El destino del empresario fallido Eike Batista nos hace pensar

No podemos juzgar a las personas, pues el juicio le corresponde solo a Dios, pero podemos juzgar sus comportamientos porque son realidades objetivas que pueden encontrarse en otras personas y en otras culturas.
Parece evidente que el comportamiento de Eike Batista se revestía de no poca arrogancia hasta el punto de pretender convertirse en la persona más rica del mundo. Llegó a estar entre los diez más opulentos del planeta. Para eso abrió innumerables frentes de enriquecimiento, colocando en ellos la sigla de su nombre con una X, que significaba la multiplicación: EBX. Pero el comportamiento arrogante hizo fracasar gran parte de sus empresas y lo arruinó como empresario. Finalmente, acabó preso acusado de corrupción, fraudes y lavado de dinero.

Para ilustrar este tipo de comportamiento y las consecuencias sombrías que puede traer me viene a la memoria una fábula de la cultura alemana (Eike tenía también nacionalidad alemana), transmitida por Philipp Otto Runge, un modesto pintor del siglo XIX.

Trata de lo que le sucedió a un matrimonio pobre de pescadores que perdió el sentido de la medida y de los límites. Voy a traducirla del alemán gótico.

Cierto matrimonio vivía en una choza miserable junto a un lago. Todos los días la mujer iba a pescar para comer con su marido. Un día sacó con su anzuelo un pez muy raro que no supo identificar. El pez le dijo: «no me mates, que no soy un pez cualquiera; soy un príncipe encantado, condenado a vivir en este lago; déjame vivir». Y ella lo dejó vivir.

Al llegar a casa, le contó lo ocurrido a su marido. Éste, muy astuto, le sugirió: si realmente es un príncipe encantado puede ayudarnos y mucho. Corre, vuelve allí y prueba a pedirle que transforme nuestra choza en un castillo. La mujer, rezongando, fue. Llamó a voces al pez. El pez vino y le dijo: «¿qué quieres de mí?» Ella le respondió: «tú debes ser poderoso, ¿podrías transformar mi choza en un castillo?». «Tu deseo será cumplido», respondió el pez.

Cuando volvió a casa, se encontró con un imponente castillo, con torres y jardines, y al marido vestido de príncipe. Al cabo de unos días, señalando hacia los campos verdes y las montañas, el marido dijo a la mujer: «Todo esto puede ser nuestro reino; vete al príncipe encantado y pídele que nos dé un reino». La mujer se enojó por el deseo exagerado del marido, pero acabó yendo. Llamó al pez encantado y éste vino. «¿Qué quieres de mí ahora?», le preguntó el pez. A lo que la pescadora respondió: «me gustaría tener un reino con tierras y montañas hasta donde se pierde la vista. «Tu deseo será cumplido», respondió el pez.

Y, al volver a su casa, encontró un castillo todavía mayor. Y dentro de él a su marido vestido de rey, con una corona en la cabeza, y rodeado de príncipes y princesas… Y los dos disfrutaron durante un buen tiempo de todos los bienes que los reyes suelen disfrutar.

Pero un día el marido soñó con algo más alto, y dijo: «Mujer mía, podrías pedir al príncipe encantado que me haga papa con todo su esplendor». La mujer se indignó. «Eso es absolutamente imposible. Papa solamente existe uno en el mundo». Pero él la presionó tanto que finalmente la mujer fue a pedir al príncipe: «quiero que hagas papa a mi marido». «Pues que se cumpla tu deseo», respondió el pez.

Cuando regresó vio a su marido vestido de papa, rodeado de cardenales con sus trajes rojos, obispos con sus cruces de oro, y multitudes arrodilladas delante de ellos. Ambos quedaron deslumbrados. Pero pasados unos días, el marido dijo: «sólo me falta una cosa y quiero que el príncipe me la conceda, quiero hacer nacer el sol y la luna, quiero ser Dios».

«Eso, el príncipe encantado seguramente no lo podrá hacer», dijo la mujer pescadora. Pero, aturdida después de una grandísima insistencia, fue al lago. Llamó al pez. Y éste le preguntó: «¿qué más quieres de mí?». Ella, temblando, le pidió: «quiero que mi marido sea Dios».

El pez se estremeció, y le dijo: «vuelve a casa y tendrás una sorpresa». Al regresar, encontró a su marido sentado delante de la choza, pobre y todo desfigurado. Creo que ambos todavía deben seguir allí…

Mutatis mutandis ¿no tiene un parecido con el caso de Eike Batista el empresario millionario en fallido?

Los griegos llamaban a este comportamiento hybris, es decir, excesiva pretensión y arrogancia. Y decían que los dioses inexorablemente castigaban tal actitud. Más humilde fue San Francisco que decía: “deseo poco y lo poco que deseo es poco”.

*Leonardo Boff es columnista del JB online y escribió Comensalidad: comer y beber juntos y vivir en paz, Sal Terrae 2006.

Traducción de María Jose Gavito Milano

Trump: ¿una nueva etapa de la historia?

Ya hace años se notaba, un poco en todas partes del mundo, la ascensión de un pensamiento conservador y de movimientos que se definían como de derechas. Con eso se apuntaba a un tipo de sociedad en la cual el orden prevalecía sobre la libertad, los valores tradicionales se imponían a los modernos, y la supremacía de la autoridad se sobreponía a la libertad democrática.
Este fenómeno se deriva de muchos factores, pero principalmente por la erosión de las referencias de valor que daban cohesión a una sociedad y proporcionaban un sentido colectivo de convivencia. El predominio de la cultura del capital con sus propósitos ligados al individualismo, a la acumulación ilimitada de bienes materiales y principalmente a la competición dejando de hecho escaso espacio para la cooperación, contaminó prácticamente a toda la humanidad, generando confusión ético-espiritual y pérdida de pertenencia a una única humanidad, habitando una Casa Común. Emergió la sociedad líquida, en el lenguaje de Bauman, en la cual nada es sólido, a lo que hay que añadir el espíritu posmoderno del every thing goes, del vale todo, en la medida en que lo que cuenta es realizar el objetivo buscado por cada uno, de acuerdo a sus preferencias.
Ante esta dilución de estrellas-guía surgió su opuesto dialéctico: la búsqueda de seguridad, de orden, de autoridad, de normas claras y de caminos bien definidos. En la del conservadurismo y de la derecha en política, en ética y en religión se encuentra este tipo de visión de las cosas. Está a un paso del fascismo como se verificó en la Alemania de Hitler y en la Italia de Mussolini.
En Europa, en América Latina y en Estados Unidos estas tendencias han ido ganando fuerza social y política. En Brasil este espíritu conservador, derechista fue el que moldeó el golpe de clase jurídico-parlamentario que destituyó a la Presidenta Dilma Rousseff. Lo que siguió ha sido la implantación de políticas claramente de derechas, anti-pueblo, negadoras de derechos sociales y retrógradas en términos culturales.
Pero esa tendencia conservadora ha alcanzado su dimensión más expresiva en la potencia central del sistema-mundo, Estados Unidos, confirmada por la elección de Donald Trump como presidente de ese país. Aquí el conservadurismo y la política de derechas se muestran sin metáforas y de forma descarada e incluso áspera.
En sus primeros actos, Trump ha empezado a desmontar las conquistas sociales alcanzadas por Obama. Nacionalismo, patriotismo, conservadurismo, aislacionismo son sus características más claras.
Su discurso inaugural es aterrador: “de hoy en adelante una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este momento Estados Unidos será lo primero”. Lo “primero” (first) aquí debe ser entendido como “sólo (only) Estados Unidos va a contar”. Radicaliza su visión al término de su discurso con evidente arrogancia: ”Juntos haremos que Estados Unidos vuelva a ser fuerte. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser própero. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser orgulloso. Haremos que Estados Unidos vuelva a ser seguro de nuevo. Y juntos haremos que Estados Unidos sea grande de nuevo”.
Subyacente a estas palabras funciona la ideología del “destino manifiesto”, de la excepcionalidad de Estados Unidos, siempre presente en los presidentes anteriores inclusive en Obama. Es decir, Estados Unidos posee una misión única y divina en el mundo, la de llevar sus valores de derechos, de la propiedad privada y de la democracia liberal al resto de la humanidad.
Para él, el mundo no existe. Y si existe es visto de forma negativa. Rompe los lazos de solidaridad con los aliados tradicionales como la Unión Europea y deja a cada país libre para eventuales aventuras contra sus contendientes históricos, abriendo espacio al expansionismo de potencias regionales, incluyendo eventualmente guerras letales.
De la personalidad de Trump se puede esperar todo. Habituado a negocios tenebrosos como son, de modo general, los negocios inmobiliarios neoyorquinos, sin ninguna experiencia política, puede desencadenar crisis enormemente amenazadoras para el resto de la humanidad, como por ejemplo, una eventual guerra contra China o Corea del Norte, donde no se excluiría la utilización de armas nucleares.
Su personalidad denota características psicológicas desviadas, narcisista y con un ego superinflado, mayor que su propio país.
La frase que nos asusta es esta: de hoy en adelante una nueva visión gobernará la tierra. No sé si está pensando solo en Estados Unidos o en el planeta Tierra. Probablemente las dos cosas para él se identifican. Si fuera verdad, tendremos que rezar para que no ocurra lo peor para el futuro de la civilización.

*Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito: Convivencia, respeto y tolerancia, Sal Terrae 2006.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Crisis en la UERJ: el gobierno está secando la savia de la vida intelectual y artística de Río de Janeiro

Ya se ha dicho casi todo y se ha hecho todo en términos de crítica, de manifestaciones de profesores, de alumnos, artistas e intelectuales, en el sentido de salvar uno de los patrimonios culturales más queridos de la ciudad de Río de Janeiro: la Universidad de Río de Janeiro, fundada en 1950. Quiero referir un testimonio personal de los años en que fui profesor de ética y de filosofía de la religión en esta universidad, que tuvo la generosidad de ofrecerme una cátedra después de haber sido condenado al “silencio obsequioso” por las autoridades doctrinales del Vaticano. Posteriormente ingresé por concurso público. Pero antes vale recordar una política ejemplar venida de Cuba.

A la disolución política de la Unión Soviética que apoyaba económicamente a Cuba en el marco de una política de solidaridad, siguió una formidable crisis generalizada, pues la nueva Rusia no estaba en condiciones de seguir ayudando al país. Lo entregó a su propia suerte. Todo fue duramente reducido y reajustado, pero dos campos permanecieron intocables: la salud y la educación. Ahí se mantuvieron todas las inversiones necesarias. Es bien conocido el alto nivel de la educación y de la sanidad en Cuba. La razón era obvia: un pueblo enfermo e ignorante nunca podrá llevar adelante ningún proyecto nacional.

Pero esto no es lo que ocurre en Brasil. Han hecho recortes en la salud y en la educación. Parece que la falta de educación y de salud obedece a la lógica de la dominación de las clases adineradas y del Estado rehén de sus estrategias. Es más fácil explotar a un pueblo ignorante y enfermo que al sano y educado. Gran parte del analfabetismo y de la falta de asistencia sanitaria tiene raíces políticas, lo que es éticamente inhumano y políticamente perverso.

Asistir al derribo de la UERJ, una de las mejores universidades del país, con méritos en casi todos los campos del saber y de la investigación, la primera en abrirse a la política de cuotas ante la carencia de pobres y negros, es aceptar que se mate la savia de la creatividad y se cierre el horizonte de un futuro de la actual generación de estudiantes y de profesores. Bien decía Celso Furtado en El largo amanecer: «Una sociedad sólo se transforma si tiene capacidad de improvisar, de tener o no acceso a la creatividad: esta es la cuestión» (1999, p.67). Lo que caracterizaba a la UERJ era y sigue siendo su creatividad, su apertura a fronteras nuevas, ya sea ligadas a la investigación de punta en varias áreas técnicas y en la salud –la primera en introducir la medicina integral– ya sea su articulación con las bases populares con cursos de extensión en la formación de líderes, en derecho social y educación en derechos humanos en varios municipios, su actuación valerosa en los conflictos de tierras.

Acepté ser profesor de esta universidad con la condición de que mis aulas fuesen abiertas a quien quisiera de las comunidades y a otros interesados. Siempre había representantes de las bases que animaban las discusiones, pues ellos no hablan palabras, hablan cosas. Mi preocupación en filosofía era llevar a los estudiantes a pensar por sí mismos y a tomar como temas de tesis realidades brasileras. No basta saber lo que Aristóteles, Heidegger, Habermas, Bergson, Deleuse o Gatarri sabían. Es importante pensar lo que sabemos. De ahí nacieron tesis brillantes, como por ejemplo, una sobre el profeta Gentileza, otra sobre espiritualidad en los tiempos modernos en diálogo con la psicología analítica de C.G. Jung. Una estudiante embarazada debía observarse en las varias fases del embarazo y hacer una lectura filosófica-fenomenológica del sentido de vida que se iba revelando en ella. Produjo un texto digno de publicación. Son algunos ejemplos entre otros muchos.

Con todo, lo que más me impresionó de esta Universidad, de la cual tengo los mejores recuerdos y cuyo nombre llevé a todos los países en los cuales di conferencias y cursos, a Rusia, a China y entre los samis (esquimales) cerca del polo norte, fue el ambiente de apertura y de representación de lo que es el Brasil real, con la presencia de estudiantes provenientes de las clases populares de la Baixada Fluminese, la coexistencia sin discriminación de negros y blancos, la orientación social de toda la enseñanza de la universidad, con un fuerte acento en la construcción de una nación libre, creativa, soberana e insumisa a las lógicas de la dominación. Hay que recordar la resistencia de la UERJ a la dictadura militar con la muerte de un estudiante por los órganos de represión.

El lema de las manifestaciones es “luto y lucha”: luto por la agonía de este centro de excelencia y lucha para garantizar su existencia contra el deterioro y su eventual privatización. Salvar la UERJ es mantener la savia de la vida intelectual y artística de la ciudad y permitir que Brasil entero se beneficie de sus servicios serios y excelentes.

*Leonardo Boff es profesor retirado de la UERJ, siempre abierto a participar en charlas y mesas redondas.

Traducción de Mª José Gavito Milano

He aquí a un hombre-hombre: el indígena Ailton Krenak

En medio de la babel de los discursos políticos, golpistas y anti-golpistas de la actualidad es refrescante y animador entrar en contacto con el pensamiento y la visión de la realidad de este destacado líder de los pueblos originarios que es Krenak. Al final de la lectura de las entrevistas y textos recogidos en el libro “Ailton Krenak: encuentros” (Azouge La editorial, Río de Janeiro, 2015) nos lleva a exclamar: “He aquí un hombre entero e integral, un verdadero” Burum “(ser humano, en lengua krenak).

Nació en 1953 en la familia indígena de los Krenak que se encuentra en el Valle del Río Doce, en la frontera de Espírito Santo y Minas Gerais. Bajo su dirección se crearon dos órganos importantes para la causa indígena: la Unión de las Naciones Indígenas (UNI) que articula alrededor de 180 etnias diferentes y la Alianza de los Pueblos del Bosque. Se alfabetizó tardíamente, pero para él este hecho no tiene el significado que nosotros le atribuimos. “La escritura y lectura para mí, no es una virtud mayor que caminar, nadar, trepar a los árboles, correr, cazar, hacer un cesto, un arco, una flecha”.

La gran enseñanza viene de las tradiciones sagradas de las tribus y de la inserción en la naturaleza y en el universo. Irónicamente observa: “Mi abuelo vivió hasta los 96 años. Para mi pueblo era un sabio y un guerrero; para el gobierno brasileño era un niño, un sujeto que debía ser vigilado y tutelado”.

Contra este tipo de interpretación y de política Krenak ha lanzado duras críticas. Fue famoso su discurso el 4 de septiembre de 1987 en la Asamblea Nacional Constituyente. Delante de todos se pintó de luto y se vistió con los símbolos indígenas. Era una protesta en contra de la forma como han sido tratados históricamente. Denunciaba: “Hoy somos el blanco de una agresión que tiene como objetivo tocar, en su esencia, nuestra fe y nuestra confianza… los indígenas han regado con sangre cada hectárea de los 8 millones de kilómetros cuadrados de Brasil”. Pero quedó contento con las leyes aprobadas a favor de los pueblos originarios en la Constitución, a pesar de que se violen continuamente.

Nunca debemos olvidar una de las páginas más vergonzosas y crueles de nuestra historia. Don Juan VI apenas llegó a Brasil decretó por Carta Regia del 13 de de mayo de 1808 una guerra ofensiva contra lo que ellos llamaban botocudos (el adorno que utiliza el labio, el botoque). En ella se decretaba: debéis considerar como iniciada contra estos indios caníbales una guerra ofensiva que seguiréis siempre en todos los años en la estación seca y que no tendrá fin, sino cuando tengáis la felicidad de enseñorearos de sus casas y de capacitarlos de la superioridad de mi armas reales, de tal manera que, movidos por el terror de las mismas, soliciten la paz y la sujeción al suave yugo de las leyes. Nada más arrogante y mentiroso (no eran antropófagos) que semejante texto. Los Krenak casi fueron exterminados. Pero se internaron en el bosque y poco a poco se rehicieron como una tribu valiente, inteligente y guerrera que generó a Ailton Krenak.

La lucha principal de Ailton es la preservación de la identidad tribal, sea en sus territorios, sea en las zonas urbanas. Muestra los errores de los intentos de aculturarlos para incorporarlos a la sociedad nacional, con el fin de civilizarlos, sin darse cuenta de la inmensa sabiduría ancestral de la que son portadores y de la profunda comunión que viven con la naturaleza y el universo. En la actualidad, en medio de la crisis ecológica universal, se muestran nuestros maestros y doctores.

“Somos indios solamente para los blancos”, dice Krenak. Nosotros tenemos nuestra identidad y nombre: krenak, yanomami, guaraní kaiowá y otros. “Para nosotros no existe América Latina; existe el universo”.

Él y su tribu son profundamente religiosos. Él dice: “Yo practico, pero no tengo que ir a un templo, no tengo que ir a una misa. Me relaciono con mi Creador, me relaciono con la naturaleza y con los fundamentos de la tradición de mi pueblo”. En otra entrevista, dijo: “Los Krenak piensan que somos parte de la naturaleza, los árboles son nuestras hermanos, las montañas piensan y sienten. Esto es parte de nuestra sabiduría, de la memoria de la creación del mundo”. Aquí surge la misma experiencia de San Francisco de Asís y nos recuerda la encíclica sobre la ecología integral del Papa Francisco. Con valor defiende lo sagrado que está en todas las cosas.

Recuerdo que en uno de los primeros congresos habidos en Brasil me tocó exponer la visión de San Francisco sobre la fraternidad universal, con el sol y con todos los seres. Al final, dijo el jefe y chamán yanomami Davi Kopenawa: “este no es un santo católico; es como nosotros, un indígena”.

Por último vale la pena escuchar este testimonio de Ailton Krenak: “Creo que hubo un descubrimiento de Brasil por los blancos en 1500 y después un descubrimiento de Brasil por los indios en 1970 y 1980. El que vale es este último. Los indios descubrieron que, a pesar de que son simbólicamente los propietarios de Brasil, no tienen dónde vivir en este país. Ellos tendrán que hacer que este lugar exista día a día expresando su visión del mundo, su potencia como seres humanos, su pluralidad, su deseo de ser y de vivir”. Debemos todos apoyar este justo desideratum.

*Leonardo Boff é articulista del JB online y ha escrito: O casamento do Céu com a Terra, Mar de Ideias, Rio 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano