La confrontación bolsonarista de “el Bien contra el Mal”: un error filosófico, un antagonismo falso y una propuesta absurda

El enfrentamiento que el PL y el presidente a él afiliado proponen como estrategia política de campaña electoral, es un indiscutible error filosófico. Es maniqueísmo que imagina falsamente que hay un principio dualista: por un lado solamente el mal y por el otro solamente el bien en continuo enfrentamiento. Ellos, los fanatizados, se presentan como los portadores del bien. Los otros, del mal.

Reflexionemos: Toda realidad humana personal y social carga, mezcladas y juntas, con las dimensiones de bien y las dimensiones de mal. Esa es la condición concreta de la realidad histórica: la convivencia, junta y mezclada, de ambas dimensiones. Cada uno da primacía a una de estas dimensiones, al bien o al mal, aunque no consiga, como una sombra, liberarse de ella, pero puede mantenerla bajo vigilancia. Aquí surge el carácter ético de la opción y de sus prácticas, ya sea de la dimensión del bien o la del mal. 

Cuando un grupo fanatizado y su líder optan por el odio, por el espíritu de venganza, por la mentira, por la violencia, por la magnificación de la dictadura y de la tortura, usa fake news, estos decididamente no pueden reivindicar “nosotros somos hombres del bien”. Ellos optaron por el mal, admitamos, sin conseguir sofocar el bien que es inherente a nuestra naturaleza personal y social. Esto es sin lugar a dudas lo que está ocurriendo con el actual presidente y sus seguidores, ciegos de odio y llenos de rabia. Quieren el mal para sus adversarios pensando hacer bien al país. En realidad,invierten la realidad cometiendo un error filosófico. 

Los fanáticos bolsonaristas y su líder, con características de conducta desviada por su completa falta de empatía, por la brutalización de sus comunicaciones y la pérdida de la dignidad inherente al cargo que ocupa, proponen un falso antagonismo. ¿Cuál es el verdadero antagonismo: es entre la defensa de la vida, a partir de los más vulnerables o la completa falta de cuidado de ella, especialmente en este momento de la pandemia del Covid-19? ¿Es la transparencia en la cosa pública o un presupuesto secreto, sin criterios técnicos y falto de toda equidad en la distribución de los miles de millones de reales? ¿Es la búsqueda del equilibrio y de la paz social o el empeño en agudizar conflictos, destruir la reputación de autoridades y de políticos con falsas acusaciones y dossiers manipulados? ¿Es defender el pacto social codificado en la Constitución y en las leyes o atacarlo sistemáticamente incumpliendo toda y cualquier norma? ¿Es amenazar con una ruptura institucional, rompiendo el equilibrio de los tres poderes y difamando especialmente a uno de ellos, el STF? ¿Es armar al pueblo con todo tipo de armas (las armas son para matar, ya sea agrediendo o defendiendo) en vez de enseñar a amar, propiciar el diálogo, la conciliación y el gana-gana? Y podríamos aducir más datos del antagonismo, como la malévola destrucción del proceso educativo, el desmantelamiento de la cultura y la incentivación de la discriminación y el odio contra negros, indígenas, mujeres y personas de otra opción sexual en vez de propiciar la convivencia pacífica y la acogida de las diferencias? Pues el grupo fanatizado de los bolsonaristas y de su líder promueven y exaltan este falso y odioso antagonismo.

En toda política existe oposición pero no se puede transformar en una contraposición, transformando al adversario en enemigo. Y lo hacen cotidianamente.

Finalmente, nos encontramos ante con una propuesta absurda, desprovista de todo sentido humano. Ninguna sociedad históricamente conocida prosperó y se consolidó sobre la exclusión, el odio, la persecución, la injusticia, la mentira y la afirmación de la muerte. Formular tal propuesta repugna a la inteligencia que se rige por la búsqueda de la verdad y enfrenta la conciencia de los valores éticos y morales. Mediante la violencia y la represión ella puede ser impuesta durante cierto tempo pero no tiene salud interior para poder afirmarse.

Esta propuesta absurda del enfrentamiento entre el bien y el mal como lema electoral del PL y del presidente, buscando con tal estrategia la reelección, está destinada al más rotundo fracaso. En el fondo esta propuesta es suicida. Como decía un conocido escritor brasilero citando a Shakespeare: ellos toman el veneno pensando que el otro va a morir envenenado. Ellos se están envenenando.

Esta elección de 2022 tiene un claro carácter plebiscitario: o bien optamos por la vida de la naturaleza y por la vida de las grandes mayorías humilladas, ofendidas, con hambre y desempleadas o bien optamos por el poder que castiga, marginaliza cobardemente, destruye la democracia y el Estado democrático de derecho, destroza la naturaleza, desvía los bienes públicos y prolonga la dependencia para imponer un autoritarismo fascistoide, obtuso, anti-vida, anti-cultura y anti-pueblo y dependiente siempre de un poder mayor y extranjero. Después, esta segunda opción transformará nuestro país en paria, en el cual las grandes mayorías vivirán en exclusión, en la marginación y en la pobreza si no en miseria humillante.

Debemos reconstruir lo que fue destruido y aprovechar la ocasión para llevar a cabo el sueño de nuestros mejores de concluir la refundación de Brasil, expresión de una civilización biocentrada en los trópicos. Por su magnitud y abundancia de bienes de vida podrá ser la fuente de agua dulce para saciar la sed de millones de personas y la mesa para las hambres del mundo entero.

*Leonardo Boff ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Situación del mundo: ¿crisis civilizacional, drama o tragedia?

Síganme en este pensamiento: ¿alguien puede decir hacia dónde vamos? Ni el Dalai Lama, ni el Papa Francisco ni ninguna autoridad lo podrá decir. Sin embargo tenemos tres advertencias serias: una del Papa Francisco en su última encíclica, Fratelli tutti de 2020: «Estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie» (n.32). Otra también de la mayor autoridad, la Carta de la Tierra de 2003: «la humanidad debe elegir su futuro y la elección es esta: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida» (Preámbulo). La tercera viene del Secretario General de la ONU António Guterres a mediados de julio de este año de 2022 en una conferencia en Berlín sobre el cambio climático: «Nosotros tenemos esta elección: acción colectiva o suicidio colectivo. En nuestras manos está». La mayoría no se siente en el mismo barco ni cultiva el cuidado y no elabora acciones colectivas.

Consideremos algunos fenómenos: Brasil está atravesado por una ola de odio, de mentiras y de violencia contra una gama inmensa de personas, cobardemente despreciadas y difamadas, ola incentivada por el presidente que elogia la tortura, las dictaduras, viola constantemente la Constitución. Sin ninguna prueba  cuestiona la seguridad de las urnas. Convoca a todos los embajadores para hablar mal de nuestras instituciones jurídicas y da a entender que, si no es reelegido, dará un golpe de estado. Comete un crimen de lesa patria, motivo para impugnar su candidatura. Y no nos referimos al hambre y al desempleo de millones de personas que campea en el país. Además los incendios en la Amazonia y en el Pantanal.

La situación ecológica del mundo no es menos preocupante: en pleno verano europeo el clima ha llegado a los 40 grados o más. Hay incendios prácticamente en todos los países del mundo. Son los eventos extremos agravados por el calentamiento global. En el presente año en nuestro país hemos tenido grandes inundaciones en el sur de Bahía, norte de Minas, del Río Tocantins y del Amazonas y trágicos deslizamientos de laderas en Petrópolis y Angra dos Reis, con innumerables víctimas, y simultáneamente sequía prolongada en el sur.

Hay 17 focos de guerra en el mundo, el más visible de todos en Ucrania atacada por Rusia con alto poder de destrucción. La decisión de los países occidentales, englobados en la OTAN, que tiene como principal actor a Estados Unidos, al establecer “un nuevo compromiso estratégico” y pasar de un pacto defensivo a un pacto ofensivo, ha sido gravísima. Declara ipsis litteris a Rusia como enemigo presente, y más adelante a China. No se trata de un concurrente o adversario, sino de enemigo, al que en la perspectiva del jurista de Hitler Carl Schmitt, cabe combatir y destruir usando todos los medios, inclusive los militares y, en el límite, los nucleares. Como señaló el reconocido economista ecologista Jeffrey Sachs, reforzado por Noam Chomsky: si ocurriera eso, sería el fin de la  especie. Esto sería la gran tragedia.

Tal vez la amenaza más grave nos viene del ya citado calentamiento global acelerado. Con el esfuerzo conjugado de todo los países hasta 2030 se debería limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius. Ahora constamos que se ha acelerado; con la entrada masiva de metano debido al deshielo de los cascos polares y del permafrost se ha anticipado al 2027. El último informe en tres volúmenes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (conocido por el acrónimo inglés IPCC) publicado hace pocos meses advertía que podría llegar mucho antes. Existe el peligro, apuntado ya anteriormente por la Academia Norteamericana de Ciencias, de un “salto abrupto”, que puede elevar la temperatura 2,7 o más grados Celsius. La conclusión a la que llega el IPCC es «que los impactos en todo el mundo son una amenaza para la humanidad». Gran parte de los organismos vivos no consigue adaptarse y acaba desapareciendo.

De igual manera, multitudes humanas pueden sufrir terriblemente y también morir antes de tiempo. Tal evento puede ocurrir en los próximos 3-4 años. No parece que los analistas y planificadores estén tomando en cuenta esta eventualidad.

De ahí se entiende que algunos científicos del clima, sean tecnofatalistas y escépticos. Afirman que con los miles de millones de toneladas de CO2 y de otros gases de efecto invernadero ya acumulados en la atmósfera (en la que permanecen cerca de 100 años) no estamos en condiciones de impedir el calentamiento global. Hemos llegado demasiado tarde. Los eventos extremos vendrán fatalmente, cada vez más frecuentes y dañinos, devastando partes de los biomas terrestres y de las costas marítimas. Por el hecho de disponer de ciencia y de tecnología podemos solo mitigar los efectos nocivos pero no evitarlos. Es una crisis de nuestro tipo de civilización que se construyó sobre la depredación de los recursos naturales.

A este cuadro dramático hay que añadir la Sobrecarga de la Tierra: consumimos más de lo que ella nos puede ofrecer, pues necesitamos más de una Tierra y media (1,7) para cubrir las demandas del consumo humano, especialmente el suntuoso de las clases opulentas.

Ante este escenario innegablemente dramático, ¿qué pensar? ¿que tal vez ha llegado nuestro turno de ser excluidos de la faz de la Tierra? Dada la voracidad del proceso productivista mundializado que no conoce moderación, cada año están desapareciendo,según el biologo E.Wilson, cerca de 100 mil especies de organismos vivos. Aquí cabe recoger las palabras del eminente naturalista francés Théodore Monod, que hemos citado algunas veces: «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora podemos temer todo, inclusive la aniquilación de la raza humana: sería el justo precio de nuestras locuras y de nuestra crueldad». Esta opinión es compartida por otras notables personalidades como Toynbee, Lovelock, Rees, Jacquard, y Chomsky entre otros.

No podemos saber cómo será nuestro futuro. Pero no puede ser una prolongación del presente. La naturaleza de la lógica capitalista no cambiará, si no, tendría que renunciar a ser lo que  es y quiere ser: acumular ilimitadamente sin cuidar las externalidades.

Como mostró Hans Jonas en su libro El Principio Responsabilidad, el factor miedo y pavor puede ser decisivo. Al darse cuenta de que puede desaparecer, el ser humano hará todo para sobrevivir, como los navíos antiguos que, en peligro de naufragar, tiraban toda la carga al mar. Habría introducir cambios radicales especialmente en el modo de producción y en el consumo frugal y  solidario.

Existe todavía el principio de lo imponderable y de lo inesperado de la mecánica cuántica. La evolución no es lineal. En momentos de alta complejidad y de gran caos puede dar un salto hacia un nuevo orden y conquistar otro equilibrio. En nuestro caso no es imposible. Pero se hará seguramente con el sacrificio de muchas vidas también humanas. Es nuestro drama.

Finalmente, tenemos la esperanza teologal, el legado judeocristiano, que debe ser entendido también como una emergencia del proceso evolutivo y no como algo exógeno. Ella afirma el principio de la vida y del Dios vivo y dador de vida que creó todo por amor. Él podrá crear condiciones para que los seres humanos cambien hacia otro rumbo de su destino y así puedan salvarse. Pero “chi lo sa”? A nosotros nos cabe el esperanzarse de Paulo Freire, es decir, crear las condiciones para la utopía viable, la esperanza, de que lo inesperado sucederá y que la vida siempre tendrá futuro y está destinada a cambiar para seguir y seguir brillando.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amor universal, Vozes 2021 y Habitar la Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Presente en nuestro DNA,el amor vencerá el odio del bolsonarismo

Leonardo Boff*

Una figura siniestra, claramente poseída por la pulsión de muerte y de odio fue elegida presidente de Brasil. Parece haber sufrido una lobotomía, pues extrañamente está ausentes en él cualquier sentimiento de empatía hacia los millones de familias enlutadas por la acción mortal del Covid-19. Se hizo aliado suyo, pues lo minimizó, ridiculizó y combatió, siendo responsable de gran parte de las más de 600 mil víctimas. La distorsión de la realidad, las fake news y la mentira componen el menú de la política gubernamental. Ha sembrado odio y espíritu de venganza entre sus seguidores, ha apoyado prácticas criminales con respecto a la Amazonia y discriminatorias contra la población indígena, negra, quilombola, de otra condición sexual y, en general, contra los pobres y marginalizados.

Esta triste figura, que no posee un centro psíquico, consiguió sacar a la luz las distintas sombras que acompañan a nuestra sociedad, desde el genocidio indígena, la colonización, la esclavitud y la dominación de las élites opulentas que siempre ocuparon el estado y sus aparatos en beneficio propio y a costa del bienestar de las grandes mayorías. Ha liberado la dimensión dia-bólica (que divide) que habita en los sótanos oscuros de la psique personal y colectiva, hasta el punto de hacer desaparecer la dimensión sim-bólica (la que une), la que nos hace verdaderamente humanos y sociables. El asesinato por razones políticas cometido por un bolsonarista en Foz de Iguaçu, no exime de responsabilidad moral al presidente, pues él dio luz verde para el uso de la violencia.

Esta ola de odio que está inundando varias naciones en el mundo, pero de forma exponencial entre nosotros, hizo que el eminente intelectual norteamericano Noam Chomsky, casado con una brasilera, dijese recientemente: “Brasil es un caso especial; raramente he visto un país donde elementos de la élite tengan tanto desprecio y odio hacia los pobres y hacia el pueblo trabajador”.

A ese odio debemos contraponer el amor, la amorosidad, que decía Paulo Freire, promover aquellos valores a los que el presidente, sus hijos y sus seguidores jamás podrán referirse: el amor, la solidaridad, la fraternidad, el cuidado de unos a otros y a  la naturaleza, el derecho de cada uno a tener un pedacito de Tierra, la Casa Común, que Dios destinó a todos, una vivienda decente, el cultivo de la compasión con los que sufren, el respeto, la comprensión, la renuncia a todo espíritu de venganza, la transparencia de los actos gubernamentales y el derecho a ser feliz. Todos estos valores son negados teórica y prácticamente por la verdadera secta bolsonarista.

Abordaré el tema del amor, no en el sentido ético/moral, filosófico y teológico. Me basaré solo en su base biológica, tan bien formulada por los científicos Humberto Maturana y James D. Watson, que junto con Francis Crick decodificó en 1953 el código genético.

El biólogo chileno Humberto Maturana, en sus estudios sobre la autopoyesis, es decir, sobre la autoorganización de la materia de la cual resulta la vida, mostró cómo el amor irrumpe desde dentro del proceso evolutivo. En la naturaleza, afirma él, se constatan dos tipos de conexiones (él las llama acoplamientos) de los seres con el medio y entre sí: uno necesario, ligado a la propia subsistencia y otro espontáneo, vinculado a relaciones gratuitas, por afinidades electivas y por puro placer, en el fluir del propio vivir.

Cuando ocurre esta última, incluso en estadios primitivos de la evolución hace miles de millones de años, surge ahí la primera manifestación del amor como fenómeno cósmico y biológico de relaciones mutuas. En la medida en que el universo se expande y se vuelve más complejo, esa conexión espontánea y amorosa tiende a incrementarse. A nivel humano gana fuerza, se hace un proyecto consciente de vida y se convierte en el móvil principal de las acciones humanas (Cf. El árbol de la vida: la base biológica del entendimiento humano, 1955).

El amor se orienta siempre hacia el otro. Significa una aventura abrahámica, de dejar su propia realidad e ir al encuentro del otro, hombre o mujer, y establecer una relación de afectividad, de alianza vital y de amor.

Whatson, en su voluminoso libro DNA: el secreto de la vida (2005) afirma explícitamente: «En el DNA, el manual de instrucciones de la creación humana, el amor pertenece a la esencia del ser humano. Aunque yo no sea religioso no dejo de ver elementos profundamente verdaderos, escritos por San Pablo en su primera Carta a los Corintios (13,1-13): “aunque hablase en lenguas, las de los hombres y las de los ángeles… y tuviese el don de la profecía, el conocimiento de todos los misterios y de toda la ciencia… si me falta el amor, no sería nada”. Continúa Whatson: «Pablo, a mi entender, reveló con claridad la esencia de nuestra humanidad; el amor, ese impulso que nos hace tener cuidado del otro, fue lo que permitió nuestra supervivencia y éxito en el planeta; es impulso creo que es el que salvaguardará nuestro futuro… tan fundamental es el amor para la naturaleza humana. Estoy seguro de que la capacidad de amar está inscrita en nuestro ADN; un Pablo secular como yo diría que el amor es el mayor don de nuestros genes a la humanidad» (p.413-414).

Como podemos ver, quienes hacen tales afirmaciones son científicos de la mayor seriedad y reconocimiento internacional. El amor pertenece a nuestra naturaleza esencial. Obrando en contra de él, como lo hace el presidente y el bolsonarismo, se sitúan a contramarcha de la humanidad y de la lógica del universo. De ahí su maldad y perversidad.

La sociedad brasilera no puede construirse sobre esta barbarie y antihumanismo. El pueblo deberá rechazar su reelección, no solo por razones ético-morales-políticas y de buen sentido, sino también por razones científicas.

De su boca oí y de su ejemplo aprendí lo que mi padre legó a toda la familia: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. El presidente actual no sirve al pueblo brasilero, peor aún, niega aquella energía única que crece y se renueva cuanto más es vivida y donada: el amor. Amor, repito, negado al pueblo brasilero, a la naturaleza y a la Madre Tierra.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018; La busca de la justa medida, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

“Una guerra mundial a pedazos”

Leonardo Boff

El día 29 de junio del corriente año de 2022 tuvo lugar en Madrid la Cúpula de los países que componen la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de la cual forma parte como actor principal Estados Unidos. De hecho, la relación entre estos países europeos y Estados Unidos es de humillante subordinación. 

En esta Cúpula se estableció un “Nuevo Compromiso Estratégico” que en cierta forma va más allá de los límites europeos y alcanza a todo el mundo. Para reforzar esta estrategia globalista se hicieron también presentes Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Allí se declaró algo extremadamente peligroso y provocador de una eventual tercera guerra mundial. Se reafirmó como enemigo directo a Rusia y a China como enemigo potencial de mañana. La OTAN ya no se presenta solo como defensiva, ha pasado a ser ofensiva.

Se introdujo la categoría perversa del “enemigo” a quien hay que enfrentarse y derrotar. Eso nos remite al jurista nazi-fascista de Hitler, Carl Schmitt (1888-1985). En su Concepto de lo Político (1932, Vozes 1992) dice: “la esencia de la existencia política de un pueblo es su capacidad de definir al amigo y al enemigo” (p.76). Definido el enemigo, combátelo, “trátalo como malo y feo y derrótalo”, eso instaura la identidad de un pueblo.

Nuevamente Europa se vuelve víctima de su propio paradigma de voluntad de poder y del poder como dominación sobre los otros, incluso sobre la naturaleza y la vida. Este paradigma hizo que sólo en el siglo XX se produjeran dos grandes guerras con 100 millones de víctimas. Parece que ella no aprendió nada de la historia y mucho menos de la dura lección que la Covid-19 está dando, pues ha caído como un rayo sobre el sistema y sus mantras.

Hoy se sabe que detrás de la guerra que se está desarrollando en Ucrania se está produciendo el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia/China, en el sentido de ver quién puede conseguir el dominio geopolítico del mundo. Hasta ahora había un mundo unipolar con predominio completo de Estados Unidos sobre el curso de la historia, no obstante las derrotas sufridas en varias intervenciones militares, siempre brutales y destructoras de antiguas culturas.

Nuestro maestro en geopolítica Luiz Alberto Moniz Bandeira (1935-2017) en su minucioso libro El desorden mundial: el espectro de la dominación total (Civilização Brasileira, RJ 2016) señaló claramente los tres mantras fundamentales del Pentágono y de la política exterior norteamericana: (1) un mundo-un imperio (USA); (2) full spectrum dominance: dominar todo el espectro de la realidad, en la tierra, en el mar y en el aire, con cerca de 800 bases militares distribuidas por todo el mundo; (3) desestabilizar todos los gobiernos de los países que resisten o se oponen a esta estrategia. No más vía golpe de estado con tanques en la calle, sino mediante la difamación de la política como el mundo de lo sucio y lo corrupto, la destrucción de la fama de los líderes políticos y una articulación político-mediático-jurídica para alejar a los jefes de estado resistentes. Efectivamente así ocurrió en Honduras, en Bolivia y en Brasil, con el golpe de esta naturaleza contra Dilma Rousseff en 2016 y posteriormente con la injusta prisión de Lula. Ahora el Nuevo Compromiso Estratégico de la OTAN obedece a esta orientación, impuesta por Estados Unidos, válida para todos bajo el pretexto de la seguridad y estabilidad del mundo.

Ocurre que el imperio norteamericano está a la deriva por más que se apele aún a su excepcionalismo y al “destino manifiesto” según el cual Estados Unidos sería el nuevo pueblo de Dios que llevará a las naciones la democracia, la libertad y los derechos (entendidos siempre dentro del código capitalista). Sin embargo, Rusia se rehízo de la erosión del imperio soviético, se ha armado con armas nucleares potentes, con  misiles inatacables y disputa un amplio espacio en el proceso de globalización. China ha irrumpido con proyectos nuevos como la ruta de la seda y como una potencia económica tan poderosa que, dentro de poco, sobrepasará a la norteamericana. Paralelamente a esto surgió en el Sur Global, el grupo BRICS de países en el que participa Brasil. En otras palabras, ya no hay un mundo unipolar, sino multipolar.

Este hecho exaspera la arrogancia de los norteamericanos, especialmente la de los supremacistas neocons, que afirman que es necesario continuar la guerra en Ucrania para desangrar y eventualmente arrasar a Rusia y neutralizar a China para enfrentarse a ella en una fase posterior. De esta forma –esta es la pretensión neocon– se volvería al mundo unipolar.

Estos son los elementos que pueden producir una tercera guerra mundial, que será suicida. El Papa Francisco con su clara intuición ha dicho repetidas veces que estamos ya dentro de la “tercera guerra mundial a pedazos”. Por esta razón dice en tono casi desesperado (aunque personalmente esperanzado) que “estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salva nadie” (Fratelli tutti n.32). No denuncia otra cosa, y lo hace con frecuencia, el eminente intelectual Noam Chomsky. Enfáticamente afirma que hay suficientes locos en el Pentágono y en Rusia que quieren esa guerra que puede poner fin a la especie humana. Es la razón que se ha vuelto  irracional y enloquecida.

De esta forma se refuerza el paradigma letal del dominus (dueño y señor) de la modernidad y se debilita la alternativa del frater (hermano y hermana), propuesta por el Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti, inspirado en el mejor hombre de Occidente, Francisco de Asís. O nos confraternizamos todos entre nosotros y con la naturaleza o si no, estamos, en palabras del secretario de la ONU António Guterrez, cavando nuestra propia sepultura.

¿Por qué se optó por la voluntad de poder y no por la voluntad de vivir de los pacifistas Albert Schweitzer, Leon Tolstói y Mahatma Gandhi? ¿Por qué Europa, que produjo tantos sabios y santos y santas, escogió este camino que puede devastar todo el planeta hasta hacerlo inhabitable? ¿Acogió como orientador el más peligroso de los arquetipos, según C.G.Jung, el del poder capaz de autodestruirnos? Dejo abierta esta pregunta que Martin Heidegger se llevó sin respuesta a la tumba. Apesadumbrado dejó escrito para ser publicado después de su muerte: “Sólo un Dios podrá salvarnos”.

En ese Dios vivo y fuente de vida ponemos nuestra esperanza. Esto sobrepasa los límites de la ciencia y de la razón instrumental-analítica. Es el salto de la fe que también representa una virtualidad presente en el proceso global cosmogénico. La alternativa a esta esperanza son las tinieblas. Pero la luz tiene más derecho que las tinieblas. En esa luz creemos y esperamos.

*Leonardo Boff ha escrito La busca de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez  encantado, Vozes 2022, y Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano