Basta de desgracias: el ex juez Moro, candidato

Como si no bastase el horror de la pandemia de Covid-19 que ha producido más de 600 mil víctimas y una crisis generalizada a todos los niveles en nuestro país, tenemos que presenciar ahora el lanzamiento de la candidatura a la presidencia nada menos que del ex juez Sérgio Moro, declarado parcial por el STF.

Él representa la estirpe derechista del Capitán que ha traído la mayor desgracia y vergüenza a nuestro país, por su incompetencia en el trato de la pandemia, porque le falta cualquier indicio de un proyecto nacional, por establecer la mentira como política de Estado, por su absoluta incapacidad para gobernar y por dar claras señales de comportamiento desviado. Miente tan perfectamente que parece verdad la mentira de la cual es consciente. La victoria del Capitán es fruto de un inmenso y bien tramado fraude para suscitar el antipetismo, poniendo la corrupción endémica del país como si fuese cosa exclusiva del PT, cuando sabemos que la del mercado (evasión fiscal de las empresas) es decenas de veces mayor que la política, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión deformada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los afrodescendientes, los quilombolas, los pobres, los homoafectivos, los LGBTI, y divulgando millones de fake news, calumniando con difamación perversa al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales falsas noticias, las creyeron. 

Detrás del triunfo de esta extrema-derecha, han actuado fuerzas del imperio, particularmente de la CIA y de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, como ha sido revelado por varios analistas del área internacional. Ahí también han actuado las clases pudientes, notorios corruptos por evadir mil millones de impuestos anuales, una parte del Ministerio Público, las operaciones del Lava-Jato, teñidas de intención política, para estremecimiento del derecho y de la exención necesaria, parte del STF, ycon expresiva fuerza el oligopolio mediático y la prensa empresarial conservadora, que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el actual descalabro sanitario, político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. La mayoría de ellas ha estado y está contaminada por motivaciones políticas conservadoras y por el deseo de alejar a Lula y al PT de la escena política, por representar las reivindicaciones de las grandes mayorías explotadas y empobrecidas, colocadas siempre al margen.

La justicia ha sido vergonzosamente parcial, y lo ha sido especialmente por parte del justiciero ex juez federal de primera instancia, ahora candidato, que hizo de todo para meter a Lula en la cárcel, aun sin pruebas materiales para tanto. Él siempre se ha movido no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por el impulso de rencor y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas para en el fondo encubrir el entrenamiento recibido de los órganos de seguridad de Estados Unidos en el uso del law fare. Consiguió impedir que Lula fuese candidato a la presidencia, cuando contaba con la mayoría de las intenciones de voto, y hasta le secuestraron el derecho a votar.

Ahora Moro se presenta como candidato a la presidencia arrebatando al Capitán la bandera del combate contra la corrupción, cuando él se distinguió por actos corruptos y por conchabarse con los grandes contratistas para hacer delaciones forzadas que incriminasen a Lula y a miembros del PT.

La victoria fraudulenta del Capitán (principalmente mediante los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Esta ya existía en el país a niveles insoportables (los más de 30 a 40 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente sigue alimentando. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un angustioso vacío de esperanza.

Este escenario adverso al derecho y a todo lo que es justo y recto ha afectado nuestras mentes y nuestros corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen militarizado y de excepción, en tiempo de pos-democracia (R.R. Casara). Ahora es importante rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de esta crisis sin precedentes en nuestra historia.

Tenemos que superarla, no considerando la situación actual como una tragedia que no tiene remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de esta escabrosa situación y salir más maduros, experimentados y seguros, también de la pandemia, para definir un nuevo camino más justo, democrático y popular.

Urge aplicar el principio esperanza, que es ese impulso interior que nos lleva a movernos siempre y a proyectar sueños y proyectos viables. Son los que nos permiten sacar sabias lecciones de las dificultades y de los eventuales fracasos y nos hacen más fuertes en la resistencia y la lucha. Recordemos el consejo de Don Quijote: “no podemos aceptar la derrota sin dar antes todas las batallas”. Las daremos y venceremos.

Importa evitar, dentro de la democracia, la continuidad del actual y peor proyecto para el país, trenzado de odio, persecución, negacionismo de la ciencia y de la gravedad letal de la Covid-19, ejecutado actualmente por el Capitán y sus paniguados y, suponemos, prolongado por el ex juez candidato a la presidencia, cuyas características parecen confundirse con las del Innombrable. Esta vez no debemos errar.

*Leonardo Boff ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El ex juez Moro, candidato: basta de desgracias

Leonardo Boff*

Como si no bastase el horror de la pandemia de Covid-19 que ha producido más de 600 mil víctimas y una crisis generalizada a todos los niveles en nuestro país, tenemos que presenciar ahora el lanzamiento de la candidatura a la presidencia nada menos que del ex juez Sérgio Moro, declarado parcial por el STF.

Él representa la estirpe derechista del Capitán que ha traído la mayor desgracia y vergüenza a nuestro país, por su incompetencia en el trato de la pandemia, porque le falta cualquier indicio de un proyecto nacional, por establecer la mentira como política de Estado, por su absoluta incapacidad para gobernar y por dar claras señales de comportamiento desviado. Miente tan perfectamente que parece verdad la mentira de la cual es consciente. La victoria del Capitán es fruto de un inmenso y bien tramado fraude para suscitar el antipetismo, poniendo la corrupción endémica del país como si fuese cosa exclusiva del PT, cuando sabemos que la del mercado (evasión fiscal de las empresas) es decenas de veces mayor que la política, defendiendo algunos valores de nuestra cultura tradicionalista, ligada a un tipo de familia moralista y a una comprensión deformada de la cuestión de género, alimentando prejuicios contra los indígenas, los afrodescendientes, los quilombolas, los pobres, los homoafectivos, los LGBTI, y divulgando millones de fake news, calumniando con difamación perversa al candidato Fernando Haddad. Informaciones seguras constataron que cerca del 80% de las personas que recibieron tales falsas noticias, las creyeron. 

Detrás del triunfo de esta extrema-derecha, han actuado fuerzas del imperio, particularmente de la CIA y de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, como ha sido revelado por varios analistas del área internacional. Ahí también han actuado las clases pudientes, notorios corruptos por evadir mil millones de impuestos anuales, una parte del Ministerio Público, las operaciones del Lava-Jato, teñidas de intención política, para estremecimiento del derecho y de la exención necesaria, parte del STF, ycon expresiva fuerza el oligopolio mediático y la prensa empresarial conservadora, que siempre ha apoyado los golpes y se siente mal con la democracia.

La consecuencia es el actual descalabro sanitario, político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Funcionan selectivamente para algunos. La mayoría de ellas ha estado y está contaminada por motivaciones políticas conservadoras y por el deseo de alejar a Lula y al PT de la escena política, por representar las reivindicaciones de las grandes mayorías explotadas y empobrecidas, colocadas siempre al margen.

La justicia ha sido vergonzosamente parcial, y lo ha sido especialmente por parte del justiciero ex juez federal de primera instancia, ahora candidato, que hizo de todo para meter a Lula en la cárcel, aun sin pruebas materiales para tanto. Él siempre se ha movido no por el sentido del derecho, sino por el law fare (distorsión del derecho para condenar al acusado), por el impulso de rencor y por convicción subjetiva. Se dice que estudió en Harvard. Allí estuvo solo cuatro semanas para en el fondo encubrir el entrenamiento recibido de los órganos de seguridad de Estados Unidos en el uso del law fare. Consiguió impedir que Lula fuese candidato a la presidencia, cuando contaba con la mayoría de las intenciones de voto, y hasta le secuestraron el derecho a votar.

Ahora Moro se presenta como candidato a la presidencia arrebatando al Capitán la bandera del combate contra la corrupción, cuando él se distinguió por actos corruptos y por conchabarse con los grandes contratistas para hacer delaciones forzadas que incriminasen a Lula y a miembros del PT.

La victoria fraudulenta del Capitán (principalmente mediante los millones de fake news) legitimó una cultura de la violencia. Esta ya existía en el país a niveles insoportables (los más de 30 a 40 mil asesinatos anuales), pero ahora se siente legitimada por el discurso de odio que el candidato y ahora presidente sigue alimentando. Tal realidad siniestra ha traído como consecuencia un fuerte desamparo y un angustioso vacío de esperanza.

Este escenario adverso al derecho y a todo lo que es justo y recto ha afectado nuestras mentes y nuestros corazones de forma profunda. Vivimos en un régimen militarizado y de excepción, en tiempo de pos-democracia (R.R. Casara). Ahora es importante rescatar el carácter político-transformador de la esperanza y de la resiliencia, las únicas que nos podrán sostener en el marco de esta crisis sin precedentes en nuestra historia.

Tenemos que superarla, no considerando la situación actual como una tragedia que no tiene remedio, sino como una crisis fundamental que nos obliga a resistir, a aprender de esta escabrosa situación y salir más maduros, experimentados y seguros, también de la pandemia, para definir un nuevo camino más justo, democrático y popular.

Urge aplicar el principio esperanza, que es ese impulso interior que nos lleva a movernos siempre y a proyectar sueños y proyectos viables. Son los que nos permiten sacar sabias lecciones de las dificultades y de los eventuales fracasos y nos hacen más fuertes en la resistencia y la lucha. Recordemos el consejo de Don Quijote: “no podemos aceptar la derrota sin dar antes todas las batallas”. Las daremos y venceremos.

Importa evitar, dentro de la democracia, la continuidad del actual y peor proyecto para el país, trenzado de odio, persecución, negacionismo de la ciencia y de la gravedad letal de la Covid-19, ejecutado actualmente por el Capitán y sus paniguados y, suponemos, prolongado por el ex juez candidato a la presidencia, cuyas características parecen confundirse con las del Innombrable. Esta vez no debemos errar.

*Leonardo Boff ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Chega de desgraça: o ex-juiz Moro candidato

         Como se não bastasse o horror da pandemia do Covid-19 que vitimou mais de 600 mil pessoas e a crise generalizada em todos os níveis de nosso país, temos que assistir agora ao lançamento da candidatura à presidência nada menos do que do ex-juiz Sérgio Moro, declarado parcial pelo STF.

        Ele representa a estirpe direitista do Capitão que trouxe a maior desgraça e vergonha ao nosso país, por sua criminosa incompetência no trato da pandemia, por lhe faltar qualquer indício de um projeto nacional, por estabelecer a mentira como política de Estado, por absoluta incapacidade de governar e por claros sinais de desvio comportamental . Ele mente tão perfeitamente que parece verdade, a mentira da qual é ciente.

        A vitória do Capitão é fruto de uma imensa e bem tramada fraude, suscitando o antipetismo, colocando a corrupção  endêmica no país, como se fosse coisa exclusiva do PT, quando sabemos ser  a do mercado (sonegação fiscal das empresas), dezenas de vezes maior que a política, defendendo alguns valores de nossa cultura tradicionalista, ligada a um tipo de família moralista  e de uma compreensão distorcida da questão de gênero, alimentando preconceitos contra os indígenas, os afrodescendentes, os quilombolas, os pobres, os homoafetivos, os LGBTI e divulgando  milhões de fake news, caluniando com perversa difamação o candidato Fernando Haddad. Informações seguras constataram que cerca de 80% das pessoas que receberam tais falsas notícias acreditaram nelas.

Por trás do triunfo desta extrema-direita, atuaram forças do Império, particularmente, da CIA e da Secretaria de Estado dos USA como o revelaram vários analistas da área internacional. Ai atuaram também as classes dos endinheirados, notórios corruptos por sonegar anualmente bilhões em impostos, parte do Ministério Público, as operações da Lava-Jato, eivadas de intenção política, ao arrepio do direito e da necessária isenção, parte do STF e com expressiva força o oligopólio midiático e a imprensa empresarial  conservadora que sempre apoiou os golpes e se sente mal com a democracia.

         A consequência é o atual o descalabro sanitário, político, jurídico e institucional. É falacioso dizer que as instituições funcionam. Funcionam seletivamente para alguns. A maioria delas foi e está contaminada por motivações políticas conservadoras e pela vontade de afastar Lula e o PT da cena política por representarem os reclamos das grandes maiorias exploradas e empobrecidas, historicamente sempre postas à margem.

A justiça foi vergonhosamente parcial especialmente o foi pelo justiceiro ex-juiz federal de primeira instância, agora candidato, que tudo fez para pôr Lula na prisão,mesmo sem materialidade criminosa para tanto. Ele sempre  se moveu, não pelo senso do direito, mas pelo law fare (distorção do direito para condenar o acusado), pelo impulso de rancor e por convicção subjetiva. Diz-se que estudou em Harvard. Fez apenas quatro semanas lá, no fundo para encobrir o treinamento recebido  nos órgãos de segurança dos USA no uso da law fare.

Conseguiu impedir que Lula fosse candidato à presidência já que contava com a maioria das intenções de voto e até lhe sequestraram o direito de votar. Agora Moro se apresenta como candidato à presidência,  arrebatando do Capitão a bandeira do combate à corrupção quando ele primou por atos corruptos e por conchavos com as grandes empreiteiras para fazerem delações forçadas que incriminassem a Lula e a membros do PT.

 A vitória fraudulenta do Capitão (principalmente por causa dos milhões de fake news) legitimou uma cultura da violência. Ela já existia no país em níveis insuportáveis (os mais de 30 a 40 mil assassinatos anuais). Mas agora ela se sente legitimada pelo discurso de ódio que o candidato e agora presidente continua a  alimentar. Tal realidade sinistra, trouxe como consequência,  um forte desamparo e um sofrido vazio de esperança.

Este cenário adverso ao direito e  a tudo o que é justo e reto, afetou nossas mentes e corações de forma profunda. Vivemos num regime militarizado e de exceção, num tempo de pós-democracia (R.R. Casara).  Agora importa resgatar o caráter político-transformador da esperança e da resiliência, as únicas que nos poderão sustentar no quadro de uma crise sem precedentes em nossa história.

Temos que dar a volta por cima, não considerar a atual situação como uma tragédia sem remédio, mas como uma crise fundamental que nos obriga a resistir, a aprender desta escabrosa situação e a sair mais maduros, experimentados e seguros, também da pandemia, para definir um novo caminho mais justo, democrático e popular.

Urge ativar o princípio esperança que é aquele impulso interior que nos leva a  nos mover sempre e a projetar sonhos e  projetos viáveis.São eles que nos permitem tirar sábias lições das dificuldades e dos eventuais fracassos e nos tornar mais fortes na resistência e na luta. Lembremos do conselho de Dom Quixote:”não devemos aceitar a derrota sem antes de dar todas as batalhas”. Daremos e venceremos.  

Importa evitar, dentro da democracia, a continuidade do atual e do pior projeto para o país, urdido de ódio, perseguição, negacionismo da ciência e da gravidade letal do Covid-19. É operado atualmente pelo Capitão e seus apaniguados e, supomos, prolongado pelo ex-juiz, candidato à presidência, cujas características, parece, se confundir  com aquelas do Inominável. Desta vez não nos é permitido errar.

Leonardo Boff escreveu: Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.

El fracaso de la COP26: ausencia de la razón cordial y sensible

Leonardo Boff*

Es un lugar común decir, como en tantas pancartas de los manifestantes de la calle fuera de la gran Asamblea de las distintas COPs: “Lo que tiene que cambiar no es el clima sino el sistema” o también de forma más directa: “el problema no es el cambio climático sino el capitalismo”. En estos mensajes hay mucho de verdad, pero hay que ir más allá: el sistema y el capitalismo son expresiones de algo más profundo, el verdadero desencadenante de los cambios climáticos que se forman dentro del mencionado sistema y del capitalismo.

Por detrás del sistema y del capitalismo hay un tipo de racionalidad que adquirió características monopolísticas y, a veces, tiránicas, pues se impuso a todas las demás formas como la única válida. Se trata de la razón instrumental-analítica y burocrática sin sensibilidad ni cordialidad. Mediante ella se hizo realidad el mantra de los padres fundadores de la modernidad del siglo XVII-XVIII, Descartes, Francis Bacon y otros. Se estableció la voluntad de poder como eje estructurador del mundo a construir; poder entendido como dominación despiadada de la naturaleza, de la vida, de continentes, de pueblos, de clases y de personas. Max Weber, en su texto de 1919 “El oficio y la vocación del científico” afirmó: “El destino de nuestra época, caracterizada por la racionalización, intelectualización y sobre todo, por el desencantamiento del mundo, condujo a los seres humanos a retirar los valores supremos más sublimes de la vida pública”. En efecto, lo que cuenta hoy es el PIB calculado fríamente por los valores materiales producidos. En él todo lo que es valioso y da sentido a la vida humana, como el amor, la amistad, la solidaridad, la compasión, expresiones de la razón cordial, no viene computado. Ese mismo Max Weber en el Espíritu del Capitalismo mostró que el espíritu de cálculo, la racionalidad instrumental-analítica y la dominación burocrática son connaturales al capitalismo. Él no aprecia cualidades en la naturaleza, su esplendor y su rica complejidad, sino solo cantidades a ser explotadas para el disfrute humano. La Tierra es considerada un baúl de recursos que, explotados, producen riqueza material. El ser humano se entiende como “dominus: dueño y señor” de la naturaleza y no parte de ella. Olvida que viene también, como todos los seres, del polvo de la tierra, lo que le hace hermano y hermana universal, sueño mayor de la Fratelli tutti (2020) del Papa Francisco: el frater como alternativa al dominus. El mundo contemporáneo y cibernético ha llevado hasta las últimas consecuencias este destino, duramente criticado en la tercera parte de la encíclica papal Laudato Si (2015): “la raíz humana de la crisis ecológica” (n.101-114). Critica la indiferencia y la falta de sensibilidad hacia los demás humanos y hacia todos los seres de la naturaleza.

Ocurre que el ser humano no posee solo este ejercicio de la razón, forma dominante de organizar y dominar el mundo. Hay en él algo más ancestral que es la razón sensible y cordial. Ella alberga el sentimiento de pertenencia, el universo de los valores éticos, el amor, la empatía, el cuidado y la espiritualidad. Por encima de ella, irrumpe la razón como inteligencia que capta el sentido de todo y nos abre al infinito de nuestro deseo, que busca su adecuado objeto infinito: Aquel ser que hace ser a todos los seres. En estas dos expresiones de la razón –la cordial y la intelectual– se encuentran los valores que nos permiten simultáneamente oír y sufrir con el grito de la Tierra y con el grito del pobre, que nos hacen percibir la red de relaciones e interdependencias establecidas entre todos los seres de la naturaleza y de la humanidad.

Precisamente la razón cordial y la razón intelectual (que lee dentro: intus legere) han estado y están absolutamente ausentes en todas las COPs. En ellas ha predominado la razón utilitaria, económica y los intereses feroces de las grandes corporaciones, cuyo ejército de lobistas presiona a los representantes de todos los pueblos para que no acepten las medidas que perjudican sus negocios y sus capitales, como la eliminación del carbón y la superación gradual de las energías fósiles en dirección a fuentes de energía limpia. Se ha llegado al vergonzoso acto de obligar in extremis a cambiar el texto consensuado, en el mismo momento en que finalizaban los trabajos de la asamblea, por parte del representante de la India, apoyado por China. De no hacerlo, la COP26 habría terminado sin ninguna resolución: “abolir” el uso del carbón se sustituyó por “gradual superación”, lo que permite la continuidad de su uso y así aumentar el CO2. El presidente de la COP26, consciente de las consecuencias, dejó exteriorizar la razón sensible y cordial y lloró. 

Cómo sería de eficaz y transformador si las COPs empezasen mostrando imágenes bellísimas del frágil planeta Tierra colgado en el fondo oscuro del universo. Y después exhibir la devastación que hacemos de las selvas y de ecosistemas enteros en la tierra y en el mar, en el sentido de una ecología ambiental. Y terminar haciendo ver la abismal injusticia social con millones y millones de pobres y hambrientos, en la línea de una ecología política y social. Todo esto crearía las condiciones de una ecología ética y espiritual: comprometerse para preservar el jardín heredado e impedir que lo entreguemos a nuestros hijos y nietos como una estepa. Ahí surgiría, estoy seguro, la necesidad de un lazo afectivo con la naturaleza, y ese lazo, fundado en la razón cordial y sensible, nos llevaría a tomar medidas salvadoras de la vida y de nuestra propia civilización. Sin corazón no hay solución para los climas ni para la vida sobre este pequeño y amable planeta Tierra.

Urge enriquecer la razón instrumental-analítica, necesaria frente a la complejidad de nuestras sociedades, con la razón cordial y la razón intelectual. Tendríamos entonces la base de un nuevo paradigma de convivencia, o mejor, de convivialidad entre todos, de la técnica con la poesía, de la producción con la amorosidad, del ser humano con su Casa Común, incluida la naturaleza.

*Leonardo Boff ha escrito Los derechos del corazón, Trotta 2015, y El cuidado esencial: ética de lo humano – compasión por la Tierra, Trotta 2002.

Traducción de Mª José Gavito Milano