No hay más recursos en la despensa de la Casa Común

La Tierra es un planeta pequeño, viejo, con 4,44 mil millones de años de edad, con 6.400 km de radio y 40.000 km de circunferencia. Hace 3,8 mil millones de años surgió en él todo tipo de vida y hace unos 7 millones, un ser consciente e inteligente, altamente activo y amenazador: el ser humano. Lo preocupante es que la Tierra ya no tiene reservas suficientes en su despensa para proporcionar alimentos y agua a sus habitantes. Su biocapacidad se va debilitando día a día.

El día 13 de agosto fue el Día de la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshooting Day). Es lo que nos informó la Red de la Huella Mundial (Global Footprint Network) que, junto con otras instituciones como WWF y Living Planet siguen sistemáticamente el estado de la Tierra. La huella ecológica humana (la cantidad de bienes y servicios que necesitamos para vivir) ha sido sobrepasada. Las reservas de la Tierra se han agotado y necesitamos 1,6 planetas para atender nuestras necesidades, sin considerar aquellas muy importantes de la gran comunidad de vida (fauna, flora, micro-organismos). En palabras de nuestro diario vivir: nuestra tarjeta de crédito está en números rojos.

Hasta 1961 necesitábamos solamente del 63% de la Tierra para atender nuestras demandas. Con el aumento de la población y del consumo, en 1975 necesitábamos ya el 97% de la Tierra. En 1980, el 100,6%, la primera Sobrecarga de la Huella Ecológica Planetaria. En 2005 alcanzábamos ya la cifra de 1,4 planetas. Y actualmente, en agosto de 2015, 1,6 planetas.

Si hipotéticamente, nos dicen los biólogos y cosmólogos, quisiésemos universalizar el tipo de consumo que los países opulentos disfrutan, serían necesarios 5 planetas iguales al que tenemos, lo cual es absolutamente imposible además de irracional (cf. R. Barbault, Ecologia geral, 2011, p.418).

Para completar el análisis debemos tener en cuenta la investigación sobre “Los límites planetarios: una guía para el desarrollo humano en un planeta en mutación”, hecha por 18 científicos y publicada en la prestigiosa revista Science de enero de 2015 (hay un buen resumen en IHU de 09/02/2015). En ella se enumeran 9 fronteras que no pueden ser violadas, en caso contrario ponemos en peligro las bases de la vida en el planeta (cambios climáticos; extinción de especies; disminución de la capa de ozono; acidificación de los océanos; erosión de los ciclos de fósforo y nitrógeno; abusos en el uso de la tierra, como deforestaciones; escasez de agua dulce; concentración de partículas microscópicas en la atmósfera que afectan al clima y a los organismos vivos; introducción de nuevos elementos radioactivos, nanomateriales, microplásticos).

Cuatro de las 9 fronteras ya han sido sobrepasadas, pero dos de ellas – el cambio climático y la extinción de las especies– que son fronteras fundamentales, pueden llevar a nuestra civilización a un colapso. Fue lo que concluyeron los 18 científicos.

Tal dato pone en jaque el modelo vigente de análisis de la economía de la sociedad mundial y nacional, medida por el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Este implica una profunda intervención en los ritmos de la naturaleza y la explotación de los bienes y servicios de los ecosistemas con vistas a la acumulación y con ello al aumento del PIB. Este modelo es una falacia pues no considera el tremendo estrés al que somete a todos los servicios ecosistémicos globales que garantizan la continuidad de la vida y de nuestra civilización. De forma irresponsable e irracional considera tal hecho, con sus graves consecuencias, como “externalidades”, es decir, como factores que no entran en la contabilidad nacional e internacional de las empresas.

Y así, alegremente, vamos al encuentro de un abismo que se abre delante de nosotros. Curiosamente, en las discusiones sobre temas económicos que se organizan semanalmente en las televisiones, nunca o casi nunca se hace referencia a los límites ecosistémicos de la Tierra. Con raras excepciones, los economistas parecen ciegos y cegados por las cifras del PIB, rehenes de un paradigma anticuado y reduccionista para analizar la economía concreta que tenemos. Si todas las fronteras fuesen violadas, como todo parece indicar, ¿qué sucederá con la Tierra viva y la humanidad? Tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumo, las formas de producción y de distribución como no se cansa de repetir la encíclica del Papa Francisco sobre “El cuidado de la Casa Común”. Pero sobre eso los analistas no dicen ni una sola palabra. Mal imaginan que podemos conocer un “armagedón” ecológico-social sin precedentes.

Imaginemos al planeta Tierra como un avión de pasajeros. Tiene alimentos, agua y combustible limitados. El 1% viaja en primera clase; el 5% en ejecutiva y el 95% en clase económica o junto a los equipajes con un frío aterrador. Llega un momento en que todos los recursos se agotan. El avión planea un poco y luego se precipita, acabando con todos los pasajeros de todas las clases.

¿Queremos este destino para nuestra única Casa Común y para nosotros mismos? No tenemos alternativa: o cambiamos nuestros hábitos o iremos desapareciendo lentamente como los habitantes de la isla de Pascua hasta quedar solamente algunos representantes, tal vez envidiando a los que murieron antes. Ciertamente, no hemos sido llamados a la existencia para conocer un fin tan trágico. Seguramente “el Señor, soberano amante de la vida” (Sab 11,26) no lo permitirá. No será por un milagro sino mediante nuestro cambio de hábitos y con la cooperación de todos.

Leonardo Boff escribió Proteger la Tierra-cuidar la vida: como escapar del fin del mundo, Nueva Utopía, Madrid, 2011.

Traducción de MJ Gavito Milano

Como cuidar de nuestra Casa Común

Hoy, para cuidar de la Tierra, como nos sugirió detalladamente el Papa Francisco en su encíclica “Cuidado de la Casa Común”, se exige «una conversión ecológica global», «cambios profundos en los estilos de vida, en los modelos de producción y de consumo, en las estructuras consolidadas de poder» (n.5). Este propósito jamás será alcanzado si no amamos efectivamente a la Tierra como nuestra Madre y sabemos renunciar y hasta sufrir para garantizar su vitalidad para nosotros y para toda la comunidad de vida (n.223). La Madre Tierra es la base que sustenta y alimenta todo. Nosotros no podemos vivir sin ella. La agresión sistemática que ha sufrido en los últimos siglos le quitó el equilibrio necesario. Eventualmente podrá seguir adelante durante siglos, pero sin nosotros.

El 13 de agosto de este año fue el Día de la Sobrecarga de la Tierra (The Overshoot Day), día en que se constató la superación de la biocapacidad de la Tierra para atender las demandas humanas. Necesitamos 1,6 planetas para satisfacerlas. En otras palabras, esto demuestra que nuestro estilo de vida es insostenible. En ese cálculo no están incluidas las demandas de toda la comunidad de vida. Esto vuelve más urgente nuestra responsabilidad por el futuro de la Tierra, el de nuestros compañeros de recorrido terrenal y de nuestro proyecto planetario.

¿Cómo cuidar de la Tierra? En primer lugar hay que considerar a la Tierra como un Todo vivo, sistémico, en el cual todas las partes son interdependientes y están inter-relacionadas. La Tierra-Gaia fundamentalmente está constituida por el conjunto de sus ecosistemas, con la inmensa biodiversidad que existe en ellos, y con todos los seres animados e inertes que coexisten y se interrelacionan siempre, como no se cansa de afirmar el texto papal, muy en la línea del nuevo paradigma ecológico.

Cuidar de la Tierra como un todo orgánico es mantener las condiciones prexistentes desde hace millones y millones de años que propician la continuidad de la Tierra, un superEnte vivo, Gaia. Cuidar de cada ecosistema es comprender las singularidades de cada uno, su resiliencia, su capacidad de reproducción y mantener las relaciones de colaboración y de mutualidad con todos los demás, ya que todo está relacionado y es incluyente. Comprender el ecosistema es darse cuenta de los desequilibrios que pueden ocurrir por interferencias irresponsables de nuestra cultura, voraz de bienes y servicios.

Cuidar de la Tierra es principalmente cuidar de su integridad y vitalidad. Es no permitir que biomas enteros o toda una vasta región sea deforestada y así se degrade, alterando el régimen de lluvias. Es importante asegurar la integridad de toda su biocapacidad. Esto vale no solo para los seres orgánicos vivos y visibles, sino principalmente para los microorganismos. En realidad son ellos los ignotos trabajadores que sustentan la vida del Planeta. Nos dice el eminente biólogo Edward Wilson que «en un solo gramo de tierra, o sea, menos de un puñado, viven cerca de 10 mil millones de bacterias, pertenecientes hasta a 6 mil especies diferentes» (La creación, 2008, p.26). Por ahí se demuestra, empíricamente, que la Tierra está viva y es realmente Gaia, un superorganismo viviente y nosotros, la porción consciente e inteligente de ella.

Cuidar de la Tierra es cuidar de los “commons”, es decir, de los bienes y servicios comunes que ella gratuitamente ofrece a todos los seres vivos como agua, nutrientes, aire, semillas, fibras, climas etc. Estos bienes comunes, precisamente por ser comunes, no pueden ser privatizados y entrar como mercancías en el sistema de negocios, como está ocurriendo velozmente en todas partes. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, inventario pedido por la ONU hace unos años, en la cual participaron 1.360 especialistas de 95 países, revisados por otros 800 científicos, arrojaron resultados aterradores. De los 24 servicios ambientales esenciales para la vida, como agua, aire limpio, climas regulados, semillas, alimentos, energía, suelos, nutrientes y otros, 15 estaban altamente degradados. Esto muestra claramente que las bases que sustentan la vida están amenazadas.

De año en año, todos los índices van empeorando. No sabemos cuando va a parar ese proceso destructivo o si se transformará en una catástrofe. Si hubiera una inflexión decisiva como el temido “calentamiento abrupto”, que haría que el clima subiese de 4 a 6 grados centígrados, como advirtió la comunidad científica norteamericana, conoceríamos destrucciones apocalípticas que afectarían a millones de personas. Confiamos en que todavía vamos a despertar. Sobre todo creemos que “Dios es el Señor soberano amante de la vida” (Sb 11,26) y no dejará que suceda semejante armagedón.

Cuidar de la Tierra es cuidar de su belleza, de sus paisajes, del esplendor de sus selvas, del encanto de sus flores, la diversidad exuberante de seres vivos de la fauna y de la flora.

Cuidar de la Tierra es cuidar de su mejor producción que somos nosotros, los seres humanos, hombres y mujeres especialmente los más vulnerables. Cuidar de la Tierra es cuidar de aquello que ella a través de nuestro genio ha producido en culturas tan diversas, en lenguas tan numerosas, en arte, en ciencia, en religión, en bienes culturales especialmente en espiritualidad y religiosidad, por las cuales nos damos cuenta de la presencia de la Suprema Realidad que subyace a todos los seres y nos lleva en la palma de su mano.

Cuidar de la Tierra es cuidar de los sueños que ella suscita en nosotros, de cuyo material nacen los santos, los sabios, los artistas, las personas que se orientan por la luz y todo lo que de sagrado y amoroso ha surgido en la historia.

Cuidar de la Tierra es, finalmente, cuidar de lo Sagrado que arde en nosotros y que nos convence de que es mejor abrazar al otro que rechazarlo y que la vida vale más que todas las riquezas de este mundo. Entonces ella será realmente la Casa Común del Ser.

*Leonardo Boff es columnista del JB y escritor.

Traducción de MJ Gavito Milano

“Somos feas pero estamos aquí: nou lèd, nou la”

Una de las historias más conmovedoras que he leído últimamente es de una escritora haitiana, nacida en 1969, que vive desde hace muchos años en Estados Unidos: Edwidge Danticat (ver en perterjose604@yahoo.com.br). Fundamentalmente cuenta las historias que oyó a su abuela negra, en las largas noches de los apagones habituales del Haití pobre.

En una de aquellas noches, la abuela, entre otras muchas historias, contó también aquella que ha permanecido en la memoria del pueblo hasta el día de hoy: el trágico destino de Anacaona. Era reina, poeta, pintora y danzarina. Gobernaba la parte oeste de la isla, llamada Ayiti, que en la lengua indígena original significaba “tierra de grandeza”, por la exuberancia de su paisaje verde.

Todos vivían tranquilos en aquella parte hasta que llegaron por mar los españoles, sedientos de oro y riqueza. Saqueaban y mataban en función de su provecho. Así que pronto prendieron a la reina Anacaona, la violaron y la mataron. Toda la aldea fue saqueada y destruida. En el siglo XVI con la presencia de los españoles, todos los indígenas murieron a causa de las enfermedades de los blancos o fueron simplemente asesinados. Para sustituirlos trajeron como esclavos a miles de africanos. Así y todo, muchas niñas negras reciben hasta hoy el nombre de Anacaona en recuerdo tanto del esplendor del pasado como de la continuada agonía del presente.

Pero con la esclavización de los africanos se sentaron las bases del empobrecimiento de esta hermosa isla, hoy la más pobre de América Latina. A pesar de eso, los haitianos nunca se resignaron, resistieron y, mediante una revuelta de esclavos, fueron los primeros en erradicar la esclavitud en 1794. Después en 1804 crearon una nación independiente. No les valió de mucho, porque después vinieron los franceses y los norteamericanos, que ocuparon la isla, explotaron sus riquezas y en seguida impusieron sangrientas dictaduras que generaron una gran miseria que perdura hasta el día de hoy. Como si eso no bastase, el 12 de enero de 2010 fue asolada por un terremoto de proporciones catastróficas, dejando cerca de 200 mil muertos y tres millones de personas sin hogar, drama con consecuencias desastrosas, todavía no sanadas por falta de solidaridad internacional.

Edwidge Danticat narra lo que oyó a su abuela sobre los padecimientos de los esclavos, pero también de su resistencia y de su fe. Los esclavizados creían que cuando muriesen sus espíritus volverían a Africa, a una tierra pacífica de nombre Ginen, habitada por dioses y diosas bienhechores. Así daban un sentido mayor a su deshumanización y abrían la puerta a una vida de libertad y bienaventuranza.

Curiosamente, en medio de las mayores adversidades, desarrollaron una visión encantada de la vida. De acuerdo con esta visión, según ellos, lo que cuenta de verdad en la vida es estar vivo y sobrevivir. Fue lo que más impresionó a la autora. La abuela contaba que las mujeres como ella, cuando se encontraban en los caminos, o volvían cansadas y llenas de polvo del trabajo en el campo, se saludaban con esta expresión: “nou lèd, nou la” que quiere decir: “somos feas pero estamos aqui”.
Comenta Edwidge: “Tal vez este dicho no agrade a la sensibilidad estética de algunas mujeres. Pero este dicho es para las mujeres pobres haitianas, como mi abuela, más querido que mantener la belleza real o producida. Lo que vale celebrar es el hecho de que estamos aquí, de que a pesar de todos los sufrimientos, existimos. La esencia de la vida es la supervivencia, es poder seguir viviendo”.

Edwidge concluye su relato clamando: «Nosotras somos hijas de Anacaona. Nos curvamos pero no nos doblamos. No somos atrayentes, pero aun así resistimos. De vez en cuando debemos gritar lo más lejos que el viento pueda llevar nuestras voces: Nou lèd, nou la! Somos feas pero estamos aquí».

¿A que viene la narración de esta saga? Es la constatación del hecho de que tantos y tantas en la vida pasan por tragedias absurdas, sufriendo a más no poder, como al ver a su hijita en la cuna muerta por una bala perdida de la policía o de los traficantes. Y derramadas todas las lágrimas, al final terminan también diciendo: «somos víctimas y somos pobres, ¡pero estamos aquí! La vida dura y luchada debe continuar». Y siguen adelante, “sin nadie con quien contar”, como dice la canción.

¿Este relato no puede valer también para el PT actual? Un puñado de miembros corruptos, que deben ser juzgados y condenados, traicionaron los ideales originarios. La gran mayoría, especialmente en las bases, sin culpa alguna en los crímenes, son despreciados, difamados y perseguidos. A ellos les cabe repetir lo que dicen las mujeres “feas” de Haití dicen: «Nos curvamos pero no nos rompemos. Seguiremos levantando la bandera de la ética y concretando políticas buenas para el pueblo. A pesar de haber sido humillados, sobrevivimos y aquí estamos para realizar este sueño: ser un país rico porque consiguió disminuir las desigualdades y realizar algo de la justicia social anhelada desde siempre».

* Leonardo Boff es columnista del JB online, y escribió La gran transformación: en la política, en la economía y en la ecología, Nueva Utopía, Madrid, 2014.

Traducción de María José Gavito Milano

Laudato Si :Una Enciclica anti-sistemica:la opinión de un marxista

MICHAEL LÖWY é um dos mais criativos e fecundos intelectuais brasileiros. De ascêndencia hebraica, nasceu no Brasil em 1938 mas passa grande parte do tempo em Paris como Diretor de Pesquisa do Centre National de la Recherche Scientifique. Faz frequentes viagens ao Brasil para cursos e assessorias acompanhando de perto as política nacional, sempre numa perspectiva libertadora. É um dos melhores conhecedores da Teologia da Libertação com obras que cabe serem lidas e estudadas: Marxismo e Teologia da Libertação, Cortez, São Paulo 1991; A guerra dos deuses: religião e políticas na América Latina, Vozes 2000; Redenção e utopia:o judaismo libertador na Europa Central. Companhia das Letras, Rio de Janeiro 1989 entre outros. É um dos fundadores do ecosocialismo em nivel internacional e lançou em 2014 o livro O que é o ecossocialismo? Editora Cortez, São Paulo. Representa um marxismo aberto e humanista sempre em diálogo com as correntes libertárias da Europa e da América Latina, valorizando o aspecto mobilizador da religião e da teologia que se voltam para as questões sociais, especialmente dos mais penalizados. Vale ler sua leitura positiva da encíclica sobre a ecologia integral do Papa Francisco e também avaliar algumas observações críticas que ajudam a aprofundar as intuições básicas do texto papal. O atual texto saíu na Revista espanhola Exodo de 2015:LBoff

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La « Enciclica ecologica » del Papa Francisco es un evento de importancia planetaria, del punto de vista religioso, etico, social y politico. Considerando la enorme influencia mundial de la Iglesia catolica, es una contribucion crucial al desarrollo de una consciencia ecologica critica. Fué recibida con entusiasmo por los verdaderos defensores del medio-ambiente, pero suscito inquietud y rechazo de la parte de religiosos conservadores, representantes del capital, y ideologos de la « ecologia de mercado ».   Se trata de um documento de gran riqueza y complejidad, que plantea una nueva interpretacion de la tradicion judeo-cristiana – en ruptura con el « sueño prometeico de dominio sobre el mundo » – y una refleccion profundamente radical sobre las causas de la crisis ecologica. En varios aspectos, como por ejemplo en la inseparable asociacion del « clamor de la tierra » y del « clamor de los pobres », se percibe que la teologia de la liberacion – en particular la del eco-teologo Leonardo Boff – fué una de sus fuentes de inspiracion.

En las breves notas que siguen, me interesa enfatizar una dimension de la Enciclica que explica las resistencias que encontro en el establishment economico y mediatico : su caracter anti-sistemico.

         Para el Papa Francisco, los desastres ecologicos y el cambio climatico no resultan simplemente de comportamientos individuales – aun si ellos tienen su papel – sino de  los actuales modelos de produccion y de consumo . Bergoglio no es un marxista, y la palabra « capitalismo » no aparece en la Enciclica…Pero queda muy claro que para el los dramaticos problemas ecologicos de nuestra época resultan de « los engranajes de la actual economía globalizada » – engrenajes que constituyen   un sistema global, un « un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso » (subrayado por nosotros).

         Cuales son, para Francisco, estas caracteristicas « estructuralmente perversas » ? Antes de todo, es un sistema en el cual predominan « los intereses limitados de las empresas » y « una cuestionable racionalidad económica », una racionalidad instrumental que tiene por unico objetivo de  maximizar la ganancia  . Ahora bien, « el principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía: si aumenta la producción, interesa poco que se produzca a costa de los recursos futuros o de la salud del ambiente ».   Esta distorsion, esta perversidad etica y social, no es propria de uno o otro pais, sino de un « sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas » (subrayado por nosotros).

La obsesion del crescimiento ilimitado, el consumismo, la tecnocracia, el dominio absoluto de la finanza y la divinizacion del mercado son otras caracteristicas perversas del sistema. En su logica destructiva todo se reduce al mercado y al « cálculo financiero de costos y beneficios ». Pero sabemos que « el ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente ».   El mercado es incapaz de llevar en cuenta valors calitativos, eticos, sociales, humanos o naturales, es decir   « valores que exceden todo cálculo ».

         El poder « absoluto » del capital financero especulativo es un aspecto esencial del sistema, como lo ha revelado la reciente crisis bancaria. El comentario de la Enciclica es contundente y desmistificador : « La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación. La crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo. »

Esta dinamica perversa del sistema global que « sigue rigiendo el mundo » es la razon que ha llevado en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre el medio ambiente : « Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos. »     Encuanto predominem los imperativos de los poderosos grupos economicos « sólo podrían esperarse algunas declamaciones superficiales, acciones filantrópicas aisladas, y aun esfuerzos por mostrar sensibilidad hacia el medio ambiente, cuando en la realidad cualquier intento de las organizaciones sociales por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear ».

En este contexto desarrola la Enciclica una critica radical a la irresponsabilidad de los « responsables », es decir, las elites dominantes, las oligarquias interesadas en la conservacion del sistema, en relacion a la crisis ecologica : « Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo ».

Confrontados con el dramatico proceso de destruccion de los equilibrios ecologicos del planeta y la amenaza sin precedente que representa el cambio climatico, que proponen los gobiernos, o los representantes internacionales del sistema (Banca Mundial, FMI, etc) ? Su propuesta es el pretenso « desarrollo sostenible », una concepto que se hizo cada vez mas vacia de contenido, un verdadero flatus vocis como decian los escolasticos del Medioevo.   Francisco no tiene ninguna ilusion en esta mistificacion tecnocratica : « el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen. »

Las medidas concretas que propone la oligarquia tecno-finanzera dominante son perfectamente ineficazes, como por ejemplo los llamados « mercados de carbono ». La critica mordaz que hace el Papa Francisco a esta falsa solucion es uno de los argumentos mas importantes de la Enciclica. Citando a una resolucion de la Conferencia Epiiscopal Boliviana, Bergoglio escribe :

« La estrategia de compraventa de «bonos de carbono» puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores ».

Passages como este explican el poco entusiasmo de los circulos « oficiales » y de los partidarios de la « ecologia de mercado » (o del « capitalismo verde ») por Laudato Si…

         Siempre asociando la cuestion ecologica con la cuestion social, Francisco insiste en la necesidad de medidas radicales, drasticas, es decir, de cambios profundos, para enfrentar este doble desafio.   El principal obstaculo para esto es la naturaleza « perversa » del sistema : « La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. »

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Si el diagnostico de Laudato Si sobre la crisis ecologica es de una clareza y de una coerencia impresionantes, las acciones que propone son mas limitadas. Cierto, muchas de sus sugestiones son utiles y necesarias, por ejemplo, « facilitar formas de cooperación o de organización comunitaria que defiendan los intereses de los pequeños productores y preserven los ecosistemas locales de la depredación ».   Es tambien muy significativo que la Enciclica reconozca la necessidad, para las sociedades mas desarrolladas, de « detener un poco la marcha, e poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde » ; en otras palabras,   « ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes ».

Pero hacen falta precisamente las « medidas drasticas », como por ejemplo las que propone Naomi Klein en su ultimo libro Esto cambia todo ! : romper, antes que sea tarde demas, con las energias fosiles (carbon, petroleo), dejandolas bajo el solo.   No se puede pensar en una transicion mas alla de las estructuras perversas del actual modo de produccion y consumo sin un conjunto de iniciativas anti-sistemicas, que ponen en cuestion la propriedad privada, por ejemplo de las grandes multinacionales de la energia fossil (BP, Shell, Total, etc). Cierto, el Papa habla de la necesidad de « grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad », pero este aspecto estrategico es poco desarrollado en la Enciclica.

Reconociendo que « el sistema mundial actual es insostenible », Bergoglio busca una alternativa global, que intitula « cultura ecologica », un cambio que « no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático ». Pero hay pocas indicaciones sobre la nueva economia, la nueva sociedad que corresponden à esta cultura ecologica. No se trata de pedir al Papa que adopte el ecosocialismo, pero la alternativa futura queda muy abstracta.

El Papa Francisco hace suya la « opcion preferencial por los pobres » de las Iglesias latino-americanas.   La Enciclica lo plantea claramente, como un imperativo planetario :   « en las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. »

Pero los pobres no aparecen ,   en la Enciclica, como los actores de su propria liberacion – el mas importante planteamiento de la teologia de la liberacion. Las luchas de los pobres, de los campesinos, de los indigenas, en defensa de los bosques, del agua, de la tierra, en contra las multinacionales y el agro-negocio, son una tematica poco presente en Laudato Si. Francisco organizo recien un encuentro – el primero en la milenar vida de la Iglesia Catolica – con los movimientos sociales : se trata de un evento de significacion historica. Pero en la Enciclica hay pocas referencias a los movimientos sociales, que son precisamente los principales actores del combate en contra del cambio climatico : Via Campesina, Climate Justice, el Forum Social Mundial, etc.

Por supuesto, como lo subraya Bergoglio en la Enciclica, no es tarea de la Iglesia sustituir à los partidos politicos, proponiendo un programa de transformacion social. Por su diagnostico anti-sistemico de la crisis, asociando de forma inseparable la cuestion social y la proteccion del medio ambiente, « el clamor de los pobres » y el « clamor de la tierra », Laudato Si es un precioso, un inestimable aporte à la refleccion y a la accion para salvar la naturaleza y la humanidad de la catastrofe.

Michael Löwy

Autor del libro Ecosocialismo, la alternativa radical a la catastrofe ecologica capitalista.