che incancrenisce la vita sociale già da tanto tempo.

Prima di qualsiasi nuova iniziativa, il PT che ha egemonizzato il processo nuovo nella politica brasiliana, deve fare quello che non ha ancora mai fatto finora: una auto-critica pubblica e umile degli errori commessi, di non aver saputo usare il potere realmente come strumento di cambiamento e non a vantaggio corporativo e di aver perso il legame organico con i movimenti sociali. Sappiamo che la destra farisaicamente sfrutterà il fatto, ma io credo nella forza intrinseca della verità e della sincerità. Il popolo capirà. Occorre pronunciare il mea-culpa perché alcuni che avevano il potere hanno tradito milioni di iscritti e perché hanno macchiato e stracciato la loro principale bandiera: la moralità pubblica e la trasparenza in tutto quello che hanno fatto. Quella manciata di corrotti e ladri de pubbliche risorse, dentro alla Petrobras, che hanno tradito più di 1 milione di iscritti del PT e hanno fatto arrossire la nazione dovranno subire la damnatio memoriae.

Ho citato Frei Betto che ha fatto parte del potere centrale e ha ideato il progetto Fome Zero. Quando si è accorto che il PT svicolava, ha lasciato il governo commentando: “Il PT in 12 anni, non ha promosso nessuna riforma strutturale, né agraria, né tributaria, né politica. Aveva qualche altra alternativa il PT? Sì, se non avesse buttato la sua garanzia di governabilità nelle braccia del mercato e del Congresso; se avesse promosso la riforma agraria, in modo da rendere il Brasile meno dipendente da prodotti per l’esportazione e favorito di più il mercato interno; se avesse avuto il coraggio di fare la riforma tributaria consigliata da Piketty, dando la priorità alla produzione e non alla speculazione; se infine avesse garantito in primo luogo la governabilità con l’appoggio dei movimenti sociali, come ha fatto Evo Morales in Bolivia. Se il governo non tornerà a bere alla sua fonte genuina – i movimenti sociali e le proposte originarie del PT – le forze conservatrici torneranno a occupare il Planalto”.

E adesso, concludo io: abbiamo rischiato di perdere la rivoluzione pacifica e popolare fatta a partire dal 2003, quando è avvenuto non lo scambio di potere, ma il ricambio di base sociale che sostiene lo Stato: il popolo organizzato, che prima era ai margini e adesso è messo al centro. Il PT può tollerare il rigetto dei potenti. Quello che non può fare e defraudare il popolo degli umili che tanta confidenza e tanta fiducia e speranza avevano posto in lui. E molti, come me e come frei Betto che mai ci scriveremo al PT (preferiamo il tutto e non la parte, che è il partito) ma sempre appoggiamo i suoi progetti, siccome appaiono giusti e affini alle proposte sociali della Chiesa della Liberazione, sentiamo scoramento e delusione. Non doveva essere così e invece avvenuto per mancanza di etica, per mancanza di amore al popolo e per l’assenza di connessione organica con le i movimenti sociali.

Non per questo desisteremo. Nello spettro politico attuale non vediamo nessun progetto che riesca a scansare la sottomissione al capitalismo neoliberale, che renda la società meno malvagia e che presenti leadership affidabili e che renda migliore la vita del popolo. La vita ci insegna e le Scritture cristiane non si stancano di ripetere: chi è caduto può sempre rialzarsi; chi ha peccato può redimersi, dopo una dura conversione, al primo amore. Si dice persino che chi stava morto, può essere risuscitato come Lazzaro e il giovane di Naim.

Il PT deve ricominciare dal basso. Umile e aperto e imparare dagli errori e dalla sapienza del popolo lavoratore. Valgono ancora i primi ideali: inclusione sociale di milioni di emarginati, sviluppo sociale con distribuzione di rendita e redistribuzione di ricchezza nazionale, cura della natura, dei suoi beni e servizi minacciati e la sempre sospirata giustizia sociale. Ma tutto questo non avrà capacità di sostegno se non sarà accompagnato da una riforma politica, tributaria e un grosso investimento nella agroecologia.

Perché questo avvenga, dobbiamo credere nella bontà della causa, tenersi in forma per la battaglia che sarà ingaggiata contro il PT da coloro che vivono battendo le pentole piene perché mai accettano cambiamenti nel timore di perdere benefici; ma mai e poi mai usare le loro armi – menzogne e distorsioni – ma usare quelle che loro non possono usare: la verità, la trasparenza, l’umiltà di riconoscere gli errori e la volontà di migliorare giorno a giorno, di volere un Brasile sovrano e un popolo felice perché giusto, non più destinato a penare nelle periferie esistenziali ma a brillare. Vale quello che Don Chisciotte ha sentenziato: mai accettare sconfitte, prima di fare la guerra.

Traduzione di Romano e Lidia Baraglia

Siempre es posible autocorregirse y volver a empezar

No toda crisis, ni todo caos son necesariamente malos. La crisis acrisola, funciona como un crisol que purifica el oro de las gangas y lo libera para un nuevo uso. El caos no es solo caótico; también puede ser generativo. Es caótico porque destruye cierto orden que no atiende las demandas de un pueblo; es generativo porque a partir de un nuevo reajuste de los factores, inaugura un nuevo orden que hace mejor la vida del pueblo. Dicen algunos cosmólogos que la vida surgió del caos. Este organizó internamente los elementos de alta complejidad y de esta complejidad hizo surgir la vida en la Tierra y más tarde nuestra vida consciente (Prigogine, Swimme, Morin y otros).

La actual crisis política y el caos social obedecen a la lógica descrita arriba. Ofrecen una oportunidad de refundación del orden social a partir del caos social y de los elementos depurados de la crisis. Como en Brasil hacemos todo a medias y no concluimos casi ningún proyecto (independencia, abolición de la esclavitud, la república, la democracia representativa, la nueva democracia post dictadura militar, la amnistía) existe el riesgo de que perdamos nuevamente la oportunidad de hacer algo realmente profundo y cabal, o continuaremos con la ilusión acostumbrada de que poniendo esparadrapos curamos la herida que gangrena la vida social desde hace tanto tiempo.

Antes de cualquier iniciativa nueva, el PT, que hegemonizó el proceso nuevo en la política brasilera, debe hacer lo que hasta ahora no ha hecho: una auto-crítica pública y humilde de los errores cometidos, de no haber sabido usar el poder realmente como instrumento de cambios y no de ventajas corporativas y de haber perdido la conexión orgánica con los movimientos sociales. Necesita hacer su mea-culpa porque algunos con poder traicionaron a millones de afiliados al haber manchado y rasgado su principal bandera: la moralidad pública y la transparencia en todo lo que hicieran. Aquel pequeño puñado de corruptos y de ladrones del dinero público dentro de Petrobras que traicionaron a más de un millón de afiliados al PT y avergonzaron a la nación, deberán ser borrados de la memoria.

Cito a frei Betto que estuvo dentro del poder central y que ideó Hambre Cero. Al darse cuenta de los desvíos, dejó el gobierno comentando: «El PT en 12 años no promovió ninguna reforma de la estructura, ni agraria, ni tributaria, ni política. ¿Había alternativa para el PT? Sí, si no hubiese arrojado su garantía de gobernabilidad en los brazos del mercado y del Congreso; si hubiese promovido la reforma agraria, para hacer a Brasil menos dependiente de la exportación de materias primas, y favorecido más el mercado interno; si osase hacer la reforma tributaria recomendada por Piketty, priorizando la producción y no la especulación; si hubiese, en fin, asegurado la gobernabilidad prioritariamente mediante el apoyo de los movimientos sociales, como hizo Evo Morales en Bolivia… Si el gobierno no vuelve a beber en su fuente de origen –los movimientos sociales y las propuestas originales del PT– las fuerzas conservadoras volverán a ocupar Planalto».

Y ahora concluyo yo: hemos echado a perder la revolución pacífica y popular hecha a partir de 2003 cuando ocurrió no un cambio de poder sino el cambio de la base social que sustenta el Estado: el pueblo organizado, antes al margen y ahora puesto en el centro. El PT puede soportar el rechazo de los poderosos. Lo que no puede es defraudar al pueblo y a los humildes que tanta confianza y esperanza pusieron en él. Y muchos, como frei Betto y yo, que nunca nos inscribimos en el PT (preferimos el todo y no la parte que es el partido), pero siempre apoyamos su causa, por verla justa y afín a las propuestas sociales de la Iglesia de la Liberación, sentimos abatimiento y decepción. No tenía por qué ser así. Y lo fue por inmoralidad, por falta de amor al pueblo y por la ausencia de conexión orgánica con los movimientos sociales.

No por eso desistiremos. En el espectro político actual no vislumbramos ningún proyecto que huya de la sumisión al capitalismo neoliberal, que haga a la sociedad menos malvada y que presente líderes confiables que mejoren la vida del pueblo. La vida nos enseña y las Escrituras cristianas no se cansan de repetir: quien cayó siempre puede levantarse; quien pecó siempre puede redimirse después de una clara conversión al primer amor. Hasta se dice que quien estaba muerto puede ser resucitado, como Lázaro y el joven de Naín.

El PT tiene que volver a comenzar desde allá abajo, humilde y abierto a aprender de los errores y de la sabiduría del pueblo trabajador. Son válidos todavía los ideales primeros: inclusión social de millones de marginados, desarrollo social con distribución de la renta y redistribución de la riqueza nacional, cuidado de la naturaleza con sus bienes y servicios amenazados y la siempre ansiada justicia social. Pero todo esto no podrá sostenerse si no viene acompañado de una reforma política, tributaria y fuerte inversión en la agroecología, dada la imposibilidad actual de hacer la reforma agraria.

Para que eso ocurra, necesitamos creer en lo justo de esta causa; fortalecerse frente a la batalla que será entablada contra el PT por aquellos que viven batiendo ollas llenas, que nunca quieren cambios por miedo a perder beneficios; pero sin usar jamás las armas que ellos usan –mentiras y distorsiones– sino las que ellos no pueden usar: la verdad, la transparencia, la humildad de reconocer los errores y la voluntad de mejorar día a día, de querer un Brasil soberano y un pueblo feliz porque es lo justo, no más destinado a penar en las periferias existenciales sino a brillar. Sigue siendo válido lo que Don Quijote sentenciaba: «no hay que aceptar las derrotas sin dar antes todas las batallas».

Leonardo Boff es teólogo, ecólogo y escritor, vea La Gran Transformación, Madrid, Nueva Utopía 2014.

Traducción de MJ Gavito Milano