“Una guerra mundial a pedazos”

Leonardo Boff

El día 29 de junio del corriente año de 2022 tuvo lugar en Madrid la Cúpula de los países que componen la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de la cual forma parte como actor principal Estados Unidos. De hecho, la relación entre estos países europeos y Estados Unidos es de humillante subordinación. 

En esta Cúpula se estableció un “Nuevo Compromiso Estratégico” que en cierta forma va más allá de los límites europeos y alcanza a todo el mundo. Para reforzar esta estrategia globalista se hicieron también presentes Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Allí se declaró algo extremadamente peligroso y provocador de una eventual tercera guerra mundial. Se reafirmó como enemigo directo a Rusia y a China como enemigo potencial de mañana. La OTAN ya no se presenta solo como defensiva, ha pasado a ser ofensiva.

Se introdujo la categoría perversa del “enemigo” a quien hay que enfrentarse y derrotar. Eso nos remite al jurista nazi-fascista de Hitler, Carl Schmitt (1888-1985). En su Concepto de lo Político (1932, Vozes 1992) dice: “la esencia de la existencia política de un pueblo es su capacidad de definir al amigo y al enemigo” (p.76). Definido el enemigo, combátelo, “trátalo como malo y feo y derrótalo”, eso instaura la identidad de un pueblo.

Nuevamente Europa se vuelve víctima de su propio paradigma de voluntad de poder y del poder como dominación sobre los otros, incluso sobre la naturaleza y la vida. Este paradigma hizo que sólo en el siglo XX se produjeran dos grandes guerras con 100 millones de víctimas. Parece que ella no aprendió nada de la historia y mucho menos de la dura lección que la Covid-19 está dando, pues ha caído como un rayo sobre el sistema y sus mantras.

Hoy se sabe que detrás de la guerra que se está desarrollando en Ucrania se está produciendo el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia/China, en el sentido de ver quién puede conseguir el dominio geopolítico del mundo. Hasta ahora había un mundo unipolar con predominio completo de Estados Unidos sobre el curso de la historia, no obstante las derrotas sufridas en varias intervenciones militares, siempre brutales y destructoras de antiguas culturas.

Nuestro maestro en geopolítica Luiz Alberto Moniz Bandeira (1935-2017) en su minucioso libro El desorden mundial: el espectro de la dominación total (Civilização Brasileira, RJ 2016) señaló claramente los tres mantras fundamentales del Pentágono y de la política exterior norteamericana: (1) un mundo-un imperio (USA); (2) full spectrum dominance: dominar todo el espectro de la realidad, en la tierra, en el mar y en el aire, con cerca de 800 bases militares distribuidas por todo el mundo; (3) desestabilizar todos los gobiernos de los países que resisten o se oponen a esta estrategia. No más vía golpe de estado con tanques en la calle, sino mediante la difamación de la política como el mundo de lo sucio y lo corrupto, la destrucción de la fama de los líderes políticos y una articulación político-mediático-jurídica para alejar a los jefes de estado resistentes. Efectivamente así ocurrió en Honduras, en Bolivia y en Brasil, con el golpe de esta naturaleza contra Dilma Rousseff en 2016 y posteriormente con la injusta prisión de Lula. Ahora el Nuevo Compromiso Estratégico de la OTAN obedece a esta orientación, impuesta por Estados Unidos, válida para todos bajo el pretexto de la seguridad y estabilidad del mundo.

Ocurre que el imperio norteamericano está a la deriva por más que se apele aún a su excepcionalismo y al “destino manifiesto” según el cual Estados Unidos sería el nuevo pueblo de Dios que llevará a las naciones la democracia, la libertad y los derechos (entendidos siempre dentro del código capitalista). Sin embargo, Rusia se rehízo de la erosión del imperio soviético, se ha armado con armas nucleares potentes, con  misiles inatacables y disputa un amplio espacio en el proceso de globalización. China ha irrumpido con proyectos nuevos como la ruta de la seda y como una potencia económica tan poderosa que, dentro de poco, sobrepasará a la norteamericana. Paralelamente a esto surgió en el Sur Global, el grupo BRICS de países en el que participa Brasil. En otras palabras, ya no hay un mundo unipolar, sino multipolar.

Este hecho exaspera la arrogancia de los norteamericanos, especialmente la de los supremacistas neocons, que afirman que es necesario continuar la guerra en Ucrania para desangrar y eventualmente arrasar a Rusia y neutralizar a China para enfrentarse a ella en una fase posterior. De esta forma –esta es la pretensión neocon– se volvería al mundo unipolar.

Estos son los elementos que pueden producir una tercera guerra mundial, que será suicida. El Papa Francisco con su clara intuición ha dicho repetidas veces que estamos ya dentro de la “tercera guerra mundial a pedazos”. Por esta razón dice en tono casi desesperado (aunque personalmente esperanzado) que “estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salva nadie” (Fratelli tutti n.32). No denuncia otra cosa, y lo hace con frecuencia, el eminente intelectual Noam Chomsky. Enfáticamente afirma que hay suficientes locos en el Pentágono y en Rusia que quieren esa guerra que puede poner fin a la especie humana. Es la razón que se ha vuelto  irracional y enloquecida.

De esta forma se refuerza el paradigma letal del dominus (dueño y señor) de la modernidad y se debilita la alternativa del frater (hermano y hermana), propuesta por el Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti, inspirado en el mejor hombre de Occidente, Francisco de Asís. O nos confraternizamos todos entre nosotros y con la naturaleza o si no, estamos, en palabras del secretario de la ONU António Guterrez, cavando nuestra propia sepultura.

¿Por qué se optó por la voluntad de poder y no por la voluntad de vivir de los pacifistas Albert Schweitzer, Leon Tolstói y Mahatma Gandhi? ¿Por qué Europa, que produjo tantos sabios y santos y santas, escogió este camino que puede devastar todo el planeta hasta hacerlo inhabitable? ¿Acogió como orientador el más peligroso de los arquetipos, según C.G.Jung, el del poder capaz de autodestruirnos? Dejo abierta esta pregunta que Martin Heidegger se llevó sin respuesta a la tumba. Apesadumbrado dejó escrito para ser publicado después de su muerte: “Sólo un Dios podrá salvarnos”.

En ese Dios vivo y fuente de vida ponemos nuestra esperanza. Esto sobrepasa los límites de la ciencia y de la razón instrumental-analítica. Es el salto de la fe que también representa una virtualidad presente en el proceso global cosmogénico. La alternativa a esta esperanza son las tinieblas. Pero la luz tiene más derecho que las tinieblas. En esa luz creemos y esperamos.

*Leonardo Boff ha escrito La busca de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez  encantado, Vozes 2022, y Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

“La Amazonia, santuario intangible de la Casa Común”

Después del asesinato del indigenista Bruno Pereira y del periodista inglés Dom Phillips en el Valle del Jari amazónico, el tema de la Amazonia ha vuelto a estar presente en las discusiones en Brasil y en el mundo. El agravamiento de los cambios climáticos ha sido señalado en el Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en tres partes, alertando sobre la aceleración de los índices del calentamiento global. Es bueno oír la voz de aquellos que conocen la selva y se sienten parte de ella y captan cual es el sentido de aquel inmenso bioma que se extiende por 9 países. Con ocasión del Sínodo Panamazónico en Roma hace dos años, ellos entregaron al Papa Francisco el siguiente documento. Vale la pena oír su voz que viene de lo más profundo de la selva, voz que nunca o poquísimas veces fue escuchada. Tiene mucho que enseñarnos. Lboff

Este es el texto

          “Amazonia, santuario intangible de la Casa Común”

Saludamos la realización del Sínodo Panamazónico, una extraordinaria iniciativa del Papa Francisco por la cual esta importante asamblea colegial puede ver la problemática, analizar y evaluar la realidad a la luz de la Palabra y diseñar propuestas de acción. La iniciativa es una señal de esperanza en medio de los peligros que amenazan la supervivencia de la Casa  Común.

Pedimos al Papa Francisco y a todos los padres sinodales una declaración de la Amazonia como Santuario de la Casa Común.

Esta declaración sería un llamamiento espiritual y profético a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que se reconozca a la Amazonia, que se extiende por nueve países, como tierra santa, tan sagrada como la zarza ardiente de Moisés, que escuchó estas palabras de Dios “el lugar en el que estás es tierra santa”.

Sería un llamamiento a la conciencia universal y particularmente una petición a los organismos mundiales y a los estados responsables para que tomen las medidas urgentes y profundas que se hacen necesarias para salvar la vida en el planeta.

Las medidas deberían ser hechas y aplicadas con sentido de emergencia, considerando la velocidad y profundidad de los cambios adversos que están afectando cada vez más el clima, el hábitat y la vida de los pueblos amazónicos. Los objetivos deben enfocar el problema como un todo, pues todo está afectado sistémicamente. Han sido impactadas la flora y la fauna, el clima, el aire y el régimen de lluvias, comprometiendo el delicado equilibrio de todos los ecosistemas así como la vida de los pueblos amazónicos, cuyo exterminio está cada vez más próximo. Los pueblos no son una especie más del sistema. Son una obra magnífica de Dios, su imagen y semejanza. Ellos recibieron del Creador ese paraíso natural, lo disfrutan y lo protegen. Sabiéndose y sintiéndose uno con su mundo, saben cómo vivir sin comprometer su equilibrio.

Consecuentemente deberían implementarse las siguientes medidas.

1. Que se determinen legalmente los territorios suficientes para cada una de las distintas nacionalidades indígenas que habitan en la Amazonia, considerando su forma de vivir y de interactuar con la naturaleza.

2. Que la delimitación y la localización de los territorios sea tal que cada uno constituya un refugio seguro y la base de sustento y nutrición de los pueblos indígenas y la vida de la Amazonia.

3. Que se aplique a estos territorios una moratoria significativa de las actividades extractivistas que perjudican a la selva, también de las petroleras y de las mineras. De la misma manera, que se discuta seriamente la implementación de plantaciones y de cría de ganado que implican deforestación. Especialmente que se garantice la sostenibilidad de una eventual apertura de carreteras y de centrales eléctricas. En fin, que cesen las intervenciones predatorias tanto por parte de los gobiernos como de los grupos económicos interesados, nacionales e internacionales.

4. Que los pueblos indígenas puedan ejercer en estos territorios su autoridad, en el marco de la autodeterminación, del autogobierno, de la justicia ancestral de acuerdo con los usos y costumbres, y su vida política, cultural y espiritual en plenitud, sintiéndose parte de la nación.

Los acuerdos y pactos internacionales han resultado ineficaces porque no son obligatorios para los países. No se establecieron consecuencias por su no implementación. Aspiramos a que el Sínodo pueda demandar a los organismos internacionales para que pidan la aplicación efectiva y eficaz de las resoluciones tomadas.

Pedimos a los padres sinodales que actúen con energía para pedir que los estados ejecuten los compromisos contraídos en favor de la Amazonia mediante la adopción de mecanismos idóneos, independientes del vaivén de las coyunturas políticas.

De esta forma, la Declaración de Santuario será un instrumento idóneo para salvaguardar a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Ellos son los grupos humanos más vulnerables de la Amazonia y del mundo, víctimas de la violencia del modelo económico global, depredador, impuesto. Al mismo tiempo comparecen como un testimonio de resistencia a esta globocolonización que uniformiza y mata la diversidad y la vida de la humanidad y del planeta.

“Para el indígena, la Tierra es madre. No se trata de una manera de hablar, no es puro sentimentalismo. El pueblo indígena considera, dentro de su núcleo cultural, dentro de su pensamiento, a la tierra como su madre… pensamiento que por otra parte se identifica con el pensamiento de las Sagradas Escrituras, en otras palabras, con el pensamiento de Dios” (Don Leonidas Proaño, obispo de Riobamba, Ecuador). Y el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común, añade todavía: «Para los indígenas, la Tierra no es un bien económico, sino un don de Dios y de sus antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado pues lo necesitan para interactuar y para sustentar su identidad y sus valores; cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes los cuidan mejor» (n.146).

Queremos finalizar con las palabras de Bernardo Alves, del pueblo indígena Sateré-Mawé. “Los pueblos indígenas son bibliotecas vivas. Son guardianes, cuidadores y jardineros de la Amazonia y del planeta. Cada vez que un pueblo indígena es exterminado o desaparece, un rostro de Tupãna (Dios) muere y el cosmos, el planeta y toda la humanidad se empobrecen”.

Coordinadora- Pueblo Indio del Ecuador, Quito.

E-mail: fpie@fundaciónpuebloindio.org

Siguen más de 400 adhesiones de líderes indígenas, de muchos obispos, especialistas, militantes, misioneros y misioneras y representantes de los pueblos de la selva.

La justa medida: empieza por ti mismo y respete la Madre Tierra

Leonardo Boff*

Los cambios y la propia historia no se hacen mecánicamente.Siempre se producen dentro de condicionamientos del pasado y del presente, pero no excluyen nunca la actuación de los sujetos históricos, que usan su libertad y toman posiciones. Ellos son,dentro de cada contexto determinado, los que hacen la historia.Esto mismo sirve para el rescate de la justa medida, tan urgente en los tiempos actuales.

La justa medida está presente en todas las éticas mundiales. El verdadero humanismo solamente se da si se funda en lamoderación, en el camino del medio, y en la justa medida.

¿Por dónde empezar?

Empieza por ti mismo

Los cambios personales, las llamadas revoluciones moleculares, que marcan el primer paso de cualquier proceso de transformación, son fundamentales. Esta sólo será efectiva si la persona se dispone a vivirlos en su propia vida. En este aspecto debemos ser concretos: el exceso de marketing hace que las personas sean seducidas por el consumo y pierdan la justa medida; el exceso de selfies denota narcisismo; el tiempo dedicado a viajar por pura curiosidad por los programas de internet y otros del mismo género son demostraciones de falta de la justa medida. Rehenes de la virtualidad nos negamos el gusto del encuentro y de la amistad. Bien observó el Papa Francisco en la encíclica Todos hermanos y hermanas: «Los medios digitales nos privan de la comunicación directa. Hacen falta los gestos físicos, las expresiones del rostro, los silencios, el lenguaje corporal y hasta el perfume, el temblor de las manos,el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y es parte de la comunicación humana» (n.43).

Tales medios nos hacen próximos, pero no hermanos. Constituye un principio de la física cuántica y de la nueva cosmogénesis ver toda la realidad, también la materia, como formas de energía con distintos grados de densidad y siempre en redes de relaciones. De acuerdo con esta comprensión, no existe nada fuera de las relaciones, ningún acto realizado por una persona física queda retenido en ella. La energía que emite, circula por todas las redes, fortaleciéndolas y de esta forma acelerando la construcción de la Casa Común.

De aquí se deriva el hecho de que ningún acto humano se reduce a lo personal, siempre implica lo social y lo global porque estamos permanentemente conectados con ellos. Veamos algunas expresiones de esta dimensión de la justa medida en el ámbito personal.

Para empezar, cada persona debe conocerse mínimamente a símisma, sus pulsiones, sus energías interiores, positivas o negativas. Hay personas que por naturaleza son más impulsivas y dadas a perder la justa medida. Hay otras, por naturaleza más tranquilas y ante situaciones conflictivas no pierden la justa medida.

Mantener la justa medida en estos casos es un acto sapiencial: sabe cuando hablar y cuando callar; aprende a dominar sus impulsos y piensa y repiensa antes de actuar. Otros conscientemente hacen un esfuerzo significativo para contenerse y guardar la justa medidaRevelan así madurez ycapacidad de autodominio.

Podríamos identificar también la justa medida en el ámbito delejercicio del poder, en la conducción de una comunidad, en elliderazgo político e incluso en la confrontación de ideas. En Brasil somos condenados a soportar un presidente que no demuestra ningún sentido de justa medida,sea en las palabras ofensivas sea en actos de producir verguenza. Es la expresión más perversa de falta de cualquier moderacón y justa medida.

Rehacer el contrato natural con la Madre Tierra

Como participantes de la naturaleza y con capacidad de intervenir en ella, es necesario hacer una referencia importante al Contrato Natural entre la Tierra y la Humanidad. Ese contrato nos viene dado, no se hace. Al existir, recibimos todo lo que necesitamos de la Madre Tierra: el suelo, el aire, las aguas, todo tipo de alimentos, los climas favorables a la vida, en una palabra, todos los componentes que permiten a la vida subsistir y reproducirse. Como en todo contrato, hay siempre una contrapartida: cada cual debe cumplir su parte.

Inicialmente los seres humanos vivían el Contrato Natural sin tener que pensar en él. La Madre Tierra les ofrecía en abundancia los medios de vida y ella era amada, celosamente respetada y cuidada en sus ritmos naturales.

Esto se hizo de manera ejemplar durante el matriarcado, hace por lo menos 20 mil años. Las mujeres sentían una especial connaturalidad con la Madre Tierra, pues unas y otras generan vida.

Fueron pasando los tiempos y el hombre-masculinizado acumuló poder e impuso su voluntad y sus propósitos. Dominó a las mujeres y junto con ellas sometió también a la naturaleza.Lentamente pero de manera progresiva se rompió el Contrato Natural. La Matriz Relacional, aquella sagrada relación de todos con todos se perdió. El ser humano se sintió dueño de la naturaleza y no parte de ella.

La Tierra ya no era considerada como Madre generosa, sino como una “cosa extensa” sin propósito, como un granero lleno de recursos, disponibles al gusto de los hombres. 

En la actualidad el Contrato Natural ha sido roto totalmente hasta el punto de que la Tierra hace sentir lo grave de esta ruptura a través de los desajustes que están apareciendo. Los humanos, según la naturaleza de todo contrato, han dejado de cuidar a la Madre Tierra, sus biomas, sus selvas, sus aguas y sus suelos. Antes bien, la han agredido.

La alarma actual por los cambios climaticos contituyen una de las expresiones de haber sepultado el Contrato Natural. Hoy más que nunca urge rehacer ese Contrato Natural. Este implica de nuestra parte tener un sentimiento de respeto, de cuidado, de sinergia y establecer un lazo afectivo con la Tierra y con todos sus elementos. Aquí emerge el valor eminente de la justa medida, de la autocontención de nuestro impulso de poseer más y más, de respeto a la identidad de cada ser y también de sus derechos intrínsecos.

Si no restablecemos los términos justos de este Contrato Natural y lo articulamos con el Contrato Social (el que regula la sociedad) en vano aplicaremos la ciencia y la técnica para recuperar los daños ya producidos. Lo decisivo consiste en crear un lazo de afecto y de amor con la Tierra y tratarla como la Madre Tierra, la Magna Mater, la Pachamama y Gaia. Sólo con justa medida y sinergia, entre ambas grandezas, abriremos una ventana para un futuro esperanzador.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra:una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

A justa medida:comece consigo mesmo e respeite a Terra

                                                      Leonardo Boff

As mudanças e a própria história não se fazem mecanicamente. Sempre ocorrem dentro de condicionamentos do passado e do presente. Mas nunca eximem a atuação dos sujeitos históricos que usam sua liberdade e tomam posições. São eles, inseridos num determinado contexto, que fazem a história. O mesmo vale para o resgate da justa medida tão urgentes para os tempos atuais.

A justa medida está presente em todas as éticas mundiais. O verdadeiro humanismo somente se dá, se ele se fundar na moderação, no caminho do meio, e na justa medida.

Por onde começar?

Comece consigo mesmo                 

Fundamentais são as mudanças pessoais, as assim chamadas revoluções moleculares  que marcam o primeiro passo para qualquer processo de transformação.  Esta só será efetiva se a pessoa se dispuser a operá-las em sua própria vida. Nesse quesito devemos ser concretos: o excesso de marketing faz com que as pessoas sejam seduzidas pelo consumo e percam a justa medida; o excesso de selfies denota narcisismo; o tempo dedicado a viajar por pura curiosidade pelos programas da internet e outros do gênero são demonstrações de falta da justa medida. Reféns da virtualidade negamo-nos o gosto do encontro e da amizade. Bem observou o Papa Francisco na encíclica Todos irmãos e irmãs: “Os meios digitais nos privam-nos dos gestos físicos, expressões do rosto, silêncios, linguagem corpórea e até o perfume, o tremor das mãos, o rubor, a transpiração, porque tudo isso fala e faz parte da comunicação humana:”(n.43).

Tais meios nos fazem próximos, mas  não irmãos. Constituem princípios da física quântica e da nova cosmogênese ver toda a realidade, também a matéria, como formas de energia em distintos graus de densidade e sempre em teias de relações. Consoante esta compreensão, nada existe fora das relações, nenhum ato feito pela pessoa fica retido nela.A energia que emite, circula por  todas as teias, fortalecendo-as e desta forma acelerando a construção da Casa Comum.

Disso se deriva o fato de que nenhum ato humano se reduz ao pessoal mas sempre implica o social e o global porque estamos permanente conectados com eles.Vejamos algumas expressões desta dimensão da justa medida  no âmbito pessoal.

Antes de mais nada cada pessoa deve minimamente conhecer-se a si mesma, suas pulsões, suas energias interiores, se positivas ou negativas. Há pessoas que, por natureza, são mais impulsivas e dadas a perder a justa medida. Há outras, por natureza, mais tranquilas e face a situações conflitivas não perdem a justa medida.

Manter a justa medida nestes casos, representa um ato sapiencial: sabe quando falar e quando calar; aprende a dominar seus impulsos e pensa e repensa antes de agir. Outros conscientemente fazem um esforço significativo para conter-se e guardar a justa medida. Revela assim maturidade e  capacidade de auto-domínio.

Poderíamos identificar a justa medida também no âmbito do exercício do poder, na condução de uma comunidade, na liderança política e mesmo nos embates de ideias.

Refazer o contrato natural com a Terra

Como participantes da natureza e com a capacidade de intervir nela, faz-se mister uma referência importante sobre o Contrato Natural entre a Terra e a Humanidade. Esse contrato é dado e não feito. Ao existirmos, recebemos tudo o que precisamos da Mãe Terra, o solo,o ar, as águas,toda sorte de alimentos, os climas favoráveis à vida, numa palavra, todos os componentes que permitem a vida subsistir e se reproduzir. Como em todo o contrato, vigora sempre uma contrapartida: cada qual deve cumprir a sua parte.

Inicialmente os seres humanos viviam o contrato natural sem precisar pensar nele. A Mãe Terra lhes oferecia em abundância os meios de vida. A Mãe Terra era amada, zelosamente respeitada e cuidada em seus ritmos naturais.

Isso foi feito de modo exemplar sob o matriarcado, há pelo menos 20 mil anos. As mulheres sentiam especial co-naturalidade com a Mãe Terra, pois ambas geravam vida.

Tempos se passaram e o homem-masculinizado, acumulou poder e impôs a sua vontade e seus propósitos. Dominou as mulheres e junto com elas,  submeter também a natureza. Lenta mas de forma crescente se rompeu o Contrato Natural. A Matriz Relacional, aquela sagrada relação de todos com todos se perdeu. O ser humano sentiu-se dono da natureza e não parte dela.

A Terra jã não era tida como Mãe generosa, mas como uma “coisa extensa” sem propósito, qual  celeiro cheio de recursos,disponíveis ao bel-prazer dos homens.

Nos tempos atuais o Contrato Natural foi totalmente rompido a ponto de a Terra fazer sentir a gravidade desta ruptura pelos desarranjos naturais que começaram a aparecer.  Os humanos, consoante a natureza todo contrato, deixaram de cuidar da Mãe Terra, de seus biomas, de suas floresta, de suas águas e de seus solos. Antes, a agrediram.

O atual alarme climático planetário é uma das expressões do sepultamento do Contrato Natural. Hoje mais do que nunca antes urge refazer o Contrato Natural. Este implica de nossa parte um sentimento de respeito, de cuidado,de sinergia e do estabelecimento de um laço afetivo com a Terra e com todos os seus elementos. Aqui emerge o valor eminente da justa medida, da autocontenção de nosso impulso de possuir mais e mais, de respeitar a identidade de cada ser e também de seus direitos intrínsecos.

eSe não restabelecermos os termos justos deste Contrato Natural e o articarmos com Contrato Social,(aquele que regula a sociedade) em vão aplicaremos ciência e técnica para recuperar os danos já perpetrados.O decisivo consiste em fundar um laço afetivo com a Terra e tratá-la como a Mãe Terra, a Magna Mater, a Pacha Mama e Gaia. Só a justa medida e  a sinergia entre ambas as grandezas, abriremos uma janela para um futuro esprançador.

Leonardo Boff escreveu O doloroso parto da Mãe Terra:uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social, Vozes, 2021.