La crisis actual debe tener alguna salida

La crisis política y económica que estamos viviendo nos da la oportunidad de hacer realmente cambios profundos, como la reforma política, tributaria y agraria. Para tener el enfoque correcto, es importante considerar algunos puntos previos.

En primer lugar, debemos situar nuestra crisis dentro de la crisis mayor de la humanidad como un todo, en lugar de verla dentro de esta situación y fuera del actual curso de la historia. Pensar la crisis brasilera fuera de la crisis mundial no es pensar la crisis brasilera. Somos un momento de un todo mayor. En nuestro caso no escapa a la mirada ávida de los países centrales y de las grandes corporaciones cuál será el destino de la 7ª economía mundial donde se concentra lo principal de la economía del futuro de base ecológica: abundancia de agua dulce, las grandes selvas húmedas, una inmensa biodiversidad y los 600 millones de hectáreas cultivables. No le interesa a la estrategia imperial que haya en el Atlántico Sur una nación continental como Brasil, que no se alinee con los intereses globales y que por el contrario busque un camino independiente hacia su propio desarrollo.

En segundo lugar, la actual crisis brasilera tiene un trasfondo histórico que jamás puede ser olvidado, atestiguado por nuestros mayores historiadores: nunca hubo una forma de gobierno que diese atención adecuada a las grandes mayorías, descendientes de esclavos, de indígenas y de poblaciones empobrecidas. Eran considerados como peones y gente don nadie. El Estado, incautado desde el inicio de nuestra historia por las clases propietarias, no estaba pertrechado para atender sus demandas.

En tercer lugar, hay que reconocer que, como fruto de una penosa y sangrienta historia de luchas y de superación de obstáculos de todo orden, se constituyó otra base social para el poder político que ahora ocupa el Estado con sus aparatos. De un Estado elitista y neoliberal se pasó a un Estado republicano y social que, en medio de las mayores dificultades y concesiones a las fuerzas dominantes nacionales e internacionales, consiguió poner en el centro a quien siempre estuvo al margen. Es de una magnitud histórica innegable el hecho de que el Gobierno del PT haya sacado de la miseria a 36 millones de personas y les haya dado acceso a los bienes fundamentales de la vida. ¿Qué es lo que quieren los humildes de la Tierra? Ver garantizado el acceso a los bienes mínimos que les permitan vivir. Para eso sirven la Bolsa Familia, Mi Casa Mi vida, Luz para todos y otras políticas sociales y culturales sin las cuales los pobres jamás podrían ser abogados, médicos, ingenieros, pedagogos etc.

Califiquen como quieran estas medidas, pero ellas han sido buenas para la inmensa mayoría del pueblo brasilero. ¿No es la primera misión ética del Estado de derecho garantizar la vida de sus ciudadanos? ¿Por qué los gobiernos anteriores, de siglos, no tomaron esas iniciativas antes? ¿Fue necesario un presidente-obrero para hacer todo eso? El PT y sus aliados consiguieron esa hazaña histórica, no sin la fuerte oposición por parte de aquellos que en otro tiempo despreciaron a «los considerados ceros económicos», como lo mostraron Darcy Ribeiro, Capistrano de Abreu, José Honório Rodrigues, Raymundo Faoro y últimamente Luiz Gonzaga de Souza Lima, y aquellos todavía hoy siguen despreciándolos.

Algunos estratos de las clases altas privilegiadas se avergüenzan de ellos y los odian. Hay odio de clase sí, en este país, además de la indignación y de la rabia comprensibles, provocadas por los escándalos de corrupción habidos en el gobierno hegemonizado por el PT. Estas élites viejistas con sus medios de comunicación muy marcados por la ideología reaccionaria y de derecha, apoyados por la vieja oligarquía, diferente de la moderna más abierta y nacionalista, que en parte apoya el proyecto del PT, nunca aceptaron un gobierno de cariz popular. Hacen de todo para inviabilizarlo y para ello se sirven de distorsiones, difamaciones y mentiras, sin ningún pudor.

Se diseñan dos estrategias de la derecha, que consiguió articularse para volver al poder central que perdió por el voto, pero que todavía no se ha conformado:

La primera es mantener en la sociedad una situación de permanente crisis política para impedir con eso que la Presidenta Dilma gobierne. Para ello organizan manifestaciones por las calles, haciendo como un picnic, caceroladas, con las ollas llenas pues nunca supieron los que es una olla vacía, o si no, de forma maleducada y grosera abuchean sistemáticamente a la Presidenta en sus apariciones públicas.

La segunda consiste en un proceso de desmontar el gobierno del PT, calumniándolo como incompetente e ineficaz, y demoler el liderazgo del ex-presidente Lula con difamaciones, distorsiones y mentiras directas, que cuando se desenmascaran, no son desmentidas. Con eso pretenden impedir su candidatura en 2018 y su reelección.

Ese tipo de procedimiento solo revela que la democracia que todavía tenemos es de bajísima intensidad. Los actos recientes, provocadores y llenos de espíritu de venganza de los presidentes de las dos casas, ambos del PMDB, confirman lo que el sociólogo de la UNB, Pedro Demo, escribió en su Introducción a la sociología (2002): «Nuestra democracia es la representación nacional de hipocresía refinada, repleta de leyes “bonitas”, pero hechas siempre, en última instancia, por la elite dominante para que les sirvan a ella de principio a fin. Los políticos son gente que se caracteriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer negocios, emplear a parientes y paniguados, enriquecerse a costa de las arcas públicas y entrar en el mercado por arriba… Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación» (p. 330-333).

No saldremos de esta crisis ni desharemos a los revanchistas y golpistas sin una reforma política, tributaria y agraria. En caso contrario, la democracia será manca y tuerta.

traduccuión de José María Gavito

Es palo, es piedra, es el fin de un camino: un proyecto Brasil

Estas palabras, tomadas de una canción de Tom Jobim que todo Brasil conoce, son también el título de un artículo del editor Cesar Benjamin en la revista Piaui de abril de 2015. Tal vez sea una de las más sugestivas interpretaciones de la mega-crisis brasilera, fuera del marco teórico del repetitivo y engañoso discurso a partir del PIB.

En él se afirman, a mi entender, dos puntos básicos: el agotamiento de la forma de hacer política del PT (lulismo) y la urgencia de pensar un proyecto de Brasil a partir de nuevos fines y de nuevos valores. Ese sería el gran legado de la actual crisis que Benjamin reputa como «la más grave de nuestra historia». Eso me remite a lo que oí a J. Stiglitz, Nobel de economía, el año 2009 durante una conferencia en los espacios de la ONU a la cual asistí: «el legado de la crisis económico-financiera de 2008 será un gran debate de ideas sobre qué mundo queremos». En todo el mundo y en Brasil ese parece ser realmente el gran debate. Otros llegan a formularlo de forma dramática: o cambiamos o moriremos.

La percepción generalizada es que tal como están las cosas, no pueden continuar, pues ahí por delante nos espera un abismo. Ante la crisis actual adquieren fuerza las palabras severas de Celso Furtado en un libro que vale la pena volver a revisar: Brasil: la construcción interrumpida (1993): «Nos falta la experiencia de pruebas cruciales, como las que conocieron otros pueblos cuya supervivencia llegó a estar amenazada. Y nos falta también un verdadero conocimiento de nuestras posibilidades y, principalmente, de nuestras debilidades. Pero no ignoramos que el tiempo histórico se acelera y que la cuenta del tiempo va en contra nuestra. Se trata de saber si tendremos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano. O si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación» (p. 35). Y concluye pesaroso: «todo apunta hacia la inviabilización del país como proyecto nacional» (p. 35).

Estimo que la grande y decisiva “prueba crucial” ha llegado. He planteado con frecuencia esta alternativa: o nos proponemos volver a fundar Brasil sobre una nueva visión de mundo y de futuro o estaremos condenados a ser un apéndice del proyecto-mundo que ha entrado en crisis en los países centrales, extendiéndose por todo el sistema y que no consigue encontrar una salida viable.

¿Deseamos dar ese paso que nos renueve desde los fundamentos? Benjamin considera: «Nuestro sistema político gira en falso. Se gobierna a sí mismo, en vez de gobernar a Brasil. Presos en esta trampa, nos hemos vuelto una sociedad de voluntad débil, que no consigue canalizar su energía para lo que verdaderamente importa. Sociedades así pierden la capacidad de desarrollarse, aún más en un contexto internacional, como el actual, en el que las disputas neutralizan cualquier avance». Y concluye: «Necesitamos encontrar gente nueva, organizada de manera nueva, que, en vez de tratar de adaptarse a lo que la sociedad es o parece ser, acepte correr el riesgo de anunciar lo que puede llegar a ser, para impulsarla». Esta gente nueva es lo que estamos buscando y lo que Celso Furtado tanto deseaba.

Mi modesto sentimiento del mundo me dice que es importante realizar las siguientes transformaciones si queremos salir bien de la crisis y tener un proyecto autónomo de nación:

-asumir el paradigma contemporáneo que tiene ya un siglo de existencia: el eje estructurador no será más la economía sostenible ni el PIB sino la vida. La vida de la Tierra viva, la diversidad de la vida y la vida humana. El capital material agotado dará lugar al capital humano-cultural inagotable, permitiéndonos ser más con menos e integrar a todos en la misma Casa Común. Todo lo demás debe colocarse al servicio de esa biocivilización, llamada también “Tierra de la Buena Esperanza” (Sachs, Dowbor). De continuar el paradigma actual nos llevará fatalmente al peor de los mundos.

-hacer una verdadera reforma política, pues la que se ha hecho no merece ese nombre y es fruto de mero fisiologismo.
-hacer una reforma tributaria para disminuir las desigualdades del país, uno de los más desiguales del mundo, dicho en términos ético-políticos, uno de los más injustos.

-hacer una reforma agraria y urbana ya que la ausencia de la primera llevó a que prevaleciese el agronegocio exportador en detrimento de la producción de alimentos e hizo que el 83% de la población emigrase a las ciudades, generalmente hacia las periferias, con mala calidad de vida, de sanidad, educación, de transporte y de infraestructura.

-asumir de forma estratégica la cuestión ecológica que es urgente a nivel del mundo.

Retomo el título de Benjamin: “es palo, es piedra, es un fin de camino”, no sólo el fin del actual proyecto-Brasil sino el fin del proyecto-mundo vigente.

Dentro de poco, la economía se orientará por lo ecológico y por los bienes y servicios naturales. En eso podemos ser una gran potencia por los inmensos recursos que tenemos. El mundo necesitará más de nosotros que nosotros del mundo.

A quien toma en serio la reflexión sobre una ecología integral prácticamente ausente en las discusiones económicas, el calentamiento global y los límites físicos de la Tierra, estas palabras mías no le suenan apocalípticas sino realistas. Tenemos que cambiar si queremos continuar sobre este planeta Tierra, pues por causa de nuestra irresponsabilidad e inconsciencia ya no nos soporta más.

Vea mi libro Cuidar de la Terra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Sal Terrae 2010.

Traducción de MJ Gavito Milano

La prevención del suicidio: vivir es la mejor opción

El periodista brasileño André Trigueiro tiene dos pasiones: la causa ambiental y la prevención del suicidio. En el fondo se mueve por un único gran amor: el amor apasionado por la vida, bien sea la de la naturaleza o la del ser humano en riesgo.
El amor a la naturaleza se materializa través de su programa, tal vez el mejor del género en la televisión nacional sobre el ambiente, transmitido por Globonews con el título Ciudades y Soluciones.

El amor por el ser humano en riesgo de suicidio se muestra a través de su actuación en el Centro de Valoración de la Vida (CVV) de Río de Janeiro y por este espléndido libro cuyo título lo dice todo: Vivir es la mejor Opción: la prevención del suicidio en Brasil y en el mundo (Editorial Espírita, São Bernardo do Campo 2015).

No conozco en la literatura accesible un texto más minucioso, analítico, inspirador y sustentador del amor y de la esperanza por la vida que este de André Trigueiro.

Para empezar, se comporta como un periodista concienzudo: recoge, en las fuentes más seguras, los principales datos referentes al suicidio en Brasil y en el mundo. Seguidamente analiza los factores y las causas que llevan a las personas a buscar su propia muerte. Y finalmente, sugiere y propone caminos de acompañamiento y de superación. Como una especie de apéndice, pero sin ningún propósito proselitista, expone didácticamente la visión espírita del suicidio, cómo ella le ayudó personalmente a ser más humano y espiritual, y cómo el suicida es tratado por la doctrina.

Primeramente rompe el tabú y el silencio que rodean el fenómeno mundial del suicidio. La prevención se hace con información. Hablar del suicidio como hablamos del sida ayuda a eventuales suicidas a evitar este camino. Pero no basta hablar. Se trata de hablar, como lo demuestra en su texto, con sumo respeto, lleno de comprensión y de compasión, evitando cualquier dramatización y espectacularización excesivas.

Los datos nos obligan a hablar del suicidio pues por su gran frecuencia se ha convertido en un problema de salud pública, raramente incluido en los planes sanitarios de los gobiernos. Los últimos datos accesibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son de 2012. Ahí se dice que hay cerca de 804 mil casos por año, lo que viene a dar un suicidio cada 40 segundos, y además un intento de suicidio cada dos segundos.

En Brasil son 11.821 casos al año, lo que equivale a 32 por día especialmente en la Amazonia, en Paraíba, en Bahía y en Rio Grande del Sur.

En una perspectiva global, después de los accidentes de tráfico, el suicidio es la causa principal de mortalidad, abarcando todas las edades, pero afectando principalmente a los jóvenes entre 15-29 años, que representan el 8,5% de las muertes en el mundo.

Este hecho desafía a la inteligencia humana: ¿cómo es posible que un ser llamado a la vida, el don más precioso que existe en el universo, pueda buscar la eliminación de su propia vida? Aquí se hace necesaria una comprensión realista de la condición humana, hecha de luz y de sombras, de éxitos y de fracasos, de esperanza y de desesperación. Este dato no es un defecto de nuestra naturaleza, sino la forma como está constituido nuestro mismo ser, mortal, finito, imperfecto y siempre en camino de perfección. Son innumerables las causas que llevan a las personas a buscar el suicidio: la inundación de la dimensión de sombra, trastornos psicológicos, enfermedades incapacitantes, profundas decepciones y prolongadas depresiones. Pero más que todo, la pérdida del sentido de la vida que suscita en las personas vulnerables el impulso de desaparecer. A veces quitarse la vida es una forma de buscar un sentido que les ha sido negado en esta vida. De ahí, nuestro respeto ante quien toma tal decisión, no por cobardía, sino por amor a una vida supuestamente mejor que esta.
Pero André Trigueiro sustenta con determinación y profunda esperanza esta tesis: en la mayoría absoluta de los casos, los suicidios son prevenibles.

En este contexto detalla varios caminos desarrollados especialmente por los Samaritanos de Londres y por el Centro de Valoración de la Vida (CVV), ambos de origen espírita, pero sin intención de conquistar para ese camino espiritual. Estas dos instituciones principales, compuestas por voluntarios (solo los 70 puestos en Brasil atienden de media unas 800 mil llamadas de teléfono o por internet al año), son las que se dedican directamente a la prevención del suicidio. Los valores que las inspiran son profundamente humanísticos y ético-espirituales: la comprensión, la acogida, la escucha, la fraternidad, la cooperación, el crecimiento interior y el ejercicio de la vida plena.

Solo lo que refuerza la vida puede salvar la vida en peligro. Es válida la tesis de Triguero: «vivir es la mejor opción».
Es mérito de André Trigueiro no solo transmitirnos ese mensaje de esperanza y de escucha sino también vivirlo concretamente en su propia vida.

Leonardo Boff, teólogo y escritor

Traducción de MJ Gavito Milano
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Recado para el PT: transformar el desaliento en determinación

Tiempo atrás escribí un artículo con un título parecido. Releyéndolo, veo su actualidad ante la crisis de rumbo por la que atraviesa el PT. Lo rehago añadiéndole cosas. No basta la indignación, el desaliento ante los crímenes cometidos en el llamado Lava jato de la Petrobras. Hay que tomar en serio la amarga decepción provocada en la población, especialmente en los más sencillos y en los militantes, que ahora suspiran cabizbajos: “nosotros que te queríamos tanto, PT”.

En este momento lo que debe ser suscitado es la esperanza, pues ella es la última que muere. Pero no cualquier esperanza, como la de los bobos alegres que perdieron las razones de estar alegres, sino la esperanza crítica, la que renace de las duras lecciones aprendidas del fracaso, esperanza capaz de inventar nuevas motivaciones para vivir y luchar, que se hace patente en nuevas actitudes frente a la realidad política, y con una agenda enriquecida que la completa.

La corrupción habida es consecuencia de un estilo de hacer política desgarrada de las bases populares.
El PT fue en primer lugar un movimiento nacido en medio de los oprimidos y de sus aliados: por otro Brasil, de inclusión, de justicia social, de democracia participativa, de desarrollo social con redistribución de rentas. Como movimiento poseía las características de todo carisma: galvanizar a la gente y hacer que tuvieran un sueño. Al crecer, se volvió inevitablemente una organización partidaria. Como organización se volvió poder. Donde hay poder despunta el demonio que habita todo poder y que, si no es continuamente vigilado, puede echar todo a perder. Con esto no queremos satanizar el poder sino darnos cuenta de su lógica. En principio es bueno; es la mediación necesaria para la transformación y para la realización de la justicia. Por lo tanto, se mueve en el orden de los medios. Pero cuando se vuelve un fin en sí mismo, se pervierte y se corrompe, porque su lógica interna es esta: no se garantiza el poder sino buscando más poder. Y si el poder significa dinero, adquiere formas de irracionalidad: los millones y millones robados se suceden sin ningún sentido de límite.

Hay otro problema ligado a la organización: si los dirigentes pierden contacto orgánico con la base, se alienan, se independizan y fácilmente se vuelven víctimas de la lógica perversa del poder como fin en sí mismo. Surgen las alianzas espurias y los métodos ilícitos. La codicia del poder produce la corrupción. Fue lo que aconteció lamentablemente con algunos altos sectores del PT. Si estuviesen ligados a las bases, viendo los rostros sufridos del pueblo, sus duras luchas para sobrevivir, su voluntad de luchar, de resistir y de liberarse, su sentido ético y espiritual de la vida, se sentirían fortalecidos en sus opciones y no sucumbirían a las tentaciones del poder corruptor. Pero se despegaron de las bases.

Ahora al PT no le queda más que la resiliencia, dar la vuelta por encima y hacer de los errores una escuela de aprendizaje humilde. Para los militantes y demás brasileros que abrazaron la causa del PT, aun no estando afiliados al partido como otros y yo mismo, el reto consiste en transformar la decepción en determinación.

La determinación consiste en esto: a pesar de las traiciones, las banderas promovidas por el PT hace ya 25 años deben ser porfiadamente sustentadas, defendidas y proclamadas. No por ser las del PT sino porque valen por sí mismas, por el carácter humanitario, ético, liberador y universalista que representan.

La bandera es un sueño-esperanza de otro Brasil no más rasgado de arriba abajo por la opulencia escandalosa de unos pocos y por la miseria clamorosa de las grandes mayorías, un Brasil con un proyecto de nación abierto a la fase planetaria de la humanidad, cuyos gobiernos pudiesen, con la participación popular, realizar la utopía mínima: que todos puedan comer tres veces al día, ir al médico cuando lo necesiten, enviar a sus hijos a la escuela, tener empleo y con el salario garantizar una vida mínimamente digna y, cuando se jubilen, puedan enfrentar con desahogo los achaques de la edad y puedan despedirse, agradecidos, de este mundo.

Los portadores de este sueño-esperanza son las grandes mayorías, sobrevivientes de una terrible tribulación histórica de sometimiento, explotación y exclusión. Los dueños del poder organizaron siempre el Estado y las políticas en función de sus intereses, dejando al pueblo al margen. Tuvieron y todavía tienen vergüenza de él, tratado como bueno para nada, carbón para el proceso productivo. Pero él, a pesar de este desprecio, nunca perdió su autoestima, su capacidad de resistencia, de soñar y de alimentar una visión maravillada del mundo. Consiguió organizarse en innumerables movimientos, en la Iglesia de la liberación y fue fundamental en la creación del PT como partido nacional.

Esa utopía alimentó el PT histórico y ético. Esta bandera debe ser retomada, pues ella es la que puede refundarlo, confiando más en la dedicación que en la ambición, más en la militancia que en el maquillaje de los expertos en marketing. Esta bandera entusiasmó a las masas, tuvo una función civilizatoria al hacer que el pobre descubriese las causas de su pobreza, se politizase y se sintiese participante de un proyecto de reinvención de Brasil en el cual fuese menos difícil ser gente.

Porque es místico y religioso (¿habrá sabido el PT valorar el capital de movilización que tiene esta dimensión?) el pueblo brasilero tiene un pacto con la esperanza, con los grandes sueños y con la certeza de que se siente siempre acompañado por los buenos espíritus y por los santos importantes hasta el punto de llegar a sospechar que Dios sea brasilero. Bebiendo de esta fuente popular el PT puede renovarse y cumplir su misión histórica de refundar otro Brasil. Si no asume esta tarea, vanas serán sus estrategias de subsistencia, vana su esperanza de victoria futura.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Después de 500 años, ¿qué Brasil queremos? Sal Terrae 2000.
Traducción de MJ Gavito Milano