“Querida Amazonia”: una inculturación truncada

La Exhortación Apostólica “Querida Amazonia” del Papa Francisco es un himno a la magnitud y a la belleza de ese inmenso bioma que se extiende por nueve países de América Latina. El Papa se dio cuenta como pocos de la importancia de la Amazonia para el futuro del equilibrio ecológico y de la supervivencia del sistema-vida en el planeta.

Dividió su exposición, en la cual cita a nuestros autores y poetas, en cuatro sueños: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial. Comparto totalmente tres sueños y medio. La segunda mitad del cuarto sueño nos parece, a no pocos, más bien una pesadilla. Y explico por qué.

El estilo antes profético, ético, ecológico y poético desaparece. Parece como si otra mano hubiera escrito el texto y, seguramente bajo presión, consiguió incorporarlo al cuarto sueño, transformándolo en una pesadilla. Aquí no habla el pastor sino el doctor, no el profeta que denuncia el sistema mundial anti-vida sino la autoridad doctrinaria que fija una lección teológica.

¿Cuál es el propósito de toda la Exhortación Apostólica? La inculturación de la fe cristiana en el universo de los indígenas de tal forma que surja una Iglesia de rostro amazónico. Tal iniciativa implica prestigiar la sabiduría ancestral, los valores, las costumbres y la forma de ser indígena. De una Iglesia-espejo de la europea, implantada por la colonización, debería surgir una Iglesia-fuente, con raíces en nuestra realidad, especialmente inculturada en los pueblos originarios de la Amazonia.

El Papa Francisco fue quien más estimuló a los participantes del Sínodo Panamazónico para que tuviesen el valor de enfrentarse a este desafío. Esa inculturación para ser real conllevaba obviamente sacerdotes casados, los “viri probati”. Los indígenas no se imaginan a un indígena célibe. El sacerdote debía ser alguien casado. Esta era una petición de las comunidades amazónicas, apoyadas por la mayoría de sus obispos y aprobada mayoritariamente por el Sínodo Panamazónico. Grande fue la decepción cuando se vio que este tipo de sacerdotes casados era rechazado por el cuarto sueño. ¿La inculturación no debería ser completa?

La argumentación para negar el sacerdocio casado se funda en una eclesiología tradicionalista y superada por el Concilio Vaticano II. Este da centralidad, primero al pueblo de Dios y después a la jerarquía a su servicio. La misión del ministro ordenado no es la de concentrar el poder sagrado, sino la de coordinar todos los servicios, dar cohesión y presidir la comunidad. Por el hecho de presidir la comunidad, preside también la celebración eucarística.

La lección doctrinaria de la Exhortación se presenta aquí: “El carácter exclusivo recibido por el sacramento del Orden, deja solo al sacerdote habilitado para presidir la Eucaristía; esta es su función específica, principal y no delegable (n.87)”. Cabe recordar que se está pensando únicamente en el sacerdote célibe. Esta es la doctrina tradicionalista que hace del sacerdote una especie de mago solitario.

Y aquí surgen dos problemas: los fieles según el mandato de Jesús (Jn 6,35; Lc 22,19; 1Cor 11,25) tienen el derecho divino de participar de su cuerpo y sangre eucarísticos. No se puede negar la Eucaristía a los indígenas por no permitirles tener un sacerdote casado. Un derecho humano no puede estar por encima de un derecho divino.

El segundo problema: un sacerdote puede celebrar la Eucaristía él solo pero la comunidad no puede celebrar sola la misma Eucaristía. Sin el sacerdote célibe no hay Eucaristía.

Es importante rescatar una idea antigua y moderna: no se puede imaginar una ordenación en absoluto, sin conexión con la comunidad. El canon 6 del Concilio más importante de todos, el de Calcedonia (451), consideró inválida toda ordenación absoluta.

Durante los primeros mil años de cristianismo estuvo en vigor la siguiente norma: quien preside la comunidad, preside también la Eucaristía. Podía ser un obispo, un presbítero, un profeta e incluso un laico.

Solamente en el milenio siguiente, por razones políticas de disputa entre los Papas y los Emperadores, se consolidó la doctrina de la “cefalización” según la cual todo el poder está en la “cabeza”, en el Papa y en quien él lo delegue. Sólo el sacerdote ordenado puede presidir la Eucaristía. El poder sagrado queda desligado de la comunidad. Surgió un sacerdocio absoluto y celibatario contrariamente a lo que prescribía el canon 6 del Concilio de Calcedonia.

Tal doctrina ha sido considerada por el mayor estudioso de la Iglesia, J. Y. Congar, como dañina hasta el día de hoy. Ella separa a los curas célibes de la comunidad. Pero en realidad ha sido superada actualmente gracias a la concepción del Vaticano II que religa la Iglesia al Pueblo de Dios y el sacerdote a la comunidad.

Pero lo que propiamente está en cuestión para ser ordenado es la ley del celibato, impuesta históricamente sólo en la Iglesia Católica Romana. No existe en las otras 24 Iglesias también católicas (ortodoxa, armenia, melquita etc), sin ser por eso menos católicas.

En pocas palabras: la llamada inculturación total de la iglesia en las culturas indígenas se ha truncado debido a una ley humana, occidental y sexista (celibato). Se ha frustrado así el sueño de una Iglesia de rostro verdaderamente indígena y amazónico por la imposición de una norma occidental, romana y excluyente.

La ordenación de indígenas casados llegará, pues cuando una idea se hace firme en las conciencias acaba por realizarse.

*Leonardo Boff es eclesiólogo y ha escrito entre otras obras Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Record 2008. Sigue un estudio más detallado sobre el tema en mi blog.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

Ernesto Cardenal(1925-2020) poeta,místico,revolucionário

Este belo artigo de Frei Betto sobre Ernesto Cardenal apresenta o que pode ser um cristão lididamente atual e comprometido com um mundo a transformar até que o amor impere de vez. Foi monge da linha de Thomas Merton, místico e genial poeta. As circunstâncias fizeram-no revolucionário contra a feroz ditadura de Somoza da Nicaragua. E soube unir mística e luta, oração e compromisso político. Sofreu incompreensões por parte das autoridades romanas até ser suspenso a divinis. O Papa Francisco entendeu o equívoco e logo lhe restituíu o uso de ordens. Vivia no meio dos pobres e pescadores. Com eles fazia círculos bíblicos, comparando página da vida com página da Bíblia. E dai resultava um novo cristão com nova consciência. Vale a pena ler esse belo artigo que honra o autor e honra o homenageado. LBoff

****************************

Em 1987, Afonso Borges promoveu, como primeira atividade do Projeto Sempre Um Papo, de Belo Horizonte, o lançamento do meu romance O dia de Ângelo, no restaurante La Taberna, em Belo Horizonte. Contei a Afonso que, ano seguinte, Ernesto Cardenal iria a Minas. Afonso o convidou para proferir conferência no Cabaré Mineiro, restaurante que, de cabaré, só tinha o nome, e passara a receber o Sempre Um Papo. Cardenal, ex-monge trapista, reagiu: “Mas num cabaré?…”

Encontrei Cardenal, pela primeira vez, em 1978, em sua trincheira de guerrilheiro Sandinista: os fundos de uma das seis livrarias que circundavam a Universidade Nacional da Costa Rica. Já o admirava por sua obra. Seu En Cuba, relato de viagem à ilha em 1970, havia passado de cela em cela em meus tempos de cárcere em São Paulo, entre 1969 e 1973.

Filho de uma das famílias mais ricas da Nicarágua, Cardenal preferiu não seguir o caminho de seu irmão Fernando, que ingressou na Ordem dos jesuítas. Em 1957, o jovem poeta tornou-se monge trapista nos EUA. Durante dois anos, teve como mestre de noviço o místico e escritor Thomas Merton. Ao deixar a vida monástica, estudou teologia em Medellín e, em 1965, foi ordenado sacerdote em Manágua. Identificado com a Teologia da Libertação, passou a viver na paradisíaca Ilha de Solentiname, no lago ao sul da Nicarágua, onde partilhava a vida comunitária de pescadores e camponeses.

Ernesto nada tinha da figura estereotipada de um revolucionário. Baixa estatura, ombros largos e um jeito tímido de se aproximar das pessoas, olhos vivos por trás das lentes brancas acima do sorriso suave, dir-se-ia tratar-se de um monge ingênuo e despreocupado não fosse a boina azul, semelhante à do Che, derramando cachos prateados sobre as orelhas e a nuca. Sua jaqueta verde, sobre a bata branca, assemelhava-se à dos oficiais cubanos.

Sua função na Frente Sandinista era viajar pelo mundo a fim de denunciar os crimes de Somoza e obter apoio político. Perguntei-lhe como conciliava a contemplação com a atividade revolucionária. “Não se opõem. Pode-se trabalhar pela revolução sendo contemplativo. No sentido tradicional, há uma dicotomia entre ação e contemplação. Porém, vivo a contemplação na ação.” E frisou: “A única mensagem do Evangelho é a revolução, que ele chama de Reino de Deus, exigência de superação de todas as marcas de pecado, injustiça e opressão, até que só o amor seja possível.”

Indaguei-lhe sobre o caráter de sua obra poética. “Em um poema que dediquei a Dom Pedro Casaldáliga, digo que escrevo pela mesma razão dos profetas bíblicos, que faziam da poesia uma forma de denúncia de injustiças e anúncio de um novo tempo.”

Em fevereiro de 1979, voltamos a nos encontrar em Puebla, no México, durante a Conferência Episcopal Latino-Americana. Ele convenceu bispos de todo o continente a assinarem uma carta contra a ditadura somozista.

A 19 de julho de 1980, participei como convidado oficial das comemorações do primeiro aniversário da Revolução Sandinista. Ali reencontrei Cardenal, nomeado ministro da Cultura. Cinco anos depois ele participaria, em Havana, da solenidade na qual lancei Fidel e a Religião, ao lado de Fidel, Gabriel García Márquez e Chico Buarque.

Durante a década de 1980, assessorei o movimento sandinista, que reunia cristãos e comunistas ateus nas questões de educação popular e na relação marxismo e cristianismo. Foi, então, que Cardenal me propôs organizarmos um movimento de jovens denominado MIRE (Mística e Revolução). A ideia nunca prosperou, exceto no Brasil, onde o movimento teve sua fase expressiva no início da década de 2000 e ainda hoje mantém núcleos em algumas regiões do país, principalmente no Nordeste. A proposta é vincular a espiritualidade mística, cultivada pela meditação, ao compromisso de transformação da sociedade.

Em sua visita à Nicarágua, em 1983, o papa João Paulo II se recusou a estender à mão a Cardenal, ministro da Cultura, que integrava o cortejo oficial para recepcioná-lo. E, em público, o repreendeu, humilhou e, 1985, suspendeu-o de suas funções sacerdotais. O papa Francisco o reabilitou em 2019.

Em 1994, Cardenal rompeu com a Frente Sandinista, por considerar que o governo de Daniel Ortega já não mantinha coerência com os princípios revolucionários nem atendia os anseios populares

A última vez que nos vimos foi em La Paz, em 2008, quando intelectuais e artistas latino-americanos se reuniram para manifestar apoio ao governo de Evo Morales.

Cardenal era um poeta consagrado internacionalmente, merecedor de vários prêmios literários importantes. Um de seus versos mais famosos é este epigrama dedicado a Cláudia, que reproduzo em tradução livre: “Ao perder eu a ti, tu e eu perdemos: / eu, porque tu eras a quem eu mais amava / e tu, porque eu era quem te amava mais. / Porém, de nós dois, tu perdeste mais que eu: / porque poderei amar a outras como amei a ti, / mas a ti não te amarão como eu te amava.”

Seu poema, Cântico Cósmico, publicado em 1990, se estende por 600 páginas! É um primor de descrição da evolução do Universo e de toda a magnitude estética da Criação, o que levou o escritor Sérgio Ramirez a qualificar a obra de Cardenal de “poesia científica”.

A obra se inicia com estes versos: “No princípio não havia nada / nem espaço, nem tempo. / O Universo inteiro concentrado no espaço do núcleo de um átomo / e, antes, ainda menor, muito menor que um próton, / e, todavia, menor ainda / um infinitamente denso ponto matemático. / E ocorreu o Big Bang. / A Grande Explosão.

E assim termina seu mais extenso poema: “E o que vemos quando olhamos o céu noturno? / De noite vemos apenas a expansão do Universo. / Galáxias e galáxias, e além mais galáxias e quasares. / E por detrás do espaço não veríamos nem galáxias nem quasares, mas um Universo no qual nada ainda se havia condensado, / um muro escuro, / antes do instante em que o Universo se tornou transparente. / E antes ainda, o que afinal veríamos? / Quando não havia nada. / No princípio…”

Frei Betto é escritor, autor de “A obra do artista – uma visão holística do Universo” (José Olympio), entre outros livros.

 

 

“Querida Amazônia”:uma inculturação truncada

A Exortação Apostólica “Querida Amazônia” do Papa Francisco é um hino à magnitude e à beleza desse imenso bioma que recobre nove países da América Latina. Como poucos se deu conta da importância da Amazônia para o futuro do equilíbrio ecológico do planeta e da sobrevivência do sistema-vida.

Dividiu sua exposição na qual cita nossos autores e poetas em quatro sonhos: o social, o cultural, o ecológico e o eclesial. Comparto totalmene com quatro sonhos e meio. A segunda metade do quarto sonho parece, para não poucos, antes um pesadelo. E explico por que.

O estilo antes profético, ético, ecológico e poético se extingue-se. Parece que outra mão escreveu o texto e, seguramente sob pressão, conseguiu agregá-lo ao quarto sonho, transformando-o num pesadelo. Aqui não fala o pastor mas o doutor, não o profeta que denuncia o sistema mundial anti-vida mas a autoridade doutrinária que fixa uma lição teológica.

Qual é o propósito de toda a Exortação Apostólica? A inculturação da fé cristã na universo dos indígenas de tal forma que surja uma Igreja de rosto amazônico. Tal diligência implica prestigiar a sabedoria ancestral, os valores, os costumes e o modo de ser indígena. De uma Igreja-espelho da européia, implantada pela colonização, deveria emergir uma Igreja-fonte, com raízes na nossa realidade, especialmente inculturada nos povos originários da Amazônia.

O Papa Francisco foi quem mais estimulou os participantes do Sínodo Panamazônico para que tivessem coragem de enfrentar este desafio. Essa inculturação para ser real comportava obviamente sacerdotes casados, os  “viri probati”. Os indígenas nem se imaginam um indígena célibe. O padre deveria ser alguém casado. Essa era uma petição das comunidades amazônicas, apoiadas pela maioria de seus bispos e aprovada majoritariamente pelo Sínodo Panamazônico. Grande foi a decepção quando se viu que este tipo de sacerdotes casados foi rejeitado pelo quarto sonho. A inculturação não deveria ser completa?

A argumentação para negar o sacerdócio casado se funda numa eclesiologia tradicionalista e  superada pelo Concílio Vaticano II. Este dava centralidade, primeiro, ao Povo de Deus e depois a hierarquia a seu serviço. A missão do ministro ordenado não é o de concentrar o poder sagrado, mas o de coordenar todos os serviços, dar coesão e presidir a comunidade. Pelo fato de presidir a comunidade, preside também a celebração eucarística.

Agora se determina a lição doutrinária da Exortação:”O caráter exclusivo recebido pelo sacramento da Ordem, deixa o sacerdote habilitado a presidir a Eucaristia; esta é sua função específica, principal e não delegável”(n.87). Cabe lembrar que aqui se pensa unicamente no sacerdote celibatário. Esta é a doutrina tradicionalista que faz do sacerdote uma espécie de mago solitário.

Eis que surgem dois problemas: os fiéis, segundo o mandato de Jesus (Jn 6,35; Lc 22,19;1Cor 11,25) têm o direito divino de participar de seu corpo e sangue eucarísticos. Não se pode negar a Eucaristia aos indígenas por não lhes permitir um sacerdote casado. Um direito humano não pode se sobrepor a um direito divino.

O segundo problema: um sacerdote pode celebrar sozinho a Eucaristia mas a comunidade não pode celebrar sozinha a mesma Eucaristia. Sem o sacerdote celibatário não há Eucaristia.

Aqui importa resgatar a ideia antiga e moderna: não se pode imaginar uma ordenação em absoluto, sem uma conexão com a comunidade. O canon 6 do mais importante  dos Concílios, o  de Calcedônia (451), considerou inválida toda ordenação absoluta.

Durante os primeiros mil anos de cristianismo valia a seguinte norma: quem preside a comunidade, preside também a Eucaristia. Podia ser um bispo, um presbítero,um profeta e até um leigo.

Somente no milênio seguinte, por razões políticas de disputa entre os Papas e os Imperadores, se firmou a doutrina chamada de “cefalização” segundo a qual todo o poder está na “cabeça”, no Papa e a quem ele o delegar. Só o padre ordenado pode presidir a Eucaristia. O poder sagrado ficou desligado da comunidade. Surgiu um sacerdócio absoluto e celibatário contra o que prescrevia  o canon 6 do Concílio de Calcedônia.

Ora, tal doutrina, foi tida pelo maior estudioso da Igreja, J. Y.Cngar, como danosa até os dias de hoje. Ela separa os padres celibatários da comunidade. Mas foi, na verdade, superada atualmente, graças à concepção do Vaticano II que religa a Igreja ao Povo de Deus e o sacerdote à comunidade.

Mas o que propriamente está em questão para ser ordenado é a lei do celibato, imposta historicamente  só na Igreja Católica Romana. Ela não existe nas demais 24 Igrejas também católicas (ortodoxa, armena etc), sem serem por isso menos católicas.

Resumo da ópera: a assim chamada total inculturação da igreja nas culturas indígenas ficou truncada, por causa de uma lei humana, ocidental e sexista (celibato). Assim se frustrou o sonho de uma Igreja realmente de rosto indígena e amazônico pela imposição de uma norma ocidental, romana e excludente.

A ordenação de indígenas casados virá, pois quando uma ideia se firmou nas consciências, ela vai se realizar.

Leonardo Boff é eclesiólogo e escreveu entre outras obras Eclesiogênese: a reinvenção da Igreja, Record 2008. Segue um estudo mais detalhado sobre o tema, neste blog.

 

 

 

La “saudade” de Dios

“Saudade” no se puede traducir a otros idiomas porque no es una cosa que se define sino que se vive y se sufre. La describimos: es una melancolía tierna, una mezcla de un dolor suave por un bien que fue vivido, que ya no vuelve más, pero que regresa dulcemente a la memoria: el primer beso de la persona amada, la mirada profunda de una mujer que, en un andén del tren, se encontró con la mirada también penetrante de un hombre surgiendo amor inmediato; el tren partió y nunca más se volvieron a ver, pero aquella profunda mirada de los dos, que llegó hasta el fondo del alma, nunca pudo ser olvidada. Saudade es la experiencia, en su máxima intensidad, de ser tomado totalmente por el Ser de Dios y no sentir más el cuerpo propio. Esa saudade es dolorosa cuando no se consigue volver a renovarla. Dejó solo una saudade infinita de suprema bienaventuranza. La saudade no deja que el pasado sea solo pasado. Aunque ausente, lo vuelve presente, solo que invisible.

En nuestro peregrinar por la vida, todo lo que de bello, realizador, impactante y profundo nos toca, deja un rastro de saudade. Un niño con cáncer bien dijo: saudade es el amor que queda cuando ya todo pasó.

La sociedad moderna tardía y letrada ha saturado a muchos, no a todos, de bienes materiales, los ha llenado de vanas promesas de felicidad y les ha forjado hasta un falso evangelio de la prosperidad, para el cual entregan tiempo, entusiasmo y un sacrificado dinero, como en las iglesias neopentecostales fundamentalistas, explotados por pastores que son verdaderos lobos con piel de ovejas. El mercado conscientemente los mantiene ocupados con mil ofertas de consumo, de viajes, de experiencias nuevas que les hacen difícil encontrarse consigo mismos. Se vive etsi  Deus non daretur “como si Dios no existiese” o como si hubiese sido borrado del horizonte de la existencia.

Pero no todo es manipulable en el ser humano. En él hay misterios, rincones impenetrables que guardan memorias y arquetipos ancestrales. De ahí puede surgir una saudade muy particular, la saudade de Dios, del Self que habita lo profundo. Durante muchos siglos, bajo mil nombres, daba cohesión a la sociedad y ofrecía un fundamento a la existencia humana.

Por razones muy complejas que no cabe analizar aquí, irrumpió el hombre nuevo de la modernidad. Y este prescindió de Dios. Se presentó él como un deus minor in terra, como “un dios menor en la tierra”. Su experiencia fundacional se definió por la voluntad de potencia, el poder ejercido como dominación sobre los otros, sobre la mujer, sobre los pueblos, sobre la naturaleza, sobre la vida y sobre el espacio exterior. Asumió tantas tareas en la nueva conformación del mundo que, de repente, se dio cuenta de que ya no podía realizarlas. El pequeño dios cayó en “el complejo de Dios”. Ya no tiene más fuerzas, se siente frágil, impotente, temeroso de sí mismo, pues ha creado una máquina de muerte que puede terminar con él de múltiples formas distintas.Ha inaugurado lo que llaman el antropoceno, une nueva era geológica en la cual la gran amenaza a la vida y al planeta es el mismo ser humano. Hizo guerras que sólo en el siglo veinte mataron a 200 millones de personas. Devastó la naturaleza que ahora se vuelve contra él con huracanes, calentamiento global, aumento de los océanos, escasez de bienes y servicios sin los cuales no se sustenta la vida.

Ahí surge lo que estaba escondido en aquel rincón recóndito de su interioridad: la “saudade de Dios”. El nombre “Dios” no importa, sino lo que Él representa: aquella Energía poderosa y amorosa que sustenta todo y que, por eso, debe ser viva e inteligente, aquel Valor Incuestionable vivo e irradiante que orienta los comportamientos humanos y controla las fuerzas de lo Negativo. El mantra de la cultura ilustrada es engañoso: “Anunciamos la muerte de Dios porque nosotros lo matamos”. Y lo matamos para ocupar su lugar y ser el Superhombre que se ha convertido en “el pequeño dios” que vive más allá del bien y del mal. Él decide todo. Durante más de dos siglos trató de realizar ese propósito y fracasó. Sucumbió al propio peso de las tareas que se impuso. Ahora anda errante, solitario, buscando a qué agarrarse. Vive la ilusión, ya referida por un místico: El enemigo del Sol subió a una terraza, cerró los ojos y gritó a todos: ya no hay más sol; el Sol murió porque yo lo maté”. Ignorante, no ve más el sol no por culpa del sol sino de sus ojos cerrados. El Sol estará siempre allí iluminando, pues esa es su naturaleza. Tal vez Dios entró en un eclipse. Y eso exacerba aún más la saudade de Dios, de que Él finalmente penetre la nube de la arrogancia humana y venga humildemente a ser acogido por nosotros.

Esa saudade de Dios no existe en la inmensa mayoría de los pueblos que no pasaron por la circuncisión de la modernidad. Jamás se les pasó por la cabeza la absurda arrogancia de matar a Dios. Mucho menos pretendieron ser “el pequeño dios” dominador de todo y de todos. Vven la saudade de Dios” sintiéndolo en sus trabajos cotidianos, en el convivir amoroso con la familia, en la dura lucha para asegurar día tras día los medios de subsistencia. Ellos no necesitan creer en Dios, pues saben de él, lo sienten y lo viven en la piel del cuerpo, en el espíritu, en el sufrimiento y en la discreta alegría de vivir.

Estos son los guardianes de la sagrada memoria del Dios de mil nombres (Tao, Shiva, Olorum, Javé, Alá, Dios). Ellos son los profetas y maestros para los hijos de la modernidad tardía, capaces de humedecerles las raíces para que reverdezcan y superen la triste soledad que los devora. Basta que los encuentren y los escuchen. Entonces también ellos “sentirán la saudade de Dios”.

Qué saudade tenemos de ese Dios, humano, vivo y verdadero.Que saudade…

*Leonardo Boff es escritor y ha escrito: Saudade de Dios – la fuerza de los pequeños, Vozes 2019, Trotta 2020; Dabar 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano