Está confuso pero yo sueño

“Está oscuro pero canto porque la mañana va a llegar”, proclamó el poeta Thiago de Mello en la época sombría de la dictadura civil-militar de 1964.
“Está confuso pero sueño” digo yo en estos tiempos no menos sombríos. El sueño nadie te lo puede quitar. Él anticipa el futuro y anuncia el mañana.
Nadie puede decir lo que va a ser de este país después del golpe parlamentario-jurídico-mediático de 2016. Está escuro y todo está confuso, pero yo sueño. Este sueño está rondando por mi cabeza desde hace muchos días y he resuelto expresarlo para alimentar nuestra inquebrantable esperanza.
Sueño ver un Brasil construido desde abajo hacia arriba y desde dentro hacia fuera, forjando una democracia popular, participativa y socio-ecológica, y reconociendo a la naturaleza y a la Madre Tierra como nuevos ciudadanos con derechos.
Sueño ver al pueblo organizado en redes de movimientos, un pueblo ciudadano con competencia social para generar sus propias oportunidades y moldear su propio destino, libre de la dependencia de los poderosos, recuperando su autoestima.
Sueño ver plenamente realizada la utopía mínima de comer al menos tres veces al día, de vivir con decencia, de asistir ocho años a la escuela, de recibir por su trabajo un salario que satisfaga las necesidades esenciales de toda la familia, de tener acceso a la salud básica y después de haber trabajado durante toda una vida, recibir una jubilación digna para enfrentar serenamente los achaques de la vejez.
Sueño ver celebrado el matrimonio entre el saber popular, hecho de experiencias, y el saber académico, hecho de estudios, construyendo entre ambos un país para todos, sin excesos y también sin carencias.
Sueño ver al pueblo celebrando sus fiestas con mucha comida y alegría, bailando su San Juan, su Bumba-meu-Boi, su samba, su frevo y su espléndido carnaval, expresión de una sociedad sufrida, pero que se encuentra en la fraternura y en la celebración alegre de la vida.
Sueño ver a los que han sido condenados a perder siempre, sentirse victoriosos porque el sufrimiento no fue en vano y los hizo madurar para construir, junto con otros, un Brasil diferente, uno y diverso, hospitalario y alegre.
Sueño contar con políticos que se abajan para estar a la altura de los ojos del otro, despojados de arrogancia, conscientes de representar las demandas populares, haciendo de la política cuidado diligente de la cosa pública.
Sueño poder andar por ahí de noche sin miedo a ser asaltado o víctima de balas perdidas, pudiendo disfrutar de la libertad de hablar y criticar en las redes sociales sin ser inmediatamente ofendido y difamado.
Sueño contemplar nuestras selvas verdes, nuestros inmensos ríos regenerados, nuestros soberbios paisajes y la biodiversidad preservada, renovando el pacto natural con la Madre Tierra que nos da todo, reconociendo sus derechos y por eso tratándola con veneración y cuidado.
Sueño ver al pueblo místico y religioso venerando a Dios como le gusta, sintiéndose acompañado por espíritus buenos, por fuerzas portadoras de la energía cósmica del axé, dando un carácter mágico a la realidad, con la convicción de que, al final, por causa de Dios, Padre-y-Madre de infinita bondad y misericordia, todo va a salir bien.
Sueño que este sueño no sea sólo un sueño sino una realidad dichosa y factible, fruto maduro de tantos siglos de resistencia, de lucha, de lágrimas, de sudor y de sangre.
Sólo entonces, solamente entonces, podremos reír y cantar, cantar y bailar, bailar y celebrar un Brasil nuevo, el mayor país latino del mundo, una de las provincias más ricas y bellas de la Tierra que la evolución o Dios nos entregaron

Termino con los versos de un poeta y cantor de las Comunidades de Base, José Viicente.qur dice:”Sueño que se sueña solo puede ser pura ilusión,pero el sueño que se sueña junto es señal de solución.Por eso, compañeros y compañeras, vamos soñar ligero,soñar en mutirón”.

Así lo quiere el pueblo brasileño y Dios nos ayude.

*Leonardo Boff es escritor y ha publicado Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El desafío actual:contra el Estado pos-democrático rescatar la democracia

No son pocos los analistas sociales y juristas del más alto nivel que denuncian la actual situación política de Brasil como la instauración de un Estado de excepción. El golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016 permitió que los golpistas pasasen por encima de la Constitución, modificasen las leyes laborales a favor de los patrones, engañasen al país con un techo de gastos en salud y educación, impidiendo que se cree un Estado de Bienestar Social.
La justicia ha dejado de ser imparcial e, incluso en los niveles más altos, se muestra parcial contra el PT y la figura carismática de Lula. Lo que el juez federal de primera instancia Sergio Moro hace es la aplicación descarada del lawfare y no esconde el ánimo persecutorio contra el expresidente, condenándolo sin pruebas materiales irrefutables. Por eso es considerado un prisionero político.
Es importante observar que este tipo de política obedece a una amplia estrategia pensada a partir de los intereses del imperio con los aliados internos de nuestro país. Brasil es decisivo en términos de geopolítica y de bienes y servicios naturales abundantes, capaz de garantizar la base física y química que sustenta el sistema de vida y el sistema-Tierra, ya en alto grado de erosión.
El golpe fue dado bajo la égida del más riguroso neoliberalismo y de la voracidad del capital especulativo de cariz capitalista que domina la política en el mundo entero.
Es sabido que el orden capitalista, por su individualismo y la furia de acumulación nunca se ha llevado bien con la democracia. Si la democracia más que el derecho de votar, implica buscar la igualdad de todos los ciudadanos con referencia a las leyes, los derechos básicos, la justicia social y las garantías fundamentales, debemos decir que es más un señuelo que una realidad. La democracia moderna se construyó como representativa de toda la sociedad. En realidad, en general representó los intereses de los poderosos y subrepresentó los del pueblo trabajador o pobre.
Los datos de varias entidades serias nos indican que cerca de ocho mil multimillonarios controlan gran parte de la economía mundial, dejando a millones y millones de personas en la pobreza y el hambre. Como la lógica capitalista es la competencia y no la solidaridad, entra en una era de barbarie y de gran inhumanidad.
Este tipo de capitalismo necesita de democracias de bajísima intensidad, con un Estado sometido al mercado, con la menor participación popular posible. La estrategia de los países capitalistas apunta a recolonizar América Latina y Brasil, condenados a ser meros exportadores de commodities (alimentos, minerales y otros).
El golpe de 2016 se dio con ese propósito, en sí antipatriótico, antipopular y profundamente injusto, en beneficio de los ricos y herederos de la Casa Grande. Este golpe liquidó el Estado democrático de derecho. Guardó las apariencias y las instituciones, pero no funcionan como prevé la Constitución o funcionan sin imparcialidad.
Se inauguró el “pos-Estado democrático”, categoría usada por Rubens Casara, juez de derecho del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro y profesor universitario, con notable capacidad teórica para pensar el desastre de la democracia brasileña y la ideología subyacente. En la actualidad rige, en efecto, un estado de excepción, a la moda del jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) que justificaba el régimen de Hitler, pues para él el criterio del político reside en la definición del enemigo a ser satanizado y destruido (cf. El concepto de lo político, Voces 1992, 51-53). Por encima de todas las leyes está el “Führer” o el “Duce”, que siempre tienen razón.
La consecuencia se lee en el sub-título del libro: “neo-oscurantismo y gestión de los indeseables”. Es decir, se mantiene la farsa democrática y se castiga a los más pobres, pues son indeseables al sistema de acumulación y de consumo.
El desafío actual consiste en rescatar la democracia mínima (no aquella “sin fin” de Boaventura de Souza Santos o como “valor universal” de Norberto Bobbio, ni la democracia “socio-ecológica” de Zaffaroni y mía) sino simplemente la pura y simple democracia, expresada en el Estado Democrático de Derecho. Debemos repudiar al Estado posdemocrático como excrecencia de la democracia y otro nombre para el régimen de excepción.

*Leonardo Boff escribió: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El eclipse de la ética en la actualidad

Entre el 10 y el 13 de julio de 2018 se celebró en Belo Horizonte un congreso internacional organizado por la Sociedad de Teología y Ciencias de la Religión (SOTER) en torno a los temas Religión, Ética y Política. Las exposiciones fueron de gran actualidad y de nivel superior. Voy referirme solamente a la discusión sobre el Eclipse de la Ética que me tocó introducir.
A mi modo de ver dos factores han alcanzado el corazón de la ética: el proceso de globalización y la mercantilización de la sociedad.
La globalización ha mostrado los diferentes tipos de ética, según las diferencias culturales. Se ha relativizado la ética occidental, una entre tantas. Las grandes culturas de Oriente y las de los pueblos originarios han revelado que podemos ser éticos de forma muy diferente.
Por ejemplo, la cultura maya centra todo en el corazón, ya que todas las cosas nacieron del amor de los dos grandes corazones del Cielo y de la Tierra. El ideal ético es crear en todas las personas corazones sensibles, justos, transparentes y verdaderos. O la ética del “bien vivir y convivir” de los andinos, asentada en el equilibrio de todas las cosas, entre los humanos, con la naturaleza y con el universo.
Tal pluralidad de caminos éticos ha tenido como consecuencia una relativización generalizada. Sabemos que la ley y el orden, valores de la práctica ética fundamental, son los prerrequisitos para cualquier civilización en cualquier parte del mundo. Lo que observamos es que la humanidad está cediendo ante la barbarie rumbo a una verdadera era mundial de las tinieblas, tal es el descalabro ético que estamos viendo.
Poco antes de morir en 2017 advertía el pensador Sigmund Bauman: “o la humanidad se da las manos para salvarnos juntos o si no, engrosaremos el cortejo de los que caminan rumbo al abismo”. ¿Cuál es la ética que nos podrá orientar como humanidad viviendo en la misma Casa Común? El segundo gran impedimento a la ética es la mercantilización de la sociedad, lo que Karl Polanyi llamaba ya en 1944 “La Gran Transformación”. Es el fenómeno del paso de una economía de mercado a una sociedad puramente de mercado. Todo se transforma en mercancía, cosa ya prevista por Karl Marx en su texto La miseria de la Filosofía de 1848, cuando se refería al tiempo en el que las cosas más sagradas como la verdad y la conciencia serían llevadas al mercado; sería el “tiempo de la gran corrupción y de la venalidad universal”. Pues estamos viviendo ese tiempo. La economía especialmente la especulativa dicta los rumbos de la política y de la sociedad como un todo. La competición es su marca registrada y la solidaridad prácticamente ha desaparecido.
¿Cuál es el ideal ético de este tipo de sociedad? La capacidad de acumulación ilimitada y de consumo sin límites, que genera una gran división entre un pequeñísimo grupo que controla gran parte de la economía mundial y las mayorías excluidas y hundidas en el hambre y la miseria. Aquí se revelan rasgos de barbarie y de crueldad como pocas veces en la historia.
Tenemos que volver a fundar una ética que se enraíce en aquello que es específico nuestro como humanos y que, por eso, sea universal y pueda ser asumida por todos.
Estimo que en primerísimo lugar está la ética del cuidado, que según la fábula 220 del esclavo Higinio, bien interpretada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, constituye el sustrato ontológico del ser humano, aquel conjunto de factores sin los cuales jamás surgirían el ser humano y otros seres vivos. Por pertenecer el cuidado a la esencia de lo humano, todos pueden vivirlo y darle formas concretas, conforme a sus culturas. El cuidado presupone una relación amigable y amorosa con la realidad, de mano extendida para la solidaridad y no de puño cerrado para la dominación. En el centro del cuidado está la vida. La civilización deberá ser biocentrada.
Otro dato de nuestra esencia humana es la solidaridad y la ética que de ella se deriva. Sabemos hoy por la bioantropología que fue la solidaridad de nuestros ancestros antropoides la que permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Buscaban los alimentos y los consumían solidariamente. Todos vivimos porque existió y existe un mínimo de solidaridad, comenzando por la familia. Lo que fue fundacional ayer, lo sigue siendo todavía hoy.
Otro camino ético ligado a nuestra estricta humanidad es la ética de la responsabilidad universal, O asumimos juntos responsablemente el destino de nuestra Casa Común o vamos a recorrer un camino sin retorno. Somos responsables de la sostenibilidad de Gaia y de sus ecosistemas para que podamos seguir viviendo junto con toda la comunidad de vida.
El filósofo Hans Jonas que fue el primero en elaborar “El Principio de Responsabilidad”, le agregó la importancia del miedo colectivo. Cuando este surge y los humanos empiezan a darse cuenta de que pueden conocer un fin trágico e incluso llegar a desaparecer como especie, irrumpe un miedo ancestral que los lleva a una ética de supervivencia. El presupuesto inconsciente es que el valor de la vida está por encima de cualquier otro valor cultural, religioso o económico.
Por último, es importante rescatar la ética de la justicia para todos. La justicia es el derecho mínimo que tributamos al otro de que pueda continuar a existiendo y recibiendo lo que le toca como persona. Las instituciones especialmente deben ser justas y equitativas para evitar los privilegios y las exclusiones sociales que tantas víctimas producen, particularmente en nuestro país, uno de los más desiguales, es decir, más injustos del mundo. De ahí se explica el odio y las discriminaciones que desgarran a la sociedad, venidos no del pueblo sino de las élites adineradas, que siempre viven del privilegio y no aceptan que los pobres puedan subir un peldaño en la escala social. Actualmente vivimos bajo un régimen de excepción en el que tanto la Constitución como las leyes son pisoteadas o mediante el Lawfare (la interpretación distorsionada de la ley que el juez practica para perjudicar al acusado).
La justicia no vale solo entre los humanos sino también con la naturaleza y con la Tierra, que son portadoras de derechos y por eso deben ser incluidas en nuestro concepto de democracia socio-ecológica.
Estos son algunos parámetros mínimos para una ética válida para cada pueblo y para la humanidad, reunida en la Casa Común. Debemos incorporar una ética de la sobriedad compartida para lograr lo que decía Xi Jinping, jefe supremo de China: “una sociedad moderadamente abastecida”. Esto significa un ideal mínimo y alcanzable. En caso contrario podremos conocer un armagedón social y ecológico.

*Leonardo Boff escribió: Cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Una amenaza, la autodestrucción, y los peligros para la paz

Existe una percepción general de que la situación de la humanidad no es buena, pues hay una acumulación de riqueza absurda en pocas manos dentro de un mar de miseria y de hambre. La situación en Brasil no es mejor. Vivimos perplejos por las maldades que se han cometido, anulando derechos de los trabajadores e internacionalizando riquezas nacionales que sostienen nuestra soberanía como pueblo. Los que dieron el golpe contra la Presidenta Dilma Rousseff tienen un plan de corte radicalmente neoliberal y están dispuestos a llevarlo hasta el final a costa de una crisis atroz y de la destrucción de cualquier horizonte de esperanza.
Lo que se está haciendo en Europa contra los refugiados, rechazando su presencia en Italia y en Inglaterra, y peor, en Hungría y en la catoliquísima Polonia, alcanza niveles de inhumanidad. Las medidas del presidente norteamericano Trump arrancando a los hijos de sus padres inmigrantes y metiéndolos en jaulas, denota barbarie y ausencia de sentido humanitario.
Ya se dijo que “ningún ser humano es una isla… por eso no pregunten por quién doblan las campanas. Doblan por ti, por mi, por toda la humanidad”.
Si las tinieblas que se abaten sobre nuestros espíritus son grandes, mayores aún son nuestras ansias de luz. No dejemos que esa demencia de la que hemos hablado antes tenga la última palabra.
La palabra mayor y última que resuena en nosotros y nos une a toda la humanidad es la de solidaridad y compasión con las víctimas, es la de paz y sensatez en las relaciones entre los pueblos.
Las tragedias nos dan la dimensión de la inhumanidad de la que somos capaces. Pero también dejan que venga a la luz lo verdaderamente humano que habita en nosotros, más allá de las diferencias de raza, de ideología y de religión. Lo humano en nosotros hace que juntos lloremos, juntos nos enjuguemos las lágrimas, juntos oremos, juntos busquemos la justicia, juntos construyamos la paz y juntos renunciemos a la venganza.
La sabiduría de los pueblos y la voz de nuestra conciencia nos lo testimonian: Un estado que se hizo terrorista, como los Estados Unidos con Bush, no va a vencer al terrorismo. Ni el odio a los imigrantes latinos difundido por Trump traerá la paz. El diálogo incansable, la negociación abierta y el acuerdo justo quitan las bases de cualquier desamparo y cimentan la paz.
Las tragedias que nos alcanzaron en lo más profundo de nuestros corazones nos invitan a repensar los fundamentos de la convivencia humana en esta nueva fase, la planetaria, y cómo cuidar de la Casa común, la Tierra, tal como lo pide el Papa Francisco en su encíclica sobre la ecología integral.
La situación es urgente. Esta vez no habrá un arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. Tenemos que salvarnos todos, la comunidad de vida de humanos y no humanos.
Para eso tenemos que abolir la palabra enemigo. El miedo crea al enemigo. Exorcizamos el miedo cuando hacemos del distante un próximo y del próximo, un hermano y una hermana. Alejamos el miedo y al enemigo cuando empezamos a dialogar, a conocernos, a aceptarnos, a respetarnos, a amarnos, en una palabra, a cuidarnos. Cuidar nuestras formas de convivencia en la paz, la solidaridad y la justicia; cuidar nuestro medio ambiente para que sea un ambiente entero, en el que sea posible el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser; cuidar de nuestra querida y generosa Madre Tierra.
Si nos cuidamos como a hermanos y hermanas desaparecen las causas del miedo. Nadie necesita amenazar a nadie. Podemos caminar de noche por nuestras calles sin miedo a ser asaltados y robados.
Ese cuidado solamente será efectivo si viene acompañado de la justicia necesaria, por la atención a las necesidades básicas de los más vulnerables, si el Estado se hace presente mediante sanidad, escuelas, seguridad y espacios de convivencia, de cultura y de ocio.
Sólo así gozaremos de una paz posible de ser alcanzada cuando haya un mínimo de buena voluntad general y un sentido de solidaridad y de bienquerencia en las relaciones humanas. Este es el deseo básico de la mayoría de los humanos.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor , y ha escrito Ética y espiritualidad: cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano