Un intelectual cristiano en la transformación social: L. A. Gómez de Souza

El cristianismo de naturaleza colonial, especialmente en las Américas, tenía además de su misión específicamente religiosa, una ineludible función social: por un lado, apaciguar a los pobres, disuadir a los revoltosos y hacerlos aceptar su condición de subordinados. Por otro lado, legitimar el poder de los gobiernos coloniales y los poderosos, y sacralizar sus decisiones políticas. Así se mantenía cierto orden que, bien analizado, era orden en el desorden, pues se fundaba en la desigualdad y en los privilegios, sin olvidar el carácter nefasto esclavista de la sociedad. A pesar de ello, no faltaron religiosos que rompieron esta alianza espuria en nombre de la libertad y de la independencia de Brasil. Es emblemática, entre otras, la figura de Fray Caneca, en Pernambuco, hombre que predicaba ideales republicanos y la autonomía de nuestro país. Fray Caneca articipó en la Revolución de Pernambuco (1817) y como líder en la Confederación de Ecuador (1822), movimientos liquidados a sangre y fuego, y fue fusilado en 1825 debido a que los verdugos se negaron a ahorcarlo
En Brasil no hubo durante siglos un laicado políticamente participativo y libertario. Pero a partir de los años 50 del siglo pasado irrumpieron muchos movimientos católicos: la JEC, la JOC, la JUC que se hacían presentes en los debates nacionales. En los años 60 surgieron otros de naturaleza claramente transformadora y revolucionaria como el AP y otros. Con el golpe militar de 1964 muchos fueron detenidos, torturados, enviados al exilio y asesinados por los organismos de represión militar.

En este contexto se inscribe la acción de un laico notable por su preparación académica en derecho, ciencias políticas y sociología, profundamente imbuido de los ideales cristianos que tradujo en el compromiso de transformar la sociedad injusta: el gaucho, y carioca por opción, Luiz Alberto Gómez de Souza.

Su libro autobiográfico Un andariego entre dos fidelidades: Religión y Sociedad (Educar/Ponteio, 2015) tiene un interés singular: no se entretiene en una narración donde él, como sujeto, proyecta su luz, sino que narra las condiciones materiales, políticas e ideológicas de las muchas realidades en las que vivió y trabajó: en Brasil, Chile, México, Francia e Italia.

Lo que caracteriza su relato es la capacidad de articular y vivir dos lealtades: la religión y la sociedad, pero filtrándolas siempre por los valores evangélicos y por una clara ética de solidaridad y compromiso con los marginados, con vistas a la transformación de las relaciones perversas que nos caracterizan.

Luiz Alberto plasma, en mi opinión, lo que es y debe ser el intelectual en el contexto del mundo de hoy: un intelectual que está siempre atento a la realidad como un todo y no sólo como un fragmento, capaz de un riguroso análisis para llegar a síntesis que iluminan y hacen avanzar la comprensión y la práctica.

Para llevar a cabo esto, el autor muestra un cierto distanciamiento necesario de la realidad para poder observarla desde una visión más elevada. El intelectual Luiz Alberto no aparece sólo como un hijo de su tiempo, sino de todos los tiempos en la medida en que analiza la realidad más allá del juego de intereses a corto plazo y busca las raíces más profundas en el pasado para hacer espacio al futuro.

Por esta razón, Luiz Alberto es un duro crítico de las modas y las ideologías fáciles en política o en religión. El lugar que eligió para pensar y actuar es la sociedad, las organizaciones populares, las comunidades eclesiales de base, donde se traba una dura lucha por la supervivencia y donde fermentan nuevas ideas y visiones. Siguiendo al inolvidable Betinho, se convenció de que las trasformaciones en nuestras sociedades complejas y dominadas por potencias antipueblo y anti-vida, sólo pueden irrumpir desde abajo, desde la sociedad. Es el sufrimiento el que te hace pensar y te permite crear. Por eso, un intelectual como Luiz Alberto es un hombre de la «segunda inocencia» (Hegel), aquel que según Gramsci, que él conoce muy bien, elabora críticamente lo que existe en cada persona.

Todo esto es la base que sustenta su compromiso histórico. Sería ingenuo imaginar que un intelectual está libre de las vinculaciones de las fuerzas sociales. Luiz Alberto hizo una clara opción por la sociedad, por las clases populares, dio la centralidad a los invisibles para que puedan aparecer y, que organizados, se convierten en fuerzas sociales de cambio. En función de eso, recorre el mundo dando cursos, asesorías, escribe libros e innumerables artículos sobre la situación histórica actual, pero siempre en la perspectiva estructural captando las tendencias más fundamentales más allá de lo meramente factual.

Soy consciente de que no he resumido el rico contenido del libro, pero he intentado captar el ductus, la inspiración básica que subyace en los distintos capítulos.

Vale la pena destacar al final del libro los diferentes retratos de personajes que han inspirado su vida, comenzando por su amada Lucia, inspiradora de tantas luces; Dom Helder con quien trabajó, Gustavo Gutiérrez, fundador de la teología de la liberación, el entrañable Betinho, su maestro Alceu Amoroso Lima y Candido Mendes, en cuya Universidad dirige el Programa de Estudios Avanzados en Ciencia y Religión.

Me siento honrado de pertenecer a su generación y celebrar con fe y utopía una cálida amistad.

* Leonardo Boff, columnista del JB online y escritor.

Traducción de MJ Gavito Milano

Carta de apoio ao Papa Francisco

Há uma campanha mundial e especialmente dentro da Cúria Romana de forte oposição ao Papa Francisco, especialmente ao seu modo carinhoso e informal que caracteriza seu estilo de ser Pastor da Igreja Universal e bispo de Roma. Grupos fortes dentro e fora dos quadros eclesiais que objetivam desestabilizar e até ridicularizar seu modo de ser Papa, despojado dos símbolos de poder, bem no estilo de São Francisco de Assis de quem tomou o nome. No II Congresso de Teologia Continental, realizado em Belo Horizonte entre os dias 26-30 de outubro sob o lema  A Igreja que caminha no Espírito a partir dos pobres resolveu escrever esta carta aberta em apoio ao Papa Francisco. Logo aderiram cerca de 300 pessoas do Brasil, de toda  América Latina, do Caribe e de representantes da Europa, do Canadá e dos Estados Unidos. Pedimos  divulgarem esta carta e testemunharem a sua adesão para o e-mail < valecarusi@gmail com.> da embaixada argentina junto à Santa Sé.  Lboff               

                                                 Carta de apoio ao Papa Francisco

            Querido Papa Francisco,

Somos muitos na América Latina, no Caribe e noutras partes do mundo que acompanhamos com preocupação a oposição e os ataques que lhe fazem minorias conservadoras, mas poderosas de dentro e de fora da Igreja. Perplexos, assistimos a algo inusitado nos últimos séculos: a tomada de posição de alguns cardeais contra o seu modo de conduzir o Sínodo e, mais que tudo, a Igreja Universal.

A carta estritamente pessoal, dirigida ao Sr. foi vasada para a imprensa, como já havia sucedido com sua encíclica Laudato Si’, em clara violação dos princípios de um jornalismo ético.

Tais grupos postulam uma volta ao modelo de Igreja do passado, concebida mais como uma fortaleza fechada do que como “um hospital de campanha sempre aberto para acolher quem lhe bata às portas”; Igreja que deverá “procurar e acompanhar a humanidade de hoje não com portas fechadas, o que trairia a si mesma e a sua missão e que, em vez de ser uma ponte, se tornaria uma barreira”. Estas foram suas corajosas palabras.

As atitudes pastorais do tipo de Igreja proposto em seus discursos e em seus gestos simbólicos se caracterizam pelo amor caloroso, pelo encontro vivo entre as pessoas e com o Cristo presente entre nós, pela misericórdia sem limites, pela “revolução da ternura” e pela conversão pastoral. Esta implica que o pastor tenha “cheiro de ovelha” porque convive com ela e a acompanha ao longo de todo o percurso.

Lamentamos que tais grupos, o mais que fazem é dizer não. Recordamos a esses nossos irmãos as coisas mais óbvias da mensagem de Jesus. Ele não veio dizer não. Ao contrário, ele veio dizer sim. São Paulo na segunda Epístola aos Coríntios nos recorda que “o Filho de Deus sempre foi sim, porque todas as promessas de Deus são sim em Jesus” (2 Cor 1,20).

No evangelho de São João, Jesus afirma explicitamente: ”Se alguém vem a mim eu não o mandarei embora” (Jo 6,37). Podia ser uma prostituta, um leproso, um teólogo medroso como Nicodemos: a todos acolhia com amor e misericórdia.

A característica fundamental do Deus de Jesus, “Abba”, é sua misericórdia ilimitada (Lc 6,36) e seu amor preferencial pelos pobres, doentes e pecadores (Luc 5,32; 6,21). Mais que fundar uma nova religião com fieis piedosos, Jesus nos veio ensinar a viver e a realizar a mensagem central do Reino de Deus, cujos bens são: o amor, a compaixão, o perdão, a solidariedade, a fome e sede de justiça e a alegria de todos sentirem-se filhos e filhas amados de Deus.

Os intentos de deslegitimar seu modo de ser bispo de Roma e Papa da Igreja universal, guiando-se mais pela caridade do que pelo direito canônico, mais pela colegialidade e pela cooperação do que pelo exercício solitário do poder serão vãos, porque nada resiste à bondade e à ternura das quais o Sr. nos dá um esplêndido exemplo. Da história aprendemos que, onde prevalece o poder, desaparece o amor e se extingue a misericórdia, valores centrais da sua pregação e da de Jesus.

Neste contexto, face à nova fase planetária da história e às ameaças que pesam sobre o sistema-vida e o sistema-Terra corajosamente apontadas em sua encíclica Laudato Si’sobre “o cuidado da Casa Comum” queremos cerrar fileiras ao seu redor e mostrar nosso inteiro apoio à sua pessoa e ministério, à sua visão pastoral e aberta de Igreja e à forma carismática pela qual nos faz sentir novamente a Igreja como um lar espiritual. E são tantos de outras igrejas e religiões e do mundo secular que o apoiam e o admiram pelo seu modo de falar e de agir.

Não é destituído de significação o fato de que a maioria dos católicos vive nas Américas, na África e na Ásia, onde se constata grande vitalidade e criatividade em diálogo com as diferentes culturas, mostrando vários rostos da mesma Igreja de Cristo. A Igreja Católica é hoje uma Igreja do Terceiro Mundo, pois somente 25% dos católicos vivem na Europa. O futuro da Igreja se decide nessas regiões onde sopra fortemente o Espírito.

A Igreja Católica, não pode ficar refém da cultura ocidental que é uma cultura regional, por maiores méritos que tenha acumulado. É preciso que se des-ocidentalize, abrindo-se ao processo de mundialização que favorece o encontro das culturas e dos caminhos espirituais.

Querido Papa Francisco: o Sr. participa do mesmo destino do Mestre e dos Apóstolos que também foram incompreendidos, caluniados e perseguidos.

Mas estamos tranquilos porque sabemos que o Sr. assume tais tribulações no espírito das bem-aventuranças. Suporta-as com humildade. Pede perdão pelos pecados da Igreja e segue as pegadas do Nazareno.

Queremos estar ao seu lado, apoiá-lo em sua visão evangélica e libertadora de Igreja, conferir-lhe coragem e força interior para nos atualizar, por palavras e gestos, a Tradição de Jesus feita de amor, de misericórdia, de compaixão, de intimidade com Deus e de solidariedade para com a humanidade sofredora.

Enfim, querido Papa Francisco, continue a mostrar a todos que o evangelho é uma proposta boa para toda a humanidade, que a mensagem cristã é um força inspiradora no “cuidado da Casa Comum” e geradora de uma pequena antecipação de uma Terra reconciliada consigo mesma, com todos os seres humanos, com a natureza e principalmente com o Pai que mostrou ter características de Mãe de infinita bondade e ternura. Ao final, poderemos juntos dizer: “tudo é muito bom”(Gn 1,31).

 

Intelectual cristão na transformação social: L. A. Gómez de Souza

O cristianismo de cunho colonial, especialmente nas Américas teve, além de sua missão especificamente religiosa, uma ineludível função social: por um lado, apaziguar os pobres, dissuadir os revoltosos e fazer acolher sua condição de subordinados. Por outro, legitimar o poder dos governos coloniais e dos poderosos e sacralizar suas decisões políticas. Assim mantinha-se certa ordem que, bem analisada, era ordem na desordem, pois fundada na desigualdade e nos privilégios, não esquecendo o nefasto caráter escravagista da sociedade. Nem por isso faltaram religiosos que romperam esta aliança espúria em nome da liberdade e da independência do Brasil. Emblemática, entre outras, é a figura de Frei Caneca em Pernambuco, homem que pregava ideais republicanos e a autonomia de nossa país. Participou na Revolução de Pernambuco (1817) e como liderança na Confederação do Equador (1822), movimentos liquidados a ferro e fogo e Frei Caneca fuzilado em 1825 porque os carrascos se negaram a enforcá-lo.

No Brasil não havia, por séculos, um laicado politicamente participativo e libertário. Mas a partir dos anos 50 do século passado irromperam muitos movimentos católicos: a JEC, a JOC, a JUC que se faziam presentes nos debates nacionais. Nos anos 60 surgiram outros de cunho claramente transformador e revolucionário como a AP e outros. Com o golpe militar de 1964 muitos foram presos, torturados, mandados ao exílio e assassinados pelos organimos de repressão militar.
É neste contexto que se inscreve a ação de um leigo notável por sua preparação acadêmica, em direito, em ciência política e em sociologia, profundamente imbuído dos ideais cristãos, traduzidos em compromisso de transformação da sociedade injusta: o gaúcho e carioca por opção Luiz Alberto Gómez de Souza.

Seu livro auto-biográfico Um Andarilho entre duas Fidelidades: Religião e Sociedade (Educam/Ponteio, 2015) possui um interesse singular: não se entretém numa narrativa onde ele, como sujeito, projeta a sua luz, mas narra as condições materiais, políticas, ideológicas das muitas realidades nas quais viveu e atuou: no Brasil, no Chile, no México, na França e na Itália.

O que caracteriza seu relato é a capacidade de articular e viver duas fidelidades: a religião e a sociedade. Mas sempre filtrando-as pelos valores evangélicos e por uma clara ética da solidariedade e do compromisso com com os marginalizados em vista da transformação das relações perversas que nos caracterizam.

Luiz Alberto realiza, no meu modo de ver, aquilo que é e deve ser o intelectual no contexto do mundo atual: o intelectual que está sempre atento à realidade no seu todo e não apenas no seu fragmento, capaz das análises rigorosas para chegar a sínteses que iluminam e fazem avançar a compreensão e a prática.

Para cumprir esta diligência, o autor revela certo distanciamento necessário da realidade para poder vê-la a partir de uma visão mais alta. O intelectual como Luiz Alberto não comparece apenas como filho de seu tempo, mas de todos os tempos na medida em que analisa a realidade para além do jogo dos interesses conjunturais e busca as raízes mais profundas no passado para criar espaço para o futuro.

Por esta razão, Luiz Alberto é um crítico severo dos modismos e das ideologias fáceis seja em política seja em religião. O lugar que escolheu para pensar e atuar é a sociedade, as organizações populares, as comunidades eclesiais de base, lá onde se trava a dura luta pela sobrevivência e onde fermentam novas ideias e visões. Seguindo o inesquecível Betinho, convenceu-se de que as transformações em nossas sociedades complexas e dominadas por poderes anti-povo e anti-vida, só poderão irromper de baixo, da sociedade. É o sofrimento que faz pensar e permite criar. Por isso o intelectual como Luiz Alberto é um homem da “segunda inocência”(Hegel), é aquele que segundo Gramsci que ele conhece muito bem, elabora criticamente o que existe em cada pessoa.

Tudo isso constitui a base que sustenta seu compromisso histórico É ingenuidade imaginar que um intelectual esta livre das vinculações das forças sociais. Luiz Alberto fez clara opção pela sociedade, pelas classes populares, conferiu centralidade aos invisíveis para que possam aparecer e, organizados, se transformarem em forças sociais de mudança. Em função disso, corre mundo dando cursos, assessorias, escreve livros e infindáveis artigos sobre a situação histórica atual, mas sempre na perspectiva estrutural captando as tendências mais fundamentais para além do meramente factual.

Estou consciente de que não resumi o rico conteúdo do livro. Mas tentei captar-lhe o ductus, a inspiração básica que subjaz aos vários capítulos.

Vale ressaltar, no final do livro, os vários retratos que traça de figuras que inspiraram sua vida, a começar por sua amada Lúcia, inspiradora de tantas luzes; Dom Helder com quem trabalhou, Gustavo Gutiérrez, fundador da teologia da libertação, o entranhável Betinho, seu mestre Alceu Amoroso Lima e Cândido Mendes em cuja Universidade dirige o Programa de Estudos Avançados em Ciência e Religião.

Sinto-me honrado em pertencer a sua geração e celebrar com fé e utopia uma calorosa amizade.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e colunista do JB online.

para adquirir a obra: ponteio@ponteioediçoes.com.br

La religione può fare il massimo bene e il male più grande

Tutto ciò che è sano può ammalare. Anche le religioni e le chiese. Oggigiorno in particolare assistiamo alla malattia del fondamentalismo che contamina settori importanti di quasi tutte le religioni, chiesa cattolica compresa. A volte c’è una vera guerra religiosa. Basta seguire alcuni programmi religiosi, soprattutto televisivi, di stampo neopentecostale, ma anche di alcuni settori conservatori della Chiesa Cattolica per udire la condanna di persone e gruppi, di certe correnti teologiche o delle religioni afro-brasiliane presentate come invenzioni diaboliche.

L’espressione maggiore del fondamentalismo di stampo pugnace e sterminatore è quella rappresentata dallo Stato Islamico che fa della violenza e dell’assassinio del «differente», l’espressione della sua identità. Ma c’è un’altro tendenza riprovevole, molto presente nei mezzi di comunicazione di massa, specialmente televisione e radio: l’uso della religione per fare molti proseliti, predicare il Vangelo del benessere materiale, scucire soldi agli adepti e arricchire pastori e vescovi (vescovi, per auto-poclamazione). Ci sono anche religioni di mercato, che ubbidiscono alla logica del mercato, della concorrenza e dell’aggregazione del massimo numero possibile di persone per un più corposo accumulo di denaro.

Se osserviamo attentamente, la maggioranza di queste chiese mediatiche, il Nuovo Testamento è citato raramente; predomina, nella predicazione, l’Antico Testamento. Si capisce perché: il Vecchio Testamento, eccetto i profeti e qualche altro testo, enfatizza il benessere materiale come espressione del gradimento di Dio. La ricchezza occupa il posto centrale. Il Nuovo Testamento esalta i poveri, predica la misericordia, il perdono, l’amore verso il nemico, ampia solidarietà verso i poveri e i caduti lungo il cammino. Dov’è che si sente dire perfino nei programmi cattolici, le parole del Maestro: “Beati voi poveri perché vostro è il Regno di Dio”?

Si parla troppo di Gesù e di Dio, come di realtà disponibili sul mercato. Tali realtà sacre per loro natura, esigono riverenza e devozione, silenzio rispettoso e compostezza devota. Il peccato più frequente è contro il secondo comandamento: “Non usare il santo nome di Dio invano”. Invece questo nome è incollato ai vetri delle macchine, perfino sul portafogli, quasi che Dio non stesse in ogni luogo. Gesù di qua Gesù di là, una banalizzazione dissacrante e irritante.

Quel che fa più male e scandalizza sul serio è usare il nome di Dio e di Gesù per fini esclusivamente commerciali. Peggio, per coprire imbrogli, furti di denaro pubblico e lavaggio di soldi. C’è perfino un’impresa chiamata “Gesù”. Nel nome di “Gesù” hanno fatto la cresta per milioni in truffe e imbrogli, nascondendo il tutto in banche straniere e altre corruzioni che coinvolgono i beni pubblici. E tutto questo con la maggiore sfacciataggine.

Se Gesù stesse ancora in mezzo a noi, sicuramente farebbe quello che ha fatto ai mercanti del Tempio: prese uno scudiscio e li fece scappare e rovesciò i tavoli dei cambiavalute. Per queste deviazioni di una realtà sacra, perdiamo l’eredità umanizzatrice delle scritture giudeo-cristiane e specialmente il carattere liberatore e umano del messaggio e della pratica di Gesù. La religione può fare il bene migliore, ma può fare anche il male peggiore.

Sappiamo che l’intenzione originaria di Gesù non era quella di fondare una nuova religione. Ce n’erano tante al suo tempo. Non pensava a una riforma del giudaismo vigente. Lui voleva insegnarci a vivere, orientati dai valori presenti nel suo sogno maggiore, quello del Regno di Dio, fatto di amore incondizionato, di misericordia, perdono e abbandono fiducioso in Dio, chiamato Papà (Abba, in ebraico) con caratteristiche di madre d’infinità bontà. Lui ha messo in marcia la gestazione di un uomo nuovo e di una donna nuova, l’eterna ricerca dell’umanità.

Come il libro “Atti degli Apostoli” lo descrive, il Cristianesimo inizialmente era più movimento che istituzione. Si chiamava il “Cammino di Gesù”, realtà aperta ai valori fondamentali che il Signore aveva predicato e vissuto. Ma nella misura in cui il movimento cresceva, fatalmente si trasformava in istituzione, con regole, riti e dottrine. E il potere sacro (sacra potestas) si costituì come asse organizzatore di tutta l’istituzione che adesso si chiama Chiesa. E questa ne ha fagocitato il carattere di movimento. Dalla storia apprendiamo che là dove il potere prevale, sparisce l’amore e scompare la misericordia. Questo è quanto è accaduto, purtroppo.

Secondo Hobbes il potere si mantiene soltanto cercando sempre più potere. Siamo avvisati. Sono nate chiese imponenti, istituzioni, monumenti, ricchezze materiali e persino banche. E con il potere la possibilità di corruzione.

E’ con piacere che stiamo assistendo a una novità: il Papa Francesco sta riscattando il Cristianesimo, più come movimento che come istituzione, più come incontro tra persone e con il Cristo vivente di illimitata misericordia, che con la ferrea disciplina e dottrina ortodossa. Lui, come Gesù, ha messo al centro la persona, non il potere, non il dogma, né l’inquadramento morale. Con questo ha permesso a tutti, anche a coloro che non fanno parte dell’istituzione, di potersi sentire sulle orme di Gesù, nella misura in cui scelgono l’amore e la giustizia.

*Leonardo Boff, filosofo, scrittore, columnist del JB on line

Traduzione Romano Baraglia e Lidia Arato