De la recesión económica a la depresión psicológica

Estamos en una situación generalizada de crisis sobrepuestas unas a otras y en un ambiente de caos.

Los conceptos de crisis y de caos pueden ayudarnos a entender nuestra realidad contradictoria. Para ilustrar la crisis se usa la palabra china, que está compuesta por dos caracteres: uno expresa riesgo y el otro oportunidad. Efectivamente la crisis contiene el riesgo de desmontar un orden hasta degenerar en la barbarie, pero también puede representar la oportunidad de refundar un nuevo orden. Yo personalmente prefiero el origen filológico de crisis en el sanscrito: se deriva de la palabra kir o kri, que en sanscrito significa limpiar y purificar. De ahí viene la expresión acrisolar: limpiar todo lo que es accidental hasta que aparece lo esencial. Y crisol, recipiente que purifica el oro de las gangas. Las palabras en el chino y en el sanscrito son diferentes, pero el significado es el mismo.

Algo parecido ocurre con el caos según la cosmología contemporánea. Por un lado, es destructivo de un orden dado y por otro es constructor de un nuevo orden diferente. Del caos, nos dice Ilya Prigogine, Nobel de química (1977), nos vino la vida.

Aplicando estos sentidos a nuestra situación, podemos decir que la crisis generalizada y el caos dominante pueden, si no sabemos manejar su energía destructiva, degenerar en barbarie, y si aprovechamos la positiva, alumbrar una nueva configuración social de Brasil.

En el momento actual tenemos la oportunidad de cerrar el ciclo de un tipo de política que nos viene desde la colonia, basado en la conciliación entre sí de las clases acomodadas y siempre de espaldas al pueblo, hoy actualizada por un presidencialismo de coalición. Parece que este modelo de hacer política y de organizar el Estado, controlado por estas clases, que implica grandes negocios turbios y mucha corrupción, ya no puede seguir adelante. Es demasiado destructivo. Lava-Jato ha tenido el mérito de desenmascarar este mecanismo perverso y anti-social. Ojalá surja la posibilidad de una construcción social nueva.

Sin embargo, estas clases dieron el golpe parlamentario interesadas en prolongar este orden que garantizaría sus privilegios, con el propósito de desmantelar los avances sociales de las clases populares emergentes y de alinearse con la lógica del Gran Capital a escala mundial, hegemonizado por Estados Unidos.

Como observó Márcio Pochmann, uno de los mejores analistas de las desigualdades sociales y de la riqueza y pobreza del país, “la élite brasilera escogió el lado equivocado” (El golpe y la traición de las élites: http://www.redebrasilatual.com.br/blogs/blog-na-rede/2017/05/traicao-das-elites).

En vez de asociarse a lo nuevo, a un nuevo arreglo político, económico y social, a la mayor iniciativa de desarrollo multilateral desde el final de la Segunda Guerra Mundial, iniciada en Eurasia, que propone una globalización inclusiva en la que nosotros a través del BRICS estábamos incluidos, escogió la alineación tardía con las fuerzas que detentan la hegemonía mundial bajo la regencia de Estados Unidos. El presupuesto de esta nueva iniciativa de Eurasia está estimado en 26 billones de dólares hasta el año 2030, e incluye a otras 65 naciones, que corresponden a casi 2/3 de la población mundial. Se crean oportunidades de desarrollo, comenzando por los países más necesitados. Aquí podríamos estar y no estamos por causa de nuestra ineptitud y nuestra subordinación.

Ese proyecto apunta hacia un nuevo orden mundial, una especie de keynesianismo global, innovador, con una posible mayor igualdad y justicia social, respetando la soberanía de las naciones.

El grupo en torno a Temer optó por el viejo sistema militarista e imperial cuya seguridad reside en bases militares distribuidas por todo el mundo. Están entre nosotros en Argentina, en Paraguay, en Chile, en Perú, en Colombia y también en Brasil a través de la cesión de la base de Alcántara en el estado de Maranhão.

La venta de tierras a extranjeros, especialmente allí donde existe gran abundancia de agua –por aquí pasa el futuro de la humanidad junto con la biodiversidad– hiere profundamente nuestra soberanía y ofende al pueblo brasilero, celoso de su territorio.

Una vez más estamos perdiendo la oportunidad del lado positivo de la crisis y el caos actuales. Desperdiciamos esta posibilidad única, por falta de un proyecto de nación libre y soberana. Usando una expresión de Jessé Souza, se debe a la “estupidez de la inteligencia brasilera” que está aconsejando a Temer.

El efecto se nota por todas partes: los 14 millones de desempleados, los 61 millones de morosos, la desindustrialización, los 33 navíos en construcción abandonados a la oxidación y la neocolonización impuesta que nos hace solo exportadores de materias primas.

Asistimos, anestesiados, a este crimen contra el futuro del pueblo brasileño. Temer, sometido a varios procesos, cuida de sí mismo en vez de cuidar del pueblo brasilero. Una ola de indignación, de tristeza y de desamparo se está abatiendo sobre casi todos nosotros. De la recesión económica estamos pasando a la depresión psicológica. Si no reaccionamos y no nos armamos de coraje y esperanza, la barbarie podrá estar solo a un paso. Nos negamos a aceptar este ignominioso destino.

*Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito: ¿De dónde viene? Respuestas de la nueva cosmología, Mar de Ideias, Rio 2017.

 

Traducción de Mª José Gavito Milano

Trump é a primeira marca global que chegou à presidência dos USA: N.Klein

Naomi Klein é uma brilhante escritora e ativista social, crítica do sistema capitalista imperante com sua capacidade de reinventar-se para manter sua hegemonia mundial. Naomi que ficou conhecida pelo seu livro “A doutrina do choque” agora nos revela nesta entrevista como esta teoria virou prática política por Trump. Ele criou a marca Trump no mundo inteiro. Não precisa mais ter bens materiais, hotéis, torres e outros negócios. Basta ter a marca e vendê-la pelo mundo afora. A marca Trump para muitos significa poder, riqueza e fazer o que quiser. Naomi Klein nos faz entender esta estratégia e como está sendo aplicada, não mais nos negócios, mas na política interna e mundial, inaugurada por Trump. Esta entrevista nos esclarece muitas coisas de Trump que consideramos bizarras e fora do estilo conhecido de fazer política, mas inauguram uma nova fase, talvez perigosa e letal, mas que deve ser tomada em conta e de modo sério: funcionar com a marca Trump ou qualquer outra e através dela impor-se no mundo inteiro. Noemi nos sugere como enfrentar esta estratégia. Isso vale também para  a política brasileira, especialmente agora que estamos buscando novvos caminhos. Para a atual situação do Brasil sob Temer e os golpistas vale o título do novo livro de Naomi: ““Dizer “não” não é suficiente: temos que resistir às políticas de choque e construir o mundo que necessitamos” ‘”LBoff

Klein: Trump es la primera marca global que ha llegado a ser presidente de EEUU
Amy Goodman y Juan González / Resumen Latinoamericano / LaHaine / 05 de julio de 2017 – Entrevista con Naomi Klein :: Su marca es que él es el jefe y él puede hacer lo que quiera. Hay una guerra de clases televisada
Una década después de que Naomi Klein publicara su ya icónico libro “La doctrina del shock”, la reconocida escritora y activista analiza por qué el presidente Trump representa una forma de shock continuo y cómo hizo campaña para posesionar una marca, más que una campaña política, con el objeto de llegar a la presidencia. El libro de Naomi Klein de más reciente publicación se titula “No Is Not Enough: Resisting Trump’s Shock Politics and Winning the World We Need” (“Decir ‘No’ no es suficiente: Resistiendo las políticas de shock de Trump y logrando el mundo que necesitamos”).

JUAN GONZÁLEZ: En mi opinión, una de las cosas más interesantes en la lectura de su libro, fue ver cómo conecta su larga experiencia trabajando con el asunto de la creación de imagen de marca con cómo el gobierno Trump se ha convertido en la marca del presidente, Y cómo él fue capaz de entender lo importante que es la creación de una imagen de marca cuando estaba haciendo el programa “El aprendiz”.

NAOMI KLEIN : Exacto.

JUAN GONZÁLEZ: De hecho, usted habla de “El aprendiz” y analiza su impacto en la conciencia estadounidense.

NAOMI KLEIN : Sí, creo que tenemos que entender que Trump no está jugando bajo las reglas de la política, sino bajo las reglas de la creación de marcas. Y como usted sabe, en el pasado ha habido conflictos de intereses presidenciales, ha habido presidentes con intereses comerciales, pero nunca había habido una marca global totalmente comercializada como presidente estadounidense, eso no tiene precedentes. La razón de que no tenga precedentes es porque se trata de un modelo de negocio relativamente nuevo. Es un modelo de negocio que fue adoptado por la Organización Trump y que en realidad no existía antes de los años noventa. Es a lo que llamé en mi primer libro “No logo”, el modelo de marca vacío. Y el modelo surge del hecho de que en la historia primitiva de las marcas usted tenía un producto, quizás era arroz, quizás eran frijoles, o zapatos…

Usted era un fabricante que quería que la gente comprara su producto, así que le daba una marca, estampaba un logotipo en el producto. Lo identificaba con algún tipo de imagen icónica como Uncle Ben’s o algo parecido. Usted le daba una especie de personalidad propia. Eso dejó de funcionar en los años ochenta, los clientes entendieron la idea. Quizás, la cita más popular que incluí en “No logo” es de un ejecutivo de publicidad que dijo: “Los consumidores son como las cucarachas: los rocías y los rocías, y se vuelven inmunes después de un tiempo”. Es tan solo una adorable visión de un comercial sobre sobre cómo ven a los clientes. Por lo tanto, la mercadotecnia tuvo que ser más ambiciosa, y empezaron a aparecer este tipo de empresas que se posicionan como marcas “de estilo de vida”. Su mensaje es: “No, no somos empresas basadas en productos. Estamos en el negocio de vender ideas e identidad”. Nike es el perfecto ejemplo de esto último. Phil Knight, presidente ejecutivo de Nike, dio un paso adelante y dijo: “No somos una compañía de zapatillas. No somos una empresa de zapatos. Lo nuestro es la idea de trascender a través del deporte”. Starbucks no era una compañía de café, se trataba de la idea de comunidad. Y en tercer lugar está Disney, que es una familia, y así sucesivamente.

Así pues, las corporaciones tenían sus reuniones en las que se escuchaba: “Tenemos nuestra gran idea”. Esto cambió dramáticamente la industria manufacturera, porque una vez que decides que estás en el negocio de vender ideas en lugar de productos, en realidad no importa quién fabrique tu producto. Lo que quieres es poseer cuanta menos infraestructura física sea posible, ya que tu valor real es tu nombre y cómo lo construyes. Por lo tanto, Trump fue un negocio de tipo más tradicional en la década de los 80. Trump era simplemente un tipo que construía edificios, que los construía y que tenía cierto instinto para la mercadotecnia. Pero lo que cambió la situación para él fue El aprendiz. Fue entonces cuando llegó a darse cuenta de que podía alcanzar la estratosfera de las supermarcas. Y su modelo de negocio cambió: ya no se trataba de construir o comprar edificios, eso era para otros, lo suyo iba a ser construir el nombre “Trump” para luego venderlo y arrendarlo en tantas formas como fuera posible. Así que ahí tienes el agua Trump, los filetes Trump, y la Universidad Trump, considerada por muchos de dudosa reputación. Y todas esas torres, las torres Trump, alrededor del mundo, y los complejos hoteleros Trump, por todo el mundo, de los cuales ninguno es propiedad de la Organización Trump.

Esa Organización Trump recibe millones de dólares de los promotores por el privilegio de poner el nombre Trump a sus torres. Esta idea tiene enormes implicaciones sobre el modo en que entendemos la corrupción existente en lo más profundo de la decisión de Trump de fusionar su marca global con el gobierno de EEUU, que es lo que está pasando en tantos frentes diferentes. Ya que, hablando claro, lo que significa es que cada vez que decimos la palabra “Trump”, hasta cuando lo estamos diciendo de forma negativa, estamos haciendo mercadotecnia para él. Así que con esta demanda que acaba de ser anunciada por los fiscales generales de Nueva York y Washington, DC,…

AMY GOODMAN : De Maryland.

NAOMI KLEIN : Lo siento, de Maryland y Washington, DC, sí. Tal vez Nueva York se una a ello. [Esa demanda] trata sobre algo que tiene que ver con todo eso, en el sentido de que los gobiernos extranjeros están claramente favoreciendo los hoteles Trump como una forma de congraciarse con el presidente. Pero el conflicto va más lejos que todo eso, porque la gran idea de Trump, la idea en el centro de su marca, es que el poder conlleva riqueza. Así, cuanto más poderoso es él, y por supuesto, de alguna forma ha conseguido el trabajo más poderoso del mundo, ese simple hecho está aumentando enormemente el valor de su marca, de la cual sus hijos están cobrando dividendos por todos los frentes vendiendo ese nombre por precios desorbitados. Y por supuesto, Trump, al no despojarse de la Organización Trump, se beneficia de todo ello como presidente.
Así que el conflicto sigue cocinándose, desarrollándose cada segundo que pasa.

AMY GOODMAN : Usted habla de sabotear la marca Trump. ¿Cómo?

NAOMI KLEIN : Sí. La frase “sabotaje cultural” estuvo muy en boga en los años noventa cuando estas supermarcas surgieron y comenzaron a proyectar sus nombres en muchos más planos. Tal vez recuerde algunas de las campañas, como “Just don’t do it” (Simplemente no lo hagas), que denunciaban los talleres en los que los productos de Nike se estaban fabricando, o “Joe Cancer” en lugar de Joe Camel, ese personaje de dibujos animados que básicamente vendía cigarrillos a los niños. Así que he estado pensando en ¿cómo saboteamos la marca Trump? Porque creo que tenemos que aceptar que Trump tiene sus propias reglas del juego. Y esta idea de que vamos a atraparle de algún modo, y que vamos hacerle daño demostrando que es corrupto y que trata a la gente terriblemente… esa es su marca. Su marca es que él es el jefe y él puede hacer lo que quiera. Es lo que él ha estado vendiendo desde hace décadas.

JUAN GONZÁLEZ: Bueno, con respecto a eso.

NAOMI KLEIN : Así que cuanto más se salga con la suya…

JUAN GONZÁLEZ: Para volver al tema de “El aprendiz”, que como usted tan acertadamente describe, se basaba realmente en venderle al pueblo estadounidense una visión del capitalismo salvaje como la forma en la que la gente debería vivir. Y que…

NAOMI KLEIN : Sí, es una guerra de clases televisada. Quiero decir, abre con una imagen de un hombre sin hogar durmiendo en las calles de Nueva York, y luego corta a Trump en su limusina. Y es básicamente como preguntar quién quieres ser: ¿El tipo sin hogar o Trump? Así que de eso se trata. El programa se lanza en un momento en el que la gente entiende que el neoliberalismo no nos va a salvar a todos. Este es un mundo despiadado de ganadores y perdedores. ¿Cuál de ellos quieres ser? Eso fue un enfoque muy acertado por parte de El aprendiz. Y se volvió más brutal a medida que el programa continuaba.

Yo no lo conocía hasta que empecé la investigación para este libro, tengo que admitirlo. Tal vez había visto El aprendiz un par de veces. No sabía que en temporadas posteriores deportaban a la mitad de sus concursantes a tiendas de campaña en el patio trasero. Lo llamaron: “El camping de caravanas de Trump”. Y añadían el sonido de perros aullando por la noche. Esa fue la idea, crear drama a partir de la enorme desigualdad de nuestro sistema económico. Las personas que estaban durmiendo en el patio trasero, los que habían sido deportados al camping de caravanas de Trump, podían mirar por encima de los setos para ver a las personas que vivían en la mansión bebiendo champagne y nadando en la piscina. Creo que eso es parte de su atractivo: no desafiar esta desigualdad masiva sino prometer que si juegas bajo sus reglas terminarás en la mansión. Y que será aún mejor si hay gente que está durmiendo en la calle. Porque tú has ganado.

Creo que este fue el mensaje que el vendió para ser presidente. La promesa de salvar a unos pocos escogidos, a la clase obrera blanca, a expensas de una brutalidad explícita contra la gente de color. Así que, esa fórmula que él perfeccionó, que le era tan rentable, y con la que obtuvo tan buenas audiencias en El aprendiz, se traduce en que ahora el mundo entero es su espectáculo de telerealidad. Como usted sabe, yo cito las palabras de Newt Gingrich en el libro, cuando a Gingrich le preguntaron qué pensaba de que Trump, —y él fue un importante impulsor de Trump— permaneciera como productor ejecutivo de El aprendiz de celebridades. Gingrich, en una inusual crítica hacia Trump, dijo que pensaba que era una mala idea porque Trump era ahora el productor ejecutivo de un espectáculo llamado EEUU. Pensé que fue un momento de sinceridad excepcional. Todos hemos sido contratados como extras en este espectáculo.

AMY GOODMAN : Bueno, creo que los Trump han llamado a esta semana la “semana de El aprendiz”. Él y su hija y consejera Ivanka Trump van a Wisconsin hoy, donde van a visitar Waukesha, en donde se está cerrando una planta de General Electric, y luego se dirigen a Canadá, de donde es usted. Vamos a hablar de todo eso y más con Naomi Klein. Su nuevo libro acaba de salir, se llama “Decir ‘No’ no es suficiente: Resistiendo la política de shock de Trump y logrando el mundo que necesitamos”.

Democracy Now!. Traducido por Rubén Gómez. Extractado por La Haine.

La conciencia persigue al corrupto aunque nadie lo condene

Hay una voz dentro de nosotros que nunca conseguimos acallar. Es la voz de la conciencia. Ella está por encima del orden establecido y de las leyes vigentes. Hay hechos delictivos como violar inocentes, quitar de la boca del hambriento el pan que lo salvaría de la muerte, robar el dinero destinado a la salud y a la educación, practicar la corrupción como verdadero pillaje de millones de reales destinados a las infraestructuras y otros crímenes horrendos. El delincuente puede acostumbrarse a tales prácticas hasta el punto de crear una segunda naturaleza y pensar: «como es cosa de todos, y de nadie en particular, puedo apropiármela». Si ocupa un cargo público dice: «el que se enriquece en esta posición es un listo, quien no lo hace es tonto». La corrupción, endémica en Brasil, se rige por tal sofisma.

Pero nadie se puede librar de la voz interior, la naturaleza primera, que inapelablemente lo acusa y pide castigo. Puede huir como Caín, pero ella continúa, como un tímpano, vibrando dentro de él. El corrupto huye aunque la justicia no lo persiga. ¿Quién ve dentro del corazón, para quien no existen secretos ni cámaras secretas? De nuevo la conciencia: ella juzga, amonesta, corroe por dentro, aplaude y condena.

Las personas de espíritu de ayer y de hoy dan este testimonio: la conciencia es Dios dentro de nosotros. Poco importa el nombre que le demos según las diferentes culturas. Se trata de una instancia que es más alta que nosotros, cuya voz no consigue ser sofocada por el vocerío humano por fuerte que sea. Con acierto escribió Séneca: «La conciencia es Dios dentro de ti, junto a ti y contigo».

Abundan los ejemplos históricos. Voy a referir uno antiguo y otro moderno. En el año 310 el emperador romano Maximiliano mandó diezmar a una unidad de soldados cristianos porque se negaron a matar inocentes. Antes de ser degollados escribieron al emperador: «Somos tus soldados, emperador, pero antes somos siervos de Dios. A ti te hicimos el juramento imperial, pero a Dios prometimos no practicar ningún mal. Preferimos morir a matar. Elegimos ser muertos como inocentes a vivir con la conciencia acusándonos siempre» (Passio Agaunensium, n.9).

Mil quinientos años después, el 3 de febrero de 1944, un soldado alemán y cristiano escribió a sus padres: «Queridos, he sido condenado a muerte porque me he negado a fusilar a presos rusos indefensos. Prefiero morir a llevar toda mi vida sobre mi conciencia la sangre de inocentes. Fue usted, querida madre, quien me enseñó a seguir siempre la conciencia y sólo después las órdenes de los hombres. Ahora ha llegado la hora de vivir esta verdad» (P.Malevezzi & G.Pirelli (org), Letzte Briefe zum Tode Verurteilter, 1955, p.489). Y acabó fusilado.

¿Qué fuerza es ésta que en estos dos pequeños relatos llenó de valor a los soldados romanos y al soldado alemán para poder actuar así? ¿Qué voz es la que los aconsejó antes morir que matar? ¿Qué poder posee esa voz interior hasta el punto de vencer el miedo natural a morir? Es la voz imperiosa de la conciencia. Nosotros no la creamos, por eso no podemos destruirla. Podemos desobedecerla. Negarla. Reprimir los remordimientos. Pero silenciarla, no podemos.

La conciencia es intocable y suprema. El respeto que le debemos es tan grande que hasta la conciencia invenciblemente errónea debe ser escuchada y seguida. Por eso los obispos reunidos en el Concilio Vaticano II (1962-1965) dejaron escrito: «La conciencia aun cuando invenciblemente yerra, no pierde su dignidad» (De dignitate Humana, n. 2).

Tiene una conciencia invenciblemente errónea la persona que empeña todos sus esfuerzos en buscar sinceramente la verdad, preguntando, estudiando, dejándose aconsejar por otros y cuestionándose a sí misma, e incluso así, yerra. Si alguien hace todo esto y se equivoca, tiene derecho a ser respetado y oído porque ha sido consecuente con su conciencia.

Toda persona puede errar trágicamente, con la mejor buena voluntad. Por lo que siempre debe preguntarse si está escuchando o no la voz interior. Blaise Pascal ponderaba sabiamente: «Nunca hacemos tan perfectamente el mal como cuando lo hacemos con buena conciencia». Sólo que esa conciencia no es buena. Albert Camus refiriéndose a la moral de la obediencia ciega escribió: «La buena voluntad puede causar tanto mal como la mala, cuando no está suficientemente bien informada», es decir, cuando no escucha la voz de la conciencia, llamándola a la buena acción.

Escribimos todo esto pensando en la vergonzosa corrupción que ha contaminado nuestra sociedad, prácticamente en todos los niveles, especialmente a los dueños de grandes empresas y a políticos del más alto rango, hasta al desastrado presidente de la república. Son sordos ante su conciencia que los incrimina. Pero llegará el momento en que tendrán responder a alguien más Alto.

*Leonardo Boff es articulista del JB online, teólogo y filósofo, ha escrito El destino del hombre y del mundo, Petrópolis 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

¿Cómo entender la aterradora falta de conciencia de los corruptos?

¿Cómo queda la conciencia de los corruptos que roban millones de las arcas públicas o la de los empresarios que inflan las facturas de los proyectos en millones de reales y pagan propinas millonarias a agentes del Estado? Peor aún: ¿cómo queda la conciencia de los malvados que desvían de la atención sanitaria cientos de millones de reales? ¿Y la de los inhumanos que falsifican remedios y condenan a muerte a los que los necesitan, sin olvidar a los desvergonzados que roban la merienda de la boca de los escolares, que para innumerables pobres representa la única comida del día? Muchos de esos corruptos solo son denunciados. Y por eso mismo se ríen a carcajadas. No es raro que sean cristianos y católicos que, con sus crímenes, continúan manteniendo a Cristo en la cruz en los cuerpos de los crucificados de este mundo.

Para entender esta maldad tenemos que considerar de manera realista la condición humana: ella es simultáneamente dia-bólica y sim-bólica, compasiva y perversa. En el lenguaje concreto de San Agustín, en cada uno de nosotros hay una porción de Cristo, el hombre nuevo, y una porción de Adán, el hombre viejo. Depende del proyecto de nuestra libertad dar más espacio a uno o a otro. Así puede surgir una persona honesta, justa, amante de la verdad y del bien. Y puede crecer también una persona malvada, corrupta y distante de todo lo que es bueno y justo.

Pero no es necesario que sea así. En lo más profundo de nosotros mismos, no obstante la ambigüedad mencionada, hay una primera naturaleza que se expresa por una bondad fontal, por una tendencia hacia lo justo y lo verdadero. Cuanto más penetramos en nuestra radicalidad, más nos damos cuenta de que esa es nuestra verdadera esencia, nuestra naturaleza primera. Pero sin que sepamos cómo ni por qué, sucedió algo en nuestro proceso antropogénico –desafío permanente para los pensadores religiosos y los filósofos de todas las tradiciones– que hizo que nuestra naturaleza primera decayese y se pervirtiese. Immanuel Kant constataba que somos un leño torcido del cual no se consigue sacar una tabla recta.

Como consecuencia, creamos una segunda naturaleza hecha de maldades de todo tipo. Esta terminología se encuentra ya en san Agustín, en santo Tomás de Aquino y posteriormente será retomada por Pascal y Hegel. Está presente en todos los pueblos e instituciones y, a cierto nivel, en cada uno de nosotros. Es el resultado de la secuencia continuada y uniforme de nuestros malos hábitos, que generan una verdadera cultura de distorsiones. Es la cultura de lo negativo en nosotros. Es el reino de la corrupción que se ha naturalizado.

Personalicemos esta segunda naturaleza. Si alguien se habitúa a mentir, a engañar, a robar, a corromper activamente y a dejarse corromper pasivamente, acaba creando en sí esta segunda naturaleza. Roba sin darse cuenta de que esta práctica suya es perversa y anti-ética porque perjudica a los otros o al bien común. Practica todo eso sin culpa y sin remordimientos, porque la corrupción en él se volvió natural, una segunda naturaleza. Siguen con su caradura como se ve en nuestros corruptos que adelgazan, no por la mala conciencia que los corroe por dentro, sino por las pésimas condiciones de las cárceles.

Además de este dato de la condition humaine decadente, el sociólogo Jessé Souza en el libro que va a salir publicado La élite del atraso: de la esclavitud al Lava-Jato nos proporciona un dato de nuestra propia historia: la esclavitud. Esta cosificaba a los esclavos considerándolos “piezas”, objeto de violencia y de desprecio. «Su función era vender energía muscular, como animales» (J.Souza). Ese desprecio ha sido transferido a los nordestinos, a los pobres en general y a los LGBT entre otros discriminados.

En tiempos recientes, buena parte de los adinerados se sintió amenazada por la ascensión de estos condenados de la tierra. Empezó a irritarse porque los veían en los centros comerciales y en los aeropuertos; para ellos bastaba el autobús, jamás el avión. Aquí ya no se trata de corrupción financiera, sino de la corrupción de las mentes y de los corazones, haciendo a las personas inhumanas.

Finalmente, por un cambio de rumbo de nuestra política ante los crímenes de cuello blanco, los dueños de grandes empresas y otros políticos que hicieron, en gran parte, sus fortunas mediante la corrupción, están sintiendo el peso de la justicia, el rigor de las prisiones y el escarnio público. Están detrás de las rejas, hecho inédito en nuestra historia.

El sufrimiento siempre da duras lecciones. Ojalá, por los padecimientos, la primera naturaleza, la conciencia, venga a la superficie y se descubran rehenes de la segunda naturaleza decadente que ellos mismos crearon. Cambien el sentido de su vida y devuelvan el dinero robado. Y como teólogo digo: en el momento supremo de sus vidas, se enfrentarán, trémulos, a los rostros de las víctimas que hicieron por causa de sus corrupciones y que murieron antes de tiempo, en realidad fueron asesinados por ellos. Sus fortunas no los salvarán. ¿Y entonces qué será de ellos?

*Leonardo Boff es articulista del JB online, teólogo y filósofo, ha escrito con Anselm Grün Lo divino en nosotros, Vozes 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano