Ocho cosas que hay que saber sobre el calientamento global y la cumbre de Glasgow

                                             Marc Vandepitte

Publicamos este texto que considero da maior importância. A meu ver é o melhor apanhado geral do problema ameaçador do aquecimento global e suas consequências dramáticas sobre o nosso futuro. Oferece os dados sem dramatizá-los. Nem precisa. Os fatos falam por si. É o que tenho escrito já há muito tempo: temos que mudar de paradigma, da conquista e dominação para o cuidado e a responsabilidade coletiva. Na linguagem do Papa Francisco na Fratelli tutti (2020): urge passar do dominus (senhor e dono) dos modernos para o frater (irmão e irmã) dos contemporâneos. Se não fizermos esta travessia não haverá uma arca de Noé, “ou nos salvamos todos”, adverte o Papa, “ou ninguém se salva”. Este texto mostra a relutância dos chefes de Estado para chegar a um consenso, sempre pressionados pelas grandes corporações que não almejam nenhuma mudança para não perder seus lucros e sus fortunas. O texto ressalta a urgência de uma governabilidade global para enfrentar um problema global. Não bastam compromissos voluntários, necessita-se de uma regulação obrigatória, coisa que os grandes grupos financeiros não querem de modo nenhum. Assim sendo, provavelmente, vamos ao encontro de uma inominável catástrofe ecológico social. Bem disse o Papa num pronunciamento enviado à COP26:”Que não tenhamos que enfrentar o juizo de Deus por não termos sido fiéis administradores do mundo que nos foi confiado”. Nutro a esperança esperante (Sartre) de que ainda poderemos nos salvar a nós, a nossa civilização, a natureza incluida. No grande aperto, na tribulação da desolação, poderemos dar um salto no nivel de nossa consciência coletiva e de nossos comportamentos e assim criar as condições de nossa sobrevivência nesse belo e esplendoroso planeta.Que assim o queiram todos e o queira Deus?Lboff

1. ¿Cuáles son las principales causas del calentamiento global?

El calentamiento es una consecuencia de la cantidad de dióxido de carbono, o CO2, que entra en nuestra atmósfera. Desde la revolución industrial, el nivel de CO2 es el más alto de los últimos 4 millones de años.

 Hay tres razones principales que explican este alto nivel. La más importante es la quema de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Los quemamos para generar la enorme cantidad de energía en la que se basa toda nuestra civilización industrial y moderna. Prácticamente toda nuestra prosperidad y tecnología se basa en la energía procedente de los combustibles fósiles. Esto libera miles de toneladas de CO2 a la atmósfera cada año.

 Una segunda causa es la deforestación, porque mientras los árboles crecen, sacan el dióxido de carbono de la atmósfera. Por tanto, la tala de bosques para la madera, la agricultura o la industria aumenta las emisiones de carbono. Desde 2010, la selva amazónica emite más CO2 del que almacena.

 Una tercera causa son las emisiones de metano. El metano es un potente gas de efecto invernadero que tiene hasta 80 veces más efecto de calentamiento que el CO2 a corto plazo. La ganadería, la extracción de combustibles fósiles y los vertederos son los principales responsables de las emisiones de metano. Desde que comenzaron las mediciones en 1983, el nivel de metano en la atmósfera ha aumentado más rápido que nunca. Esto también es un hecho preocupante para el planeta.

 2. ¿Quiénes son los mayores emisores?

El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos. El efecto es acumulativo. Las emisiones se distribuyen de forma muy desigual, tanto hoy como en el pasado.

Apenas 90 grandes empresas son responsables históricamente de casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero de los últimos 200 años. Se trata casi exclusivamente de empresas de los países del Norte.

Si nos fijamos en los propios países, los países ricos e industrializados representan en conjunto el 64% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono. Por otro lado, los 54 países africanos sólo representan el 4% de las emisiones mundiales de carbono, pero hoy en día son responsables de cerca del 80% del impacto del cambio climático.

Pero también hay una gran diferencia dentro de los propios países. Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, el 10% más rico causa al menos cinco veces más emisiones que el 50% más pobre. El 10% más rico del planeta emite hasta 175 veces más que el 10% más pobre.

En términos absolutos, China es hoy el mayor emisor de CO2. Pero si se mira la cifra por habitante, el país sólo ocupa el puesto 42, precedido por muchos países europeos. Son principalmente los Estados del Golfo y países como Canadá, Estados Unidos y Australia los grandes culpables.

E incluso esas cifras dan una imagen distorsionada. La mayoría de los países altamente industrializados consumen más emisiones de las que producen. En países como China, es justo al revés. Las exportaciones chinas representan alrededor del 5% de las emisiones mundiales de combustibles fósiles. Dos tercios de estas exportaciones de emisiones van a los países de la OCDE (el club de los 38 países ricos).

3. ¿Cuáles son los principales impactos?

Hace dos siglos, la temperatura media empezó a aumentar de forma constante. Pero desde la Segunda Guerra Mundial el aumento ha sido exponencial. Esto provoca una serie de efectos nocivos.

Condiciones meteorológicas extremas

En primer lugar, las condiciones meteorológicas extremas. Las olas de calor y las sequías extremas serán de 4 a 9 veces más frecuentes que en el pasado. Si nos acercamos a los 3°C, casi toda América del Norte y Europa tendrán un mayor riesgo de incendios forestales. Los ríos de Francia, y por tanto del resto de Europa, podrían perder hasta un 40% de su caudal y volverse en gran medida innavegables.

Las lluvias extremas, que causaron inundaciones mortales en Alemania y Bélgica el pasado verano, serán hasta nueve veces más frecuentes. El número de fenómenos meteorológicos excepcionales que provocan inundaciones, como tormentas y tsunamis, podría multiplicarse por diez.

Una media de cinco millones de personas mueren ya cada año como consecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos. Sólo las condiciones meteorológicas extremas han sumado una media de 25,3 millones de desplazados anuales desde 2008. En 2060, unos 1.400 millones de personas podrían ser refugiados climáticos.

Deshielo y aumento del nivel del mar

Una segunda consecuencia importante del calentamiento del clima es el deshielo. El Polo Norte, el Polo Sur y Groenlandia contienen cantidades gigantescas de hielo, que ahora se está derritiendo lentamente. El Ártico se está calentando casi tres veces más rápido que la Tierra en su conjunto. Groenlandia ha perdido más hielo en la última década que en el último siglo.

Esto, a su vez, está causando varios efectos. El hielo deja paso a aguas más oscuras, que absorben más calor solar que el hielo, calentando aún más el planeta. Además, el permafrost (zona cuyo subsuelo nunca se descongela del todo) del Ártico contiene suficiente metano como para calentar el planeta 20ºC. Ya se está liberando en grandes cantidades en el norte de Rusia. Puede que no todo ese metano se libere a corto plazo, pero al menos deberíamos evitarlo a largo plazo.

Un último efecto, pero no menos importante, es la subida del nivel del mar. Los científicos estiman que, en el mejor de los casos, el nivel del mar subirá entre 1 y 2 metros para el año 2100. Pero ese aumento continuará durante milenios y podría producir océanos hasta 6 metros más altos que los actuales. Megaciudades como Londres, Yakarta, Nueva York y Shanghai no pueden sobrevivir a una subida del nivel del mar de este tipo.  En 2100, una quinta parte de la población mundial podría verse desplazada por la subida del nivel del mar.

No sólo se está derritiendo el hielo marino. Los glaciares también se ven afectados. Son los depósitos del 95% del agua dulce del planeta. En la actualidad, el 2% de su masa se derrite cada año. Se prevé que más de la mitad de los grandes glaciares del mundo habrán desaparecido a finales de este siglo.

Puntos de inflexión y efectos de autorrefuerzo

Hasta ahora, el calentamiento del planeta ha sido bastante predecible y a un ritmo bastante uniforme. Pero esto puede cambiar una vez superados ciertos umbrales o por efectos de autorrefuerzo.

Un ejemplo de este efecto de autorrefuerzo: la quema de combustibles fósiles provoca temperaturas más cálidas y largos periodos sin lluvia. Esto conduce a más incendios, liberando más carbono a la atmósfera, lo que a su vez conduce a condiciones aún más calientes y secas, y a más incendios.  

Los científicos ya han señalado varios de estos efectos de autorrefuerzo. Señalan que el calentamiento global es algo muy complejo y que los cambios graduales en el clima pueden provocar repentinamente consecuencias drásticas cuando se supera un determinado umbral. Estos umbrales no están necesariamente predeterminados y un punto de inflexión climático puede provocar la caída de otro, al igual que las fichas de dominó.

4. ¿Cuál es la diferencia entre 1,5°C y 2°C?

La cumbre del clima de París apuntaba principalmente a un calentamiento de 2°C,  ahora el consenso se dirige cada vez más hacia los 1,5°C. La diferencia no parece grande, pero las consecuencias sí lo son.

Los riesgos del cambio climático y su irreversibilidad aumentan rápidamente entre 1,5°C y 2°C de calentamiento. Eso es lo que muestran los modelos científicos. En los últimos años ya hemos visto -también en nuestro propio país- las consecuencias de un mundo entre 1,1 y 1,2°C más cálido. No son muy tranquilizadores.

Con un aumento de la temperatura de más de 1,5 °C, es probable que el Ártico pierda su hielo de verano, con consecuencias nefastas para el resto del clima (véase más arriba). La capa de hielo de Groenlandia también podría entrar en un estado de declive irreversible.

Un aumento de más de 1,5°C podría alterar irremediablemente la corriente del Golfo, con consecuencias desastrosas para la agricultura y la biodiversidad. Con 2°C, las islas pequeñas y las zonas costeras bajas de todo el mundo se inundarían.

“Con 1,5°C, 700 millones de personas estarían en riesgo de sufrir olas de calor extremas. A 2°C, habría 2.000 millones. Con 1,5°C, el 70% de los arrecifes de coral del mundo morirán. A 2°C han desaparecido todos.” Dice Alok Sharma, presidente de la cumbre climática de Glasgow.

Podemos considerar que 1,5°C es uno de esos umbrales del calentamiento global anteriormente mencionados. El último informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) afirma que cada fracción de grado cuenta. Cada décima de grado centígrado de calentamiento que podamos evitar hará que el planeta sea mucho más habitable para las generaciones futuras.

 5. ¿Es demasiado tarde para detener el calentamiento global?

Después de cada informe del IPCC se escucha que casi no queda tiempo para evitar una crisis climática. En agosto, el Secretario General de la ONU, António Guterres, calificó el último informe del IPCC de “código rojo para la humanidad”.”.

Todavía no es demasiado tarde, pero el tiempo que queda es muy corto. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 40% de posibilidades de que dentro de cinco años tengamos ya una media anual superior a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales.

Para tener una oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5ºC, tenemos “ocho años para reducir casi a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero”, según Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). “Ocho años para elaborar planes, adoptar políticas, aplicarlas y, en definitiva, reducir las emisiones. El tiempo corre.”

No en vano, los científicos y los políticos llaman a la década de 2020 la década crucial para el clima.

En otras palabras, hay que poner toda la carne en el asador y acelerar los esfuerzos actuales. Para mantenerse por debajo de 1,5 °C, el carbón, por ejemplo, tendrá que ser eliminado cinco veces más rápido que en la actualidad. La reforestación tiene que producirse tres veces más rápido, la financiación del clima tiene que crecer 13 veces más rápido y la intensidad energética de los edificios tiene que disminuir casi tres veces más rápido que ahora. En los países prósperos, el consumo de carne de vacuno debe disminuir una vez y media más rápido que ahora. Y así sucesivamente.

No es una cuestión de falta de recursos o de tecnología para evitar una crisis climática. Según el Papa, “la humanidad nunca ha tenido tantos medios a su disposición para lograr este objetivo”. Es más bien una cuestión de voluntad política y mucho valor. Greta Thunberg lo expresa con fuerza: “Para que la Cop26 de Glasgow sea un éxito, hace falta mucho. Pero sobre todo hace falta honestidad, solidaridad y coraje”.

6. ¿Qué hay que hacer para evitar una crisis climática?

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sabemos exactamente qué hacer. El reto nunca se ha visto, ya que se ha hecho necesaria nada menos que una revolución de nuestro sistema energético. Sin embargo, según la AIE, esta revolución es técnicamente factible y asequible (véase más abajo).

Hay que tener en cuenta que entre 1850 y 2000, el consumo de energía de la humanidad se multiplicó por 15. En los próximos 30 años, el 90% o más de la energía mundial producida actualmente a partir de combustibles fósiles tendrá que ser suministrada por fuentes alternativas. Se trata, sin duda, de una tarea gigantesca.

Según la AIE, la electrificación basada en fuentes de energía renovables es el núcleo del nuevo sistema energético. Para el transporte y ciertas aplicaciones industriales, también se necesitan otras fuentes de energía, como el hidrógeno, la bioenergía o las centrales eléctricas de combustibles fósiles que entierran sus residuos en lugar de emitirlos. La energía nuclear también es recomendada por algunos, pero no es recomendable. 

La eliminación del carbón es urgente y esencial. Las emisiones de metano deben reducirse sustancialmente a corto plazo. Esto significa, entre otras cosas, que la agricultura y el consumo de alimentos necesitan un serio reajuste. La revolución energética también implica que la gran mayoría de las reservas de combustibles fósiles deben permanecer bajo tierra.  Este será uno de los retos más difíciles, pero es crucial. Además de la revolución energética, la reforestación también será importante para frenar el calentamiento del clima.

La revolución energética tendrá que ser global. Lo que ocurra en los países en desarrollo será decisivo. Allí es donde la población crece más rápidamente y donde la demanda de energía es mayor. Esto significa que los países ricos deben poner a disposición recursos financieros y conocimientos tecnológicos para que estos países también puedan dar el salto a una economía sostenible.

7. ¿Es asequible y quién debe pagar?

Para lograr las emisiones cero, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que se necesitarán 4 billones de dólares anuales de aquí a 2030, frente al billón actual. Estas elevadas inversiones se verán compensadas en parte por unos costes de explotación más bajos y, en algunos casos, pueden incluso generar importantes beneficios netos.

Aparte de la miseria humana, el coste de la inacción es asombroso: se calcula que habrá 600 billones de dólares a finales de siglo. En otras palabras, las pérdidas debidas a la degradación del clima superan con creces las inversiones necesarias para evitarlas.

En la ceremonia de apertura de la cumbre sobre el clima, el Primer Ministro de Barbados señaló que los bancos centrales han inyectado 25 billones de dólares en los mercados financieros desde la crisis financiera, incluido 9 billones en los últimos 18 meses para luchar contra el Covid-19. Se pregunta por qué no se puede repetir eso para combatir el calentamiento global.

“Si hubiéramos utilizado esos 25 billones de dólares para comprar bonos para financiar la transición energética, para la transición de la forma en que comemos o cómo nos movemos en el transporte, ahora estaríamos alcanzando ese límite de 1,5°C que es tan vital para nosotros.”

Pero ni siquiera hay que buscar tan lejos. En la actualidad, se gastan 5 billones de dólares anuales en subvenciones a los combustibles fósiles. Si dirigimos ese dinero hacia la tan necesaria transición energética, el trabajo estará hecho.

Una cuestión importante es quién debe pagar la factura. El movimiento de los chalecos amarillos ha dejado claro que un plan climático sólo puede tener éxito si se hace de forma equitativa. Hay que proteger a los vulnerables y los más responsables deben soportar la mayor parte de la carga.  Para Thomas Piketty, “no hay otra solución al problema climático que una reducción muy fuerte de la desigualdad”.

Según Al Gore, ex vicepresidente de EE.UU., la crisis climática y la desigualdad en la sociedad deben abordarse conjuntamente y se puede apuntar a los ricos: “Para cerrar la brecha de emisiones para 2030, los gobiernos deben centrar sus acciones en los contaminadores más ricos. (…) Esto incluye medidas para frenar el consumo de carbono de lujo, como los megayates, los jets privados y los viajes espaciales, así como las inversiones intensivas en clima, como la propiedad de acciones en la industria de los combustibles fósiles”.

A escala mundial, esto significa que los países del Norte tendrán que ayudar a los del Sur. La AIE estima que alrededor del 70% de los 4 billones de dólares anuales de inversión deberían ir a parar a los países emergentes y en desarrollo. La cifra asciende a 2,8 billones de dólares, y está muy lejos de la ayuda anual prometida de 100.000 millones, que aún no se ha alcanzado. Por lo tanto, será necesario un giro completo en este ámbito.

8. ¿Qué importancia tiene la Cumbre de Glasgow?

Las expectativas de una cumbre sobre el clima suelen ser altas. Y con razón, porque está en juego nada menos que el futuro de nuestro planeta. Sin embargo, estas cumbres no suelen dar lugar a los avances esperados.

Esto se debe en parte a que el proceso de toma de decisiones en una cumbre climática de este tipo es muy complejo. Los contrastes entre los distintos actores son a veces muy grandes y, en ausencia de un gobierno mundial, no existe ninguna forma de exigibilidad. Además, muchos gobernantes negocian adentro de las posibilidades que les imponen los grandes grupos de capital de sus países. Por ejemplo, Estados Unidos no firma el pacto del carbón porque Biden necesita el apoyo en el Congreso de un senador patrocinado por la industria del carbón.

Dadas estas circunstancias, es típico de estas cumbres que se hagan grandes promesas retóricas, pero que se carezca de medidas concretas para llevarlas a cabo, por no hablar de su cumplimiento. Desgraciadamente, ni siquiera es raro que se utilice una cumbre sobre el clima para hacer un lavado verde.

Esta cumbre no es una excepción. La promesa de detener la deforestación para 2030 es un buen ejemplo. Esta bonita promesa no es ni obligada ni transparente, y carece de un plan de financiación. Además, mientras tanto, la tala de árboles puede continuar a buen ritmo.

Algo similar puede verse con las promesas de los grandes grupos financieros de invertir el capital necesario en la transición energética. Si los firmantes no presentan planes creíbles y concretos a corto plazo, esto huele más a lavado verde. Según un inversor, los compromisos voluntarios no resuelven el problema. Lo que se necesita es una regulación. Exactamente lo que esos grupos financieros no quieren, por supuesto.

Lo importante en una cumbre de este tipo es que se alcance algún tipo de consenso. Que se eviten divisiones o recriminaciones como las de Copenhague en 2009. Para esta cumbre, es muy importante establecer una hoja de ruta clara que pueda impedir de forma creíble que el mundo supere los 1,5 °C.

La cuestión es entonces cómo garantizar que esa hoja de ruta se haga realidad. La verdadera lucha al respecto no se librará en dicha cumbre. Mientras los gobernantes sigan el camino los grandes grupos de capital, estas cumbres seguirán limitándose a promesas vagas y no vinculantes y nuestro planeta estará condenado.

Depende de nosotros construir un equilibrio de poder diferente y obligar a los líderes del gobierno y a la élite económica a tomar un rumbo diferente. Una actuación que no asegura los beneficios de los grandes grupos de capital sino los del planeta. Un rumbo que evite que la factura la pagaremos nosotros, la gente común.

Los jóvenes lo han entendido bien con sus huelgas climáticas. Es fundamental que los trabajadores busquen también formas de lucha que garanticen la supervivencia de nuestro planeta y lo hagan de forma social.

 Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2021/11/05/acht-zaken-die-je-moet-…

https://www.alainet.org/es/articulo/214343  fecha 12/11/2021

Leonardo Boff: «Il problema è il capitalismo» ma i leader evitano di dirlo

Intervista al teologo della Liberazione. Bolsonaro? «Andrà avanti con la deforestazione mentendo al Brasile e al mondo, non ci sono dubbi». Come il sistema attuale condanna a morte il «grande povero» che è il pianeta devastato

 Claudia Fanti

EDIZIONE DEL04.11.2021-Il Manifesto

Il grido dell’indigena brasiliana Txai Suruí, figlia di uno dei leader più rispettati del suo paese, Almir Suruí, è risuonato proprio in apertura della Cop 26: «Mio padre mi ha insegnato che dobbiamo ascoltare le stelle, la luna, gli animali, gli alberi. Oggi, il clima sta cambiando, gli animali stanno scomparendo, i fiumi muoiono, le nostre piante non fioriscono più come prima. La Terra ci sta dicendo che non abbiamo più tempo».

Ma è già troppo tardi per cambiare strada? Lo abbiamo chiesto a Leonardo Boff, tra i padri fondatori della Teologia della Liberazione, quella dei poveri e del «grande povero» che è il nostro pianeta devastato e ferito, il cui duplice – e congiunto – grido ha occupato il centro della sua intera riflessione.

Tra i firmatari dell’accordo sulla deforestazione raggiunto alla Cop 26 c’è anche Bolsonaro. Il trionfo dell’ipocrisia?

Nulla di minimamente credibile può venire dal governo Bolsonaro: con lui la menzogna è diventata politica di stato. Solo su un punto ha detto la verità: «Il mio governo è venuto per distruggere tutto e per ricominciare da capo». Peccato che questo reinizio sia nel segno dell’oscurantismo e del negazionismo scientifico, che si tratti di Covid o di Amazzonia. La sua opzione economica va in direzione esattamente opposta a quella per la preservazione ecologica: Bolsonaro ha favorito l’estrazione di legname, l’attività mineraria all’interno delle aree indigene, la distruzione della foresta per far spazio alla monocoltura della soia e all’allevamento. Solo da gennaio a settembre, l’Amazzonia ha perso 8.939 km² di foresta, il 39% in più rispetto allo stesso periodo del 2020 e l’indice peggiore degli ultimi 10 anni. La sua adesione al piano di ridurre le emissioni di metano del 30% entro il 2030 è pura retorica. In realtà, non ci sono dubbi sul fatto che proseguirà sulla strada della deforestazione continuando a mentire al Brasile e al mondo.

L’Amazzonia potrà sopravvivere ad altri 10 anni di deforestazione?

Il grande specialista dell’Amazzonia Antônio Nobre afferma che, al ritmo attuale di distruzione, e con un tasso di deforestazione già vicino al 20%, in 10 anni si potrebbe raggiungere il punto di non ritorno, con l’avvio di un processo di trasformazione della foresta in una savana appena interrotta da alcuni boschi. La foresta è lussureggiante ma con un suolo povero di humus: non è il suolo che nutre gli alberi, ma il contrario. Il suolo è soltanto il supporto fisico di un complicata trama di radici. Le piante si intrecciano mediante le radici e si sostengono mutuamente alla base, costituendo un immenso bilanciamento equilibrato e ritmato. Tutta la foresta si muove e danza. Per questo motivo, quando una pianta viene abbattuta, ne trascina molte altre con sé.

Siamo ancora in tempo per intervenire?

I leader mondiali hanno accuratamente evitato di toccare quello che è il vero problema: il capitalismo. Se non cambiamo il modello di produzione e di consumo, non fermeremo mai il riscaldamento globale, arrivando al 2030 con un aumento della temperatura oltre il grado e mezzo. Le conseguenze sono note: molte specie non riusciranno ad adattarsi e si estingueranno, si registreranno grandi catastrofi ambientali e milioni di rifugiati climatici, in fuga da terre non più coltivabili, oltrepasseranno i confini degli stati, per disperazione, scatenando conflitti politici. E con il riscaldamento verranno anche altri virus più pericolosi, con la possibile scomparsa di milioni di esseri umani. Già ora i climatologi affermano che non c’è più tempo. Con l’anidride carbonica che si è già accumulata nell’atmosfera, e che vi resterà per 100-120 anni, più il metano che è 80 volte più nocivo della CO2, gli eventi estremi saranno inevitabili. E la scienza e la tecnologia potranno attenuare gli effetti catastrofici, ma non evitarli.

Ha sempre affermato che senza un vero cambiamento nella nostra relazione con la natura non avremo scampo. L’umanità è pronta per questo passo?

Il sistema capitalista non offre le condizioni per operare mutamenti strutturali, cioè per sviluppare un altro paradigma di produzione più amichevole nei confronti della natura e in grado di superare la disuguaglianza sociale. La sua logica interna è sempre quella di garantire in primo luogo il profitto, sacrificando la natura e le vite umane. Da questo sistema non possiamo aspettarci nulla. Sono le esperienze dal basso a offrire speranze di alternativa: dal buen vivir dei popoli indigeni all’ecosocialismo di base fino al bioregionalismo, il quale si propone di soddisfare le necessità materiali rispettando le possibilità e i limiti di ogni ecosistema locale, creando al tempo stesso le condizioni per la realizzazione dei beni spirituali, come il senso di giustizia, la solidarietà, la compassione, l’amore e la cura per tutto ciò che vive.

Fonte:  Il Manifesto de 4.11.2021

As ameaças sobre a Terra presentes na  COP26 em Glasgow?

Em Glasgow, nesse final de 2021, com a COP26 se discute como reduzir os níveis de  gases de efeito estufa para não chegarmos em 2030 a 1,5 graus Celsius e então a um caminho sem retorno. A maioria está cética, pois os grandes emissores não cumpriram o Acordo de Paris. Reduzirem apenas até 7% e o Brasil, ao contrário, cresceu em 9% sua emissão. Dada a engrenagem do processo produtivo mundial de viés capitalista que tende a não assumir nenhum limite em seus ganhos, provavelmente não alcançaremos esta meta.Nossos filhos e netos herdarão uma Terra devastada e poderão nos amaldiçoar por não termos feito a lição de casa. A situação dramática da Terra está ausente nos debates.Não se fala da relação destrutiva para com a natureza. Vejamos rapidamente, no curso da história, como chegamos ao drama atual.

A interação com a natureza

Nossos ancestrais que se perdem na penumbra dos tempos imemoriais, entretinham uma interação não destrutiva: tomavam o que a natureza fartamente lhes oferecia..  Esse tempo durou milênios, começando na África, onde surgiu o ser humano, pela primeira vez há alguns milhõe de anos. Por isso, somos todos, de alguma forma,  africanos.

A intervenção na natureza

Há mais de dois milhões de anos, irrompeu, no processo da antrogênese (a gênese do ser humano na evolução) o homem hábil  (homo habilis). Aqui ocorreu uma primeira virada. Inicia-se aquilo que culminou de forma extrema nos nossos dias.  O homem hábil inventou instrumentos com os quais operava uma intervenção na natureza: um pau pontiagudo, uma pedra afiada e outros recursos semelhantes. Com eles podia ferir e  matar um animal ou podia cortar plantas. Essa intervenção se desenvolveu muito mais intensamente com a introdução da agricultura e da irrigação, ocorrida  volta de 10-12 mil atrás na era chamada do  neolítico. Desviavam-se águas dos rios, melhoravam colheitas, criavam animais e aves para serem abatidos.

É o tempo em que os humanos deixaram de ser nômades e se fizeram sedentários, com  vilas e cidades, geralmente, junto aos rios como ao Nilo no Egito, ao Tigre e ao Eufrates no Oriente Médio, ao Indo a o Tanges na Índia e ao redor do imenso lago interno, o  Amazonas que há milhares de anos, desaguava no Pacífico.

A agressão à natureza

Da intervenção passamos à agressão da natureza, na era industrial a partir do século XVIII. Surgiram as fábricas com a produção em massa. Forjou-se todo tipo de instrumentos técnicos que permitiam extrair enormes riquezas da natureza. Partia-se da premissa de que o ser humano é “senhor e dono” da natureza, não se sentindo mais como hóspede e parte dela. A ideia-força era a vontade de poder, entendidida como capacidade de dominar tudo: outras pessoas, classes sociais, povos, continentes, a natureza, a matéria, a vida e a própria Terra como um todo. Foram produzidas armas de destruição em massa, químicas, biológicas e nucleares.

O inglês Francis Bacon, tido como o fundador do método científico moderno, chegou a escrever:”Deve-se torturar a natureza como o torturador tortura a  sua vítima, até ela entregar todos os seus segredos”. Os conhecimentos científicos foram logo transformados em técnicas de  extração de bens naturais,  cada vez mais aperfeiçoadas, para realizar o propósito de acumulação ilimitada. Aqui a agressão  ganho estatuto oficial. Foi e continua sendo aplicada até os dias atuais

A destruição da natureza

Nos últimos tempos de modo especial, depois da segunda guerra mundial (1939-1945) a sistemática agressão ganhou dimensões de verdadeira destruição de ecossistemas, da biodiversidade, dos bens e serviços escassos da natureza,  até da Mãe Terra  agredida em todas as suas frentes.

Segundo notáveis cientistas, inauguramos uma nova era geológica, chamada de antropoceno, na qual o ser humano emerge como a maior ameaça à natureza e ao equilíbrio da Terra, particularmente de seus climas. Chegou-se ao ponto de nosso processo industrialista e o estilo consumista de vida dizimar anualmente cerca de 100 mil organismos vivos. Mais de um milhão deles estão sob grave ameaça de desaparecimento.

A partir desta verdadeira tragédia biológica começou-se a falar de necroceno, quer dizer, a morte (necro) em massa de vidas da natureza e de vidas humanas por miséria, fome de milhões e milhões e agora pelo Covid-19 planetário.

A erosão da Matriz Relacional

Perdeu-se a perspectiva do Todo. Ocorreu uma verdadeira fragmentação e atomização da realidade e dos respectivos sabares. Sabe-se cada vez mais sobre cada vez menos.Tal fato possui suas vantagens mas também seus limites. A realidade não é fragmentada. Por isso os saberes também não podem ser fragmentados. Falamos da aliança entre todos  os saberes, também dos populares (Prigogine).

Deixou-se de considerar as relações de interdependência que todas coisas guardam entre si. Numa palavra: erodiu-se a matriz relacional de todos com todos, que envolvem o próprio universo. Nada existe fora da relação. Numa poética formulação do Papa Francisco em sua encíclica Laudato si: sobre o cuidado da Casa Comum (2015) se afirma:

 O Sol e a Lua, o cedro e a florzinha, a águia e o pardal, o espetáculo de sua diversidades significa que nenhuma criatura se basta a si mesma; elas são interdependentes uma das outras para se completarem mutuamente no serviço uma das outras!(n.86)

Se realmente todos estamos entrelaçados, então devemos concluir que o modo de produção capitalista, individualista, depredador da natureza, visando o maior lucro possível sem se dar conta das relações existentes entre todas as coisas, emitindo gases de efeito estufa, está na contramão da lógica da natureza e do próprio universo.

A Terra nos criou um lugar amigável para viver mas nós não estamos nos mostrando amigáveis para com ela. Ao contrário, movemos-lhe uma guerra, sem chance de ganhá-la, a ponto de ela não aguentar mais e começar a reagir numa espécie de contra-ataque. Este é o significado maior da intrusão de toda uma gama de vírus, especialmente do Covid-19. De cuidadores da natureza nos fizemos em seu Satã ameaçador.

Ou mudamos ou podemos correr o risco de desaparecer

Até o advento da modernidade  o ser humano percebia-se ligado ao Todo. Agora a Mãe Terra foi transformada “num banheiro” e “estamos cavando nossa sepultura” disse o Secretário Geral da ONU António Guterres ao abrir os trabalhos na COP26 no dia 31/10/2021, ou num baú cheio de recursos a serem explorados. Nessa compreensão que acabou por se impôr, as coisas e os seres humanos estão desconectados entre si, cada qual seguindo um curso próprio.

A ausência do sentimento de pertença a um Todo maior, o descaso pelas teias de relações que ligam todos os seres, tornou-nos desenraizados e mergulhados numa profunda solidão,  coisa que o impedia uma visão integradora do mundo, que existia anteriormente.

Por que fizemos esta inversão de rumo? Não será uma única causa, mas um complexo delas. A mais importante e danosa foi termos  abandonado a referida Matriz Relacional, vale dizer, a percepção da teia de relações que entrelaçam todos os seres. Ela nos conferia a sensação de sermos parte de um Todo maior, de que estávamos inseridos na natureza como parte dela, como irmãos e irmãs, como afirma a Fratelli tutti do Papa Francisco e não simplesmente seus usuários e com interesses meramente utilitaristas. Perdemos a capacidade de admração pela grandeur da criação, de reverência face ao céu estrelado, de respeito por todo tipo de vida e da capacidade de chorar pelo sofrimento da maioria da humanidade.

Se não fizermos esta virada de “senhores e donos” (dominus) da natureza para “irmãos e irmãs (frater)  entre todos, da humanidade e da natureza, não serão eventuais acordos  alcançados na COP26 de diminuição de gases de efeito estufa que irão nos salvar.A questão é a mudança de paradigma.Ou mudamos ou corremos o risco de desaparecer da face da Terra.

Leonardo Boff é eco-teólogo e escreveu: Ecologia:grito da Terra-grito do pobre, Vozes 2015; Como cuidar da Casa Comum, Vozes 2017.

El amor forma parte del ADN del ser humano

Observamos con consternación en nuestro país y también en gran parte del mundo una ola de odio, de desprecio, de exclusión y de violencia simbólica y física que suscita la pregunta: ¿cómo se inscribe este dato siniestro dentro de la vida humana? Como veremos luego, los investigadores del secreto de la vida humana nos aseguran que por naturaleza y no simplemente por un proyecto personal o social, en nuestro DNA está inscrito el amor, la cooperación, la solidaridad y la compasión. Los que viven y alimentan el odio son enemigos de sí mismos y de la vida misma. Por eso no producen nada positivo, sino desgracias, exclusiones, crímenes y muerte. Es lo que lamentablemente estamos presenciando.

Sobre esta cuestión, el primer nombre a ser mencionado es sin duda James D.Watson con su famoso libro “ADN: el secreto de la vida” (2005). Junto con su colega Francis Crick sustentan científicamente que el amor está presente en la esencia del ADN. Ambos descodificaron en 1953 el código genético, la estructura de la molécula de ADN, la doble hélice que contiene el programa de toda vida, desde la célula primigenia surgida hace 3.800 millones de años hasta llegar a nosotros, seres humanos. 

Todos estamos constituidos por el mismo código genético de base, lo que nos hace a todos parientes unos de otros. Afirma Watson: “contra el orgullo, las sublimes realizaciones del intelecto humano revelan que tenemos apenas dos veces más genes que un gusano insignificante, tres veces más genes que una mosca de frutas en descomposición y solo seis veces más genes que la simple levadura de panadería”. Una molécula de ADN estirada alcanza un metro y 85 centímetros; reducida a su forma original es una billonésima de centímetro y está presente en cada célula de nuestro cuerpo, incluso en la más superficial de la piel de nuestra mano. Watson define: “la vida así como la conocemos no es más que una vasta gama de reacciones químicas coordinadas. El secreto de esta coordinación es un complejo y arrebatador conjunto de instrucciones inscritas químicamente en nuestro ADN. Pero todavía nos queda un largo camino que recorrer hasta llegar al pleno conocimiento de cómo actúa el ADN” (p.424).

Muchos nuevos conocimientos enriquecieron la visión de Watson y Crick, especialmente los de los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela. Lo mejor de estas investigaciones fue maravillosamente resumido por el ecologista y físico cuántico Fritjof Capra en su libro La trama de la vida (1997). Él mostró didácticamente que para que surgiera la vida es necesario el patrón de organización (que nos hace distinguir una silla de un árbol) de una estructura que organiza los elementos físico-químicos que permiten la irrupción de la vida. Pero esto no basta, es necesario incluir la auto-creación. Los seres vivos, en sistemas abiertos que los hacen dialogar con todo el entorno, no son estáticos, están siempre en proceso de autocreación (autopoiesis de Maturana). No solo se adaptan a los cambios, sino que crean otros nuevos junto con los demás seres, de tal forma que continuamente co-evolucionan.

Una contribución decisiva fue aportada por Humberto Maturana que estudió la base biológica del amor. Él ve el amor presente desde los inicios del universo. Cada ser se rige por dos procesos: el primero es de necesidad de interconectarse con todos los demás para asegurar más fácilmente su supervivencia. El segundo es de pura espontaneidad. Los seres se interrelacionan por rara gratuidad, creando entre sí lazos nuevos y por afinidad, como si se enamorasen recíprocamente. Es la irrupción del amor en el proceso cosmogénico. El amor que surge entre dos seres, millones de años después, tuvo su origen en esa relación de ancestral amorosidad espontánea.

Todo esto sucede como un dato de la realidad objetiva. Al llegar al ser humano se puede transformar en algo subjetivo, en un amor conscientemente asumido y vivido conscientemente como un proyecto de vida.

Toda esta reflexión se destina a deslegitimar y acusar como inhumana, contraria al movimiento del universo y a la base biológica de la vida, la prevalencia del odio, de la exclusión y de la rabia presentes en nuestro país, animadas por un jefe de estado que se distingue por su odio y comportamientos desviados y necrófilos. Se ha hecho enemigo de la vida de sus compatriotas al aliarse con la Covid-19, presentándose como maestro curador a través de la cloroquina y compuestos, como si fuese médico y especialista. Quedó como un simple charlatán y, con referencia a los indígenas, un genocida.

Termino con este testimonio de Watson en el libro antes mencionado:

Aunque no sea religioso, veo elementos profundamente verdaderos en las palabras sobre el amor de San Pablo en la epístola a los Corintios: “Si hablase todas las lenguas… si conociese todos los misterios y toda la ciencia… pero no tuviese amor, no sería nada. Pablo, a mi entender, reveló con claridad la esencia de nuestra humanidad. El amor, ese impulso que nos hace cuidar al otro fue lo que permitió nuestra supervivencia y éxito en el planeta. El amor es tan fundamental a nuestra naturaleza humana que estoy seguro de que la capacidad de amar está inscrita en nuestro ADN. Un Pablo secular (él, Watson) diría que el amor es la mayor dádiva de nuestros genes a la humanidad” (p.433-434).

Tales palabras nos llevan a responder al odio bolsonarista con el amor, a la ofensa de sus fans con amorosidad: Tales actitudes nos dan la certeza y garantía de que estos tiempos nefastos de ira y de odio pasarán.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor y ha publicado La casa, la espiritualidad, el amor, Paulinas, SP 2017Los derechos del corazón, Paulus, SP 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano