El Covid-19 nos obliga a pensar: que és lo esencial: la vida o el lucro?

Como afirmó el renombrado filósofo alemán Jürgen Habermas, en una entrevista sobre la Covid-19: ”Nunca supimos tanto de nuestra ignorancia de como ahora”. La ciencia es indispensable para sobrevivir y atender a la complejidad de las sociedades modernas, pero ella no puede ser arrogante y pretender, como ciertos cientificistas postulan, que podría resolver todos los problemas. A decir verdad,  lo que no sabemos es infinitamente más que lo que sabemos. Todo saber es finito y perfectible. Eso se está comprobando ahora con ocasión de la búsqueda desenfrenada de una vcuna eficaz contra la Covid-19. No sabemos cuándo va a estar disponible, ni cuándo desaparecerá la epidemia.

Tal hecho tiene como efecto el ocaso de un horizonte de vida y de esperanza  y causa aquello que tan bien escribió en su twitter la jueza y escritora (“La vida no es justa”) Andréa Pachá: “La pandemia ha hecho muchos estragos. Algunos físicos, concretos y definitivos. Otros sutiles, pero devastadores. Nos sustrajo el deseo de ir, de jugar, de hacer planes, incluso aquellos sólo utópicos e idealizados, que jamás se realizarían, pero que alimentaban el alma”.

Constatamos que hay un profundo abatimiento colectivo, melancolía, depresión y hasta rabia contra una epidemia acerca de la cual conocemos muy poco y poco podemos hacer. Todos nos sentimos rodeados por el fantasma de la contaminación, de la intubación y de la muerte.

El hecho es que vivimos no bajo una emergencia extraordinaria como el tsunami del Japón, que afectó las centrales  nucleares, una de las cuales continúa emitiendo radioactividad, afectando desde las costas de la India, de Tailandia, de Indonesia hasta las costas de California, o las grandes quemas de la Amazonia, del Pantanal y de los bosques de California. Con la Covid-19 estamos delante de una emergencia extrema, que afecta a todo el planeta, consecuencia de una profunda erosión ecológica causada por la voracidad de las grandes empresas que buscan exclusivamente el lucro material con el derribo de las selvas, el extractivismo, la expansión de monoculturas como la de la soja o la cría de ganado y la excesiva urbanización del mundo entero.

Esa intrusión del ser humano en la natureza, sin ningún sentido de respeto a su valor intrínseco, tenida como un mero medio de producción y no como algo vivo del cual somos parte y no dueños ni señores, negándonos a respetar sus límites de soportabilidad, ha producido la destrucción de los hábitats de miles de virus en animales y en plantas que se han transladado hacia otros animales y hacia el ser humano.

Tenemos que incorporar nuevos conceptos: la zoonosis (enfermedad que viene del mundo animal: aves, cerdos, vacas, murciélagos) y la transferencia zoonótica: una afección animal transmisible al ser humano. A partir de ahora entrarán en nuestro  vocabulario no sólo científico.

Uno de los mayores especialistas en virus,  David Quammen (Montana USA), nos advierte en su video “Spillover: the next human pandemic” (2015)”: es inevitable que vuelva a haber una gran pandemia. Puede matar a decenas de miles, centenas de miles, o millones de personas, según las  circunstancias y la forma como reaccionemos, pero  aparecerán cualquiera de estas cosas. Será con seguridad un agente zoonótico. Tendrá origen en animales no humanos. Será ciertamente un virus”. Observemos la gravedad de esta advertencia de un notable científico.

Frente a esta emergencia extrema aumentada por la escasa movilidad nacional e internacional, el aislamiento social, el distanciamiento entre las personas y el uso de la máscarilla nos propician plantear las cuestiones más fundamentales de nuestras vidas: ¿al final, qué es lo que cuenta en última instancia? ¿Qué es definitivamente esencial? ¿Cuáles son las razones que nos llevaron a tal situación de emergencia extrema? ¿Qué debemos y podemos hacer después de que pase la pandemia, si pasa? Estas preguntas son impostergables.

Entonces descubrimos que no hay mayor valor que la vida, nuestra vida y la de toda la comunidad de vida. Ella surgió hace 3,8 miles de millones de años y la humana hace cerca de 8-10 millones de años. Pasó por varias devastaciones pero siempre se mantuvo su existencia.  Y junto con la vida, los medios de vida sin los cuales ella no se sustenta: el agua, el suelo, la atmósfera, la biosfera, los climas, el trabajo y la naturaleza que nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir y sobrevivir. Y la comunidad humana que nos acoge y nos ofrece las bases del orden social y espiritual que nos mantiene cohesionados como humanos. De nada vale la acumulación de bienes materiales, la apropiación individual, la pura y simple competición. Lo que nos salva como seres vivos y sociales es la solidaridad, la cooperación, la generosidad y el cuidado de unos a otros y del ambiente.

Estos son los valores humano-espirituales, contrarios a aquellos de la cultura del capital material, sobre la cual la Covid-19 representa una especie de rayo que la está reduciendo a pedazos. No podemos volver a ella para no provocar a la Madre Tierra y a la naturaleza que, si no cambiamos nuestra relación de respeto y de cuidado, nos enviarán otros virus, tal vez todavía más letales o hasta el último (The Big One) que diezmaría a la especie humana.

Este tiempo de recogimiento forzado es tiempo de reflexión y de conversión ecológica, tiempo de decidir qué tipo de Casa Común queremos para el futuro.Tenemos que crecer en solidaridad y en amor a todo lo que es creado, especialmente a los humanos, nuestros hermanos y hermanas.

Seremos  “el homo solidarius”, el principio de una nueva era, la era de la biocivilización, en la cual la vida en su diversidad tendrá centralidad y todo lo  demás estará al servicio de ella. No habrá ECOnomia sin ECOlogia. La vida vale por sí misma. Juntos en la Casa Común gozaremos de la alegre celebración de la vida.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito “Covid-19: el contraataque de la Tierra contra la Humanidad” que saldrá publicada próximamente por la editorial Vozes.

Traducción de M°José Gavito Milano

 

 

O Covid-19 nos obriga a pensar: o que é o essencial?

Como afirmou o renomado filósofo alemão Jürgen Habermas, numa entrevista acerca do Covid-19:”Nunca soubemos tanto de nossa ignorância como agora”. A ciência é indispensável  para sobrevivermos e dar conta da complexidade das sociedades modernas. Mas ela não pode ser arrogante e pretender, como certos cientifistas postulam, que ela poderia resolver todos os problemas. Mas na verdade, o que não sabemos é infinitamente maior do que sabemos.Todo saber é finito e perfectível. Isso está se comprovar agora por ocasião da busca desenfreada por uma vacina eficaz contra o Covid-19. Não sabemos quando estará disponível, nem quando desaparacerá a epidemia.

Tal fato tem como efeito o ocaso de um horizonte de vida e de esperança  e causa aquilo que tão bem em seu twitter escreveu a juíza e escritora (“A vida não é justa”) Andréa Pachá: “A pandemia fez muitos estragos. Alguns físicos, concretos e definitivos. Outros sutis, mas devastadores. Subtraiu a vontade de rir, de brincar, de fazer planos, mesmo aqueles só utópicos e idealizados, que jamais se realizariam, mas que alimentavam a alma”. Constamos que há profundo abatimento coletivo, melancolia, depressão e até raiva contra uma epidemia contra a qual muito pouco conhecemos e pouco podemos fazer. Todos sentimo-nos rodeados pelo fantasma da contaminação, da intubação e da morte.

O fato é que vivemos não sob uma emergência extraordinária como o tsunami no Japão afetando as usinas nucleares, uma das quais, continua emitindo radioatividade, afetando as costas da India, da Tailândia, da Indonésia até as costas da Califórnia ou as grandes queimadas da Amazônia,do Pantanal e das florestas da Califórnia. Com o Covid-19 estamos diante de uma emergência extrema, afetando todo o planeta, consequência de uma profunda erosão ecológica causada pela voracidade das grandes empresas que buscam exclusivamente o lucro material com a derrubada das florestas, o extrativismo, a expansão de monoculturas como da soja ou da criação de gado e a excessiva urbanização do mundo inteiro.

Essa intrusão do ser humano sobre a natureza, sem qualquer sentido de respeito ao seu valor intrínseco, tida como mero meio de produção e não como algo vivo do qual nós somos parte e não donos e senhores, negando-nos a respeitar seus limites de suportabilidade, tem produzido a destruição dos habitats dos milhares de vírus em animais e em plantas que então transbordam para outros animais e para o ser humano.

Temos que incorporar novos conceitos: a zoonose (doença que vem do mundo animal,aves, porcos, vacas, morcegos) e a transferência zoonótica: uma afecção animal transmissível ao ser humano. A partir de agora entrarão no nosso vocabulário não só científico.

Adverte-nos um dos maiores especialistas em vírus  David Quammen (Montana nos USA) em seu video “Spillover: the next human pandemic” ( 2015):”é inevitável que volte a haver uma grande pandemia. Pode matar dezenas de milhares, centenas de milhares, ou milhões de pessoas, consoante as circunstâncias e a forma como reagirmos, mas há de aparecer qualquer coisa dessas. Será com certeza um agente zoonótico. Terá origem em animais não humanos. Será certamente um vírus”. Observemos a gravidade desta advertência de um notável cientista.

Face à esse emergência extrema, acrescida com  parca mobilidade nacional e internacional, o isolamento social, o distanciamento entre as pessoas e o uso da máscara nos propiciam colocar as questões mais fundamentais de nossas vidas: afinal, o que conta em última instância? O que é definitivamente essencial? Quais as razões que nos levaram a tal situação de emergência extrema? Que devemos e podemos fazer depois que passar a pandemia, se passar? Estas questões são inadiáveis.

Então descobrimos que não há valor maior que a vida, a nossa vida e de toda comunidade de vida.Ela surgiu há 3,8 bilhões de anos e a humana há cerca de 8-10 milhões de anos.Ela passou por várias devastações mas sempre se manteve viva. E junto com a vida, os meios de vida sem os quais ela não se sustenta: á água, o solo, a atmosfera,a biosfera,os climas, o trabalho e a natureza que nos oferece tudo o que precisamos para viver e sobreviver.E a comunidade humana que nos acolhe e nos oferece as bases da ordem social e espiritual que nos mantém coesos como humanos. De nada vale a acumulação de bens materiais, a apropriação individual, a pura e simples competição. O que nos salva como seres vivos e sociais é a solidariedade, a cooperação, a generosidade e o cuidado de uns para com os outros e para com o ambiente.

Estes são os valores humano-espirituais, contrários àqueles da cultura do capital material sobre a qual o Covid-19 representou uma espécie de raio que a reduziu em cacos. Não podemos voltar a ela para não provocar a Mãe Terra e a natureza que, caso não mudarmos nossa relação de respeito e de cuidado, nos enviarão outros vírus, talvez ainda mais letais ou até o derradeiro (The Big One) que dizimaria a espécie humana.

Esse tempo de recolhimento forçado é tempo de reflexão e de conversão ecológica, tempo de decidir que tipo de Casa Comum queremos para o futuro. Temos que crescer em solidariedade e em amor a tudo que é criado,especialmente aos humanos, nossos irmãos e irmãs. Seremos o “o homo solidarius”, o princípio de uma nova era, da biocivilização, na qual a vida em sua diversidade terá centralidade e tudo o  mais a serviço dela. A vida vale por si mesma. Juntos na Casa Comum gozaremos da alegre celebração da vida.

Leonardo Boff, é ecoteólogo e filósofo e escreveu “O Covid-19: o contra-ataque da Terra contra a Humanidade” a sair em breve pela Vozes.

J.Habermas

 

 

 

 

 

 

 

 

David Quammen: o transbordamento (spillover) de um próximo vírus

Publicamos esta entrevista de um dos maiores pesquisadores de vírus do mundo: David Quammen dos Estados Unidos (Montana).Faz-nos compreender o atual Covid-19 e se não mudarmos nossa relação para com a natureza e o contacto com os animais poderemos ser assaltados por vírus ainda mais letais que poderão levar milhões de seres humanos. Ele continua fazendo alertas às autoridades políticas para estarem preparadas mas encontra ouvidos moucos. Não dão importância nem se preparam como ocorreu com o coronavírus que pegou os governos de surpresa e sem preparo de hospitais, respiradores, máscaras de outros insumos  e a  busca prévia de antivirais.Vale escutar o testemunho deste profundo conhecedor que nos pode ajudar a mudar nossa relação para com a natureza. Que futuro teremos? Ele já veio e temos que nos arranjar com essa nova situação criada pelo confinamento social, o distanciamento de conglomerações e o uso consciente de máscaras. Quando terminará? Ninguém pode dizer. Mas seguramente aprenderemos as lições do confinamento e seremos mais amigáveis para com a natureza e seus animais, portadores de vírus. LBoff

David Quammen: “Os humanos somos mais numerosos do que qualquer outro grande animal. Em algum momento haverá uma correção”

Divulgador científico e autor de ‘Spillover’ (transbordamento) explica por que os morcegos estão ligados à origem de tantos vírus, e o que faz o coronavírus tão bem-sucedido

Marc Bassets

Paris – 19 abr 2020 – 15:36 BRT

El Pais 19/04/2020

São cinco da tarde em Bozeman, pequena cidade de Montana (Estados Unidos), onde os espaços são vastos e o distanciamento social não precisa ser imposto à força, porque faz parte da paisagem desde tempos imemoriais.

David Quammen, de 72 anos, está cultivando seu jardim quando o telefone toca. “Passeamos com o cachorro pelo bairro, cumprimento os vizinhos da outra calçada e há três semanas não chego a menos de seis pés [dois metros] de outra pessoa além da minha esposa”, diz ao EL PAÍS o veterano repórter e divulgador científico que anos atrás viajou pelos quatro cantos do planeta perseguindo vírus zoonóticos, ou seja, que passam dos animais para os humanos.

O resultado foi Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic (“transbordamento: infecções animais e a próxima pandemia humana” em tradução livre), ou Contagio, na tradução espanhola que a editora Debate publicará quinta-feira em ebook e em 14 de maio em papel na Espanha (o livro ainda não foi traduzido para o português). A obra fascina e assusta. Pelo que mostra: o mundo das infecções de origem animal. E pelo que prevê: uma pandemia humana muito parecida com a do vírus que causa a Covid-19. Hoje, é uma das obras de referência para entender o ente microscópico que paralisou o mundo.

Pergunta. O que está ocorrendo o surpreende?

Resposta. De modo nenhum. Tudo − o vírus procedente de um morcego que depois passa para os humanos, a conexão com um mercado na China, o fato de que se trate de um coronavírus − era previsível. É o que os especialistas que entrevistei para meu livro me diziam.

  1. Nada o surpreende?
  2. Sim, a falta de preparação dos Governos e dos sistemas públicos de saúde para enfrentar um vírus como este. Isso me surpreende e me decepciona. A ciência sabia que ia ocorrer. Os Governos sabiam que podia ocorrer, mas não se preocuparam em se preparar.
  3. Por quê?
  4. Os alertas diziam: pode ocorrer no próximo ano, em três anos, ou em oito. Os políticos diziam a si mesmos: não gastarei dinheiro por algo que pode não ocorrer durante meu mandato. É por isso que não se gastou dinheiro em mais leitos hospitalares, em unidades de terapia intensiva, em respiradores, em máscaras, em luvas.
  5. Sem essa falta de preparo, não estaríamos todos confinados?
  6. Exatamente. A ciência e a tecnologia adequadas para enfrentar o vírus existem. Mas não havia vontade política e, portanto, dinheiro, nem coordenação entre Governos locais e nacionais, e entre Governos no mundo. Também não há vontade para combater a mudança climática. A diferença entre isto e a mudança climática é que isto está matando mais rápido.
  7. Por que o morcego está ligado à origem de tantos vírus, do causador da SARS até o ebola, e também do SARS-CoV-2?
  8. Os morcegos parecem super-representados como hospedeiros naturais desses vírus perigosos. Por vários motivos. Primeiro, estão super-representados na diversidade dos mamíferos. Uma de cada quatro espécies de mamíferos é uma espécie de morcego.
  9. Isso significa que há muitos morcegos?
  10. Não se trata simplesmente de que haja muitos quanto ao número, e sim de que existe uma grande diversidade de morcegos. E é possível que cada espécie diferente de morcego tenha suas próprias espécies de vírus. Essa diversidade de espécies oferece uma ampla margem para a diversidade de vírus.
  11. Que outros motivos explicam que os morcegos sejam a origem de tantos vírus?
  12. Os morcegos vivem muito. Um do tamanho de um rato pode viver 18 ou 20 anos. Um rato vive um ou dois anos. Os morcegos aninham juntos em colônias enormes. Vi 60.000 em uma caverna, todos apertados. A longevidade e a massificação são circunstâncias ideais para que os vírus passem sem parar de um indivíduo para outro. E outra coisa: agora há indícios, embora não haja certeza absoluta, de que os morcegos têm sistemas de imunidade que evoluíram para ser mais hospitaleiros para corpos estranhos.
  13. E eles estão cada vez mais perto de áreas urbanas, não é?
  14. Sim. Principalmente os grandes morcegos dos trópicos e subtrópicos. Estamos destruindo seus habitats e eles procuram comida em áreas humanas onde haja hortas e árvores frutíferas nos parques. Tudo isto os aproxima dos humanos, o que, através de suas fezes e sua urina, aumenta as possibilidades de que os vírus se espalhem diretamente ou através dos animais domésticos.
  15. Devemos temer os morcegos?
  16. Não, não. São animais lindos, magníficos, necessários para a integridade dos ecossistemas. A solução não é nos livrarmos dos morcegos, e sim deixá-los em paz.
  17. Como?
  18. Esta pandemia é uma oportunidade para educar, para entender nossa relação com o mundo natural.
  19. Nós, humanos, somos os responsáveis pelo que está ocorrendo?
  20. Sem dúvida. Todos os humanos, todas as nossas decisões: o que comemos, a roupa que vestimos, os produtos eletrônicos que possuímos, os filhos que queremos ter, o quanto viajamos, quanta energia queimamos. Todas essas decisões pressionam o mundo natural. E essas demandas do mundo natural tendem a aproximar de nós os vírus que vivem em animais selvagens.
  21. É a vingança da natureza?
  22. Eu não diria dessa forma, porque sou um materialista darwiniano. Não personalizo a natureza. Não acredito em uma natureza com N maiúsculo capaz de vingança ou de emoções. Os humanos são mais numerosos do que qualquer outro grande animal na história da Terra. E isso representa uma forma de desequilíbrio ecológico que não pode continuar para sempre. Em algum momento haverá uma correção natural. Ocorre com muitas espécies: quando são muito numerosos para os ecossistemas, acontece algo com elas. Ficam sem comida, ou novos predadores evoluem para devorá-las, ou pandemias virais as derrubam. Pandemias virais interrompem, por exemplo, explosões de populações de insetos que parasitam árvores. Aí existe uma analogia com os humanos.
  23. Somos como esses insetos?
  24. Não. Somos muito mais inteligentes do que os insetos da selva. Devemos ser capazes de ver o que está para nos atingir e transformar o choque em um reajustamento de nossa maneira de viver neste planeta.
  25. “Oferecemos mais oportunidades do que nunca para os vírus”, o senhor escreveu.
  26. Porque somos mais e porque estamos mais conectados entre nós. Quando entramos na selva e capturamos um animal selvagem − um roedor, um morcego, um pangolim, um chimpanzé −, e esse animal tem um vírus, e esse vírus salta para nós e descobre que pode se replicar dentro de nós, e que passar de um humano para outro… quando ocorre tudo isso, esse vírus ganhou na loteria. Ele entrou por uma porta que lhe oferece uma enorme oportunidade. Porque somos 7,7 bilhões de hospedeiros em potencial para ele e porque estamos hiperconectados: a peste bubônica matou talvez um terço da população europeia, mas no século XIV não podia passar para a América do Norte nem para a Austrália. O vírus que causa a Covid-19 é um dos mais bem-sucedidos do planeta, juntamente com a cepa pandêmica do HIV. E nós o convidamos a ser tão bem-sucedido.
  27. O que o senhor aprendeu nos últimos três meses sobre os vírus?
  28. Algo que me surpreende é que, até agora, este vírus não está evoluindo muito rápido. Alguns cientistas, como Trevor Bedford em Seattle, coletaram amostras de várias pessoas em diversos momentos e em diferentes partes do mundo e desenharam uma árvore genealógica do vírus. Descobriram que os genomas do vírus não variam muito no espaço e no tempo. O vírus não muda porque não precisa fazer isso. Está sendo tão bem-sucedido − passando de um humano para outro, em todos os países do planeta − que, do ponto de vista da evolução, não está submetido a nenhuma pressão para mudar: já se dá bem sendo como é.
  29. Durante quanto tempo ele pode se dar tão bem?
  30. Até que tenhamos uma vacina. Nesse momento, é possível que tente evoluir. Não é que realmente tente, porque não tem intenção, é apenas um vírus. Mas, por seleção natural, é possível que, acidentalmente, encontre maneiras de driblar a vacina. E então começará a corrida para encontrar vacinas novas e melhores. Mas é o que já fazemos com a gripe: precisamos de uma vacina nova todos os anos, porque muda constantemente.
  31. Enquanto isso, o distanciamento social e o confinamento têm um efeito no vírus?
  32. Sim. Quando nos confinamos, retiramos dele a oportunidade de se espalhar da forma tão ampla e intensa como fez até agora. Uma maneira de pensar sobre pandemias é a seguinte. Em toda população de vítimas potenciais, há pessoas suscetíveis ao vírus. Há pessoas infectadas pelo vírus. Há pessoas mortas. E há pessoas que se recuperaram. E, uma vez recuperadas, é mais difícil que sejam reinfectadas. De modo que se chega a um ponto no qual o número de mortos é alto, o número de recuperados é alto e o número de infectados ainda pode ser alto, mas o número de pessoas suscetíveis pode ser relativamente baixo e estar disperso. Nesse momento, o vírus que está nas pessoas infectadas não tem oportunidades de entrar em contato com as suscetíveis.
  33. E então?
  34. Nesse ponto, a pandemia tende a terminar.

 

Eduardo Newton: dedos de juristas devem trazer anéis de tucum

Publicamos este comovente e desafiante texto de Eduardo Newton extraído da Carta Capital de 14 de agosto de 2020. O anel de tucum era o grande símbolo que o bispo Dom Pedro Casaldáliga recebeu dos indígenas que sempre defendeu. Ele está difundido por todos os lados até no estrangeiro como símbolo da defesa dos povos originários, dos pobres e oprimidos e da teologia da libertação. Eu mesmo dando uma palestra quase no polo norte da Suécia em Umeo, encontrei dois suecos que traziam o anel. Perguntados, responderam com orgulho: “nós defendemos os nossos indígenas daqui, os samis e os pobres que existem também em nosso país; estivemos na Amazônia e encontramos indígenas, cuja causa de respeito e de sobrevivência prometemos levá-la pelo mundo afora”. Esse é o grande símbolo do anel de coco de tucum. Não poderiam os juristas, os que defendem os direitos a começar por aqueles dos que não podem sozinhos se socorrer, trazer junto com seu anel de advogado e jurista, este  símbolo de uma causa tão nobre? Fica aqui o desafio. LBoff

Eduardo Newton

14 de agosto de 2020 Carta Capital

Como poucos, D. Pedro Casaldáliga trazia comunhão pela causa dos oprimidos e excluídos do mundo inteiro em seu anel de tucum

No dia 08 de agosto de 2020, Pedro Casaldáliga, bispo emérito da Prelazia de São Félix do Araguaia, dava os seus últimos suspiros. O homem que se insurgiu contra a ganância daqueles que desejavam explorar o campo morreu no mesmo dia em que se anunciava o tétrico número de 100.000 mortos pela Covid-19. Este texto tem como objetivo homenagear o religioso e problematizar como o seu comportamento deveria, sem que implicasse qualquer violação ao caráter laico do Estado, influenciar os juristas verdadeiramente comprometidos com o Texto Constitucional vigente.

O catalão Pedro veio ao Brasil um pouco antes do Ato Institucional nº 05 e conheceu um Brasil profundo, quando então optou por lutar lado a lado de camponeses, indígenas e outras minorias vulnerabilizadas. A partir de seu relato para Ana Helena Tavares, depara-se com a sua condição de testemunha ocular do ocorrido naquelas paisagens do interior do Centro-Oeste:

Casaldáliga conta mais detalhes de sua chegada ao Brasil, comentando o quanto a paisagem mudou de lá para cá: ‘Foram quase sete dias de caminhão de São Paulo até aqui [São Félix do Araguaia]. Porque a estrada estava se abrindo, não tinha estrada. As pontes eram pequenas. Tinha muitos córregos. Agora, quando se faz o caminho de Barra do Garças para cá, não se tem ideia de como era a região. Está tudo desmatado. Os córregos profanados, alguns deles secos já perderam toda a vitalidade. Tinha mata. Se fala do Posto da Mata. Cadê a mata do posto?’”[i]

O religioso recentemente falecido destacou-se pela convicta e resoluta opção pelos pobres, o que se mostrava perfeitamente coerente com a sua inserção dentre os principais pensadores da Teologia da Libertação, que, por parte de Leonardo Boff, recebeu as seguintes considerações que se mostram idôneas a explicar essa escolha pelos vulnerabilizados:

Qual é o sonho da Teologia da Libertação? O de que todos, começando pelos mais pobres e oprimidos, possam se libertar das muitas opressões exteriores e interiores e viver como irmãos e irmãs em justiça, solidariedade, respeitosos da natureza e da Mãe Terra, numa grande comensalidade, desfrutando, com moderação compartida, os bons frutos da grande e generosa Mãe Terra.”[ii]

Muito embora integrasse uma milenar instituição, a Igreja Católica, Dom Pedro Casaldáliga, mesmo tendo sido nomeado bispo, não deixou se levar por ritos ou formalidades sem sentido para os seus companheiros de luta. Uma das maiores provas de sua simplicidade era aferida no uso do anel de tucum. Sobre essa joia desprovida de qualquer valor de troca, mais uma vez se recorre aos ensinamentos de Leonardo Boff:

O anel preto feito de coco de tucum que muitos bispos e até cardeais, teólogos, leigos, agentes de pastoral, cientistas políticos, antropólogos e outros carregam em seus dedos se transformou em sinal distintivo de uma comunhão pela causa dos oprimidos e excluídos do mundo inteiro (indígenas, negros, mulheres, minorias, discriminados por diferentes razões), por sua libertação e por um mundo onde eles possam ser incluídos.”[iii]

Essa modéstia não pode ser confundida com falta de conhecimento ou preparo intelectual. Dom Pedro Casaldáliga era um homem voltado para a práxis, um teórico preocupado com a efetiva fruição do Reino de Deus por todos os homens.

De fato, o já frágil corpo desse bispo descansou no dia 08 de agosto de 2020. A lei da entropia, mais uma vez, se fez presente diante de um ser vivo. Porém, esse desgaste que culminou com a sua morte não se mostrou capaz de apagar a vitalidade das ideais e do exemplo de Dom Pedro Casaldáliga, sendo certo que essa potência foi além do universo religioso.

Com arrimo em outro importante pensador da Teologia da Libertação e já citado neste texto, Leonardo Boff, depara-se com a necessidade de uma ampla participação para que a convivência se efetive:

Três são as pilastras que dão vida à convivência: a participação, a comunhão e a celebração. A participação de todos é essencial. Deve significar que todos os participantes se sentem sujeitos e responsáveis pela comunidade: distribuem entre si tarefas seja no nível da palavra, da celebração, dos serviços religiosos e dos trabalhos concretos decididos pela comunidade, geralmente, em articulação com outros grupos de base (…) Realizam-se parcerias entre os membros e com outros grupos (grupos de direitos humanos, grupos de saúde, de educação, de mulheres, de ecologia, de sem-terra, sem-teto e sindicato). Esta participação, novamente, obriga a buscar convergências e pôr em segundo plano as diferenças religiosas, ideológicas, de classe, entre outras.”[iv]

Além de se espelhar no irrestrito comportamento com os valores da democracia e dos direitos humanos, o meio jurídico tem sim muito o que aprender com Dom Pedro Casaldáliga e esse aprendizado se encontra inserido na necessidade de diálogo que a convivência exige.

Em um país tão desigual, é dever de todo ator jurídico conferir primazia em sua atuação para os mais pobres, repudiando, assim, condutas voltadas para a perpetuação da miséria e pobreza de expressivo contingente populacional. Esse agir não deve ser confundido com uma postura assistencialista, que, na verdade, acaba por não permitir o pleno desenvolvimento do cidadão. Aqui se está a falar na necessidade de se optar pelos pobres e isso como forma de que sejam efetivados os objetivos fundamentais da República. Esses objetivos fundamentais se encontram expressamente previstos no artigo 3º, Constituição da República:

Art. 3º Constituem objetivos fundamentais da República Federativa do Brasil:

I – construir uma sociedade livre, justa e solidária;

II – garantir o desenvolvimento nacional;

III – erradicar a pobreza e a marginalização e reduzir as desigualdades sociais e regionais;

IV – promover o bem de todos, sem preconceitos de origem, raça, sexo, cor, idade e quaisquer outras formas de discriminação.

No que se refere a esses objetivos fundamentais da República, Lenio Luiz Streck e José Luiz Bolzan de Morais apresentam as seguintes considerações sobre o artigo 3º, Carta Magna:

Os objetivos constitucionais fundamentais, como o art. 3º da Constituição, são a expressão das opções ideológicas essenciais sobre as finalidades sociais e econômicas do Estado, cuja realização é obrigatória para os órgãos e agentes estatais e para a sociedade, ou, ao menos, os detentores de poder econômico ou social fora da esfera estatal.”[v]

O vínculo com os objetivos fundamentais há de ser inquebrantável, ainda que essa escolha traga penosas e desagradáveis repercussões ao ator jurídico. É o ônus de uma postura que se mostra em conformidade constitucional e que respeita os pobres.

A chamada liturgia forense permeada por formalismos completamente desnecessários e que somente servem para afastar o jurisdicionado do sistema de justiça deve ser abolida. Em vez de becas, togas e linguagem cifrada, é preciso tornar a realidade forense acessível e o ambiente acolhedor. Palácios de justiça nababescos devem ser repensados para que a hospitalidade se faça também para o real titular do poder.

O glamour dos grandes escritórios ou posições de destaque nas instituições públicas certamente não serão alcançáveis para quem realizar essa verdadeira profissão de fé pelo Texto Constitucional. Mas, isso não é causa de qualquer frustração, pois é necessário compreender que as atividades jurídicas não se sustentam por si só. Elas se encontram inseridas em um projeto de servir uma parcela da população que ainda não sabe o que é a cidadania.

Em uma produção cinematográfica dos anos 1990, O Anel de Tucum, Dom Pedro Casaldáliga indica o simbolismo do seu anel de tucum e indaga o seu interlocutor se, após saber o sentido daquele humilde anel, toparia usá-lo. O pensamento do homenageado nesse texto, tal como afirmado, é marcado pela vitalidade e permite questionar aos juristas deste país se estariam prontos a usar anéis de tucum. Não seria a solução de todos os problemas, mas um passo para uma sociedade mais justa seria dado.

[i] TAVARES, Ana Helena. O problema é ter medo do medo. O que o medo da ditadura tem a dizer à democracia. Rio de Janeiro: Revan, 2016. p. 92

[ii] BOFF, Leonardo. Reflexões de um velho teólogo e pensador. Petrópolis: Vozes, 2018. p. 21.

[iii] BOFF, Leonardo. Virtudes para um outro mundo possível. Volume II: Convivência, respeito e tolerância. Petrópolis: Vozes, 2006. p. 37.

[iv] BOFF, Leonardo. Virtudes para um outro mundo possível. Volume II: Convivência, respeito e tolerância. Petrópolis: Vozes, 2006. pp.35-36

[v] STRECK, Lenio Luiz & MORAIS, José Luiz Bolzan. Comentários ao artigo 3º. IN: CANOTILHO, J. J. Gomes; MENDES, Gilmar F.; SARLET, Ingo W. & STRECK, Lenio L. (coordenadores). Comentários à Constituição do Brasil. São Paulo: Saraiva, 2013. p. 149.