Leonardo Boff: «El problema es el capitalismo» pero los líderes evitan decirlo

Entrevista al teólogo de la Liberación. ¿Bolsonaro? «Seguirá adelante con la deforestación mintiendo a Brasil y al mundo, de esto no hay duda». Cómo el sistema actual condena a muerte al «gran pobre» que es el planeta devastado.

Claudia Fanti

EDICIÓN DEL 04.11.2021-Il Manifesto

El grito de la indígena brasilera Txai Suruí, hija de uno de los líderes más respetados de su país, Almir Suruí, ha resonado en la apertura de la COP 26: «Mi padre me ha enseñado que debemos escuchar a las estrellas, la luna, los animales, los árboles. Hoy el clima está cambiando, los animales están desapareciendo, los ríos mueren, nuestras plantas no florecen como antes. La Tierra nos está diciendo que no tenemos más tiempo».

¿Pero es demasiado tarde para cambiar?  Se lo hemos preguntado a Leonardo Boff, uno de los padres de la Teología de la Liberación, la de los pobres y del «gran pobre» que es nuestro planeta devastado y herido,  cuyo doble – y conjunto – grito ha ocupado el centro de toda su reflexión. 

Bolsonaro está entre los firmantes del acuerdo sobre la deforestación alcanzado en la Cop 26. ¿El triunfo de la hipocresía?

Nada mínimamente creíble puede venir del gobierno Bolsonaro: con él las mentiras han pasado a ser política de estado. Solo ha dicho la verdad en un punto: «Mi gobierno ha venido para destruir todo y volver a empezar de cero». Es una pena que este reinicio sea en nombre del oscurantismo y del negacionismo científico, ya sea sobre la Covid o sobre la Amazonia. Su opción económica va exactamente en dirección opuesta a la de la preservación ecológica: Bolsonaro ha favorecido la extracción de madera, la minería dentro de las zonas indígenas y la destrucción de la selva para dar paso al monocultivo de soja y a la ganadería. Sólo de enero a septiembre, la Amazonia perdió 8.939 km² de bosque, un 39% más que en el mismo periodo de 2020 y el peor índice de los últimos 10 años. Su adhesión al plan de reducción de las emisiones de metano en un 30% para 2030 es pura retórica. De hecho, no hay duda de que continuará el camino de la deforestación, y seguirá mintiendo a Brasil y al mundo.

¿La Amazonia podrá sobrevivir a otros 10 años de deforestación?

 Antônio Nobre, gran especialista en la Amazonia, afirma que al ritmo actual de destrucción, y con una tasa de deforestación cercana ya al 20%, en 10 años podría alcanzarse el punto de no retorno, con el inicio de un proceso de transformación de la selva en una sabana apenas interrumpida por algunos bosques. El bosque es exuberante pero con un suelo pobre en humus: no es el suelo el que alimenta a los árboles, sino al contrario. El suelo es sólo el soporte físico de una complicada red de raíces. Las plantas se entrelazan a través de las raíces y se apoyan mutuamente en la base, formando un inmenso equilibrio rítmico. Todo el bosque se mueve y danza. Por esta razón, cuando una planta es derribada, arrastra a muchas otras con ella.


¿Todavía estamos a tiempo de intervenir?

Los líderes mundiales han evitado cuidadosamente tocar el verdadero problema: el capitalismo. Si no cambiamos nuestro modelo de producción y consumo, no detendremos el calentamiento global, y llegaremos  a 2030 con un aumento de la temperatura de más de un grado y medio. Las consecuencias son bien conocidas: muchas especies no podrán adaptarse y se extinguirán, habrá grandes catástrofes medioambientales y millones de refugiados climáticos, huyendo de las tierras que ya no se pueden cultivar, cruzarán desesperadamente las fronteras de los Estados, desencadenando conflictos políticos. Y con el calentamiento vendrán otros virus más peligrosos, con la posible desaparición de millones de seres humanos. Incluso ahora, los científicos del clima dicen que ya no hay tiempo. Con el dióxido de carbono ya acumulado en la atmósfera, que permanecerá allí durante 100-120 años, más el metano, que es 80 veces más dañino que el CO2, los eventos extremos serán inevitables. Y la ciencia y la tecnología podrán mitigar los efectos catastróficos, pero no evitarlos.

¿Usted siempre ha afirmado que sin un cambio real en nuestra relación con la naturaleza no tendremos ninguna posibilidad. ¿Está la humanidad preparada para este paso?

El sistema capitalista no ofrece las condiciones para hacer cambios estructurales, es decir para desarrollar otro paradigma de producción más amigable con la naturaleza y capaz de superar la desigualdad social. Su lógica interna es siempre asegurar primero el beneficio, sacrificando la naturaleza y las vidas humanas. De este sistema no podemos esperar nada. Las experiencias que vienen de abajo son las que nos ofrecen la esperanza de una alternativa: desde el buen vivir de los pueblos indígenas hasta el ecosocialismo de base y el biorregionalismo, que pretende satisfacer las necesidades materiales respetando las posibilidades y los límites de cada ecosistema local, creando al mismo tiempo las condiciones para la generación de bienes espirituales, como el sentido de la justicia, la solidaridad, la compasión, el amor y el cuidado de todo lo que vive.

Fuente: Il Manifesto del 4.11.202

El problema es el capitalismo y no el clima

Esta ocorrendo neste momento em Glasgow a COP26 sobre o clima. Não vamos ao encontro do aquecimento global e das catástrofes climáticas. Estamos já dentro. A causa principal das emissões de gases de efeito estufa,produdora das transformaçõwa climáticas é a forma capitalista de produção e a cultura capitalista do consumo. Se não mudarmos este sistema, nunca sairemos da crise atual que possui características sistêmicas. Ou mudamos de sistema ou então estaremos expostos a grandes e dramáticos eventos extremos com efeitos danosos para vidas humanas, para as biodiversidade e para a própria civilização. Bem disse Atónio Guterrez secretário geral da ONU na abertura dos trabalhos em Glasgow em 31 de outubro:”Estamos jogando nossa última oportunidade, literalmente, de mudar o rumo das coisas“? Podemos esperar deste sistema alguma mudança radical? O autor Julio Gambina resume bem os termos desta questão. Port isso o publicamos aqui. LBoff

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Coinciden este fin de semana dos cónclaves mundiales que se concentran en el debate sobre el “calentamiento global”, la COP 26 en Glasgow, Escocia y el G20 en Roma, Italia.

 La preocupación común es el clima, en un marco de crisis económica evidente, con desigualdad social creciente, precios en alza preocupante y el deterioro ambiental derivado de la emisión de gases de efecto invernadero producido por la forma de producción contemporánea. El impacto sobre el ambiente es un problema acelerado desde tiempos de la revolución industrial (1750), agigantada luego de la segunda posguerra (1945) y de manera descontrolada en las últimas tres décadas (1990-2021). La forma capitalista de producción conlleva estos resultados.

 Un resumido y didáctico análisis nos presenta Michael Roberts en su blog, graficando las estadísticas de las responsabilidades en la emisión de CO2, con China a la cabeza en la actualidad y EEUU lejos, en el acumulado histórico del desarrollo capitalista. Señala el autor británico que China “es el mayor emisor de CO2 del mundo” desde su lugar de país con mayor población en el planeta y fabricante exportador del mundo. Agrega que “las emisiones acumuladas en la atmósfera en los últimos 100 años provienen de los ricos anteriormente industrializados y ahora consumidores de energía del Norte”. Destaca que EEUU es responsable de acumular la emisión “del “20% del total mundial. China ocupa un segundo lugar relativamente distante, con un 11%, seguida de Rusia (7%), Brasil (5%) e Indonesia (4%).” En esa estadística aparece Argentina en el 14° lugar.

El tema es importante y en el blog del FMI se puede leer un análisis relativo al tema y américa Latina y el Caribe. En el texto señalan que “Las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) de la región concuerdan con su tamaño económico y población, alrededor del 8 por ciento del total mundial. Pero la composición de las emisiones en ALC es muy diferente que la de otras regiones.” Se enfatiza a continuación que “El sector energético contribuye mucho menos a las emisiones totales en ALC (43 por ciento) en comparación con la media mundial (74 por ciento). La agricultura, en cambio, contribuye 25 por ciento, frente a una media mundial de 13 por ciento. El uso de la tierra, el cambio del uso de la tierra y la silvicultura (UTCUTS) contribuyen 19 por ciento, mucho más que la media mundial apenas superior a 1 por ciento.”

 Ultima oportunidad

 Pueden utilizarse otras fuentes informativas y queda claro que no se puede ocultar la catástrofe que amenaza a la humanidad, y los Estados nacionales y sus articulaciones globales transitan de cumbres en cumbres para definir compromisos que no cumplen. El resultado es alarmante al punto que el Secretario General de Naciones Unidas sostiene que “Si no se actúa con determinación, nos estamos jugando nuestra última oportunidad, literalmente, de cambiar el rumbo de las cosas”.

 La alarma es un llamado de atención al orden productivo, sustentado en la explotación creciente de la fuerza de trabajo, con menos seguridad social, y en el recurrente y extendido saqueo de los bienes comunes en el orden global, estimulando un consumo en las élites que afecta las condiciones de vida del conjunto de la sociedad. No hay solución al “calentamiento global” si no se asumen medidas sobre ámbitos estratégicos de la producción mundial, caso de la energía, la agricultura, el transporte, los servicios públicos esenciales, la salud, la educación, tendientes a limitar y reducir la emisión de gases de efecto invernadero, algo que no puede quedar en manos del “mercado”, es decir de los inversores privados, las corporaciones transnacionales, en busca de ganancias y rentabilidad de sus capitales.

El cometario apunta tanto hacia el poder de las transnacionales petroleras y gasíferas, de la alimentación y la biotecnología, entre muchas otras, como a la discusión sobre las políticas de los Estados nación y los organismos mundiales relativos al para qué, cómo y cuanta energía y producción, orientada a que necesidades satisfacer. Son comentarios extensivos hacia la alimentación y, por ende, más pensamiento y acción en satisfacer demandas sociales y derechos a la alimentación y a la energía que estimular mercados, precisamente en un momento donde el alza de precios se concentra en ambas producciones estratégicas para la reproducción de la cotidianeidad social y natural.

La solución provendrá más de las luchas y resistencias populares, especialmente de formas alternativas de producción y reproducción socioeconómica que, de decisiones públicas de los Estados Capitalistas, en cumbres como las del G20 en donde se proponen discutir sobre las desigualdades y el aceleramiento de la recuperación económica. Ambas cuestiones son resultado de la forma capitalista de organización de la sociedad. Es lógico que el régimen del capital promueva el restablecimiento de la tasa de ganancia antes que l/////Ja satisfacción de millones de empobrecidos en los pueblos del mundo. Eso es la desigualdad, producto del orden capitalista. Cambiar el modelo productivo y de desarrollo es la base para organizar un orden económico y social que remedie el daño ecológico y asegure la reproducción metabólica del planeta.

Julio Gambna, em Alainet de 2/11//2021 

El confronto de dos tipos de poder en la Iglesia

El Centro de Estudios Bíblicos (CEBI) de Sergipe organizó del 25 al 28 de octubre una serie de charlas sobre el libro Iglesia: carisma y poder, que celebra 40 años desde su publicación en 1981. El CEBI es una organización nacional de grupos populares y ecuménicos que estudian la Biblia en profundidad, como inspiración de prácticas innovadoras dentro de la Iglesia y también libertarias en la sociedad. El propósito era mostrar la actualidad de los temas tratados en el libro, que articulan la Iglesia con la sociedad y los modelos de Iglesia vigentes.

Este libro fue enjuiciado en 1984 por la Congregación para la Doctrina de la Fe, llevando a su autor, a mí en este caso, a un verdadero proceso judicial. Este culminó en 1985 con una “notificación” y no un decreto condenatorio, prohibiendo la reedición del libro y la imposición al autor de un tiempo de “silencio obsequioso”. En ella no se hace ninguna condenación doctrinal, solo se dice como conclusión:

Esta Congregación se siente en la obligación de declarar que las opciones aquí analizadas de Fray Leonardo Boff son de tal naturaleza que ponen en peligro la sana doctrina de la fe, que esta Congregación tiene el deber de promover y tutelar”.

Obsérvese que no se trata de doctrinas (campo de los dogmas) sino de “opciones” (campo de la moral) que pueden significar un “peligro”. Evitado ese peligro, no hay por qué no seguir adelante con las opciones que eran y siguen siendo: la centralidad de los pobres y de su liberación, el poder como servicio y no como centralización, y la constitución legítima de comunidades eclesiales de base, como una reinvención de la Iglesia en los medios populares (eclesiogénesis).

Al leer todo el texto del Card. Joseph Ratzinger exponiendo los tales “peligros” se nota un error de lectura. Se leyó no Iglesia: carisma y poder, sino Iglesia: carisma o poder. Esta alternativa no se encuentra en ninguna página del libro, que afirma la legitimidad de un poder en la Iglesia junto con el carisma evidentemente el poder como servicio y no como acumulación em pocas manos.

Seguramente el punto central que la Congregación vio como “peligro” fue la confrontación entre un modelo de Iglesia, sociedad jerarquizada de poder sagrado y otro modelo de Iglesia, comunidad fraterna de iguales con funciones diferentes. El primer modelo, dominante, es el de la Iglesia-gran-institución compuesta de clérigos, portadores del poder sagrado, y de laicos y laicas sin ningún poder de decisión. Aquí surgen las desigualdades, especialmente cerrando las puertas del ministerio sacerdotal a las mujeres e imponiendo la ley del celibato obligatorio a todo el cuerpo clerical. El otro modelo es el de la Iglesia-red-de-comunidades, todos sujetos de poder sagrado, ejercido mediante funciones (carismas) diferentes.

Ambos modelos se remiten al pasado de la Iglesia; el primero especialmente al evangelio de San Mateo, que confiere gran importancia a Pedro (Mt 16,18;18,16) que originará la centralización, llamada “cefalización” (todo se concentra en la cabeza). El segundo se refiere a las cartas de San Pablo, que hablan de una Iglesia comunidad de hermanos y hermanas, dotada de muchos carismas (funciones y servicios), especialmente en sus Cartas a los Corintios, a los Romanos y a los Efesios. Para San Pablo el carisma pertenece a la cotidianidad y significa simplemente funciones o servicios, todos animados por el Espíritu Santo y por Cristo resucitado, cabeza en la Iglesia y en el cosmos, lo que implica una descentralización del poder, presente en todos y todas.

De manera resumida, el hecho histórico es el siguiente: Hasta el siglo IV la Iglesia era fundamentalmente una comunidad fraternal. Desde el momento en que el cristianismo fue declarado por el emperador Constantino (325) “religión lícita”, por Teodosio (391) “religión obligatoria” para todos, prohibiendo el paganismo, hasta culminar con el emperador Justiniano (529) transformando los preceptos cristianos en leyes civiles, se gestó entonces la Iglesia-gran-institución. De religión perseguida pasó a religión perseguidora de los paganos. Siendo “religión obligatoria”, todos tuvieron que asumir la fe cristiana, creando una Iglesia de masas, no por conversión sino por obligatoriedad bajo el miedo y la amenaza de muerte.

Con la decadencia del imperio romano, el obispo de Roma León Magno (440-461) asumió el poder y el título de Papa (abreviación de pater patrum, padre de los padres), reservado hasta entonces a los emperadores. Junto al estilo imperial se asumieron también los palacios, el báculo, la estola, el manto (muceta) símbolo del poder monárquico, la púrpura y otros símbolos imperiales y paganos que perduran hasta el día de hoy. 

La Iglesia-gran-institución no pasó la prueba del poder. En ella se realizó lo que afirma Thomas Hobbes en el Leviatán (1615): “Señalo, como tendencia general de todos los hombres, un perpetuo e impaciente deseo de poder y más poder que solo cesa con la muerte; la razón de eso reside en el hecho de que no se puede garantizar el poder sino buscando más poder todavía” (cap.X). Los Papas empiezan a acumular poder hasta llegar al Papa Gregorio VII con su Dictatus Papae (la dictadura del Papa), que proclama al Papa como señor absoluto sobre la Iglesia y sobre los emperadores o reyes. Ya no bastaba ser sucesor de Pedro. El Papa Inocencio III(+1216) se anunció como vicario de Cristo y finalmente Inocencio IV(+1254) se estableció como representante de Dios. Todavía hoy se atribuye al Papa, según el derecho canónico, un poder que parece pertenecer solamente a Dios. El Papa es portador de un poder sagrado “supremo, ordinario, pleno, inmediato y universal” (canon 331). A esto se añadió en 1869 la infalibilidad en asuntos de fe y moral. A más no se podría llegar.

La consecuencia ha sido el surgimiento de una Iglesia-sociedad piramidal, monárquica, rígida y rigurosa, que en términos doctrinales de sus inquiridos, fue mi experiencia, no olvida nada, no perdona nada y exige todo. En este modelo de Iglesia se verifica lo que el psicoanalista C.G.Jung afirmaba: «Donde prevalece el poder no hay lugar para la ternura ni para el amor».

Los únicos Papas que rompieron con esta tradición, celosa de su poder sagrado y monárquico, fue el Papa bueno Juan XXIII y explícitamente el Papa Francisco que, en sus primeras palabras, dijo gobernar la Iglesia en la caridad y no en el poder sagrado. Por eso pide a los pastores la “revolución de la ternura”. 

Frente a ese modelo, hoy en profunda crisis estructural, surgió otro modelo de Iglesia red-de-comunidades fraternas. En la historia de la Iglesia siempre ha existido, especialmente en las órdenes y congregaciones religiosas, aunque nunca consiguió ser hegemónico. Pero adquirió densidad en la amplia red de comunidades eclesiales de base, extendidas actualmente por todo el universo cristiano y ecuménico. En ellas el poder es servicio real, cotidiano y participado por todas las personas en la medida en que cada una tiene su lugar en la comunidad. Hay muchos servicios y funciones (carismas): quien reza, quien enseña, quien organiza la liturgia, quien visita a los enfermos, quien trabaja con los jóvenes, todos en pie de igualdad, según dice San Pablo (1Cor 7,7;12,29). Hay una función (carisma) singular que es la de crear unidad y cohesión en la comunidad haciendo que todos los servicios (carismas) confluyan al bien común: es el servicio de presidir la comunidad. Como tal, preside también la eucaristía, no como función exclusiva, sino simultánea con las demás. Su función no es concentrar sino coordinar.

Este modelo traduce mejor el mensaje y el ejemplo del Jesús histórico que no quiso ningún poder y que estableció todo el poder como servicio y no como dominación (Mt 23,11). Este modelo se presenta como otra forma de organizar la herencia de Jesús, de gestar una Iglesia más conforme con su sueño de todos hermanos y hermanas (Mt 23,8).

Este modelo comunional se presenta más adecuado a la verdadera evangelización, que significa encarnar  mensaje cristiano en las diferentes culturas, asimilando sus modos de ser. La Iglesia sería como un inmenso tapete de colores, hecho con un tejido inmenso de comunidades cristianas, diferentes en sus cuerpos, pero todas unidas en el mismo testimonio de la vida nueva traída por Jesús muerto y resucitado. Caminaría junto con el proceso de mundialización que lentamente construye la Casa Común, el mundo necesario, dentro del cual están los varios mundos culturales (asiático, africano, latino, indígena etc). Ahí estará la Iglesia-gran-institución, que seguramente pervivirá pero sin la hegemonía actual, y principalmente la red inmensa de comunidades cristianas diversas y unidas en el mismo testimonio del Resucitado y de su Espíritu, junto con otras iglesias y caminos espirituales al servicio unos de otros y de la única Casa Común que tenemos, la Madre Tierra.

*Leonardo Boff ha escrito Iglesia: carisma y poder, Record, Rio de Janeiro 2005; Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Record, Rio de Janeiro 2008; Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano