Laudato Si :Una Enciclica anti-sistemica:la opinión de un marxista

MICHAEL LÖWY é um dos mais criativos e fecundos intelectuais brasileiros. De ascêndencia hebraica, nasceu no Brasil em 1938 mas passa grande parte do tempo em Paris como Diretor de Pesquisa do Centre National de la Recherche Scientifique. Faz frequentes viagens ao Brasil para cursos e assessorias acompanhando de perto as política nacional, sempre numa perspectiva libertadora. É um dos melhores conhecedores da Teologia da Libertação com obras que cabe serem lidas e estudadas: Marxismo e Teologia da Libertação, Cortez, São Paulo 1991; A guerra dos deuses: religião e políticas na América Latina, Vozes 2000; Redenção e utopia:o judaismo libertador na Europa Central. Companhia das Letras, Rio de Janeiro 1989 entre outros. É um dos fundadores do ecosocialismo em nivel internacional e lançou em 2014 o livro O que é o ecossocialismo? Editora Cortez, São Paulo. Representa um marxismo aberto e humanista sempre em diálogo com as correntes libertárias da Europa e da América Latina, valorizando o aspecto mobilizador da religião e da teologia que se voltam para as questões sociais, especialmente dos mais penalizados. Vale ler sua leitura positiva da encíclica sobre a ecologia integral do Papa Francisco e também avaliar algumas observações críticas que ajudam a aprofundar as intuições básicas do texto papal. O atual texto saíu na Revista espanhola Exodo de 2015:LBoff

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La « Enciclica ecologica » del Papa Francisco es un evento de importancia planetaria, del punto de vista religioso, etico, social y politico. Considerando la enorme influencia mundial de la Iglesia catolica, es una contribucion crucial al desarrollo de una consciencia ecologica critica. Fué recibida con entusiasmo por los verdaderos defensores del medio-ambiente, pero suscito inquietud y rechazo de la parte de religiosos conservadores, representantes del capital, y ideologos de la « ecologia de mercado ».   Se trata de um documento de gran riqueza y complejidad, que plantea una nueva interpretacion de la tradicion judeo-cristiana – en ruptura con el « sueño prometeico de dominio sobre el mundo » – y una refleccion profundamente radical sobre las causas de la crisis ecologica. En varios aspectos, como por ejemplo en la inseparable asociacion del « clamor de la tierra » y del « clamor de los pobres », se percibe que la teologia de la liberacion – en particular la del eco-teologo Leonardo Boff – fué una de sus fuentes de inspiracion.

En las breves notas que siguen, me interesa enfatizar una dimension de la Enciclica que explica las resistencias que encontro en el establishment economico y mediatico : su caracter anti-sistemico.

         Para el Papa Francisco, los desastres ecologicos y el cambio climatico no resultan simplemente de comportamientos individuales – aun si ellos tienen su papel – sino de  los actuales modelos de produccion y de consumo . Bergoglio no es un marxista, y la palabra « capitalismo » no aparece en la Enciclica…Pero queda muy claro que para el los dramaticos problemas ecologicos de nuestra época resultan de « los engranajes de la actual economía globalizada » – engrenajes que constituyen   un sistema global, un « un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso » (subrayado por nosotros).

         Cuales son, para Francisco, estas caracteristicas « estructuralmente perversas » ? Antes de todo, es un sistema en el cual predominan « los intereses limitados de las empresas » y « una cuestionable racionalidad económica », una racionalidad instrumental que tiene por unico objetivo de  maximizar la ganancia  . Ahora bien, « el principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía: si aumenta la producción, interesa poco que se produzca a costa de los recursos futuros o de la salud del ambiente ».   Esta distorsion, esta perversidad etica y social, no es propria de uno o otro pais, sino de un « sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas » (subrayado por nosotros).

La obsesion del crescimiento ilimitado, el consumismo, la tecnocracia, el dominio absoluto de la finanza y la divinizacion del mercado son otras caracteristicas perversas del sistema. En su logica destructiva todo se reduce al mercado y al « cálculo financiero de costos y beneficios ». Pero sabemos que « el ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente ».   El mercado es incapaz de llevar en cuenta valors calitativos, eticos, sociales, humanos o naturales, es decir   « valores que exceden todo cálculo ».

         El poder « absoluto » del capital financero especulativo es un aspecto esencial del sistema, como lo ha revelado la reciente crisis bancaria. El comentario de la Enciclica es contundente y desmistificador : « La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación. La crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo. »

Esta dinamica perversa del sistema global que « sigue rigiendo el mundo » es la razon que ha llevado en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre el medio ambiente : « Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos. »     Encuanto predominem los imperativos de los poderosos grupos economicos « sólo podrían esperarse algunas declamaciones superficiales, acciones filantrópicas aisladas, y aun esfuerzos por mostrar sensibilidad hacia el medio ambiente, cuando en la realidad cualquier intento de las organizaciones sociales por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear ».

En este contexto desarrola la Enciclica una critica radical a la irresponsabilidad de los « responsables », es decir, las elites dominantes, las oligarquias interesadas en la conservacion del sistema, en relacion a la crisis ecologica : « Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo ».

Confrontados con el dramatico proceso de destruccion de los equilibrios ecologicos del planeta y la amenaza sin precedente que representa el cambio climatico, que proponen los gobiernos, o los representantes internacionales del sistema (Banca Mundial, FMI, etc) ? Su propuesta es el pretenso « desarrollo sostenible », una concepto que se hizo cada vez mas vacia de contenido, un verdadero flatus vocis como decian los escolasticos del Medioevo.   Francisco no tiene ninguna ilusion en esta mistificacion tecnocratica : « el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen. »

Las medidas concretas que propone la oligarquia tecno-finanzera dominante son perfectamente ineficazes, como por ejemplo los llamados « mercados de carbono ». La critica mordaz que hace el Papa Francisco a esta falsa solucion es uno de los argumentos mas importantes de la Enciclica. Citando a una resolucion de la Conferencia Epiiscopal Boliviana, Bergoglio escribe :

« La estrategia de compraventa de «bonos de carbono» puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores ».

Passages como este explican el poco entusiasmo de los circulos « oficiales » y de los partidarios de la « ecologia de mercado » (o del « capitalismo verde ») por Laudato Si…

         Siempre asociando la cuestion ecologica con la cuestion social, Francisco insiste en la necesidad de medidas radicales, drasticas, es decir, de cambios profundos, para enfrentar este doble desafio.   El principal obstaculo para esto es la naturaleza « perversa » del sistema : « La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. »

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Si el diagnostico de Laudato Si sobre la crisis ecologica es de una clareza y de una coerencia impresionantes, las acciones que propone son mas limitadas. Cierto, muchas de sus sugestiones son utiles y necesarias, por ejemplo, « facilitar formas de cooperación o de organización comunitaria que defiendan los intereses de los pequeños productores y preserven los ecosistemas locales de la depredación ».   Es tambien muy significativo que la Enciclica reconozca la necessidad, para las sociedades mas desarrolladas, de « detener un poco la marcha, e poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde » ; en otras palabras,   « ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes ».

Pero hacen falta precisamente las « medidas drasticas », como por ejemplo las que propone Naomi Klein en su ultimo libro Esto cambia todo ! : romper, antes que sea tarde demas, con las energias fosiles (carbon, petroleo), dejandolas bajo el solo.   No se puede pensar en una transicion mas alla de las estructuras perversas del actual modo de produccion y consumo sin un conjunto de iniciativas anti-sistemicas, que ponen en cuestion la propriedad privada, por ejemplo de las grandes multinacionales de la energia fossil (BP, Shell, Total, etc). Cierto, el Papa habla de la necesidad de « grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad », pero este aspecto estrategico es poco desarrollado en la Enciclica.

Reconociendo que « el sistema mundial actual es insostenible », Bergoglio busca una alternativa global, que intitula « cultura ecologica », un cambio que « no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático ». Pero hay pocas indicaciones sobre la nueva economia, la nueva sociedad que corresponden à esta cultura ecologica. No se trata de pedir al Papa que adopte el ecosocialismo, pero la alternativa futura queda muy abstracta.

El Papa Francisco hace suya la « opcion preferencial por los pobres » de las Iglesias latino-americanas.   La Enciclica lo plantea claramente, como un imperativo planetario :   « en las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. »

Pero los pobres no aparecen ,   en la Enciclica, como los actores de su propria liberacion – el mas importante planteamiento de la teologia de la liberacion. Las luchas de los pobres, de los campesinos, de los indigenas, en defensa de los bosques, del agua, de la tierra, en contra las multinacionales y el agro-negocio, son una tematica poco presente en Laudato Si. Francisco organizo recien un encuentro – el primero en la milenar vida de la Iglesia Catolica – con los movimientos sociales : se trata de un evento de significacion historica. Pero en la Enciclica hay pocas referencias a los movimientos sociales, que son precisamente los principales actores del combate en contra del cambio climatico : Via Campesina, Climate Justice, el Forum Social Mundial, etc.

Por supuesto, como lo subraya Bergoglio en la Enciclica, no es tarea de la Iglesia sustituir à los partidos politicos, proponiendo un programa de transformacion social. Por su diagnostico anti-sistemico de la crisis, asociando de forma inseparable la cuestion social y la proteccion del medio ambiente, « el clamor de los pobres » y el « clamor de la tierra », Laudato Si es un precioso, un inestimable aporte à la refleccion y a la accion para salvar la naturaleza y la humanidad de la catastrofe.

Michael Löwy

Autor del libro Ecosocialismo, la alternativa radical a la catastrofe ecologica capitalista.         

 

 

O el PT se renueva o se vuelve mediocre

Reza un mito antiguo del área mediterránea que, de tiempo en tiempo, el águila cuando observa en su cuerpo señales envejecimiento, debilidad en sus ojos penetrantes, y flacidez de las garras, se propone renovarse totalmente. Así hacía también la fénix egipcia que aceptaba morir para volver rejuvenecida a una nueva vida. ¿Cuál era la estrategia del águila? Se ponía a volar cada vez más alto hasta llegar cerca del sol. Entonces sus plumas se incendiaban y toda ella empezaba a arder. Cuando llegaba a este punto extremo, se precipitaba desde el cielo y se lanzaba cual flecha en las aguas frías del lago. El fuego se apagaba.

Y entonces ocurría la gran transformación. A través de esta experiencia de fuego y de agua, la vieja águila volvía a tener plumas nuevas, garras afiladas, ojos penetrantes y el vigor de la juventud.

Queremos aplicar este mito al PT, metido en una crisis crucial que lo obliga a renovarse como el águila o a aceptar el lento envejecimiento hasta perder todo el vigor vital y la capacidad de renovación de la sociedad, como era su sueño primordial.

Para entender mejor este relato y aplicarlo al PT vamos a revisitar al filósofo Gaston Bachelard y al psicoanalista C. G. Jung que entendían mucho de mitos y de su sentido profundo. Según ellos, fuego y agua son opuestos, pero cuando se unen se vuelven poderosos símbolos de transformación.

El fuego simboliza la conciencia, el vigor y la determinación de abrir caminos nuevos. El agua, por el contrario, representa el inconsciente y las dimensiones del cuidado y la capacidad de entender el sentido secreto de las crisis.
Pasar por el fuego y por el agua significa, por tanto, integrar en sí los opuestos: la determinación con el descubrimiento del sentido secreto de las crisis. Estas suceden para purificar, limpiar todo tipo de añadido y dejar aparecer lo esencial. Nadie al pasar por el fuego y por el agua permanece intocado. O sucumbe o se transfigura, porque el agua lava y el fuego purifica.

El agua nos hace pensar también en las grandes crecidas, como las que conocimos en 2011 en las ciudades serranas del Estado de Río de Janeiro. Con su fuerza se llevaron todo, especialmente lo que no tenía consistencia y solidez. En una sola noche murieron 903 personas y 32 mil quedaron sin abrigo. Fue un cataclismo de resonancia mundial. Es el poder invencible del agua.

El fuego nos hace imaginar el crisol o los hornos que queman y acrisolan todo lo que es ganga y no es esencial. El oro y la plata pasan por ese proceso purificador del fuego.

Las crisis existenciales son bien conocidas. Cuando hacemos esa travesía por la “noche escura y temible”, como dicen los maestros espirituales, dejamos aflorar nuestro yo profundo sin las ilusiones del ego superficial. Entonces maduramos para lo que es auténticamente humano y verdadero. Quien recibe el bautismo de fuego y de agua rejuvenece como el águila del mito antiguo.

Pero existen también las crisis mayores, de todo un proyecto e incluso de todo un partido como el PT. Él tiene que asumir la verdad: tuvo muchos aciertos que beneficiaron a millones de personas que vivían en la pobreza y en la marginalidad, pero también cometió errores evitables: se dejó tomar por el “demonio” del poder como fin en sí mismo, cuando debe ser siempre medio. Hubo la corrupción vergonzosa de algunos miembros importantes que destruyeron el sueño de una multitud que creía y se esforzaba para vivir lo nuevo factible.

Pero dejando las metáforas y yendo directamente al contenido real: ¿qué significa concretamente para el PT rejuvenecerse como el águila? Significa entregar a la muerte todos los errores cometidos que impiden que el sueño despierte.
Lo viejo en el PT son los hábitos y las actitudes de la vieja política que servía de instrumento para crecer y perpetuarse en el poder. Con eso perdió el sentido originario del poder como medio de transformación en beneficio de las grandes mayorías y jamás como fin en sí mismo. Todo eso debe morir para que el PT pueda inaugurar una forma de relación con los verdaderos portadores del poder, que son el pueblo y los movimientos sociales.

Rejuvenecer como águila significa también desprenderse de convicciones endurecidas, de cierta arrogancia de representar el mejor camino, de querer tener razón en todo. Muchos dirigentes del PT continúan manejando conceptos superados, incapaces de ofrecer respuestas nuevas a la crisis que devasta los países centrales y ahora nos toca poderosamente. Rejuvenecer como águila significa tener valor para volver a comenzar y estar siempre abierto a escuchar, a aprender y a revisar.

Pero esto no es lo que está ocurriendo. Hasta hoy esperamos una revisión sincera y el reconocimiento público de sus errores. Sus líderes imaginan que haciendo así dan armas a los adversarios, cuando demostrarían ser más fieles a la verdad que a su propia imagen.

El PT, que se presentaba como un águila de alto vuelo, se está se transformando en gallina común que apenas cisca el suelo y hace vuelos rastreros. No es ese el destino que la historia quiere destinarle.

Por último, si el PT quisiera renovarse como un águila debe regresar al seno del pueblo. Este le da bellos ejemplos de lucha, de trabajo, de entereza ética y también duras lecciones. Esa inmersión es salvadora y renovadora como lo fue para el águila arder en fuego, sumergirse en las aguas frías y así resurgir rejuvenecida.

*Leonardo Boff es columnista del JB online y escritor.

Traducción de María José Gavito Milano

Desafío permanente: cuidar de sí mismo

Al asumir la categoría “cuidado” en nuestra relación con la Madre Tierra y con todos los seres, el Papa Francisco reforzó no sólo una virtud sino un verdadero paradigma que representa una alternativa al paradigma de la modernidad, que es el de la voluntad de poder que tantos daños ha producido.

Debemos cuidar de todo, también de nosotros mismos, pues somos el más próximo de nuestros próximos y, al mismo tiempo, el más complejo y más indescifrable de los seres.

¿Sabemos quiénes somos? ¿Para qué existimos? ¿Hacia dónde vamos? Reflexionando sobre estas preguntas ineludibles vale recordar la consideración de Blas Pascal (+1662) tal vez la más verdadera.

¿Qué es el ser humano en la naturaleza? Una nada delante del infinito, y un todo delante de la nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde proviene y el infinito hacia donde va (Pensées § 72).

Verdaderamente, no sabemos quiénes somos. Solamente desconfiamos, como diría Guimarães Rosa. En la medida en que vamos viviendo y sufriendo, vamos descubriendo lentamente quien somos. En último término somos expresiones de aquella Energía de fondo (¿imagen de Dios?) que sustenta todo y dirige todo.

Junto con lo que de realmente somos, existe también aquello que potencialmente podemos ser. Lo potencial pertenece también a lo real, tal vez, a nuestra mejor parte. A partir de este trasfondo, cabe elaborar claves de lectura que nos orienten en la búsqueda de aquello que queremos y podemos ser.

En esta búsqueda el cuidado de sí mismo desempeña una función decisiva. No se trata, primeramente, de un mirar narcisista sobre el propio yo, que lleva generalmente a no conocerse a sí mismo sino a identificarse con una imagen proyectada de sí mismo y, por eso, falsa y alienante.

Michel Foucauld con su minuciosa investigación Hermenéutica del sujeto (2004) intentó rescatar la tradición occidental del cuidado del sujeto, especialmente en los sabios del siglo II/III como Séneca, Marco Aurelio, Epicteto y otros. El gran motto era el famoso ghôti seautón, conócete a ti mismo. Ese conocimiento no es algo abstracto sino muy concreto: reconócete en aquello que eres, procura profundizar en ti mismo para descubrir tus potencialidades; intenta realizar aquello que realmente puedes.

En este contexto se abordaban las distintas virtudes, tan bien discutidas por Sócrates. Él advertía evitar el peor de los vicios, que para nosotros se ha vuelto común: la hybris. Hybris es sobrepasar los límites y buscar ser especial, por encima de los otros. Tal vez el mayor impasse de la cultura occidental, de la cultura cristiana, especialmente de la cultura estadounidense con su imaginado Destino Manifiesto (sentirse el nuevo pueblo elegido por Dios) sea la hybris: el sentimiento de superioridad y de excepcionalidad, imponiendo a los otros nuestros valores, sancionados por Dios.

Lo primero que hay que afirmar es que el ser humano es un sujeto y no una cosa. No es una sustancia, constituida de una vez por todas, sino un nudo de relaciones siempre activo que mediante la cadena de relaciones está construyéndose continuamente, como lo hace el universo. Todos los seres del universo, según la nueva cosmología, son portadores de cierta subjetividad porque tienen historia, viven en interacción e interdependencia de todos con todos, aprenden intercambiando y acumulando informaciones. Este es un principio cosmológico universal. Pero el ser humano realiza una modalidad propia de este principio que es el hecho de ser un sujeto consciente y reflejo. Sabe que sabe y sabe que no sabe y, para ser completos, no sabe que no sabe.

Este nudo de relaciones se articula a partir de un Centro alrededor del cual organiza las relaciones con todos los demás. Ese yo profundo nunca está sólo. Su soledad es para la comunión. Reclama un tú. O mejor, según Martin Buber, es a partir del tú que el yo despierta y se forma. Del yo y del tú nace el nosotros.

El cuidado de sí mimo implica, en primerísimo lugar, acogerse a uno mismo, tal como se es con sus aptitudes y sus límites. No con amargura, como quien quiere modificar su situación existencial, sino con jovialidad. Acoger el propio rostro, cabello, piernas, senos, la apariencia y modo de estar en el mundo, en fin su cuerpo (Vea Corbin y otros, O corpo, 3 vol. 2008). Cuanto más nos aceptemos menos clínicas de cirugías plásticas existirán. Con las características físicas que tenemos, debemos elaborar nuestro modo de ser en el mundo.

Nada más ridículo que la construcción artificial de una belleza moldeada en disonancia con la belleza interior. Es el intento vano de hacer un “photoshop” de la propia imagen.

El cuidado de sí mismo exige saber combinar las aptitudes con las motivaciones. No basta tener aptitud para la música si no sentimos motivación para ser músico. De la misma forma, no nos ayudan las motivaciones para ser músico si no tenemos aptitud para ello. Desperdiciamos energías y recogemos frustraciones. Quedamos siendo mediocres, lo que no engrandece.

Otro componente del cuidado para consigo mismo es saber y aprender a convivir con la dimensión de sombra que acompaña a la dimensión de luz. Amamos y odiamos. Estamos hechos con esas contradicciones. Antropológicamente se dice que somos al mismo tiempo sapiens y demens, gente de inteligencia y junto con ello gente de rudeza. Somos el encuentro de esas oposiciones.

Cuidar de sí mismo es poder crear una síntesis donde las contradicciones no se anulan, pero predomina el lado luminoso.
Cuidar de sí mismo es amarse, acogerse, reconocer nuestra vulnerabilidad, poder llorar, saber perdonarse y desarrollar la resiliencia, que es la capacidad de dar la vuelta por encima y aprender de los errores y contradicciones. Entonces escribimos derecho a pesar de las líneas torcidas.

* Leonardo Boff columnista del Jornal do Brasil y filósofo

Traducción de Mª José Gavito Milano

Afinidades entre la encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común” y la “Carta de la Tierra, nuestro Hogar”

La encíclica “Cuidado de la Casa Común” y la “Carta de la Tierra” tal vez sean los dos únicos documentos de relevancia mundial que presentan tantas afinidades comunes. Tratan del estado degradado de la Tierra y de la vida en sus varias dimensiones, fuera de la visión convencional que se restringe al ambientalismo. Se inscriben dentro del nuevo paradigma relacional y holístico, el único, así nos parece, capaz de darnos todavía esperanza.

La encíclica conoce la Carta de la Tierra que cita en uno de los puntos más fundamentales: «me atrevo a proponer nuevamente su precioso desafío: como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo» (n. 207). Ese nuevo comienzo es asumido por el Papa.

Enumeremos, entre otras, algunas de esas afinidades.

En primer lugar aparece el mismo espíritu que atraviesa los textos: de forma analítica, recogiendo los datos científicos más seguros, de forma crítica, denunciando el actual sistema que produce el desequilibrio de la Tierra, y de forma esperanzadora, apuntando salidas salvadoras. No se rinde a la resignación sino que confía en la capacidad humana de forjar un nuevo estilo de vida y en la acción innovadora del Creador, “soberano amante de la vida” (Sab 11,26).

Hay un mismo punto de partida. Dice la Carta: «Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies» (Preámbulo, 2). Repite la encíclica: «basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común… el actual sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista» (n.61).

Hay la misma propuesta. Afirma la Carta: «Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida» (Preámbulo,3). La encíclica enfatiza: «Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad» (n.5).

Una gran novedad, propia del nuevo paradigma cosmológico y ecológico, es esta afirmación de la Carta: «Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos forjar soluciones incluyentes» (Preámbulo, 3). Hay un eco de esta afirmación en la encíclica: «hay algunos ejes que atraviesan toda la encíclica: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología y la propuesta de un nuevo estilo de vida» (n. 16). Aquí toma valor la solidaridad entre todos, la sobriedad compartida y «pasar de la avidez a la generosidad y a saber compartir» (n.9).

La Carta afirma que «hay un espíritu de parentesco con toda la vida» (Preámbulo 4). Lo mismo afirma la encíclica: «Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas… y nos unimos también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n.92). Es la franciscana fraternidad universal.

La Carta De la Tierra enfatiza que es nuestro deber «respetar y cuidar de la comunidad de vida… respetar la Tierra en toda su diversidad» (I,1). Toda la encíclica, comenzando por el título “cuidar de la Casa Común” hace de ese imperativo una especie de ritornelo. Propone «alimentar una pasión por el cuidado de mundo» (n. 216) y «una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (n.231). Aquí surge el cuidado no como mera benevolencia puntual sino como un nuevo paradigma, amoroso y amigo de la vida y de todo lo que existe y vive.

Otra afinidad importante es el valor asignado a la justicia social. La Carta mantiene una fuerte relación entre ecología y «la justicia social y económica» que «protege a los vulnerables y sirve a aquellos que sufren» (n.III,9 c). La encíclica alcanza uno de sus puntos altos al afirmar «que un verdadero planteo ecológico debe integrar la justicia para oír tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (n.49; 53).

Tanto la Carta de la Tierra como la encíclica subrayan contra el sentido común vigente que «cada forma de vida tiene valor, independientemente de su uso humano» (I, 1, a). El Papa reafirma que «todas las criaturas están conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros» (n.42). En nombre de esta comprensión hace una vigorosa crítica al antropocentrismo (nn.115-120), pues solamente ve la relación del ser humano con la naturaleza usándola y devastándola y no al contrario, olvidando que él forma parte de ella y que su misión es la de ser su guardián y cuidador.

La Carta de la Tierra formuló una definición de paz de las más felices que han sido elaboradas por la reflexión humana: «la plenitud que resulta de las relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, con otras culturas, con otras vidas, con la Tierra y con el Todo del cual somos parte» (16, f). Si la paz, según el Papa Pablo VI, es «el equilibrio del movimiento» entonces la encíclica dice que el «equilibrio ecológico tiene que ser el interior con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios» (n.210). El resultado de ese proceso es la paz perenne tan ansiada por los pueblos.

Estos dos documentos son faros que nos guían en estos tiempos sombríos, capaces de devolvernos la necesaria esperanza de que todavía podemos salvar la Casa Común y a nosotros mismos.

* Leonardo Boff, columnista del JB y ecoteólogo y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra

Traducción de MJ Gavito Milano