Van Gogh habla del amor necesario

Vivimos actualmente tiempos sombríos de mucho odio, ausencia de fineza y especialmente de falta de amor. La historia no es rectilínea ni la propia evolución del universo lo es. Pasa del orden (cosmos) al desorden (caos), de lo sim-bólico (lo que une) a lo dia-bólico (lo que separa), de las sombras a la luz, de thánatos (las negatividades de la vida) a eros (las excelencias de la vida) y de Cristo al Anti-Cristo.

Tales antítesis no son deformaciones de la realidad, sino la condición de todas las cosas. En el ámbito humano decimos que así es la condition humaine. Es decir, hay momentos en que predomina el orden, la armonía social, la convivencia inclusiva, que representan el eros. En otros predomina el thánatos, la dimensión de muerte, de odio y de desgarro. Obsérvese que las dos realidades vienen siempre juntas y están simultáneamente presentes en todos los momentos y circunstancias.

Actualmente a nivel mundial y nacional estamos viviendo duramente la dimensión de thánatos, de lo dia-bólico, de las sombras. Hay guerras en el mundo, racismo, fundamentalismo produciendo incontables víctimas, ascensión del autoritarismo, del populismo, que son disfraces del despotismo. Como si todo esto no bastase, estamos bajo la invasión de la Covid-19, fruto de la sistemática agresión humana contra la naturaleza (antropoceno) y del contraataque que ella está lanzando contra nosotros, poniendo especialmente al capitalismo y a los países militaristas con su máquina de matar, de rodillas.

Todos los caminos religiosos y espirituales dan centralidad al amor. No necesitamos referirnos a Jesús para quien el amor es todo o al texto de inigualable belleza y verdad de san Pablo en la primera Carta a los Corintios, en el capítulo 13: “el amor nunca acabará… en el presente permanecen estas tres, la fe, la esperanza y el amor, y la más excelente es el amor” (13.8-13).

No me resisto a citar el texto sobre el amor de la Imitación de Cristo, de 1441, el libro más leído en la cristiandad después de la Biblia. Como canto del cisne de mi actividad teológica de más de 50 años, lo retraduje del latín medieval, depurándole como mucho de los dualismos típicos de la época. Leámoslo:

«Gran cosa es el amor. Es un bien verdaderamente inestimable que por si sólo vuelve suave lo que es penoso y soporta sereno toda adversidad. Porque lleva la carga sin sentir el peso, torna lo amargo dulce y sabroso… El amor desea ser libre y sin amarras que le impidan amar con totalidad. Nada más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más sublime, nada más profundo, nada más delicioso, nada más perfecto o mejor en el cielo y en la tierra… Quien ama, vuela, corre, vive alegre, se siente liberado de todas las amarras. Da todo a todos y posee todo en todas las cosas, porque más allá de todas las cosas, descansa en el Sumo Bien del cual se derivan y proceden todos los bienes. No mira las dádivas, se eleva por encima de  todos los bienes hasta aquel que los concede. El amor muchas veces no conoce límites pues su fuego interior supera toda medida. Es capaz de todo y realiza cosas que quien no ama no comprende; quien no ama se debilita y acaba cayendo.  El amor vigila siempre y hasta duerme sin dormir… Sólo quien ama comprende el amor» (libro III capítulo 5).

En los momentos dolorosos que estamos viviendo y sufriendo, tenemos que rescatar lo más importante que verdaderamente nos humaniza: el simple amor. Se siente grandemente su falta en todas partes y relaciones. Sin él nada de grande, de memorable y de heroico ha sido construido en la historia. El amor hace que tantos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y todos los que trabajan contra la Covid-19, sacrifiquen sus vidas para salvar vidas, y por eso muchos de ellos acaban cayendo víctimas de la enfermedad.

Ellos nos confirman la excelencia del amor incondicional. Testimonios de las ciencias de la vida, del arte y de la poesía refuerzan lo que proclaman las religiones. Son convincentes las palabras del genial pintor Vincent van Gogh en una carta a su hermano Théo: «Hay que amar para trabajar y volverse un artista, un artista que pretende poner sentimiento en su obra: primero tiene que sentirse a sí mismo y vivir con su corazón… El amor califica nuestro sentimiento de deber y define claramente nuestro papel… el amor es la más poderosa de todas las fuerzas» (Lettres à son frère Théo, Gallimard 1988, 138, 144). A. Artaud que hizo la introducción a las cartas de van Gogh dice de él que rechazó entrar en esta sociedad sin amor: “fue un suicida de la sociedad”.

Consideremos lo que afirman los estudios sobre el proceso cosmogénico y de la nueva biología. Cada vez está más claro que el amor es un dato objetivo de la realidad global y cósmica, un evento bienaventurado del propio ser de las cosas, en las cuales nosotros estamos incluidos.

Ejemplo de eso es lo que escribió James Watson, que con Francis Crick descodificó en 1953 la doble hélice del código genético: «El amor pertenece a la esencia de nuestra humanidad. El amor, ese impulso que nos hace cuidar del otro, fue lo que permitió nuestra supervivencia y éxito en el planeta. Ese impulso, creo, que salvaguardará nuestro futuro… Tan fundamental es el amor para la naturaleza humana que estoy seguro de que la capacidad de amar está inscrita en nuestro DNA. Un san Pablo (que tan excelentemente escribió sobre el amor) secular diría que el amor es la mayor dádiva de nuestros genes a la humanidad». (J. Watson, ADN: el secreto de la vida, Companhia das Letras, São Paulo 2005, p. 433-434).

Los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela mostraron la presencia cósmica del amor. Dicen que los seres, incluso los más originarios como los topquarks, se relacionan e interactúan entre ellos espontáneamente, por pura gratuidad y alegría de convivir. Tal relación no responde a una necesidad de supervivencia. Se instaura por un impulso de crear lazos nuevos, por la afinidad que emerge espontáneamente y que produce deleite. Es el adviento del amor.

De esta forma, la fuerza del amor atraviesa todos los estadios de la evolución y enlaza a todos los seres dándoles irradiación y belleza.

El amor cósmico realiza lo que la mística ha intuido siempre sobre la gratuidad y la belleza: «la rosa no tiene un por qué. Florece por florecer. Ella no se ocupa de sí misma ni se preocupa de si la admiran o no» (Ángel Silesius). Así el amor, como la flor, ama por amar y florece como fruto de una relación libre, como entre dos personas enamoradas y apasionadas.

Fernando Pessoa expresó bien esta experiencia en los Poemas de Alberto Caieiro: «Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es /sino porque la amo, y la amo por eso,/ porque quien ama nunca sabe lo que ama/ni sabe por qué ama, ni qué es amar/Amar es la eterna inocencia» (Obra poética, Aguilar 1974, p.205).

Por el hecho de ser humanos y autoconscientes, podemos hacer del amor un proyecto personal y civilizatorio: vivirlo conscientemente, crear condiciones para que la amorización se dé entre los seres humanos y con todos los demás seres de la naturaleza, hasta con alguna estrella del universo.

El amor es urgente en Brasil y en el mundo. Con realismo Paulo Freire, tan calumniado por los propulsores del odio y de la ignorancia, nos dejó esta misión: forjar una sociedad donde no sea tan difícil el amor. Educar, decía él, es un acto de amor.

Digámoslo con todas las palabras: el sistema mundial capitalista y neoliberal no ama a las personas. Ama el dinero y los bienes materiales; ama la fuerza de trabajo del obrero, sus músculos, su saber, su producción y su capacidad de consumir. Pero no ama gratuitamente a las personas como personas, portadoras de dignidad y de valor. Lo que nos está salvando en este momento de irrupción de la Covid-19 son exactamente los valores que el capitalismo niega.

Predicar el amor diciendo: «amémonos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos», es revolucionario. Es ser anti-cultura dominante y contra el odio imperante.

Hay que hacer del amor aquello que el gran florentino, Dante Alighieri, escribió al final de cada cántico de la Divina Comedia: “el amor que mueve el cielo y todas las estrellas”; y yo añadiría, amor que mueve nuestras vidas, amor que es el nombre sacrosanto del Ser que hace ser todo lo que es, y que es la Energía sagrada que hace latir de amor nuestros corazones.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y acaba de escribir: Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad, que saldrá publicado por la editora Vozes.

Traducción de Mª José Gavito Milano

O criminoso rompimento da barragem da Vale em Brumadinho e o o trauma das crianças

Publico este texto comovente de uma universitária Marina Paula Oliveira, atingida pelo criminoso rompimento da barragem da mineradora VALE S.A.Largou seus estudos para junto com o bispo Dom Vicente Ferreira e outras colaboradoras acompanhar o drama dos atingidos da barragem, suscitando esperança, organização e coragem para cobrar os direitos diminuídos ou até alguns negados aos atingidos pela tragédia. O mundo inteiro acompanhou a extensão do drama ocorrido em Brumadinho, não longe de Belo Horizonte, no qual 172 pessoas ficaram soterradas sob montanhas de lava. Poucos ouviram o choro e o clamor das crianças que perderam seus pais, suas mães, seus parentes. Toda região foi danificada com materiais pesados e tóxicos, a natureza foi devastada e os rios contaminados. Aqui temos o relato direto da universitária Marina, inteligente, cheia de ideais em sua vida e na sua carreira universitária. Ouviu o clamor dos desamparados e desesparados que subia ao céu. Largou tudo e se associou ao trabalho do bispo Dom Vicente, grande pastor,poeta e cantador, além de destemido crítico dos abusos ocorridos e da displicência da VALE em atender aos reclamos dos atingidos por seus direitos, por suas casas, por suas terras,por sua dignidade. É uma jovem e brilhante mas totalmente entregue a esse trabalho humanitário,não sem uma carga de espiritualidade, diria de mística que enxuga lágrimas,consola as pessoas e lhes mantém viva a esperança de que a justiça  se fará e o direito triunfará. Eu lá estive e dou meu testemunho com a inesquecível imagem dos 172 balões em memória dos 172 desaparecidos,  balões nos quais estava escrito:”Dói demais o jeito que vocês foram embora”.  LBoff

 

O criminoso rompimento da barragem da Vale em Brumadinho e o o trauma das crianças.

Marina Paula Oliveira

Já transcorreu um ano e seis meses do rompimento criminoso da barragem da mineradora VALE S.A. em Brumadinho-MG.

Como não  falar dos traumas das crianças atingidas? Contam-se mais de 100 órfãos de pai ou de mãe ou de ambos. São filhos e sobrinhos de agricultores que costumavam brincar no aspersor que irrigava as plantações que hoje estão debaixo da lama.

São crianças que antes jogavam bola, descalças, na rua e que hoje não o podem  mais fazê-lo devido ao fluxo de caminhões, envolvidos nas obras de contenção de danos, carregando rejeitos tóxicos em suas rodas e levando a lama para ambientes, antes considerados seguros.

São crianças traumatizadas que tiveram que correr com toda a pressa da lama. Crianças com medo de ficar em suas casas, mas que também têm medo de sair delas.

“Tia, aqui tem barragem?” “Na Bahia tem barragem? A minha vó mora lá”, “Tia, quando a lama chegar aqui, vai destruir tudo, não vai?”.

Essas são algumas das perguntas que se escutam por aqui. As palavras morrem na garganta porque não tenho como responder.

Ainda sem mencionar crianças, filhas e filhos de lideranças que tiveram suas vidas completamente impactadas, através de infindáveis reuniões que seus pais tiveram que participar e, por fim, dar sua adesão para trilhar a longa e infindável caminhada pela luta por justiça, dignidade, memória das vítimas e reparação integral das perdas e dos danos. Não sobra muito tempo pra as crianças brincarem quando o pai e a mãe estão sempre ocupados, tentando resgatar direitos que lhes foram  violentamente sequestrados.

Nunca consigo esquecer e sempre me vêm lágrimas aos olhos quando lembro da celebração, em janeiro, por ocasião da memória de um ano do desastre criminoso, com a presença de parentes de desaparecidos e de seus filhos e filhas pequenos, lançando ao ar 172 balões em memória dos 172 desaparecidos, com a inscrição: “dói demais o jeito que vocês foram embora”. Alguém precisa ser muito insensível e desumano para não conter as lágrimas e também mostrar

 

 

indignação.

São já 14 crianças que tentaram suicídio. Crianças de 10 anos tomam medicamentos anti-depressivos. E são apenas crianças. Quantas crianças não podem mais brincar na rua de suas casas porque suas pequenas comunidades foram ocupadas por centenas de pessoas estranhas, trabalhadores, voluntários, entre outros. O ambiente que antes era familiar, hoje se caracteriza por um sentimento de insegurança e de estranhamento, sem nada entender.

Há crianças indígenas que antes brincavam livremente no rio Paraopeba e que hoje não têm permissão de entrar nas suas águas, sequer tocá-las em razão do alto grau de contaminação de metais pesados ainda desconhecidos pelas comunidades.

“Tia, o rio já curou?”, “Hoje  se pode nadar?”.

Muitas mães reclamam do crescimento das doenças e problemas respiratórios de seus filhos, em consequência do aumento da poeira tóxica em suas comunidades.

Crianças que se sentem culpadas por brincar pois comentam entre si: “a cidade toda está triste, né tia?”.

É inimaginável o sofrimento das mães quando suas filhas perguntam: “em que dia o papai vai voltar”? Quem pode lhes responder? A avós receiam ter que explicar para seus netos que seu pai ou sua mãe estão entre os “desaparecidos”.

Muitas crianças até hoje desenham helicópteros sobrevoando seus bairros que carregavam corpos ou parte deles. Um dia desses, uma criança comentou: “meu pai, pobrezinho, morreu na lama”. O que isso significa para a cabeça dessa criança? Há alguma explicação para isso?

Será que as crianças esquecem? Por aqui, o caminho mais óbvio parece ser o de criar bolhas para essas crianças, bolhas como se sua infância não tivesse sido arrancada por vis interesses econômicos. Talvez elas nunca irão compreender essa maldade.

O sofrimento infantil, por sua vez, parece estar escancarado: “Bombeiro, obrigada por encontrar o corpo de meu pai; ele nunca mais voltara”.

Uma geração inteira está por toda vida marcada pelas consequências da mineração predatória, que continua colocando o lucro acima da vida.

Quem se propõe a  falar com estas crianças atingidas  cujas almas foram destroçadas por essa mineração cruel que sacrifica vidas no altar da ganância por lucro?

Ai me lembrei de uma frase de Dostoiewsky que ouvi certa vez:”todos os avanços da ciência não valem o choro de uma criança.”

Sinto-me impotente mas profundamente solidária com elas. Por isso as abraço e as beijo para que se sintam acolhidas. E se deem conta de que o dom mais precioso que existe, foi poupado, a vida delas, que deve continuar e ser feliz.

Marina Paula Oliveira é universitária, atingida pela barragem e coordenadora de Projetos da Arquidiocese de Belo Horizonte

 

 

 

 

 

 

 

Van Goog fala do amor necessário

Vivemos atualmente tempos sombrios de muito ódio, ausência de refinamento e  especialmente falta de amor.

A história não é retilínea nem a própria evolução do universo. Passa-se da ordem (cosmos) para a desordem (caos),  do sim-bólico (o que une)  para do dia-bólico (o que separa), das sombras para a luz, do thánatos (as negatividades da vida) para o eros (as excelências da vida) e do Cristo para o Anti-Cristo.

Tais antíteses não são deformações da realidade, mas a condição de todas as coisas pelo simples fato de que não somos Deus, mas  criaturas sempre limitadas.Somos ontologicamente,não moralmente, seres decadentes.

Nesse sentido há momentos de predominância da ordem, da harmonia social, da convivência inclusiva que representam o eros.Em outros, predomina o thánatos, a dimensão de morte, de ódio e de dilaceração.

Observe-se que os dois momentos sempre vêm juntos e estão simultaneamente presentes, em proporções diferentes, em todos os momentos e circunstâncias.

Atualmente em nível mundial e nacional vivemos pesadamente a dimensão do thánatos, do dia-bólico e da sombra. Há guerras no mundo, racismo, fundamentalismo fazendo incontáveis vítimas, ascensão entre nós do autoritarismo e do populismo, que são disfarces do despotismo. Como se tudo isso não bastasse estamos sob a intrusão do Covid-19, fruto da sistemática agressão humana contra a natureza (antropoceno) e do contra-ataque que ela nos está movendo, pondo de joelhos e impotentes o capitalismo e os países militaristas com sua máquina de matar a todos.

Todos os caminhos religiosos e espirituais conferem centralidade ao amor. Nem precisamos referir-nos a Jesus para quem o amor é tudo ou  ao texto de incomparável beleza e verdade de São Paulo na primeira Carta aos Coríntios, no capítulo 13:”o amor nunca acabará..no presente permanecem estas três: a fé, a esperança e o amor, porém a mais excelente é o amor (13.8.13).

Cito um texto pouco conhecido de Thomas Kempis sobre o amor, da “Imitação de Cristo”, de 1441, o livro mais lido na cristandade depois da Bíblia. Como canto de cisne de minha atividade teológica por mais de 50 anos, o retraduzi do latim medieval, superando-lhe, contudo, os dualismos típicos da época.Ei-lo:

“Grande coisa é o amor. É um bem verdadeiramente inestimável que por si só torna suave o que é penoso e suporta sereno toda a adversidade. Porque leva a carga sem sentir o peso, torna o amargo doce e saboroso…O amor deseja ser livre e isento de amarras que lhe impedem amar com inteireza. Nada mais doce do que o amor, nada mais forte, nada mais sublime, nada mais profundo, nada mais delicioso, nada mais perfeito ou melhor no céu e na terra…Quem ama, voa, corre, vive alegre, sente-se libertado de todas as amarras. Dá tudo para todos e possui tudo em todas as coisas, porque para além de todas as coisas, descansa no Sumo Bem do qual se derivam e procedem todos os bens. Não olha para as dádivas, mas eleva-se acima de todos os bens até Àquele que os concede. O amor muitas vezes não conhece limites pois seu fogo interior supera toda a medida.De tudo é capaz e realiza coisas que quem não ama não compreende, quem não ama se enfraquece e acaba caindo. O  amor vigia sempre e até dorme sem dormir…Só quem ama compreende o amor”(livro III capítulo 5)

Em momentos dolorosos em que vivemos e sofremos, precisamos resgatar o mais importante e que verdadeiramente nos humaniza: o simples amor. Quase todos nos sentimos carentes dele. Mas sem ele nada de grande, de memorável e de heroico foi construído na história. É o amor que faz com que tantos médicos e médicas, enfermeiros e enfermeiras e todos os que trabalham contra o Covid-19, sacrifiquem suas vidas para salvar vidas, sendo que muitos deles por isso são vitimados. Eles nos confirmam a excelência do amor incondicional.

Testemunhos das ciências da vida, da arte e da poesia corroboram com o que proclamam as religiões.

Comoventes são as palavras do genial pintor Vincent van Goog, em carta ao seu irmão Théo:”É preciso amar para trabalhar e para se tornar um artista, um artista que procura colocar sentimento em sua obra: é preciso primeiro sentir-se a si próprio e viver com  seu coração..É o amor que qualifica nosso sentimento de dever e define claramente nosso papel… o amor é a mais poderosa de todas as forças”(Lettres à son frère Théo, Galimard 1988, 138, 144). A. Artaud que fez a introdução às cartas de van Goog diz que ele se recusou a entrar nessa sociedade fria, indiferente e sem amor: “ele foi um suicida da sociedade”.

Consideremos o que testemunham os estudos sobre o processo cosmogênico e da nova biologia. Mais e mais fica claro que o amor é um dado objetivo da realidade global e cósmica, um evento bem-aventurado do próprio ser das coisas, nas quais nós estamos incluídos.

Exemplo disso é o que escreveu James Watson que junto com Francis Crick descoficou em 1953 a dupla hélice do código genético:

O amor pertence à essência de nossa humanidade. O amor, esse impulso que nos faz ter cuidado com o outro foi o que permitiu a nossa sobrevivência e sucesso no planeta. É esse impulso, creio, que  salvaguardará nosso futuro…Tão fundamental é o amor à natureza humana que estou certo de que a capacidade  de amar está inscrita em nosso DNA; um São Paulo  secular diria que o amor é a maior dádiva de nossos genes à humanidade”(J.Watson, DNA: o segredo da vida,Companhia das Letras, São Paulo 2005 p. 433-434).

Os biólogos chilenos Humberto Maturana e Francisco Varela mostraram a presença cósmica do amor. Os seres, mesmo os mais originários como os topquarks, dizem eles, se relacionam e interagem entre eles espontaneamente, por pura gratuidade e alegria de conviver. Tal relação não responde a uma necessidade de sobrevivência. Ela se instaura por um impulso de criar laços novos, pela afinidade que emerge espontaneamente e que produz o deleite. É o advento do amor.

Desta forma, a força do amor atravessa todos os estágios da evolução e enlaça todos os seres dando-lhes irradiação e beleza.

O amor universal realiza o que a mística sempre intuiu acerca da gratuidade da beleza:“a rosa não tem por quê. Ela floresce por florescer. Ela não cuida dela mesma nem se preocupa se a admiram ou não”(Angelus Silesius). Assim o amor, como a flor, ama por amar e floresce como fruto de uma relação livre, como entre duas pessoas enamoradas e apaixonadas.

Bem expressou esta experiência Fernando Pessoa, em Poemas de Alberto Caieiro:”Se falo na Natureza não é porque saiba o que ela é,/Mas porque a amo,  e amo-a por isso,/Porque quem ama nunca sabe o que ama/Nem sabe porque ama, nem o que é amar/Amar é a eterna inocência”(Obra poética,Aguilar 1974,p.205)

Pelo fato de sermos humanos e autoconscientes, podemos fazer do amor um projeto pessoal e civilizatório: vive-lo conscientemente, criar condições para que a amorização aconteça entre os seres humanos e com todos os demais seres da natureza,até com alguma estrela do universo.

O amor é urgente no Brasil e no mundo. Com realismo nos deixou Paulo Freire, tão caluniado pelos propulsores do ódio e da ignorância, esta missão: forjar uma sociedade onde não seja tão difícil o amor. Educar, dizia ele, é um ato de amor.

Digamo-lo com todas as palavras: o sistema mundial capitalista e neoliberal não ama as pessoas. Ele ama o dinheiro e os bens materiais; ele ama a força de trabalho do operário, seus músculos, seu saber, sua produção e sua capacidade de consumir. Mas ele não ama gratuitamente as pessoas como pessoas, portadoras de dignidade e de valor .O que nos está salvando neste momento de intrusão do Covid-19 são exatamente os valores que o capitalismo nega.

Pregar o amor e dizer: “amemo-nos uns aos outros como nós mesmos nos amamos”, é revolucionário. É ser anti-cultura dominante e contra o ódio imperante.

Há de se fazer do amor aquilo que o grande florentino, Dante Alignieri, escreveu no final de cada cântico da Divina Comédia: “o amor que move o céu e todas as estrelas”; e eu acrescentaria, amor que move nossas vidas, amor que é o nome sacrossanto do Ser que faz ser tudo o que é e que é a
Energia sagrada que faz pulsar de amor os nossos corações.

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e escreveu:”Covid-19:a Mãe Terra contra-ataca a humanidade“, a sair pela Vpzes em breve.

 

Frei Betto: crimes do Presidente Bolsonaro de lesa-humanidade:apelo internacional

Publicamos aqui uma carta aberta em vários idiomas de Frei Betto sobre a situação dramática do Brasil com crimes de lesa-humanidade e de risco de genocídio de povos indígenas por parte do Presidente Jair Bolsonaro. O desprezo pela vida e a irresponsabilidade de não ter políticas públicas adequadas para sustar a propagação do Covid-19 não tem paralelo no mundo. Estamos diante de uma figura que ama mais a morte que a vida, que, indiferente, vê milhares de seus compatriotas falecerem sem se importar e sequer se solidarizar com os que choram seus entes queridos levados pelo terrível vírus. A reação interna é desorganizada e frágil. As autoridades oficiais  que deveriam agir, não estão tomando as medidas necessárias. Podemos estar diante de uma tragédia humanitária, com vítimas cujo número ultrapassa qualquer guerra dos últimos tempos, uma verdadeira dizimação de pessoas, a maioria delas  acima de 35 anos. Publicamos este texto de Frei Betto como um grito profético de alerta, movido pela indignação face à insensibilidade reinante e pelo amor aos cerca de dois milhões de afetados e dos parentes das vítimas que já se aproximam dos 80 mil. Este apelo à humanidade configura um imperativo humanitário, ético e espiritual. Temos que agir em nome da vida e para salvar vidas contra quem não cultiva a biofilia mas a necrofilia.  L.Boff

        Frei Betto: crimes do Presidente Jair Bolsonaro de lesa-humanidade

 

Queridos amigos e amigas do mundo inteiro

 

No Brasil ocorre um genocídio! No momento em que escrevo, 16/7, a Covid-19, surgida aqui em fevereiro deste ano, já matou 76 mil pessoas. Já são quase 2 milhões de infectados. Até domingo, 19/7, chegaremos a 80 mil vítimas fatais. É possível que agora, ao você ler este apelo dramático, já cheguem a 100 mil.

Quando lembro que na guerra do Vietnã, ao longo de 20 anos, 58 mil vidas de militares usamericanos foram sacrificadas, tenho o alcance da gravidade do que ocorre em meu país. Esse horror causa indignação e revolta. E todos sabemos que medidas de precaução e restrição, adotadas em tantos outros países, poderiam ter evitado tamanha mortandade.

Esse genocídio não resulta da indiferença do governo Bolsonaro. É intencional. Bolsonaro se compraz da morte alheia. Quando deputado federal, em entrevista à TV, em 1999, ele declarou: “Através do voto você não vai mudar nada nesse país, nada, absolutamente nada! Só vai mudar, infelizmente, se um dia partirmos para uma guerra civil aqui dentro, e fazendo o trabalho que o regime militar não fez: matando uns 30 mil”.

Ao votar a favor do impeachment da presidente Dilma, ofertou seu voto à memória do mais notório torturador do Exército, o coronel Brilhante Ustra.

Por ser tão obcecado pela morte, uma de suas principais políticas de governo é a liberação do comércio de armas e munições. Questionado à porta do palácio presidencial se não se importava com as vítimas da pandemia, respondeu: “Não estou acreditando nesses números” (27/3, 92 mortes); “Todos nós iremos morrer um dia” (29/3, 136 mortes); “E daí? Quer que eu faça o quê?” (28/4, 5.017 mortes).

Por que essa política necrófila? Desde o início ele declarou que o importante não era salvar vidas, e sim a economia. Daí sua recusa em decretar lockdown, acatar as orientações da OMS e importar respiradores e equipamentos de proteção individual. Foi preciso a Suprema Corte delegar essa responsabilidade a governadores e prefeitos.

Bolsonaro sequer respeitou a autoridade de seus próprios ministros da Saúde. Desde fevereiro o Brasil teve dois, ambos demitidos por se recusarem a adotar a mesma atitude do presidente. Agora, à frente do ministério, está o general Pazuello, que nada entende de questão sanitária; tentou ocultar os dados sobre a  evolução dos números de vítimas do coronavírus; empregou 1.249 militares em funções importantes do ministério, sem a requerida qualificação; e cancelou as entrevistas diárias pelas quais a população recebia orientação.

Seria exaustivo enumerar aqui quantas medidas de liberação de recursos para socorro das vítimas e das famílias de baixa renda (mais de 100 milhões de brasileiros) jamais foram efetivadas.

As razões da intencionalidade criminosa do governo Bolsonaro são evidentes. Deixar morrer os idosos, para economizar recursos da Previdência Social. Deixar morrer os portadores de doenças preexistentes, para economizar recursos do SUS, o sistema nacional de saúde. Deixar morrer os pobres, para economizar recursos do Bolsa Família e de outros programas sociais destinados aos 52,5 milhões de brasileiros que vivem na pobreza e aos 13,5 milhões que se encontram na extrema pobreza. (Dados do governo federal).

Não satisfeito com tais medidas letais, agora o presidente vetou, no projeto de lei sancionado a 3/7, o trecho que obrigava o uso de máscaras em estabelecimentos comerciais, templos religiosos e instituições de ensino. Vetou também a imposição de multas para quem descumprir as regras e a obrigação do governo de distribuir máscaras para os mais pobres, principais vítimas da Covid-19, e aos presos (750 mil). Esses vetos, no entanto, não anulam legislações locais que já estabelecem a obrigatoriedade do uso de máscara.

Em 8/7, Bolsonaro derrubou trechos da lei, aprovada pelo Senado, que obrigavam o governo a fornecer água potável e materiais de higiene e limpeza, instalação de internet e distribuição de cestas básicas, sementes e ferramentas agrícolas, para aldeias indígenas. Vetou também verba emergencial destinada à saúde indígena, bem como facilitar o acesso de indígenas e quilombolas ao auxílio emergencial de 600 reais (100 euros ou 120 dólares) por três meses. Vetou ainda a obrigação de o governo oferecer mais leitos hospitalares, ventiladores e máquinas de oxigenação sanguínea a povos indígenas e quilombolas.

Indígenas e quilombolas têm sido dizimados pela crescente devastação socioambiental, em especial na Amazônia.

Por favor, divulguem ao máximo esse crime de lesa-humanidade. É preciso que as denúncias do que ocorre no Brasil cheguem à mídia de seu país, às redes digitais, ao Conselho de Direitos Humanos da ONU, em Genebra, e ao Tribunal Internacional de Haia, bem como aos bancos e empresas que abrigam investidores tão cobiçados pelo governo Bolsonaro.

Muito antes de o jornal The Economist fazê-lo, nas redes digitais trato o presidente por BolsoNero – enquanto Roma arde em chamas, ele toca lira e faz propaganda da cloroquina, remédio sem nenhuma eficácia científica contra o novo coronavírus. Porém, seus fabricantes são aliados políticos do presidente…

Agradeço seu solidário interesse em divulgar esta carta. Só a pressão vinda do exterior será capaz de deter o genocídio que assola o nosso querido e maravilhoso Brasil.

Fraternalmente,

Frei Betto

PS: esta Carta circula também em inglês, francês, espanhol e italiano.

 

Frei Betto é frade dominicano e escritor, assessor da FAO e de movimentos sociais.