Una ética del respeto ilimitado: lo que necesitamos hoy

La producción de un programa humorístico por el Grupo Porta dos Fundos que habría sugerido una eventual relación homoafectiva de Jesús y las reacciones negativas de muchos, incluida una bomba contra el local de Porta dos Fundos, nos invitan a hacer una reflexión sobre el respeto. Este, el respeto, es uno de los ejes básicos de la ética en cualquier cultura y es también necesario para la convivencia pacífica de las diferencias dentro de un Estado Democrático de Derecho.

Para enriquecer la discusión que concierne también a un ministro STF, un ministro del STF que liberó el programa humorístico después de ser prohibido por otro juez, conviene proponer las reflexiones de un pensador que, más que nadie, profundizó la cuestión del respeto: Albert Schweitzer (1875-1965). Era originario de Alsacia, un renombrado exégeta bíblico y un conocido concertista de Bach.

Como consecuencia de sus estudios sobre el mensaje y la ética de Jesús, especialmente el Sermón de la Montaña, que da centralidad al pobre y al oprimido, resolvió abandonar todo, estudiar medicina y marchar a África en 1913 como médico en Lambarene (Togo), exactamente en aquellas regiones que habían sido dominadas y explotadas furiosamente por los colonizadores europeos.

Dice explícitamente en una carta, que “lo que necesitamos no es enviar allí misioneros para convertir a los africanos, sino personas dispuestas a hacer para los pobres lo que hay que hacer, si es que el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen algún valor. Si el Cristianismo no realiza eso, ha perdido su sentido. Después de haber reflexionado mucho, ha quedado claro para mí que mi vida no es la ciencia ni el arte, sino ser un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa, por pequeña que sea” (A. Schweitzer, Wie wir überleben können, eine Ethik für die Zukunft, 1994, p.25-26).

En su hospital del interior de la selva tropical, entre la atención a un paciente y a otro, tenía tiempo para pensar sobre los destinos de la cultura y de la humanidad. Consideraba la falta de una ética humanitária como la mayor crisis de la cultura moderna. Dedicó años al estudio de las cuestiones éticas y escribió varios libros, siendo el principal El respeto ante la vida (Ehrfurcht vor dem Leben).

Todo en su ética gira alrededor del respeto, de la veneración, de la compasión, de la responsabilidad y del cuidado hacia todos los seres, especialmente hacia aquellos que más sufren.

El punto de partida para Schweitzer es el dato proto-primario de nuestra existencia, la voluntad de vivir que se expresa: “Yo soy vida que quiere vivir en medio de vidas que también quieren vivir” (Wie wir überleben können,73). A la “voluntade¡ de poder” (Wille zur Macht) de Nietszche, Schweitzer contrapone la “voluntad de vivir” (Wille zum Leben). Y continúa: “La idea-clave del bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedir que se desarrolle. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética” (Ehrfurcht .52 e 73).

Para Schweitzer, las éticas vigentes son incompletas porque tratan solamente de los comportamientos de los seres humanos frente a otros seres humanos y olvidan incluir a todas las formas de vida. El respeto que debemos a la vida “engloba todo lo que significa amor, donación, compasión, solidaridad y compartir” (op. cit. 53).

En una palabra: “la ética es la responsabilidad ilimitada por todo lo que existe y vive” (Wie wir überleben,52 e Was sollen wir tun, 29).

Como nuestra vida es vida con otras vidas, la ética del respeto deberá ser siempre un con-vivir y un con-sufrir (miterleben und miterleiden) con los otros. En una formulación suscinta afirma: “Tu debes vivir conviviendo y conservando la vida, este es el mayor de los mandamientos en su forma más elemental” (Was sollen wir tun, 26).

De esto deriva comportamientos de gran compasión y cuidado. Interpelando a sus oyentes en una homilía proclama: “Mantén tus ojos abiertos para no perder la ocasión de ser un salvador. No pases de largo, inconsciente, del pequeño insecto que se debate en el agua y corre peligro de ahogarse. Toma un palito y sácalo del agua, sécale sus alitas y experimenta la maravilla de haber salvado una vida y la felicidad de haber obrado a cargo y en nombre del Todopoderoso. Al gusano que se perdió en el camino duro y seco y no consigue hacer su huequecito, sácalo de ahí y ponlo en medio de la hierba. ‘Lo que hicísteis a uno de estos más pequeños, a mi me lo hicísteis’. Estas palabras de Jesús no valen solo para nosotros los humanos sino también para las más pequeñas de las criaturas” (Was sollen wir tun, 55).

La ética del respeto de Albert Schweitzer une inteligencia emocional con inteligencia racional. Todo lo que impida el respeto de unos a otros, debilita la convivencia social. Nadie tiene el derecho de constreñir a otro con su falta de respeto. Todas las libertades tienen sus límites impuestos por el respeto.

El mayor enimigo de la ética del respeto es el embotamiento de la sensibilidad, la inconsciencia del valor fundamental del respeto ilimitado. Incorporando el respeto, el ser humano alcanza el grado más alto de su humanidad.

Si no respetamos a todo ser, acabamos no respetando al ser más complejo y misterioso de la creación que es el ser humano, hombre y mujer, particularmente el más vulnerable, el pobre, el enfermo y el discriminado. Sin el respeto y la veneración perdemos también la memoria de lo Sagrado y de lo Divino que atraviesan el universo y que emergen, de algun modo, en la conciencia de cada uno.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano

“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

Leonardo Boff*

Así como Brasil no es para novatos, de la misma forma, la película Dos Papas no es para principiantes. Demanda conocimientos de teología y del debate existente hace más de 50 años sobre qué modelo de Iglesia sería el más adecuado, considerando el destino común Tierra y Humanidad y las perversas desigualdades sociales a nivel mundial.

La película está siendo ampliamente discutida. Hay razones en pro, otras en contra, y varias de ellas suponen intereses ocultos de su productor Fernando Meirelles, lo que me parece prejuicioso. Muchas críticas a la película (la mayoría la ven con anteojos ideológicos sin limpiarlos antes) muestran lo que en filosofía se llama ignoratio elenchi (ignorancia del asunto), lo que dificulta un juicio serio y más justo de la película en cuestión. Aunque ya he escrito sobre ella, retomo el discurso para profundizar en algunas de las cuestiones subyacentes a Dos Papas y así apreciarla mejor.

Un lugar privilegiado de observación

Tengo que confesar, sin ninguna pretensión, que estoy en un lugar privilegiado de observación porque he podido conocer a ambos personajes, Joseph Raztinger y Jorge Mario Bergoglio. Esto me permite juzgar con otros criterios la película Dos Papas.

Con referencia al Papa Benedicto XVI por la amistad que tuvimos y por el hecho de que, como cardenal Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición), tuvo la ingrata misión institucional de interrogarme en un proceso doctrinal ―por el cual pasaron personas notables como Galileo Galilei, Giordano Bruno y otros― sobre mi libro Iglesia: carisma y poder. Él actuó de acuerdo con el rito prescrito para el Gran Interrogador (anteriormente el Gran Inquisidor) con la seriedad y competencia requeridas. Y yo, como interrogado, debía responder a las acusaciones hechas al libro (no a mí como persona) de la manera más convincente posible. Cada uno estaba en su posición institucional, pero eso no significaba romper los lazos de aprecio mutuo y amistad. No los rompimos. Tanto él como yo supimos distinguir las diferentes esferas. Mi defensa, después del interrogatorio, no les pareció a los 13 cardenales votantes suficientemente convincente. Así que recibí varias sanciones, la mayor de ellas fue el “silencio obsequioso”.

Creo que Benedicto, al frente de la Iglesia, se comportó más como un teólogo académico alemán (escribió varios libros como Papa) que como Guía de una comunidad de más de mil millones de fieles. Esta misión era, a mi modo de ver, ajena a su carácter. Él realmente quería ser un teólogo, no un jefe del Estado Vaticano.

Con referencia al Papa Francisco, nos conocimos como teólogos en 1972 en una reunión organizada por la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) en el Colegio Máximo jesuita de San Miguel, en las afueras de Buenos Aires. Él guardó la foto de la reunión y, como Papa, tuvo la amabilidad de enviármela y recordarme que habíamos hablado de la hermenéutica francesa moderna, cosa que yo había olvidado por completo.

Al elaborar la encíclica ecológica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015), le ofrecí colaboración, prontamente aceptada, ya que él sabía que yo había estado escribiendo durante años sobre el tema, ampliando el horizonte de la Teología de la Liberación. El eje de este tipo de teología es “la opción no excluyente por los pobres contra su pobreza, a favor de la justicia social y su liberación”. Dentro de los diversos tipos de pobres ―pensaba y pienso yo― deberíamos incluir al Gran Pobre, el más explotado de todos, la Tierra viva, sin cuya preservación se invalidaría cualquier otro proyecto. De ahí nació una vigorosa eco-teología de la liberación. El Papa Francisco se dio cuenta de esta centralidad y atendió la solicitud de muchos teólogos que, junto conmigo, le hicimos este llamamiento.

Ignorar este núcleo central de la Teología de la Liberación, la opción preferencial por los pobres, y atribuirlo al marxismo es incurrir en ignoratio elenchi referido arriba, y reproducir la narrativa de los dictadores militares de Chile, Argentina, Brasil y El Salvador. Esto se repite todavía hoy en grupos conservadores y reaccionarios, incluso ocupando altos cargos del gobierno actual de Brasil.

Bergoglio, sin ser profético, salvó a muchos perseguidos

No voy a abordar el tema de la relación del Papa Francisco con la dictadura militar argentina. El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien también fue víctima de tortura, dio su testimonio cabal a los críticos más duros, presentando incluso la larga lista de los salvados por la acción del entonces superior jesuita y más tarde cardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio. Lo máximo que podemos conceder es que él no era una figura profética, como lo fueron los obispos Novak, Angelleli, Esaine y otros. Pero nunca colaboró ni tuvo connivencia con el sistema de opresión y liquidación de los opositores del régimen, de los más crueles de América Latina. Su estilo era otro, actuar en silencio, pero valientemente.

Como Papa Francisco, recibí de él algunas cartas agradeciéndome los materiales que le había enviado. Y sigo enviándole otros a través de uno de sus secretarios (no vía la Curia porque existe el riesgo de que nunca se los entreguen). Casi siempre responde. La última me llenó de satisfacción, porque le había escrito que en el texto final del Sínodo Panamazónico de 2019 se estaba incurriendo en el cristomonismo (solo Cristo), olvidando en gran medida la figura del Espíritu Santo. Este, argumentaba yo, llega siempre antes que el misionero, pues encuentra en los pueblos a evangelizar el amor, la solidaridad, el perdón y otros valores humanos que forman el núcleo del mensaje de Jesús. Me dio las gracias por el comentario y dijo que lo usaría. Para mi sorpresa, en su discurso a los cardenales de la Navidad de 2019 afirmó que alguien le dijo que el misionero es esperado por el Espíritu Santo cuando llega al país de misión, porque Él ya estaba presente allí por el amor y por los demás valores humanos.

Dato curioso: un Papa no solo vive predicando; necesita cierta distensión, beber mate por la mañana y también cultivar el humor. Así que sigue y anima a su equipo de fútbol el San Lorenzo y adora la música folclórica argentina, que me parece excelente, especialmente Mercedes Sosa con la que trabajamos juntos para hacer la Carta de la Tierra. Le envié al Papa, para distraerlo un poco, un mensaje de texto de San Francisco en el que aconsejaba a los frailes que dejaran una parte del huerto sin cultivar para que crecieran las hierbas silvestres, porque a su modo también alaban a Dios. El Papa Francisco puso este punto de humor en la encíclica, en el número 12.

La gran pregunta subyacente en la película Dos Papas

¿Cuál es la gran pregunta detrás de la película Dos Papas? No entenderla significa no entender la película en profundidad. Se trata de presentar dos modelos de Iglesia: uno bien retratado por el Papa Benedicto XVI y el otro por el Cardenal Bergoglio, luego Papa Francisco. Además, perfilar dos formas diferentes de ser humano, de realizar cada uno su humanidad.

Cabe destacar que los diálogos no son meramente inventados. Quienes conocen la teología de ambos identifica pronto lo que escribieron o dijeron públicamente. Corresponden a su respectiva visión de la Iglesia. Es su punto de verdad.

El modelo de Iglesia de Benedicto XVI: Vuelta a la Gran Disciplina

El modelo de la Iglesia de Benedicto XVI es el de la Iglesia tradicional, cuya edad de oro fue la Edad Media, que culminó en el Concilio de Trento (1545-1563) y en el Concilio Vaticano I (1869-1870). Este modelo tiene como eje articulador el poder sagrado (sacra potestas), piramidal y desigualmente distribuido (los laicos abajo no participan en este poder), en cuya cabeza está el Papa, infalible en materia de doctrina y moral, con un poder “ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal” (canon 331). Si tachamos la palabra Papa y ponemos Dios, vale ad litteram. ¿Puede un ser humano siempre limitado presentarse con un poder ilimitado, no siendo Dios? Los cristianos siguen se preguntando.

Este modelo fue esencial en la configuración de Europa, lo que resultó en la responsabilidad de las más altas autoridades de la Iglesia de defenderlo para preservar la identidad de Europa y la cultura europea, que se globalizó. Este modelo creó los instrumentos de su reproducción, la teología manualista, el estilo apologético, especialmente, el estatuto de los seminarios, que no existían antes. Allí se formaron los candidatos al sacerdocio, en una perspectiva agresiva y defensiva contra las Iglesias reformadas y contra los nuevos enemigos: los dos iluminismos. El primer iluminismo, más teórico, con su espíritu crítico contra todo autoritarismo, el contrato social y la introducción de las libertades civiles y los derechos de los ciudadanos. Y el segundo iluminismo, más práctico y transformador: el socialismo y el marxismo. Ante esta realidad cambiada, la reacción vino bajo el lema: “Vuelta a la Gran Disciplina“. En otras palabras, tratar de restaurar la síntesis medieval bajo la égida del factor religioso y orientado moralmente por la Iglesia.

Juan Pablo II vio que en Polonia (semper fidelis), ocupada por marxistas ateos, la Iglesia era la gran fuerza de oposición, resistencia y reafirmación de la identidad polaca, profundamente católica. Al ser elegido Papa, llevó esta misión a toda la Iglesia. Encuadró las diferentes tendencias para conseguir una Iglesia unida contra dos enemigos fuertes: el marxismo ateo, que conocía por experiencia personal, y la modernidad, que desplazó a Dios del centro de la sociedad y en su lugar colocó la sacralidad de la persona y sus derechos. La modernidad y la posmodernidad se presentan como seculares (no secularistas), defensoras de las libertades de conciencia, de religión, de cultura y de los derechos de todos.

Innegablemente carismático, hasta el punto de galvanizar multitudes, la visión de Iglesia del Papa Juan Pablo II fue, sin embargo, muy conservadora. Las innovaciones del Concilio Vaticano II (1962-1965) que ajustaron el ritmo de la Iglesia con el mundo moderno se relativizan y reinterpretan desde el poder sagrado, concentrado en él, el Papa, y en la jerarquía eclesiástica. Generó una mentalidad temerosa e incluso negativa frente a los avances del mundo moderno, una iglesia cual castillo asediado por enemigos que supuestamente quieren destruirla.

Sus seguidores (varios movimientos conservadores como el Opus Dei, Soldados de Cristo, Comunión y Liberación entre otros) constituyen la base eclesial y social que sustentó su proyecto de Iglesia. Encontró en el cardenal Joseph Ratzinger (en Alemania se mostraba progresista), un teólogo que se convirtió a la línea de Juan Pablo II y en un fervoroso guardián de la ortodoxia. A pesar de su finura, mostró posiciones severas contra los críticos de ese modelo conservador de Iglesia.

Se señaló especialmente a la Teología de la Liberación, que se interpretó como una especie de caballo de Troya, a través del cual el marxismo penetraría en América Latina. Es necesario defender al pueblo, manteniendo esta corriente teológica bajo estricta vigilancia, se argumentaba en el Vaticano, repercutiendo en muchos de sus seguidores, cardenales, obispos, teólogos, sacerdotes, religiosos e incluso laicos. Esta estrategia se mantuvo e incluso se reforzó cuando se convirtió en Papa Benedicto XVI.

En la película, el Papa Benedicto XVI representa este tipo de Iglesia que tiene su lógica y coherencia, pero que va en contra del curso global del mundo. No tenía ninguna posibilidad de prosperar porque la Iglesia era más una cisterna de aguas muertas que una fuente de aguas vivas. Decepcionaba a muchos creyentes hasta el punto de que muchos abandonaron la Iglesia. Cuando el Papa Benedicto XVI se dio cuenta de que la atmósfera interna de la iglesia en general y del Vaticano en particular había sido envenenada por los delitos de pedofilia, estafas financieras dentro del Banco del Vaticano e incluso la prostitución de altos prelados de la Curida Pontificia, sintió que su fuerza se debilitaba. “Hay que cambiar todo eso”, dice claramente en la película. Reafirmó que no merecía permanecer sentado en la catedra de Pedro sin la energía suficiente para los cambios necesarios. Y en un gesto noble y desprendido, renunció.

Papa Francisco: la Teología de la Liberación llega al centro de la Iglesia

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado y se proyecta un modelo de la Iglesia muy diferente del tradicional. La Iglesia en América Latina ha sido siempre una Iglesia-espejo de la europea. Poco a poco, sin embargo, se fue liberando hasta convertirse en una Iglesia-fuente: con un estilo diferente de vivir la fe, encarnada en las culturas locales, indígenas, afrodescendientes y populares. Creó su perfil de una Iglesia pobre y despojada con su propia teología, bajo el nombre de Teología de la Liberación. Por supuesto, todavía hay partes de la Iglesia-espejo ligadas al estilo tradicional de ser sacerdote y de organizar las diócesis y las parroquias. Pero no es por ese estilo por el que el cristianismo latinoamericano ha atraído la atención del mundo, sino gracias a su compromiso con los pobres, contra los regímenes dictatoriales y contra las torturas sistemáticas a presos políticos y a presos comunes y defensa de los derechos humanos. Famoso se hizo el Cardinal de São Paulo, Paulo Evaristo Arns.

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado.El Concilio Vaticano II trató de la Iglesia dentro del mundo moderno, del mundo desarrollado y se reconcilió con él. En América Latina, los obispos en las diversas asambleas continentales (Medellín, Puebla, Aparecida) se dieron cuenta de que este mundo desarrollado es la principal causa de opresión de las grandes mayorías de América Latina, indígenas humillados, masas abandonadas, clases oprimidas y mujeres sometidas.

La pregunta en América Latina es otra: ¿cuál es el lugar de la Iglesia dentro del submundo, del mundo subdesarrollado? Llegaron a la conclusión de que su misión es una evangelización liberadora. Liberar a los pobres que gritan es un gesto evangélico y al mismo tiempo político. La liberación debe hacer del pobre el protagonista de su propia liberación a partir del capital simbólico de su fe. Esto requiere un proceso de concientización y de organización al que Paulo Freire, quien siempre se entendió como uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, ayudó enormemente en la pastoral de las Iglesias. De esta manera surgió un cristiano consciente y simultáneamente un ciudadano crítico y participante.

La liberación exige un método por el cual el oprimido extroyecta al opresor que lleva dentro de sí, para ser libre y probar otro tipo de sociedad liberada, donde el amor y la convivencia fraterna no sean tan difíciles. No hay opción para los pobres y su liberación sin amar primero a estos pobres, su forma de ser, su cultura y finalmente asociarse como aliados secundarios con sus luchas. Esta opción costó la vida a muchos sacerdotes, religiosas, agentes pastorales laicos, e incluso a dos obispos, Angelleli de Argentina y Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, hoy santificado. Es una iglesia que tiene muchos mártires.

El Papa Francisco fue educado cuando era estudiante de teología en el Colegio Máximo en San Miguel en este conjunto de visiones. Las incorporó. Como cardenal, renunció al palacio cardenalicio, al automóvil oficial, a los privilegios de su cargo. Usaba el autobús y el metro y caminaba mucho a pie por las “villas miseria” de Buenos Aires. Vivía en un pequeño apartamento y cocinaba su propia comida.

Cuando llegó a Roma y fue elegido Papa, introdujo esta revolución de hábitos en los antiguos edificios lujosos y renacentistas de la Ciudad del Vaticano. Decidió vivir en una casa de huéspedes y hace fila para comer, como todos los demás.

Su modelo de Iglesia es, como él mismo lo define: “una Iglesia en salida permanente” de sí misma hacia el mundo, los pobres, los refugiados y las periferias existenciales. Es equivalente a un hospital de campaña, abierto para atender a todos. Denuncia, como ninguno de los papas anteriores, a los productores de desigualdades y de injusticias en el mundo: los adoradores del dinero, los especuladores, los enemigos de la vida y de la Madre Tierra, a la que devastan debido a su afan de acumulación. No usa la palabra capitalismo, pero todos entienden a qué se refiere.

En su mensaje enfatiza: Jesús no vino a fundar una nueva religión, ya había muchas en el Imperio Romano. Él vino a crear el hombre nuevo y la mujer nueva . Él vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la misericordia sin límites y la solidaridad a partir de los últimos En lugar de dogmas y doctrinas, que respeta, privilegia el encuentro vivo con Cristo, con las personas, especialmente las que son invisibles. Escandaliza a no pocos obispos al predicar, incluso exigiendo, una pastoral de la ternura en lugar del miedo al castigo eterno. La misericordia y su tonus rectus predicada siempre de nuevo viene acolitada por la empatía y el hambre y la sed de justicia. Se siente un hombre entre otros hombres.

Sospecho que creará una nueva genealogía de papas venidos del fin del mundo, donde vive la mayoría de los católicos. Solo el 25% se encuentra en Europa, el 52% en América y el resto en África y Oceanía. Hoy por hoy, el cristianismo es una “religión” de lo que una vez se llamó el “Tercer Mundo”, que un día tuvo su origen en el Primer Mundo. A través del “Tercer Mundo” pasa el futuro de la Iglesia Católica incluso en términos numéricos. Aquí es donde el cristianismo muestra sus virtualidades latentes, en la defensa de los pobres y el cuidado de la Casa Común. Un argumento más para que postulemos un Papa que venga desde donde la Iglesia se encarna en las culturas locales y despierta la esperanza en los condenados y ofendidos, desesperados por el hambre y la miseria.

Estos dos modelos de la Iglesia subyacen en los diálogos de la película Dos Papas. Se enfrentan entre sí. Pero lentamente se van alineando.

Cada uno de los papas tiene un peso en su conciencia: Bergoglio podría haber encontrado otra manera distinta de la institucional que tomó para salvar a los dos jesuitas que trabajaban en los barrios pobres y liberarlos del secuestro anunciado. Ambos sufrieron fuertes torturas. Uno de ellos, el padre Yorio, a quien conocí en Quilmes, en las afueras de Buenos Aires, no conseguía librarse del sentimiento de que había sido abandonado por su superior religioso. Pero trataba sinceramente de comprender los impasses por los que había pasado su superior, pero en los que, con creatividad, podría haber actuado de manera diferente. Este fue el peso que el Papa Francisco llevaba en su biografía.

Al Papa Ratzinger le pesaba en la conciencia el haber enviado una carta a todos los obispos, bajo secreto pontificio, para que no entregase a los sacerdotes pedófilos a la justicia civil con el fin de no empañar el buen nombre de la institución de la Iglesia. Debían confesar su pecado y ser trasladados a otro lugar. ¿Y las víctimas, los niños inocentes y sus familias cómo quedarían? Esto no fue suficientemente tomado en cuenta por el Papa Benedicto XVI.La pedofilia nos es solamente un pecado, es también y mucho más un crímen.

El punto culminante de la película es cuando ambos revelan el peso que llevan. Se abren y se dan recíprocamente la absolución. Ambos se sienten aliviados y reconciliados consigo mismos.

La ideología divide, el diálogo aproxima.

Estimo que uno de los propósitos principales de la película fue revelar la verdadera condición humana de ambos Papas: su dimensión de sombra y su dimensión de luz. Esta es la verdadera condition humaine de todo ser humano: somos sapiens y demens, sim-bólicos y dia-bólicos, amables y groseros. Y esto simultáneamente. ¡Ay de nosotros si reprimimos la dimensión sombría! Ella volverá furiosa. Tenemos que integrarla humildemente mientras le damos primacía a la dimensión de la luz. De lo contrario, evitamos el desarrollo de nuestra humanidad plena que incluye luz y sombra.

Pero hay momentos en que el horizonte desaparece: es la “noche oscura y terrible” de la que habla el místico San Juan de la Cruz, que ni siquiera perdona a los papas. La sutileza de la película también muestra esta dimensión angustiante. Los dos Papas no tienen certezas totales. Están en el camino de buscar más luz para poder caminar.

La película revela maravillosamente cómo, paso a paso, emerge la humanidad de uno y del otro. Aprendieron a escuchar, a dialogar y a tratar de comprender las diferencias. Lentamente, las discusiones van desapareciendo, a medida que la ideología separa y el encuentro une. Es entonces cuando irrumpe la verdadera humanidad en cada uno de ellos. Uno toca el piano, el otro tararea una canción de los Beatles. Finalmente, ya no actúan como papas. Son humanos, el hombre Joseph Ratzinger y el hombre Jorge Mario Bergoglio. Ensayan unos pocos pasos de tango, posibles para dos personas mayores. Es inimaginable que un erudito alemán como el profesor Ratzinger se entregue a la libertad corporal y de unos pasos de baile argentino.

Lo que une a las personas no son los acuerdos doctrinales. Estos permanecen en los documentos pero no llegan al corazón. El encuentro de las personas, cara a cara, los ojos en los ojos, transforma la realidad conflictiva en una realidad, a pesar de las diferencias, realmente reconciliada.

Tal vez esta sea la gran lección que derivamos de la película Dos Papas. En un mundo de odio, de desgarro de las ideologías, lo que nos llevará en la dirección correcta y a superar las debilidades de la existencia humana es y será siempre el rescate de nuestra humanidad entera, compleja y ambigua, ayudándonos uno al otro a desentrañar lo que está escondido en él y de lo cual solo tal vez nunca podrá ser liberado. Mas vale la filosofía africana de Ubuntu: “Yo solo soy yo a través de ti”.

El cristianismo como religión y camino de Jesús

Finalmente, cabe una reflexión para aquellos que encuentran difícil vivir la fe cristiana hoy. El cristianismo no nació como una iglesia constituida, sino como “el movimiento de Jesús” o “el camino de Jesús”, así lo relatan las fuentes originarias del Nuevo Testamento. Curiosamente en los Hechos de los Apóstoles se llama el cristianismo, en griego: “hairesis tou Christou“: la “herejía de Cristo”, es decir, “el grupillo de Cristo”. Solo más tarde en Antioquía pasó a ser llamado cristianismo.

Brevemente yo diria: el cristianismo aparece como religión visible y como ética humanitaria. Utilizando una metáfora: el cristianismo es similar a una bicicleta. La rueda delantera representa el cristianismo como religión, con ritos, celebraciones, misas, sacramentos y devoción a los santos. No todos se identifican hoy con esta forma de expresar la fe. Felices los que lo logran, porque el contacto con lo sagrado alimenta las dimensiones profundas e ignotas de nuestra psique, tan bien estudiadas por la escuela de C. G. Jung y sus discípulos.

Pero el cristianismo también puede expresarse a través de la rueda trasera. Es el cristianismo como ética, como una forma de ser que se guía por el sueño y la propuesta humanitaria de Jesús: la centralidad del amor, la empatía con los que sufren, la fidelidad a la verdad, el desapego de la acumulación obsesiva de bienes materiales y la capacidad de perdonar y de mostrar misericordia.

Este camino es el más original y significa una propuesta de vida, seguida por muchos incluso sin afiliarse a una confesión cristiana o seguir un camino religioso. Viven el sueño del Nazareno en medio de la mundanalidad del mundo. Son cristianos, no por la práctica religiosa, sino por la práctica de la ética de la transparencia, del amor, de la solidaridad a partir de los últimos, de la alegría de vivir en este hermoso y radiante planeta y de convivir aceptando las diferencias sin hacerlas desigualdades. Podemos ser humanos de tantas formas.

Creo que la película Dos Papas apunta más en esta dirección humanitaria: escuchar atentamente a los demás, apertura al diálogo y disposición a aceptar críticas y el deseo de cambiar.

Salimos más humanizados y espiritualizados después de ver la película Dos Papas. Solo por este efecto beneficioso valió la pena el esfuerzo de sus productores y actores para concebirlo y producirlo. Merecería un Oscar, por su mensaje actual y esperanzador que irradia, sin mencionar la deslumbrante belleza de sus imágenes y la música siempre adecuada a las escenas. Vale la pena ver la película Dos Papas para dejarse cuestionar por ella, enriquecer la manera propia de vivir humanamente y no en ultimo lugar, alimentar la espiritualidad.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014 en español por  Dabar,México 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Dos Papas: dos modelos de hombre, dos modelos de Iglesia

Dos Papas: dos modelos de hombre, dos modelos de Iglesia

                           Leonardo Boff*

Acabo de ver la película Dos Papas, del consagrado cineasta brasileiro Fernando Meirelles.

Considero que la película está técnica y estéticamente bien hecha, reproduciendo los espacios grandiosos del Vaticano y de sus jardines. Está basada en hechos históricos, por supuesto, con la creatividad que permite este tipo de arte, particularmente en la construcción de diálogos. Pero en ellos se entrevén sus respectivas teologías y sus afirmaciones conocidas.

Lo que digo es una opinión estrictamente personal. He tenido el privilegio de conocer personalmente a los dos Papas, con los cuales mantuve y mantengo relaciones bastante cercanas y de amistad.

Papa Ratzinger: finísimo y riguroso

Con el profesor Joseph Ratzinger tengo una deuda de gratitud por haber valorado positivamente mi tesis doctoral sobre “La Iglesia como Sacramento Fundamental en el Mundo secularizado”, voluminosa, más de 500 páginas impresas. Me ayudó financieramente con una cantidad considerable de marcos y encontró una editorial para su publicación, cuando nadie quería arriesgarse a publicar un libro de estas dimensiones. La recepción en la comunidad teológica internacional fue excelente, considerada una obra fundamental, especialmente por el reconocido especialista en el tema Iglesia Jean Yves Congar, dominico francés.

El profesor Ratzinger es una persona de trato finísimo, extremadamente inteligente, nunca lo he visto levantar la voz, pero es muy tímido y reservado.

Al saber que había sido elegido Papa, inmediatamente pensé: “Es un Papa que sufrirá mucho porque quizás no haya abrazado nunca a la gente, mucho menos a una mujer, ni haya estado expuesto a las multitudes”.

Nuestra amistad se fortaleció porque durante cinco años, a partir de 1974, en la semana de Pentecostés (que suele caer hacia mayo) alrededor de 25 reconocidos teólogos y teólogas progresistas de todo el mundo nos reuníamos en la ciudad de Nimega en los Países Bajos o en otra ciudad europea. Durante una semana discutíamos ecuménicamente, acompañados por un pequeño grupo de científicos, hasta de Paulo Freire, sobre temas relevantes del mundo y de la Iglesia. Editábamos una revista, Concilium, que se publicaba en 7 idiomas y aún se sigue publicando (en Brasil por la Editora Vozes). En ella, las mejores mentes del mundo colaboraron en las diferentes áreas del conocimiento, desde la sexualidad y la Teología de la Liberación hasta la moderna cosmología.

El Prof. Ratzinger se sentaba casi siempre a mi lado. Después del almuerzo, mientras casi todos echaban una siesta, él y yo paseábamos por el jardín, discutiendo temas de teología, nuestros favoritos San Agustín y San Buenaventura, de los cuales he leído prácticamente toda la obra.

Cada uno en su papel sin perder la relación

Hecho cardenal y presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo la ingrata misión de interrogarme sobre el libro Iglesia: Carisma y poder en 1984. Cumplió institucionalmente su papel de interrogador y yo el de defensor de mis opiniones. Fue un diálogo firme pero siempre elegante por su parte, incluso cuando, después del interrogatorio, tuvimos una segunda parte, es decir, un encuentro aún más difícil con él y con los Cardenales brasileños Don Paulo Evaristo Arns y Don Aloysio Lorscheider que me acompañaron en Roma y testificaron a mi favor. Éramos tres contra uno. Debo admitir que él se sentía incómodo.

Después de un año, recibí la resolución del proceso doctrinal con la deposición de la cátedra de teología, de mis tareas en la Editorial Vozes y la imposición de un “silencio obsequioso” que me impedía hablar, enseñar, entrevistar y publicar cualquier cosa. La decisión final después del interrogatorio fue tomada por 13 cardenales (13 para romper el empate). Más tarde me enteré por un emisario de su secretario privado que él, el Card. Ratzinger, votó a mi favor pero fue el voto perdedor. Hay que decir que cada vez que los periodistas le preguntaban sobre mí, él respondía con humor que soy “ein frommer Theologe” (un teólogo piadoso) que algún día profundizará su verdadero camino teológico.

La película no retrata la figura fina y elegante que lo caracteriza. En una escena levanta la voz y casi grita, lo que me parece totalmente improbable y en contra de su carácter.

A pesar de estar ahora  en diferentes situaciones, él Papa y yo, un teólogo promovido a laico, nunca perdimos nuestra amistad. En sus noventa años, cuando se organizó un Festschrift (un libro de homenaje), en el que escribieron muchas personas notables, a petición suya me pidieron que escribiera mi testimonio sobre él, lo cual hice con agrado. La amistad es más fuerte que cualquier doctrina siempre humana.

El Papa Francisco: tierno, fraterno e innovador

Con referencia a Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco, diría lo siguiente: Nos conocimos en 1972 en el Colegio Máximo de San Miguel en Buenos Aires, cada uno exponiendo la singularidad del camino espiritual de San Ignacio de Loyola (él) y el camino espiritual de San Francisco (yo). Allí discutimos sobre hermeneutica de un francés, cuyo nombre no me acuerdo y tambien la vertiente de la teología de la liberación argentina (del pueblo silenciado y la cultura oprimida), la nuestra brasileña y la peruana (sobre la injusticia social y la opresión histórica de los pobres y los afrodescendientes). De esta reunión hay una foto que él, desde Roma, tuvo la amabilidad de enviarme, donde aparecemos todo un grupo de teólogos y teólogas, la mayoría ya no están entre nosotros, algunos perseguidos y torturados por la represión bárbara del ejército argentino o del chileno. Después nos perdimos de vista.

(Él es el cuarto de la derecha en la fila superior y yo el segundo de la izquierda en la fila de abajo)

El Papa Francisco: teólogo de la liberación integral

Supe por su profesor de teología, recientemente fallecido, Juan Carlos Scannone, el mayor representante de la teología de la liberación argentina, que Bergoglio entró a la Orden Jesuita como una vocación adulta (antes era químico, como aparece en la película). Inmediatamente se entusiasmó con este tipo de teología de la liberación de cuño argentino y allí hizo un voto que siempre cumplió, incluso como cardenal de Buenos Aires: cada semana pasaba una tarde o incluso un día en una villa miseria, siempre solo, entraba en las casas y hablaba con todo el mundo. No vivia en el palacio cardinalicio, ni tenia un coche. Andaba de bus o de metro. Vivia solo en un departamento, haciendo el propio su comida.

Fue Superior Mayor de los Jesuitas de Argentina, actuando especialmente en la región de Buenos Aires. Joven, era muy riguroso. Aquí tuvo que enfrentarse a una situación muy grave que lleva en su corazón hasta el día de hoy: dos jesuitas, el padre Jalics y el padre Yorio (a este lo conocí personalmente en Quilmes) vivían en un barrio pobre, apoyando a los pobres y marginados. Los que trabajaban con el pueblo, como en Brasil en 1964 (y quizás también hoy bajo el nuevo gobierno autoritario de Bolsonaro) eran considerados marxistas y subversivos. Estaban vigilados por los órganos de seguridad militar. Bergoglio fue informado de que serían secuestrados con las torturas subsiguientes. Trató de salvarlos incluso apelando al voto de obediencia, típico de su Orden, en el sentido de que dejaran la favela para no ser víctimas de la represión violenta.

Ellos argumentaron de forma evangélica: “Un pastor no abandona a su rebaño, a su pueblo; participa de su destino; vale más obedecer al Dios de los pobres que obedecer a un superior religioso humano”.

Efectivamente fueron secuestrados y duramente torturados. Jalics se reconcilió con Bergoglio y vive en Alemania, mientras que Yorio se sintió abandonado y se distanció de él (murió en Uruguay hace años). Pude sentir su amargura personal al mismo tiempo que trataba de comprender el impasse al que se enfrenta una autoridad religiosa responsable en situaciones límite. Aun así, Bergoglio escondió a muchos en el Colegio Maximo de San Miguel o los llevó a la frontera de otro país para escapar de una muerte segura.

Papa Francisco: el cuidado de la Casa Común

Al ser elegido Papa, volvimos a comunicarnos. Sabiendo que había estado ocupado intensamente con el tema de la ecología integral, involucrando a la Casa Común, la Madre Tierra, me solicitó colaboración, lo que hice con asiduidad. Pero me advirtió: “no envíes los textos al Vaticano, porque no me los entregarán (el famoso sottosedere de la Curia: sentarse encima y olvidar), sino envíalos directamente al embajador argentino ante la Santa Sede, que todos los días muy temprano toma el mate conmigo”. Hice siempre eso. Dicen por ahi que se nota la presencia de mis pensamientos y temas en la encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015). Pero la encíclica es del Papa y el puede eligir los consultores que quiere.También envié textos al Sínodo Panamazónico de 2019. Contestó agradeciéndolo.

Al elegir el nombre de Francisco bajo la inspiración de su amigo brasileño, el cardenal Cláudio Hummes, que le susurró el nombre de Francisco y de hacer una clara opción por los pobres, se transformó. El rigor jesuítico se unió con la ternura franciscana. Con los problemas internos de la Curia, la pedofilia y la corrupción financiera en el Banco Vaticano es extremadamente estricto. Por el contrario, con la gente es visiblemente tierno y fraterno.

Ningún papa anterior ha amonestado con tanta dureza al sistema que ha perdido su sensibilidad, su solidaridad con los millones de pobres y hambrientos, su capacidad de llorar y es adorador del ídolo del dinero. Depreda la naturaleza y es anti-vida y anti-Madre Tierra. No necesitamos indicar a qué sistema se refiere. Su opción por los pobres es rotunda. Debido a sus valientes posturas ante la emergencia ecológica de la Tierra, el calentamiento global y la deshumanización de las relaciones humanas, se ha convertido en un líder religioso y político. Su voz es escuchada y respetada en todo el mundo.

Dos modelos de hombre y dos modelos de Iglesia

El propósito de la película es mostrar dos modelos de personaje religioso y dos modelos de Iglesia.

Primero muestra cómo Ratzinger y Bergoglio, ambos, son humanos, profundamente humanos. En este sentido, ambos tienen su lado positivo y también su lado oscuro. El Papa Benedicto XVI, su indulgencia y leniencia con los pedófilos. No debemos olvidar que escribió a todos los obispos, bajo sigilo pontificio que nunca debe romperse, para que no entregasen a los sacerdotes y obispos pedófilos a los tribunales civiles. Esto desmoralizaría a la institución de la Iglesia. Debían confesar el pecado y ser trasladados a otro lugar. El Papa no se dio cuenta suficientemente de que no se trataba solo de un pecado perdonable por la confesión. Era un crimen contra inocentes que la justicia común debía investigar y castigar. No se pensó en las víctimas, solo en salvaguardar la imagen de la Iglesia institución. Tal omisión fue fuertemente criticada por el Cardinal Bergoglio como aparece claramente en la pelicula.

El papa Benedicto XVI siguió la huella de Juan Pablo II, que era moral y doctrinalmente conservador. Intentó relativizar el aggiornamento del Concilio Vaticano II (1962-1965). Veía a la Iglesia como una fortaleza asediada por todos los lados por enemigos, es decir, por los errores y las desviaciones de la modernidad. La solución propuesta fue volver a la gran disciplina anterior, proveniente del Concilio de Trento (1545-1563) y del Concilio Vaticano I (1869-1870). La centralidad era la ortodoxia y la sana doctrina, como si las predicas fuera lo que salvaba y no las prácticas. En esta línea, el Card. Joseph Ratzinger fue estricto: más de 110 teólogos y teólogas fueron condenados, depuestos de sus cátedras, silenciados (en Brasil, Yvone Gebara y yo personalmente) o castigados de alguna manera. Uno de ellos, un excelente teólogo, fue condenado sin ninguna explicación. Estaba tan deprimido que pensó en suicidarse. Solo se curó cuando fue a América Central para trabajar con las comunidades eclesiales de base. La vida de fe del pueblo sensillo y pobre le devolvió el sentido  de la vida.

Hubo un invierno eclesial severo. Toda una generación de sacerdotes se formó en este estilo doctrinal, con la mirada puesta en el pasado, usando los símbolos del poder clerical. Del mismo modo, fueron consagrados una pléyade de obispos, más autoridades eclesiásticas ortodoxas que pastores en medio de su pueblo.

El Papa Francisco es un modelo distinto de personalidad religiosa. Él viene del fin del mundo, fuera de la vieja y casi agonizante cristiandad europea. Y ha traído una primavera para la Iglesia y para el mundo politico mundial.

Primeramente innovó los hábitos. Al negarse a usar la “mozzeta”, esa pequeña capa blanca llena de brocados que los papas llevaban sobre sus hombros, símbolo del poder absoluto de los emperadores romanos paganos, en la película dice claramente: “el carnaval ha terminado”. No acepta la cruz de oro, continúa con su cruz de hierro; rechaza los zapatos rojos (de Prada) y continúa con sus viejos zapatos negros. No se anuncia a sí mismo como Papa de la Iglesia, sino como Obispo de Roma y solo a partir de ahí, Papa de la Iglesia universal. Al ser presentado como nuevo Papa pide al pueblo que reze por él y que le de la bendición. Solamente después bendice al pueblo. Aquí aparece claramente una nueva visión teológica, conforme al Concilio Vaticano II:  primero viene el Pueblo de Dios y después el Papa y las demás autoridades eclesiasticas al servicio de este Pueblo de Dios.

Anima a la Iglesia no con el derecho canónico, sino con el amor y la colegialidad (en consulta con la comunidad de obispos). En su primer discurso público dice: “cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”. No vive en el palacio papal, lo que sería una ofensa para el poverello de Asís, sino en una casa de huéspedes. A la hora de comer guarda fila como los demás y comenta con humor: “así es más difícil que me envenenen”.

Prescinde de un automóvil especial y de un cuerpo de protección personal. Se mezcla entre la gente, da las manos a quienes se las extienden y besa a los niños. Es padre y abuelo querido de las multitudes.

Su modelo de iglesia es el de un “hospital de campaña” que atiende a todos sin preguntar de dónde vienen y cuál es su situación moral. Es una “iglesia en salida” hacia las periferias humanas y existenciales. Respeta los dogmas y las doctrinas, pero afirma claramente que prefiere situarse vivamente ante el Jesús histórico, optando por un encuentro directo con las personas y el cuidado pastoral de la ternura. Insiste en que Jesús vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad y el perdón. Para él es central la misericordia infinita de Dios. Y va más allá al decir: “Dios no conoce una condenación eterna, porque perdería ante el mal. Y Dios no puede perder. Su misericordia no tiene límites”. Por lo tanto, llama a todos, una vez purificados de su maldad, a la casa que el Padre y Madre de bondad han preparado para todos desde la eternidad. Morir es sentirse llamado por Dios y uno va alegremente al Gran Encuentro.

En términos de ecumenismo, enfatiza que las distintas iglesias deben reconocerse mutuamente y todas juntas ponerse al servicio del Reino de justicia, de solidaridad, de fraternidad y de amor, alimentando la llama sagrada de la espiritualidad que se oculta dentro de cada persona.

Es otro tipo de pontificado, otro modelo de ser humano que reconoce que perdió la paciencia cuando una mujer tiró de su mano y se la apretó con fuerza. Molesto, le palmeó la mano dos o tres veces. Pero al día siguiente pidió públicamente perdón. Es naturalmente humilde y reconoce su debilidad.

Dos Papas: diferentes y complementarios

El Papa Francisco abrió toda su humanidad, dándose el derecho a la alegría de vivir, de animar a su equipo favorito, el San Lorenzo, de disfrutar de la música de los Beatles, y hasta conquistó al Papa Benedicto XVI para bailar un tango, impensable en un severo académico alemán. Aquí aparece no el Papa, sino el hombre Bergoglio que desentraña la humanidad recogida del hombre Ratzinger. Ambos son diferentes, pero se unen en el baile de un tango de personas mayores.

La película es una hermosa metáfora de la condición humana, con dos formas diferentes de realizar la humanidad, que no se oponen sino que se componen y completan, una con ternura y la otra con vigor.

Vale la pena ver la película, porque nos hace pensar y nos ofrece lecciones de escucha mutua, de dialogo abierto, de verdades dichas sin tapujos y una amistad que va creciendo a medida que la relación se distiende con cada encuentro. El perdón que se dan uno a otro y el abrazo final, largo y amoroso, engrandece lo humano y lo espiritual presente en cada uno de nosotros.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y miembro de la Comisión Internacional de la Carta de la Tierra.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

Balance de 2019: el imperio de la impostura

Fuera de los grandes empresarios que aplauden calurosamente al ministro de la Economia Paulo Guedes porque ganan con la crisis, el balance de 2019 en la perspectiva de las víctimas de los ajustes fiscales, de los que perdieron derechos en la reforma de la seguridad social y de los resistentes es repudiable.

Aquí se ha instalado el imperio de la impostura. Un presidente que debería dar ejemplo al pueblo de las virtudes que todo gobernante debe tener, realizó actos premeditados que en el lenguaje religioso, bien entendido por él, son verdaderos pecados mortales. Para la moral cristiana más tradicional es pecado mortal calumniar a ciertas ONGs, así como al actor Leonardo di Caprio culpándolos de incentivar los incendios de la Amazonia o difamar al reconocido educador Paulo Freire y al científico Ricardo Galvão o mentir contumazmente mediante fake news y alimentar odio y rencor contra homoafectivos, LGBTI, indígenas, quilombolas, mujeres y nordestinos. La lentitud en el enjuiciamiento de las masacres de Brumadinho y de Mariana en el Minas Gerais está mostrando la insensibilidad de las autoridades. Algo parecido ocurrió con el ignoto derrame de petróleo en 300 playas de 100 municipios del Nordeste de Brasil.

No cabe a nadie juzgar su intención subjetiva. Eso es cosa de Dios. Pero cabe hacer un juicio sobre hechos y actos, por tanto realidades objetivas y concretas para las cuales cabe un juicio ético y teológico. Tal actitud inmoral fue entendida por muchos como carta blanca para deforestar más, asesinar a líderes indígenas y para volver a la policía más violenta y hasta asesina.

Estamos viviendo bajo el imperio de la impostura en el campo nacional e internacional. Un psicoanalista francés, Roland Gori, escribió un libro provocador La fabrique des imposteurs (Paris 2013). Para él, el impostor es aquel que prefiere los medios a los fines, que niega las verdades científicas, que distorsiona la realidad solar, que no se rige por valores porque es solo un oportunista, que afirma algo y después lo niega conforme a sus conveniencias, que practica el arte de engañar a las personas en vez de emanciparlas mediante el pensamiento crítico, que desprecia el cuidado por el medio ambiente, que pasa por encima de las leyes, que desprecia a los pobres y no conoce lo que es el amor ni la piedad.

Lo que he transcrito aquí está referido en el libro La fabrique des imposteurs y representa un retrato de la atmósfera de impostura reinante en las más altas instancias políticas de Brasil.

Las medidas contra la educación, la salud, la ciencia, el medio ambiente y los derechos humanos concretan la más ruda impostura contra todo lo que de positivo se ha construido en los últimos decenios. Estamos siendo conducidos a un estadio regresivo, anterior al iluminismo, a una mentalidad fundamentalista de rasgo fascistoide.

Tal vez el acto más humillante para nosotros fue el gesto de vasallaje explícito del actual gobernante al presidente de USA, haciendo continencia militar a la bandera norteamericana y además  ofreciéndole lo que podía sin recibir nada a cambio. Fue risible y ridículo cuando en una recepción de jefes de estado le dijo a Trump “I love you”, y recibió solo 17 segundos de atención.

La impostura avanza vehementemente, en primer lugar en USA donde el presidente Trump, según repite Paul Krugman, Nobel de economía, es un peligro para la humanidad. Miente hasta más no poder y se justifica diciendo que son “verdades alternativas”. Igual impostura ocurre en los países ultra neoliberales donde el pueblo se rebela como en Chile, en Ecuador, en Colombia, culminando con un golpe de estado contra la población indígena y su representante en Bolivia, Evo Morales Ayma, lanzando al pueblo al hambre y la desesperación.

Una impostura peligrosa ocurrió en la COP25 en Madrid, en donde contra todas las evidencias y datos científicos predominaron los negacionistas del calentamiento global, Brasil incluido. Contra ellos, el informe final recoge la advertencia de la ONU: “Si no hacemos nada, la temperatura puede aumentar de 4-5 grados al final de este siglo”. Con estos niveles, la vida que conocemos no subsistirá. Será un verdadero Armagedón ecológico. Nuestra especie correrá peligro.

No obstante esta atmósfera tenebrosa, toca celebrar la liberación de Lula, víctima de la aplicación del law fare, instrumento de persecución política con el objetivo de encarcelarlo. Así ocurrió.

Termino con las graves palabras del premio Nobel de medicina de 1974, Christian de Duve: “La perspectiva no es sólo preocupante: es aterradora. Si no conseguimos contener el crecimiento demográfico (podría haber dicho el calentamiento global) racionalmente, la selección natural hará eso por nosotros irracionalmente, a costa de privaciones sin precedentes y de daños irreparables al medio ambiente. Tal es la lección que nos ofrecen los cuatro mil millones de años de la historia de la vida en la Tierra” (Polvo vital 1997, 369).

Igualmente lo enfatizaba el Papa Francisco en su encíclica ecológica: “las previsiones catastróficas no se pueden mirar con desprecio e ironía” (n.161). La impostura nos hace sordos a estos clamores. Por esa causa, si no hacemos cambios fundamentales, el destino humano difícilmente escapará de una tragedia.

*Leonardo es teólogo y filósofo y ha escrito: A saudade de Deus-a força dos pequenos, a salir por Trotta en España y Dabar por Mexico en 2020.

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