Estamos en un vuelo ciego: ¿hacia dónde vamos?

Quien leyó mis dos artículos anteriores “El funesto imperio mundial de las corporaciones” y “Una gobernanza global de la peor especie: la de los mercaderes” habrá seguramente concluido que en esta nave espacial-Tierra sus pasajeros viajan en condiciones totalmente diferentes. Un pequeño grupo de super-ricos han ocupado la primera clase con un lujo escandaloso; otros afortunados viajan en clase económica y son razonablemente servidos de comida y bebida. El resto de la humanidad, y son millones, viaja junto a los equipaje con un frio de muchos grados bajo cero, medio muertos de hambre, de sed y de desesperación. Golpean las paredes de los de arriba gritando: “o repartimos lo que tenemos en esta única nave espacial o en cierto momento se acabará el combustible y, poco importan las clases, moriremos todos”. ¿Pero quién los escuchará? Duermen impasibles después de un copioso yantar.Metafóricamente esta es la situación real de la humanidad. Verdaderamente, estamos perdidos y en un vuelo ciego. ¿Cómo hemos llegado a esta situación amenazadora?

Hemos experimentado dos modelos de producción y de utilización de los bienes y servicios naturales para atender las demandas humanas: el socialismo y el capitalismo. Ambos fracasaron. No cabe entrar en detalles de cómo sucedió. El sistema del socialismo real era el de una economía de planificación estatal centralizada. Llegó a niveles razonables de igualdad-equidad en el campo de la educación, la salud, la vivienda, pero por razones internas y externas, especialmente por su carácter dictatorial, no consiguió resolver sus contradicciones y se derrumbó.

El sistema capitalista neoliberal de mercado libre con escaso control del Estado también fracasó por su lógica interna, la de acumular de forma ilimitada bienes materiales sin ninguna otra consideración. Produjo dos injusticias graves: una social hasta el punto de que el 20% de los más ricos controlan el 82,4% de las riquezas de la Tierra y el 20% más pobre debe contentarse solo con el 1,6%; y una injusticia ecológica, devastando ecosistemas enteros y eliminando especies de seres vivos del orden de 70-100 mil por año. Este sistema quebró en 2008, exactamente en el corazón de los países centrales.

El comunismo chino es sui generis: combina pragmáticamente todos los modos de producción, desde el uso de la fuerza física de las personas y los animales, hasta la más alta tecnología, articulando la propiedad estatal con la privada o mixta, de modo que el resultado final sea una mayor producción con un mínimo sentido de justicia social y ecológica.

Pero es importante reconocer que está creciendo el convencimiento bien fundado de que el sistema-Tierra, limitado en bienes y servicios, pequeño y superpoblado, ya no soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. Ha perdido las condiciones de reponer lo que le quitamos  y por eso se vuelve cada vez más insostenible. Pero por ser una super-entidad viva, la Tierra reacciona de forma cada vez más violenta: cambios climáticos bruscos, huracanes, tsunamis, deshielo, desertización espantosa, erosión de la biodiversidad y un calentamiento global que no para de aumentar. ¿Cuándo va a parar este proceso? Si continúa ¿a dónde nos va a llevar?

Es urgente que cambiemos de rumbo, es decir, que asumamos nuevos principios y valores, capaces de organizar de forma amigable nuestra relación con la naturaleza y con nuestra Casa Común. El documento más inspirador es seguramente la Carta de la Tierra, nacida de una consulta mundial, que duró ocho años, bajo la inspiración de Mijaíl Gorbachov y aprobada por la UNESCO en 2003. Ella incorpora los datos más seguros de la nueva cosmología, que muestran a la Tierra como un momento de un vasto universo en evolución, viva y dotada de una compleja comunidad de vida. Todos los seres vivos somos portadores del mismo código genético de base, de suerte que todos somos parientes.

Cuatro principios-eje estructuran el documento: (1) el respeto y el cuidado por la comunidad de vida; (2) la integridad ecológica; (3) la justicia social y económica; (4) la democracia, la no-violencia y la paz. Con severidad advierte: «o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros, o arriesgamos nuestra destrucción y la de la comunidad de vida» (preámbulo).

Las palabras finales de la Carta nos llaman a retomar la humanidad: «como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un  nuevo comienzo. Esto requiere un cambio de mente y de corazón. Requiere un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal. Sólo así alcanzaremos un modo de vida sostenible a nivel local, regional, nacional y global» (conclusión).

Nótese que no se habla de reformas sino de un nuevo comienzo. Se trata de reinventar la humanidad. Tal propósito demanda una nueva mirada sobre la Tierra (mente), vista como un ente vivo, Gaia, y una nueva relación de cuidado y de amor (corazón), obedeciendo a la lógica universal de la interdependencia de todos con todos y de la responsabilidad colectiva por el futuro común.

Este es el camino a seguir que servirá de carta de navegación para que la nave-Tierra aterrice segura en otro tipo de mundo.

Leonardo Boff participó en la redacción de la Carta de la Tierra.

Traducción de Mª José Gavito

Una gobernanza global de la peor especie: la de los mercaderes

Anteriormente hemos abordado el imperio de las grandes multinacionales que controlan los flujos económicos y a través de ellos las demás instancias de la sociedad mundial. La constitución perversa de este imperio surgió por la falta de una gobernanza global que se have cada día más urgente. Hay problemas globales como los de la paz, la alimentación, el agua, los cambios climáticos, las migraciones de los pueblos y otros que, por ser globales, exigen soluciones globales. Pero el egoísmo y el individualismo de las grandes potencias está impidiendo esta gobernanza.

Una gobernanza global supone que cada país renuncie un poco a su soberanía para crear un espacio colectivo y plural donde las soluciones a los problemas globales puedan ser globalmente abordadas. Pero ninguna potencia quiere renunciar ni a una pizca de su poderío, aunque se agraven los problemas, especialmente los ligados a los límites físicos de la Tierra, con capacidad de afectar negativamente a todos a través de eventos extremos.

Digamos de paso que existe una ceguera lamentable en la mayoría de los economistas. En sus debates –tomemos como ejemplo el conocido programa semanal de Globonews Pinel–la economía ocupa un lugar privilegiado. En lo que he podido constatar no oí a ningún participante incluir en sus análisis los límites de sostenibilidad del sistema-vida y del sistema-Tierra que ponen en jaque la reproducción del capital. Prolongan el tedioso discurso económico del viejo paradigma como si la Tierra fuese un baúl de recursos ilimitados y la economía se midiese por el PIB y fuese un subcapítulo de la matemática y de la estadística. Falta pensamiento. No se dan cuenta de que si no abandonamos la obsesión del crecimiento material ilimitado y en su lugar no buscamos la equidad-igualdad social, solo empeoraremos la situación ya mala.

Queremos abordar un complemento del imperio perverso de las grandes corporaciones multinacionales que se revela todavía más desvergonzado. Se trata de la búsqueda de un Acuerdo Multilateral de Inversiones. Casi todo se discute a puerta cerrada. Pero en la medida en que es detectado, se retrae, para volver luego con otros nombres. La intención es crear un acuerdo de libre comercio entre los estados y las grandes corporaciones. Los términos de esta cuestión fueron ampliamente presentados por Lori Wallach directora del Public Citizen’s Global Trade Watch en Le Monde Diplomatique Brasil de noviembre de 2013.

Tales corporaciones buscan saciar su apetito de acumulación en áreas relativamente poco atendidas por los países pobres: infraestructura sanitaria, seguro de salud, escuelas profesionales, recursos naturales, equipamientos públicos, cultura, derechos de autor y patentes. Los contratos se aprovechan de la fragilidad de los Estados e imponen condiciones leoninas. Las corporaciones, por ser transnacionales, no se sienten sometidas a las normas nacionales con respecto a la salud, a la protección ambiental ni a la legislación fiscal. Cuando estiman que por causa de tales normas el lucro futuro esperado no ha sido alcanzado, pueden mediante procesos judiciales exigir un resarcimiento del Estado (del pueblo) que puede llegar a miles de millones de dólares o de euros.

Estas corporaciones consideran la Tierra como de nadie, a semejanza del viejo colonialismo, y consiguen que los tribunales les concedan el derecho de adquirir tierras, manantiales de aguas, lagos y otros bienes y servicios de la naturaleza. Ellas, comenta Wallach, «no tienen ninguna obligación hacia los países y pueden disparar procesos cuando y donde les convenga» (p.5). Ejemplo típico y ridículo es el caso del suministrador sueco de energía Fattenfall que exige miles de millones de euros a Alemania por su «giro energético» al haber prometido abandonar la energía nuclear y castigar más severamente a las centrales de carbón. El tema de la polución, de la disminución del calentamiento global y de la preservación de la biodiversidad del planeta son letra muerta para esos depredadores, en nombre del lucro.

La sinvergonzonería comercial llega a tales niveles que los países firmantes de ese tipo de tratado «se verían obligados no sólo a someter sus servicios públicos a la lógica del mercado sino también a renunciar a cualquier intervención sobre los prestadores de servicios extranjeros que codician sus mercados» (p.6). El Estado tendría una parcela mínima de maniobra en cuestión de energía, salud, educación, agua y transporte, exactamente los temas más reclamados en las protestas de junio de 2013 por miles de manifestantes en Brasil.

Estos tratados estaban siendo negociados con Estados Unidos y Canadá, con el ALCA en América Latina y especialmente entre la Comunidad Europea y Estados Unidos.

¿Qué revelan estas estrategias? Una economía que se ha autonomizado de tal manera que solamente cuenta ella, anula la soberanía de los países, se apropia de la Tierra como un todo y transforma en un inmenso emporio la mesa de negocios. Todo se vuelve mercancía: las personas, sus órganos, la naturaleza, la cultura, el entretenimiento y hasta la religión y el cielo. Nunca se toma en cuenta la posible reacción masiva de la sociedad civil que puede, enfurecida y con justicia, rebelarse y echar todo a perder. Menos mal que, avergonzados, pero todavía obstinados, los proyectos se están escondiendo detrás de las puertas cerradas.

Traducción de Maria Jose Gavito Milano

The worst form of global government: that of businessmen

We have dealt before with the empire of the huge multinationals that control the economic flow, and through it, other aspects of world society. This perverse empire was built for lack of a global government, which becomes more urgent every day. There are global problems such as of peace, food, water, climate change, the migrations of the world’s peoples, and others that, because they are global, demand global solutions. But the egotism and individualism of the great powers is preventing such a government.

A global government presupposes that each country cedes a little of its sovereignty, in order to create a global and plural space where global solutions to global problems may be found. But no power wants to renounce any of its power, even if the problems worsen, especially those linked to the physical limitations of the Earth that can negatively affect all of humanity, through extreme events.

Let us say in passing that most economists exhibit a pitiful blindness. In their debates – as an example, in the well known weekly program, Globonews Pinel – the economy occupies a privileged space.  But I have yet to hear a single participant include in his analysis the limits of  sustainability of the life-system and of the Earth-system that check capital’s renewal. They prolong the tedious economic talk of the old paradigm, as if the Earth were a chest of unlimited resources and the economy were measured by the Gross National Product, GNP, like a chapter of mathematics and statistics. Thought is lacking. They do not understand that if we do not abandon our obsession with unlimited material growth and instead, search for social equity-equality, we will only make the already bad situation worse.

We would like to touch on an even more shameful component of the perverse empire of the huge multinational corporations. It is the search for a Multilateral Investment Treaty. Almost everything is discussed behind closed doors. But to the extent that it is detected, it retracts, to soon return under another name. The intention is to create a free market treaty between nations and the large corporations. The terms were well presented by Lori Wallach, director of the Public Citizen’s Global Trade Watch in Le Monde Diplomatique Brasil, in November 2013.

These corporations seek to satiate their appetite for accumulation in an area where poor countries are relatively weak: sanitation infrastructure, health security, professional schools, natural resources, public equipment, culture, copyrights and patents. The contracts take advantage of the countries’ fragility, and impose leonine conditions. The corporations, being transnational, do not consider themselves subject to national norms regarding health, environmental protection or fiscal legislation. When they deem that due to such norms, the desired earnings have not been attained, they can, through judicial processes, demand payment from the country (from the people!) that can reach thousands of millions of dollars or euros.

These corporation treat the Earth as if it belonged to no-one, like the old colonialism, and get the tribunals to grant them rights to acquire land, water sources, lakes and other natural goods and services. Those corporations, Wallach notes, «have no obligation towards the country and can launch projects when and where they see fit» (p.5). A typical and ridiculous example is the case of Fattenfall, the Swedish energy supplier that is demanding thousands of millions of euros from Germany, for its «energy switch», having promised to abandon nuclear energy and more severely punish carbon emiters. The issue of pollution, of reducing global warming and preserving the planet’s biodiversity are dead letters to those predators, in the name of profit.

The commercial shamefulness reaches such levels that the countries signing that type of treaty «would find themselves obliged not only to submit their public services to the logic of the market but also to renounce any control over the foreign providers of services that covet their markets» (p.6). The country would have only a minimal control on questions of energy, health, education, water and transportation, precisely the topics most demanded in the June 2013 protests by thousands of demonstrators in Brazil.

These treaties were being negotiated with the United States and Canada, with the Free Trade Agreements in Latin America and especially between the European Community and the United States.

What do these strategies reveal? An economy that has become autonomous in a manner where only the economy is important, one that annuls the sovereignty of the countries, takes the Earth as a whole as property, and transforms business into an immense emporium. Everything becomes merchandise: people, their organs, nature, culture, entertainment and even religion and heaven. No consideration was given to the possible massive reaction of civil society that can, furiously and justly, reveal and throw everything to waste. Worse still, full of shame, but still obstinate, these projects are being hidden behind closed doors.

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

Os movimentos populares latino-americanos junto ao Papa Francisco

Algo inaudito está acontecendo com a Igreja Católica sob a direção do Papa Francisco. Uma coisa é falar dos pobres e dos excluidos e denunciar a violência praticada contra eles. E deixá-los lá longe com suas penas. A Igreja assumia, normalmente, uma função tribunícia: se propunha representar, como um  tribuno, os pobres. Agora com esse Papa, na linha da tradição latino-americsna, os pobres e excluidos são considerados sujeitos autônomos. Como tais são convocados a Roma, junto à Sé Apostólica, para falarem por si mesmos. Ouvir a versão das vitimas e não apenas ouvir os analistas cinetíficos das causas que os tornam o que são, excluidos e explorados. O Papa empenhou a Academia Pontificia de Ciências para estudar as causas desta perversão. O tema fala por si: “A emergência dos Exluidos“. Isso nos remete a um tema central da Teologia da Libertação ainda nos seus primórdio:”A emergência dos pobres“.  Lá estava João Pedro Stédile do Movimento dos Sem Terra- Via Campensina, Juan Grabois  do Movimento do Trabalhadores Excluidos e  ainda os Trabalhadores da Economia Popular entre  outros que falaram no seu próprio dialeto de movimentos de base. Grabois foi posteriormente recebido pessoalmente pelo Papa. Uma coisa é ver o Brasil a partir das caravelas dos colonizadores: a paisagem é uma. Outra coisa é ver o Brasil a partir da praia: uma paisagem diria paradisíaca composta de indios inocentes, nus e hospitaleiros. É um outro Brasil. Algo semelhante ocorre aqui. Agora podemos ouvir como as vítimas denunciam elas mesmas os causadores de sua desgraça e da guerra total que se move contra a Mãe-Terrra. Como vão se justificar os “donos” do mundo, do dinheiro, dos rumos que impõem com força e violência aos outros? Terão que vir a público e todos poderemos ver  as suas desrazões e a crueldade e impiedade que praticam contra o sistema-vida, sistema-Humandidade e sistema-Terra. Por que a grande mídia não deu relevância nenhuma a este fato? É porque essa “gente” não conta para o sistema. Somente atrapalham “o crescimento”. Mas algo do Spirtus Creator, chamado de “Pater pauperum” pela liturgia da festa do Espírito Santo, o “Pai dos Pobres” está irrompendo na Humanidade pelos caminhos da Igreja franciscana de Francisco de Roma, seguidor de Francisco de Assis. Poderá ser o começo de uma nova vontade de reinventar a Humanidade par que não seja tão malvada e inimiga da vida. Lboff


MST – Via Campesina – MTE (*)

Arquivo


No último dia 5 de dezembro se produziu um acontecimento sem precedentes. Nós, das organizações populares, pudemos fazer ouvir nossa voz no Vaticano, pontualmente na Pontifícia Academia de Ciências, no marco de um colóquio intitulado “A Emergência dos Excluídos” (1). A atividade foi coordenada pelo chanceler da Academia, Monsenhor Marcelo Sánchez Sorondo, a pedido do próprio Francisco.

Depois da abertura do colóquio, a cargo do Cardeal Peter Turkson, o companheiro Juan Grabois (Movimento de Trabalhadores Excluídos – Confederação de Trabalhadores da Economia Popular), co-organizador do evento, abriu a discussão com sua palestra “Capitalismo de Exclusão, periferias e movimentos populares” (2). Durante sua intervenção, Grabois denunciou a existência de um modelo econômico de exclusão, baseado na busca irresponsável de lucro, a primazia do capital financeiro especulativo, a cultura consumista do desperdício, a usurpação da natureza e a claudicação dos estados nacionais frente ao capital mundial.
 
Nesse marco, afirmou, se desenvolveram os fenômenos de injustiça social contemporâneos como a dos 1,5 bilhões de companheiros vivendo em condições inumanas em favelas ou a degradação do trabalho que joga mais da metade da classe trabalhadora global em situações de total informalidade e extrema precariedade.

Por sua parte, o companheiro João Pedro Stédile, do Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST – Via Campesina), afirmou a importância de compreender as causas da multiplicação dos excluídos no mundo e não deter-se exclusivamente nas consequências. Entre elas, indicou, algumas características do capitalismo contemporâneo como a ofensiva do capital sobre a natureza, onde se pretende privatizar todos os bens comuns da humanidade: a terra, a água, o subsolo e inclusive o ar. Também chamou a atenção para a insuficiência da democracia formal para permitir a participação de todas as pessoas, especialmente dos trabalhadores e os humildes e exigiu formas participativas de democracia.
 
Finalmente, denunciou a existência de monopólios midiáticos que pretendem controlar a imprensa e a cultura mundial a serviço do modelo consumista e das estruturas de poder hegemônicas. 

Outros panelistas, entre os que se encontravam Romano Prodi – ex-Presidente da Itália, de orientação socialdemocrata – e Jeffry Sachs – economista de orientação neoliberal durante a década de noventa que deu uma guinada à posições de maior sensibilidade social -, com independência de sua filiação ideológica, coincidiram na gravidade do problema e reafirmaram diversos aspectos do mesmo, como a impotência dos partidos políticos frente ao poder econômico, o escândalo da evasão impositiva dos ricos e a impossibilidade de arrecadar os fundos para os programas sociais da ONU pela mesquinharia das grandes potências.

De especial interesse foi a exposição de Veerabhadran Ramanathan, um dos principais especialistas do mundo em mudança climática, que afirmou com contundência a responsabilidade das grandes empresas e dos países desenvolvidos nesta situação que, paradoxalmente, afetam principalmente os mais humildes pela vulnerabilidade econômica e habitacional que padecem. Indicou que, de não realizar-se as mudanças necessárias, a temperatura se elevará irremediavelmente 40 C nos próximos 50 anos com consequências catastróficas para toda a humanidade.

O colóquio se encerrou com uma discussão geral na qual não faltaram contrapontos entre os presentes, sempre em um marco de respeito e diálogo.
 
Todos os participantes fizeram reiteradas referências à Exortação Apostólica Evangelii Gaudium(3) que contém categóricos e esclarecedores conceitos sobre a situação dos excluídos e a matriz excludente da economia global.
 
De nossa parte, como representantes de movimentos populares, afirmamos que devemos primeiro analisar as causas da multiplicação dos excluídos no mundo, para depois buscar as verdadeiras saídas e, entre as causas enumeramos:

a) Há uma ofensiva mundial do capital financeiro e transnacional para privatizar e apoderar-se de todos os bens da natureza: minas, terra, biodiversidade, água, ventos e até o ar, com os títulos de crédito de carbono. Isso vai contra toda a lógica de desenvolvimento da humanidade de que os bens da natureza pertencem a todos/as e devem cumprir uma função social de gerar bem-estar para todos/as. Privatizar a natureza e transformar os alimentos apenas em mercadorias, onde só pode ascender quem tem dinheiro, é colocar em risco a vida humana.

b) A concentração econômica. O mundo econômico é refém de não mais de 300 empresas transnacionais que controlam 58% do PIB mundial, e dão trabalho a apenas 8% da população economicamente ativa. Eles são os que controlam a economia e os governos. Por isso os governos se reúnem, mas não decidem nada.

c) A democracia formal ou burguesa falhou. As formas de representação estão em crise e não respondem aos interesses dos povos. Porque em todos os países há mecanismos de financiamento das campanhas eleitorais pelas grandes empresas de controle da opinião pública, que foi distanciando os poderes judiciário, legislativo e executivo da vontade real dos povos. Há necessidade urgente de desenvolver novas formas de participação popular nos três poderes e novas formas de representação política, em todo o mundo. Uma democracia que, além de formal, seja real. 

d) Há uma revolução tecnológica em curso, com a informática e a Internet, que ampliou o acesso à informação. Mas isso não levou à democratização do acesso à educação formal para todos os jovens. Os níveis de acesso, se ficam no ensino primário e secundário, na maioria dos países, os jovens não entram nas universidades, e temos milhões de trabalhadores adultos não alfabetizados, à margem da modernidade. O pobre analfabeto, não é cidadão enquanto não conheça as letras!

e) Há um controle das ideias, dos desejos e da opinião pública pela concentração do poder midiático em todos os países do mundo. A construção de uma democracia necessita democratizar, em primeiro lugar, os meios de comunicação

Finalizada a jornada, Stédile e Grabois mantiveram uma prolongada reunião com o Cardeal Turkson, presidente do Pontifício Conselho de Justiça e Paz, na qual intercambiaram opiniões sobre diferentes questões sociais e discutiram alternativas para dar continuidade ao diálogo entre Igreja e movimentos populares.

No dia seguinte, no marco de uma audiência privada com o sumo pontífice, Grabois entregou ao Papa Francisco dois obséquios: um quadro de sementes elaborado por uma camponesa do MST e um barco de papelão reciclado realizado pelos papeleiros do MTE. Francisco filmou uma mensagem para os camponeses (4) e outra para os papeleiros (5) no qual expressa sua solidariedade com ambos os setores e seu respaldo a sua luta pelo trabalho, a terra, a vida comunitária e o ambiente.

Por sua parte, Stédile participou de uma série de reuniões com organizações camponesas e sociais italianas, como o Comitê de Apoio ao MST e o espaço de autogestão STRIKE, onde se reúnem jovens em condições precárias. Também brindou uma extensa entrevista coletiva no Teatro Ocupado Valle, frente grande quantidade de militantes sociais italianos.

Tanto Stédile como Grabois expressaram que voltavam a seus respectivos países com renovada sensação de que os trabalhadores, os excluídos, os pobres da terra, e suas organizações têm um importante apoio em sua luta pela Justiça Social e que se abre uma nova etapa na unidade global do campo popular.

(*) Movimento dos Trabalhadores Sem Terra (MST) – Via Campesina – Movimento de Trabalhadores Excluídos (MTE) na Confederação de Trabalhadores da Economia Popular (CTEP) 

Notas:

(1) http://www.casinapioiv.va/content/dan/accademia/booklet/booklet_excluded.pdf

(2) http://www.casinapioiv.va/content/dan/accad emia/pdf/sv123/sv123-grabois.pdf

(3) http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf

(4) O Papa Francisco, em sua mensagem  aos camponeses disse: “Uma saudação aos que estão participando da assembleia da Via Campesina, que expressa de alguma maneira o amor à terra, que há uma relação entre quem cuida da terra e quem cultiva a terra…e que a terra responde dando sua riqueza e seus frutos, cuidar da terra, não abusar dela, trabalhar a terra, mas ao mesmo tempo, trabalhar em comunidade, trabalhar como irmãos, essa relação entre a criação que Deus nos deu, entre a irmandade que Deus quer conosco, vai fazer bem a todos, não maltratar a terra, não maltratar-nos entre nós , e continuar adiante, que Deus os bendiga…” (https://docs.google.com/file/d/0B_yUztFLNxbfYkJMeEs5QWJnNzg/edit?pli=1)

(5) http://www.youtube.com/watch?v=Bkm88broxUE&feature=youtu.be

O texto se encontra no Boletim Carta Maior de 8 de janeiro de 2014.