Post-pandemia: ¿lo nuevo o la radicalización de lo anterior?(II)

Hay muchos analistas que predicen que la post-pandemia podría significar una radicalización extrema de la situación anterior, un retorno al sistema de capital y al neoliberalismo, buscando dominar el mundo con el uso de la vigilancia digital (big data) sobre cada persona del planeta, algo que ya está en marcha en China y en Estados Unidos. Ahí entraríamos en la era de las tinieblas, con el riesgo, sugerido por Raquel Carson,en su famoso libro “La primavera silenciosa” de nuestra autodestrucción. De ahí la exigencia de una conversión ecológica radical, cuya centralidad debe ser ocupada por la Tierra, por la vida y por la civilización humana: una biocivilización.

Los posibles riesgos en el post-covid-19

No debemos sin embargo subestimar la fuerza de la violencia sistémica. Sigmund Freud, al contestar una carta de Albert Einstein de 1932 en la que le preguntaba si era posible superar la violencia y la guerra, dejaba una aporía. Respondió, considerando que no podía decir qué instinto podría prevalecer: si el instinto de muerte (thánatos) o el instinto de vida (eros). Están siempre en tensión y no podemos estar seguros de cual triunfará al final. Terminaba resignado: “Hambrientos, pensamos en el molino que muele tan lentamente que podemos morir de hambre antes de recibir la harina”.

Hay una opinión nada optimista de uno de los más grandes intelectuales estadounidenses, crítico severo del sistema imperialista, Noam Chomsky, que dice: «El coronavirus es suficientemente grave, pero vale la pena recordar que se está acercando algo mucho más terrible, estamos corriendo hacia el desastre, hacia algo mucho peor que cualquier otra cosa que haya sucedido en la historia humana y Trump y sus lacayos están al frente de esto, en la carrera hacia el abismo. Hay dos amenazas inmensas que estamos encarando. Una es la creciente amenaza de la guerra nuclear, exacerbada por la tensión de los regímenes militares, y la otra, por supuesto, es el calentamiento global. Las dos pueden resolverse, pero no hay mucho tiempo; el coronavirus es terrible y puede tener terribles consecuencias, pero será superado, mientras que las otras no lo serán. Si no resolvemos esto, estaremos condenados».

Chomsky ha afirmado que el presidente Trump está lo suficientemente demente como para desatar una guerra nuclear, sin importarle lo que le pueda pasar a toda la humanidad.

No obstante esta visión dramática del prestigioso lingüista y pensador, nuestra esperanza es que si la humanidad corriera un grave peligro de destruirse realmente, prevalecerá el instinto de vida. Pero a condición de que hayamos construido una forma diferente de habitar la Casa Común, sobre otras bases que no sean ni las del pasado ni las del presente.

Algunas buenas lecciones de la pandemia de Covid-19

De todos modos, el coronavirus nos ha mostrado que no somos “pequeños dioses” que pretenden poder todo; que somos frágiles y limitados; que la acumulación de bienes materiales no salva la vida; que la globalización financiera sola, en el molde competitivo del capitalismo, impide crear, como proponen los chinos, “una comunidad de destino común para toda la humanidad”; que tenemos que crear un centro global y plural para gestionar los problemas mundiales; que la cooperación y la solidaridad de todos con todos y no el individualismo son los valores centrales de una geosociedad.

Que se deben reconocer y respetar los límites del sistema-Tierra que no tolera un proyecto de crecimiento ilimitado; que debemos cuidar la naturaleza como nos cuidamos a nosotros mismos, porque somos parte de ella y nos proporciona todos los bienes y servicios necesarios para la vida; que debemos buscar una economía circular que cumpla las famosas tres erres (R): reducir, reutilizar y reciclar todo lo que ha entrado en el proceso de producción.

Que la economía ha de ser de subsistencia digna y universal y no de acumulación de algunos a expensas de todos los demás y de la naturaleza; que este tipo de economía de subsistencia disminuye las necesidades para dar lugar a la sobriedad y reducir así en gran medida las desigualdades sociales; que el nuevo orden económico no habría de regirse por las ganancias sino por la racionalidad económica con un sentido social y ecológico.

Que sería altamente racional y humanitario crear un renta mínima universal; que la atención médica es un derecho humano universal (One World-One Health) que no podemos desatander; que es importante garantizar un estado que regule el mercado, que promueva el desarrollo necesario y esté equipado para satisfacer las demandas colectivas, ya sean de salud o desastres naturales.

Que debemos incentivar el capital humano-espiritual, siempre ilimitado, basado en el amor, la solidaridad, la búsqueda de la justa medida, la fraternidad, la compasión, el sentir el encanto del mundo y en la búsqueda incansable de la paz.

Un mapa para rescatar la vida: la Carta de la Tierra

Estas son, entre otras, algunas de las lecciones que podemos sacar del coronavirus. Citando la Carta de la Tierra (UNESCO), uno de los documentos oficiales más inspiradores para la transformación de nuestra forma de estar en el planeta Tierra, «se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida… Nuestros desafíos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interconectados y juntos podemos forjar soluciones inclusivas» (Preámbulo c).

¿Qué visión del mundo y qué valores incluir?

Saber y tener conocimiento de los datos de la realidad no es todavía hacer. ¿Qué nos impulsa a actuar? ¿Qué visión del mundo (cosmología) y qué valores (ética) deberíamos incluir? Nos orienta un texto importante de la parte final de la Carta de la Tierra, en cuya redacción también participé.

Como nunca antes en la historia, el destino común nos llama a buscar un nuevo comienzo. Esto requiere un cambio de mente y de corazón. Exige un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal. Debemos desarrollar y aplicar con imaginación la visión de un modo de vida sostenible a nivel local, nacional, regional y mundial” (El camino por delante).

Observemos que no se trata sólo de mejorar el camino andado. Este nos llevará a las crisis cíclicas que ya conocemos y eventualmente al desastre. Se trata de “buscar un nuevo comienzo”. Se nos reta a reconstruir la “Tierra, nuestro hogar, que está viva con una comunidad de vida única” (CT, Preámbulo a). Sería engañoso cubrir las heridas de la Tierra con venditas, pensando que podemos curarla. Tenemos que revitalizarla y rehacerla para que sea la Casa Común.

“Esto requiere un cambio de mente”. Un cambio de mente significa una nueva mirada sobre la Tierra, tal como la nueva cosmología y biología la presentan. Ella es un momento del proceso evolutivo que tiene ya 13.700 millones de años y la Tierra 4.300 millones de años. Después del big bang, todos los elementos físico-químicos se forjaron durante más de tres mil millones de años en el corazón de las grandes estrellas rojas. Al explotar, lanzaron en todas las direcciones estos elementos que formaron la galaxia, las estrellas como el Sol, los planetas y la Tierra.

Ella está viva con una vida que irrumpió hace 3.800 millones de años, un superorganismo sistémico que se autoorganiza y se autocrea continuamente. En un momento avanzado de su complejidad, hace unos 8-10 millones de años, una parte de ella comenzó a sentir, pensar, amar y adorar. Surgió el ser humano, hombre y mujer. Él es Tierra consciente e inteligente, por eso se llama homo, hecho de humus.

Esta cosmovisión cambia nuestra concepción de la Tierra. La ONU, el 22 de abril de 2009, la reconoció oficialmente como la Madre Tierra porque genera y nos da todo. Por eso la Carta de la Tierra dice: “Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad y cuidar de la comunidad de la vida con comprensión, compasión y amor” (CT 1 y 2). La Tierra como suelo la podemos comprar y vender. A la Madre, sin embargo, no la compramos ni vendemos; la amamos y la veneramos. Tales actitudes deben ser transferidas a la Tierra, nuestra Madre. Esta es la nueva mente que tenemos que hacer nuestra.

“Requiere un cambio de corazón”. El corazón es la dimensión del sentimiento profundo (pathos), de la sensibilidad, el amor, la compasión y los valores que guían nuestra vida. Especialmente en el corazón se encuentra el cuidado, que es una forma amistosa y afectuosa de relacionarse con la naturaleza y sus seres. Tiene que ver con la razón sensible o cordial, con el cerebro límbico, que surgió hace 220 millones de años cuando los mamíferos irrumpieron en la evolución. Todos ellos, como el ser humano, tienen sentimientos, amor y cuidado a sus crías. Eso es el pathos, la capacidad de afectar y ser afectado, la dimensión más profunda del ser humano.

La razón  (logos), la mente a la cual nos hemos referido anteriormente, apareció hace sólo 8-10 millones de años con el cerebro neocortical y en la forma avanzada como homo sapiens (el hombre actual) hace unos cien mil años. Este, en la modernidad, se ha desarrollado exponencialmente, dominando nuestras sociedades y creando la tecnociencia, los grandes instrumentos de dominación y transformación de la faz de la Tierra, creando inclusive una máquina de muerte con armas nucleares y otras que pueden acabar con la vida humana y la de la naturaleza.

La inflación de la razón, el racionalismo, ha creado una especie de lobotomía: el ser humano tiene dificultad para sentir al otro y su sufrimiento. Necesitamos completar la inteligencia racional, necesaria para resolver las necesidades de supervivencia de nuestra vida, pero hay que completarla con inteligencia emocional y sensible para que seamos más completos y asumamos con pasión la defensa de la Tierra y de la vida.

Necesitamos el corazón para que nos lleve a escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito del pobre, y a forjar como dice el Primer Ministro chino Xi Jinping: “una sociedad moderadamente abastecida” o como decimos nosotros: una sociedad con un consumo sobrio, frugal y solidario (continua)

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo ya ha escrito: El ser humano, Satán o Ángel bueno, Record 2008.

 

 

 

Luiz Cesare Vieira: O Banquete dos sete Sábios

Texto: O autor, Luiz Cesare Vieira é um catarinense que vive em Florinápolis e possui um blog muito interessante Recanto das Letras que convido a visitá-lo pois vale a pena e se aprende muito.https://www.recantodasletras.com.br/cronicas/6943950 Agradeço a inclusão que fez de meu nome, sabendo que há muitíssimo mais pessoas no mundo que merecem este título de sábios, mais do que eu. Mas aqui vai minha admiração pelo belíssimo texto, que sem perder-se em louvações, vai direto ao pensamento: Lboff
O BANQUETE DOS SETE SÁBIOS
Há muitos anos, por volta do ano 100 d.C. o historiador Plutarco relatou um banquete seguido de symposium na casa do tirano Periandro, reunindo nada menos que os sete sábios consagrados da Grécia: Tales, Pítaco, Bias, Sólon, Cleobulo, Míson e Quílon. Sem dúvidas, o maior evento do século VI a.C.

Desde Platão os sete sábios eram o tema da época e permaneceu por séculos. Reuni-los para uma conversa sapiencial era um sonho dourado. Para mediar o colóquio Periandro convidou outro sábio, o velho adivinho Diócles, frequentador assíduo de sua casa. Das palavras trocadas no lustroso encontro e transmitidas por Diócles, Plutarco legou à humanidade o livro Banquete dos Sete Sábios.

Quase dois mil anos depois o destino me outorgou a tarefa de perdurar a tradição de Plutarco. Teria que reunir sete sábios para iluminar a humanidade extraviada em soturnos becos virais. Tarefa difícil identificar sete sábios.

Emprestei de Diógenes a lanterna e conclui a lista. Alain Touraine (94 anos); Noan Chomsky (92 anos); Antonio Negri (87 anos); Pepe Mujica (84 anos); David Harvey (84 anos); Leonardo Boff (81 anos); Boaventura Santos (80 anos). Divergências quanto aos nomes são normais, na lista da Grécia mais de 20 revezaram o núcleo dos 7. Idade importa? Sim, mas sabedoria é construção do espírito, não o mero acúmulo dos anos. Todos acederam ao convite.

Mais por tradição do que precisão escolhi um velho adivinho para presidir o colóquio. Tirésias é seu nome. O local, um antigo castelo de Sintra, Portugal, transformado em pousada. Maio é só flores em Portugal.

Na manhã marcada para o encontro, Boaventura e Boff chegaram antes da hora e no bom português puxaram conversa sobre velhice.

– Entramos na etapa derradeira da vida, Boaventura, perdemos o vigor e nos despedimos lentamente de todas as coisas.

– Pois é, como dizia Camões: “Mais vivera se não fora, para tão grande ideal, tão curta a vida”. E pulando para São Paulo: “Na medida em que definha o homem exterior, rejuvenesce o homem interior”.

– Pleno acordo. O eu profundo. Precisamos de muitos anos de velhice para encontrar a palavra essencial que nos defina. Quem sou eu, qual é o meu lugar no desígnio do mistério?

– Verdade, Boff, a velhice é a última chance que a vida nos oferece para acabar de crescer. Eu acho que vivemos para rasgar novos horizontes e criar sentido de vida. Só é velho quem acha que o mundo decidiu tudo por nós. A velhice não pode ser mera repetição.

– Sim, devemos estar sempre em gênese. Nunca estamos prontos…

– Falemos também do envelhecimento social da humanidade. A partir da década de 80 com o “there is no alternative”, as portas do futuro foram cerradas…

Entram na sala Chomsky, Mojica, Touraine, Harvey e Negri.
Cumprimentos, saudações, sinceros elogios mútuos. A cordialidade e a fraternidade, como o ar, encheram o ambiente. Sentaram na ampla mesa decorada com candelabros e tomaram o vinho branco de aperitivo. Era perto do meio dia.

Tirésias, o vate cego ao abrir o symposium propôs a idade como critério da sequência das falas. Ninguém concordou e Mojica, florista e político, voz lenta e tranquila, falou.

– A morte vestida em forma de vírus escolhe os mais velhos para levar primeiro à sua terra de indolências e sonhos ressequidos. Desmazelos na gestão sanitária e olhos vendados à ciência gera a “devastação dos velhos”, nas emocionantes palavras do brasileiro Lima Duarte. Proponho uma homenagem aos que se foram e repúdio aos governantes que “lavam as mãos, mas o fazem numa bacia de sangue”.

Aplausos! Chomsky reforçou Mujica e com a voz gasta de centenário embate continuou.

– Se deixarmos nosso destino na mão de bufões como Trump e Bolsonaro será o fim. O Coronavírus é muito sério, mas há algo mais terrível nos levando direto para o abismo: guerra nuclear e aquecimento global. A crise civilizacional está instalada. Uma palavra sobre o isolamento. Acho que as redes sociais atomizaram e isolaram as pessoas de modo extraordinário. Nas universidades existem placas alertando “olhe para frente”, porque os jovens estão grudados em si mesmos. A crise colocou as pessoas em situação real de isolamento social. Enfim, temos que ver o lado bom do Coronavírus, se a crise pode fazer as pessoas pensarem sobre o mundo que queremos…

Touraine, pensador incansável, sem muitas ilusões sobre o futuro, interrompeu.

– Vivemos sim num mundo sem líderes e há um colapso do movimento operário. O que vemos é um mundo sem ideias, sem direção, sem estratégia, sem linguagem: é o silêncio. Se o vírus vai mudar alguma coisa? Acho que não. Haverá outras catástrofes, temo a ecológica.

– “Produção social do comum”, eu diria que estas deveriam ser as palavras de ordem – observou Negri com a convicção de um revolucionário – uma reforma anticapitalista, para que as fábricas produzam de forma diferente, coisas diferentes. Cito a luta democrática dos coletes amarelos pelo comum. Não falo em decrescimento, mas outro crescimento. Não voltaremos a viver na floresta, mas com a floresta.

A última frase foi o mote para Boff entrar na conversa, palavras escritas no coração.

– O problema é este, nós esquecemos que somos pedaços da Terra, que somos Terra pensante, e quando a atacamos, a depredamos por cobiça e para enriquecer, atacamos a nós mesmos. Seremos capazes de captar o sinal que o Coronavírus está passando ou continuaremos a fazer mais do mesmo, ferindo a terra? Acho que é uma oportunidade de criarmos uma sociedade do cuidado, da gentileza e da alegria de viver, em harmonia com a mãe Terra.

Ouviu-se badalos de um sino. Era ele, Tirésias, anunciando a hora do banquete. Os garçons serviram o tradicional bacalhau à portuguesa. Chomsky propôs um brinde “ao encontro; à Plutarco e às superações da humanidade!”.

Finda a comensalidade se recolheram à sala contígua para continuar o symposium. Boaventura, eterno militante do pensamento por um outro mundo, interveio.

– Acedo às preocupações gerais sobre o clima. Enquanto a crise da pandemia pode ser revertida, a crise ecológica é irreversível, no máximo mitigada. Gostaria de colocar outro ponto: a dificuldade, acrescida com a pandemia, dos políticos e intelectuais em mediar com a realidade. Ao contrário, medeiam entre si em pequenas divergências políticas e ideológicas. Intelectuais escrevem sobre o mundo, mas não com o mundo. A realidade tornou-se inacessível, e extraordinariamente inacessível na pandemia. Estou certo que nos próximos tempo a cruel pedagogia do vírus nos dará mais lições.

Chegou a hora de Harvey, o tempo todo muito atento, se manifestar.

– A forma espiral de acumulação infinita de capital está em colapso. Como o capitalismo, já antes em crise, poderá absorver os impactos da pandemia? Depende do tempo. Exércitos de trabalhadores precários estão sendo demitidos. Foram investidos bilhões em infraestrutura do turismo e este local de acumulação de capital está morto, incontáveis os desempregados. Ironia final: a única coisa que pode salvar o capitalismo é um consumismo em massa financiado pelo governo. Isso exigirá socializar toda a economia dos Estados Unidos, por exemplo, sem chamar isso de socialismo.

Mujica tomou um gole de vinho, pediu licença “dores nas costas” e falou de pé.

– Navegamos sem bússola e nos perdemos na globalização, impulsionados pelos ventos do mercado e da tecnologia, sem consciência política dos meios e fins. Diria, meus amigos, se eu pudesse acreditar em Deus, que a pandemia é um aviso para os sapiens. Temo notícias ruins nos curto e médio prazos. O autoritarismo terá sua primavera, assim como a especulação financeira; dramáticas tensões políticas entre Oriente e Ocidente; nacionalismos xenófobos e baixos salários surgirão. Os escalões mais baixos da classe média ameaçada questionarão os governos e serão o clamor das ruas. Eu me pergunto, como humanos atingimos o limite biológico de nossa capacidade política? Seremos capazes de nos redirecionarmos como espécie e não como classe ou país?

O symposium seguiu até às 17h. Tirésias anotou tudo. Os sete sábios se despediram com a certeza e a emoção de que não se veriam mais. O tempo ficou curto para eles, mas iriam até o fim, havia novos horizontes a serem rasgados com urgência..

luiz cezare vieira
Enviado por luiz cezare vieira em 11/05/2020
Reeditado em 13/05/2020
Código do texto: T6943950
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El post-covid-19: qué cosmologia y qué ética incorporar?(I)

Nota previa: estoy publicando con algunas añadiduras en quatro partes el articulo mas largo que apareció en este blog con el título:”El post-covid-19: que visión de mundo y que ética incorporar? Con esta división su eventual utilización será más facil. Lboff

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Hay un hecho terrible qu es el ataque sistémico que la naturaleza está realizando contra la humanidad con un virus diminuto e invisible está causando una grave preocupación y llevando amuchos miles de personas a la muerte. Frente a esta verdadera desgracia humana importante es cual es nuestra reacción a la pandemia? Cual es la resonacia en nosotros de esta pandemia?. ¿Qué lección nos enseña? ¿Qué cosmología (visión de mundo) y qué tipo de ética ( valores y principios) nos llevan a desarrollar? Seguramente deberemos aprender todo lo que deberíamos haber aprendido antes y no aprendimos. Deberíamos haber aprendido que somos parte de la naturaleza y no sus “señores y dueños” (Descartes). Hay una conexión umbilical entre el ser humano y la naturaleza. Venimos del mismo polvo cósmico como todos los demás seres y somos el eslabón consciente de la cadena de la vida.

La erosión de la imagen del “pequeño dios en la tierra”

El mito moderno de que somos “el pequeño dios” en la Tierra y que podemos disponer de ella a nuestro antojo porque es inerte y sin propósito ha sido destruido. Uno de los padres del método científico moderno, Francis Bacon, dijo que deberíamos tratar a la naturaleza como los esbirros de la inquisición trataban a sus víctimas, torturándolas hasta que entreguen todos sus secretos.

A través de la tecnociencia hemos llevado este método al extremo, llegando al corazón de la materia y la vida. Esto se ha llevado a cabo con un furor sin precedentes hasta el punto de haber destruido la sostenibilidad de la naturaleza y por lo tanto del planeta y de la vida. De esta manera hemos roto el pacto natural que existe con la Tierra viva: ella nos da todo lo que necesitamos para vivir y en contrapartida debemos cuidarla, preservar sus bienes y servicios y darle descanso para restaurar todo lo que tomamos de ella para nuestra vida y progreso. No hemos hecho nada de eso.

Por no haber observado el precepto bíblico de “proteger y cuidar el Jardín del Edén (de la Tierra: Gn 2,15)” y por amenazar las bases ecológicas que sostienen toda la vida, ella nos ha contraatacado con un arma poderosa, el coronavirus 19. Para enfrentarlo, hemos vuelto al método de la Edad Media, que superó sus pandemias a través del estricto aislamiento social. Para que el pueblo, asustado, saliera a la calle, en el ayuntamiento de Múnich (Marienplatz) se construyó un ingenioso reloj con bailarines y cucos para que todos acudieran a apreciarlo, lo que se viene haciendo hasta hoy.

La pandemia, que más que una crisis es la exigencia de un cambio de cosmología ( de  visión del mundo) y de la incorporación de una ética con nuevos valores, nos plantea esta pregunta: ¿realmente queremos evitar que la naturaleza nos envíe virus aún más letales que pueden diezmar incluso la especie humana? Esta sería una de las diez que desaparecen definitivamente cada día. ¿Queremos correr ese riesgo?

Inconsciencia generalizada del factor ecológico

Ya en 1962, la bióloga y escritora estadounidense Rachel Carson, autora de Primavera Silenciosa (Silent Spring), advirtió: “Es poco probable que las generaciones futuras toleren nuestra falta de preocupación prudente por la integridad del mundo natural que sustenta toda la vida… La pregunta es si alguna civilización puede continuar una guerra sin tregua contra la vida sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a ser llamada civilización “.

Parece una profecía de la situación que estamos viviendo a nivel planetario. Tenemos la impresión de que la mayoría de la humanidad e incluso los líderes políticos no demuestran una conciencia suficiente de los peligros que enfrentamos con el calentamiento global, con la excesiva proximidad de nuestras ciudades y especialmente del agronegocio masivo que avanza sobre a la naturaleza virgen y a los bosques que están deforestando. De esta manera destruimos los hábitats de millones de virus y bacterias que terminan siendo transferidos a los seres humanos. Según científicos serios, el coronavirus no habría venido a través de un murciélago del mercado de China, sino simplemente de la natureza.

En la mejor de las hipótesis, el coronavirus nos obligará a reinventarnos como humanidad y a remodelar de forma sostenible e inclusiva la única Casa Común que tenemos. Si prevaleciera lo que dominaba antes, exacerbado hasta el extremo, entonces podremos prepararnos para lo peor.

Muchos estan anunciando una nueva era de austeridad destructiva en el pós-coronavirus. Los buitres del pasado ya se están articulando para volver a la perspectiva de antes y impedir cambios significativos. Los interesses del capital financeiro, y la falta de una consciência por parte de los que están en el poder y aún de gran parte de los saberes académicos acerca de de la gravedad de la degradción de la natureza, no los llevan a aprender nada de millares y millares de muertos por el coronavírus a nivel mundial.

Quieren volver a la austeridad que es una politica de oportunistas, ejecutada por oportunistas para oportunistas. Según CEPAL calculase que el covid-19, en razón de tales politicas de austeridad peores que antes, dejarán 215 millones de nuevos pobres en América Latina (cf. Carta Maior 13/05/2020) Sin embargo, cabe recordar que el sistema-vida ha pasado por varias extinciones importantes (estamos dentro de la sexta) pero siempre ha sobrevivido.

La vida parecería –me permito una metáfora singular– una “plaga” que nadie hasta hoy ha logrado exterminar. Porque es una “plaga” bendita, ligada al misterio de la cosmogénesis y a aquella Energía de Fondo, misteriosa y amorosa que preside todos los procesos cósmicos y también los nuestros.

Es imperativo que abandonemos el viejo paradigma de la voluntad de poder y dominación sobre todo (el puño cerrado) hacia un paradigma de cuidar todo lo que existe y vive (la mano extendida) y de la corresponsabilidad colectiva.

En el último párrafo de su libro La era de los extremos (1995) escribió Eric Hobsbawn: Una cosa está clara. Si la humanidad quiere tener un futuro reconocible, no puede ser prolongando el pasado o el presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, fracasaremos. El precio del fracaso, es decir, la alternativa al cambio de la sociedad es la oscuridad (p.506).
Esto significa que no podemos simplemente volver a la situación anterior al coronavirus, ni siquiera podemos pensar en un regreso al pasado pre-iluminista como quiere el actual gobierno brasileño y otros de extrema derecha.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito Opción Tierra: la solución para la Tierra no cae del cielo, Record 2009.

Pós-Covid-19: que visão de mundo e que valores desenvolver?

         Pós-Covid-19: que visão de mundo e que valores desenvolver?                                    

Leonardo Boff*

Causa séria preocupação o ataque sistêmico que a natureza mediante um pequeníssimo e invisível vírus está movendo contra a humanidade, levando milhares à morte. Entretanto, fundamental é também a nossa reação frente à pandemia. Que lição ela nos passa? Que visão de mundo e que espécie de valores ela nos leva a desenvolver? Seguramente devemos aprender tudo o que devíamos ter aprendido e não aprendemos. Devíamos ter aprendido que somos parte dela e não os seus “senhores e donos” (Descartes). Vigora uma conexão umbilical entre ser humano e natureza. Viemos do mesmo pó cósmico como todos os demais seres e somos o elo consciente da corrente da vida.

             A erosão da imagem do “pequeno deus na terra”

O mito dos modernos de que nós somos “o pequeno deus” na Terra e que podemos dispor dela ao nosso bel-prazer pois ela é inerte e sem propósito foi desfeito. Um dos pais do método científico moderno Francis Bacon dizia que devemos tratar a natureza como os esbirros da inquisição tratam suas vítimas, torturando-as até que ela entreguem todos os seus segredos       .

Pela tecnociência levamos este método até o extremo alcançando o coração da matéria e da vida. Isso se implementou com um furor inaudito ao ponto de termos destruído a sustentabilidade da natureza e assim do planeta e da vida. Desta forma, rompemos o pacto natural que existe com a Terra viva: ela nos dá tudo o que precisamos para viver e em contrapartida nós devíamos cuidá-la, preservar seus bens e serviços e dar-lhe descanso para repor tudo o que lhe tiramos para a nossa vida e progresso. Nada disso fizemos.

Por não termos observado o preceito bíblico de “guardar e cuidar do Jardim do Éden(da Terra: Gn 2,15) e ameaçado as bases ecológicas que sustentam toda vida, ela nos contra-atacou com uma arma poderosa,o coronavírus 19. Para enfrentá-lo retornamos ao método da Idade Média que superou suas pandemias mediante o isolamento social rigoroso. Para fazer o povo, amedrontado, sair à rua, na prefeitura de Munique (Marienpltatz) se construiu um engenhoso relógio com dançarinos e cucos para todos acorrerem para apreciá-lo o que é feito até os dias atuais.

A pandemia que é mais que uma crise mas uma exigência de mudança de visão de mundo e de incorporação de novos valores nos coloca esta questão: queremos verdadeiramente evitar que a natureza nos envie vírus ainda mais letais que até podem dizimar a espécie humana? Esta seria uma entre as dez que desaparecem definitivamente a cada dia. Queremos correr esse risco?

             A inconsciência generalizada do fator ecológico

Já em 1962 a bióloga e escritora norte-americana Rachel Carson, autora de “Primavera Silenciosa”(Silient Spring) advertiu:” É pouco provável que as gerações futuras tolerem nossa falta de preocupação prudente pela integridade do mundo natural que sustenta toda a vida…A questão consiste em saber se alguma civilização pode levar adiante uma guerra sem tréguas contra a vida, sem se destruir a si mesma e sem perder o direito de ser chamada de civilização”.

Parece uma profecia da situação que estamos vivendo a nível planetário. Temos a impressão de que a maioria da humanidade e mesmo os líderes políticos não demonstram uma consciência suficiente dos perigos que estamos correndo com o aquecimento global, com a demasiada proximidade de nossas cidades e principalmente do agronegócio massivo da natureza virgem e das florestas sendo desmatadas. Festa forma destruímos os habitats dos milhões de vírus e bactérias que acabam se transferindo para os seres humanos.

É imperioso que abandonemos o velho paradigma da vontade de poder e de dominação sobre tudo (o punho cerrado) na direção de um paradigma do cuidado de tudo o que existe e vive (a mão estendida) e da corresponsabilidade coletiva. Escreveu Eric Hobsbown na última frase de seu livro A era dos extremos (1995):

Uma coisa é clara. Se a humanidade quer ter um futuro reconhecível, não pode ser pelo prolongamento do passado ou do presente. Se tentarmos construir o terceiro milênio nesta base, vamos fracassar. O preço do fracasso, ou seja, a alternativa para a mudança da sociedade é a escuridão” (p.506).

Isto significa que não podemos voltar simplesmente à situação anterior ao coronavírus.Nem pensar numa volta ao passado pré-iluminismo como quer o atual governo brasileiro e outros de extrema-direita.

            O pós-pandemia: o novo ou a radicalização do antes?

Não são poucos os analistas que prognosticam que o pós-pandemia poderá significar uma radicalização extrema da situação anterior, uma volta ao sistema do capital e ao neoliberalismo, procurando dominar o mundo com o uso da vigilância digital (big data) sobre cada pessoa do planeta, coisa aliás que já está em curso na China e nos USA. Aí entraríamos na era das trevas, com o risco, aventado por Raquel Carson da nossa autodestruição. Daí a exigência de uma radical conversão ecológica, cuja centralidade deverá ser ocupada pela Terra, pela vida e pela civilização humana: uma biocivilização. Caso quisermos sobreviver.

Sigmund Freud respondendo a uma carta de Albert Einstein de 1932 que perguntava se era possível superar a violência e a guerra, deixava aberta a questão. Respondeu ponderando que não podia afirmar qual instinto iria prevalecer: se o instinto de morte (thánatos) ou se o instinto de vida (éros). Eles estão sempre se tensionando sem termos a certeza de quem no final triunfará. Termina resignado:”Esfaimados pensamos no moinho que tão lentamente mói que poderemos morrer de fome antes de receber a farinha”.

Há uma opinião nada otimista de um dos maiores intelectuais norte-americanos e crítico severo do sistema imperialista, Noham Chomsky. Diz ele:” «O coronavírus é algo sério o suficiente, mas vale lembrar que há algo muito mais terrível se aproximando, estamos correndo para o desastre, algo muito pior que qualquer coisa que já aconteceu na história da humanidade e Trump e seus lacaios estão à frente disso, na corrida para o abismo. Há duas ameaças imensas que estamos encarando. Uma é a crescente ameaça de guerra nuclear, exacerbada pela tensão dos regimes militares e a outra, é claro, pelo aquecimento global. Ambas podem ser resolvidas, mas não há muito tempo e o coronavírus é terrível e pode ter péssimas consequências, mas será superado, enquanto as outras não serão. Se nós não resolvermos isso, estaremos condenados”.

Chomsky tem asseverado que o presidente Trump é suficientemente insano para deflagar uma guerra nuclear, sem se importar com o que pode acontecer para toda a humanidade.

Não obstante esta visão dramática do prestigiado linguista e pensador, nossa esperança é que se a humanidade for posta sob grave risco de realmente se autodestruir, o instinto de vida irá prevalecer. Mas à condição de termos construído uma forma diferente de habitar a Casa Comum sobre outras bases que não sejam nem do passado nem do presente.

            Reinventar a humanidade e remodelar a Terra

O coronavírus nos obrigará a nos reinventar como humanidade e remodelar de forma sustentável e includente a única Casa Comum que temos. Se prevalecer o que dominava antes, ainda exacerbado ao extremo, aí sim poderemos nos preparar para o pior. Entretanto, cabe recordar que o sistema-vida passou por várias grandes dizimações (estamos dentro da sexta) mas sempre sobreviveu.

Ela pareceria – me permito uma metáfora singular – uma “praga” que ninguém até hoje conseguiu exterminar. Porque é uma “praga”bendita, ligada ao mistério do cosmogênese e daquela Energia de Fundo, misteriosa e amorosa que preside a todos os processos cósmicos e também os nossos.

De todos os modos, o coronavírus nos mostrou de que não somos “pequenos deuses” que pretendem poder tudo; somos frágeis e limitados; que a acumulação de bens materiais não salva a vida; que a globalização financeira sozinha, nos moldes competitivos do capitalismo, impede de criar, como propõem os chineses “uma comunidade de destino comum para toda a humanidade”; que temos que criar um centro global e plural para gestionar os problemas globais; que a cooperação e a solidariedade de todos com todos e não o individualismo, constituem os valores centrais de uma geosociedade; que se deve reconhecer e respeitar os limites do sistema-Terra que não tolera um projeto de crescimento ilimitado; que devemos cuidar da natureza, como cuidamos de nós mesmos, pois somos parte dela e é ela que nos fornece todos os bens e serviços necessários para a vida; que devemos buscar uma economia circular que realiza os famosos três erres (R): reduzir, reutilizar e reciclar tudo que entrou no processo produtivo; que a economia seja de subsistência digna e universal e não da acumulação de alguns à custa de todos os outros e da natureza; que este tipo de economia da subsistência diminui as necessidades para dar lugar à sobriedade e assim reduzir enormemente as desigualdades sociais; que a nova ordem econômica não se regeria pelo lucro mas por uma racionalidade econômica com sentido social e ecológico;que seria altamente racional e humanitário criar uma renda universal mínima; que a assistência a saúde é um direito humano universal (One World-One Health); que não podemos dispensar, antes favorecer, a ciência e a técnica feitas com consciência e destinadas a servir à vida e não ao mercado; que é importante garantir um Estado regulador do mercado, impulsionador do desenvolvimento necessário e apetrechado para atender demandas coletivas, seja sanitárias seja de calamidades naturais; que devemos incentivar o capital humano-espiritual, sempre ilimitado, fundado no amor, na solidariedade, na busca da justa medida, na fraternidade, na compaixão, no encantamento do mundo e na busca incansável da paz.

Estas são algumas lições, entre outras, que o coronavírus nos permite tirar. Citando a Carta da Terra, um dos documentos oficiais (UNESCO) mais inspiradores para a transformação do nosso modo de ser no planeta Terra,”são necessárias mudanças fundamentais nos nossos valores, instituições e modos de vida…Nossos desafios ambientais, econômicos, políticos,sociais e espirituais estão interligados e juntos podemos forjar soluções includentes”(Preâmbulo c).

       Que visão de mundo e que valores incorporar?

Saber e tomar conhecimento dos dados da realidade não é ainda fazer. O que nos move a agir? Que visão de mundo e que valores devemos incorporar? Orienta-nos um importante texto da parte conclusiva da Carta da Terra,de cuja redação também participei.

”Como nunca antes na história, o destino comum nos conclama a buscar um novo começo. Isto requer uma mudança na mente e no coração; demanda um novo sentido de interdependência global e de responsabilidade universal. Devemos desenvolver e aplicar com imaginação a visão de um modo de vida sustentável aos níveis local, nacional, regional e global”(O caminho adiante)

Observemos: não se trata de apenas melhorar o caminho andado. Esse nos levará às crises cíclicas que já conhecemos e eventualmente ao desastre. Mas se trata de “buscar um novo começo”. Vale dizer, somos desafiados a remontar a “Terra, nosso lar, que está viva com uma comunidade de vida única”(CT, Preâmbulo a). Enganoso seria cobrir as feridas da Terra com band-aids, pensando assim curá-la. Temos que revitalizá-la e refaze-la para ser a Casa Comum.

“Isto requer uma mudança de mente”. A mudança de mente significa um novo olhar sobre a Terra assim como a nova cosmologia e biologia a apresentam. Ela é um momento do processo evolucionário que já possui 13,7 bilhões e anos e a Terra, 4,3 bilhões de anos. Depois do big bang, todos os elementos físico-químicos se forjaram ao longo de uns três bilhões de anos no coração das grandes estrelas vermelhas. Ao explodirem, jogarem para todas as direções estes elementos que formaram as galáxia, as estrela como o Sol, os planetas e a Terra.

Ela é viva com uma vida que irrompeu há 3,8 bilhões de anos, um super-organismo sistêmico que se auto-organiza e continuamente se auto-cria. Num momento avançado de sua complexidade, cerca de 8-10 milhões de anos atrás, uma porção dela começou a sentir, pensar, amar e venerar. Surgiu o ser humano, homem e mulher. Ele é Terra consciente e inteligente, por isso se chama homo, feito de húmus.

Esta visão muda a nossa concepção da Terra. A ONU em 22 de abril de 2009 oficialmente a reconheceu como Mãe Terra, pois tudo gera e nos dá. Por isso a Carta da Terra afirma:”Respeitar a Terra e a vida em toda a sua diversidade e cuidar da comunidade de vida com compreensão, compaixão e amor”(CT 1 e 2). Terra como solo podemos comprar e vender, cavar e fazer tantas coisas. Mãe, no entanto, nós não compramos nem vendemos; nós a amamos e veneramos. Tais atitudes devem ser transferidas para a Terra, nossa Mãe. Essa é a nova mente que importa incorporar.

“Requer uma mudança no coração”. O coração é a dimensão do sentimento profundo, da sensibilidade, do amor, da compaixão e dos valores que orientam nossa vida. Especialmente no coração reside o cuidado que é uma forma amigável e afetuosa de se relacionar com a natureza e os seus seres. Temos a ver com a razão sensível ou cordial, com o cérebro límbico, que emergiu há 220 milhões de anos quando irromperam na evolução os mamíferos. Todos eles, como o ser humano, têm sentimentos, amor e cuidado para com sua cria. Esse é o pathos, a capacidade de afetar e ser afetado, a dimensão mais profunda do ser humano.

A razão (o logos), a mente da qual nos referimos anteriormente, surgiu há apenas 8-10 milhões de anos com o cérebro neocortical e na forma avançada como homo sapiens (o homem atual) há cerca de cem mil anos. Ele, na modernidade, foi desenvolvido de forma exponencial, dominando nossas sociedades e criando a tecnociência, os grandes instrumentos de dominação e de transformação da face da Terra, inclusive criando uma máquina de morte com armas nucleares e outras que podem pôr fim à vida humana e da natureza.

O excesso da razão, o racionalismo, criou uma espécie de lobotomia: o ser humano tem dificuldade de sentir o outro e o seu sofrimento. Precisamos completar a inteligência racional, necessária para dar conta das necessidades de sobrevivência da nossa vida mas há que completá-la com a inteligência emocional e sensível para sermos mais completos e assumirmos com paixão a defesa da Terra e da vida.

Valem-nos as palavras do Papa Francisco em sua encíclica de ecologia integral “Sobre o cuidado da Casa Comum”: “Devemos alimentar uma paixão pelo cuidado do mundo. Não é possível empenhar-se em coisas grandes apenas com doutrinas, sem uma mística que nos anima, sem uma moção interior que impele, motiva, encoraja e dá sentido à ação pessoal e comunitária”(n.216) E acrescenta:”Implica ainda a consciência amorosa de não estarmos separados das outras criaturas, mas de formarmos com os outros seres do universo uma esplêndida comunhão universal”(n.220).

Portanto, é o coração que nos leva a ouvir simultaneamente o grito da Terra e o grito do pobre e nos leva a socorrê-los, mudando a forma como nos relacionamos com eles, como produzimos e como consumimos, com esse ideal formulado pelo primeiro ministro chinês XI Jinping: “criar uma sociedade moderadamente abastecida” ou como nós dizemos: uma sociedade com um consumo sóbrio e solidário.

Segue ainda o texto da Carta da Terra: “Requer-se um novo sentido de interdependência global”. A relação de todos com todos e por isso a interdependência global representa uma constante cosmológica. Tudo no universo é relação. Nada e ninguém estão fora da realação. O cosmos é constituído pelo conjunto das redes de relação mais do que do número inumerável dos corpos celestes. É também um axioma da física quântica segundo o qual todos os seres são inter-retro-relacionados. Nós mesmos, seres humanos, somos um rizoma (bulbo com raízes) de relações voltado para todas as relações. Isso implica entender que todos os problemas ecológicos, econômicos, políticos e espirituais têm a ver uns com os outros. Tocando num tocamos na rede toda das relações. A ação que fizermos afeta toda a rede de ações.

Esta compreensão holística supera a atomização dos saberes e fragmentação das atividades humanas. Só salvaremos a vida se nos alinharmos à esta lógica universal que é lógica da natureza com sua esplêndida diversidade. Todos os seres se entre-ajudam, até os mais débeis, pois também estes possuem um valor em si mesmo e comunicam alguma mensagem do universo.

Segue o texto da Carta Terra:” requer-se uma responsabilidade universal”. Responsabilidade significa dar-se conta das consequências de nossas ações, se são benéficas ou maléficas para o conjunto dos seres. Hans Jonas escreveu um livro clássico sobre o “Princípio Responsabilidade”. Ele inclui o princípio de prevenção e o de precaução. Na prevenção podemos calcular os efeitos quando interviermos na natureza. O princípio de precaução não nos permite medir as consequência e por isso não devemos arriscar com certas ações e intervenções porque podem produzir efeitos altamente danosos para a vida.

A responsabilidade deve ser universal, de todos. Não é assim que um grupo ou uma empresa assumam sua responsabilidade socioecológica, protegem o ar e garante a pureza das águas, enquanto outras não cuidam destes efeitos danosos e os consideram simplesmente como exterioridades (coisas que não entram na contabilidade dos negócios). Ou todos assumem uma atitude responsável, por isso universal, e assim praticamos comportamentos ecologicamente benéficos ou então seguiremos acumulando problemas para a vida e o futuro de nossa existência.

Mais ainda diz a Carta da Terra: “desenvolver e aplicar com invenção a visão (de um modo sustentável de vida). Nada de grande neste mundo sem fez sem a invenção do imaginário que projeta novos mundos e novos modos de ser. É aqui o lugar das utopias viáveis. Toda utopia alarga o horizonte e nos torna inventivos. O próprio ser humano emerge como um ser utópico, pois é um projeto infinito e um ser habitado pelo desejo, cuja natureza, segundo os antigos e Freud, é ilimitado. A utopia nos leva de horizonte a horizonte, fazendo-nos sempre caminhar na feliz expressão de Eduardo Galeano.

Para superar o modo costumeiro de habitar a Casa Comum, sem sequer tê-la descoberto (isso ocorreu somente a partir das viagens espaciais), explorando seus ecossistemas, descuidando das florestas, das águas, do ar puro e da fertilidade dos solos e de relações justas e fraternas nas sociedades, precisamos da invenção que nasce de uma utopia ou de um sonho. Toda utopia é, por natureza, irrealizável. Mas existem as utopias viáveis, aquelas que podemos juntos trazer para a realidade. Assim que precisamos sonhar com o planeta como “A Terra da Boa Esperança”(Ignace Sachs) antes de pôr as mãos no seu fazimento. Essa utopia é realizável pela humanidade, quando despertar de seu sono de um mundo de mão a mão e abri-se ao grande sonho possível de outro mundo possível e necessário.

Mais ainda afirma a Carta da Terra:”uma visão de um modo sustentável de vida. Estamos acostumados à expressão que está em todos os documentos oficiais e na boca da ecologia dominante “desenvolvimento sustentável”. Todas as análises sérias têm mostrado que o nosso modo de produzir, distribuir e consumir é insustentável. Vale dizer não consegue manter o equilíbrio entre o que tiramos da natureza e que lhe deixamos para sempre poder se reproduzir e co-evoluir. Nossa voracidade tornou o planeta insustentável, pois se os países ricos quisessem universalizar seu bem-estar à toda a humanidade, precisaríamos, pelo menos, de três Terras iguais a esta, o que é absolutamente impossível.

O atual desenvolvimento que significa crescimento econômico medido pelo Produto Interno Bruto (PIB) revela espantosas desigualdades a ponto de a grande ONG Oxfam no seu informe de 2019 nos revelar que 1% da humanidade possui a metade da riqueza do mundo e que 20% controla 95% desta riqueza (do 1%) enquanto os restantes 80% têm que contentar-se com apenas 5% da riqueza. Tais dados revelam a completa insustentabilidade do mundo em que vivemos.

A Carta da Terra não se rege pela economia mas pela vida. Dai o grande desafio consiste em criar um modo sustentavel de vida e todos os âmbitos, pessoal, familiar, social, nacional e internacional. Para isso se impõem a necessidade de “um novo começo” e não apenas de melhorias, mantendo o sistema desigual.

Por fim, este modo sustentável de vida deve realizar-se no nível local, nacional, regional e global. Evidentemente se trata de um projeto global que deverá se realizado com prazos, na medida em que cresce a consciência ecológica e nos dermos conta de nossa responsabilidade pelo futuro comum Terra e humanidade. Hoje o ponto mais avançado na busca da sustentabilidade se realiza no nível local e regional. Fala-se então do bioregionalismo como a forma realmente viável de concretizar a sustentabilidade. Tomando-se a região como referência, não segundo as divisões arbitrárias ainda persistentes, mas aquelas que a própria natureza fez com os rios, as montanhas, as florestas e outras que configuram um ecossistema regional. Dentro deste quadro pode realizar-se uma autêntica sustentabilidade, incluindo os bens naturais, a cultura e tradições locais, as personalidades que marcaram aquela história, com o favorecimento de pequenas empresas e uma agricultura orgânica, com a participação maior possível, num espírito democrático. Desta forma se propiciará um “bem viver e conviver”(o ideal ecológico andino) suficiente, decente e sustentável com a diminuição das desigualdades.

Esta visão formulada pela Carta da Terra é grandiosa e factível. O que mais precisamos é de boa-vontade, a única virtude que para Kant não possui nenhum defeito e limitação, pois se tiver, deixará de ser boa. Essa boa-vontade impulsionaria as comunidades e, no limite, a inteira humanidade a realmente realizar “um novo começo”.

         Virtudes para um outro mundo possível

Esse modo sustentável de vida se traduz por práticas virtuosas que tornam real o modo sustentável de viver. São muitas as virtudes para um outro mundo possível. Serei breve, pois sobre isso publiquei três volumes com esse mesmo título “Virtudes para um outro mundo possível”(Vozes 2005-2006). Enumero 10 sem detalhar-lhes o conteúdo, o que nos levaria longe.

A primeira é o cuidado essencial. Chamo de essencial pois segundo uma tradição filosófica que nos vem dos romanos, atravessou os séculos e ganhou sua forma maior entre vários autores especialmente no núcleo central de Ser e Tempo de Heidegger. Ai se vê o cuidado como da essência do ser humano. Ele é a pré-condição para o conjunto de fatores que permitem a emergência da vida. Sem o cuidado a vida jamais irromperia e subsistiria. Alguns cosmólogos como Brian Swimme e Stephan Hawking viram no cuidado como a dinâmica mesma do universo. Se as quatro energias fundamentais não tivessem o sutil cuidado de atuarem sinergeticamente, não teríamos o mundo que temos. Todo ser vivo depende do cuidado. Se nós não tivéssemos o infinito cuidado de nossas mães, não saberíamos como deixar o berço e buscar o nosso alimento, dado que somos seres biologicamente carentes, sem nenhum órgão especializado. Precisamos do cuidado de outros. Tudo o que amamos também cuidamos, tudo o que cuidamos também amamos. Face à natureza significa uma relação amigável, não agressiva e respeitosa de seus limites.

A segunda virtude é o sentimento de pertença à natureza, à Terra e ao universo. Somos partes de um grande Todo que nos desborda por todos os lados; somos a parte consciente e inteligente da natureza, somos aquela porção da Terra que sente, pensa, ama e venera. Esse sentimento de pertença nos enche de respeito, de encantamento e de acolhimento.

A terceira virtude é a solidariedade e a cooperação. Somos seres sociais que não apenas vivem mas convivem com outros. Sabemos pela bioantropologia que foi a solidariedade e a cooperação de nossos ancestrais antropoides que ao buscar o alimento e traze-lo para o consumo coletivo, lhes permitiu deixar para trás a animalidade e inaugurar o mundo humano. Hoje, no caso do caronavírus, o que nos está salvando é a solidariedade e a cooperação de todos com todos. Esta solidariedade deve começar pelos últimos e invisíveis sem o que, ela deixa de ser inclusiva de todos.

A quarta virtude é a responsabilidade coletiva. Já temos exposto o seu sentido acima. É o momento da consciência em que cada um e uma inteira sociedade se dão conta dos efeitos bons ou ruins de suas decisões e atos. Seria absolutamente irresponsável o desmatamento desenfreado da Amazônia pois desequilibraria o regime de chuvas de vastas regiões e eliminaria a biodiversidade indispensável para o futuro da vida. Nem precisamos nos referir a uma guerra nuclear cuja letalidade eliminaria toda a vida especialmente a humana .

A quinta virtude é a hospitalidade como dever e como direito. O primeiro a apresentar a hospitalidade como dever e como direito foi Immanuel Kant no seu famoso texto “Em vista da paz perpétua”(1795). Entendia que a Terra é de todos, pois, Deus não deu título de propriedade de algum pedaço dela a ninguém. Ela pertence a todos os habitantes que podem andar por todas as partes. Ao encontrarem alguém o dever de todos é oferecer a hospitalidade, como sinal de pertença comum à Terra e todos têm o direito de serem acolhidos, sem qualquer distinção. Para ele, junto com o respeito dos direitos humanos constituiriam as pilastras para uma república mundial (Weltrepublik). Esse tema é atualíssimo dado o número de refugiados e as muitas discriminações por vários títulos. Talvez seja uma das virtudes mais urgentes no processo de planetização embora uma das menos vividas.

A sexta virtude é a convivência de todos com todos. A convivência é um dado primário, pois todos viemos da convivência que nossos pais tiveram. Nós somos seres de relação que é o mesmo que dizer, não vivemos simplesmente mas de forma diuturna convivemos. Participamos da vida dos outros, de suas alegrias e angústias. Especialmente custa a muitos a conviver com os diferentes, seja de etnia, de religião, de partido político. O importante é estar aberto à troca. O diferente sempre nos traz algo novo que nos enriquece ou desafia. O que jamais podemos fazer é transformar a diferença numa desigualdade. Podemos ser humanos de muitas formas diferentes, na forma brasileira, italiana, japonesa, yanomami. Mas cada forma é humana e possui a sua dignidade.     Hoje pelos meios de comunicação cibernéticos abrimos janelas para todos os povos e culturas. Saber conviver com essa diferença abre novos horizontes e entramos numa espécie de comunhão com todos. Esta convivência implica também a natureza, conviver com com as paisagens, com as florestas, com os pássaros e animais. Não apenas olhar para o céu estrelado, mas entrar em comunhão com as estrelas, pois delas viemos e formamos um grande Todo. Por fim, formamos uma comunidade de destino comum junto com a totalidade da criação.

A sétima virtude é o respeito incondicional. Cada ser, por menos que seja, possui valor em si mesmo, independentemente do uso humano. Quem desenvolveu o tema em profundidade foi Albert Schweitzer, grande médico suiço que foi ao Gabão na África para atender a hanseniamos. Para ele o respeito é a base mais importante da ética, pois comporta acolhida, solidariedade e amor. Devemos começar com o respeito a nós mesmos, ao manter atitudes e modos dignos que suscitam o respeito dos outros. Importa respeitar todos os seres da criação, pois valem por eles mesmos; existem ou vivem e merecem existir ou viver. Mais que tudo, vale o respeito diante de cada pessoa humana, pois é portadora de dignidade, de sacralidade e de direitos inalienáveis, pouco importa sua procedência. Respeito supremo devemos ao Sagrado e a Deus, o mistério íntimo de todas as coisas. Só diante dele podemos cair de joelhos e reverenciar, pois só a Ele cabe esta atitude.

A oitava virtude é justiça social e igualdade fundamental de todos. A justiça é mais que dar a cada um o que é seu ; entre os humanos, a justiça é o amor o respeito mínimo que devemos devotar aos outros. A justiça social é garantir os mínimos a todas as pessoas, não criar privilégios e respeitar seus direitos em pé de igualdade, pois todos somos humanos e merecemos ser tratados humanamente. Desigualdade social significa injustiça social e, teologicamente, uma ofensa ao Criador e a seus filhos e filhas. Talvez ela seja a maior perversidade hoje existente que deixa milhões na miséria e condenados a morrer antes do tempo. Neste tempo de coronavírus se mostrou a violência da desigualdade social e da injustiça. Enquanto uns podem viver sua quarentena em casas ou apartamentos adequados, a grande maioria pobre é exposta à contaminação e, não raro, à morte.

A nova virtude é a busca incansável da paz. A paz é um dos bens mais ansiados, pois vivemos, por causa do tipo de sociedade que construimos, em permanente concorrência, apelos ao consumo e à exaltação da produtividade. A paz não existe em si, pois, ela é consequência de valores que devem ser vividos anteriormente e que têm como resultado a paz. Uma das mais pertinentes compreensões da paz nos vem da Carta da Terra, na qual se diz: “a paz é a plenitude que resulta de relações corretas consigo mesmo, com outras pessoas, com outras culturas, com outras vidas, com a Terra e com o Todo maior do qual somos parte”(n.16 f). Como se depreende, a paz é consequência de relações adequadas e é o fruto da justiça social. Sem estas relações e a justiça só conheceremos tréguas mas nunca uma paz permanente.

A décima virtude é o cultivo do sentido espiritual da vida. O ser humano possui uma exterioridade corporal com a qual nos relacionamos com o mundo e as pessoas; temos uma interioridade psíquica onde se aninham,na estrutura de desejo, nossas paixões, os grandes sonhos e nossos anjos e demônios que devemos controlar estes últimos e cultivar amorosamente os primeiros. Só assim gozaremos de um equilíbrio necessário para a vida.

Mas possuímos também a profundidade, aquela dimensão onde habitam as grandes interrogações da vida: quem somos, de onde viemos, para onde vamos, o que podemos esperar depois desta vida terrena? Qual é a Energia Suprema que sustenta o firmamento e conserva nossa Casa Comum ao redor do Sol e a mantém sempre viva para nos permitir viver? É a dimensão espiritual do ser humano feita de valores intangíveis como o amor incondicional, a confiança na vida, a coragem de enfrentar as agruras inevitáveis. Damo-nos conta de que o mundo está repleto de sentidos, que as coisas são mais que coisas, pois são mensagens e possuem um outro lado invisível. Intuímos que há uma Presença misteriosa que perpassa todas as coisas. As tradições religiosas e espirituais chamaram a esta Presença de mil nomes, sem contudo poder decifrá-la totalmente. É o mistério do mundo que remete ao Mistério Abissal que faz ser tudo aquilo que é. Cultivar este espaço nos humaniza, nos torna mais humildes e nos enraíza numa realidade transcendente, adequada ao nosso desejo infinito.

         Conclusão:  ser simplesmente humanos

A conclusão que tiramos destas longas reflexões a propósito do coronavírus 19 é: devemos ser simplesmente humanos, vulneráveis, humildes, ligados uns aos outros, parte da natureza e a porção consciente e espiritual da Terra com a missão de cuidar da herança sagrada que recebemos, a Mãe Terra, para nós e para as futuras gerações.

Inspiradoras são as últimas frases da Carta da Terra:”Que o nosso tempo seja lembrado pelo despertar de uma nova reverência face à vida, pelo compromisso firme de alcançar a sustentabilidade mediante a intensificação da luta pela justiça e pela paz, na alegre celebração da vida”

*Leonardo Boff é eco-teólogo e escreveu Virtudes para um outro mundo possível (3 vol.) Vozes 2005-2006.