¿Merecemos todavía continuar sobre la Tierra?

Reparando en la situación de la humanidad, de la Tierra viva, de sus ecosistemas, de las relaciones entre las naciones guerreando entre sí militar o económicamente, de tribus en África matándose, cortando brazos o piernas, de una superpotencia como Rusia masacrando a un pueblo pariente suyo, de selvas que están siendo devastadas, como en la Amazonia y en el Congo…

Cuando sigo los informes científicos de los climatólogos diciendo que ya hemos pasado A pergunta que mais importa fazer, aqui, lá fora, e até mesmo às estrelas: por que o ter quase tudo é tão de poucos, e o não ter quase nada é tão de muitos?el punto crítico de calentamiento y que ya no hay vuelta atrás, y que ni la ciencia ni la tecnología nos podrán salvar ya, solo prevenirnos, y finalmente diciendo que radicalizamos el antropoceno (el ser humano es la gran amenaza para la vida, estamos en la sexta extinción de vidas), pasamos por el necroceno (muerte en masa de organismos vivos) y ahora hemos llegado al piroceno (la era del fuego en la Tierra), tal vez la fase más peligrosa para nuestra supervivencia.

Los suelos han perdido su humedad, las piedras se han recalentado y las hojas y las ramas secas empiezan a provocar terribles incendios, como ocurrió en 2022 en toda Europa, hasta en la húmeda Siberia, en Australia, en California y especialmente en la Amazonia. Y más aún, cuando veo que los jefes de estado y los directivos de las grandes empresas (CEOs) ocultan tales datos o no les dan importancia para no perjudicar los negocios, con lo cual están cavando su propia sepultura. Peor aún, cuando OXFAM y otros organismos nos muestran que solo el 1% de la población mundial controla prácticamente todo el flujo de las finanzas y posee más riqueza que más de la mitad de la población mundial (4.700 millones), y que en Brasil, según FORBES, 318 multimillonarios poseen gran parte de su riqueza en fábricas, tierras, inversiones, holdings, en bancos e instituciones de países diferentes al suyo, en el cual 33 millones pasan hambre y 110 millones se encuentran en insuficiencia alimentaria (comen hoy y no saben qué comerán mañana o después) y donde hay millones de parados o en la pura informalidad, me viene a la mente la imparable pregunta: ¿nosotros los humanos, somos todavía humanos o vivimos en la prehistoria de nosotros mismos, sin habernos descubierto como iguales, habitantes de la misma Casa Común?

Con todas estas desgracias, de las cuales el ser humano es en gran parte responsable, ¿todavía merece vivir sobre este planeta? ¿O es que la propia Tierra tiene su estrategia interna, como el coronavirus reveló: cuando una especie amenaza demasiado a todas las demás, busca una manera de disminuir su furor o incluso de eliminarla para que las demás puedan seguir desarrollándose sobre el suelo terrestre?.

En este contexto recuerdo la frase de uno de los mayores brasileros de nuestra historia, Betinho, que decía muchas veces en sus conferencias: el problema mayor no es económico, no es político, no es ideológico, no es religioso. El problema mayor es la falta de sensibilidad del ser humano para con su semejante, con el que está a su lado. Hemos perdido la capacidad de tener compasión con quien sufre, de extender la mano a quien pide un pedazo de pan o un sitio para dormir en época de lluvias torrenciales.

La cultura del capital nos hace individualistas, consumidores, nunca próximos y ciudadanos con derechos, mucho menos nos concede sentir que somos de hecho hermanos y hermanas por tener los mismos componentes físico-químicos, iguales en todos los seres vivos, también en los humanos.

Hace más de dos mil años, hubo alguien que pasó entre nosotros enseñándonos a vivir el amor, la solidaridad, la compasión, el respeto y la reverencia ante la Realidad Suprema, hecha de misericordia y perdón, y que, por causa de estas verdades radicalmente humanas, fue considerado un enemigo de las tradiciones religiosas, un subversivo del orden ético del tiempo y acabó ajusticiado y levantado en lo alto de una cruz fuera de la ciudad, lo cual era símbolo de maldición y del abandono de Dios.

Él soportó todo eso en solidaridad con sus hermanos y hermanas Su mensaje ha permanecido hasta hoy, en gran parte traicionado o espiritualizado para desvitalizar su carácter transformador y mantener al mundo así como está, con sus poderes y desigualdades infernales. Pero otros, pocos, siguieron y siguen sus ejemplos, su práctica y su amor incondicional. Muchos de ellos por seguir su causa conocieron y conocen su mismo destino: la calumnia, el desprecio y la eliminación física. Pero es por causa de estos pocos, creo yo, que Dios todavía se contiene y no nos hace desaparecer.

Aún creyendo esto, ante este cuadro sombrío me vienen a la mente las palabras del libro del Génesis: “El Señor vio cuánto había crecido la maldad de los seres humanos en la tierra y cómo todos los proyectos de sus corazones tendían únicamente hacia el mal. Y el Señor se arrepintió de haber creado a los seres humanos en la tierra y su corazón se entristeció. Entonces dijo el Señor: voy a exterminar de la faz de la tierra al ser humano que creé y con él a los animales, los reptiles y a las aves del cielo, pues me pesa haberlos creado” (Gn 6,5-7).

 Estas palabras, escritas hace más de 3-4 mil años, parecen describir nuestra realidad. Colocados en el jardín del Edén (la Tierra viva) para guardarlo y cuidarlo, el ser humano se ha vuelto su mayor amenaza. No bastaba ser homicida como Caín, ni etnocida con la exterminación de pueblos enteros en las Américas y en África. Se ha hecho ecocida, devastando y desertificando ecosistemas enteros. Y ahora irrumpe como biocida, poniendo en peligro la vida de la biosfera y la propia vida humana.

Aquí cabe citar los informes científicos de una gran periodista norteamericana Elizabeth Kolbert. Después de escribir el libro premiado “La Sexta Extinción: una historia nada natural”, acaba de publicar “El Cielo blanco: la naturaleza del futuro”, en el que describe los intentos desesperados de los científicos para evitar el desastre global como efecto del calentamiento, pues crece día a día. Solo en 2021 fueron lanzadas a la atmósfera 40 mil millones de toneladas de CO2. Estos científicos proponen bloquear con geoingeniería una gran parte del sol para que deje de calentar el planeta. El cielo quedaría blanco.

Hay que decirlo claramente: los responsables de esta funesta situación no es sensillamente la  humanidad,sino las grandes cconrporaciones con sus CEOs y técnicos, el sistema que se implantó ya más de tres siglos y que perdió totalmente su justa medida  funcionndo mecanimente como un robot, explotando todo lo que puede de la naturaleza. Esta lógica irrefreable puede conduzirnos a un desastre fatal. Cuién de estos ecoasesinos tiene conciencia de este eventual fin tragico para todos?Hay que continuar con los negocios as usual.

¿Cuáles serían las consecuencias, especialmente para la biosfera, para la fotosíntesis y para todo aquello que depende del sol? Por eso esa tecnología es cuestionada. Crearía más problemas que los que quiere solucionar.

Termino con la observación de uno de los mayores naturalistas, Théodore Monod, que escribió un libro justamente con este título: “Y si la aventura humana fallase” (2000). La base de su suposición es la terrorífica capacidad destructiva de los seres humanos, pues “son capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora se puede temer todo, verdaderamente todo, incluso la aniquilación de la raza humana” (edición francesa, p.246).

Soy un pesimista esperanzado. Pesimista ante la realidad perversa en la cual vivimos y sufrimos. Esperanzado porque creo que el ser humano puede cambiar a partir de una nueva conciencia, y creo en el Creador que de esta crisis y eventualmente de una ruina puede construir un tipo de seres humanos más fraternos entre sí y respetuosos de la Casa Común.

*Leonardo Boff, eco-teólogo, ha escrito Habitar la Tierra, Vozes 2022; con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la Tierra amenazada? Vozes 2014.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Merecemos ainda continuar sobre a Terra?

                                             Leonardo Boff

Reparando a situação da humanidade, da Terra viva, de seus ecossitemas, das relações entre as nações se guerreando militar ou economicamente, na África tribos se matando,cortando braços ou pernas, uma superpotência como a Rússia massacrando todo um povo parente, florestas sendo devastadas como na Amazônia e no Congo… Quando acompanho os relatórios científicos de climatólogos dizendo que já passamos o ponto crítico do aquecimento e que não haverá mais retorno e que nem a ciência a tecnologia não nos poderão mais salvar, apenas nos prevenir e finalmente dizem radicalizamos o anntropoceno (o ser humano é a grande ameaça à vida, estamos na sexta extinção de vidas), passamos pelo necroceno (morte em massa de organismos vivos) e chegamos agora ao piroceno (a era do fogo na Terra), talvez a fase mais perigosa para a nossa sobrevivência. Os solos perderam sua umidade, as pedras se superaqueceram e folhas secas e gravetos começam a deslanchar incêndios pavorosos como ocorreu em 2022 em toda a Europa, até na úmida Sibéria, na Austrália, na Califórnia e especialmente na Amazônia. E mais ainda, quando vejo que os chefes de estado e os dirigentes das grandes empresas (CEOs) ocultam tais dados ou não lhes dão importância para não prejudicar os negócios, estão cavando a sua própria sepultura. Pior ainda quando a OXFAM e outros organismos nos mostram que apenas 1% da população mundial controla praticamente todo o fluxo das finanças e que possuem mais riqueza que mais da metade da população mundial (4,7 bilhões) e que no Brasil, segundo a FORBES, 318 bilionários possuem grande parte da riqueza em fábricas, terras,investimentos, em holdings,em bancos etc num país no qual 33 milhões passam fome e 110 milhõe se encontram em insuficiência alimentar(comem hoje e não sabem o que comerão amanha ou depois) e milhões de desempregados ou na pura informalidade, nos vem logo a irrefreável interrogação: nós humanos, somos ainda humanos, ou vivemos na pré-história de nós mesmos, sem termos nos descoberto como co-iguais, habitantes na mesma Casa Comum.

Com todas estas desgraças das quais ele, em grande parte, se fez responsável, merece ainda viver sobre este planeta? Ou a Terra mesma, possui sua estratégia  interna, como o coronavírus revelou: quando uma espécie ameaça demasiadamente todas as outras, ela dá um jeito de diminuir o seu furor ou mesmo eliminá-la para que as outras possam continuar a se desenvolver sobre so solo terrestre.

É nesse contexto que lembro a frase de um dos maiores brasileiros de nossa história, o Betinho que muitas vezes em conferências dizia: o problema maior não é econômico, não é político, não é ideológicos, não é religioso. O problema maior é a falta de sensibilidade do ser humano com para com seu semelhante que está a seu lado. Perdemos a capacidade de termos com-paixão para com quem sofre, de estender a mão a quem pede um pedaço de pão ou um lugar para dormir em época de chuva torrencial.

A cultura do capital nos fez  individualistas, consumidores e nunca próximos e cidadãos com direitos,muito menos nos concede sentir que somos irmãos e irmãs de fato por termos os mesmos componentes físico-químicos iguais em todos os seres vivos, também nos humanos.

Houve alguém que há mais de dois mil anos passou entre nós nos ensinando a viver o amor, a solidariedade, a compaixão, o respeito e a reverência face à Suprema Realidade, feita de misericórdia e perdão, e, por causa destas verdades radicalmente humanas foi considerado um inimigo das tradições religiosas, um subversivo da ordem ética do tempo e acabou assassinado e levantado no alto da cruz, fora da cidade que era símbolo de maldição e do abandono de Deus. Ele sofreu tudo isso em solidariedade com seus irmãos e irmãs.

Até hoje sua mensagem permanece. Em grande parte foi traída ou espiritualizada para desvitalizar  seu caráter transformador e  mantivesse o mundo assim como está com seus poderes e infernais desigualdades. Mas outros, poucos, seguiram e seguem seus exemplos, sua prática e seu amor incondicional. Muitos desses  por causa disso conhecem o mesmo destino dele: a calúnia, o desprezo e a eliminação física. Mas é por causa desses poucos, creio eu, que Deus ainda se segura e não nos faz desaparecer.

Mesmo com essa crença, diante deste quadro sombrio me vem à mente as palavras do livro do Gênesis:”O Senhor viu o quanto havia crescido a maldade dos seres humanos na terra e como todos os projetos de seus corações tendiam unicamente para o mal. Então o Senhor se arrependeu de ter criado os seres humanos na  terra e ficou com o coração magoado. Então o Senhor disse: vou exterminar da face da terra o ser humano que criei e com ele os animais, os répteis e até as aves do céu, pois estou arrependido de tê-los feito”(Gn 6,5-7).

Estas palavras escritas há mais de 3-4 mil anos atrás parecem descrever a nossa realidade. Colocados no jardim do Éden (a Terra viva) para guardá-lo e cuidá-lo, o ser humano se fez sua maior ameaça. Não bastava ser homicida como Caim, nem etnocida com a exterminação de povos inteiros nas Américas e na África. Fez-se ecocida, devastando e desertificando inteiros ecossistemas. E agora irrompe como biocida, pondo em risco a vida da biosfera e da própria vida humana.

Aqui cabe citar os relatórios cietíficos de uma grande jornalista norte-americana Elzabeth Kolbert. Após escrever o premiado livro “A Sexta Extinção em Massa:um história não natural”, acaba de publicar “O Céu branco:a a natureza do futuro”(ambos pela Intrínseca). Aqui descreve as tentativas desesperadas dos cientistas para evitar o desastre total como efeito do aquecimento global, pois cresce dia a dia; só em 2021 foram lançadas na atmosfera 40 bilhões de toneladas de CO2. Estes cientistas propõe com a geoengenharia bloquear em grande parte o sol para que deixe de aquescer o planeta. O céu ficará branco. Quais seriam tais consequências, especialmente para a biosfera, para a fotosíntese e de tudo o que depende do sol? Por isso essa tecnologia é questionada. Criaria amais problemas do que aquele que quer solucionar.

Termino com a observação de um dos maiores naturalistas Théodore Jacob que escreveu um livro inteiro  exatamente com esse título: “E se a aventura humana vier a falhar”(2000). A base de sua suposição é a terrificante capacidade destrutiva dos seres humanos, pois “eles são capazes de uma conduta insensata e demente; pode-se a partir de agora temer tudo, tudo mesmo, inclusive a aniquilação da raça humana”(edição francesa, p.246).

Sou um pessimista esperançado. Pessimista face à realidade perversa sob a qual vivemos e sofremos. Esperançado porque creio que o ser humano pode mudar a partir de uma nova consciência e no Criador que desta crise e eventualmente de uma ruína pode construir ou tipo de seres  humanos, mais fraternos entre si e respeitosos da Casa Comum.

Leonardo Boff eco-teólogo escreveu Habitar a Terra, Vozes 2022 e com Jürgen Moltmann, Há esperança para a Terra ameaçada? Vozes 2014.

O “não” do Papa Francisco ao sacerdócio das mulheres: resquícios do patriarcado                                       

Ultimamente o Papa Francisco surpreendeu os teólogos com uma entrevista dada à revista jesuita America de 22 de novembro, dizendo um “não”ao sacerdócio das mulheres. Utilizou uma argumentação inusitada,tomada de um teólogo ex-jesuíta Hans Urs von Balthazar, muito erudito mas metido numa relação singular com uma  médica e mística suiça  Adrienne von Speyer. Dele o Papa toma uma distinção que lhe permitiu negar ao sacerdócio à mulher: o princípio-mariano e o princípio-petrino. Curiosa e inusitada é esta distinção do Papa Francisco. Maria seria  a esposa da Igreja, enquanto Pedro é seu condutor.

Observemos que dizer Maria como esposa da Igreja é uma metáfora e não um definição real como afirmar “a Igreja é a comunidade dos fiéis”. Será correta e justa esta distinção metafórica rara na tradição  mas retomada por num teólogo erudito, mas tido como estravagante?*

Vale sublinhar a seguinte lógica: sem o Espírito Santo não haveria Maria.Sem Maria não haveria Jesus. Sem Jesus não haveria Pedro,feito  o principal dos Apóstolos. Sem Pedro não haveriam sucessores, chamados Papas.

Temos apoiado em quase tudo o que o Papa Francisco tem escrito e ensinado. Mas neste ponto me permito afastar-me criticamente (pois este é também o ofício da teologia razonada).Sinto-me apoiado na argumentação dos melhores teólogos da atualidade,somente para citar o maior deles, meu antigo professor em Munique, Karl Raher (+1980). É praticamente unânime a opinião desses teólogos de que não há nenhum empecilho doutrinário que impeça o acesso das mulheres ao sacerdócio,como o tem feito outras igrejas cristãs não católicas. Somente uma visão masculinista da fé cristã e certa interpretação dos evangelhos, contaminada pela visão patriarcal  sustentam  o “não”.

A argumentação a favor do sacerdócio para as mulheres  é abundantissima e minuciosa, coisa que o fiz no meu livro Eclesiogênese de 1982/2021.

Em certos pontos, a argumentação papal, não evita certa contradição, como por exemplo: Maria pode gerar Jesus, seu filho, mas não pode representá-lo na comunidade. Isso soa até ofensivo à grandeza de Maria, portadora permanente do Espírito. Pedro que chegou a trair Jesus e este chegou a chamá-lo até  de “satanás”por não admitir que  padecesse e morresse, pode representar Jesus.Aqui há uma inegável desproporção, culturalmente explicável.

Quem possui maior excelência? Logicamente é Maria,sobre a qual veio o Espírito Santo e estabeleceu sua morada permanente nela (“episkiásei soi”:Lc 1,35) a ponto de elevá-la à altura do Divino. Somene  a alguém elevado  à altura do Divino (Maria)  vale afirmar: “o Santo gerado (por ti) será chamado   Filho de Deus”.

A função de Maria e de Pedro são de natureza totalmente distinta.Pedro não é pai de Jesus, enquanto Maria é verdadeiramente sua mãe biológica. Somente alguém,ainda refém do secular patriarcalismo, pode colocá-los no mesmo patamar. Não sem razão, a mulher nunca teve, até hoje, sua cidadania eclesial reconhecida. O evangelho se encarnou na cultura da época que entendia a mulher como um “mas”, quer dizer, “um ser humano deficiente ainda a caminho de sua humanidade”.Não diz outra coisa Santo Tomás de Aquino (depois repetido por Freud?) e, no fundo, é o que se ae pass na mente das mais altas autoridades eclesiásticas, cardeais e papas. As mulheres são menos, pelo fato de serem mulheres, embora mulheres e homens são igualmente imagem e semelhança de Deus (Gn 1,28). Mais ainda: a maioria da Igreja são mulheres  e, mais, as mães e as irmãs de todos os demais homens. Portanto, têm uma proeminência inegável.

O único que escapou desta visão reducionista foi o Papa Bento XVI ao dizer numa entrevista de rádio em 2005:”Creio que as próprias mulheres com seu impulso e sua força, sua superioridade e com seu potencial espiritual saberão criar o seu espaço. Nós devemos procurar a por-nos na escuta de Deus, para que não sejamos nós que as impediremos (Bento XVI,5,VIII,2006)”.

Há eminentes razões para sustentar a conveniência e até a necessidade das mulheres que quiserem, aceder ao ministério sacerdotal.Diz uma eminente teóloga e feminista holandesa, A.van Eyde:”A Igreja mesma ficaria ferida em seu corpo orgânico se não desse lugar à mulher dentro de suas instituições eclesiais”(Die Frau im Kirchenamt, 1967, p. 360).

A Igreja hierárquica não pode, dado o avanço da consciência da igualdade dos gêneros, se transformar num reduto de conservadorismo e de machismo. Há aqui uma concepção estéril e engessada no passado, da positividade da fé. Esta não é um recipiente de águas mortas,mas uma fonte de águas vivas, capaz de vivificar novas iniciativas em razão da mudança das mentalidades e dos tempos. Elas, em sua fina sensibilidade, captam o sentido claro dos sinais dos tempos e o expressam com uma linguagem mais adequada aos nossos dias. Vejamos os principais argumentos.

Primeiramente, foi uma mulher a testemunhar o fato maior do cristianismo, a ressurreição de Jesus, Maria Madalena, chamada por isso de “apostolada dos apóstolos”.  Sem o evento da ressurreição não haveria Igreja.

Foram elas que seguiam Jesus e garantiam-lhe a infra-estrutura material de sua missão.

Elas nunca traíram Jesus, enquanto o principal deles, Pedro,o traiu por ocasião da paixão. Após a sua crucificação, acabrunhados, os apóstolos  o abandonaram e se dirigiram para suas casas, enquanto elas velavam ao pé da cruz  acompanhando a sua agonia.

Foram elas que cuidaram, dois dias após seu sepultamento, da conclusão do ritual sagrado da unção do corpo com óleos sagrados.

Portanto, elas mereceriam e merecem uma centralidade inigualável na comunidade cristã. E até hoje, o patriarcalismo cultural internalizado na mente dos que detém a direção da Igreja, mas também no mundo, as mantém subalternas. Na Amazônia profunda e e outros lugares distantes, são elas que levam a fé, fazem tudo o que um padre faz, sem, no  entanto, poder celebrar a eucaristia, por não serem mulhes ordenadas no sacramento da Ordem.

No entanto, há mulheres, líderes de comunidades, conscientes da maturidade de sua fé, que assumem a totalidade dos sacramentos. Não celebram a missa (que é um conceito litúrgico e canônico), mas a ceia do Senhor como vem descrita na Epístola de São Paulo aos Coríntios. Não o fazem num espírito de ruptura com a instituição, mas num sentido de serviço a toda a comunidade, sempre em comunhão teológica com toda a Igreja. A comunidade, segundo o Concílio Vaticano II, tem o direito de receber a sagrada Eucaristia que lhes é negada pelo simples fato de não haver um sacerdote ordenado e celibatário.

Teologicamente importa enfatizar, o que é na prática totalmente esquecido, que há somente um único  sacerdócio na Igreja, aquele de Cristo. Os que vêm sob o nome de “sacerdote”, são apenas figurações e representantes do único sacerdócio de Cristo.É Ele quem batiza, é Cristo quem consagra, é Ele quem confirma. O sacerdote age apenas “in persona Christi” “no lugar de Cristo”. Vale dizer, torna visível o que ocorre invisivelmente.

Sua função não pode ser reduzida, como sustenta a argumentação oficial, ao poder de consagrar,(coisa que predominou somente a partir do segundo milênio), uma expressão de poder do clero que se assenhoreou de todas estas funções. Tal concentração de poder sagrado constituiu o clericalismo, em tantas ocasiões, fortemente criticado pelo Papa Francisco.  No caso, entretanto, concernente ao acesso das mulheres ao sacerdócio tenha ele também decaído em certo clericalismo, melhor, forçado a manter a praxe tradicional para não criar um verdadeiro cisma na Igreja por parte dos grupos aferrados à tradição e mais que tudo, aos privilégios agregados ao clericalismo.

A função do sacerdote ministerial não é acumular todos os serviços, mas coordená-los para que todos sirvam à comunidade. Pelo fato de presidir a comunidade, preside também a eucaristia. Mas se esta, sem culpa, estiver privada dela, ela mesma pode organizar a celebração da ceia do Senhor. Todos os serviços (que São Paulo chama de “carisma” que são muitos) podem muito bem ser exercidos pelas mulheres como se mostra nas igrejas não romano-católicas e nas comunidades eclesiais de base.

Daí compreende-se que mulheres,conscientes de sua maturidade na fé, na ausência do ministro ordenado,elas mesmas assumem tal ministério, fazendo-o em seu estilo próprio de mulher. Não devem solicitar licença à autoridade eclesiástica, porque esta, canonicamente, dirá “não”. Mas elas o fazem em perfeita comunhão teológica com a totalidade da Igreja. E assim é plausível, justo e teologicamente fundado  presidirem a Ceia do Senhor.

Logicamente, o sacerdócio feminino não pode ser a reprodução daquele masculino. Seria uma aberração se assim fosse. Deve ser um sacerdócio singular, com o modo de ser da mulher com tudo o que denota sua feminilidade no plano ontológico, psicológico, sociológico e biológico. Não será a substituta do padre. Mas verdadeira representante sacramental do Cristo invisível que por elas se torna visível.

Natural e lógico seria se o Papa reconhecesse oficialmente o que elas já fazem na prática e assim tornaria a Igreja, realmente, de irmãos e irmãs, sem exclusões e hierarquizações ontológicas injustificadas. Podemos dizer sem medo de errar: essa divisão entre ordenados e não ordenados (leigos e padres) não se encontra na tradição do Jesus histórico que queria uma comunidade de iguais e todo poder com mero serviço à comunidade e não como fotor de privilégios, de títulos e vantagens sociais e até financeiras.

Tempos virão em que a Igreja romano-católica acertará seu passo com o movimento feminista mundial e com o próprio mundo, rumo a uma integração do “animus” e da “anima”(do masculino e do feminino) para o enriquecimento do humano e da própria comunidade cristã. Os tempos já estão maduros para este salto de qualidade. Só falta a coragem de dar esse passo necessário e inevitável.

*Hans Urs von Balthazar ao tempo em que eu estava submetido ao “silêncio obsequioso” publicamente, em Roma, me denunciou como alguém que negava a dividade de Cristo, coisa que jamais o fiz. Respondeu-lhe um teólogo-jornalista, na primeira página de um diário de Roma com estas palavras:”Covarde, acusas caluniosamente a alguém que não pode se defender por estar sob o silêncio obsequiso”.Sua obra principal é A glória do Senhor(em sete volume sobre a fé como estética e contemplação). Foi feito Cardeal pelo Papa João Paulo II, mas morreu antes quando se dirigia para Roma. 

Leonardo Boff, escreveu Eclesiogênese: a Igreja que nasce do povo pelo Espírito de Deus, Vozes 1984/2021.

     O improvável acontece e aconteceu

Os fatos são sempre feitos. São feitos a partir de virtualidades presentes na realidade que surpreendentemente ou por  causas previsíveis, acabam vindo à existência.

Nas eleições presidenciais deste ano o improvável aconteceu. Alguém que as Escrituras chamam de o “inimicus homo”, o homem do mal, no afã de se perpetuar no poder usou todos os meios legítimos e principalmente os  ilegítimos para conseguir seu objetivo. Ele possui as características do “anti-cristo” que para o Novo Testamento o  “anti-cristo” é mais um espírito do que uma pessoa concreta. Pode ganhar corpo num movimento e no seu líder, mas é, fundamentalmente, uma realidade inimiga de tudo que é vida e de tudo o que é sagrado.

A característica do “anti-cristo” é arrogar-se o lugar de Deus. É sentir-se para além do bem e do mal. E então usa a ambos,mas principalmente o mal: promove a mentira, difunde fake news, estimula a calúnia, incentiva a violência real, assassinando, ou simbólica, propalando difamações: tudo o que provém do transfundo mais ancestral de nossas sombras irrompe com toda a desfaçatez.

O nosso país viveu durante todo um governo sob o espírito do “anti-cristo”.Nunca se viu em nossa história tanta maldade, tanta mentira estabelecida como método de governo, tanta insensibilidade exaltada como virtude, tanta proclamação da maledicência como forma de comunicação oficial. E com disse São Paulo em sua Epístola aos Romanos, “aprisionaram a verdade sob a injustiça”(1,18).

É próprio do espírito do “anti-cristo” ocultar-se no mundo do obscuro, das zonas inimigas da luz  e destroçar todos os traços de transparência. É próprio também deste tipo de espírito arrebanhar pessoas que se deixam fascinar pela brutalidade dos comportamentos, pela insensatez das decisões e pela violência infligida aos mais fracos, aos covardemente postos à margem como os pobres, as mulheres, os negros, os indígenas e aqueles que, por si só,não conseguem se defender. Dizem exultantes: “é isso mesmo;, tem que se usar de violência; é bom ser grosso e grotesco”; “é isso que tem que ser”. E proclamam aquele com quem se sentem representados como “mito” ou o “nosso herói”.

Mas a experiência secular humana tem mostrado que a noite nunca perdura por todo o tempo, que não há tempestade que, num dado momento, não cesse e dê lugar a alegria do brilho do sol. Pois assim ocorreu em nosso país.Quem tinha a absoluta certeza de triunfar, até por pretensa promessa divina, se viu, no último momento, derrotado. O “mito” se desfez com a  rapidez de um pequeno bloco de gelo, simplesmente se sentiu um morto-vivo, como que escondido em sua própria sepultura. As palavras morreram-lhe na garganta. As lágrimas nunca antes choradas, quando era digno chorá-las, não paravam de escorrer pelo rosto entumecido.

Comprova-se o que  história irreversivelmente tem revelado: o improvável acontece. Por isso temos que contar com o improvável e com o inconcebível. Eles pertencem à história. Quem usou de tudo, mas de tudo mesmo, até do mais sagrado que é o espaço do Religioso, não impediu que o improvável irrompesse e o derrotasse surpreendentemente.

Demos uns exemplos. O mais improvável dos USA era que um negro chegasse, um dia, à presidência da república. E Obama  chegou. Que  um prisioneiro político, com anos de prisão sob trabalhos forçados, também negro, chegasse a ser o presidente da África do Sul, Mandela. Seria totalmente improvável que alguém vindo “do fim do mundo” praticamente desconhecido, fosse eleito ao supremo pontificado, como o Papa Francisco. Era absolutamente improvável que uma jovem camponesa de 17 anos chefiasse um exército, como Joana d’Arc, vencendo parte do exército inglês na guerra dos cem anos.

Portanto,o improvável existe e pode acontecer. Nenhum fato realiza todas as possibilidades escondidas dentro dele.Inúmeras virtualidades estão lá dentro e quando a história madura ou o mal chegou ao seu paroxismo e tem que ser vencido. Então o improvável irrompe vitorioso. Contra todas as expectativas o “inimicus homo” perdeu. O improvável o derrotou.

A Brasil voltou a respirar um pouco de ar menos contaminado pelo veneno da injustiça, da covardia e da mentira.

O improvável realizado nos leva a sonhar com os olhos acordados.Quem tem fome pode ter a certeza que vai comer, quem está desempregado sabe que vai poder trabalhar. Quem suportou todo tipo de injúria e de humilhação se sente protegido pela lei que vai valer para todos. E a esperança esperante,finalmente, voltou para nos possibilitar um destino mais auspicioso que nos propicie viver com a paz possível, concedida aos filhos e filhas dos bíblicos Adão e Eva.

Leonardo Boff escreveu A busca da justa medida: o pescador ambicioso e o peixe encantado, Vozes 2022.