Para entender la victoria de Dilma Rousseff, presidenta de Brasil

En estas elecciones presidenciales, los brasileros y brasileras se confrontaron con una escena bíblica, de la cual habla el salmo número uno: tenían que escoger entre dos caminos: uno que representa el acierto y la felicidad posible y otro, el desacierto y la infelicidad evitable.

Se habían creado todas las condiciones para una perfecta tempestad, con distorsiones y difamaciones difundidas en la gran prensa y en las redes sociales. Una revista en especial ofendió gravemente la ética periodística, social y personal publicando falsedades para perjudicar a la candidata Dilma Rousseff. Detrás de ella se albergan las élites más atrasadas que se empeñan antes en defender sus privilegios que en universalizar los derechos personales y sociales.

Ante estas adversidades, la Presidenta Dilma, que pasó por torturas en las mazmorras de los órganos de represión de la dictadura militar, fortaleció su identidad, creció en determinación y acumuló energías para enfrentarse a cualquier embate. Se mostró como es: una mujer con coraje y valiente. Trasmite confianza, virtud fundamental para un político. Muestra entereza y no tolera las cosas mal hechas. Eso genera en el elector o electora el sentimiento de “sentir firmeza”.

Su victoria se debe en gran parte a la militancia que salió a las calles y organizó grandes manifestaciones. El pueblo mostró que ha madurado en su conciencia política y supo, bíblicamente, escoger el camino que le parecía más acertado votando a Dilma. Ella salió victoriosa con más del 51% de los votos.

El pueblo ya conocía los dos caminos. Uno, ensayado durante ocho años, hizo crecer económicamente a Brasil, pero transfirió la mayor parte de los beneficios a los ya beneficiados, a costa de la represión salarial, del desempleo y de la pobreza de las grandes mayorías. Hacía políticas ricas para los ricos y pobres para los pobres. Brasil se convirtió en un socio menor y subalterno del gran proyecto global, hegemonizado por los países opulentos y militaristas. No era el proyecto de un país soberano, conocedor de sus riquezas humanas, culturales, ecológicas y digno de un pueblo que se enorgullece de su mestizaje y que se enriquece con todas las diferencias.

El pueblo recorrió también otro camino, el del acierto y la felicidad posible. Y en este tuvo un puesto central. Uno de sus hijos, superviviente de la gran tribulación, Luiz Inácio Lula da Silva, consiguió con políticas públicas enfocadas a los humillados y ofendidos de nuestra historia que una población equivalente a toda una Argentina fuese incluida en la sociedad moderna. Dilma Rousseff llevó adelante, profundizó y expandió estas políticas con medidas democratizadoras como el Pronatec, el Pro-Uni, los cupos en las universidades para los estudiantes provenientes de la escuela pública y no de los colegios particulares; cupos para aquellos cuyos abuelos vinieron de las mazmorras de la esclavitud, así como todos los programas sociales de Bolsa Familia, Luz para Todos, Mi Casa, mi Vida, Más Médicos, entre otros.

La cuestión de fondo de nuestro país está siendo planteada: garantizar a todos, pero principalmente a los pobres, el acceso a los bienes de la vida, superar la espantosa desigualdad y crear mediante la educación oportunidades para los pequeños, para que puedan crecer, desarrollarse y humanizarse como ciudadanos activos.

Ese proyecto despertó el sentido de soberanía de Brasil, lo proyectó en el escenario mundial con una posición independiente, reclamando un nuevo orden mundial, en el cual la humanidad se descubra como humanidad que habita la misma Casa Común.

El desafío para la Presidenta Dilma no es sólo consolidar lo que ya ha funcionado y corregir defectos, sino inaugurar un nuevo ciclo de ejercicio del poder que signifique un salto de calidad en todas las esferas de la vida social. Poco se conseguirá si no hay una reforma política que elimine de una vez las bases de la corrupción y permita un avance de la democracia representativa, incorporando democracia participativa, con consejos, audiencias públicas, consulta a los movimientos sociales y a otras instituciones de la sociedad civil. Es urgente una reforma tributaria para que haya más equidad y ayude a disminuir la abismal desigualdad social. Fundamentalmente la educación y la salud estarán en el centro de las preocupaciones de este nuevo ciclo. Un pueblo ignorante y enfermo nunca va a poder dar un salto hacia un mejor nivel de vida. La cuestión del saneamiento básico, de la movilidad urbana (el 85% de la población vive en las ciudades) con transporte mínimamente digno, la seguridad y el combate a la criminalidad son imperativos impuestos por la sociedad, que la Presidenta estará obligada a atender.

Ella presentó en los debates un abanico significativo de transformaciones que propuso. Por la seriedad y sentido de eficacia que siempre mostró, podemos confiar en que se llevarán a cabo.

Hay cuestiones que apenas fueron señaladas en los debates: la importancia de la reforma agraria moderna que fija al campesino en el campo, con todas las ventajas que la ciencia ha proporcionado. Es importante también demarcar y homologar las tierras indígenas, muchas amenazadas por el avance del agronegocio.

Por último y tal vez el mayor de los desafíos nos viene del campo de la ecología. Serias amenazas se ciernen sobre el futuro de la vida y de nuestra civilización, ya sea por la máquina de muerte creada que puede eliminar varias veces toda la vida y por las consecuencias desastrosas del calentamiento global. Si el calentamiento abrupto llegara, como alertan sociedades científicas enteras, la vida que conocemos tal vez no pueda subsistir y gran parte de la humanidad sería letalmente afectada. Brasil, por su riqueza ecológica es fundamental para el equilibrio del planeta crucificado. Un nuevo gobierno Dilma no podrá obviar esta cuestión, de vida o muerte para nuestra especie humana.

Que el Espíritu de sabiduría y de cuidado oriente las decisiones difíciles que la Presidenta Dilma Rousseff deberá tomar.

Traducción de Mª José Gavito Milano

El gran conflicto en el siglo XXI: el acceso al agua potable?

Publico aquí una charla dada en la Universidad de Rosario, Argentina en 2010 por ocasión de la inauguración de la cátedra del agua. El texto es escrito en portuñol con los debidos errores para los cuales pedimos comprensión de los lectores y lectoras. El problema del agua en São Paulo y también en Rio, pero especialmente en el Semi-arido del Nordeste de Brasil nos obligan a repensar el problema del futuro del agua dulce en este siglo XXI.  Hay el riesgo de grandes conflictos entre los pueblos para garantizar el acceso a los fuentes de agua. Solamente con una gobernabilidad planetaria nos es posible evitar tales conflictos y la muerte de millones y millones de personas: Lboff

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Quiero empezar con una espléndida noticia, talvez la más importante que las Naciones Unidas han proclamado después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 21 de júlio de 2010 la ONU en una sesión con todos los representantes de los pueblos, aprobó: “el agua potable y segura y el saneamiento básico constituyen un derecho humano esencial”.

Esta declaración cuya iniciativa partió del Presidente de Bolivia Evo Morales Ayma y apoyada por 35 paises, todos del Sur del mundo, fué aprobada con gran dificultad, por 124 votos en favor, 42 abstenciones y ningún voto contrario. Las naciones ricas como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Rusia, Japón y toda la Comunidad Europea se opusieran duramente, a raiz de los intereses comerciales que sus empresas multinacionales tienen con el mercado del agua.

Esta deliberación decisiva para el futuro de la humanidad y para toda la comunidad de vida, practicmente fué silenciada por los medios de comunicación, por que contradice sus intereses materiales. Es verdad que no es todavia una resolución vinculante con valor jurídico lo que significa que las grandes empresas de privatización del agua continuarán con sus negocios, pero con una diferencia: ahora pueden ser combatidas y denunciadas como violadores de un derecho humano vital.

Tales denúncias cuentan con una legitimación inalienable, sustentada por el organo polîtico mas alto de la humanidad que es la ONU. Una vez establecido este derecho esencial, su destino es imponerse como una realidad que pertenece a todo Estado de Derecho y ofrece a los ciudadanos una fuerza de revindicación que nadie puede poner en cuestión ni negar. Por lo tanto, estamos de cara a un hecho de gran trascendencia para el futuro de todas las formas de vida que necesitan de agua para vivir, incluso la Madre Tierra, llamado el Planeta Azur.

  1. La situación del agua en el mundo

Antes de abordar el tema especifico, quiero presentar unos datos, seguramente, conocidos por muchos, sobre la situación del agua en el mundo.

Hay mucha agua. La Tierra está cubierta en un 70% de agua. Su cantidad permaneció constante en los ultimos 500 millones de años. Existe cerca de 1 mil y 360 millones de km cúbicos de agua en la Tierra. Si por hipótesis, tomáramos toda esta água y la distribuyeramos homogeneamente sobre la superficie terrestre, la Tierra como planeta se quedaria mergullada hasta tres km de profundidad.

Pero 97,5% del agua es salada y solamente 2,5% es agua dulce. Mas de dos tercios de esta agua dulce se halla en los polos, en las glaciares o en los altos de las montañas(69%) y las demas (29,9%) son aguas subterraneas en los acuíferos, 0,9% está en los humedales y 0,3% en los rios y lagos de donde sale el agua accesible al consumo humano. De estes 0,3%, el 70% se destinan a la agricultura, el 20% a la industria, el 10% al consumo domestico y el 5% para desendentación de los animales y otros seres que necesitan de agua.

El acceso es cada vez mas precario a raiz de la creciente desertificación, deflorestación y contaminación de los lagos, de los ríos y de las lluvias acidas. Saneamiento mal hecho, uso de detergentes no biodegradables, utilización abusiva de agro-toxicos contaminan los niveles freáticos; los efluentes industriales lanzados en los ríos producen envenenamiento y muerte a los organismos vivos y ponen en jaque la fragil y compleja cadena de la reproducción de la vida.

No obstante todo esto, el agua sigue abundante en el planeta pero con una muy mala gestión. La renovación de las aguas es de 43 mil km cubicos anuales, mientras el consumo humano es estimado em 5 mil km cubicos al año.

El gran problema es que el agua viene desigualmente distribuida : 60%  se halla solamente en 9 países, mientras 80 otros países enfrentan grave escasez. Poco menos de 1 mil millones de personas consonmen el 86% del agua existente mientras que casi 2 mil millones viven en zonas con escasez de agua y 3 mil millones no tienen agua corriente a menos de 1 km de distancia. El consumo es tambien muy desigual: un africano utiliza 10 litros al dia, un europeo occidental, 150 y un norteamericano 425.

Se prevee que en 2020 seran 3 mil millones con insuficiencia de de agua y 2 mil millones sin saneamiento basico, ocasionando 85% de las enfermedades. Según la FAO presumese que en 2035 cerca de 5 mil millones de personas seran gravemente afectadas por la crisis del agua potable.

Afirma una gran especialista del agua, la canadiense Maude Barlow en su libro Agua: pacto azul (2009):” La población global triplicó en el siglo XX pero el consumo de agua aumentó siete veces. En 2050, quando tendremos 3 mil millones de personas más, necesitaremos de 80% de mas agua solamente para la alimentación. Y no sabemos de donde vendrá esta agua”(p.17).

Brasil comparece como la potencia natural del agua, con 13% de toda agua dulce del mundo con 5,4 trillones de metros cubicos, a pesar de que esté desigualmente distribuida. Lo peor es que 46% de nuestra agua dulce es desperdiciada, lo suficiente para abastecer toda Francia, Belgica, Suiza y el Norte de Italia. Nos hace absolutamente falta de una responsable cultura del agua.

Ninguna cuestión hoy es mas importante que esta del agua. Dependemos menos del desarrollo económico y tecnológico do que de los bienes y servicios naturales básicos que garantizan la vida en sus multiplas formas y consecuentemente nuestro propio futuro. Entre estes bienes el agua es el principal.

El agua se está transformando en un factor de instabilidad planetaria. Puede provocar guerras de gran devastación para abrir camino a las fuentes de agua potable, especialmente en el Oriente Medio, en el Sur de Asia, en Australia y en varios países de Africa.

Por otra parte, puede propiciar gran solidaridad y cooperación entre todos los pueblos. Se hace cada vez mas fuerte el clamor por un pacto social mundial alrededor del tema “agua”.

Como respuesta a este clamor se creó el FAMA – el Forum Alternativo Mundial del Agua – ya en marzo de 2003 en Florencia, Italia. Junto a este intento se piensa crear la Auctoridad Mundial del Agua, una instancia de gobierno, público, cooperativo y solidario a nivel de las grandes cuencas hídricas internacionales buscando una distribución más equitativa del agua según las demandas regionales.

Paralelamente se está urdiendo un Contrato Mundial del Agua. Seria un contrato social mundial ao rededor de lo que efectivamente nos puede unir, ya que nadie puede vivir sin agua. De esta forma, estaria garantizada la cadena de la vida, indisolublemente ligada a la existencia del agua.

Hay que garantizar a todos, al menos 50 litros de agua potable y sana. Este contrato pone una exigencia clara a los Gobiernos y a las empresas de no llevar el agua a los mercados, ni considerarla simplemente com una mercancia.

Hay que incentivar la cooperación de todo tipo para impedir que tantos mueran en consecuencia de la escasez de agua o de aguas maltratadas. Diariamente mueren 6 mil niños y niñas estrctamente de sed. Los medios nada refieren sobre esta tragédia. Pero esto equivale a 10 aviones Boeing que caen diariamente en el Oceano con la muerte de todos los pasajeros. Esto si sería un gran noticia de conmoción mundial. Igualmente se podria evitar que 18 millones de de niños y niñas dejen de frecuentar la escuela por que son obligados a buscar agua a 5-10 km de distancia.

  1. Las crisis estructurales del siglo XXI

Después de esta larga introducción, vamos abordar la problable situación del agua en el siglo XXI. Como será nuestro siglo, es un enigma.

Vale recordar la advertencia del grande historiador Eric Hobsbawn en la ultima frase de su conocido libro La era de los extremos( 1995):”Nuestro mundo corre el riesgo de explosión y de implosión. Tiene que cambiar. No sabemos hacia adonde estamos yendo. Si la humanidad quiere tener um futuro recognocible, no puede ser por la prolongación del pasado o del presente. Si vamos tentar construir el tercer milenio sobre esta base, fracasaremos. El precio de nuestro fracaso, o sea, la alternativa para el cambio de la sociedad, es la oscuridad”(p.562).

Para equilibrar este escenario dramático, cito Jacques Attali, consejero de Mitterand y de Sarkozy en su libro Una breve historia del futuro (2008). El prevee la derrocada del hiperimperio, después la balcanización del mundo con conflictos regionales que demandan la superación de la hiperviolencia y finalmente de cara a la autodestrucción del ser humano vendrá el triunfo, dentro del siglo XXI, de la hiperdemocracia planetaria, con una Tierra hospitalaria para todos los pasajeros de la nave espacial de la vida (p.219).

De todas las formas, veo que nos encontramos dentro de una inmensa crisis de civilización que contiene riesgos pero tambien nuevas oportunidades. Todo va a depender de como vamos a enfrentar tres crisis que me parecen estructurales y que afectarán directamente el agua: la crisis del sistema-Terra, a creciente crisis social mundial y la crisis provocada por el calientamiento global. Para una de estas crisis, unas pocas palabras.

El dia 23 de septiembre de 2008, una semana después de haber estallado la crisis economico-financiera, se constató el ultrapasaje de la Tierra. Este dia fue llamado de The Earth Overshoot Day. (el dia del ultrapasaje de la Tierra). Los datos de los que acompañan el estado del planeta, nos confirman que la Tierra ultrapasó en 30% su capacidad de auto-regeneración. Después de siglos de sistemática explotación de sus bienes y servicios, ya no consigue por si misma, reahacerse. Entró en un proceso de caos que está afectando los principales ecosistemas, disminuyendo la biodiversidad, aumentando la desertificación de tierras cultivables, haciendo desaparecer mananciales a raiz de la creciente deflorestación. Si quisiéramos universalizar el bien estar de los paises ricos para toda la humanidad, necesitaríamos de 3 Tierras iguales a esta que tenemos.

Esto significa que ya no podemos seguir con el sistema de produccion y consumo implantado en todo el mundo, por que la Tierra ya no aguanta. Es un planeta pequeño, viejo y con biens limitados. No soporta un proyecto de crecimiento ilimitado. Ahora empezó el tiempo del mundo finito. Y tenemos que adecuarnos a esta finitud. La gran cuestión ahora no es como salvar el sistema economico-financiero sino como proteger el planeta e salvar la vida amenazada y como la economia puede ayudarnos en esta tarea urgente.

De la crisis social mundial ya conocemos los datos. Es consecuencia de un modo de producción que crea inmensa riqueza, de una parte, a costa de una grande degradación de la naturaleza y de la creación de una perversa injusticia social, por otra. Los 20% mas ricos consomen 82,4% de todas las riquezas de la Tierra mientras los 20% más pobres tienen que contentarse con 1,6% de estas riquezas. La reciente crisis economica-financiera elevó el número de pobres de 860 millones para un mil milón y 20 millones. Dentro de años, dicen los expertos de la FAO, tendremos entre 150-200 millones de refugiados climáticos que van a crear incomensurables problemas políticos.

La crisis del calientamiento global: no estamos yendo al encuentro del calientamiento. Ya estamos dentro de él. La rueda ya empezó a girar y no hay como pararla. Solo podemos disminuirle la velocidad, adaptandonos a la nueva situación y mitigando sus efectos dañinos. Ese calentamiento es más que una fase de la geofisica de la Tierra que siempre existió. En su mayor parte es consecuencia de la actividad humana irresponsable que intentó dominar la naturaleza aplicandole extrema violencia. Con la acumulación de dioxido de carbono ya realizada y el metano que es 23 veces más agresivo que el CO2 la fiebre de la Tierra va a subir 2 grados Celsius. Esto va afectar la biodiversidad y generar los eventos extremos. Si no hacemos lo suficiente de forma coordenada y global, ocurrirá con gran probabilidad el calientamiento abrupto El clima en meados del siglo o hasta antes, puede llegar a 4-6 grados Celsius, como ha advertido la Comunidad Cientifica norteamericana. Con esta temperatura, ninguna forma de vida que hoy conocemos. puede subsistir, incluso la vida humana.

Nunca la humanidad se ha confrontado con tal urgencia que puede significar su desaparecimiento. O superamos el individualismo crónico de nuestra cultura rumbo a la cooperación de todos, o entonces vamos al encuentro de lo peor, del camino ya percorrido por los dinosaurios.

Para superar las tres crisis necesitamos de cambiar de paradigma civilizatorio. Como afirma la Carta de la Tierra, “tenemos que inaugurar un nuevo comienzo con cambios en la mente y en lo corazón”.

Si el paradigma imperante de los ultimos siglos era la dominación, ahora tiene que prevalecer el paradigma del cuidado . El cuidado es una relación amorosa y respectuosa con la Madre Tierra. Cura la heridas pasadas y previne las futuras. La producción se hará, no para la acumulación, sino para la sustentación de toda la vida, respectando los limites de cada ecosistema y los ritmos de la naturaleza, con gran sentido de equidad y de solidaridad para con las futuras generaciones a quienes pertenece tambien la Tierra.

  1. El agua en el siglo XXI

Todas las tres crisis afectan directamente el agua con los datos que hemos referido anteriormente. Talvez el calientamiento global tendrá consecuencias catastroficas sobre su suplimiento a gran parte de la población mundial. Si se produce, como preveen algunos expertos, el cruce entre el calientamiento global y la escasez de agua potable, poderán ocurrir pérdidas graves de consechas necesarias para la alimentación de millones de personas. El hambre aumentará de forma amenazadora.

Con referencia al agua se traba, en este momento, un gran debate que se presenta con los seguientes terminos:

El agua es fuente de vida o fuente de lucro? El agua es un bien natural, vital, común e insubstituible o un recurso hidrico que debe ser tratado como una mercancia?

Aquí se confrontan dos visiones del agua: una ecosistémica y otra mercadológica.

Empezemos por la mercadológica. Ella se inscribe dentro de la lógica de la actual sociedad que ha puesto lo económico como el eje estructurador de toda la vida social esvaciando la política y enviando al limbo la ética. De una economia de mercado hemos pasado hacia una sociedad de mercado, lo que Karl Polaniy llama “la Gran Transformación”. Todo es hecho mercancia y con todo se puede lucrar. El agua es vista como un recurso que, por ser escazo, gana más y más precio.

Se verifica una veloz correra mundial para la privatización del agua. Surgieron “los señores del agua” como las grandes empresas: las francesas Vivendi, Suex-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la americana Bechtel y United Utilities. Estan fuertemente presentes con la comercialización de agua mineral, la Nestlé, la Coca-Cola y la Danone. El mercado del agua involucra mas de 100 mil millones de dolares.

La ultima frontera en el proceso de privatización es el agua. Esta privatización obedece a la logica imperial. Sin agua no hay vida. Quien controla el agua, controla la vida. Y quien controla la vida detiene el poder. Pero el agua no puede ser un bien económico como cualquier otro. Está tan conectada con la vida, que es vida. Y la vida no puede ser transformada en mercancia y puesta en la especulación de los mercados. El agua contiene otras dimensiones antropologicas, culturales, simbólicas y espirituales que la hacen preciosa y cargada de valores, que en si, no tienen precio. La vida es más que recurso, es un bien insubsituible.

Por eso se hace urgente la otra visión del agua, la ecosistémica, que afirma el agua como un bien natural, común a toda la biosfera, esencial para la vida de todos los organismos vivos y insubstituible. Hay que considerar el agua dentro del ecosistema general, el sistema-Tierra que es compuesta en gran parte por agua (70%) y después con los sistemas particulares, como de los ríos, de los lagos y de las humedades bien como con el sistema-florestas y el sistema-climas sin los cuales el agua no existe. No es suficiente garantizar la calidad fisico-química del agua, sino su dimensión biológica y antropológica que se inserta dentro de una visión más amplia de la ecologia, como ecologia social, mental y integral.

Aquí nos ayuda enormemente la declaración de la ONU de que el acceso al agua y al saneamiento basico constituye un derecho humano fundamental. Es un arma que disponemos para enfrentar a los “señores del agua” que no visan compartir nada, ni alimentar la cooperación y la compasión hacia los que sufren graves insuficiencias de este bien esencial, sino solo ganar y acumular.

Importa tambien reconocer que las dos visiones, por mas que se contrapongan mantienen cierta relación. El agua es un derecho humano esencial y el poder publico, asociado con organizaciones de la sociedad, debe garantizar el acceso suficiente para todos.

Pero como el agua es un bien escazo y demanda una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, implica una inegable dimensión económica. Esta, entre tanto, no puede prevalecer sobre la otra, del derecho esencial, al reves, debe facilitar su implementación. Las eventuales ganancias deben estar concordes con la naturaleza común e insubstituible del agua.

  1. Una revolucion del agua

La gravedad de las crisis que se avoluman, estan amenazando la vida humana y de toda la comunidade de vida. Defender el agua es garantizar el derecho a la vida para todos. Para eso se necesita de una verdadera revolución. Talvez la gran revolución del siglo XXI sea la revolución del agua dulce y sana. Como todos somos ecointerdependientes, todos estamos involucrados en esta revolución, caso contrário, destruiremos el futuro común.

Para este propósito, antes de todo, hay que reconocer el agua como património común de la biosfera y de la humanidad y la condición para la permanencia de la Tierra como Gaia, como un superorganismo vivo.

Para que el acceso sea efectivo, se hace urgente articular las sociedades a nivel local, nacional e internacional en la forma de una geosociedad con una corresponsabilidad colectiva. Esta comunidad humana global presupone el despertar de la conciencia etica y espiritual para la cooperacion universal y para el cuidado atento a todo el circuito hidrológico. Este despertar debe perpasar todas las instancias sociales, las comunidades, las escuelas, los medios de comunicación, las artes, las religiones y las instituciones generadores de sentido.Especialmente para las religiones es el agua uno de los simbolos más fuertes y universales de la vida, de la purificación de la vida humana y de la realidad divina que es un fuente de donde brota agua viva para la eternidad del destino humano.

Como paises latinoamericanos que tenemos, por lo general, gran disponibilidad de agua, tenemos que abrirnos a las demandas mundiales de los que necesitan agua. Junto con un Hambre Zero Universal, importa añadir una Sed Zero Universal. Agua es comida, por que no hay alimento que no contenga agua ni asimilación del alimento sin la ayuda del agua. Ambos, comida y agua, significan salud, ciudadania, democracia participativa. Ambas buscan el mismo fin: la vida y la vitalidad de las personas y de todos nuestros compañeros y compañeras de la comuidad de vida terrenal. Aquí está la grande y verdadera revolución posible y necesaria, la revolución del agua. Queremos ser atores en esta revolución y no solamente espectadores y beneficiarios.

Literatura minima

Agudo, P.A., Crisis global del agua: valores y derechos en juego. Cuadernos Cristianismo y Justicia, n. 168, Barcelona 2010.

Ball, P., Life’s matrix: a biography of water, Farrar/Strauss e  Giroux, N.Iork 2000.

Barlow, M., Blue gold –The global water crisis and the  commodification of the world’s water supply, San Francisco, IFG 1999.

Barros, M., O Espírito vem pelas águas, E. Loyola, São Paulo 2003.

Beozzo, J., Agua é vida. Dom de Deus e responsabilidade humana, CESEP/Paulus, São Paulo 2003.

Bougerra, M.L., As batalhas da água. Por um bem comum da  humanidade. Vozes, Petrópolis 2004.

Clarke, R., Wasser. Die politische, wirtschatliche und ökologische  Katasttrophe- und wie sie bewältigt werden kann. Piper, München 1991.

Infanti, L. M., Danos hoy el agua de cada dia. Carta Pastoral, Aysén 2008.

Petrella, R., L’eau, bien commun de l’humanité, Labor et Fides,  Bruxelles 1999.

Petrella, R., O manifesto da água. Argumentos para um contrato mundial, Vozes, Petrópolis, 2002.

Rebouças, A. et alii, Aguas doces no Brasil. Capital ecológico, Uso e Conservação, Escrituras Editora, São Paulo 2002.

Vasey, C., L’eau: source vitale de votre santé. Les méfaits de la déshydrataation, Jouvence, Genève 2002.

 

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor, representante de la Iniciativa Mundial “Carta de la Tierra” y portador del prémio alternativo de la paz 2001 por el Parlamento sueco.   

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentido de una bioeconomía o de un ecodesarrollo

Las actuales elecciones presidenciales han sacado a la luz la cuestión del desarrollo, tema clásico de la macroeconomía globalizada. Temas de absoluta gravedad como las amenazas que pesan sobre la vida y sobre nuestra civilización, que pueden ser destruidas ya sea por la máquina nuclear, química y biológica, o por el calentamiento creciente, eventualmente abrupto, que, como sugieren muchos científicos, destruiría gran parte de la vida que conocemos y podría poner en peligro la propia especie humana, ni siquiera fueron mencionados, bien por ignorancia, bien porque los candidatos se habrían dado cuenta de que tendrían que cambiar todo. Como dice la Carta de la Tierra: «el destino común nos convoca a un nuevo comienzo». Nadie ha tenido ese tipo de osadía, ni siquiera Marina que suscitó – ese es su gran mérito– el paradigma de la sostenibilidad.

Lo que podemos decir con toda certeza es que así como está no podemos continuar. El precio de nuestra supervivencia es un cambio radical en la forma de habitar la Tierra. La propuesta de un ecodesarrollo o de una bioeconomía como nos la presentan Ladislau Dowbor e Ignacy Sachs, entre otros, nos anima a caminar en esa dirección.

Uno de los primeros en ver la relación intrínseca entre economía y biología fue el matemático y economista rumano Nicholas Georgescu Roegen (1906-1994). En contra el pensamiento dominante, este autor, ya en los años 60 del siglo pasado, llamaba la atención sobre la insostenibilidad del crecimiento debido a los límites de los bienes y servicios de la Tierra. Se empezó a hablar de «decrecimiento económico para la sostenibilidad ambiental y la equidad social» (www.degrowth.net). Ese decrecimiento, mejor sería llamarlo “crecimiento”, significa reducir el crecimiento cuantitativo para dar más importancia al cualitativo en el sentido de preservar los bienes y servicios que les serán necesarios a las futuras generaciones. La bioeconomía es en realidad un subsistema del sistema de la naturaleza, siempre limitada, y, por eso, objeto de permanente cuidado por parte del ser humano. La economía debe obedecer y seguir los niveles de preservación y regeneración de la naturaleza (vea las tesis de Roegen en la entrevista de Andrei Cechin en IHU (28/10/2011).

Un modelo semejante, llamado ecodesarrollo y bioeconomía viene siendo propuesto entre otros por el ya mencionado profesor de economía de la PUC-SP Ladislau Dowbor, que piensa en la línea de otro economista, Ignacy Sachs, un polaco, naturalizado francés y brasilero por amor. Vino a Brasil en 1941, trabajó aquí varios años y mantiene actualmente un centro de estudios brasileros en la Universidad de Paris. Es un economista que a partir de 1980 despertó a la cuestión ecológica y es posiblemente el primero que hace sus reflexiones en el contexto del antropoceno. Es decir, en el contexto de la fuerte presión que las actividades humanas hacen sobre los ecosistemas y sobre el planeta Tierra como un todo hasta el punto de hacerle perder su equilibrio sistémico, que se manifiesta por los eventos extremos. El antropoceno inauguraría, entonces, una nueva era geológica, que tendría al ser humano como factor de riesgo global, un peligroso meteoro rasante y avasallador. Sachs tiene en cuenta ese dato nuevo en el discurso ecológico-social.

Los análisis de Dowbor y de Sachs combinan economía, ecología, justicia e inclusión social. De ahí nace un concepto de sostenibilidad posible, dentro todavía de las limitaciones impuestas por el modo de producción predominante, industrialista, consumista, individualista, predador y contaminador.

Ambos están convencidos de que no se alcanzará una sostenibilidad aceptable si no hay una disminución sensible de las desigualdades sociales, incorporación de la ciudadanía como participación popular en el juego democrático, respeto a las diferencias culturales, la introducción de valores éticos de respeto a toda la vida y sin un cuidado permanente del medio ambiente. Cumplidos estos requisitos, se crearían las condiciones de un ecodesarrollo sostenible.

La sostenibilidad exige cierta equidad social, o sea, «nivelación promedio entre países ricos y pobres» y una distribución más o menos homogénea de los costes y los beneficios del desarrollo. Así, por ejemplo, los países más pobres tienen derecho de expandir más su huella ecológica (sus necesidades de tierra, agua, nutrientes y energía) para atender sus demandas, mientras que los más ricos deben reducirla o controlarla. No se trata de asumir la tesis equivocada del decrecimiento, sino de dar otro rumbo al desarrollo, descarbonizando la producción, reduciendo el impacto ambiental y propiciando la vigencia de valores intangibles como la generosidad, la cooperación, la solidaridad y la compasión. Enfáticamente repiten Dowbor y Sachs que la solidaridad es un dato esencial al fenómeno humano y el individualismo cruel que estamos presenciando en los días actuales, expresión de la competencia sin freno y de la ganancia de acumular, significa una excrecencia que destruye los lazos de la convivencia, volviendo a la sociedad fatalmente insostenible.

Es de ellos la hermosa expresión «biocivilización», una civilización que da centralidad a la vida, a la Tierra, a los ecosistemas y a cada persona. De ahí surge, en su bella manera de decir, la «Tierra de la Buena Esperanza» (vea Ecodesarrollo: crecer sin destruir. 1986 y la entrevista en Carta Maior del 29/8/2011).

Esta propuesta nos parece una de la más sensatas y responsables frente los peligros que corre el planeta y el futuro de la especie humana. La propuesta de Dowbor (http://dowbor.org) y de Sachs merece ser considerada pues muestra gran funcionalidad y viabilidad.

Traducción de María José Gavito Milano

La urgencia de refundar la ética y la moral

Actualmente una de las mayores demandas en los grupos, en las escuelas, en las universidades, en las empresas, en los seminarios de distinto orden es la cuestión de la ética. Las peticiones que más recibo son justamente para abordar este tema.

Hoy es especialmente difícil, pues no podemos imponer a toda la humanidad la ética elaborada por Occidente siguiendo a los grandes maestros como Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant y Habermas. En el encuentro de las culturas por la globalización nos vemos confrontados con otros paradigmas de ética. ¿Cómo encontrar más allá de las diversidades un consenso ético mínimo, válido para todos? La salida es buscar en la propia esencia humana, de la cual todos son portadores, su fundamento: cómo nos debemos relacionar entre nosotros, seres personales y sociales, con la naturaleza y con la Madre Tierra. La ética es de orden práctico, aunque se base en una visión teórica. Si no actuamos en los límites de un consenso mínimo en cuestiones éticas, podemos producir catástrofes socioambientales de magnitud nunca antes vista.

Es valiosa la observación del apreciado psicoanalista norteamericano Rollo May, que escribió: «En la actual confusión de episodios racionalistas y técnicos perdemos de vista y nos despreocupamos del ser humano; ahora necesitamos volver humildemente al simple cuidado; muchas veces creo que solamente el cuidado nos permite resistir al cinismo y a la apatía que son las enfermedades psicológicas de nuestro tiempo» (Eros e Repressão, Vozes 1973 p. 318-340).

Me he dedicado intensamente al tema del cuidado (Saber Cuidar, 1999; El cuidado necesario, 2013). Según el famoso mito del esclavo romano Higinio sobre el cuidado, el dios Cuidado tuvo la feliz idea de hacer un muñeco con forma de ser humano. Llamó a Júpiter para que le infundiera el espíritu, y éste lo hizo. Pero cuando quiso ponerle un nombre, se levantó la diosa Tierra diciendo que tal figura estaba hecha de materia suya y por lo tanto ella tenía más derecho a darle un nombre. No llegaron a ningún acuerdo y llamaron a Saturno, padre de los dioses, quien decidió la cuestión llamándole hombre, que viene de humus, tierra fértil. Y ordenó al dios Cuidado: «tú que tuviste la idea cuidarás del ser humano todos los días de su vida». Por lo que se ve, la concepción del ser humano como compuesto de espíritu y cuerpo no es originaria. El mito dice: «El cuidado fue lo primero que modeló al ser humano».

El cuidado, por tanto, es un a priori ontológico, está en el origen de la existencia del ser humano. Ese origen no debe entenderse temporalmente, sino filosóficamente, como la fuente de donde brota permanentemente la existencia del ser humano. Estamos hablando de una energía amorosa que brota ininterrumpidamente en cada momento y en cada circunstancia. Sin el cuidado el ser humano seguiría siendo una porción de arcilla como cualquier otra a la orilla del río, o un espíritu angelical desencarnado y fuera del tiempo histórico.

Cuando se dice que el dios Cuidado moldeó, el primero, al ser humano, se pretende enfatizar que empeñó en ello dedicación, amor, ternura, sentimiento y corazón. Con eso asumió la responsabilidad de hacer que estas virtudes constituyesen la naturaleza del ser humano, sin las cuales perdería su estatura humana. El cuidado debe transformarse en carne y sangre de nuestra existencia.

El propio universo se rige por el cuidado. Si en los primeros momentos después del big bang no hubiese habido un sutilísimo cuidado para que las energías fundamentales se equilibrasen adecuadamente, no habrían surgido la materia, las galaxias, el Sol, la Tierra y nosotros mismos. Todos nosotros somos hijos e hijas del cuidado. Si nuestras madres no hubiesen tenido infinito cuidado al recibirnos y alimentarnos, no habríamos sabido cómo salir de la cuna a buscar nuestro alimento. Habríamos muerto en poco tiempo.

Todo lo que cuidamos también lo amamos y todo lo que amamos también lo cuidamos.

Junto con el cuidado nace naturalmente la responsabilidad, otro principio fundador de la ética universal. Ser responsable es cuidar de que nuestras accionen no hagan daño ni a nosotros ni a los demás, sino al contrario, que sean benéficas y promuevan la vida.

Todo necesita ser cuidado. En caso contrario se deteriora y lentamente desaparece. El cuidado es la mayor fuerza que se opone a la entropía universal: hace que las cosas duren mucho más tiempo.

Como somos seres sociales, no vivimos sino que convivimos, necesitamos la colaboración de todos para que el cuidado y la responsabilidad se conviertan en fuerzas plasmadoras del ser humano.

Cuando nuestros antepasados antropoides iban en busca de alimento, no lo comían al momento como hacen, en general, los animales. Lo recogían y lo llevaban a su grupo y cooperativa y solidariamente comían juntos, empezando por los más jóvenes y los mayores, y después todos los demás. Fue esta cooperación la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdadero ayer, también sigue siendo verdadero hoy. Es lo que más falta hace en este mundo que se rige más por la competición que por la cooperación. Por eso somos insensibles ante el sufrimiento de millones y millones de personas y dejamos de cuidar y de responsabilizarnos del futuro común, el de nuestra especie y el de la vida en el planeta Tierra.

Es importante reinventar ese consenso mínimo alrededor de estos principios y valores si queremos garantizar nuestra supervivencia y la de nuestra de civilización.

Traducción de Mª José Gavito Milano