El fracaso de la COP26: ausencia de la razón cordial y sensible

Leonardo Boff*

Es un lugar común decir, como en tantas pancartas de los manifestantes de la calle fuera de la gran Asamblea de las distintas COPs: “Lo que tiene que cambiar no es el clima sino el sistema” o también de forma más directa: “el problema no es el cambio climático sino el capitalismo”. En estos mensajes hay mucho de verdad, pero hay que ir más allá: el sistema y el capitalismo son expresiones de algo más profundo, el verdadero desencadenante de los cambios climáticos que se forman dentro del mencionado sistema y del capitalismo.

Por detrás del sistema y del capitalismo hay un tipo de racionalidad que adquirió características monopolísticas y, a veces, tiránicas, pues se impuso a todas las demás formas como la única válida. Se trata de la razón instrumental-analítica y burocrática sin sensibilidad ni cordialidad. Mediante ella se hizo realidad el mantra de los padres fundadores de la modernidad del siglo XVII-XVIII, Descartes, Francis Bacon y otros. Se estableció la voluntad de poder como eje estructurador del mundo a construir; poder entendido como dominación despiadada de la naturaleza, de la vida, de continentes, de pueblos, de clases y de personas. Max Weber, en su texto de 1919 “El oficio y la vocación del científico” afirmó: “El destino de nuestra época, caracterizada por la racionalización, intelectualización y sobre todo, por el desencantamiento del mundo, condujo a los seres humanos a retirar los valores supremos más sublimes de la vida pública”. En efecto, lo que cuenta hoy es el PIB calculado fríamente por los valores materiales producidos. En él todo lo que es valioso y da sentido a la vida humana, como el amor, la amistad, la solidaridad, la compasión, expresiones de la razón cordial, no viene computado. Ese mismo Max Weber en el Espíritu del Capitalismo mostró que el espíritu de cálculo, la racionalidad instrumental-analítica y la dominación burocrática son connaturales al capitalismo. Él no aprecia cualidades en la naturaleza, su esplendor y su rica complejidad, sino solo cantidades a ser explotadas para el disfrute humano. La Tierra es considerada un baúl de recursos que, explotados, producen riqueza material. El ser humano se entiende como “dominus: dueño y señor” de la naturaleza y no parte de ella. Olvida que viene también, como todos los seres, del polvo de la tierra, lo que le hace hermano y hermana universal, sueño mayor de la Fratelli tutti (2020) del Papa Francisco: el frater como alternativa al dominus. El mundo contemporáneo y cibernético ha llevado hasta las últimas consecuencias este destino, duramente criticado en la tercera parte de la encíclica papal Laudato Si (2015): “la raíz humana de la crisis ecológica” (n.101-114). Critica la indiferencia y la falta de sensibilidad hacia los demás humanos y hacia todos los seres de la naturaleza.

Ocurre que el ser humano no posee solo este ejercicio de la razón, forma dominante de organizar y dominar el mundo. Hay en él algo más ancestral que es la razón sensible y cordial. Ella alberga el sentimiento de pertenencia, el universo de los valores éticos, el amor, la empatía, el cuidado y la espiritualidad. Por encima de ella, irrumpe la razón como inteligencia que capta el sentido de todo y nos abre al infinito de nuestro deseo, que busca su adecuado objeto infinito: Aquel ser que hace ser a todos los seres. En estas dos expresiones de la razón –la cordial y la intelectual– se encuentran los valores que nos permiten simultáneamente oír y sufrir con el grito de la Tierra y con el grito del pobre, que nos hacen percibir la red de relaciones e interdependencias establecidas entre todos los seres de la naturaleza y de la humanidad.

Precisamente la razón cordial y la razón intelectual (que lee dentro: intus legere) han estado y están absolutamente ausentes en todas las COPs. En ellas ha predominado la razón utilitaria, económica y los intereses feroces de las grandes corporaciones, cuyo ejército de lobistas presiona a los representantes de todos los pueblos para que no acepten las medidas que perjudican sus negocios y sus capitales, como la eliminación del carbón y la superación gradual de las energías fósiles en dirección a fuentes de energía limpia. Se ha llegado al vergonzoso acto de obligar in extremis a cambiar el texto consensuado, en el mismo momento en que finalizaban los trabajos de la asamblea, por parte del representante de la India, apoyado por China. De no hacerlo, la COP26 habría terminado sin ninguna resolución: “abolir” el uso del carbón se sustituyó por “gradual superación”, lo que permite la continuidad de su uso y así aumentar el CO2. El presidente de la COP26, consciente de las consecuencias, dejó exteriorizar la razón sensible y cordial y lloró. 

Cómo sería de eficaz y transformador si las COPs empezasen mostrando imágenes bellísimas del frágil planeta Tierra colgado en el fondo oscuro del universo. Y después exhibir la devastación que hacemos de las selvas y de ecosistemas enteros en la tierra y en el mar, en el sentido de una ecología ambiental. Y terminar haciendo ver la abismal injusticia social con millones y millones de pobres y hambrientos, en la línea de una ecología política y social. Todo esto crearía las condiciones de una ecología ética y espiritual: comprometerse para preservar el jardín heredado e impedir que lo entreguemos a nuestros hijos y nietos como una estepa. Ahí surgiría, estoy seguro, la necesidad de un lazo afectivo con la naturaleza, y ese lazo, fundado en la razón cordial y sensible, nos llevaría a tomar medidas salvadoras de la vida y de nuestra propia civilización. Sin corazón no hay solución para los climas ni para la vida sobre este pequeño y amable planeta Tierra.

Urge enriquecer la razón instrumental-analítica, necesaria frente a la complejidad de nuestras sociedades, con la razón cordial y la razón intelectual. Tendríamos entonces la base de un nuevo paradigma de convivencia, o mejor, de convivialidad entre todos, de la técnica con la poesía, de la producción con la amorosidad, del ser humano con su Casa Común, incluida la naturaleza.

*Leonardo Boff ha escrito Los derechos del corazón, Trotta 2015, y El cuidado esencial: ética de lo humano – compasión por la Tierra, Trotta 2002.

Traducción de Mª José Gavito Milano

5º TRIBUNAL INTERNACIONAL DE DERECHOS DE LA NATURALEZA VEREDICTO OFICIAL SOBE A AMAZONIA

Publicamos aqui os verditos do Quinto Tribunal Internacioal de Direitos da Natureza que tive a honra de presidir. Relizou-se hibridamente em Glasgow junto à COP26. Publicamos apenas o essencial. O texto completo é bem mais longo e pode ser solicitado nos e-mails abaixo referidos. Especial destaque ganhou a Amazônia por ser decisiva para o equilíbrio dos climas e por sua imensa biodiversidade para a perpetuaidade da vida e de nossa civilização.LBoff

Derechos de la naturaleza  y el Amazonas, una entidad viva amenazada

COP 26 – Glasgow, Escocia, Reino Unido
Viernes, 12 de noviembre, 2021


El 5º Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza tuvo lugar el miércoles 3 y el
jueves 4 de noviembre a las 16 horas (GMT) en Glasgow, en paralelo a la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26). Debido a la COVID y a las restricciones
de viaje, este Tribunal fue un evento híbrido: en línea a través de Zoom y en persona en el
Auditorio de la Universidad de Strathclyde.

El Quinto Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza escuchó dos casos
ecológicos fundamentales a los que se enfrenta el mundo hoy en día: las falsas soluciones a la
crisis del Cambio Climático y el Amazonas, una entidad viva amenazada. Los casos fueron
presentados por comunidades afectadas de primera línea y expertos de todo el mundo, y
fueron escuchados por un panel de jueces reconocidos mundialmente, que examinaron y
dictaminaron los casos desde la perspectiva de los Derechos de la Naturaleza: Enrique Viale
(Argentina), Alberto Acosta (Ecuador), Nancy Yáñez (Chile), Atossa Soltani (EE.UU.), Rocío Silva
Santiesteban (Perú), Osprey Orielle Lake (EE.UU.), Nnimmo Bassey (Nigeria), Lisa Mead (Reino
Unido), Carolyn Raffensperger (EE.UU.), Yaku Pérez (Ecuador), y la Princesa Esmeralda (Bélgica),

El Tribunal fue presidido por Leonardo Boff (Brasil).

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                                       VEREDICTOS

FALSAS SOLUCIONES A LA CRISIS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

En el contexto de la actual emergencia climática y del creciente colapso ecológico mundial, el
Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, basándose en los marcos normativos
existentes del derecho universal, que son inviolables, no negociables y aplicables a todos los
seres vivos, y aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, ha
constatado que las prácticas expuestas violan una serie de derechos de la Madre Tierra y de
los miembros de la Comunidad Terrestre de algunos de los seres vivos que la componen,
incluyendo, entre otros, el derecho a la vida y a existir, a ser respetada, a continuar sus ciclos y
procesos vitales libres de perturbaciones humanas, a mantener su identidad e integridad como
ser distinto, autorregulado e interrelacionado, a su salud integral, a estar libre de
contaminación, polución y residuos tóxicos o radiactivos, y el derecho a que su estructura
genética no sea modificada o perturbada de forma que amenace su integridad o su
funcionamiento vital y saludable.

Partiendo de esta premisa, el Tribunal formula recomendaciones en los siguientes ámbitos:
●Geoingeniería y sus diferentes técnicas
●Compensaciones de carbono
●Emisiones Netas Cero (ENC) – Soluciones Basadas en la Naturaleza
●Captura y Almacenamiento de Carbono (CAC)
●Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC)
●Derechos de las generaciones futuras

En cuanto a los dos casos presentados ante el Tribunal en relación con la quema y venteo de
gas o mecheros en Ecuador y la zona de sacrificio de la bahía de Quintero en Chile, que sirven
para demostrar el tipo de contaminación extrema que está causando la extracción de
combustibles fósiles, el Tribunal da nuevas recomendaciones para las zonas de sacrificio en
Chile y la quema y venteo de gas en Ecuador.

LA AMAZONIA, UNA ENTIDAD VIVA AMENAZADA

El Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza se fundamenta en los derechos que
han sido reconocidos internacionalmente y en consideración a los marcos normativos
existentes en el derecho doméstico, los cuales son inviolables, innegociables y aplicables a
todos los seres vivos. El Tribunal, en aplicación de la Declaración Universal de los Derechos de
la Madre Tierra, ha encontrado en este caso graves violaciones de varios de los Derechos de la
Madre Tierra y de los seres que la componen, incluyendo pero no limitados al: derecho a la
vida y a existir, a ser respetado, a continuar sus ciclos y procesos vitales libres de
perturbaciones humanas, el derecho [de la Amazonía] a mantener su identidad e integridad
como un ser distinto, autorregulado e interrelacionado, a su salud integral, a estar libre de
contaminación, polución y desechos tóxicos o radiactivos, y el derecho a que su estructura
genética no sea modificada o alterada de manera que amenace su integridad o
funcionamiento vital y saludable.

El Tribunal evaluó la magnitud de los daños e impactos causados a la Amazonía y condena por
los crímenes de ecocidio, etnocidio y genocidio en la Amazonía y sus pueblos a los
directamente responsables, a saber: bancos – financiadores de estos megaproyectos en la
Amazonía; empresas internacionales: empresas mineras y privadas y empresas de
agronegocios; y, finalmente, los Estados por permitir las acciones criminales contra la
Amazonía, vulnerar el derecho internacional y las legislaciones nacionales y por la violenciaestructural que se ha instalado en el territorio, avalando acciones de organizaciones criminales
que operan al margen de la ley, que invaden los territorios de los pueblos tradicionales y son
autores impunes de asesinatos y secuestros de líderes y lideresas indígenas, defensoras y
defensores de Derechos Humanos y de la Naturaleza.

Así, el Tribunal propone medidas para:

●El reconocimiento y la garantía de la Amazonía como sujeto de derechos
●Su reparación integral
●La desmercantilización de la naturaleza
●El reconocimiento de los Pueblos Indígenas como Defensores de la Amazonía
●Acciones del Tribunal en el territorio

Contactos para recibir el texto completo:
●Josefina Mösle, Comunicaciones para el Tribunal, communications@garn.org
●Secretaría: Natalia Greene tribunal@rightsofnaturetribunal.org

La COP26 no ha respondido a la emergencia climática

Este artigo fué escrito antes del cierre de la COP26. Há confirmado em gran parte mi presuposión. Le faltó a los representes de la Tierra osadia para, efectivamente, evitar los cambios climaticos tragicos hasta el 2030. La propuesta de “la eliminación gradual” de uso del carbón, bajo la presión especialmente de India se puso “diminiución gradual”, es decir, sigue su utilización con fuerte emisión de CO2.   Fué una cobardía de los paises ricos de protelar la creación de um fondo para reparar los daños en los paises pobres, amenazados por los climas cambiados. Además ninguna decisión es vinculante, lo que permite que paises como Brasil entre otros poco o nada hacen para minorar la emisión de gases de efecto invernadero. Todo se quedó muy vago en función de se conseguir un consenso minimo entre los 197 paises  ahi representados. El problema es global y grave y demanda urgencia y un consenso adecuado  al rededor de situaciones-limite frente a las cuales no nos es concedio esperar.

Con el deshielo de los cascos polares y del permafrost, el metano liberado, 80 vezes más dañino que el CO2, ha agravado fuertemente los trastornos climáticos al sumarse a los otros gases de efecto invernadero: el CO2, el ozono (O3) y el óxido nitroso (N2O). Por tanto, no estamos yendo al encuentro del calentamiento climático. Estamos inmersos en él. El Acuerdo de París de 2015 sobre la reducción de los gases de efecto invernadero que daba alguna esperanza, no fue cumplido. Al contrario, la emisión creció un 60%. China es el mayor emisor con un 30,3%, seguida de Estados Unidos con 14,4, y los europeos con un 6,8%. El deterioro fue generalizado.

Científicos y estudiosos del clima ya han declarado una emergencia climática. En las duras palabras de Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de la ONU sobre Cambio Climático en la apertura de la COP26: “Estamos a camino de un aumento de la temperatura global de 2,7 grados centígrados cuando deberíamos alcanzar la meta de 1,5 grados”. Sabemos que, con este nivel de calentamiento, gran parte de las especies no conseguirán adaptarse y desparecerán. Millones de seres humanos pobres y vulnerables estarán en grave peligro. De cara a todo este el Papa Francisco en un mensaje final a la COP26 dijo aciertadamente:”Hemos recibido um jardin y estamos entregando a nuestros hijos y nietos un desierto”.

¿Cuál es la causa? Datos de la comunidad científica enviados a la COP26 para ayudar en las decisiones acertadas, dan una respuesta: “el cambio climático está causado por el carácter del desarrollo social y económico, producido por la naturaleza de la sociedad capitalista, que se muestra insostenible”. Por tanto, el problema no es el clima sino el capitalismo que no reconoce una ecología ambiental ni político-social.

Ante la gravedad de la alarma ecológica, los resultados de la COP26 han sido insuficientes hasta frustrantes. Sólo se han hecho recomendaciones en el sentido de reducir gradualmente los gases y el uso del carbón hasta 2030. Debería ser a la mitad, pero nadie asumió esa meta. Muchos, vagamente, presionados por las críticas en sus países, como Brasil, hicieron promesas, pero sin ninguna vinculación. China y la India, decisivos para la mitigación y adaptación, guardaron silencio.Solamente en el último momento se hice un acuerdo entre China y USA para tener una politica más beniga frente al uso del carbón.

Podemos entenderlo: en las Conferencias de las Partes (COP) están los representantes de gobiernos, prácticamente todos de régimen capitalista. Este, por su dinámica interna, no está nada interesado en los cambios, pues sería contradictorio. Ellos están apoyados por las megacorporaciones del carbón, del petróleo, del gas, que se han opuesto siempre a los cambios para no perder sus ganancias. Han estado presentes siempre en todas las COPs presionando fuertemente a los participantes en un sentido negacionista. Se ha discutido ampliamente sobre el carbón y el paso a una energía limpia, pero solamente trece países pequeños asumieron un compromiso. Como referi arriba, China y  Estados Unidos acordaran trabajar para minorar gradualmente el uso del carbón.

Otro escenario es la COP26 paralela que se realiza en la calle con miles de representantes de todos los pueblos del mundo. Allí se dice la verdad que los gobernantes no quieren oír: tenemos poco tiempo, tenemos que cambiar de rumbo si queremos salvar la vida y nuestra civilización. Muchos carteles decían: “nos están robando el futuro, queremos una Tierra viva”. De ahí se entienden las palabras del Papa Francisco, y otros religiosos, en un mensaje enviado a la COP26: “Hemos recibido un jardín y no podemos dejar a nuestros hijos un desierto”.

En este contexto, fue importante el quinto Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza y de la Amazonia. Estaban presentes los representantes de los nueve países que componen la Amazonia, entre otros defensores. Se reafirmó el hecho de que la naturaleza y la Tierra son sujetos de derechos, como aparece ya en las constituciones de Ecuador y de Bolivia y es cada vez más un nuevo dato de la conciencia colectiva. 

La Amazonia con cerca de 6 millones de km cuadrados y habitada por cerca de 500 pueblos diferentes recibió una atención especial. El lema básico era: “La Amazonia: una entidad viva amenazada”. Vinieron indígenas con sus distintas organizaciones, dando testimonio de su resistencia, de los asesinatos de sus líderes, de la invasión de sus territorios, trajeron vídeos de sus culturas, danzas, expresiones de su remota ancestralidad.

De lo profundo de la selva se oyó un grito de otra forma de vivir y de confraternizar con la naturaleza, probando que se puede vivir bien sin destruir. Los pueblos originarios son nuestros maestros, pues sienten la naturaleza como prolongación de su cuerpo, razón por la que la cuidan y la aman como a sí mismos. 

Después de una minuciosa fundamentación científica que sirvió de sustrato para las discusiones, bien presenciales o virtuales, se llegó a este veredicto: 

“El Tribunal condena por los crímenes de ecocodio, etnocidio y genocidio de la Amazonia y de sus pueblos, a los directamente responsables, a saber: bancos, financiadores de los megaproyectos; empresas internacionales: empresas mineras y privadas, empresas de agronegocios. Y finalmente, a los Estados por permitir las acciones criminales contra la Amazonia… por la violencia estructural, avalando las acciones de organizaciones criminales que invaden los territorios de los pueblos tradicionales y son actores impunes de asesinatos, secuestros de líderes indígenas, y de defensores de los derechos humanos y de los derechos de la naturaleza”.

El veredicto detalla varias medidas a tomar principalmente en favor de los pueblos indígenas, como defensores naturales de la Amazonia, el reconocimiento de la Amazonia como sujeto de derechos, la reparación y restauración de su integridad y la desmercantilización de la naturaleza. Se creó la expresión: tenemos que amazonizarnos para regular los climas y garantizar el futuro de la biodiversidad.

Se decidió hacer en julio de 2022 un Foro Social Panamazónico, en Belém do Pará, en la Amazonia brasilera. Tratará sobre las alianzas entre todos los pueblos originarios,com presencia masiva de mujeres, en la convicción de que la floresta panamazónica es fundamental para regular los climas de la Tierra y para garantizar la perpetuidad de la vida en el planeta. La vida humana podrá eventualmente desaparecer y la Tierra seguirá girando alrededor del Sol, pero sin nosotros. Esto puede ser evitado si hay una alianza global de los humanos en favor de la vida en toda su diversidad. Tenemos medios, ciencia y técnica. Nos falta solo la voluntad política y el lazo afectivo con la naturaleza y con la grande y generosa Madre Tierra. 

*Leonardo Boff es miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra y ha sido participante del Quinto Tribunal Internacional del Derecho de la Naturaleza y de la Amazonia, realizado híbridamente, presencial y virtual, en Glasgow durante la COP26.

Ocho cosas que hay que saber sobre el calientamento global y la cumbre de Glasgow

                                             Marc Vandepitte

Publicamos este texto que considero da maior importância. A meu ver é o melhor apanhado geral do problema ameaçador do aquecimento global e suas consequências dramáticas sobre o nosso futuro. Oferece os dados sem dramatizá-los. Nem precisa. Os fatos falam por si. É o que tenho escrito já há muito tempo: temos que mudar de paradigma, da conquista e dominação para o cuidado e a responsabilidade coletiva. Na linguagem do Papa Francisco na Fratelli tutti (2020): urge passar do dominus (senhor e dono) dos modernos para o frater (irmão e irmã) dos contemporâneos. Se não fizermos esta travessia não haverá uma arca de Noé, “ou nos salvamos todos”, adverte o Papa, “ou ninguém se salva”. Este texto mostra a relutância dos chefes de Estado para chegar a um consenso, sempre pressionados pelas grandes corporações que não almejam nenhuma mudança para não perder seus lucros e sus fortunas. O texto ressalta a urgência de uma governabilidade global para enfrentar um problema global. Não bastam compromissos voluntários, necessita-se de uma regulação obrigatória, coisa que os grandes grupos financeiros não querem de modo nenhum. Assim sendo, provavelmente, vamos ao encontro de uma inominável catástrofe ecológico social. Bem disse o Papa num pronunciamento enviado à COP26:”Que não tenhamos que enfrentar o juizo de Deus por não termos sido fiéis administradores do mundo que nos foi confiado”. Nutro a esperança esperante (Sartre) de que ainda poderemos nos salvar a nós, a nossa civilização, a natureza incluida. No grande aperto, na tribulação da desolação, poderemos dar um salto no nivel de nossa consciência coletiva e de nossos comportamentos e assim criar as condições de nossa sobrevivência nesse belo e esplendoroso planeta.Que assim o queiram todos e o queira Deus?Lboff

1. ¿Cuáles son las principales causas del calentamiento global?

El calentamiento es una consecuencia de la cantidad de dióxido de carbono, o CO2, que entra en nuestra atmósfera. Desde la revolución industrial, el nivel de CO2 es el más alto de los últimos 4 millones de años.

 Hay tres razones principales que explican este alto nivel. La más importante es la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Los quemamos para generar la enorme cantidad de energía en la que se basa toda nuestra civilización industrial y moderna. Prácticamente toda nuestra prosperidad y tecnología se basa en la energía procedente de los combustibles fósiles. Esto libera miles de toneladas de CO2 a la atmósfera cada año.

 Una segunda causa es la deforestación, porque mientras los árboles crecen, sacan el dióxido de carbono de la atmósfera. Por tanto, la tala de bosques para la madera, la agricultura o la industria aumenta las emisiones de carbono. Desde 2010, la selva amazónica emite más CO2 del que almacena.

 Una tercera causa son las emisiones de metano. El metano es un potente gas de efecto invernadero que tiene hasta 80 veces más efecto de calentamiento que el CO2 a corto plazo. La ganadería, la extracción de combustibles fósiles y los vertederos son los principales responsables de las emisiones de metano. Desde que comenzaron las mediciones en 1983, el nivel de metano en la atmósfera ha aumentado más rápido que nunca. Esto también es un hecho preocupante para el planeta.

 2. ¿Quiénes son los mayores emisores?

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos. El efecto es acumulativo. Las emisiones se distribuyen de forma muy desigual, tanto hoy como en el pasado.

Apenas 90 grandes empresas son responsables históricamente de casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de los últimos 200 años. Se trata casi exclusivamente de empresas de los países del Norte.

Si nos fijamos en los propios países, los países ricos e industrializados representan en conjunto el 64% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono. Por otro lado, los 54 países africanos sólo representan el 4% de las emisiones mundiales de carbono, pero hoy en día son responsables de cerca del 80% del impacto del cambio climático.

Pero también hay una gran diferencia dentro de los propios países. Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, el 10% más rico causa al menos cinco veces más emisiones que el 50% más pobre. El 10% más rico del planeta emite hasta 175 veces más que el 10% más pobre.

En términos absolutos, China es hoy el mayor emisor de CO2. Pero si se mira la cifra por habitante, el país sólo ocupa el puesto 42, precedido por muchos países europeos. Son principalmente los Estados del Golfo y países como Canadá, Estados Unidos y Australia los grandes culpables.

E incluso esas cifras dan una imagen distorsionada. La mayoría de los países altamente industrializados consumen más emisiones de las que producen. En países como China, es justo al revés. Las exportaciones chinas representan alrededor del 5% de las emisiones mundiales de combustibles fósiles. Dos tercios de estas exportaciones de emisiones van a los países de la OCDE (el club de los 38 países ricos).

3. ¿Cuáles son los principales impactos?

Hace dos siglos, la temperatura media empezó a aumentar de forma constante. Pero desde la Segunda Guerra Mundial el aumento ha sido exponencial. Esto provoca una serie de efectos nocivos.

Condiciones meteorológicas extremas

En primer lugar, las condiciones meteorológicas extremas. Las olas de calor y las sequías extremas serán de 4 a 9 veces más frecuentes que en el pasado. Si nos acercamos a los 3°C, casi toda América del Norte y Europa tendrán un mayor riesgo de incendios forestales. Los ríos de Francia, y por tanto del resto de Europa, podrían perder hasta un 40% de su caudal y volverse en gran medida innavegables.

Las lluvias extremas, que causaron inundaciones mortales en Alemania y Bélgica el pasado verano, serán hasta nueve veces más frecuentes. El número de fenómenos meteorológicos excepcionales que provocan inundaciones, como tormentas y tsunamis, podría multiplicarse por diez.

Una media de cinco millones de personas mueren ya cada año como consecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos. Sólo las condiciones meteorológicas extremas han sumado una media de 25,3 millones de desplazados anuales desde 2008. En 2060, unos 1.400 millones de personas podrían ser refugiados climáticos.

Deshielo y aumento del nivel del mar

Una segunda consecuencia importante del calentamiento del clima es el deshielo. El Polo Norte, el Polo Sur y Groenlandia contienen cantidades gigantescas de hielo, que ahora se está derritiendo lentamente. El Ártico se está calentando casi tres veces más rápido que la Tierra en su conjunto. Groenlandia ha perdido más hielo en la última década que en el último siglo.

Esto, a su vez, está causando varios efectos. El hielo deja paso a aguas más oscuras, que absorben más calor solar que el hielo, calentando aún más el planeta. Además, el permafrost (zona cuyo subsuelo nunca se descongela del todo) del Ártico contiene suficiente metano como para calentar el planeta 20ºC. Ya se está liberando en grandes cantidades en el norte de Rusia. Puede que no todo ese metano se libere a corto plazo, pero al menos deberíamos evitarlo a largo plazo.

Un último efecto, pero no menos importante, es la subida del nivel del mar. Los científicos estiman que, en el mejor de los casos, el nivel del mar subirá entre 1 y 2 metros para el año 2100. Pero ese aumento continuará durante milenios y podría producir océanos hasta 6 metros más altos que los actuales. Megaciudades como Londres, Yakarta, Nueva York y Shanghai no pueden sobrevivir a una subida del nivel del mar de este tipo.  En 2100, una quinta parte de la población mundial podría verse desplazada por la subida del nivel del mar.

No sólo se está derritiendo el hielo marino. Los glaciares también se ven afectados. Son los depósitos del 95% del agua dulce del planeta. En la actualidad, el 2% de su masa se derrite cada año. Se prevé que más de la mitad de los grandes glaciares del mundo habrán desaparecido a finales de este siglo.

Puntos de inflexión y efectos de autorrefuerzo

Hasta ahora, el calentamiento del planeta ha sido bastante predecible y a un ritmo bastante uniforme. Pero esto puede cambiar una vez superados ciertos umbrales o por efectos de autorrefuerzo.

Un ejemplo de este efecto de autorrefuerzo: la quema de combustibles fósiles provoca temperaturas más cálidas y largos periodos sin lluvia. Esto conduce a más incendios, liberando más carbono a la atmósfera, lo que a su vez conduce a condiciones aún más calientes y secas, y a más incendios.  

Los científicos ya han señalado varios de estos efectos de autorrefuerzo. Señalan que el calentamiento global es algo muy complejo y que los cambios graduales en el clima pueden provocar repentinamente consecuencias drásticas cuando se supera un determinado umbral. Estos umbrales no están necesariamente predeterminados y un punto de inflexión climático puede provocar la caída de otro, al igual que las fichas de dominó.

4. ¿Cuál es la diferencia entre 1,5°C y 2°C?

La cumbre del clima de París apuntaba principalmente a un calentamiento de 2°C,  ahora el consenso se dirige cada vez más hacia los 1,5°C. La diferencia no parece grande, pero las consecuencias sí lo son.

Los riesgos del cambio climático y su irreversibilidad aumentan rápidamente entre 1,5°C y 2°C de calentamiento. Eso es lo que muestran los modelos científicos. En los últimos años ya hemos visto -también en nuestro propio país- las consecuencias de un mundo entre 1,1 y 1,2°C más cálido. No son muy tranquilizadores.

Con un aumento de la temperatura de más de 1,5 °C, es probable que el Ártico pierda su hielo de verano, con consecuencias nefastas para el resto del clima (véase más arriba). La capa de hielo de Groenlandia también podría entrar en un estado de declive irreversible.

Un aumento de más de 1,5°C podría alterar irremediablemente la corriente del Golfo, con consecuencias desastrosas para la agricultura y la biodiversidad. Con 2°C, las islas pequeñas y las zonas costeras bajas de todo el mundo se inundarían.

“Con 1,5°C, 700 millones de personas estarían en riesgo de sufrir olas de calor extremas. A 2°C, habría 2.000 millones. Con 1,5°C, el 70% de los arrecifes de coral del mundo morirán. A 2°C han desaparecido todos.” Dice Alok Sharma, presidente de la cumbre climática de Glasgow.

Podemos considerar que 1,5°C es uno de esos umbrales del calentamiento global anteriormente mencionados. El último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) afirma que cada fracción de grado cuenta. Cada décima de grado centígrado de calentamiento que podamos evitar hará que el planeta sea mucho más habitable para las generaciones futuras.

 5. ¿Es demasiado tarde para detener el calentamiento global?

Después de cada informe del IPCC se escucha que casi no queda tiempo para evitar una crisis climática. En agosto, el Secretario General de la ONU, António Guterres, calificó el último informe del IPCC de “código rojo para la humanidad”.”.

Todavía no es demasiado tarde, pero el tiempo que queda es muy corto. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 40% de posibilidades de que dentro de cinco años tengamos ya una media anual superior a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales.

Para tener una oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5ºC, tenemos “ocho años para reducir casi a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero”, según Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). “Ocho años para elaborar planes, adoptar políticas, aplicarlas y, en definitiva, reducir las emisiones. El tiempo corre.”

No en vano, los científicos y los políticos llaman a la década de 2020 la década crucial para el clima.

En otras palabras, hay que poner toda la carne en el asador y acelerar los esfuerzos actuales. Para mantenerse por debajo de 1,5 °C, el carbón, por ejemplo, tendrá que ser eliminado cinco veces más rápido que en la actualidad. La reforestación tiene que producirse tres veces más rápido, la financiación del clima tiene que crecer 13 veces más rápido y la intensidad energética de los edificios tiene que disminuir casi tres veces más rápido que ahora. En los países prósperos, el consumo de carne de vacuno debe disminuir una vez y media más rápido que ahora. Y así sucesivamente.

No es una cuestión de falta de recursos o de tecnología para evitar una crisis climática. Según el Papa, “la humanidad nunca ha tenido tantos medios a su disposición para lograr este objetivo”. Es más bien una cuestión de voluntad política y mucho valor. Greta Thunberg lo expresa con fuerza: “Para que la Cop26 de Glasgow sea un éxito, hace falta mucho. Pero sobre todo hace falta honestidad, solidaridad y coraje”.

6. ¿Qué hay que hacer para evitar una crisis climática?

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sabemos exactamente qué hacer. El reto nunca se ha visto, ya que se ha hecho necesaria nada menos que una revolución de nuestro sistema energético. Sin embargo, según la AIE, esta revolución es técnicamente factible y asequible (véase más abajo).

Hay que tener en cuenta que entre 1850 y 2000, el consumo de energía de la humanidad se multiplicó por 15. En los próximos 30 años, el 90% o más de la energía mundial producida actualmente a partir de combustibles fósiles tendrá que ser suministrada por fuentes alternativas. Se trata, sin duda, de una tarea gigantesca.

Según la AIE, la electrificación basada en fuentes de energía renovables es el núcleo del nuevo sistema energético. Para el transporte y ciertas aplicaciones industriales, también se necesitan otras fuentes de energía, como el hidrógeno, la bioenergía o las centrales eléctricas de combustibles fósiles que entierran sus residuos en lugar de emitirlos. La energía nuclear también es recomendada por algunos, pero no es recomendable. 

La eliminación del carbón es urgente y esencial. Las emisiones de metano deben reducirse sustancialmente a corto plazo. Esto significa, entre otras cosas, que la agricultura y el consumo de alimentos necesitan un serio reajuste. La revolución energética también implica que la gran mayoría de las reservas de combustibles fósiles deben permanecer bajo tierra.  Este será uno de los retos más difíciles, pero es crucial. Además de la revolución energética, la reforestación también será importante para frenar el calentamiento del clima.

La revolución energética tendrá que ser global. Lo que ocurra en los países en desarrollo será decisivo. Allí es donde la población crece más rápidamente y donde la demanda de energía es mayor. Esto significa que los países ricos deben poner a disposición recursos financieros y conocimientos tecnológicos para que estos países también puedan dar el salto a una economía sostenible.

7. ¿Es asequible y quién debe pagar?

Para lograr las emisiones cero, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que se necesitarán 4 billones de dólares anuales de aquí a 2030, frente al billón actual. Estas elevadas inversiones se verán compensadas en parte por unos costes de explotación más bajos y, en algunos casos, pueden incluso generar importantes beneficios netos.

Aparte de la miseria humana, el coste de la inacción es asombroso: se calcula que habrá 600 billones de dólares a finales de siglo. En otras palabras, las pérdidas debidas a la degradación del clima superan con creces las inversiones necesarias para evitarlas.

En la ceremonia de apertura de la cumbre sobre el clima, el Primer Ministro de Barbados señaló que los bancos centrales han inyectado 25 billones de dólares en los mercados financieros desde la crisis financiera, incluido 9 billones en los últimos 18 meses para luchar contra el Covid-19. Se pregunta por qué no se puede repetir eso para combatir el calentamiento global.

“Si hubiéramos utilizado esos 25 billones de dólares para comprar bonos para financiar la transición energética, para la transición de la forma en que comemos o cómo nos movemos en el transporte, ahora estaríamos alcanzando ese límite de 1,5°C que es tan vital para nosotros.”

Pero ni siquiera hay que buscar tan lejos. En la actualidad, se gastan 5 billones de dólares anuales en subvenciones a los combustibles fósiles. Si dirigimos ese dinero hacia la tan necesaria transición energética, el trabajo estará hecho.

Una cuestión importante es quién debe pagar la factura. El movimiento de los chalecos amarillos ha dejado claro que un plan climático sólo puede tener éxito si se hace de forma equitativa. Hay que proteger a los vulnerables y los más responsables deben soportar la mayor parte de la carga.  Para Thomas Piketty, “no hay otra solución al problema climático que una reducción muy fuerte de la desigualdad”.

Según Al Gore, ex vicepresidente de EE.UU., la crisis climática y la desigualdad en la sociedad deben abordarse conjuntamente y se puede apuntar a los ricos: “Para cerrar la brecha de emisiones para 2030, los gobiernos deben centrar sus acciones en los contaminadores más ricos. (…) Esto incluye medidas para frenar el consumo de carbono de lujo, como los megayates, los jets privados y los viajes espaciales, así como las inversiones intensivas en clima, como la propiedad de acciones en la industria de los combustibles fósiles”.

A escala mundial, esto significa que los países del Norte tendrán que ayudar a los del Sur. La AIE estima que alrededor del 70% de los 4 billones de dólares anuales de inversión deberían ir a parar a los países emergentes y en desarrollo. La cifra asciende a 2,8 billones de dólares, y está muy lejos de la ayuda anual prometida de 100.000 millones, que aún no se ha alcanzado. Por lo tanto, será necesario un giro completo en este ámbito.

8. ¿Qué importancia tiene la Cumbre de Glasgow?

Las expectativas de una cumbre sobre el clima suelen ser altas. Y con razón, porque está en juego nada menos que el futuro de nuestro planeta. Sin embargo, estas cumbres no suelen dar lugar a los avances esperados.

Esto se debe en parte a que el proceso de toma de decisiones en una cumbre climática de este tipo es muy complejo. Los contrastes entre los distintos actores son a veces muy grandes y, en ausencia de un gobierno mundial, no existe ninguna forma de exigibilidad. Además, muchos gobernantes negocian adentro de las posibilidades que les imponen los grandes grupos de capital de sus países. Por ejemplo, Estados Unidos no firma el pacto del carbón porque Biden necesita el apoyo en el Congreso de un senador patrocinado por la industria del carbón.

Dadas estas circunstancias, es típico de estas cumbres que se hagan grandes promesas retóricas, pero que se carezca de medidas concretas para llevarlas a cabo, por no hablar de su cumplimiento. Desgraciadamente, ni siquiera es raro que se utilice una cumbre sobre el clima para hacer un lavado verde.

Esta cumbre no es una excepción. La promesa de detener la deforestación para 2030 es un buen ejemplo. Esta bonita promesa no es ni obligada ni transparente, y carece de un plan de financiación. Además, mientras tanto, la tala de árboles puede continuar a buen ritmo.

Algo similar puede verse con las promesas de los grandes grupos financieros de invertir el capital necesario en la transición energética. Si los firmantes no presentan planes creíbles y concretos a corto plazo, esto huele más a lavado verde. Según un inversor, los compromisos voluntarios no resuelven el problema. Lo que se necesita es una regulación. Exactamente lo que esos grupos financieros no quieren, por supuesto.

Lo importante en una cumbre de este tipo es que se alcance algún tipo de consenso. Que se eviten divisiones o recriminaciones como las de Copenhague en 2009. Para esta cumbre, es muy importante establecer una hoja de ruta clara que pueda impedir de forma creíble que el mundo supere los 1,5 °C.

La cuestión es entonces cómo garantizar que esa hoja de ruta se haga realidad. La verdadera lucha al respecto no se librará en dicha cumbre. Mientras los gobernantes sigan el camino los grandes grupos de capital, estas cumbres seguirán limitándose a promesas vagas y no vinculantes y nuestro planeta estará condenado.

Depende de nosotros construir un equilibrio de poder diferente y obligar a los líderes del gobierno y a la élite económica a tomar un rumbo diferente. Una actuación que no asegura los beneficios de los grandes grupos de capital sino los del planeta. Un rumbo que evite que la factura la pagaremos nosotros, la gente común.

Los jóvenes lo han entendido bien con sus huelgas climáticas. Es fundamental que los trabajadores busquen también formas de lucha que garanticen la supervivencia de nuestro planeta y lo hagan de forma social.

 Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2021/11/05/acht-zaken-die-je-moet-…

https://www.alainet.org/es/articulo/214343  fecha 12/11/2021