San José: santo de los sin nombre, de los sin-poder y de los obreros

Junto a los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que representan la inteligencia de la fe, pues son verdaderas teologías acerca de la figura de Jesús, existe una vasta literatura apócrifa (textos no reconocidos oficialmente) que llevan también, entre otros, el nombre de evangelio, como el Evangelio de Pedro, el Evangelio de María Magdalena y la Historia de José, el Carpintero, que vamos a comentar. No han sido aceptados oficialmente porque no se encuadraban en la ortodoxia dominante en los siglos II y III cuando surgió la mayoría de ellos. Obedecen a la lógica del imaginario y llenan el vacío de informaciones de los evangelios, especialmente acerca de la vida oculta de Jesús. Pero han sido de gran importancia para el arte, especialmente en el Renacimiento y en general en la cultura popular. La propia teología hoy, con nuevas hermenéuticas, los valora.

Este apócrifo, La historia de José, el carpintero (edición de Vozes 1990), es rico en informaciones sobre Jesús y José. En realidad se trata de una larga narración que Jesús hace a los apóstoles sobre su padre José. Jesus la inicia así: «Ahora escuchad: voy a narraros la vida de mi padre José, el bendito anciano carpintero».

Y Jesús cuenta que José era un carpintero, viudo, con 6 hijos, cuatro hombres (Santiago, José, Simón y Judas) y dos mujeres (Lisia y Lidia). «Ese José es mi padre según la carne, con quien se unió, como consorte, mi madre María».

Narra la perturbación de José al encontrar a María embarazada sin su participación. Narra también el nacimiento de Jesus en Belén, la huida a Egipto y la vuelta a Galilea. Termina diciendo: «Mi padre José, el anciano bendito, siguió ejerciendo la profesión de carpintero y así con el trabajo de sus manos pudimos manternos. Nunca se podrá decir de él que comió su pan sin trabajar».

Referiéndose a sí mismo, Jesús dice: «Yo por mi parte llamaba a María ‘mi madre’ y a José ‘mi padre’. Les obedecía en todo lo que me ordenaban sin permitirme jamás replicarles una palabra. Al contrario, los trataba siempre con gran cariño».

Continuando, Jesús cuenta que José se casó por primera vez cuando tenía 40 años. Estuvo casado 49 años hasta la muerte de la esposa. Tenía entonces por lo tanto 89 años. Estuvo un año viudo. Desde los esponsales con María hasta el nacimiento de Jesús habrían pasado 3 años. José tendría, pues, 93 años. Estuvo casado con María 18 años. Sumando todo, habría muerto con 111 años.

Después, con detalles, narra que su padre «perdió las ganas de comer y de beber; sintió que perdía la habilidad para desempeñar su oficio». Al acercarse la muerte, José se lamenta profiriendo once ayes. En ese momento Jesús entra en el aposento y se revela como gran consolador. Dice: «Salve, José, mi querido padre, anciano bondadoso y bendito». A lo que José responde: «Salve, mil veces, querido hijo. Al oír tu voz, mi alma recobró su tranquilidad». Enseguida, José recuerda momentos de su vida con María y con Jesús; hasta recuerda el hecho de «haberle tirado de la oreja y amonestado: ‘se prudente, hijo mío’» porque en la escuela hacía travesuras y provocaba al rabino.

Jesús entonces les hace esta confidencia: «Cuando mi padre dijo estas palabras, no pude contener las lágrimas y empecé a llorar, viendo que la muerte se iba apoderando de él». «Yo, mis queridos apóstoles, me puse en su cabecera y mi madre a sus pies… durante mucho tiempo tomé sus manos y sus pies. Él me miraba, suplicando que no lo abandonásemos. Puse mi mano sobre su pecho y sentí que su alma ya había subido a su garganta para dejar el cuerpo».

Viendo que la muerte tardaba en llegar, Jesús hizo una oración fuerte al Padre: «Padre mío misericordioso, Padre de la verdad, ojo que ve y oído que escucha, escúchame: Soy tu hijo querido; te pido por mi padre José, obra de tus manos… Sé misericordioso con el alma de mi padre José, cuando vaya a reposar en tus manos, pues ese es el momento en que más necesita de tu misericordia». «Después él exhaló el espíritu y yo le besé; me eché sobre el cuerpo de mi padre José… cerré sus ojos, cerré su boca y me levanté para contemplarlo». José acababa de fallecer.

En el entierro Jesús hace esta otra confidencia a los apóstoles: “no me contuve y me eché sobre su cuerpo y lloré largamente”. Termina haciendo un balance de la vida de su padre José:

“Su vida fue de 111 años. Al cabo de tanto tiempo no tenía ni un solo diente cariado y su vista no se había debilitado. Toda su apariencia era semejante a la de un niño. Nunca sufrió una indisposición física. Trabajó continuamente en su oficio de carpintero hasta el día en que le sobrevino la enfermedad que lo llevaría a la sepultura”.

Al terminar su relato, Jesús deja el siguiente mandato: “Cuando seáis revestidos de mi fuerza y recibáis el Espíritu Paráclito y seáis enviados a predicar el evangelio, predicad también sobre mi querido padre José”. El libro que escribí sobre San José, tras 20 años de investigación,  incluso en Rusia, quiere responder a este mandato de Jesús.

A decir verdad, José permaneció casi olvidado por la Iglesia oficial. Pero el pueblo guardó su memoria, poniendo el nombre de José a sus hijos e hijas, a ciudades, calles y escuelas. Él es el símbolo de los sin nombre, de los sin poder, de los obreros y de la Iglesia de los anónimos.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito el libro: San José, la personificación del Padre, 2005.

Traducción de Mª José Gavito Milano

La solución para la Tierra no cae del cielo

Lo que voy a escribir aquí será de difícil aceptación para la mayoría de los lectores y lectoras. Aunque lo que diga esté fundado en las mejores cabezas científicas, que hace casi un siglo vienen pensando el universo, la situación del planeta Terra y su eventual colapso o un salto cuántico hacia otro nivel de realización, no ha penetrado sin embargo en la conciencia colectiva ni en los grandes centros académicos. Continúa imperando el viejo paradigma, surgido en el siglo XVI con Newton, Descartes, Francis Bacon y Kepler, atomístico, mecanicista y determinístico como si no hubiese existido un Einstein, un Hubble, un Planck, un Heisenberg, un Reeves, un Hawking, un Prigogine, un Wilson, un Swimme, un Lovelock, un Capra y tantos otros que nos elaboraron la nueva visión del universo y de la Tierra.

Para iniciar cito las palabras del premio Nobel de biología 1974 Christian de Duve que escribió uno de los mejores libros sobre la historia de la vida: Polvo vital: la vida como imperativo cósmico (Norma 1999): «La evolución biológica marcha a ritmo acelerado hacia una grave inestabilidad. Nuestro tiempo recuerda una de aquellas importantes rupturas en la evolución, señaladas por grandes extinciones en masa» (p.355). Esta vez no viene, como en eras pasadas, de algún meteoro rasante que casi eliminó toda la vida, sino del propio ser humano, que puede ser no solo suicida y homicida, sino también ecocida, biocida y finalmente geocida.

Él puede poner fin a la vida en nuestro planeta, dejando solamente los microorganismos del suelo, bacterias, hongos y virus, que se cuentan por trillones de trillones. En razón de esta amenaza montada por la máquina de muerte fabricada por la irracionalidad de la modernidad, se introdujo la expresión antropoceno, una especie de nueva era geológica en la cual la gran amenaza de devastadora se deriva del propio ser humano (antropos). Él ha intervenido y sigue interviniendo de forma tan profunda en los ritmos de la naturaleza y de la Tierra que está afectando las bases ecológicas que los sustentan.

Según los biólogos Wilson y Ehrlich cada año desaparecen entre 70 y 100 mil especies de seres vivos debido a la relación hostil que el ser humano mantiene con la naturaleza. La consecuencia es clara: la Tierra ha perdido su equilibrio y los eventos extremos lo muestran irrefutablemente. Sólo ignorantes como D. Trump niegan las evidencias empíricas bien como los dueños de las petroleras.

En contrapartida, el conocido cosmólogo Brian Swimme coordina en California a una decena de científicos que estudian la historia del universo y se esfuerzan en presentar una salida salvadora. En passant hay que decir que B. Swimme, cosmólogo, y el antropólogo de las culturas Thomas Berry, publicaron, con los datos más seguros de la ciencia, una historia del universo del big-bang hasta nuestros días (The Universe Story, Harper San Francisco, 1992; Uriel 2009 en español) conocido como el trabajo más brillante realizado hasta hoy. La traducción al portugués está hecha, pero por la ignorancia de los editores brasileros no ha sido publicado hasta ahora.

Crearon la expresión era ecozoica o ecoceno, una cuarta era biológica que sucede al paleozoico, al mesozoico y a nuestro neozoico. La era ecozoica parte de una visión del universo en cosmogénesis. Su característica no es la permanencia sino la evolución, la expansión y la auto-creación de emergencias cada vez más complejas que permiten el surgimiento de nuevas galaxias, estrellas y formas de vida en la Tierra, hasta nuestra vida consciente y espiritual. No temen a la palabra espiritual porque entienden que el espíritu es parte del propio universo, siempre presente, pero que en un estadio avanzado de la evolución se tornó en nosotros autoconsciente, percibiéndonos como parte del Todo.

Esta era ecozoica representa una restauración del planeta mediante una relación de cuidado, respeto y reverencia ante ese don maravilloso de la Tierra viva. La economía no es de acumulación sino de lo suficiente para todos, de modo que la Tierra rehaga sus nutrientes.

El futuro de la Tierra no cae del cielo sino de las decisiones que tomamos en el sentido de estar en consonancia con los ritmos de la naturaleza y del universo. Cito a Swimme: «El futuro será dirimido entre aquellos comprometidos con el Tecnozoico, un futuro de explotación creciente de la Tierra como recurso, todo para beneficio de los humanos, y los comprometidos con el Ecozoico, un nuevo modo de relación con la Tierra en el que el bienestar de toda la comunidad terrestre es el interés principal» (p.502).

Si este no predomina conoceremos posiblemente una catástrofe, esta vez efectuada por la propia Tierra, para librarse de una de sus criaturas que ocupó todos los espacios de forma violenta y amenazadora para las demás especies, que, por tener el mismo origen y el mismo código genético, son sus hermanos y hermanas, no reconocidos, sino maltratados e incluso asesinados.

Tenemos que merecer subsistir en este planeta, pero esto depende de una relación amigable con la naturaleza y la vida y una profunda transformación en las formas de vivir. Swimme añade todavía: «No podremos vivir sin aquel insight especial que tienen las mujeres en todas las fases de la existencia humana» (p.501).

Esta es la encrucijada de nuestro tiempo: cambiar o desaparecer. ¿Pero quién cree en esto? Nosotros continuamos a gritar en medio del desierto.

*Leonardo Boff escribió con el cosmólogo Mark Hathaway El Tao de la liberación sobre la nueva cosmología, Vozes 2010, Trotta 2012.

Qué es el cristianismo de liberación

Nota Bene: ocurrió un error: nos es”no aclara lucidamente” sino “lo aclara lucidamente”(positivo)

Para muchos no es claro lo que es un Cristianismo de forma liberadora. Un  sociólogo, especialista em socioología de la religión, viviendo entre dos Continente, Ameria Latina y Europa, lo aclara lucidamente. El nombre es Michael Löwy, cuyo libro tiene exactamente este titulo “Que es  el Cristianismo de liberación“(2016).

Nacido en Brasil, vivió y enseñó en la Sorbona durante muchos años, manteniendo siempre lazos muy estrechos con Brasil y con los movimientos libertarios. Es un hebreo, profundo conocedor de la Biblia, se convirtió, puedo decir sin exageración, en uno de los más perspicaces conocedores de la teología de la liberación latinoamericana. Siempre unió el mundo de la investigación rigurosa con el compromiso transformador, la tradición judeocristiana de la opción por los pobres con su liberación concreta.

Su vasta obra merece ser estudiada y profundizada, pues aporta contribuciones de notable actualidad al momento histórico en que vivimos, con múltiples crisis y bajo la penosa dominación de la cultura del capital.
Dos son las características fundamentales de su obra: el rescate y la recreación de la tradición libertaria de la tradición judeocristiana y marxiana para los contextos actuales.

En ese rescate destaca especialmente el legado judío con nombres que van desde Marx, Heine y Freud a Bloch, Goldman y Benjamin. Sus estudios sobre el romanticismo, no como escuela literaria, sino como visión de mundo, crítica a la sociedad burguesa en nombre de otra percepción de la naturaleza (no como mero medio de producción, sino como realidad viva), son clásicos y de referencia permanente.

Dedicó todo un libro al cristianismo de liberación de América Latina, primero con el título Guerra de los Dioses (Vozes 2000), actualizado ahora con Qué es el cristianismo de liberación (Fundación Perseo Abramo, São Paulo 2016), y sus afinidades e influencias de la tradición crítica. Resaltó el valor de la obra del gran socialista, marxista y espiritualista peruano José Carlos Mariátegui.

La obra Qué es el cristianismo de liberación tiene el mérito de mostrar que los ideales de la revolución y de la liberación no son monopolio de la tradición marxista. Pueden ser y son también ideales de un extracto significativo del cristianismo que toma en serio la herencia del Jesús histórico, el carpintero y campesino mediterráneo, y la opción por los pobres y contra su pobreza, como lo ha hecho el Papa Francisco.

Lo que ocurrió y aún ocurre en lo profundo de la sociedad latinoamericana y de la sociedad-mundo es una verdadera guerra de dioses. El dios mercado y el dios capital buscan crear un sentido final a la vida y a las poblaciones hambrientas de bienes, frustrándolas continuamente, y el Dios vivo de la tradición judeocristiana que desenmascara a ese dios como falso y, por eso, como ídolo.

El Dios vivo toma partido por las clases abandonadas y se materializa en un proceso político de liberación. En su libro Marxismo y Teología de la Liberación (Cortez Editora 1991) dice claramente: «El interés por los pobres es una tradición milenaria de la Iglesia que se remonta a las fuentes evangélicas del cristianismo.

Los teólogos latinoamericanos se sitúan en continuidad con esa inspiración. Para ellos, los pobres ya no son esencialmente objeto de caridad sino sujetos de su propia liberación. Es ahí donde se opera la unión con el principio fundamental del marxismo, a saber: la auto-emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores… Este cambio es la más rica de las consecuencias traídas por los teólogos de la liberación respecto a la doctrina social de la Iglesia» (p.96).

Últimamente se ha ocupado de la ecología, no como un tema entre otros, sino como una cuestión estratégica para la emancipación humana que incluye la naturaleza y el planeta Tierra entero. Es uno de los fundadores mundiales del eco-socialismo. Lo presenta como una ética radical, en el sentido de descender a las raíces de la perversidad que a todos castiga. Propone un cambio de paradigma, una transformación revolucionaria cuyo centro es la vida en sus múltiples formas.

Con eso entramos en la segunda característica de la obra intelectual de Michael Löwy: su capacidad de recreación imaginativa. Su enfoque, por más que venga fundado en los textos críticos con sus debidos contextos, nunca es positivista. Es hermenéutico. Es consciente de que leer es siempre releer y entender implica siempre interpretar. Su objetivo es abastecer al lector/a de categorías, visiones, conceptos y sueños que le permitan entender mejor el presente y fundar un compromiso político-transformador que, para él, va en la línea de la tradición socialista, radicalmente democrática y ecológica.

Por eso, cada libro es inspirador y nos revela cómo las preguntas radicales, que los clásicos del pensamiento emancipador y revolucionario plantearon, guardan permanente actualidad. Y muestra cómo pueden ser iluminadoras para tiempos oscuros y de gran indigencia creativa como los actuales.

En todos sus textos se percibe el esprit de finesse, una fe inquebrantable en la dignidad de los oprimidos, en el futuro de la libertad y en la función político-redentora de la tradición libertaria de la modernidad y de la herencia judeocristiana y marxiana.

Por eso es un compañero fiel de tantos que están en la caminada, en los movimientos sociales como el de los Sin Tierra, en los partidos progresistas, especialmente en el PT, y de los militantes de las Iglesias que, en nombre de su fe bíblica, optaron por la liberación de las masas desposeídas. Con todos éstos mantiene una afinidad electiva que funda una verdadera comunidad de destino. Por eso estamos agradecidos a Michael Löwy por habernos brindado, como hebreo, el presente libro: Qué es el cristianismo de liberación.

* Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito De donde viene: el universo, la vida, el espíritu y Dios, Mar de Ideias, Rio 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Roberto Savio: La responsabilidad política en el colapso de nuestro planeta

ROBERTO SAVIO é um periodista com larga experiência e um dos que mais acompanha a situação ecológica do planeta Terra e as ameaças que pesam sobre nossas cabeças. Este seu artigo é aqui publicado porque completa o meu anterior:”A solução para a Terra não cai do céu”. Ele fornece dados consitentes que reafirmam minha opinião além de suscitar a consciência tão ausente entre nós: Lboff

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                         La responsabilidad política en el colapso de nuestro planeta

Roberto Savio

El 20 de diciembre, los 28 Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea (UE) se reunieron en Bruselas para discutir el plan de reducción de emisiones preparado por la Comisión, para cumplir con el Acuerdo de París sobre cambio climático. Pues bien, lo que está claro (es) que hemos perdido la batalla para mantener el planeta tal como lo conocemos. Por supuesto, esto puede ser considerado como mi subjetiva opinión personal.

Por lo tanto, voy a proporcionar muchos datos, historia y hechos para ser concreto. Los datos y los hechos tienen un apreciable valor: son útiles para todos los debates, mientras que las ideas no. Entonces, si a Ud. no le gustan los hechos, por favor deje de leer aquí. Usted se librará de un artículo aburrido, como probablemente todos los míos, porque no estoy tratando de entretener, sino de crear conciencia. Además, si deja de leer, se ahorrará la oportunidad de conocer nuestro triste destino.

Como es usual ahora en política, los intereses se anteponen a los valores y la visión. Los ministros decidieron (con alguna resistencia de Dinamarca y Portugal), reducir el compromiso de Europa. Esto va al encuentro de Donald Trump, que abandonó el Acuerdo de París, para privilegiar los intereses estadounidenses, sin ninguna atención al planeta. Por lo tanto, Europa simplemente está siguiéndole.

Por supuesto, los que estamos vivos ahora no pagaremos nada: las próximas generaciones serán las víctimas de un mundo cada vez más inhóspito. Pocas de las personas que en 2015 asumieron en París compromisos solemnes en nombre de toda la humanidad para salvar el planeta, estarán vivos dentro de 30 años, cuando el cambio se vuelva irreversible. Y será también evidente que los seres humanos somos los únicos animales que no defendemos ni protegemos nuestro hábitat.

En primer lugar, el Acuerdo de París fue adoptado por los 195 países participantes, de los cuales 171 ya han suscrito el tratado, en sólo dos años, lo cual está muy bien, excepto que el tratado es solo una colección de buenos deseos, sin ningún compromiso concreto. Para empezar, no establece compromisos específicos y verificables. Cada país decidirá sus propios objetivos y será responsable de su implementación. Es como pedir a todos los ciudadanos de un país que decidan cuántos impuestos quieren pagar y que si no los pagan, no hay ninguna sanción.

En París en 2015 Europa se comprometió a llegar a utilizar el 27% de energías renovables (reduciendo el uso de energías fósiles), fijando un objetivo del 20% para el 2020. Pero, del 27%, bajó al 24,3%. Además, los ministros decidieron mantener los subsidios para la industria de energías fósiles hasta el 2030 en lugar del 2020, como estaba previsto. Y aunque la propuesta de la Comisión era que las plantas de energías fósiles perderían los subsidios si no reducían sus emisiones a 500 gramos de CO2 por tonelada para el 2020, los ministros extendieron los subsidios hasta el 2025.

Por último, la Comisión propuso reducir los biocombustibles (a base de productos de consumo humano, como el aceite de palma) al 3,8%. Así, los ministros, contrariamente a todas sus declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo, decidieron duplicarlo, al 7%.

Volvamos ahora al principal defecto del acuerdo de París. Los científicos tardaron dos décadas para concluir con certeza que el cambio climático es causado por las actividades humanas, a pesar de una fuerte oposición, bien financiada por la industria del carbón y del petróleo, que sostenía lo contrario.

El Panel Internacional sobre Cambio Climático, es una organización bajo los auspicios de la ONU, cuyos miembros son 194 países, pero su fortaleza proviene de los más de 2.000 científicos de 154 países que trabajan juntos en el tema del clima.

El debate se prolongó desde 1988 –cuando se estableció el IPCC– hasta 2013, cuando llegaron a una conclusión definitiva: la única manera de detener el rápido deterioro del planeta, consiste en impedir que las emisiones superen los 1,5 grados centígrados sobre la temperatura de la Tierra en 1850. En otras palabras, nuestro planeta ya está deteriorado, y no podemos volver atrás. Hemos quemado demasiada gasolina y emitido demasiados gases contaminantes, que ya están actuando. Pero si detenemos este proceso, aunque nunca podremos cancelar el daño ya causado, que durará algunos miles de años, podemos estabilizar el planeta.

Se considera que la revolución industrial comenzó en 1746, cuando las usinas industriales reemplazaron a los tejedores individuales. Pero comenzó a gran escala en la segunda mitad del siglo XIX, con la segunda revolución industrial. Esto implicó el uso de la ciencia en la producción, inventando motores, ferrocarriles, creando fábricas y otros medios de producción industrial.

Empezamos a registrar las temperaturas en 1850, cuando aparecieron los termómetros. De esta forma, podemos verificar cómo el carbón, los fósiles y otros combustibles comenzaron a interactuar con la atmósfera.

Lo que concluyeron los científicos fue que si superamos los 1,5 grados centígrados con respecto a la temperatura de 1850, cruzaremos irreversiblemente una línea roja: no podremos modificar la tendencia, y el clima quedará fuera de control, con dramáticas consecuencias para el planeta.

La conferencia de París es el acto final de un proceso que comenzó en Río de Janeiro en 1992, con la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde dos líderes ya fallecidos, Boutros Ghali y Maurice Strong, llevaron a cabo la primera cumbre de jefes de Estado sobre el problema del medio ambiente.

Por cierto, vale la pena recordar que Strong, un hombre que dedicó toda su vida a los problemas del medio ambiente, por primera vez abrió la conferencia a los representantes de la sociedad civil, además de las delegaciones gubernamentales. Más de 20,000 organizaciones, académicos y activistas viajaron a Río, iniciando la creación de una sociedad civil global reconocida por la comunidad internacional.

A diferencia de Kioto, se suponía que París sería un acuerdo realmente global, con el fin de incluir la mayor cantidad de países posible. Es un secreto sucio poco conocido que la ONU decidió poner como objetivo no los muy ajustados 1,5 grados centígrados, sino los más apetecibles 2 grados centígrados. Pero desafortunadamente, el consenso es que ya hemos superado los 1,5 grados centígrados. Y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha estimado que los compromisos asumidos por los países en París, si no cambian, nos llevarán a 6 grados centígrados, un aumento que según la comunidad científica haría inhabitable una gran parte de nuestro planeta.

De hecho, en los últimos cuatro años registramos los veranos más calurosos desde 1850. En 2017 tenemos el récord de emisiones en la historia, que han alcanzado 41.5 giga toneladas. De ellos, 90% proviene de actividades relacionadas con los humanos, mientras que las energías renovables (cuyo costo ahora se ha vuelto competitivo con respecto a las energías fósiles), todavía cubren solo el 18% de la energía consumida en el mundo.

Hablaremos ahora de otro secreto sucio importante.

Mientras discutimos sobre cómo reducir el uso de fósiles, estamos haciendo lo contrario. En este momento, gastamos 10 millones de dólares por minuto para subsidiar la industria de los fósiles.

Según la ONU, solo considerando los subsidios directos, estos se sitúan entre 775 mil millones de dólares a 1 billón de dólares. La cifra oficial solo en el G20 es de 444 mil millones. El Fondo Monetario Internacional ya ha aceptado la opinión de economistas que sostienen que los subsidios no son solo dinero en efectivo: es el uso de la tierra y la sociedad, así como la destrucción del suelo, el uso del agua, los aranceles políticos (las llamadas externalidades, el costo que existe, pero que no está incluido en el balance de las empresas). Si tenemos en cuenta esto, llegamos a la friolera de 5.3 billones: fueron 4.9 billones en 2013. Eso representa el 6.5% del Producto Bruto global y eso es lo que les cuesta usar energías fósiles a los gobiernos, a la sociedad y a la tierra.

Este hecho no ha sido difundido por los medios de comunicación. Pocos conocen la fuerza de la industria de los fósiles. Trump quiere reabrir las minas de carbón, no solo porque esto atrae los votos de aquellos que perdieron un trabajo obsoleto, sino porque la industria de los fósiles financia el Partido Republicano. Los multimillonarios hermanos Koch, los mayores propietarios de minas de carbón de Estados Unidos, declararon haber “invertido” 800 millones de dólares en la última campaña presidencial.

Algunos podrían decir que estas cosas suceden en Estados Unidos, pero de acuerdo con la respetada organización Transparencia Internacional, en Europa hay más de 40.000 lobistas que actúan para ejercer influencia política. El Observatorio Corporativo de Europa, que estudia el sector financiero, descubrió que estos grupos de presión gastan 120 millones de euros (143 millones de dólares) al año en Bruselas y emplea a 1.700 cabilderos. Se estableció que presionan sin respetar las normas legales, con más de 700 organizaciones, superando siete veces el número de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

El poder de la industria de fósiles explica por qué en 2009 los gobiernos ayudaron al sector con 557 mil millones de dólares, mientras que toda la industria de las energías renovables recibió solo entre 43 y 46 mil millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía.

Está claro que los ciudadanos no tienen idea de que una parte de su dinero está manteniendo con vida y con mucho lucro a una industria clave en la destrucción de nuestro planeta, que sabe muy bien que hemos superado las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, cuando la línea roja había sido establecida en 350 ppm. Pero la gente no lo sabe, y así continúa esta espectacular fiesta de hipocresía.

En 2015, la ONU realizó una amplia encuesta donde participaron 9,7 millones de personas. Se les pidió que eligieran como prioridades seis de 16 asuntos. El primer elegido, con 6.5 millones de preferencias, fue “una buena educación”. El segundo y el tercero, con más de 5 millones de preferencias, fueron “un mejor sistema de salud” y “mejores oportunidades de trabajo”.

El último de los 16 temas, con menos de 2 millones, fue el “cambio climático”, que también resultó último en las preferencias de los países pobres, pese a que serán las principales víctimas del cambio climático. Los 4,3 millones de participantes, de los países más pobres, pusieron en primer lugar la educación (3 millones de preferencias); el cambio climático fue el último, con 561.000 votos… Ni siquiera en Polinesia, Micronesia y Melanesia, cuyas islas están por desaparecer, el cambio climático apareció en primer lugar. Esta es una prueba contundente de que las personas no se dan cuenta de que hemos llegado al umbral de la supervivencia de nuestro planeta tal como lo conocemos desde hace miles de años.

Por lo tanto, si los ciudadanos no están conscientes y no están preocupados, ¿por qué lo habrían de estar sus políticos? La respuesta es porque son elegidos por los ciudadanos para representar sus intereses y no pueden tomar decisiones fundamentales ¿Cómo suena esto en sus oídos? Cabilderos luchando por intereses, que se presentan ofreciendo empleos y estabilidad.

Y ahora, expongamos un último secreto sucio, para mostrar cuán lejos estamos de alcanzar el control de nuestro clima. Además de lo que ya hemos dicho, hay un tema muy importante que incluso se ha debatido en París: los acuerdos se refieren exclusivamente a la reducción de las emisiones de la industria de los fósiles. Otras emisiones se han ignorado por completo.

Un nuevo filme documental, “Cowspiracy: The Sustainability Secret” (Conspiración: el secreto de la sostenibilidad), producido por Leonardo di Caprio, https://www.youtube.com/watch?v=JyTFZefMvZ8 , ha clasificado muchísimos datos sobre el impacto de la ganadería en el cambio climático. Son considerados de cierta forma exagerados. Pero sus dimensiones son tan grandes que, de todos modos, añaden otro clavo a nuestro ataúd.

Los animales emiten metano, no emiten CO2, pero el metano es al menos 25% más dañino que el CO2. La ONU reconoce que, si bien todos los medios de transporte, desde automóviles hasta aviones, contribuyen al 13% de las emisiones, las vacas lo hacen en un 18%…

Pero el verdadero problema es el uso del agua, un tema clave que no tenemos forma de abordar en este artículo. El agua es considerada incluso por los estrategas militares, como una muy próxima causa de conflictos, como el petróleo lo ha sido durante mucho tiempo.

Para producir medio kilo de carne se necesitan usa 10.000 litros de agua. ¡Eso significa que una hamburguesa es equivalente a dos meses de duchas…! Para obtener 1 litro de leche, se necesitan 1000 litros de agua. Las personas en todo el mundo usan una décima parte de lo que necesitan las vacas. El ganado usa el 33% de toda el agua disponible y el 45% de la superficie aprovechable del planeta. Además, es la causa del 91% de la deforestación de la Amazonía y producen 130 veces más desechos que los seres humanos.

La cría de cerdos en Holanda está creando serios problemas porque sus desechos ácidos están reduciendo las tierras utilizables. Y el consumo de carne está aumentando muy rápidamente en Asia y África, ya que se considera un objetivo a alcanzar los niveles de consumo de los países ricos.

A este grave impacto en el planeta, se ha unido una fuerte paradoja de sostenibilidad para la población humana. Actualmente somos 7,590 millones de personas y pronto llegaremos a 9,000 millones. La producción total de alimentos en el mundo podría nutrir de 13 a 14 mil millones de personas. De estos alimentos, una parte considerable se desperdicia y no llega a las personas (tema para un artículo separado). La comida para los animales podría alimentar a 6 mil millones de personas y tenemos mil millones de personas muriendo de hambre. Esto prueba lo lejos que estamos de utilizar los recursos racionalmente para los habitantes de la Tierra. Tenemos suficientes recursos para todos, pero no los administramos racionalmente. El número de obesos ha igualado al de las personas que mueren de hambre.

La solución lógica en esta situación sería llegar a un acuerdo sobre una gobernanza global, en el interés de un planeta para la humanidad. Sin embargo, vamos en la dirección opuesta. El sistema internacional está asediado por el nacionalismo, que hace cada vez más imposible llegar a soluciones significativas.

Concluyamos con un último ejemplo: sobrepesca. Han pasado dos décadas desde que la Organización Mundial del Comercio (que no forma parte de la ONU y se construyó en disparidad con el foro mundial) trata de llegar a un acuerdo sobre la pesca excesiva con mega redes, que recolectan una enorme cantidad de peces: 2.7 billones, de los cuales solo se usa una quinta parte y se botan los cuatro quintos restantes.

En la última conferencia de la OMC celebrada el 13 de diciembre en Buenos Aires, los gobiernos tampoco pudieron llegar a un acuerdo sobre cómo limitar la pesca ilícita. Los grandes peces han disminuido el 10% desde 1970. Y estamos explotando un tercio de todas las reservas. Se estima que la pesca ilegal coloca entre 10 mil millones y 23 mil millones en el mercado negro, según un estudio de 17 agencias especializadas, con una lista completa de nombres. Y nuevamente, los gobiernos gastan 20 mil millones de dólares por año para financiar el aumento de su industria pesquera… otro ejemplo de cómo los intereses se anteponen al bien común.

Creo que ahora tenemos suficientes datos para darnos cuenta de la incapacidad de los gobiernos para tomar en serio sus responsabilidades, porque disponen de la información necesaria para saber que nos dirigimos hacia un desastre.

En un mundo normal, la declaración de Trump de que el control del clima es un cuento chino, y que se inventó contra los intereses de Estados Unidos, debería haber causado una conmoción global. Además, si bien las políticas internas de Trump son una cuestión estadounidense, el clima está afectando a los 7.590 millones de habitantes del planeta, y Trump fue elegido por menos de una cuarta parte de las personas con derecho a voto de USA: aproximadamente 63 millones. Demasiado poco para imponer decisiones que afectan a toda la humanidad.

Actualmente, los ministros europeos se rigen por un proverbio que dice “el dinero habla y las ideas murmuran…” Hay muchos que se están preparando para especular sobre el cambio climático. Ahora que hemos perdido el 70% de hielo del polo norte y las compañías navieras se preparan a utilizar la Ruta del Norte, lo que reducirá el costo y la duración del transporte en un 17%. Y la industria vinícola británica, desde el calentamiento del planeta, está aumentando la producción en 5% cada año.

Los viñedos plantados en el sur de Inglaterra, con un suelo calcáreo, ahora se los compran los productores de Champagne, que planean mudarse allí. El Reino Unido ya produce 5 millones de botellas de vino y vinos espumosos, los que se venden todos. Esta Navidad, el espumante local superará a los champañas, cavas, prosecco y otras bebidas navideñas tradicionales.

Hemos registrado en vano, el aumento de los huracanes y las tormentas, también en Europa, y una propagación récord de incendios forestales. La ONU estima que al menos 800 millones de personas serán desplazadas por el cambio climático, lo que hará inhabitable varias partes del mundo. ¿A dónde irán? No a los Estados Unidos ni a Europa, donde son vistos como invasores.

No olvidemos que la crisis siria se produjo después de cuatro años de sequía (1996-2000) que desplazó a más de un millón de campesinos a las ciudades. El consiguiente descontento alimentó la guerra, que hasta ahora contabiliza 400,000 muertos y seis millones de refugiados. Cuando los ciudadanos se percaten de los daños, será demasiado tarde. Los científicos piensan que será nítidamente evidente después de treinta años.

Entonces, ¿por qué nos preocupamos ahora? Ese es un problema para la próxima generación. Las multinacionales continuarán ganando dinero hasta el último minuto, con la complicidad de los gobiernos y su apoyo, así que, aprovechemos la marea del cambio climático.

Vamos a comprar una buena botella de champán británico, para beberlo en una línea de cruceros de lujo sobre el Polo, y dejemos que la orquesta siga tocando, ¡como lo hizo en el Titanic hasta el último minuto!

Roma, 3 de diciembre 2017

Roberto Savio es fundador de IPS Inter Press Service y Presidente Emeritus.

Fonte: America Latina en Movimiento on line, janeiro 2018.