¿Qué nuevo Papa prolongará el legado del Papa Francisco?

Leonardo Boff*

El Papa Francisco escogió el día adecuado para ir a encontrarse con el  Señor: la Pascua, que es el comienzo de lo nuevo y una pequeña anticipación del fin bueno de la historia.

         Reproduzco en parte un artículo que escribí el día 1/2//2020 ”Papa Francisco, ¿una nueva genealogia de papas?” Creo que expresa el deseo de muchos cristianos de América Latina. Nuestra perspectiva es que el Papa Francisco emerge como el inaugurador de una nueva genealogía de Papas que vienen desde fuera de la vieja cristandad europea.

         En la Iglesia europea vive solo el 25% de los católicos. En las Américas el 65% y los restantes en varios continentes. El cristianismo europeo está agónico. Hay iglesias cerradas porque ningún fiel asiste a ellas. En las Américas se está consolidando un cristianismo-fuente y ya no más espejo de los europeos. Después de más de 500 años de presencia cristiana surgieron rostros nuevos de Iglesia, la Iglesia en la base de los fieles, obispos desposeídos, no viviendo más en palacios sino en medio del pueblo, curas que viven en las periferias, una serie enorme de movimientos laicos, que asumen su autonomía, y muchas religiosas que viven en el interior de la Amazonia. Con razón decimos que aquí está surgiendo una eclesiogénesis, es decir, la génesis de otro tipo de iglesia. Lógicamente todavía persiste mucho del viejo estilo romano de Iglesia. Pero no es esta la que lleva al futuro; no caracteriza otro estilo de Iglesia distinto del estrictamente tradicional.

         Veo las siguientes características del papado de Francisco de Roma. En primer lugar Francisco no es solo un nombre sino un proyecto de Iglesia: pobre y especialmente para los pobres, una Iglesia anunciadora de paz contra todo tipo de guerras que existen en el mundo, denunciadora de un sistema económico que mata, pues practica dos injusticias: destruye la naturaleza y oprime a la mayoría de la humanidad, una Iglesia que cuida de la creación como Casa Común. Escribió dos bellas encíclicas: Laudato si sobre el cuidado de la Casa Común (2020) y Fratelli tutti (2025). Especialmente en esta última presenta una alternativa al paradigma de la modernidad fundado en el poder/dominación y en el ser humano por encima y fuera de la naturaleza. Presenta como alternativa la fraternidad universal y el amor social, el ser humano dentro de la naturaleza y hermano y hermana de todos los demás seres, en particular de sus semejantes. En eso ve una posible salvación de la vida en la Tierra, “pues estamos todos en el mismo barco, o nos salvamos todos o no se salva nadie”.

         Francisco de Roma imitando al de Asís no va a vivir a los palacios pontificios. Elige una casa de huéspedes, Santa Marta, vive en un cuarto sencillo y otro más para recibir a la gente. Está más próximo de la gruta de Belén que del palacio de Herodes. Es un hombre entre otros hombres. Dice que en primer lugar es obispo de Roma y después Papa, que quiere conducir a la Iglesia con amor y no con el derecho canónico. Pide a los obispos, cosa inaudita, una pastoral de la ternura y de la acogida sin restricciones.

         El Papa Francisco “viene del fin del mundo”, de Argentina, con otra imagen de Iglesia, distinta de aquella de sus predecesores, una Iglesia que no sea un castillo, vuelta hacia dentro con su ortodoxia y su disciplina, y rodeada de enemigos, la cultura de la modernidad, sino una “Iglesia en salida” hacia los que están al margen, que sufren y se sienten marginados. Dice que quiere “una Iglesia hospital de campaña” que acoge a todos los heridos sin preguntar su religión, su moralidad, basta que sean humanos y necesitados.

         Francisco no es un Papa centrado en la ortodoxia, ni en la vigilancia de los dogmas y de la recta disciplina. Respeta esto pero dice abiertamente que con estas cosas no se llega al corazón humano. Tenemos que acercarnos con bondad, con sentido de compasión y de ternura. No se trata de convertir a los otros sino de seducirlos con el mensaje humanitario de Jesús. Repitió muchas veces: Cristo vino para enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión, el perdón, valores que componen su proyecto de Reino de Dios.

         El Papa Francisco se inscribe en el marco de la teología de la liberación de estilo argentino: liberar la cultura silenciada y al pueblo oprimido. Desde joven estudiante asumió esta teología asociada a una promesa que se hizo a sí mismo: ir a visitar, él solo, todas la semanas una villa miseria, entrar en las casas, conversar con la gente, animarlas y traerles la verdad de que Dios ama especialmente a los pobres, pues Dios está vivo y prefiere a aquellos que menos vida tienen. Recibe con cariño al fundador de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez, a John Sobrino, a Pepe Castillo y también tenía muchas ganas de verme a mí. Importante: interrumpió el sínodo para recordar la muerte de Gustavo Gutiérrez de 96 años, gran servidor de los pobres. Quedamos en encontrarnos varias veces pero por problemas internos del Vaticano no fue posible. Pero tengo cartas cariñosas de él y una fotografía juntos, cuando estuvimos en Buenos Aires en 1972 dando conferencias.

         Hecho cardenal, vivía solo en un pequeño apartamento, cocinaba su comida, prescindió del palacio y del automóvil. Iba a pie o se desplazaba en metro o en bus, salía a comprar su periódico.

         Tema central de su predicación es la misericordia infinita de Dios. Dice que la condenación es solo para este mundo, pues Dios no puede perder a ningún hijo o hija que ha creado por amor, pues nadie puede imponer límites a su misericordia que va más allá de la justicia. Insiste: no prediquen el evangelio con el miedo y con la amenaza del infierno. Cristo bien dijo en el evangelio de san Juan: “si alguien viene a mí, yo no le diré que se vaya”. Acoge a todos independientemente de su condición sexual. Un niño que se revela al Papa como homoafetivo, oye esta respuesta: “Dios te quiso así. Dios te ama y yo también de amo”. Efectivamente hace del mensaje cristiano una realidad liberadora que humaniza y hace alegre la vida y no una pesadilla con miedo al fuego del infierno.

          Me atrevo a pensar que, dado que la mayoría de los católicos viven fuera de la galaxia europea, los Papas, después del Papa Francisco, serán elegidos de las Iglesias nuevas, capaces de dialogar con las demás religiones y de vivir la nueva situación de la humanidad, habitando la única Casa Común.

         ¿Quién sabe si el único obispo de la Amazonia, el cardenal Leonardo Ulrich Steiner, franciscano, no podría ser la gran sorpresa, nombrado Papa con el nombre de Francisco II? En todo caso, junto con otros caminos espirituales, ayudará a mantener encendida la llama interior de la espiritualidad natural, la alimentará, la cultivará e impedirá que lo más sagrado del ser humano sucumba junto con su Casa Común.

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, Madrid, Trotta 2013.

Que novo Papa  prolongará  o legado do Papa Francisco?

Leonardo Boff

O Papa Francisco escolheu o dia certo para fazer seu encontro com o Senhor: a páscoa que é o começo do novo e é uma pequena antecipação do fim bom da história.

         Reproduzo em parte um artigo que escrevi no dia 1/2//2020 ”Papa Francisco, uma nova genealogia de papas”? Creio que  expressa o desejo de muitos cristãos da América Latina. A nossa perspectiva é que o Papa Francisco emerge como o inaugurador de uma nova genealogia de Papas que vêm fora da velha cristandade europeia.

Na Igreja europeia vivem apenas 25% dos católicos. Nas Américas 65% e o restante nos vários continentes. O cristianismo europeu é agônico. Há igrejas fechadas porque nenhum fiel a frequenta. Nas Américas está se consolidando um cristianismo-fonte e não mais espelho dos europeus. Depois de mais de 500 anos de presença cristã surgiram rostos novos de Igreja, a Igreja na base dos fiéis, bispos despojados não mais morando em palácios e no meio do povo, padres que moram nas periferias,uma série enorme de movimentos leigos, que assumem sua autonomia e muitas religiosas vivendo no interior da Amazônia. Com razão dizemos que aqui está surgindo uma eclesiogênese, vale dizer, a gênese de outro tipo de igreja. Logicamente persiste muito ainda o velho estilo romano de Igreja. Mas não é ela que leva o futuro; ela não caracteriza um outro estilo de Igreja, diverso daquele estritamente tradicional.Vejo as seguintes características do papado de Francisco de Roma.

         Em primeiro lugar Francisco não é apenas um nome mas um projeto de Igreja: pobre e especialmente para os pobres,uma Igreja, anunciadora da paz contra todo tipo de guerras que existem no mundo, denunciadora de um sistema econômico que mata, pois pratica duas injustiças: devasta a natureza e oprime a maioria da humanidade, uma Igreja que cuida da criação como Casa Comum. Escreveu duas belas encícliclas:”sobre cuidado da Casa Comum(2020 e Fratelli tutti (2025). Especialmente nesta última apresenta uma alternativa ao paradigma da modernidade fundado no poder/dominação e do ser humano acima e fora da natureza. Apresenta como alternativa a fraternidade universal e o amor social  sendo o ser humano dentro da natureza e irmão e irmão de todos os demais seres particularmente de seus semelhantes. Nisso vê uma possível salvação da vida na Terra, “pois estamos todos no mesmo barco, ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”.

         Francisco de Roma imitando o de Assis não vai morar nos palácios pontifícios. Escolhe uma casa de hóspedes, Santa Marta, mora num quarto simples e outro para receber as pessoas.Está mais próximo da gruta de Belém do que do palácio de Herodes. É um homem entre outros homens. Diz que antes de tudo é bispo de Roma e depois Papa que quer conduzir a Igreja com amor e não com o direito canônico. Pede aos bispos, coisa inaudita, uma pastoral da ternura e da irrestrita acolhida.

         O Papa Francisco “vem do fim do mundo”, da Argentina, com outra imagem de Igreja, diversa daquela de seus predecessores, uma Igreja que não é um castelo, voltada para dentro com sua ortodoxia e disciplina e cercada de inimigos, a cultura da modernidade,mas uma “igreja em saída” na direção dos que estão à margem,que sofrem e se sentem marginalizados. Diz que quer “uma Igreja tenda de campanha” que acolhe a todos os feridos sem perguntar por sua religião, sua moralidade, basta que sejam humanos e necessitados.

         Francisco não é uma Papa centrado na ortodoxia, na vigilância dos dogmas e da reta disciplina. Respeita esta formulação mas abertamente diz que com tais coisas não se chega ao coração humano. Precisamos acercar-nos com bondade, com sentido de compaixão e de ternura. Não se trata de converter os outros mas seduzi-los pela mensagem humanitária de Jesus. Repetiu muitas vezes: Cristo veio para ensinar-nos a viver, o amor  incondicional, a solidariedade, a compaixão,o perdão, valores que compõem seu projeto de Reino de Deus.

         O Papa Francisco se inscreve nos quadros da teologia da libertação de estilo argentino: libertar a cultura silenciada e o povo oprimido. Desde jovem estudante assumiu esta teologia associada a uma promessa que fez a si mesmo: toda semana visitar sozinho uma favela (“vila miseria”), entrar nas casas das pessoas, conversar com elas, animá-las e trazer-lhe a verdade de que Deus ama especialmente os pobres, pois Deus é vivo e prefere aqueles que menos vida têm. Recebe com carinho o fundador da teologia da  libertação, Gustavo Gutiérrez, John Sobrino, Pepa Castillo e queria tanbém muito me ver. Importante: interrompe o sínodo para lembrar a morte de Gustavo Gutiérrez de 96 anos, grande servidor dos pobres. Marcamos pessoalmente por várias vezes um encontro mas problemas internos do Vaticano o impossibilitaram. Mas tenho cartas carinhosas dele além de uma fotografia juntos, quando dávamos palestras em Buenos Aires em 1972.

         Feito Cardeal,vive sozinho num pequeno apartamento, cozinha sua comida, dispensou o palácio e o carro. Vai a pé ou se desloca de metrô ou de ônibus, compra seu próprio jornal.

         Tema central de sua pregação é a misericórdia infinita de Deus. Diz que a condenação é só para esse mundo, pois Deus não pode perder nenhum filho e filha que criou no amor, pois ninguém pode impor limites à sua misericórdia que vai além da justiça. Insiste: não preguem o evangelho com o medo e com a ameaça do inferno. Cristo bem disse no evangelho de São João: “se alguém vem a mim eu ou não mandarei embora”. Acolhe a todos independente de sua condição sexual. A um menino que se revela ao Papa como homoafetivo, ouve a resposta: “Deus te quis assim. Deus te ama e eu também de amo”. Efetivamente torna a mensagem cristã uma realidade libertadora que humaniza e torna alegre e leve a vida e não um pesadelo com medo do fogo do inferno.

         Ouso pensar que pelo fato da maioria os católicos viverem fora da galáxia europeia, a partir do Papa Francisco serão eleitos Papas das Igreja novas, capazes de dialogar com as demais religiões e viver a nova situação da humanidade, habitando a única Casa Comum. Quem sabe, se o único bispo da Amazônia, Card.Leonardo Ulrich Steiner, franciscano, não poderia ser a grande surpresa, nomeado Papa com o nome de Francisco II? E todos os modos junto com outros caminhos espirituais ajudará a manter acesa a chama interior da espiritualidade natural, a alimentará, a cultivará e impedirá que o mais sagrado do ser humano sucumba junto com sua Casa Comum (1/2/2020).

Leonardo Boff escreveu: Francisco de Assis e Francisco de Roma: uma nova primavera na Igreja  Rio de Janeiro 2015 (aquisição com o autor por e-mail: contato@leonardoboff.eco.br).

El Papa Francisco no es solo un nombre sino un proyecto de Iglesia y de mundo

Leonardo Boff

Todo punto de vista es la *vista desde un punto, afirmé una vez. Mi punto de vista sobre el Papa Francisco es el latinoamericano. El mismo Papa Francisco se presentó como “aquel que viene del fin del mundo”, es decir, de Argentina, del extremo Sur del mundo. Este hecho no carece de relevancia, pues nos ofrece una lectura distinta de otras, de otros puntos de vista.

         La elección del nombre Francisco, sin antecedentes, no es fortuita. Francisco de Asís representa otro proyecto de Iglesia cuya centralidad reside en el Jesús histórico, pobre, amigo de los despreciados y humillados, como los leprosos, con los cuales fue a vivir. Pues esta es la perspectiva asumida por Bergoglio al ser elegido Papa. Quiere una Iglesia pobre para los pobres. Consecuentemente se despoja de las vestiduras honoríficas, de la tradición de los emperadores romanos, bien representadas por la mozzeta, pequeña capa blanca adornada de joyas, símbolo del poder absoluto de los emperadores e incorporada a las vestimentas papales. La rechazó y se la dio al secretario como recuerdo. Viste un traje blanco sencillo con la cruz de hierro que siempre usó. Vivió en la mayor sencillez (el Papa no viste prada) y sin ceremonia, rompió ritos para poder estar cerca de los fieles. Eso seguramente escandalizó a muchos de la vieja cristiandad europea, acostumbrada a la pompa y gloria de las vestimentas papales y en general de los prelados de la Iglesia. Cabe recordar que tales tradiciones se remontan a los emperadores romanos, pero no tienen nada que ver con el pobre artesano y campesino mediterráneo de Nazaret.

         Sorprendentemente se presentó, primero como obispo local de Roma, después como Papa para animar la Iglesia universal y, como enfatizó, no con el derecho canónico sino con el amor.

         Escogió el nombre de Francisco porque San Francisco de Asís es el “ejemplo por excelencia del cuidado y por una ecología integral vivida con alegría y autenticidad (Laudato Sì, n.10), que llamaba a todos los seres con el dulce nombre de hermano y hermana”.

         No quiso vivir en un palacio pontificio, sino en una casa de huéspedes, Santa Marta. Guardaba la fila para comer, como todos los demás, y con humor comentaba: así es más difícil que me envenenen.

         Puso en el centro de su misión la preferencia y el cuidado de los pobres, especialmente de los migrantes. Dijo con honradez: “ustedes europeos estuvieron primero allí, ocuparon sus tierras y riquezas y fueron bien recibidos. Ahora ellos están aquí y no están dispuestos a recibirlos”. Con tristeza constataba la globalización de la indiferencia.

Por primera vez en la historia del papado, el Papa Francisco recibió varias veces a los movimientos sociales mundiales. Veía en ellos la esperanza de un futuro para la Tierra, porque la tratan con cuidado, cultivan la agroecología, viven una democracia popular y participativa. Les repitió muchas veces el derecho que les es negado, las famosas tres T: Tierra, Techo y Trabajo. Deben comenzar ahí donde están, en la región, pues es ahí donde se puede construir una comunidad sostenible. Con eso legitimó todo un movimiento mundial, el biorregionalismo, como forma de superación de la explotación y la acumulación de pocos y con más participación y justicia social para muchos.

         En este contexto escribió dos extraordinarias encíclicas: “Laudato sì: sobre el cuidado de la casa común” (2020), presentando una ecología integral que implica el medio ambiente, la política, la economía, la cultura, la vida cotidiana y la espiritualidad ecológica. En la otra, Fratelli tutti (2025), frente a la degradación generalizada de los ecosistemas, hace una seria advertencia: “estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.34). Con estos textos, el Papa se sitúa a la cabeza de la discusión ecológica mundial que va más allá de la simple ecología verde y de otras formas de producción sin cuestionar nunca el sistema capitalista que, por su lógica, crea acumulación por un lado, a costa de la explotación, por el otro, de las grandes mayorías.

         El Papa Francisco viene de la teología de la liberación de vertiente argentina que enfatiza la opresión del pueblo y el silenciamiento de la cultura popular. Fue discípulo del teólogo de la liberación Juan Carlos Scannone, al que cita a pie de página en Laudato Si. Ya como estudiante e inspirado en esta  teología se hizo a sí mismo una promesa: hacer todas las semanas una visita a las “villas miseria”. Entraba en las casas, se informaba de los problemas de los pobres y suscitaba esperanza en todos. Mantuvo durante años una polémica con el gobierno que hacía asistencialismo y paternalismo como políticas de estado. Reclamaba diciendo: así jamás se sacará a los pobres de la dependencia. Lo que necesitamos es justicia social, raíz de la real liberación de los pobres. En solidaridad con los pobres, vivía en un pequeño apartamento, cocinaba su comida, iba a buscar su periódico. Rechazó vivir en palacio y usar un automóvil especial.

         Esta inspiración libertadora iluminó el modelo de Iglesia que se dispuso a construir. No una Iglesia cerrada cual castillo, imaginándola rodeada por todos lados de enemigos venidos de la modernidad con sus conquistas y libertades. A esta Iglesia cerrada opuso una Iglesia en salida hacia las carencias existenciales, una Iglesia cual hospital de campaña que acoge a todos los heridos, sin preguntarles su tendencia sexual, religión o ideología: basta que sean humanos necesitados.

         El Papa Francisco no se presenta como un doctor de la fe sino como un pastor que acompaña a los fieles. Pide a los pastores que tengan olor a oveja por su proximidad y compromiso con los fieles, ejerciendo la pastoral de la ternura y de la amorosidad.

         Tal vez ningún papa en la historia de la Iglesia haya mostrado tanto valor como él al criticar el sistema vigente que mata y que produce dos feroces injusticias: la injusticia ecológica devastando los ecosistemas y la injusticia social explotando la humanidad hasta la sangre. Nunca en la historia ha habido tanta acumulación de riqueza en tan pocas manos como ahora. Ocho personas individualmente poseen más riqueza que 4,7 mil millones de personas. Es un crimen que clama al cielo, ofende al Creador y sacrifica a sus hijos e hijas.

         Como pastor más que como doctor, su mensaje se fundaba especialmente en el Jesús histórico, amigo de los pobres, de los enfermos, de los marginados y de los oprimidos. Fue asesinado en la cruz por un doble proceso, uno religioso (ofensas a la religión de la época y su afirmación de sentirse Hijo de Dios) y otro político, por las fuerzas de ocupación romana.

No ponía mucho acento en las doctrinas, en los dogmas y en los ritos, que siempre respetó, pues reconocía que con tales cosas no se llega al corazón humano. Para esto se necesita amor, ternura y misericordia. Una vez dijo una de las frases más importantes de su magisterio: Cristo vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión y el perdón, valores que componen el proyecto del Padre que es el centro del anuncio de Jesús: el Reino de Dios. Prefiere un ateo sensible a la justicia social que un fiel que asiste a la iglesia pero no tiene una mirada para su semejante que sufre.

         Tema recurrente en sus predicaciones es el de la misericordia. Para el Papa Francisco la misericordia es esencial. La condenación es solo para este mundo. Dios no puede perder a ningún hijo o hija que ha creado por amor. La misericordia vence a la justicia y nadie puede imponer un límite a la misericordia divina. Alertaba a los predicadores a no hacer lo que se hizo durante siglos: predicar el miedo e infundir en la gente el pavor del infierno. Todos, por peores que hayan sido, están bajo el arcoíris de la gracia y la misericordia divina.

         Lógicamente no todo vale en este mundo. Los que vivieron una vida sacrificando otras vidas y preocupándose poco o incluso negando a Dios pasarán por la clínica curadora de la gracia, en la cual reconocerán sus maldades y aprenderán lo que es el amor, el perdón y la misericordia. Sólo entonces la clínica de Dios, que no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo, se abrirá para que participen también ellos de las promesas divinas.

         Con su llamamiento en favor de los empobrecidos, con su crítica valiente al sistema vigente que produce muerte y amenaza las bases ecológicas que sustentan la vida, por su apasionado amor y cuidado de la naturaleza y de la Casa Común, por sus incansables esfuerzos para mediar en guerras en función de la paz, emergió como un gran profeta que anunció y denunció, pero suscitando siempre la esperanza de que podemos construir un mundo diferente y mejor. Con eso se mostró como un líder religioso y político respetado y admirado por todos.

         Es inolvidable aquella imagen del Papa caminando solitario bajo la lluvia fina por la plaza de San Pedro hacia la capilla de oraciones para que Dios salvase a la humanidad del coronavirus y tuviese misericordia de los más vulnerables.

         El Papa Francisco honra a la humanidad y quedará en la memoria como una persona santa, amable, cariñosa y extremadamente humana. Gracias a figuras así Dios todavía se apiada de nuestras maldades y locuras y nos mantiene vivos sobre este pequeño y bello planeta.

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, Trotta 2013; A amorosidade do Deus-Abba e Jesus de Nazaré, Vozes 2025.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Papa Francesco non è un nome, ma un progetto della Chiesa e de mondo

Papa Francesco non è un nome, ma un progetto della Chiesa e de mondo

Leonardo Boff

Ogni punto di vista è la visione da un punto, ho affermato una volta. Il mio punto di vista su Papa Francesco è quello di un latinoamericano. Lo stesso Papa Francesco si è presentato come «colui che viene dalla fine del mondo», cioè dall’Argentina, dall’estremo Sud del mondo. Questo fatto non è privo di rilevanza, poiché ci offre una lettura diversa da quella di altri, da altri punti di vista.

La scelta del nome Francisco, senza precedenti, non è casuale. Francesco d’Assisi rappresenta un altro progetto di Chiesa la cui centralità risiedeva nel Gesù storico, povero, amico dei disprezzati e umiliati, come i lebbrosi con i quali andò a vivere. Questa è la prospettiva adottata da Bergoglio quando è stato eletto Papa. Vuole una Chiesa povera per i poveri. Di conseguenza, si spoglia dei paramenti onorari, tradizione degli imperatori romani, ben rappresentata dalla mozzetta, quella mantellina bianca ornata di gioielli, simbolo del potere assoluto degli imperatori e incorporata nei paramenti papali. Lui la rifiuta e la dà alla segretaria come souvenir. Indossa un semplice mantello bianco con la croce di ferro che sempre usava. Visse nella più grande semplicità (il Papa non indossa Prada) e, senza cerimonie, infranse i riti per poter essere vicino ai fedeli. Ciò sicuramente ha scandalizzato molti esponenti della vecchia cristianità europea, abituati alla pompa e alla gloria dei paramenti papali e dei prelati della Chiesa in generale. Vale la pena ricordare che tali tradizioni risalgono agli imperatori romani, ma non hanno nulla a che fare con i poveri artigiani e contadini mediterranei di Nazareth.

Sorprendentemente, egli si presenta in primo luogo come vescovo locale di Roma. Poi come Papa per animare la Chiesa universale e, come lui stesso ha sottolineato, non con il diritto canonico, ma con l’amore.

Ha scelto il nome Francesco perché san Francesco d’Assisi è «l’esempio per eccellenza della cura e di una ecologia integrale, vissuta con gioia e autenticità» (Laudato Sì, n. 10) e che chiamava tutti gli esseri con il dolce nome di fratello e sorella.

Non ha voluto vivere in un palazzo pontificio, ma in una foresteria, Santa Marta. Mangiava in fila come tutti gli altri e, con umorismo, commentava: così è più difficile che mi avvelenino.

La centralità della sua missione era posta sulla preferenza e la cura dei poveri, in particolare dei migranti. Disse onestamente: “Voi europei siete stati lì per primi, avete occupato le loro terre e ricchezze e siete stati ben accolti. Ora loro sono qui e non siete disposti a riceverli”. Con tristezza constata la globalizzazione dell’indifferenza.

Per la prima volta nella storia del papato, Papa Francesco ha ricevuto varie volte  i movimenti sociali mondiali. Vedeva in loro la speranza di un futuro per la Terra, perché la trattano con cura, coltivano l’agro-ecologia e vivono una democrazia popolare e partecipativa. Spesso ripeteva loro i diritti che gli sono negati, le famose tre T: Terra, Teto e Trabalho. Devono iniziare da dove si trovano: dalla regione, perché è lì che si può costruire una comunità sostenibile. Con ciò ha legittimato un intero movimento mondiale, il bio-regionalismo, come via per superare lo sfruttamento e l’accumulazione da parte di pochi e garantire una maggiore partecipazione e giustizia sociale per molti.

Fu in questo contesto che ha scritto due straordinarie encicliche: “Laudato Sì: sulla cura della casa comune”, su un’ecologia integrale che coinvolge l’ambiente, la politica, l’economia, la cultura, la vita quotidiana e la spiritualità ecologica. Nell’altra, la “Fratelli tutti”, di fronte al degrado diffuso degli ecosistemi, lanciò il severo monito: «Siamo sulla stessa barca: o ci salviamo tutti o nessuno si salverà» (n. 34). Con questi testi, il Papa si pone in prima linea nel dibattito ecologico mondiale che va oltre la semplice ecologia verde e altre forme di produzione, senza mai mettere in discussione il sistema capitalista che, per sua logica, crea accumulazione da un lato al costo dello sfruttamento della grande maggioranza dall’altro.

Papa Francesco proviene dalla teologia della liberazione della corrente argentina, che sottolinea l’oppressione del popolo e l’esclusione della cultura popolare. Fu discepolo del teologo della liberazione Juan Carlos Scannone, che arrivò a citare in una nota a piè di pagina della Laudato Sì. Già come studente e ispirato da questa teologia, fece una promessa a se stesso: ogni settimana visitare, da solo, le favelas (“vilas miseria“). Entrava nelle case, si informava sui problemi dei poveri e infondeva speranza in tutti. Per anni portò avanti una polemica con il governo che, come politiche dello Stato, faceva assistenzialismo e paternalismo.

Reclamava dicendo: in questo modo i poveri non saranno mai liberati dalla dipendenza. Ciò di cui abbiamo bisogno è la giustizia sociale, radice della vera liberazione dei poveri. In solidarietà con i poveri, viveva in un piccolo appartamento, cucinava il proprio cibo, andava a prendere il suo giornale. Si rifiutava di vivere nel palazzo e di usare l’auto speciale.

Questa ispirazione liberatrice illuminò il modello di Chiesa che egli si proponeva di costruire. Non una Chiesa chiusa come un castello, immaginandola circondata da nemici da tutti i lati, proveniente dalla modernità con le sue conquiste e le sue libertà. A questa Chiesa chiusa egli contrappose una Chiesa in cammino verso i bisogni esistenziali, una Chiesa come ospedale da campo che accoglie tutti i feriti, senza chiedere loro quale sia il loro orientamento sessuale, la loro religione o ideologia: basta che siano esseri umani bisognosi.

Papa Francesco non si presenta come un dottore della fede, ma come un pastore che accompagna i fedeli. Chiede ai pastori di avere l’odore delle pecore, tale è la loro vicinanza e il loro impegno verso i fedeli, esercitando una pastorale di tenerezza e di amore.

Forse nessun papa nella storia della Chiesa ha dimostrato tanto coraggio quanto lui nel criticare il sistema attuale che uccide e produce due feroci ingiustizie: l’ingiustizia ecologica, che devasta gli ecosistemi, e l’ingiustizia sociale, che sfrutta l’umanità fino a versarne il sangue. Mai nella storia si è assistito a una tale accumulazione di ricchezza in poche mani. Otto persone possiedono individualmente più ricchezza di 4,7 miliardi di persone. È un crimine che grida al cielo, offende il Creatore e sacrifica i suoi figli e le sue figlie.

Come un pastore più che come medico, il suo messaggio è fondato soprattutto sulla figura storica di Gesù, amico dei poveri, dei malati, degli emarginati e degli oppressi. Fu assassinato sulla croce attraverso un duplice processo, uno religioso (offese alla religione del tempo per la sua pretesa di sentirsi Figlio di Dio) e l’altro politico, da parte delle forze di occupazione romane.

Non dava molta importanza alle dottrine, ai dogmi e ai riti che aveva sempre rispettato, poiché riconosceva che con tali cose non si raggiunge il cuore umano. Per questo si ha bisogno di amore, di tenerezza e misericordia. Una volta pronunciò una delle frasi più importanti del suo magistero: “Cristo è venuto per insegnarci a vivere: l’amore incondizionato, la solidarietà, la compassione e il perdono, valori che costituiscono il progetto del Padre che è il nucleo dell’annuncio di Gesù: il Regno di Dio. Lui preferiva un ateo sensibile alla giustizia sociale rispetto a un credente che frequenta la chiesa ma non ha alcun riguardo per il prossimo che soffre.

Un tema ricorrente nelle sue prediche è quello della misericordia. Per Papa Francesco la misericordia è essenziale. La condanna è solo per questo mondo. Dio non può perdere nessun figlio o figlia che ha creato nell’amore. La misericordia vince la giustizia e nessuno può porre limiti alla misericordia divina. Metteva in guardia i predicatori da ciò che era stato fatto per secoli: predicare la paura e instillare il terrore dell’inferno. Tutti, indipendentemente da quanto siano stati malvagi, sono sotto l’arcobaleno della grazia e della misericordia divina.

Logicamente, non tutto vale la pena in questo mondo. Ma coloro che hanno vissuto sacrificando altre vite, preoccupandosi poco di Dio o addirittura negandolo, attraverseranno la clinica di guarigione della grazia, dove riconosceranno le loro azioni malvagie e apprenderanno cosa sono l’amore, il perdono e la misericordia. Solo allora la clinica di Dio, che non è l’anticamera dell’inferno, ma l’anticamera del paradiso, si aprirà affinché anche loro possano partecipare alle promesse divine.

Con il suo appello all’azione a favore dei poveri, con la sua coraggiosa critica all’attuale sistema che produce morte e minaccia le basi ecologiche che sostengono la vita, con il suo amore appassionato e la sua cura per la natura e la Casa Comune, con i suoi instancabili sforzi per mediare le guerre in favore della pace, è emerso come un grande profeta che ha annunciato e denunciato, ma sempre suscitando la speranza che possiamo costruire un mondo diverso e migliore. Grazie a ciò, egli si dimostrò un leader religioso e politico rispettato e ammirato da tutti.

Indimenticabile è l’immagine di un papa che cammina da solo, sotto una leggera pioggia, in piazza San Pietro, verso la cappella della preghiera affinché Dio risparmiasse l’umanità dal coronavirus e avesse pietà dei più vulnerabili.

Papa Francesco ha onorato l’umanità e resterà nella memoria come una persona santa, gentile, premurosa ed estremamente umana. È grazie a figure come queste che Dio ha ancora pietà della nostra malvagità e follia e ci ha tenuti in vita su questo piccolo e meraviglioso pianeta.

Leonardo Boff ha scritto Francesco d’Assisi, Francesco di Roma. Una nuova primavera nella chiesa, Editrice Missionaria Italiana, 2014; La tenerezza di Dio-Abbà e di Gesù, Castelvecchi, 2024

(Traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)