Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo

La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella esta ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva sua importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecologicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

1. La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.
Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.
Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.
En definitiva se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.
El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.
El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.
Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.
Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

2. La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como nuestra es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?
Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.
Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.
Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.
Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

3. Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.
En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz – la autoafirmación – o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo.
Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.
La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

4.Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.
Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.
No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.
Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito: ¿De dónde viene? Mar de Ideias, Rio 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano

De como destruir um país em pouco tempo: I.Lesbaupin

Ivo Lesbaupin é um sociólogo formado na França e foi professor na UFRJ, hoje aposentado. É um  dos corrdenadores do ISER ASSESSORIA, grupo que acompanha comunidades seja de base eclesial seja de base simplesmente social. Tem se notabilizado por vários livros analíticos e críticos das políticas públicas brasileiras e também sobre questões ligadas aos direitos humanos. Publicamos este texto que nos chama atenção sobre o drama que está ocorrendo em nosso país, face ao qual não podemos ficar indiferentes, em especial, por solidariedade àqueles mais afetados e que mais sofrem que constituem a grande maioria popular e pobre.  Lboff
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O Brasil não é um terreno aberto onde nós pretendemos construir coisas para o nosso povo. Nós temos é que desconstruir muita coisa. Desfazer muita coisa. Para depois nós começarmos a fazer”.
(Bolsonaro, em visita aos EUA, 17/03/2019). 

O Brasil é um país rico, mas profundamente injusto. Temos recursos suficientes para atender às necessidades de toda a população, mas eles estão distribuídos de forma muito desigual: muito para poucos e pouco para muitos.

A construção de um país é um processo longo, de décadas, de séculos. Destruí-lo, porém, é bem mais rápido. Basta tomar uma série de medidas.

Comece por cortar progressivamente os recursos para a saúde e a educação públicas (EC do Teto dos Gastos), sem mexer nos gastos públicos para o sistema financeiro (que beneficiam apenas os mais ricos).

Retire os direitos trabalhistas conquistados nos últimos cem anos – especialmente a partir da década de 1940 – e aumente ao mesmo tempo os direitos para os empregadores (os patrões) (a assim chamada “Reforma Trabalhista”). Ofereça aos milhões de desempregados a seguinte opção: ou emprego ou direitos – as duas coisas não podem andar juntas.

Num país em que a universidade pública é responsável por 95% da produção científica em nível internacional, corte 30% dos recursos para a universidade pública, reduza o investimento para a ciência e a pesquisa, e ataque sistematicamente os professores, colocando-os sob suspeição e estimulando alunos a denunciá-los.

Promova a destituição dos direitos que foram conquistados depois de muitas décadas de luta: reduza ou inviabilize a aposentadoria dos mais pobres e transfira estes recursos para os cuidados de Fundos de Pensão privados (a assim chamada “capitalização”). Acabe com o Sistema de Previdência, mas chame-o de Reforma.

As empresas estatais, inclusive as de serviço público, levam décadas para se firmar, se expandir e gerar lucro (a serviço de todos). Em 2018, cinco grandes estatais brasileiras lucraram 70 bilhões de reais (em um ano). Segundo o chefe da economia do governo, as privatizações gerariam em 2019 algo como 75 bilhões (uma única vez). Pois bem, privatize tudo o que for público, inclusive as estatais mais lucrativas. Assim, o lucro deixará de vir para o público e irá apenas para o privilegiado comprador privado.

Esqueça a política externa desenvolvida durante anos pela diplomacia brasileira (o Itamaraty) e passe a estimular a subserviência e a submissão ao “Grande Irmão do Norte” e a se solidarizar com regimes pouco ou nada democráticos (Hungria, Turquia, Filipinas…).

Lance sistematicamente ataques ou suspeitas sobre os meios de comunicação formais e estimule versões falsas (fake news), negue os fatos e afirme inverdades como se fossem realidade, divulgue vídeos falsos, coloque em dúvida a verdade e desestimule a investigação sobre o que de fato aconteceu.

Promova difamações, desmoralize seus adversários, impulsione ataques digitais àqueles de quem você discorda, coloque estas pessoas sob ameaça de seus correligionários.

Num país que tem mais de 60 mil homicídios por ano (matança superior à de países em guerra), estimule o assassinato como meio de solução de conflitos: proteja as milícias urbanas armadas (máfias privadas que lucram sobre a população de áreas que elas controlam), desresponsabilize policiais que eventualmente matem e estimule grandes proprietários rurais a matarem aqueles que eles considerarem “invasor” (ou seja, qualquer pessoa ou grupo que eles não apreciem ou cujas terras – indígenas, pequenos agricultores – queiram tomar).

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Agora, verifique se a indústria está produzindo mais, se o comércio está em expansão, se a economia está indo bem, se o salário está aumentando, se o emprego está crescendo, e a população de rua nas cidades está diminuindo.

Se nada disto estiver ocorrendo, é sinal de que o processo de destruição do país está dando certo.

Não podemos permitir que esta destruição continue.

Do site Iser Assessoria.

Ecologia em fragmentos: as partes no Todo

O discurso ecológico procura ver o Todo nas partes e as partes no Todo numa rede de conexões que liga e re-liga todos os seres. Aqui apresento uns fragmentos do discurso ecológico em tópicos que nos tocam  diretamente.

1.A rracionalidade de nosso estilo de viver
O modelo de sociedade e o sentido de vida que os seres humanos projetaram para si, pelo menos nos últimos 400 anos, estão em crise.
Este modelo nos fazia acreditar que o importante é acumular grande número de meios de vida, de riqueza material, de bens e serviços a fim de poder desfrutar a curta passagem por este planeta.
Para realizar este propósito nos ajudam a ciência que conhece os mecanismos da natureza e a técnica que faz intervenções nela para benefício humano. E procurou-se fazer isso com a máxima velocidade possível.
Portanto, busca-se o máximo de benefício com o mínimo de investimento e no tempo mais breve possível.
O ser humano, nesta prática cultural, se entende como um ser sobre as coisas, dispondo delas a seu bel prazer, jamais como alguém que está junto com as coisas, convivendo com elas como membro de uma comunidade maior, planetária e cósmica.
O efeito final e triste, somente agora visível de forma inegável é este, expresso na frase atribuída a Gandhi: “a Terra é suficiente para todos, mas não para os consumistas”.
Nosso modelo civilizatório é tão absurdo que se os benefícios acumulados pelos países ricos fossem generalizados aos demais paises, precisaríamos outras quatro Terras iguais a essa que temos.
O que mostra a irracionalidade que este modo de viver implica. Por isso pede o Papa Francisco em sua encíclica “sobre o cuidado da Casa Comum”: uma radical conversão ecológica e um consumo sóbrio e solidário.
2. A natureza é mestra
Em momentos de crise civilizacional, como a nossa, é imperioso consultar a fonte originária de tudo: a natureza, a grande mestra. Que ela nos ensina?
Ela nos ensina que a lei básica da natureza, do universo e da vida não é a competição que divide e exclui, mas a cooperação que soma e inclui.
Todas as energias, todos os elementos, todos os seres vivos, desde as bactérias e os virus até os seres mais complexos, somos todos inter-retro-relacionados e, por isso, interdependentes. Um coopera com o outro para viver.
Uma teia de conexões nos envolve por todos os lados, fazendo-nos seres cooperativos e solidários. Quer queiramos ou não, essa é a lei da natureza e do universo. Por causa desta teia de interdependências chegamos até aqui.
É essa soma de energias e de conexões que nos ajuda a sair das crises e a fundar novo ensaio civilizatório. Mas nos perguntamos: somos suficientemente sábios para enfrentar situações críticas e responder aos novos desafios?
3. Tudo está relacionado com tudo
A realidade que nos cerca e da qual somos parte, não deve ser pensada como uma máquina mas como um organismo vivo, não como constituída de partes estanques, mas como sistemas abertos, formando redes de relações.
Vigoram duas tendências básicas em cada ser e no inteiro universo: uma a de se auto-afirmar individualmente e outra a de se integrar num todo maior. Se não se auto-afirma corre o risco de desaparecer. Se não se integra num todo maior, corta a fonte de energia, se enfraquece e pode também desaparecer. Importa equilibrar estas duas tendências. Caso contrário caimos no individualismo mais feroz – a auto-afirmação – ou no coletivismo mais homogeneizador – a integração no todo.
Por isso temos sempre de ir e vir das partes para o todo, dos objetos para as redes, das estruturas para os processos, das posições para as relações.
A natureza é, pois, sempre co-criativa, co-participativa, ligada e re-ligada a tudo e a todos e principalmente à Fonte Originária de onde se originam todos os seres.
4.Desde o começo está presente o fim
O fim já está presente no começo. Quando os primeiros elementos materiais depois do big bang começaram a se constituir e a vibrar juntos aí já se anunciava um fim: o surgimento do universo uno e diverso, ordenado e caótico, o aparecimento da vida e o irromper da consciência.
Tudo se moveu e se interconectou para dar início à gestação de um céu futuro que começou já aqui em baixo, como uma sementinha, foi crescendo, crescendo até acabar de nascer na consumação dos tempos. Esse céu, desde o começo, é o próprio universo e a humanidade chegados à sua plenitude e consumação.
Não há céu sem Terra, nem Terra sem céu.
Se assim é, então, ao invés de falarmos em fim do mundo, deveríamos falar em um futuro do mundo, da Terra e da Humanidade que então serão o céu de todos e de tudo.
Leonardo Boff é ecoteólogo e filsósofo e escreveu: De onde vem ? Mar de Ideias, Rio 2017.

Amore in tempi d’ira e odio

Viviamo nel Brasile di Bolsonaro e in tutto il mondo tempi di rabbia e odio, risultato del fondamentalismo e dell’intolleranza, come abbiamo visto in Sri Lanka dove centinaia di cristiani sono stati uccisi nel momento in cui celebravano la vittoria dell’amore sulla morte nella festa della risurrezione.
Questo macabro scenario ci porta a rinnovare la speranza che, nonostante tutto, l’amore sia più forte della morte.

La parola amore è stata banalizzata. C’è amore di qui e amore di là, amore in tutte le pubblicità indirizzate più alle tasche che ai cuori. Dobbiamo riscattare la sacralità dell’amore. Non abbiamo un nome migliore o più grande per immaginare l’Ultima Realtà, Dio, ma dicendo che essa è amore.

Dobbiamo innovare il nostro discorso sull’amore in modo che la sua natura e ampiezza risplenda e ci riscaldi. Per questo è importante incorporare i contributi che provengono dalle diverse scienze della Terra (Fritjof Capra), in particolare dalla biologia (Humberto Maturana) e dagli studi sul processo cosmogenico (Brian Swimme). È sempre più chiaro che l’amore è un fatto oggettivo della realtà globale, un evento felice della natura stessa di cui facciamo parte.

Due movimenti, tra gli altri, presiedono il processo cosmogenico e biogenico: la necessità e la spontaneità. La necessità è in funzione della sopravvivenza di ogni essere; è per questo che uno aiuta l’altro, in una rete di relazioni inclusive. La sinergia e la cooperazione di tutti con tutti costituiscono le forze fondamentali dell’universo, specialmente tra gli esseri animati. È la dinamica oggettiva del cosmo stesso.
Insieme a questa forza della necessità appare anche la spontaneità. Gli esseri si relazionano e interagiscono per pura gratuità e gioia di convivere. Tale relazione non risponde a una necessità. Si stabilisce per creare nuovi legami a causa di una certa affinità che sorge spontaneamente e che produce gioia. È l’universo della sorpresa, del fascino, di qualcosa di imponderabile. È l’avvento dell’amore.
Questo amore è dato dai primissimi elementi di base, i quarks, che erano legati oltre la necessità, spontaneamente, attratti l’uno dall’altro. Un mondo libero sorge, non necessario ma possibile, spontaneo e reale.

In questo modo, irrompe la forza dell’amore che attraversa tutte le fasi dell’evoluzione e lega tutti gli esseri dando loro profondo affetto e bellezza. Non c’è ragione che li induca a combinarsi con legami spontanei e liberi. Lo fanno per puro piacere e la gioia di stare insieme.
Si trata dell’amore cosmico che realizza ciò che il misticismo ha sempre intuito: la validità della pura gratuità. Il mistico Angelus Silesius dice: “La rosa non ha una ragione. Fiorisce per fiorire. Non si preoccupa se l’ammirano o no. Lei sboccia per fiorire”.
Non diciamo che il senso profondo della vita è semplicemente vivere? Così l’amore fiorisce in noi come frutto di una relazione libera tra esseri liberi e con tutti gli altri esseri.

Ma come umani e autocoscienti possiamo fare dell’amore, che appartiene alla natura delle cose, un progetto personale e civilizzante: viverlo coscientemente, creare le condizioni perche sia possibile l’amorizzazione tra gli esseri inerti e viventi. Possiamo innamorarci di una stella lontana e stabilire una storia di affetto con lei.
L’amore è urgente nei giorni attuali, dove la forza del negativo, dell’anti-amore, sembra prevalere. Più che chiedere chi pratica atti di terrore, bisogna chiedersi perché sono stati praticati. Sicuramente il terrore sorse perché mancava l’amore come relazione che lega gli esseri umani nell’esperienza beata di aprirsi e accogliersi cordialmente l’un l’altro.

Diciamolo con tutte le parole: il sistema mondiale prevalente non ama le persone. Ama i beni materiali, ama la forza lavoro del lavoratore, i suoi muscoli, le sue conoscenze, la sua produzione artistica e la sua capacità di consumo. Ma non ama gratuitamente le persone come persone.

Predicare l’amore e gridare: “Amiamoci l’un l’altro come ci amiamo noi stessi” significa essere rivoluzionari. È essere assolutamente anti-cultura dominante.
Facciamo dell’amore quello che il grande fiorentino Dante Alighieri ha testimoniato: “amor che muove il sole e le altre stelle”, e noi aggiungiamo: l’amore che muove le nostre vite, l’amore che è il nome sacrosanto della Fonte Originale di tutto l’Essere, Dio.

*Leonardo Boff, filosofo e teólogo, ha scritto: Reflexões de um velho teólogo e pensador, Vozes 2019.

Traduzione di M Gavito e S. Toppi.