Resgatar a atmosfera do Natal de sempre

O Natal virou uma grande festa profana. A figura do menino Jesus foi substituída pelo Papai Noel que por sua vez substituíu o santo bispo Nicolau (século III) que os alemães e holandeses chamam de Santa Klaus.Ele vinha de uma família rica,se vestia de bispo,colocava um saco às costas e distribuía presentes às crianças,especialmente às mais pobres.Mesmo com estas mudanças, algo de perene se conservou: o amor às crianças, o encontro de todos ao redor da mesa,a alegria de conviver (embora nunca devemos esquecer aqueles que não podem ter nada disso e são milhões). Repasso um video que nos traz à mente o Natal da infância de muitos de nós, com seu idílio e sacralidade.Lboff

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La Navidad de los Herodes de hoy

La Navidad tiene siempre su idilio.No puede haber tristeza cuando nace la vida, especialmente cuando viene al mundo el puer aeternus, el Niño Divino, Jesús. Hay ángeles que cantan, la estrella de Belén que brilla, los pastores que velan por la noche su rebaño.Pero allí están principalmente María, el buen José y el Niño acostado en un pesebre, “porque no había sitio para ellos en la posada”. Y he aquí que aparecieron, también venidos de Oriente, unos sabios, llamados magos, que abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra, símbolos misteriosos.

Pero había también un rey malo, Herodes, cruelísimo hasta el punto de ejecutar a toda su familia. Oyó que había nacido en la ciudad de David, Belén, un niño que sería el Salvador. Temiendo perder el trono, mandó matar en Belén y sus alrededores a todos los niños menores de dos años.

Los textos sagrados conservan un lamento de los más lacerantes de todo el Nuevo Testamento: ”En Ramá se oyó una voz, muchos llantos y muchos gemidos. Es Raquel que llora a sus hijos y no quiere ser consolada porque ya no existen” (Evangelista Mateo 2,18).

La Navidad de este año nos trae a la mente a los Herodes actuales que están diezmando a nuestros niños y jóvenes. Entre 2007-2019, 57 niños y jóvenes menores de 14 años murieron en Brasil por balas perdidas en acciones policiales. Solo en este año de 2019 en Rio de Janeiro, perdieron la vida 6 niños y 19 adolescentes en acciones policiales, informa la Plataforma Fuego Cruzado. En la región metropolitana de Rio ha habido 6.058 tiroteos con arma de fuego, con 2.301 personas baleadas, de las cuales 1.213 fueron muertas y 1.088 gravemente heridas. El caso más clamoroso fue el de la niña de 8 años Agatha Félix muerta por un disparo de fusil en la espalda cuando se encontraba dentro de una furgoneta kombi yendo para casa con su madre.

Sus nombres merecen ser mencionados. Con pocos años más, tuvieron el mismo destino de los muertos por Herodes: Jenifer Gomes,11 años; Kauan Peixoto 12 años; Kauã Rozário 11 años; Kauê dos Santos 12 años; Agatha Félix 8 años; Ketellen Gomes 5 años.

El gobernador de Río de Janeiro, con su policía feroz, está siendo acusado de crímenes contra la humanidad, pues manda atacar a las comunidades con helicópteros y drones, aterrorizando a la población. El alcalde Marcelo Crivella confesó que en las 436 escuelas instaladas en las comunidades, debido a los operativos policiales, los niños perdieron 7000 horas de aula.

Junto con la madre de Agatha Félix, Vanessa Francisco Sales, que llevaba en el entierro la muñeca de su hijita, se hacen oír las mismas voces que las de la Raquel bíblica: las madres del Morro do Alemão, de Jacarezinho, de la Chatuba de Mesquita, de la Vila Moretti de Bangu, del Complejo de Chapadão, de Duque de Caxias, de Vila Cruzeiro en el Complexo de Penha, de Maricá. Escuchemos sus lamentos:

Se oyen muchas voces, muchos llantos y muchos gemidos. Las madres lloran a sus hijos queridos, muertos por balas perdidas; no quieren consolarse porque han perdido a sus niños para siempre. Piden una respuesta que no viene de ninguna parte. Entre lágrimas y muchas lamentaciones suplican: paren de matar a nuestros niños. Paren, por el amor de Dios. Queremos a nuestros hijos vivos. Queremos justicia”.

Este es el contexto de esta Navidad de 2019, agravado por una política oficial que usa los medios perversos de la mentira, de las fake news, de mucha rabia y odio visceral. Jesús nació pobre y vivió pobre toda su vida. Y surge un presidente que tiene frecuentemente a Jesús en sus labios pero no en su corazón, porque difunde ofensas a homoafectivos, a negros, a indígenas, a quilombolas y a mujeres.

Dice abiertamente que no le gustan los pobres, es decir, no le gustan aquellos de los cuales Jesús dijo: “bienaventurados los pobres” y los llamó “mis hermanos y hermanas menores”, y que en el ocaso de la vida serán nuestros jueces (Mt 25,40). Que no le gusten los pobres significa que no quiere gobernar para la mayoría de los brasileros que son pobres y hasta miserables, para los cuales debería gobernar primeramente y cuidarlos.

A pesar de todo eso, hay que celebrar la Navidad. Está oscuro, pero festejamos la humanidad y la jovialidad de nuestro Dios. Él se se hizo niño indefenso. Qué felicidad saber que seremos juzgados por un niño que solo quiere jugar, recibir y dar cariño.

Que la Navidad nos conceda un poco de aquella luz que viene de la Estrella que llenó de alegría a los pastores de los campos de Belén y que orientó a los sabios-magos hacia la gruta. “Su luz ilumina a todas las personas que vienen a este mundo” (Jn 1,9), a ti y a mí, a todos, no solo a los bautizados”. Feliz Navidad.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Navidad, sol de la esperanza, historias, poesías y símbolos, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2007.

Si Sócrates viviese hoy moriría de tristeza

Vivimos el tiempo de los pos: pos-moderno, pos-capitalista, pos-neoliberal, pos-comunismo, pos socialismo, pos-democracia, pos-religioso, pos-cristiano, pos-humano y recientemente pos-verdad. Prácticamente todo tiene su pos. Tal hecho denota solamente que no hemos encontrado todavía el nombre que defina a nuestro tiempo, y estamos viviendo rehenes del viejo. Sin embargo, aquí y allá asoman señales de que algún nombre adecuado está por llegar. En otras palabras, no sabemos aún cómo definir la identidad de nuestro tiempo.

Así ocurre con la expresión posverdad. Esta fue acuñada por un dramaturgo serbio-norteamericano, Steve Tesich, en un artículo de la revista The Nation de 1992 y retomada después por él al referirse irónicamente al escándalo de la Guerra del Golfo. El presidente Bush hijo, reunido con todo el Gabinete, pidió permiso para retirarse algunos minutos. Fundamentalista como era, iba a consultar al buen Señor. Dice, “de rodillas pedí al Buen Señor luces para la decisión que iba a tomar; tuve claro que debíamos ir a la guerra contra Saddam Hussein”. Las informaciones más seguras afirmaban que no había armas de destrucción masiva. Era una posverdad. Pero gracias al “Buen Señor”, contra todas las evidencias, reafirmó: “Vamos a la guerra”. Y, bárbaros, fueron y destruyeron una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

El diccionario Oxford de 2016 la escogió la posverdad como la palabra del año. La define así: “Lo que es relativo a la circunstancia en la cual los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones y creencias personales”. No importa la verdad; sólo cuenta la mía. El periodista británico Matthew D’Ancona le dedicó un libro entero titulado “Pos-verdad: la nueva guerra contra los hechos en tiempos de fake news (Faro Editorial 2018). En él muestra como se da el predominio de la creencia y de la convicción personal sobre el hecho bruto de la realidad.

Es doloroso verificar que toda la tradición filosófica de Occidente y de Oriente, que significó un esfuerzo exhaustivo en la búsqueda de la verdad de las cosas, está siendo ahora invalidada por un inaudito movimiento histórico que afirma que la verdad de la realidad y la dureza de los hechos es algo irrelevante. Lo que cuenta son mis creencias y convicciones: sólo serán acogidos aquellos hechos y aquellas versiones, sean verdaderas o falsas, que encajan con estas creencias y convicciones mías. Ellas representarán para mí la verdad. Esto funcionó ampliamente en las campañas presidenciales de Donald Trump y de Jair Bolsonaro.

Si Sócrates, que dialogaba incansablemente con sus interlocutores sobre la verdad de la justicia, de la belleza y del amor, constatase el predominio de la posverdad, seguramente no necesitaría tomar la cicuta: Moriría de tristeza.

La posverdad denota la profundidad de la crisis de nuestra civilización. Representa la cobardía del espíritu que no consigue ver y convivir con aquello que es. Tiene que deformarlo y acomodarlo al gusto subjetivo de las personas y de los grupos, generalmente políticos.

Aquí son oportunas las palabras del poeta español, Antonio Machado, huido de la persecución de Franco: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Ahora vergonzosamente ya no es necesario buscar juntos la verdad. Educados como individualistas por la cultura del capital, cada uno asume como verdad la que le sirve. Pocos se enfrentan con la verdad “verdadera” y se dejan medir por ella. Pero la realidad resiste y se impone y nos da duras lecciones.

Bien observaba Ilya Prigogine, premio Nobel de termodinámica en su libro “El fin de las certidumbres” (1996): vivimos el tiempo de las posibilidades más que de las certidumbres, lo que no impide buscar la verdad de las leyes de la naturaleza. Zygmunt Bauman prefería hablar “de las realidades líquidas” como una de las características de nuestro tiempo. Lo decía más bien con ironía, pues de este modo se sacrificaba la verdad de las cosas (de la vida, del amor etc). Sería el imperio del everything goes: del todo vale. Pero sabemos que no todo vale, como violar a un niño o ser caumniado por alguien.

La posverdad no se identifica con las fake news: estas son mentiras y calumnias difundidas a millones por los medios digitales en contra de personas o partidos. Tuvieron un papel decisivo en la victoria de Bolsonaro así como en la de Trump. Aquí se da por válido el descaro, la falta de carácter y una total falta de compromiso con los hechos. En la posverdad predomina la selección de aquello, verdadero o falso, que se adecúa a mi visión de las cosas o a mis intereses. Su defecto es la falta de crítica y de discernimiento para buscar lo que es realmente verdadero o falso.

No creo que estemos ante una era de la “posverdad”. Lo que es perverso no tiene cómo sustentarse por sí mismo para fundar una nueva era. La palabra decisiva la tiene siempre a la verdad cuya luz nunca se apaga.

*Leonardo Boff es filósofo y ha escrito Tiempo de Transcendencia: el ser humano como proyecto infinito, Mar de Ideias, Rio 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

 

 

L.Boff:La agonía de una civilización tan globalizada como excluyente

 

Sergio Ferrari é um jornalista argentino, vevendo na Suiça e se notabilizou por entrevistas importantes sobre a realidade latino-americana, política e eclesial. É reconhecido por sua competência e compromisso pelos que são vítimas do sistema imperante.Pertence a organizações de ajuda no Brasil e na Africa. Publicamos aqui uma entrevista que lhe dei recentemente. Lboff

elmercuriodigital.- diciembre 12, 2019

Leonardo Boff, defensor de derechos humanos
* 40 años del Centro de Defensa de Derechos Humanos de Petrópolis
* “Un retorno al Brasil dictatorial”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Leonardo BOff. Foto Sergio Ferrari

 

Sergio Ferrari*.- Las señales que lanza la sociedad planetaria son preocupantes. “Estamos en medio de una crisis fundamental, ingresando en una era de barbarie, donde los derechos esenciales se desvanecen”, reflexiona Leonardo Boff. Militante social, co-iniciador de la Teología de la Liberación, uno de los impulsores de la Carta de la Tierra en el año 2000, premio Nobel alternativo en el 2001, Boff sintetiza las más variadas facetas de hombre de reflexión y acción. Aportando en esta reflexión la impronta del defensor de derechos humanos, una de los más marcantes en su Brasil natal, aunque de las menos conocidas en el exterior. Entrevista exclusiva realizada a los 40 años del nacimiento del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, en el Estado de Río de Janeiro, que Boff contribuyó a fundar en 1979 y del cual, en la actualidad, sigue siendo su presidente.

Pregunta: El Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis (CDDH) nació durante la última dictadura brasilera. ¿Qué significaba entonces, en concreto, defender los derechos esenciales de los brasileros?

Leonardo Boff: Nació como respuesta a la agresión sistemática de los derechos humanos de parte del gobierno militar, que consideraba como subversivos a todos los que eran opositores. En ese momento fue esencial la lucha por la democracia, ya que constituía una reivindicación esencial, prohibida por los militares. Sin embargo, desde el principio, tuvimos como lema “Servir a la vida”. Que expresaba el deseo de ir más allá de una visión meramente jurídica de los derechos, poniendo en el centro la vida amenazada. Este Centro fue esencial en la ciudad de Petrópolis, donde todavía habito, que, dada su topografía montañosa, era escenario de continuos deslizamientos de tierras que provocaban numerosas víctimas. El CDDH ayudó a mucha gente -con la cooperación entre todos-, a reconstruir sus casas o hacerlas nuevas. Pensábamos, ya entonces, en la vida como concepto integral, incorporando también la vida de la naturaleza. Desde el principio las luchas se centraron en la defensa de los derechos de los más pobres que viven en las periferias. Empezando por crear conciencia sobre sus derechos de tal forma que pudiesen ser protagonistas de sus propias reivindicaciones.

P: Es decir, la defensa de los derechos humanos desde la perspectiva y la centralidad de los actores sociales marginados…

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Leonardo Boff.
Foto Douglas Mansur

LB: En efecto. En estos años se dio una intensa tarea de concientización y educación sobre los derechos, siempre, insisto, en la perspectiva de los pobres. Era para nosotros claro que el primer derecho es a la vida y a los medios de subsistencia. Luego, los demás, como, los de expresión, de ciudadanía etc. Siempre con la preocupación de crear comunidades, en las cuales los pobres pudieran discutir sus problemas y con nuestro apoyo, buscar ellos mismos soluciones viables. Como la ciudad de Petrópolis es política y socialmente muy conservadora – Ndr. fue la sede del Emperador Pedro II, de donde deriva su nombre- casi no existían organizaciones comprometidas con la justicia social. Con encuentros y cursos sobre derechos sociales, logramos promover una visión liberadora más crítica al sistema imperante. Priorizando desde siempre el trabajo con los jóvenes.

P: Nos podría dar un ejemplo de alguno de los proyectos emblemáticos…

LB: Para mí el proyecto más significativo fue el que denominamos “Pan y Belleza”. Se aseguraba el alimento básico de cerca de 300 personas que vivían en la calle.
Podían llegar, ducharse, vestir ropas limpias – recogidas gracias a donaciones- y contar con una comida abundante y muy buena. Después, por la tarde, era el momento de la belleza. Consistía en rescatar su identidad, empezando por el uso de sus nombres, ya que la gran mayoría solo tenía apodos. Se les apoyaba en mantener su salud; se alfabetizó a muchos; se socializaban testimonios; se compartían actividades culturales; y, si era posible, tratábamos de proponerles un trabajo para promover su autonomía.

Bolsonaro se aprovechó de las debilidades del PT

P: 40 años después, Brasil vuelve a vivir una realidad compleja e incierta, incluso de la perspectiva de la defensa de los derechos humanos. ¿Cómo analiza hoy, casi un año después, la victoria de Jair Bolsonaro que reivindica, incluso, a la dictadura militar brasilera? ¿Qué falló en la pedagogía popular como para facilitar este tropezón histórico?

LB: Es una pregunta muy complicada. Hay que comenzar analizando el hecho que las oligarquías dominantes nunca han aceptado que un hijo de la pobreza, sobreviviente del hambre, llegara a ser presidente. Esos grupos de poder solo toleraron a Lula siempre y cuando respetara sus mecanismos de acumulación, la que desde siempre estuvo entre las más altas y concentrada del mundo. Lula, por su parte, en los años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), logró sacar de la miseria a cerca de 40 millones de personas. Implementando programas sociales como “Mi casa, mi vida”, que aseguró a millones una vivienda digna, o “Luz para todos”, que iluminó aun los rincones más alejados del país. Permitió, además, a jóvenes negros y empobrecidos, realizar estudios, incluso universitarios. Sin embargo, hubo un problema estratégico del PT de negociar alianzas en el parlamento -donde era minoría- con partidos sin ninguna sensibilidad social. Y perdió una parte del contacto con las bases populares que habían llevado a Lula al gobierno. También hubo corrupción que contaminó a miembros importante del equipo de Lula y de su sucesora Dilma Rousseff. Se les convirtió en chivo expiatorio de la corrupción cuando en realidad, el PT ocupaba solo el décimo lugar en el ranking entre los partidos políticos brasileros corruptos.

Hay que agregar al análisis, además, que, en los últimos años, en muchas partes del mundo, la derecha ha ganado fuerza, especialmente a partir del apoyo explícito del presidente norteamericano Donald Trump.

En Brasil, todos esos elementos, promovieron una atmósfera anti-PT. Y desde los mismos Estados Unidos se promovió una estrategia que instrumentó jueces, parlamentarios y policías, para atacar al Estado acusándole de ineficiente y descalificar a liderazgos populares como al mismo Lula. Incluso enviándole a la cárcel mediante un procedimiento jurídico totalmente irregular, condenado por “una acción indeterminada”, elemento que no existe en ningún código penal en el mundo. Lula fue un prisionero político. En la campaña electoral se difundieron millones de fakes news, de tal forma que Brasil fue contaminado por una ola de odio, rabia y disgregación social. Y en ese contexto, la consigna simplista, fue “hay que cambiar”, abriéndole la puerta a Jair Bolsonaro.

P: Con un programa elitista en lo económico, pero con promesas populistas…

LB: En efecto. Un ex militar, apoyado por los grandes grupos de poder. De extrema derecha, sin ninguna educación, buscando siempre la confrontación, alabando a los torturadores de antaño y las dictaduras militares, tanto de Brasil, como de Chile y Paraguay. Confrontando con palabras ofensivas a la canciller alemana Angela Merkel o al presidente francés Emmanuel Macron y a los candidatos del Frente de Todos de Argentina. Apoyándose en las iglesias neo pentecostales y en sus programas televisivos masivos que manipulan a millones de personas con todo tipo de mensajes mentirosos y distorsionadores. En este ambiente irrumpió Bolsonaro, quien está desmantelando aceleradamente todos los programas de inclusión social de los gobiernos de Lula y Dilma y quitando derechos esenciales a los trabajadores. Hay mucha desesperanza en el país. Incluso hay analistas que piensan que no terminará su mandato ya que las propias oligarquías que lo apoyaron ya no creen en su persona ni en el tipo de economía extremadamente neoliberal, sin ningún crecimiento y restringiendo las inversiones productivas.

“Sociedad posdemocrática, sin leyes”

P: A nivel de derechos humanos: ¿qué representa el Gobierno Bolsonaro?

LB: Es explícitamente homofóbico, se manifiesta contra la población LGBT, contra los negros e indígenas. Tiene un estilo vulgar de comunicación, “a la Trump”, vía Internet, actuando de forma autoritaria por encima de la constitución. Vivimos la realidad de una sociedad posdemocrática y sin leyes. Debido a que defiende la tortura, el acceso de la población a las armas de fuego, y la violencia, ésta ha aumentado considerablemente en el país. Solo el año pasado se registraron más de 65 mil asesinatos.

 

P: ¿Cuáles son las prioridades para los defensores de DDHH y organizaciones sociales?

LB: En esta coyuntura, la lucha es por la defensa de los derechos esenciales de los trabajadores, de las minorías sometidas y de los más pobres, de los cuales Bolsonaro nunca habla y a los que desprecia. En cuanto a derechos humanos, estamos volviendo al tiempo de la dictadura militar, cuando se trataba de salvar vidas secuestradas, torturadas…Ahora, la ola de violencia es animada por un presidente que en tanto candidato alabó la represión y a los torturadores. Los que usan la violencia, en particular contra los pobres y negros, se sienten respaldados por la máxima autoridad del país. Bolsonaro vive una paranoia que le lleva a ver en cualquier oposición la presencia “comunista” y que le lleva a sentirse víctima de una conspiración mundial. Ha estimulado la deforestación de la Amazonía, abierta completamente a las empresas mineras de USA y de China y promueve una visión claramente anti indígena. Los grandes incendios de extensos territorios amazónicos cuentan con el beneplácito del presidente, lo que está provocando un enorme escándalo nacional e internacional.

P: ¿Es decir, es de nuevo el momento de la defensa de los derechos humanos en su sentido más tradicional?

LB: En la etapa precedente muy diversos actores de base habían avanzado mucho en conceptualizar y promover los derechos sociales, los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Siento que ahora estos temas han perdido centralidad. Se trata hoy de salvaguardar los derechos humanos básicos, profundamente afectados. Sin embargo, se mantiene abierta la reflexión, especialmente la que se dio previa al Sínodo para la Amazonía, en torno a los derechos de la naturaleza. Brasil puede ofrecer un aporte significativo al conjunto del planeta a través de sus selvas y grandes ríos que sirven como filtros de absorción de CO2.

“Seres humanos que no reconocen a otros como humanos”

P: El repliegue nacionalista que promueve el gobierno brasilero coincide con proyectos xenofóbicos y con los muros antinmigrantes que se refuerzan en otras regiones del mundo, ya sea en Europa o en los mismos Estados Unidos de Norteamérica …

LB: Siento que estamos en medio de una crisis fundamental de civilización e ingresando en una era de barbarie. Donde se debilita la solidaridad entre los seres humanos y aumentan los oídos sordos hacia los gritos de la naturaleza y la Tierra. Nos estamos dando cuenta que no tenemos soluciones para los problemas que nosotros mismos hemos creado. En verdad, hemos convertido el Jardín del Edén en un matadero y el ser un humano en vez de ser su cuidador se transforma en el Satán de la Tierra. Cuando una civilización globalizada como la nuestra no logra incluir a todos, expresa que está agónica y camina rumbo a un desastre ecológico-social sin precedentes. Vivimos en una emergencia humanitaria, en la que seres humanos no reconocen a otros como humanos. Me refiero a seres que merecerían respeto y afirmación de sus derechos. Su negación constituye una especie de condena a muerte. De hecho, muchos mueren diariamente sea en las aguas del Mediterráneo, tratando de llegar a Europa, o en los senderos latinoamericanos rumbo a los Estados Unidos.

*Sergio Ferrari, en colaboración con la Fundación solidaria suiza COOPERAXION, con proyectos de apoyo a los movimientos sociales en Brasil y Liberia