Papa Francisco no teme la verdad ni en la Iglesia y ni en la política

Actualmente sufrimos bajo un vacio clamoroso de liderazgos sea en la Iglesia sea en la sociedad. Pero alguien se aleja de esta mediocridad. És el Papa Francisco exactamente porque no teme decir la verdad.

Un Papa que dice la verdad en la Iglesia

Nornalmente la Iglesia institucional, como todos los portadores de poder, hace un discurso equilibrista, pretendiendo estar por encima de los conflictos y tensiones. El efecto es un discurso anodino, sin ningún tenor profetico y, en el fondo, no incide en la sociedad.
Francisco que prefiere llamarse obispo de Roma que Papa, no viene de la crepuscular cristandad europea (con solo 25% de los católicos), sino de las Iglesias nuevas no más colonials sino con raices autóctonas. En ellas viven la gran mayoria de los católicos (más del 62%) de tal forma que hoy se puede afirmar que el Catolicismo es una relgión del mundo periférico.

Una de las características más notables de este Papa es que no tiene miedo de decir la verdad. Denuncia los pedófilos en la Iglesia, los escándalos financieros del Banco Vaticano (IOR) y el tipo de Iglesia, como fortaleza cerrada sobre si misma y apartada de la historia contemporánea. Quiere una Iglesia como casa abierta para todos, mejor, como un hospital de campaña que, sin preguntar por su situación, acoje a todos. Hace duras criticas a obispos y sacerdotes que no anuncian la belleza del evangelio y la alegria de la buena noticia, diciendo que parecen tener un rostro de vinagre, gente de viernes santo y tristes como se fueran a su propio entierro.

Al escuchar tales palabras y comparándolas con lo que he escrito en mi libro Iglesia: carisma y poder, condenado en 1984 por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, después Benedicto XVI, por hacer, según él, algunas criticas al modo de los protestantes, a la predominancia en la Iglesia del poder sobre el carisma que conlleva arrogancia y exclusion, mi referido libro parece hoy un texto de piedad.

Pero para mí lo más valiente que ha dicho de cara a los nuevos cardinales, lo que gran parte de los teólogos pensaban pero jamás podian decirlo sin ser inmeditamente censurados, es sobre el infierno. Dice el Papa sobre el miedo del infierno con el cual la Iglesia atormentaba a los fieles: Dios no conoce una condena eterna. Su misericordia es infinita y va más allá de la justicia. Habrá seguramente un juicio por que no todo vale en este mundo. Pero él no es el ultimo acto de Dios, Padre y Madre de infinita bondad y msericordia. Dios siempre acaba por traer otra vez a su casa a todos los que creó por amor y porque nacieron del corazón del Padre. Volverán en su momento a lo que les fué preparado desde toda la eternidad: la comunión en el Reino de la Trinidad. Seguramente pasarán por la clinica purificadora de Dios, pero esto es la antesala del cielo y no del infierno.

Por eso se entiende la transposición que opera en la terminología de su anuncio: habla de la revolución de la ternura, de la alegria del amor matrimonial, de la belleza del evangelio que fascina a las personas.

Más importante que la Iglesia es la creación amenazada de desaparecer – la razón de su encíclica sobre la ecología dirigida a toda la humanidad – y el compromiso de salvaguardar las condiciones que permiten la vida en la Tierra. Refuerza un nuevo tipo de ecumenismo, poniendo de lado la pretension de exclusidad pretendida por la Iglesia Catolica de ser la única Iglesia de Cristo. Importante es que las Iglesias se reconozcan mutuamente y todas juntas se pongan al servicio del mundo, especialmente de los más vulnerables.

Tiene una clara opción por los pobres y sufrientes de este mundo. Busca una reconciliación con la teología de la liberación, encontrándose con el padre de esta teología, Gustavo Gutiérrez y posteriormente con Jon Sobrino. No ha temido solicitar sugerencias del autor de estas líneas para escribir su extraordinaria encíclia “sobre el cuidado de la Casa Común” que según reconocidos ecólogos como Edgar Morin y otros, pone el papa en la vanguardia de la discusión ecológica mundial.

En una palabra, Francisco, obispo de Roma y Papa de la Iglesia ha reintroducido una primavera en la Iglesia, con el encantamiento que esta estación conlleva, después de un riguroso invierno bajo la severidad de las doctrinas y disciplinas de los papas anteriores. Se despojó de todos los títulos de poder, abandonó el palacio pontificio para vivir en una casa de huéspedes y servirse como los demás, porque, comenta con humor, “asi es más difícil que me envenenen”.

El eje estructurador de su predicación es la Tradición de Jesús. Es un término teológico, utilizado ultimamente para identificar la intención originaria de Jesús, anterior a la elaboración de los cuatro evangelios. Él no quiso fundar una nueva religión, sino enseñarnos a vivir los bienes de su gran utopia el Reino de Dios, hecho de apertura total a Dios, de amor incondicional, de misericordia ilimitada y de la centralidad de los pobres e invisibles.

El resumen del mensaje de Jesús se encuentra en el Padre Nuestro: es afirmar a Dios como Padre nuestro y no solo mio, significando nuestra dimension hacia arriba y Pan nuestro, no pan mio, representando el enraizamiento del ser humano en la vida concreta. Solamente puede decir Amen quien mantiene unidos estos dos pólos: el Padre Nuestro en el cielo y el pan nuestro en la tierra, Padre de todos y pan para todos.

Por causa de la Tradición de Jesús, el Papa Francisco enfatiza que hay que poner el amor antes de los dogmas y de las doctrinas y los pobres antes de la disciplina. Hay que superar la obsesión con el aborto, por el uso de los anticonceptivos y de la comunión de parejas en segundas nupcias. El evangelio no se debe empequeñecer solo a estas cuestiones, caso contrario, pierde su fragancia y belleza. De forma contundente dijo Francisco: “mejor no creer que ser un creyente hipócrita”. Y a los laicos y jóvenes dijo: ”un cristiano que no es revolucionario no es cristiano; hay que ser revolucionarios de la gracia”. Otra vez los retó de la siguiente forma: “No sean más papistas que el papa, más restictivos que la Iglesia”.

El Papa Benedicto XVI queria una Iglesia pura, Francisco prefiere una Iglesia accidentada por su andar por el mundo, pero inclusive y con las puertas abiertas, sin los fiscales de la duana de la fé. Es una Iglesia en salida para el otro, para el mundo y para los pobres.

Resumiendo, el Papa Francisco no es eurocéntrico sino abierto a la universalidad, no es eclesiocéntrico, por que la Iglesia no se hace autoreferente, no es vaticanocéntrico, por que prefiere dirigir la Iglesia de forma collegial y con amor y no de forma monárquica con el derecho canonico; vive en una casa de huéspedes y no en el palacio pontificio; no es papocéntrico por que pone en primer lugar al Pueblo de Dios y se siente como uno de sus miembros, seguramente con una misión para toda la Iglesia. Eso no le impide de cargar su propio maletin, que compre su pasaje para ir a la isla de Lampedusa por Alitalia y a que llame por el movil para atender a alguien que le escribió una carta; y que no olvida a los amigos, como el zapatero y jornalero de Buenos Aires, llamandolos de vez en cuando por teléfono como a viejos amigos.

Un Papa así devuelve confianza, moralidad y respectabilidad a la Iglesia frente a tantos cristianos que habían abandonado la institución. La Iglesia con él recupera una relavancia frente al mundo secular.

El Papa que dice la verdad en la política

Lo primero que hay que reconocer en la dimensión pública y politica del Papa Francisco es su propia persona, carismática, sensilla, solidaria con el dolor del mundo y amigo de los pobres. Francisco es más que un nombre. És un nuevo proyecto de ejercicio del poder, realmente como servicio y no como privilegio e instrumento de control.

Esto aparece claro en su total despojo de los titulos y privilegios que historicamente se fueron agregando a la figura de los Papas. En el Anuario Pontificio, en sus primeras páginas se suelen poner todos los títulos de honor, de los cuales los papas son portadores. Papa Francisco renunció a todo esto y puso sensillamente solo su nombre Fransiscus, sin ninguna calificación.

Todos los jefes de Estado disponen de un poderoso aparato de seguridad. El Papa Francisco dispensó tal cuerpo y viaja aún en los lugares más peligrosos como Egipto y el Sur de Sudan sin ninguna protección.

Argumenta: “yo no quise ser Papa. Fué Dios quien lo quiso; luego Dios tiene que defenderme. Si me matan es una señal que Él, Dios, me ha llamado y entonces, iré alegremente a su encuentro”. Quien puede hablar de esta forma tan libre y liberadora, diría mística de la vida y de la muerte? Solo quien se siente en la palma de la mano de Dios. Por eso no tiene nada a temer.

Además, pocos papas fueron tan verdaderos de cara a los males de nuestra cultura que afectan directamente a los más vulnerables. Es un Papa que tiene lado: es de parte de los últimos e invisibles y que esta contra los que producen desgracias a la humanidad y a la Madre Tierra.

Ataca duramente el sistema de acumulación y la idolatria del dinero. No utiliza la palabra capitalismo, para no crear dificultades a millones de catolicos que viven dentro de este sistema. Pero describe al sistema de tal forma que fatalmente somos llevados a identificar al sistema del capital con su cultura de consumo ilimitado, de individualismo, de falta de solidaridad y de producción de miseria y de heridas profundas en el cuerpo de la Madre Tierra.

Durisimo fué su discurso en la isla de Lampedusa a donde lllegan los refugiados de Africa y muchos se ahogan en el viaje. Dice el Papa Francisco: ”Esta cultura del bienestar lleva a la indiferencia con respecto a los otros, es la globalización de la indiferencia… Somos una sociedad que olvidó la experiencia de llorar, de compadecerse; la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar”.

Una sociedad que no llora con el que llora ha perdido su sentido de humanidad y efectivamente está en un camino de autodeterioro y de barbarie.

Curiosamnete al volver de su visita a Polonia dijo tajantemente en el avión cuando los periodistas abordaron el tema del terrorismo de raiz musulmana. El Papa con coraje dijo lo que los analistas no quieren oir. Las religiones y el islam no quieren la guerra, sino la paz. Los refugiados están en Europa ahora porque nosotros estuvimos por siglos allá en sus paises, robandoles las riquezas e imponiendoles nuestras formas de organizar su sociedad. El verdadero terrorismo es el sistema economico-financiero que se muestra anti-vida. “Debemos decir no a una economia de exclusión y de desigualdad social; esa economia mata”.

Como se ve, su discurso es directo, sin metáforas encubridoras, como suelen ser los discursos equilibristas de los pontífices anteriores que ponen más el acento en la seguridad y en la equidistncia que en la verdad y en la claridad de su propia posición. La posición de Francisco es clarisima: evangelicamente habla y actua desde de los pobres y condenados de este mundo y especialmente para los pobres. “Sobre esto”, enfatiza “ no deben existir dudas ni explicaciones que debiliten tal opción ya que existe un vinculo indisoluble entre nuestra fe y los pobres”.

En la encíclica sobre Como cuidar de la Casa Común repite 35 veces la necesidad de cambiar nuestra relación hacia la naturaleza; cambiar y cambiar si queremos subsistir. Importa no sentirse afuera de la naturaleza, como si fuéramos sus dueños, sino como parte de ella y responsables por su sostenibilidad; cambiar nuestra forma de producción, nuestro modo de consumir y repartir los bienes y servicios naturales. No va a beber en esta búsqueda de alterntivas en la Doctrina Social de la Iglesia, aún cuando la respeta. Pero observa: ”no podemos evitar ser concretos para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie”. Para él, no podemos esperar nada de arriba, cuya logica es siempre más de lo mismo: la maximación de las rentas sin otra consideración.

Francisco cree en los que están afuera del sistema y son totalmente desconsiderados por que poco producen y poco consumen. Confia en los de abajo. A raiz de esto se reunió por 4 veces con los movimientos sociales popualares de todo el mundo, tres veces en Roma y una vez en SantaCruz de la Sierra, en Bolívia. Ahi fué muy claro: hay que reclamar los tres “ts”: “tierra, techo y trabajo”. Nadie sin tierra para sobrevivir, nadie sin techo para habitar, nadie sin trabajo para ganarse lo que necesita para vivir.

Esta es una parte. La otra, retó a los movimienstos sociales populares a ser protagonistas de lo nuevo, de nuevas formas solidarias de producir, de cooperativas agroecologicas, de formas de un consumo caracterizado por la sobriedad compartida y por un especial cuidado de la Madre Tierra que nos ofrece todo y es la base para lo que podemos proyectar en esta vida. Enfatizó tres puntos: poner la economia al servicio no del mercado, sino de la vida; construir la justicia social, base de la paz y cuidar la Tierra, nuestra Casa común.

En sus viajes se ha distinguido por una convocación al dialogo entre los pueblos y entre las religiones. Propone una cultura de la paz de cara a los más de 40 conflictos existentes con gran letalidad de personas y destrucción de bienes culturales. Varias veces ha advertido que el nivel de conflictos y tensiones en el mundo nos pone ya dentro de la tercera guerra mundial cuyas consecuencias son inimaginables para la especie humana y para el futuro de la vida.

Parece un profeta que clama en el desierto, con extrema seriedad y a la vez con un sentido de esperanza de que podemos evitar la tragedia porque tenemos tecnologia, ingenio humano y más que todo porque creemos en un Dios que es “el soberano amante de la vida”(Sabiduria 11,26).

Talvez su contribución más significativa politicamente haya sido su enciclica de 2015, Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común. El destinario no son los catolicos, sino la humanidad entera. El Papa Francisco reconoce las amenazas que pesan sobre el sistema-vida y el sistema-Tierra. Hace una convocación general de cuidar la Casa Común.

Francisco utiliza los datos más seguros de las ciencias y a partir de ellos ofrece una critica rigurosa de las causas que llevaron a la situación actual: es principalmente el antropocentrismo por el cual el ser humano se cree señor y dueño de la naturaleza y puede utilizarla a su antojo. Ha elaborado un proyecto cultural hoy globalizado de total explotación de todos los bienes y servicios naturales en función de la acumulación individualista y sin consideración de la destrucción de ecosistemas enteros. Esta voraciad ha producido una doble injusticia: una injusticia social con la producción de una inconmensurable pobreza en gran parte de la humanidad y una injusticia ecologica con la lenta erosión de la base fisica y química que sustenta la vida.

No se trata de una ecología verde, como muchos la han calificado. La vision de Francisco es mucho más amplia. Se trata de una ecología integral que involucra el ambiente, la sociedad, la mente humana (sus proyectos, valores y prejuicios), la política y por fin la espiritualidad. El documento incorpora la razón cordial y sensible que permite a uno sentir como suyo el sufrimiento de la naturaleza, que simultaneamente escucha el grito del pobre y el grito de la Tierra. Si queremos salvar la Tierra tenemos que alimentar “una pasion por el cuidado del mundo…una mistica que nos impulsa, nos anima, que nos motiva, nos da coraje” a amar la Madre Tierra y respetar sus limites internos.

Apesar de los llamados graves que hace a todos, el Papa suscita tambien esperanza, sea en la capacidad de los seres humanos de despertar a su responsabilidad, sea usando la ciencia, hecha con conciencia, para salvar la vida y finalmente confiando en el Espíritu que según las escrituras judeo-cristianas es “Espíritu de vida” y “soberano amante de la vida”. Al final, expresa su confianza escribiendo: ”Caminemos cantando; que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quite la alegría de la esperanza (n.244).

Efectivamente ha dado un contenido politico a la esperanza y a la ternura. “La ternura no es debilidad, sino valentia; es el camino de la solidaridad y de la humildad”. La esperanza es la capacidad de decir “nosotros”. Y si juntos decimos nosotros “ahi empieza una revolución…el futuro desde el momento en que las personas se reconcen ser parte de un “nosotros”. En eso reside la revolución social que se opone al “yo” solo y contra los otros “yos”, actitud típica del sistema vigente, el capitalista.

Bien dijo Bruno Giussani, diretor europeo del TED (Tecnology, Entertaiment, Desing: organización de medios que organizan conversaciones y intercambios a nivel mundial): dijo: “Francisco se ha hecho la única voz moral, capaz de alcanzar a las persons más allá de las fronteras y de propiciar claridad y proponer un mensaje convincente de esperanza”.

En un mundo lleno de palabras de odio y de prejuicios entre religiones y culturas, las palabras del Papa Francisco suenan como una campana de paz, con una autoridad que viene de su irradiación de bondad, de un profundo humanismo y por una esperanza contra toda esperanza, valorando la belleza, la alegria de la vida y un entrañable cuidado hacia la Madre Tierra.

Reproducción de una charla dada en Buenos Aires en abril de 2017: Leonardo Boff

Rescatar la democracia mínima contra el“Estado pos-democrático”

La democracia en nuestro país y en general en el mundo está sufriendo una peligrosa erosión. Juez de Derecho de Río de Janeiro y profesor universitario Rubens Casara fue uno de los primeros en denunciar la aparición de un “Estado post-democrático”, es decir, un “Estado” (si es que lo podemos llamar así) que rompe con el pacto social configurado en la constitución y por las leyes, y se rige por el autoritarismo, por la arbitrariedad y la violencia en relación con la sociedad, especialmente hacia los más vulnerables. En Brasil lentamente está sucediendo eso. Un STF sin grandeza y ajeno a la gravedad de lo que está ocurriendo deja pasar todo, incluso la violación del sagrado precepto de la presunción de inocencia hasta la comprobación de la materialidad del crimen (caso Lula).

La lucha ahora es para reconquistar la democracia, incluso la de baja intensidad, a fin de evitar la disolución del lazo social que nos permite convivir mínimamente. De lo contrario, entraremos en el caos y en la barbarie como se nota en algunos lugares en Brasil de gran violencia.

No dejaremos de reclamar, como lo hacen los movimientos sociales de base, una democracia participativa y popular o una democracia comunitaria, que los andinos nos están enseñando con su ideal del “bien-vivir y del bien-convivir”, inaugurando por primera vez en el mundo el constitucionalismo ecológico, al insertar en la Ley Mayor los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra (Pacha Mama). Con ello anticipan lo que será seguramente el nuevo pacto natural articulado con el social de la futura sociedad mundial, si no la destruimos antes.

Recordemos siempre las lecciones del gran jurista y filósofo Norberto Bobbio con su democracia como valor universal a ser vivido en la familia, en la comunidad, en la escuela, en los sindicatos, en los partidos y en el Estado. Murió con una profunda frustración frente a la violencia del terrorismo, hasta de Estado en los Estados Unidos.

No podemos perder el sueño del gran amigo de Brasil Boaventura de Souza Santos con su Democracia sin fin. Ella es sin fin porque es un proyecto abierto que puede ser siempre enriquecido cuanto mayor sea la participación humana y la responsabilidad que los ciudadanos van asumiendo en la construcción del bien común y del bien vivir y convivir, redefiniendosus relaciones hacia la naturaleza en forma de sinergia, de cooperación y de cuidado.

Además, la democracia como sistema abierto hace que podamos estar caminando hacia una superdemocracia planetaria en las palabras del gran asesor de Mitterand, Jacques Attali (cfr. Una breve historia del futuro, 2008). Esta forma de democracia será la alternativa salvadora frente a un superconflicto que, dejado a su libre curso, podrá poner en peligro la permanencia de la especie humana. Esta superdemocracia resultará de una conciencia planetaria colectiva que se da cuenta de la unidad de la especie humana, viviendo en una única Casa Común, en el planeta Tierra, pequeño, con bienes y servicios naturales escasos, superconsumista y superpoblado y amenazado por los cambios climáticos que están afectando a la biosfera, a la biodiversidad y a nosotros mismos.

La Carta de la Tierra utiliza dos expresiones que señalan el nuevo paradigma de civilización: alcanzar “un modo de vida sostenible” (n.14) y “la subsistencia sostenible de todos los seres”. Aquí emerge un diseño ecológico, es decir, otra forma de organizar la relación con la naturaleza, el flujo de las energías y las formas de producción y de consumo que atiendan a las necesidades humanas, que nos permitan ser más con menos y que favorezcan la regeneración de la vitalidad de la Tierra.

Por fin, yo por mi parte, fruto de los estudios en cosmología y ecología, he propuesto una democracia socio-ecológica que representaría el punto más avanzado de la integración del ser humano con la naturaleza. Ella se inscribiría dentro del nuevo paradigma cosmológico que ve la unidad del proceso cosmogénico dentro del cual se sitúan también la naturaleza y la sociedad y cada persona individualmente.

Será una civilización biocentrada que devolverá el equilibrio perdido a la Madre Tierra y garantizará el futuro de nuestra civilización. Todos y la naturaleza entera seremos ciudadanos habitando cuidadosa y jovialmente la Casa Común.

*Leonardo Boff ha escrito Como cuidar de la Casa Común, Vozes 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Crisis política y desesperanza general

Uno de los efectos perversos de nuestra crisis nacional es, sin duda, la desesperanza que está contaminando a la mayoría de las personas. Ella nace de la angustia de no ver ningún horizonte desde el cual podamos atisbar una solución salvadora. Emerge la sociedad del cansancio y de la pérdida de la alegría de vivir.

Son las consecuencias de la falta de sentido, de que todo continuará con la misma lógica, hecha de corrupción, de falsificación de noticias (fake news) y de la realidad, difamación generalizada, la dominación de los poderosos sobre las masas abandonadas a su destino.

Esta desolación proviene también de la percepción del futuro de nuestro mundo y de la humanidad, importa poco lo que pueda suceder. Bien lo observó el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”: «las predicciones catastróficas no pueden subestimarse con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiadas ruinas, desiertos, basura. Dado que el estilo de vida actual es insostenible, solo puede terminar en una catástrofe» (n.161). Pero, ¿quién piensa en todo esto a no ser los que se mantienen al día acerca del discurso ecológico mundial?

Por lo tanto, además de las múltiples crisis que nos oprimen y nos hacen sufrir, tenemos esta sombría amenaza de naturaleza ecológica.

En este contexto, vuelven los pensamientos de molde nihilista, como los del Nobel de biología Jacques Monod : «Es superfluo buscar una sensación objetiva de la existencia, porque simplemente no existe. Los dioses están muertos, el hombre está solo en este mundo» (El Azar y la Necesidad, Vozes 1979, p.108). O lo que el famoso C. Levy Strauss que tanto amaba a Brasil dejó escrito en sus admirables Tristes Trópicos (1955): «el mundo comenzó sin hombre y terminará sin él. Las instituciones y costumbres que he pasado toda mi vida en inventariar y comprender son una floración pasajera de una creación en relación a la cual no tienen sentido, a no ser, tal vez, el que permite a la humanidad desempeñar su papel» (n. 477).

¿Pero es que el ser humano no es lo inverso de un reloj? Este funciona por sí mismo y continúa según sus mecanismos internos, pero el ser humano no es un reloj. Funciona correctamente cuando está en armonía permanente con el Todo lo que lo envuelve por todos lados y lo sobrepasa. Por lo tanto, debemos dejar de lado todo antropocentrismo y asumir una lectura más holística del sentido de la vida.

El pensamiento del físico británico Freeman Dyson (*1923) es diferente: «Cuanto más examino el universo y los detalles de su arquitectura, más evidencia encuentro de que el universo sabía que un día, en el futuro, los seres humanos naceríamos» (Disturbing the Universe, 1979, p.250). Casi con las mismas palabras lo dice el gran cosmólogo contemporáneo, Brian Swimme (The Universe Story, 1996, p.84).
Las tradiciones espirituales y religiosas son un himno al sentido de la vida y del mundo. Por esto, el gran estudioso de las utopías, Ernst Bloch, en sus dos grandes volúmenes de El principio de la esperanza observaba: «donde hay religión, siempre hay esperanza».

La cuestión del sentido es inaplazable. Cito aquí al más crítico de los filósofos, Immanuel Kant: «Que el espíritu humano abandone definitivamente las cuestiones metafísicas (del sentido del ser y de la existencia) es tan poco probable como esperar que nosotros, para no respirar aire contaminado, dejemos de respirar de una vez por todas» (Prolegomena zu einer jede kunftigen Metaphysik, A 192, Vol. 3, pp. 243).

Que el Cristo del Corcovado se haya escondido detrás de las nubes no significa que ha dejado de existir. Él está allí encima de la montaña, extendiendo sus brazos y bendiciendo a nuestra población sufrida.

En el Brasil de hoy debemos recuperar la esperanza de que el legado final de la presente crisis será la configuración de otro tipo de Estado, de política y de partidos, de justicia e incluso del destino mismo del país.

Termino con el profeta Jeremías, que vivió en el tiempo de la esclavitud de Babilonia bajo el rey Ciro. Los habitantes de Babilonia se burlaban de los judíos porque ya no cantaban sus canciones y, desanimados, colgaban sus instrumentos sobre las ramas de los sicómoros. Le preguntaron a Jeremías: «¿Tú tienes esperanza?» A lo que él respondió: «Tengo la esperanza de que el rey Ciro, con todo su poder, no podrá impedir que nazca el sol». Y yo añadiría: no podrá impedir el amor y los niños que de ahí nacerán y renovarán la especie humana.

Alimentamos una esperanza similar de que aquellos que han provocado esta crisis, que han roto la Constitución y no han seguido los dictados de la justicia, no prevalecerán. Saldremos más purificados, más fuertes y con un mayor sentido del destino al que está llamado nuestro país para beneficio de todos, empezando por los más pobres, y para toda la humanidad.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Concluir la Refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El neo-fascismo, ola mundial

El fascismo es una derivación extrema del fundamentalismo que tiene una larga tradición en casi todas las culturas. S. Huntington en su discutida obra Choque de civilizaciones denuncia a Occidente como uno de los más virulentos fundamentalistas. Imagina que su cultura es la mejor del mundo, que tiene la mejor religión, la única verdadera, la mejor forma de gobierno, la democracia, la mejor tecnociencia, que ha cambiado la faz del planeta y que le ha conferido la capacidad de destruir a todos los seres humanos y parte de la biosfera con sus armas letales.Los Estados Unidos después del atentado contra las Torres Gemelas, bajo Busch y ahora bajo D.Trump revela netos rasgos de fundamentalismo , hasta de fascismo. El “Patriotic  Act” por el cual un ciudadano americano o no puede ser preso si representa alguna desconfianza, sin avisar a las respectivas familias. Ni Obama ha abolido esta determinación que es efectivamente contra los drechos fundamentales, nunca respetados por los regimines fascistas.

Conocemos el fundamentalismo islámico y otros, también el de grupos de la Iglesia Católica oficial que aún creen que ella es la única y exclusiva Iglesia de Cristo, fuera de la cual no hay salvación. Tal visión errónea abre espacio a la satanización e incluso a la persecución de otras denominaciones cristianas y no cristianas. Gracias a Dios tenemos el Papa actual de la razonabilidad y del sentido común que invalida tales distorsiones.

Todo aquel que pretende ser portador exclusivo de la verdad está condenado a ser fundamentalista y a cerrarse sobre sí mismo, sin diálogo con el otro.

Aquí se pueden recordar las palabras del gran poeta español Antonio Machado: “La verdad. No tu verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Si la buscamos juntos, ella será plena.
El fascismo nació y nace dentro de un determinado contexto de anomia, desorden social y crisis generalizada. Desaparecen las seguridades y las órdenes establecidas se debilitan. La sociedad y los individuos tienen dificultades para vivir en tal situación. Los científicos sociales y los historiadores como Eric Vögelin (Orden e Historia, 195, L. Götz, Entstehung der Ordnung 1954, Peter Berger, Rumor de Ángeles: la sociedad moderna y el redescubrimiento de lo sobrenatural, 1973), mostraron que los seres humanos poseen una tendencia natural hacia el orden. Allí donde llegan crean pronto un orden y su hábitat. Cuando desaparece se usa comúnmente la violencia para imponer cierto orden sin el cual no se forma la cohesión social de la convivencia minima.

El nicho del fascismo encuentra su nacimiento en este desorden. Así al finalizar la Primera Guerra Mundial se generó un caos social, especialmente en Alemania e Italia. La salida fue la instauración de un sistema autoritario, de dominación, que monopolizó la representación política, mediante un único partido de masas, jerárquicamente organizado, enmarcando todas las instancias, la política, la economía y la cultura en una única dirección.

Esto sólo fue posible mediante un jefe (Fürher en Alemania y el Duce, en Italia) que organizaron un Estado corporativista autoritario y de terror. Y se decía que el Führer y el Duce han siempre razón.
Como legitimación simbólica se cultivaban los mitos nacionales, los héroes del pasado y antiguas tradiciones, generalmente en un marco de grandes liturgias políticas inculcando la idea de una regeneración nacional. Especialmente en Alemania los seguidores de Hitler se llenaron de la convicción de que la raza alemana blanca era “superior” a las demás con el derecho de someter e incluso de eliminar a las inferiores.

La palabra fascismo fue usada por primera vez por Benito Mussolini en 1915 al crear el grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva de un haz (fasci) de varas, fuertemente amarradas, con un hacha al lado. Una vara puede ser quebrada, un haz, difícilmente. En 1922/23 fundó el Partido Nacional Fascista que perduró hasta su derrocamiento en 1945. En Alemania se estableció en 1933 con Adolfo Hitler que al ser nombrado canciller creó el Nacionalsocialismo, el partido nazi que impuso al país una dura disciplina, vigilancia total y el terror de estado.

El fascismo se presentó como anti-comunista, anticapitalista, como una corporación que supera las clases y crea una totalidad social cerrada. La vigilancia, la violencia directa, el terror y el exterminio de los opositores son características del fascismo histórico de Mussolini y de Hitler, y en el neo-fascismo la violencia también está presente.

El fascismo no ha desaparecido totalmente nunca, pues siempre hay grupos que, movidos por un arquetipo fundamental, el del orden, buscan el orden de cualquier forma. Es el neofascismo actual.

Hoy en Brasil hay una figura más hilarante que ideológica que propone el fascismo en nombre del cual justifica la violencia, la defensa de la tortura y de torturadores, de la homofobia y otras desviaciones sociales. Siempre en nombre de un orden a ser forjado contra el actual desorden vigente usando violencia.

El fascismo siempre ha sido criminal. Creó la shoa (eliminación de millones de judíos). Usó la violencia como forma de relacionarse con la sociedad, por lo que nunca pudo ni podrá consolidarse por largo tiempo. Es la perversión mayor de la sociabilidad humana.

En Brasil no será diferente. Aquí no tendrá posibilidades de imponerse a raiz de su radicalismo  que llega a ser burlesco.

*Leonardo Boff escribió Fundamentalismo y terrorismo: desafíos para el siglo XXI, Vozes 2009.