Coronavirus: ¿reacción y represalia de Gaia?

Todo está relacionado con todo: es hoy un dato de la conciencia colectiva de los que cultivan una ecología integral, como Brian Swimme y tantos otros científicos y el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”. Todos los seres del universo y de la Tierra, también nosotros, los seres humanos, estamos envueltos en intrincadas redes de relaciones en todas las direcciones, de suerte que no existe nada fuera de la relación. Esta es también la tesis básica de la física cuántica de Werner Heisenberg y de Niels Bohr.

Eso lo sabían los pueblos originarios, como lo expresan las sabias palabras del cacique Seattle en 1856: “De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están interligadas como la sangre que une a una familia; todo está relacionado entre sí. Lo que hiere a la Tierra hiere también a los hijos e hijas de la Tierra. No fue el hombre quien tejió la trama de la vida: él es meramente un hilo de la misma. Todo lo que haga a la trama, se lo hará a sí mismo”. Es decir, hay una íntima conexión entre la Tierra y el ser humano. Si agredimos a la Tierra, nos agredimos también a nosotros mismos y viceversa.

Es la misma percepción que tuvieron los astronautas desde sus naves espaciales y desde la Luna: Tierra y humanidad son una misma y única entidad. Bien lo declaró Isaac Asimov en 1982 cuando, a petición del New York Times, hizo un balance de los 25 años de la era espacial: “El legado es la constatación de que, en la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad (New York Times, 9 de octubre de 1982)”. Nosotros somos Tierra. Hombre viene de húmus, tierra fértil, el Adán bíblico significa hijo e hija de la Tierra fecunda. Después de esta constatación, nunca más ha apartado de nuestra conciencia que el destino de la Tierra y el de la humanidad están indisociablemente unidos.

Desafortunadamente ocurre aquello que el Papa lamenta en su encíclica ecológica: “nunca maltratamos y herimos a nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos” (n.53). La voracidad del modo de acumulación de la riqueza es tan devastadora que hemos inaugurado, dicen algunos científicos, una nueva era geológica: la del antropoceno. Es decir, quien amenaza la vida y acelera la sexta extinción masiva, dentro de la cual estamos ya, es el mismo ser humano. La agresión es tan violenta que más de mil especies de seres vivos desaparecen cada año, dando paso a algo peor que el antropoceno, el necroceno: la era de la producción en masa de la muerte. Como la Tierra y la humanidad están interconectadas, la muerte se produce masivamente no solo en la naturaleza sino también en la humanidad misma. Millones de personas mueren de hambre, de sed, víctimas de la guerra o de la violencia social en todas partes del mundo. E insensibles, no hacemos nada.

No sin razón James Lovelock, el formulador de la teoría de la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula, Gaia, escribió un libro titulado La venganza de Gaia (Planeta 2006). Calculo que las enfermedades actuales como el dengue, el chikungunya, el virus zica, el sars, el ébola, el sarampión, el coronavirus actual y la degradación generalizada en las relaciones humanas, marcadas por una profunda desigualdad/injusticia social y la falta de una solidaridad mínima, son una reaacción, hasta una represalia de Gaia por las ofensas que le infligimos continuamente. No diría como J. Lovelock que es “la venganza de Gaia”, ya que ella, como Gran Madre que es, no se venga, sino que nos da graves señales de que está enferma (tifones, derretimiento de casquetes polares, sequías e inundaciones, etc.) y, al límite, porque no aprendemos la lección, toma represalias como las enfermedades mencionadas.

Recuerdo el libro-testamento de Théodore Monod, tal vez el único gran naturalista contemporáneo, Y si la aventura humana fallase (París, Grasset 2000): «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora se puede temer todo, realmente todo, inclusive la aniquilación de la raza humana; sería el precio justo de nuestras locuras y crueldades» (p.246).

Esto no significa que los gobiernos de todo el mundo, resignados, dejen de combatir el coronavirus y de proteger a las poblaciones ni de buscar urgentemente una vacuna para combatirlo, a pesar de sus constantes mutaciones. Además de un desastre económico-financiero puede significar una tragedia humana, con un número incalculable de víctimas. Pero la Tierra no se contentará con estas pequeñas contrapartidas. Suplica una actitud diferente hacia ella: de respeto a sus ritmos y límites, de cuidado a su sostenibilidad y de sentirnos, más que hijos e hijas de la Madre Tierra, la Tierra misma que siente, piensa, ama, venera y cuida. Así como nos cuidamos, debemos cuidar de ella. La Tierra no nos necesita. Nosotros la necesitamos. Puede que ya no nos quiera sobre su faz y siga girando por el espacio sideral pero sin nosotros porque fuimos ecocidas y geocidas.

Como somos seres de inteligencia y amantes de la vida podemos cambiar el rumbo de nuestro destino. Que el Espíritu Creador nos fortalezca en este propósito.

*Leonardo Boff escribió Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

Para quem é querida ou não a Exortação “Querida Amazônia”

Para ser sincero, o presente texto foi escrito e enviado ao Papa Francisco em forma de carta, como fiz de outras vezes. Como não respondeu, o que é de seu direito, resolvi transformar o formato de carta, numa reflexão teológica, fundada, creio eu, na melhor tradição e nos estudos mais sérios sobre o tema, que não cabe aqui referir. Concordando fortemente com a bela Exortação Apostólica “Querida Amazônia” me permiti fazer estas reflexões no sentido de reafirmar a intenção originária do Sínodo Panamazônico de uma verdadeira inculturação da Igreja na cultura dos diversos povos indígenas. Isso implicava a ordenação ao sacerdócio de indígenas casados, “viri probati“. Isso foi aprovado neste Sínodo pela maioria dos votantes. O Papa mesmo incentivava esta plena inculturação. Por surpresa geral, tal ideia não foi assumida pela Exortação Apostólica”Querida Amazônia”. Não são poucos até entre bispos que supõem que aqui agiu outra mão, usou outro estilo e reafirmou a doutrina comum de viés tradicionalista, superada pelo eclesiologia de comunhão do Concílio Vaticano II. Meu texto procura resgatar o valor desta eclesiologia de comunhão, nova e tradicional por cerca de mil anos, segundo a qual quem preside a comunidade (um bispo, um presbítero,um agente de pastoral e um leigo casado e vir probatus) preside também a celebração da Eucaristia. Tempos virão em que essa possibilidade será realizada para que a Igreja de rosto amazônico e indígena seja realmente expressão de uma inculturação legítima da fé cristã, como foi a inculturação desta fé – na sua origem judaica – na cultura grega, romana e germânica. Lboff.

O Papa Francisco é o defensor mundial da Mãe Terra e de tudo o que sustenta a sua sobrevivência. Li com atenção e grande entusiasmo a sua exortação apostólica “Querida Amazônia”. Nela, ele considera um crime verdadeiro o que está sendo feito agora na Amazônia. Ele contrapõe quatro sonhos axiais: social, cultural, ecológico e eclesial.

Como não ficar encantado com afirmações como esta, entre outras tantas, clara expressão de uma ecologia integral e cósmica:

“Somos água, ar, terra e vida do meio ambiente criado por Deus. Por conseguinte, pedimos que cessem os maus-tratos e o extermínio da ‘Mãe Terra’. A terra tem sangue e está sangrando, as multinacionais cortaram as veias da nossa ‘Mãe Terra’” [n. 42].

Estou plenamente de acordo com esse tipo de linguagem e de denúncia e, especialmente, com os três primeiros sonhos e com a primeira parte do quarto, que vão na linha da Laudato si’ sobre o cuidado da casa comum.

Três sonhos e meio e um pesadelo

Essa primeira parte do quarto sonho segue o estilo de grande beleza dos sonhos anteriores. No entanto, a segunda parte me parece mais um pesadelo. O tom antes profético, ético, ecológico e poético dos primeiros se evaporou. Estará aí a presença de outra mão?

Atrevo-me a pensar que essa parte está sob o domínio do velho paradigma cultural latino, clerical e machista. E se nega aos indígenas o direito divino de receber o corpo e o sangue de Cristo pelas mãos dos seus viri probati casados e ordenados. Eles são impedidos pela aplicação de uma lei humana eclesiástica: o celibato. Outros teólogos afirmaram, e eu enfatizo: “Não podemos colocar a questão do celibato acima da celebração da Eucaristia”.

Tenho a impressão de que essa parte do quarto sonho vem de outra mão e de outro espírito, diferente daquele a que o Papa Francisco nos acostumou. Quem confirma isso claramente é o bispo Erwin Kräutler, da Amazônia, figura central no Sínodo Pan-Amazônico: “Muitas pessoas, e eu mesmo, achamos essa parte muito estranha, porque realmente muda de estilo, como se o escrito papal tivesse sofrido uma intervenção na parte mais controversa da Exortação Apostólica”.

Nessa parte, fala não o pastor, mas sim o doutor. Mais a autoridade doutrinal que impõe uma lição teológica do que um padre que reflete a partir das urgências da sua comunidade. Não é aquele que tem a coragem de enfrentar o sistema antivida, mas sim aquele que se rende aos temores e à pressão dos grupos conservadores, possivelmente pelo risco de uma cisão dentro da Igreja. O temor sempre freia ou posterga as inovações devido a uma excessiva prudência. Isso me faz lembrar das palavras de Dante Alighieri na “Divina Comédia“: “Nel pensier rinova la paura” (Inferno I, verso 4).

Com relação ao ponto importante do ministério sacerdotal, o “autor” prefere o eclesiástico tradicional ao indígena amazônico atual. Ao rosto amazônico da Igreja, ele prefere, no ponto do ministério sacerdotal, o rosto romano-latino ocidental. À semelhança daqueles que impõem a recolonização econômica da América Latina, o “autor” preferiu a recolonização latino-romana e ocidental da Igreja amazônica. Diante daqueles que, com maioria de votos no Sínodo Pan-Amazônico, aceitaram a ordenação dos viri probati, o “autor” optou pela minoria que o rejeitou.

Para quem a “Querida Amazônia” não é querida?

Certamente, ela não é “querida” pelo presidente do Brasil, Jair Messias Bolsonaro, da extrema direita, antiamazônico e anti-indígena. Ela não é “querida” pelos madeireiros, nem pelos “garimpeiros” do ouro e pelas empresas nacionais e internacionais que pensam nas minas, nas hidrelétricas e na exploração das riquezas naturais amazônicas. Mas isso era de se esperar.

Mas o que não era de se esperar em relação à inculturação do ministério sacerdotal era a não aceitação do sacerdócio dos indígenas viri probati. Por isso, a “Querida Amazônia” não é “querida” para esses indígenas casados e impedidos de serem ordenados. Ela não é “querida” para as mulheres, às quais se nega o diaconato feminino, advertindo, além disso, de forma infundada na minha opinião, o risco de clericalismo. Ela também não é “querida” especialmente para tantos teólogos e bispos, missionários e missionárias, agentes de pastoral leigos e leigas que estão no meio dos indígenas, como manifestou claramente o já referido bispo Erwin Kräutler desde o coração da Amazônia (Xingu). Todos esperavam verdadeiramente a aprovação dos viri probati: indígenas, homens casados e ordenados com rosto verdadeiramente amazônico. O bispo Kräutler postulava mais: a ordenação de personae probatae (pessoas comprovadas) para incluir as mulheres no ministério sacerdotal, exercido à sua maneira feminina.

Não foi assim. Nos seus textos sobre ecologia e economia, o Papa Francisco soube escutar a ciência. No que se refere a esse ministério sacerdotal específico, o “autor” parece não ter se permitido consultar uma pessoa especialista no tema dos ministérios, o cardeal Walter Kasper, amigo e muito próximo do Papa Francisco. Em seus escritos, ele expôs as melhores reflexões sobre a função/missão do presbítero na Igreja, baseado no Vaticano II. Sua posição vai em uma direção muito diferente da que está representada pelo “autor” na exortação “Querida Amazônia”. Com essa visão que mantém o regime ocidental, clerical e celibatário, não se pode pensar uma Igreja amazônica de rosto verdadeiramente indígena.

A especificidade do sacerdote não é concentrar poder, mas sim coordenar e presidir a comunidade

A visão desse texto no quarto sonho remonta ao Concílio Lateranense IV, de 1215, sob Inocêncio III, que afirma “nemo potest conficere sacramentum nisi sacerdos rite ordinatus” (“ninguém pode realizar o sacramento eucarístico a menos que seja sacerdote, ordenado segundo o rito”). A eclesiologia desse sonho segue o rigor do Concílio de Trento, que, na sessão XIII de 11 de outubro de 1551, sob o Papa Júlio III, reafirmou a mesma doutrina exclusivista.

De acordo com a melhor eclesiologia nascida do Concílio Vaticano II, a função/missão específica do presbítero deve ser pensada não de forma absoluta, mas sempre dentro do Povo de Deus e no contexto da comunidade.

Sua singularidade não é consagrar absolutamente, como se fosse um mágico, mas ser na comunidade princípio de coesão e de unidade de todos os serviços e carismas. Não é concentrar, mas sim coordenar e presidir. Pelo fato de presidir a comunidade, ele também preside a celebração eucarística.

O problema surge quando, sem culpa, não há um sacerdote presente, e a comunidade, como reconhece a exortação, “devido em parte à imensa extensão territorial, com muitos lugares de difícil acesso” (n. 85) não pode tê-la.

No texto, levanta-se com grande realismo o problema, e aqui aparece a mão do Papa Francisco: “Será possível evitar de pensar numa inculturação do modo como se estruturam e vivem os ministérios eclesiais?” (n. 85). E acrescenta com sinceridade: “É necessário conseguir que o ministério se configure de tal maneira que esteja ao serviço duma maior frequência da celebração da Eucaristia, mesmo nas comunidades mais remotas e escondidas” (n. 86). Essa situação é absolutamente verdadeira. Mas o “autor” não a considerou assim e não propiciou a configuração do ministério como seria necessário.

É aqui que a eclesiologia de comunhão podia ter ajudado muito o “autor” na sua concepção do poder de consagrar. Ela predominou em todo o primeiro milênio, como a pesquisa histórica demonstrou inequivocamente.

Durante mil anos, quem presidia a comunidade presidia também a Eucaristia

A lei básica naqueles tempos era: quem preside a comunidade presida também a Eucaristia. Podia ser um bispo, um presbítero, um profeta ou um confessor, até um leigo, segundo Tertuliano, que era um exímio teólogo leigo.

Se isso é verdade, por que negar a um indígena casado que presida a sua comunidade e presida também a celebração eucarística?

Nessa parte, realiza-se aquilo que os eclesiologistas chamam de “cefalização” da Igreja. Todo poder se concentra na “cabeça”(cefalização) no papa ou no clero, dispensando totalmente a comunidade.

Nessa visão reducionista, o “autor” pensou apenas no sacerdote com o poder de consagrar de forma exclusiva e absoluta, sem conexão com a comunidade. Então, surge uma contradição:

Um sacerdote pode celebrar sozinho, sem a comunidade, mas a comunidade não pode celebrar sozinha sem o sacerdote.

Nos mil anos seguintes, só consagra quem é ordenado no Sacramento da Ordem

Essa visão deriva não de questões teológicas, mas sim de questões políticas: as disputas de poder entre o Imperium e o Sacerdotium, entre os papas e os imperadores. Quem tem, em última instância, o poder? Isso aparece claramente sob Gregório VII (1077). Com ele, deslocou-se o eixo da comunidade para o eixo do poder sagrado (sacra potestas). O poder absoluto é detido pelo papa. Lembremos o seu Dictatus Papae que, bem traduzido, é: “A ditadura do papa”. Todo poder está na cabeça, isto é, no papa e a quem ele delega. Os portadores do poder sagrado serão exclusivamente os ordenados no sacramento da Ordem, isto é, os da hierarquia eclesiástica. Só o sacerdote ritualmente ordenado celebra a Eucaristia. A comunidade dos fiéis já não conta mais.

O padre J. Y. Congar, o mais erudito e notável eclesiologista do século XX, denunciou esse perigoso desvio teológico com consequências prejudiciais para toda a eclesiologia subsequente, que perdura até hoje em dia. Na exortação “Querida Amazônia”, ainda ressoa esse tipo de eclesiologia do poder desgarrada da comunidade.

Por isso, não deixam de causar perplexidade as afirmações: “Por isso, é importante determinar o que é mais específico do sacerdote, aquilo que não se pode delegar. A resposta está no sacramento da Ordem sacra, que o configura a Cristo sacerdote. (…) este caráter exclusivo recebido na Ordem deixa só ele habilitado para presidir à Eucaristia. Esta é a sua função específica, principal e não delegável” (n. 87).

É neste ponto, suponho eu com outros, em que aparece uma “mão externa”, com sua eclesiologia do poder específico e indelével de consagrar, visão sacerdotalista, tardia e desvinculada da comunidade de fé. Com essa visão, em vão se pode realizar uma inculturação do ministério sacerdotal a indígenas viri probati casados que confeririam um rosto verdadeiramente amazônico à Igreja. Mais uma vez, prolonga-se um cristianismo de colonização dentro do paradigma romano-católico, ocidental e celibatário.

Para sanar esse tipo de recolonização, é preciso voltar à eclesiologia do primeiro milênio, que estabelecia uma conexão íntima entre a comunidade e seu presidente. Não se deve esquecer o cânone 6 do Concílio de Calcedônia (451), válido para a Igreja oriental até hoje e para a ocidental apenas até o século XII-XIII. Nesta, a ocidental, tudo mudou por causa das disputas políticas pelo poder entre os papas e os imperadores. No lugar da visão comunional do primeiro milênio, impôs-se a visão jurídico-canônica da sacra potestas excludente, do início do segundo milênio. Diz o cânone 6:

“Ninguém seja ordenado de maneira absoluta, nem presbítero, nem diácono, se não lhe for designada de forma precisa uma Igreja urbana ou rural, ou um martyrion, ou mosteiro. Aqueles que foram ordenados de maneira absoluta, o Santo Concílio decidiu que sua ordenação será nula e sem valor… e não poderão exercer suas funções em parte alguma.”

Aqui aparece claramente a conexão entre a comunidade e o celebrante da Eucaristia. Agora, surge um problema teológico que deve ser levado a sério: existe o direito divino de todos os fiéis de receber o corpo e o sangue de Jesus (Jo 6,35) e de celebrar sua memória (Lc 22,19; 1Cor 11,25). Esse direito divino não pode ser negado em razão de uma lei humana que o vincula exclusivamente a uma pessoa, ao sacerdote celibatário, sem o qual esse direito divino não pode ser realizado. O divino está sempre e sem exceção alguma acima do humano.

É Cristo quem batiza, perdoa e consagra, não o sacerdote

Por outro lado, é preciso lembrar algo com consequências fundamentais: depois do sumo sacerdócio de Cristo, não há mais sacerdotes em si na Igreja. Quem leva esse nome – sacerdote – é apenas um representante do sacerdócio de Cristo. É Cristo quem batiza, é Cristo quem perdoa, é Cristo quem consagra. O sacerdote não tem em si mesmo o poder de consagrar. Somente o de representar e de agir “in persona Cristi”, no lugar de Cristo, mas sem substituí-lo. O sacerdote torna visível o Cristo Sacerdote invisível.

Por que, na ausência do sacerdote, por razões que não dependem da comunidade, outro cristão leigo, “vir probatus” pela comunidade e casado, não pode representar a Cristo, torná-lo visível, uma vez que, pelo batismo, ele também participa do sacerdócio de Cristo?

Além disso, o Concílio Vaticano II, resumindo a Tradição, diz acertadamente: “Nenhuma comunidade cristã se edifica sem ter a sua raiz e o seu centro na celebração da santíssima Eucaristia” (Presbyterorum Ordinis, n. 6).

Negando a ordenação dos viri probati indígenas, também lhes é negada a possibilidade de edificar a comunidade cristã. Esse direito divino não lhes pode ser negado em nome de uma lei humana e cultural como o celibato e por uma eclesiologia, entre outras, que entende como exclusivo o poder de consagrar.

Aqui, então, não vale a inculturação tão convincentemente desenvolvida na exortação “Querida Amazônia”? Ela não fica impedida por razões eclesiológicas estranhas, que acabam inviabilizando o rosto indígena e amazônico da Igreja ao negar a ordenação de viri probati indígenas e casados?

As 24 Igrejas também católicas sem a lei do celibato

É esclarecedor, nesse contexto, lembrar que existem outras 24 Igrejas que também são católicas, mas não romanas, como a copta, a melquita, a maronita, a etíope, a bizantina grega, a armênia, a siríaca, a caldeia e outras. Em todas elas, há sacerdotes casados e sacerdotes celibatários. Nem por isso elas são menos Igrejas Católicas do que a romana.

Por que razão a Igreja Católica Romana é tão inflexível com relação à lei do celibato, condição para ser ordenado sacerdote? Sabemos que a lei do celibato surgiu lentamente na Igreja e que, na história, ela sempre foi um problema, sendo violada por papas, cardeais, bispos e presbíteros. E, nos últimos anos, veio à tona, nos mais altos escalões da Cúria vaticana, a violação do celibato agravada pelos crimes de pedofilia, que também são uma forma de violar o sentido do celibato.

Na exortação “Querida Amazônia”, o tema da inculturação nas culturas indígenas e amazônicas, por razões já mencionadas, não foi levado até as últimas consequências, até a raiz. Como se sabe, na cultura indígena, não existe a figura do indígena celibatário. Todos vivem com seu/sua parceiro/a. E assim seria o sacerdote indígena.

Viri probati indígenas: reféns da cultura romana, latina, ocidental e celibatária

Impedir que os viri probati índios casados sejam sacerdotes significa não se encarnar na totalidade da sua cultura. Nela, o sacramento eucarístico deveria ser celebrado por um sacerdote indígena casado. Ao não se encarnar plenamente, condenam-se os indígenas a continuar reféns, no que diz respeito ao sacramento da Ordem, da cultura romana, latina, ocidental e celibatária. Isso não é lhes fazer justiça, pois eles têm o direito divino de receber, no modo da sua cultura, a presença eucarística do Senhor.

O supplet ecclesia e o ministro extraordinário da Eucaristia: uma saída possível

Apesar dessa limitação na compreensão de quem preside a Eucaristia, a comunidade cristã pode recorrer a outro expediente eclesiológico assegurado na tradição, o famoso “supplet ecclesia”.

Esclareço: o indígena casado que já preside a comunidade pode presidir a celebração da ceia do Senhor, suprindo o sacerdote celibatário ausente, a título de “suplência da Igreja”. Ele funciona como um ministro extraordinário da Eucaristia e o faz com a intenção de estar com a Igreja (cum Ecclesia), jamais contra a Igreja (contra Ecclesiam), e de fazer tudo o que faria o sacerdote, se estivesse presente.

Toda situação extraordinária também demanda uma solução extraordinária: a legitimidade do leigo indígena e casado de presidir a celebração da ceia e a memória do Senhor. A necessidade não conhece lei. O ordo caritatis (a ordem da caridade) e a solicitude para com a salus animarum (a salvação das almas) e a oeconomia salutis (o processo histórico da salvação) sustentam teologicamente tal prática. E ela pode legitimamente ser praticada.

A mesma visão é encontrada no sistema jurídico-canônico da Igreja. O Direito Canônico diz explicitamente que a lei suprema na Igreja é sempre a “salvação da alma” (cânone 1.752). Isso não implicaria também o acesso, sem as limitações impostas por leis humanas, ao sacramento da Ordem?

É injusto manter as mulheres como cristãs inferiores

Deixemos de lado o tema do diaconato das mulheres, igualmente negado na exortação. Infelizmente, tal negação não supera, como se esperava, a questão de gênero e torna as mulheres, por mais comprometidas que sejam nas comunidades, cristãs inferiores, de segunda categoria, como, aliás, afirma a cultura machista ainda dominante em relação a elas.

A Igreja poderia muito bem romper com essa tradição tão injusta seguindo a prática de Jesus. Para as mulheres, não valem os sete sacramentos; para elas, só importam seis, porque estão excluídas do Ordo.

Recordemos que São Tomás de Aquino, em sua doutrina sobre os sacramentos, afirmava que o batismo é o sacramento de iniciação à vida cristã e, simultaneamente, é a iniciação para todos os outros sacramentos e, por isso, contém os sete sacramentos. De acordo com essa compreensão do Doutor Angélico, pelo fato de ser mulher, ela, a mulher, recebe um batismo menor, porque lhe falta o conteúdo do sacramento do Ordo.

Mas não queremos esquecer um flagrante paradoxo:

Uma mulher, Miriam de Nazaré, pode gerar um filho que é o Filho de Deus. Essa mesma mulher, que gerou esse filho que é o Filho de Deus, não pode representar seu filho que é o Filho de Deus. Só pelo fato de ser mulher.

As Escrituras dizem que essa mulher, Maria, “é bendita entre todas as mulheres” (Lc 1,41). Mas parece que ela não é suficientemente bendita para representar seu próprio Filho, que é o Filho de Deus encarnado.

Acrescento também o fato de que as mulheres nunca traíram Jesus, como fizeram Pedro e os apóstolos, que o abandonaram. Elas sempre foram fiéis e foram as primeiras testemunhas do maior fato da fé, que é a Ressurreição. Somente por tais razões, elas deveriam ter um lugar central dentro da Igreja, se esta não estivesse atada à cultura latino-ocidental machista.

Nada é mais forte do que uma ideia quando alcança seu ponto de maturação

Tudo o que eu escrevi não significa uma falta de lealdade ao Papa Francisco, que é inabalável em mim. Mas vale o velho ditado: “Amicus Plato, sed magis amica veritas”. Compete ao teólogo buscar caminhos novos para problemas novos, sempre a serviço das comunidades cristãs e da própria Igreja universal.

Como já se disse, “nada é mais forte do que uma ideia quando chega o momento da sua realização”. Chegará esse momento para os viri probati indígenas e, principalmente, para as mulheres dentro da Igreja Romano-Católica. Mas como demora…

Apesar dessas limitações internas, a Exortação Apostólica “Querida Amazônia” é, neste momento crucial da crise ecológica como emergência planetária, a defesa mais decidida e valente da Amazônia, presente em nove países, fonte de vida para toda a humanidade, garantia do futuro da Terra e esperança da salvaguarda da nossa civilização.

Por isso, não deixamos de agradecer ao Papa Francisco por esse serviço profético em benefício de toda a Humanidade e por todos aqueles que amam e cuidam deste belo e esplêndido Planeta, nossa Casa Comum, a grande e generosa Mãe Terra.

                                        Anexo

              Carta do bispo emérito do Xingu, Dom Erwin Kräutler

Meu caro irmão,

Li seu artigo com imensa satisfação. Não preciso dizer-lhe que concordo com tudo que escreveu. Você traduziu em palavras claras e diretas o que a grande maioria de nós pensa. Nosso sonho não acabou. Lamentamos apenas que vamos ter que esperar ainda não sei por quanto tempo que ele se torne realidade. Infelizmente, nós já octogenários certamente não teremos mais a graça de entoar o Te Deum laudamos… agradecendo que finalmente a nossa Igreja também tem um rosto indígena.

É simplesmente absurdo pensar que isso aconteça sem que a Eucaristia seja celebrada pelos mesmos indígenas com jeito indígena, na língua indígena, na cultura indígena e nos parâmetros indígenas em relação a quem ocupa função de coordenar/presidir.

Não sei se lhe contei uma vez a minha primeira visita como bispo a uma aldeia Kayapó. À pergunta do cacique: “Aprô” – “Sua esposa” – respondi “Iprô kêt”: “sem esposa”. Olhou-me um tanto desconfiando. Outra vez fui lá e veio a mesma indagação. Aí respondi: “Onij” – tá muito longe! Aí ficou com pena. Deus certamente já me perdoou a mentirinha que certamente me aproximou mais dos indígenas. Mais tarde a mulher do cacique me adotou com “Ikra” – meu filho. Lindo não é!

Pergunto se não seria importante traduzir seu artigo para o alemão, inglês e italiano para os da extrema-direita tão agressiva dos países desses idiomas se poderem inteirar da caprichada fundamentação de seus argumentos?

Cordiais abraços,

Dom Erwin Kräutler

 

 

El día internacional de la mujer nos desafía a pensar

El Día Internacional de la Mujer, aunque en el fondo cada día es el día de la mujer, nos ofrece la oportunidad de pensar en el desafío que nos plantea el movimiento feminista mundial.

Ese movimiento más que otros ha hecho tres revoluciones: puso en cuestión el machismo, el patriarcalismo y el control de la natalidad. El machismo como la dominación del hombre sobre la vida de la mujer, que dura ya siglos. La lucha de las mujeres nos despertó hacia la cuestión de género, que envuelve relaciones de poder. Este no puede ser sólo del hombre. Debe ser compartido entre el hombre y la mujer. Evitar la división sexual del trabajo y priorizar la lógica de compartir y de coparticipar en todo el proyecto de vida a dos. De aquí surge una relación más justa y armoniosa.

En segundo lugar, el movimiento feminista ha hecho tal vez la crítica más consistente a la cultura patriarcal, que organizó toda la sociedad y las distintas instancias de la vida y también de la religión y de modo especial en la Iglesia romano-católica. El hombre asumió el poder a través del cual somete a los demás, dirige el Estado, crea la burocracia, organiza el ejército y hace guerras. Casi todos los héroes y la mayoría de las divinidades son masculinas. Él ocupa la vida pública y relega a la mujer a la vida privada y familiar. El patriarcado ha sido desmantelado teóricamente por la crítica feminista, si bien en la práctica intente siempre de nuevo dominar a la mujer. Un refugio especial del patriarcado son los medios de comunicación y el marketing, que usan a la mujer, no sólo su todo, sino las partes de ella, sus pechos, sus piernas, sus partes íntimas. Es una forma de transformar a la mujer en objeto y uso.

La gran contribución del feminismo ha sido haber mostrado que todas o casi todas las culturas que existen hoy son patriarcales. Como consecuencia mantienen la desigualdad en la relación hombre-mujer en todos los ámbitos. Sea en los USA, en Alemania o en Brasil una mujer en el mismo trabajo, incluso siendo más competente, por el hecho de ser mujer gana un 20-30% menos que el hombre que ejecuta la misma función. No basta tener conciencia de la superación teórica del patriarcado, hay que demoler sus hábitos mantenidos en las instituciones y en los comportamientos sociales.

La tercera revolución ocurrió cuando se inventó la pildora anticonceptiva y la mujer assumió el control de su cuerpo, de su sexualidad y de su maternidad. Ella no se hace fatalmente madre cuando se relaciona en tiempos fértiles. Con su compañero decide cuando quiere hacerse encinta. Eso le propició gran libertad y una forma de vivir la sexualidad sin miedos y recelos, como expresión de ternura, cariño y amor.

Pero no siempre ha sido así. El ser humano existe desde hace ya 7-8 millones de años. En la primera fase, que duró millones de años, las relaciones hombre-mujer eran de armonía y de equilibrio con la naturaleza. Contrariamente a lo que cree el pensamiento patriarcal, la verdadera convivencia humana no fue regida por la violencia de unos sobre otros sino por la solidaridad y por la cooperación. La violencia es reciente en el proceso de la antropogénesis. Comenzó con el homo faber hace dos millones de años, que en su búsqueda de alimentos, especialmente en la caza, empezó a usar el instrumento y la fuerza. Ahí el masculino pasó a ser el género predominante. Adquirió hegemonía al surgir hace 8 mil años la agricultura, los pueblos, las ciudades y los imperios. Las relaciones hombre-mujer pasaron a ser de desigualdad: él ha ocupado toda la vida pública, gobierna solo y relega a la mujer a la función de procreadora y cuidadora del hogar.

Los cambios siempre buscados culminan en el siglo XX con la segunda revolución industrial cuando la mujer entra en el dominio público porque el sistema competitivo fabrica más máquinas que machos. Desde finales del siglo XX hasta hoy, las mujeres son la mayoría en la humanidad y casi el 50% de la fuerza laboral mundial. Con esto se cierra, en cierto modo, el ciclo patriarcal y comienza un nuevo paradigma de valoración de las diferencias y de búsqueda de la igualdad, que aún debe ser alcanzada.

Las mujeres aportan algo radicalmente nuevo al sistema productivo y al Estado. No será solo competitivo y autoritario. La mujer aporta lo que vive en el dominio privado: los valores de solidaridad, de compartir y de cuidado. Milenariamente ha sido educada para el altruismo. Si un bebé no tiene a su disposición a alguien desinteresado que lo cuide, no durará ni unos días. De esta manera, la entrada de las mujeres en el dominio público masculino es condición esencial para la humanización y una mayor cooperación en el mundo del trabajo y, lo que es fundamental, ayuda a revertir el proceso de destrucción de la naturaleza y de la especie humana.

Esto quedó claro para la conciencia colectiva en el Informe de las Naciones Unidas para el Fondo de Población (UNFPA) que sostiene: “la raza humana ha estado saqueando la Tierra de manera insostenible y dar a las mujeres un mayor poder de decisión sobre su futuro puede salvar al planeta de su destrucción”. Véase que aquí no se habla de “poder de participación”, que ellas siempre han tenido, sino de “poder de decisión”.

Ellas son las que entienden de vida puesto que la generan. Serán las principales protagonistas en la decisión de una biocivilización asentada en el cuidado, la solidaridad y la lógica del corazón, sin la cual la vida no germina. Ellas, junto con los hombres que desentrañaron su dimensión de “anima” (cuidado, gentileza y amor) que se articula con la dimensión “animus” (razón, organización, dirección), presentes en proporciones propias en cada persona, pueden dar un nuevo rumbo a nuestra existencia en este planeta y alejarnos del camino sin retorno, camino de perdición.

*Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro Femenino & Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Trotta, Madrid, 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Coronavirus: uma represália de Gaia,da Mãe Terra?

Hoje é um dado da consciência coletiva dos que cultivam uma ecologia integral, como tantos cientistas como Brian Swimme e o Papa Francisco em sua encíclica “Sobre o cuidado da Casa Comum” que tudo está relacionado com tudo. Todos os seres do universo e da Terra, também nós, seres humanos, somos envolvidos por redes intrincadas de relações em todas as direções de sorte que nada existe fora da relação. Esta é também a tese básica da física quântica de Werner Heisenberg e de Niels Bohr.

Isso o sabiam os povos originários como vem expresso nas palavras sábias do cacique Seattle de 1856:”De uma coisa sabemos:a Terra não pertence ao homem. É o homem que pertence à Terra. Todas as coisas estão interligadas como o sangue que une uma família; tudo está relacionado entre si. O que fere a Terra fere também os filhos e filhas da Terra. Não foi o homem que teceu a trama da vida: ele é meramente um fio da mesma.Tudo o que fizer à trama, a si mesmo fará”. Vale dizer, há uma íntima conexão entre a Terra e ser humano. Se agredimos a Terra, nos agredimos também a nós mesmos e vice-versa.

A mesma percepção tiveram os astronautas de suas naves espaciais e da Lua: Terra e humanidade constituem uma mesma e única entidade. Bem o testemunhou Isaac Asimov em 1982, a pedido do New York Times, fazendo um balanço dos 25 anos da era espacial:”O legado é a percepção de que, na perspectiva das naves espaciais, a Terra e a Humanidade formam uma única entidade (New York Times,9 de outubro de 1982). Nós somos Terra. Homem vem de húmus, terra fértil, ou o Adam bíblico significa o filho e a filha da Terra fecunda. Depois desta constatação, nunca mais sairá de nossa consciência de que o destino da Terra e da humanidade é indissociavelmente comum.

Infelizmente ocorre aquilo que o Papa em sua encíclica ecológica lamenta:”nunca maltratamos e ferimos nossa Casa Comum como nos últimos dois séculos”(n.53). A voracidade do modo de acumulação de riqueza é tão devastadora que inauguramos,dizem alguns cientistas, uma nova era geológica: a do antropoceno. Quer dizer, quem ameaça a vida e acelera a sexta extinção em massa, dentro da qual já estamos, é o próprio ser humano. A agressão é tão violenta que por ano mais de mil espécies de seres vivos desaparecem, inaugurando algo pior que o antropoceno, o necroceno: a era da produção em massa da morte. Como Terra e Humanidde estão interligadas, a produção de morte em massa se produz não só na natureza mas no interior da própria humanidade. Milhões morrem de fome, de sede, vítimas da violência bélica ou social em todas as partes do mundo. E insensíveis, nada fazemos.

Não sem razão James Lovelock, o formulador da teoria da Terra como um superorganismo vivo que se autoregula, Gaia, escreveu um livro “A vingança de Gaia”(Intrínseca 2006). Estimo que as atuais doenças como a dengue, a chikungunya, a zica virus, sars, ebola, sarampo, o atual coronavirus e a generalizada degradação nas relações humanas, marcadas pela profunda desigualdade/injustiça social e pela falta de solidariedade mínima sejam uma represália de Gaia pelas ofensas que ininterruptamente lhe infligimos. Não diria como J.Lovelock ser “a vingança de Gaia”, pois ela, como Grande Mãe não se vinga, mas nos dá severos sinais de que está doente (tufões, derretimento das calotas polares, secas e inundações etc) e, no limite, pelo fato de não aprendermos a lição, nos faz uma represália como as doenças referidas.

Evoco o livro-testamento de Théodore Monod, talvez o único grande naturalista contemporâneo, já falecido, em seu livro “E se aventura humana vier a falhar”(Paris, Grasset 2000):”Somos capazes de uma conduta insensata e demente; pode-se a partir de agora temer tudo, tudo mesmo, inclusive a aniquilação da raça humana; seria o justo preço de nossas loucuras e de nossas crueldades”(p.246).

Isso não significa que os governos do mundo inteiro, resignados, deixem de combater o coronavirus, proteger as populações e buscar urgentemente uma vacina para enfrentá-lo, não obstante suas constantes mutações. Além de um desastre econômico-financeiro pode significar uma tragédia humana, com um incalculável número de vítimas.

Mas a Terra não se contentará com estes pequenos presentes. Ela suplica uma atitude diferente face a ela: de respeito a seus ritmos e limites, de cuidado por sua sustentabilidade e de sentirmo-nos mais que filhos e filhas da Mãe Terra, mas a própria Terra que sente, pensa, ama, venera e cuida. Assim como nos cuidamos, devemos cuidar dela. Ela não precisa de nós. Nós precisamos dela. Ela pode não nos querer mais sobre sua face. E continuará a girar pela espaço sideral mas sem nós porque fomos ecocidas e geocidas.

Como somos seres de inteligência e amantes da vida, podemos mudar o rumo de nosso destino. Que o Espírito Criador nos fortaleça nesse propósito.

Leonardo Boff escreveu Cuidar da Terra- proteger a vida: como evitar o fim do mundo, Record, Rio de Janeiro 2010.