Espetáculo y ideología en la administración de la justicia

Para no tener que soportar emails rencorosos, empiezo diciendo que no estoy defendiendo la corrupción de políticos del Partido de los Trabajuadores (PT) y de la base aliada, objeto de la acción penal 470 que está siendo juzgada por el Supremo Tribunal Federal (STF). Si se comprueba que se han cometido delitos, merecen las penas previstas por el Código Penal. El rigor de la ley ha de aplicarse a todos.

Otra cosa, sin embargo, es la espectacularización del juicio, transmitido por la tele.  Ahí es ineludible la feria de las vanidades y el sesgo ideológico subyacente en la mayoría de los discursos.

Desde La Ideología Alemana de Marx/Engels (1846) hasta Conocimiento e Interés de J. Habermas (1968 y 1973) sabemos que por detrás de todo conocimiento y de toda práctica humana hay una ideología latente. Resumiendo podemos decir que la ideología es el discurso del interés. Y todo conocimiento, incluso el que pretende ser el más objetivo posible, viene impregnado de intereses. Pues así es la condición humana. La cabeza piensa a partir de donde pisan los pies. Y todo punto de vista es la vista desde un punto. De aquí no se escapa nadie.  Cabe analizar política y éticamente el tipo de interés, a quién beneficia, a qué grupos sirve y qué proyecto de Brasil tiene en mente.  ¿Cómo entra el pueblo en todo esto? ¿Sigue siendo invisible y despreciable?

La ideología pertenece al mundo de lo escondido y de lo implícito. Pero se han  desarrollado varios métodos, que practiqué durante muchos años con mis alumnos de epistemología de Petrópolis, para desenmascarar la ideología.  El más simple y directo es observar la adjetivación o calificación que se aplica a los conceptos básicos del discurso, especialmente en las condenas.

En algunos discursos como los del magistrado Celso de Mello lo ideológico grita, hasta en el tono de voz que utiliza. Cito solamente algunas calificaciones oídas en la plenaria: el “mensalón” sería “un proyecto ideológico-partidista de inspiración patrimonialista”, un “asalto criminal a la administración pública”, “una pandilla de ladrones de la calle” y una “banda criminal”. Se tiene la impresión de que los líderes del PT e incluso algunos ministros no hacían otra cosa que organizar robos y soborno de diputados, en vez de ocuparse de los problemas de un país tan complejo como Brasil.

¿Cuál es el interés que se esconde tras las doctas argumentaciones jurídicas? Como ya ha sido señalado por reconocidos analistas del calibre de Wanderley Guilherme dos Santos, ahí se revela un cierto prejuicio contra los políticos venidos del campo popular. Más aún: se busca aniquilar toda la posible credibilidad del PT como partido que viene de fuera de la tradición elitista de nuestra política; se busca indirectamente alcanzar a su carismático líder, Lula, sobreviviente de la gran tribulación del pueblo brasilero y el primer presidente obrero, con una inteligencia asombrosa y habilidad política innegable.

La ideología que se filtra en los principales pronunciamientos de los magistrados del STF parece eco de la voz de otros, de la gran prensa empresarial que nunca aceptó que Lula llegase al palacio de Planalto. Su destino y su condena es la Planicie. En Planalto podría entrar como personal de limpieza para limpiar los baños.

En la plenaria se oyen ecos provenientes de la Casa Grande que le gustaría mantener a la Senzala siempre sumisa y silenciosa. Difícilmente se tolera que a través del PT los desheredados e invisibles comenzasen a discutir de política y a soñar con reinventar un Brasil diferente. Se tolera un pobre ignorante y mantenido políticamente en la ignorancia. Se tiene verdadero pavor de un pobre que piensa y que habla. Lula y otros líderes populares o convertidos a la causa popular como João Pedro Stedile, empezaron a hablar y a implementar políticas sociales que permitieron que una buena parte de la población, equivalente a toda una Argentina, fuese incluida en la sociedad de los ciudadanos.

Esta causa no puede estar bajo juicio. Ella representa el sueño mayor de los que siempre fueron desposeídos. La Justicia tiene que tomar en serio este anhelo si no quiere desmoralizarse consagrando un statu quo que nos hace pasar internacionalmente vergüenza. Justicia es siempre la justa medida, el equilibrio entre el más y el menos, la virtud que impregna todas las virtudes (“la luminosísima estrella matutina” de Aristóteles).

Estimo que el STF no ha conseguido mantener la justa medida. El STF debe honrar esa justicia-mayor que encierra todas las virtudes de la polis, de la sociedad organizada. Entonces sí se hará justicia en este país.

Leonardo Boff es profesor emérito de Ética de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Articular la inteligencia con la miseria

 

A partir de los años cincuenta del siglo pasado se fueron formando en Brasil, en el seno de la masa de los desposeidos, movimientos sociales de diversa naturaleza pero todos con el sueño de refundar Brasil, construyendo una nación autónoma y no una gran empresa agregada y al servicio del capital mundial. Esa fuerza social ganó dimensiones transformadoras cuando se dio la alianza entre estos movimientos populares con los intelectuales que, no perteneciendo a las capas oprimidas, optaron por ellas, asumieron su causa, apoyaron sus luchas y participaron de su destino, a veces trágico, por estar marcado por persecuciones, prisiones, torturas, exilios y muertes, como está siendo mostrado ahora por la Comisión de la Verdad.

Con esto la “inteligentsia” brasilera comenzó a pagar una enorme deuda social para con el pueblo. Pero esa alianza siempre necesita rehacerse y ser consolidada, especialmente ahora que uno de sus representantes llegó a la presidencia y consiguió avances político-sociales nunca antes realizados. Sobre él recae todo el peso del prejuicio de clase. De ahí la furia con la que está siendo atacado con el objetivo de acabar con su liderazgo y su resonancia mundial.

Hoy más que nunca, las universidades, donde se forman los intelectuales, ya no pueden ser reducidas a macroaparatos de reproducción de la sociedad discrecional ni a fábricas formadoras de cuadros para el funcionamento del sistema imperante. En nuestra historia patria han sido también siempre un laboratorio del pensamiento contestatario y libertario. Esto constituye su misión histórica permanente que debe acelerarse hoy, dado el agravamiento de la crisis general en el mundo.

El mayor desafío es consolidar los avances sociales y populares ya alcanzados. Por eso la nueva centralidad reside en la construcción de la sociedad civil a partir de la cual los anónimos e invisibles dejan de ser lo que son y pasan a ser pueblo organizado. Sin este tipo de ciudadanía no habrá base para un proyecto de reinvención de Brasil como una democracia social, popular y cotidiana. Para alcanzar esta meta histórica se hace urgente el encuentro de la universidad con la sociedad.

Ante todo, es importante crear y consolidar una alianza entre la inteligencia académica y los condenados a la miseria y a la pobreza. Todas las universidades, especialmente tras la reforma de su estatuto por Humboldt en 1809 en Berlín, dieron a su cuerpo los dos brazos que hasta hoy las conforman: el brazo humanístico que viene de las viejas universidades medievales y el científico-técnico que creó el actual mundo moderno. Ellas se han vuelto el lugar clásico de la puesta en cuestión de la vida, del hombre, de su destino, de la cultura y de Dios. Las dos culturas –la humanística y la científico-técnica– van dejando de coexistir y se intercomunican en el sentido de tomar en serio su contribución a la gestación de un país con menos desigualdades e injusticias.

Las universidades son urgidas a asumir este desafío: las distintas facultades e institutos tienen que buscar un enraizamiento orgánico en las bases populares, en las periferias y en los sectores ligados directamente a la producción de los medios de vida. Aquí puede establecerse un intercambio fecundo de saberes, entre el saber popular, hecho de experiencias, y el saber académico, fruto del estudio y de la investigación. De este intercambio puede surgir la definición de nuevas temáticas teóricas y prácticas y la valoración de la riqueza del pueblo en su capacidad de solucionar sus problemas.

Esta actividad permite un nuevo tipo de ciudadanía, basada en la conciudadanía: representantes de la sociedad civil y de las bases populares así como de la intelectualidad toman iniciativas autónomas y someten al Estado a un control democrático, reclamándole servicios para el bien común. En estas iniciativas populares, sea en la construcción de casas mediante la colaboración vecinal, en la búsqueda de medios para la salud, en la forma de producción de alimentos, en la contención de tierras sueltas para evitar derrumbes y en otros mil frentes, los movimientos sociales sienten la necesidad de un saber profesional. Es donde pueden y deben entrar la “inteligentsia” y la universidad, socializando el saber, proponiendo soluciones originales y abriendo perspectivas, a veces insospechadas, para quien está condenado a luchar sólo para sobrevivir.

De este ir y venir fecundo entre pensamiento universitario y saber popular puede surgir un nuevo tipo de desarrollo adecuado a la cultura local y al ecosistema regional. A partir de esta práctica, la universidad pública rescatará su carácter público, será servidora de la sociedad y no solo de aquellos privilegiados que consiguieron entrar en ella. Y la universidad privada realizará su función social, ya que es en gran parte rehén de los intereses privados de las clases proprietarias e incubadora de su reproducción social.

De ese casamiento entre “inteligentsia” y miseria nacerá un pueblo liberado de las opresiones para vivir en un país más justo donde sea más fácil el quererse y el amor.

Teologia da Libertação: “tudo é relativo menos Deus e a fome”

JON SOBRINO é  é um colega de teologia. Ambos somos de 1938 e estudamos na Alemanha. Atualmente é professor da Universidade Centro-Americana – UCA -, de San Salvador. É um sobrevivente do massacre de todos os jesuuita da UCA, pois estava fora de casa. É considerados um dos mais representativos teólogos da libertação. Une mísstica com teologia, engajamento pelos pobres de seu pais com a reflexão crítica mais séria. Aqui nos oferece o verdadeiro rosto da Teologia da Libertação. Nunca mencionou Marx, pois ele não é nem pai nem padrinho desta Teologia, como erroneamente e malevolamente é acusada. Seu centro é o Deus da vida e por isso é o Deus que toma partido pelos que menos vida tem, os pobres e oprimidos. Quem quiser saber a partir das fontes o que seja Teologia da Libertação, encontra aqui as boas razões e a permanente atualidade deste tipo de teologia. Os que quissrem aprofundar a questão podem consultar seu livro principal: Jesus Cristo Libertador: cristologia a partir da América Latina: esboço a partir do seguimento do Jesus histórico (Petrópolis: Vozes, 1983).  Publicasmos aqui a entrevista que deu ao IHU-On Line, Instituto Humanitas de Unisinos no dia 29 de setembro do corrente ano. LBoff

 IHU On-Line – Para o senhor, qual o significado de celebrar os 50 anos do início do Concílio Vaticano II e os 40 anos da publicação do livro de Gustavo Gutiérrez  – Teologia da Libertação? Que perspectivas podem se abrir a partir do Congresso Continental de Teologia?
Jon Sobrino – Naqueles anos, de 1966 a 1974, estive em Frankfurt estudando Teologia. Tive notícias do Concílio, mas parciais. Por Medellín e o livro de Gustavo Gutiérrez, só cheguei a me interessar em 1974, com a minha chegada a El Salvador. Com isso quero dizer que, diferentemente de muitos da minha geração, eu fui um ignorante do que estava acontecendo e obviamente não fui nenhum apaixonado. Depois, tudo mudou. Mais do que acontecimento, penso que foi a realidade salvadorenha dos pobres e os companheiros que se entregavam a eles que me levaram a valorizar os acontecimentos que haviam ocorrido e a ler os textos de bispos e de teólogos que os acompanhavam. Esse esclarecimento talvez ajude a compreender as respostas que vou dar a seguir. Perguntam-me qual é o significado de celebrar, e penso que, se levarmos a sério a pergunta, cada um terá uma resposta própria.
Dos acontecimentos mencionados, eu continuo celebrando que foram rupturas profundas e humanizadoras na história da Igreja. Fizeram-nos respirar. Pensando no Concílio, “o impossível se fez possível”. Pensando em Medellín, Gustavo Gutiérrez e depois em Dom Romero, a Igreja decidiu se voltar ao pobre e a Jesus. E deu “ultimidade” à justiça e à esperança de que fosse possível “que o rico não triunfe sobre o pobre, nem o verdugo sobre a vítima”. Nessa tarefa, assomava-se com clareza o Deus de Jesus. E se eu me centro mais em Medellín do que no Concílio é porque eu o conheço melhor.

IHU-On-Line: Outro cristianismo é possível?

Isso produziu alegria e esperança de que, como se diz hoje, não sei se com demasiada facilidade, outra Igreja, outra fé, outro cristianismo “é possível”, e o era porque “era real”. Hoje celebramos o despertar “do sonho de séculos de cruel desumanidade”, como nos pediaMontesinos, a decisão de trabalhar pelos pobres e sua libertação, e a lançar a sorte com eles. Celebramos a difícil conversão e o novo que foi aparecendo: liturgias, catequese, música popular, poesias, nova teologia, a de Gustavo, um compromisso desconhecido e uma luta contra os ídolos. E, sobretudo, a entrega da vida de centenas e milhares de fiéis cristãos. De bispos e sacerdotes. Na vida e na morte se pareceram com Jesus. Os feitos são evidentes. Dom Pedro Casaldáliga escreveu “São Romero da América, pastor e mártir nosso”, embora várias cúrias romanas não sabem o que fazer com esse mártires, tantos e tão numerosos são eles. As normativas às que devem ser fiéis não são pensadas para aceitar o evidente.
Hoje, no continente, mudaram algumas coisas, persistem a pobreza, as estruturas de injustiça e de opressão, e aumenta a crueldade das migrações.

Mudaram mais as coisas na Igreja. De Puebla em diante, deslizou-se por uma ladeira sem que Aparecida tenha impedido isso significativamente. Há coisas boas e inovadoramente boas, mas já não é o de antes. Havia honradez institucional, abundante, ao menos o suficiente, com o real, denúncia vigorosa e analisada contra o horror dos pobres, utopia pela qual trabalhar e lutar, cartas pastorais que lembravam Bartolomé de las Casas e a ciência de Vitória, homilias proféticas de sacerdotes, teologias audazes… Agora isso não fica claro. Fizeram presente um Deus mais latino-americano, pobre, esperançoso, libertador e crucificado. E devolveram ao continente e a suas igrejas um Jesus que esteve sequestrado durante séculos.

IHU-On Lne: O que significa, então, celebrar anos depois o Concílio, o livro de Gustavo Gutierrez,Medellín, o martírio de Dom Romero?

O que ocorreu foi muito bom e muito humanizador. Hoje, já não abunda. E por isso é preciso olhar para trás, embora as palavras não soem politicamente corretas. Certamente é preciso prosseguir com o novo no pensar teológico: a mulher, os indígenas, as religiões, a irmã terra, a utopia de outros mundos, igrejas, democracias “possíveis”. Mas é preciso ter cuidado para não cair na ameaça de Jeremias: “Abandonaram a mim, fonte de água viva, e cavaram para si poços, poços rachados que não seguram a água” (2, 13). O que mencionamos antes são fontes de água viva até o dia de hoje. E mais o serão se voltarmos a elas ativa e criativamente. É certo, “o Espírito nos move para frente”. Mas tal como estamos, menos se pode esquecer que “o Espírito nos remete aJesus de Nazaré”, eterna fonte de água viva.

IHU On-Line – O que significa fazer e pensar a Teologia a partir da realidade da América Latina e do Caribe?
Jon Sobrino – A teologia não é o primeiro a ser pensado. O primeiro é a realidade e, no caso da Teologia, a realidade absoluta. Com sua agudeza habitual, Dom Pedro Casaldáliga, ao se referir ao absoluto, diz que “tudo é relativo, menos Deus e a fome”. O absoluto é Deus, e o coabsoluto são os pobres. Fazer teologia é, então, ajudar, a partir do pensar, para que Deus seja mais real na história e que os pobres – a fome – deixem de sê-lo. Para que o pensar possa ajudar nessa tarefa, lembremos o que Ellacuría entendia por inteligir a realidade. Explicava-o em três passos:

– O primeiro é “assumir a realidade”; em palavras simples, captar como são e como estão as coisas. Em 2006, olhando o mundo universo, Casaldáliga escrevia: “Hoje, há mais riqueza na Terra, mas há mais injustiça. Dois milhões e meio de pessoas sobrevivem na Terra com menos de dois euros por dia, e 25 mil pessoas morrem diretamente de fome, segundo aFAO. A desertificação ameaça a vida de 1,2 milhões de pessoas em uma centena de países. Aos emigrantes é negada a fraternidade, o solo abaixo dos pés. Os Estados Unidosconstroem um muro de 1,5 mil quilômetros contra a América Latina. E a Europa, ao sul da Espanha, levanta uma cerca contra a África. Tudo o que, além de iníquo, é programado”. O presente não o desmente.

– O segundo passo é “encarregar-se da realidade”. Sua finalidade não consiste simplesmente em fazer crescer conhecimentos por bons e necessários que sejam, mas em fazer crescer a realidade. E em uma direção determinada: a da salvação, da compaixão, da misericórdia e do amor. A teologia é intellectus amoris.

– O terceiro passo é “carregar a realidade”, e com uma realidade que é pesada. Sob ela vivem os anawim da Escritura, os encurvados. A carga que pode fazer até com que privem a vida de alguém. Teólogos e teólogas sofreram perseguição, e alguns acabaram mártires. Isso pode acontecer quando o fazer teologia está perpassado de atitude ética.

Costumamos acrescentar um quarto passo: “deixar-se carregar pela realidade”. O trabalhar e o sofrer assim também podem ser graça para quem faz teologia. Então, o teólogo sabe que faz parte do povo pobre, não é externo a ele. Sabe que é levado por ele e recebe o agradecimento dos pobres. Fazer teologia é, então, “uma pesada carga leve”, como diziaRahner, que é o Evangelho.

IHU On-Line – Como o senhor analisa a atual conjuntura cultural, socioeconômica e político mundial, a partir do horizonte latino-americano? Nesse contexto, quais os desafios e tarefas que implicam à teologia?
Jon Sobrino – Creio que na atualidade há muitos rostos de Deus na América Latina. Uns emergiram no passado e ali ficaram. Seguem mantendo muita gente com vida e dignidade – embora com a limitação de não animar ao compromisso. Outros coexistem com superstição desumanizante. Hoje proliferam novas Igrejas e movimentos de todo o tipo, em sua maioria carismáticos e pentecostais, com seus novos rostos de Deus. Pessoalmente, compreendo e às vezes aprecio a bondade das pessoas que os veneram, pois, em parte, deve-se a longas épocas de desamparo eclesial. Mas nem sempre é fácil para mim colocá-los junto ao Jesus de Nazaré do Evangelho. Entre intelectuais e antigos revolucionários existem agnósticos e alguns ateus. São minorias, mas estão aumentando. Creio que, em poucos lugares, surgiu o rosto de um Deus crucificado, de que fala Moltmann, mas não creio que em países como El Salvador e Guatemala seja possível aceitar, a longo prazo, um Deus que não afeta o seu sofrimento, que o próprio Deus sofra em seus filhos e filhas crucificados. Em meio a esses rostos, creio que a novidade maior é a dupla formulação que Puebla fez em 1979. Positivamente, Deus é essencialmente um Deus libertador. Defende e ama os pobres – e nessa ordem – pelo mero fato de serem-no. Seja qual for sua situação pessoal e moral. Dialeticamente, Deus é essencialmente um Deus de vida contra divindades da morte.Puebla analisou isso cuidadosamente e apresentou os ídolos de acordo com uma hierarquia: o ídolo da riqueza, o poder, as armas… Dom Romero, junto com Ignacio Ellacurría, explicou-o admiravelmente para a situação salvadorenha.

IHU On-Line – Qual é o rosto de Deus que emerge da realidade latino-americana? E como a Igreja tem assumido esse rosto?
Jon Sobrino – É preciso perguntar isso a eles, e não tomarmos, nós, o seu lugar. Mas podemos dizer algo. Em Morazán, em meio às atrocidades da guerra dos campesinos, perguntavam ao sacerdote que os acompanhava: “Padre, se Deus é um Deus de vida, como acontece tudo isso conosco?”. É a pergunta de Jó e de Epicuro . Para responder a essa pergunta não me ocorrem conteúdos nem razões, mas sim atitudes. A primeira é lhes falar “com proximidade”. E não qualquer proximidade, mas a de Dom Romero: “Peço ao Senhor durante toda a semana, enquanto vou recolhendo o clamor do povo e a dor de tanto crime, a ignomínia de tanta violência, que me dê a palavra oportuna para consolar, para denunciar, para chamar ao arrependimento”. A segunda é falar “com credibilidade”. E, de novo, não qualquer credibilidade, mas a de Dom Romero: “Eu não quero segurança enquanto não a deem a meu povo”. O bispo não respondia apelando a milagres celestiais, mas sim mostrando em sua própria carne o amor terrenal. O que sentiam em seu coração os campesinos que sofriam e perguntavam, pertence a seu mistério. Aqueles que o viam de fora acreditam que o bispo lhes falou do amor de Deus. E que as suas palavras foram uma boa notícia. Resta aos intelectuais dialogar com Epicuro e Dostoiévski , acolher Paulo eMoltmann. E não é tarefa ociosa. Mas, entre nós, o que mais ressoa é a proximidade e a credibilidade do Monsenhor.

IHU On-Line – Como falar de Deus a partir da realidade de sofrimento que vivem os excluídos, os que estão à margem da sociedade privilegiada?
Jon Sobrino – As teologias não crescem, perduram ou decaem como sistemas formais de pensamento, não contaminadas pelo real. A Teologia da Libertação formulou com rigor e vigor que no Êxodo Deus “libertou os escravos”, que na sinagoga de Nazaré, Jesus “libertou os cativos”. O que, como e quanto disso guiou o pensamento nesses 40 anos é uma coisa a se analisar. Já disse que antes isso ocorreu mais do que agora. Desde já, a Teologia da Libertação não está na moda. Mas não me parece correto responsabilizar disso o que começou com Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo, Leonardo Boff, Ignacio Ellacuríae com Dom Helder Camara, Leonidas Proaño, Angelelli e Romero. Às pessoas mencionadas é preciso continuar agradecendo que ao longo desses 40 anos se mantiveram impulsos de teologia libertadora e se estenderam a novos âmbitos, como o do gênero, das religiões, da mãe terra… E aqueles de boa vontade que lamentam a queda da teologia da libertação, que voltem ao Deus do Êxodo e a Jesus de Nazaré. Indubitavelmente, houve limitações, erros, exageros. Pode ter havido reducionismos anti-intelectuais em favor da práxis, preguiça intelectual diante de escritos como os de Juan Luis Segundo ou Ellacuría, vislumbres de demagogia diante do pensamento científico de outros lares, ignorância das críticas ou prepotência diante delas. Mas, pessoalmente, não vejo que tenha surgido outro impulso teológico tão humano, frutífero, evangélico e latino-americano como o que surgiu há 40 anos.

IHU On-Line – Como o senhor analisa esses quarenta anos da Teologia da Libertação? Por que ela foi tão criticada, perseguida, difamada pelos poderes do mundo, inclusive pela hierarquia da Igreja?
Jon Sobrino – Outra coisa é a menor qualidade na produção da teologia da libertação. Não é fácil que se repita a geração dos fundadores, embora tenham surgido novos teólogos e teólogas de qualidade. E não se pode esquecer que algo parecido pode ocorrer hoje em outras escolas, tradições e movimentos de teologia. Os Barth, Rahner, de Lubac, von Balthasar, Bultmann, Käsemann não têm muitos sucessores dessa altura.
A resposta à segunda pergunta não precisa de nenhum estudo sofisticado, nem de discernimento diante de Deus. Ou por má vontade ou por ignorância, aquela teologia foi vista como uma ameaça. Certamente, ameaça ao capitalismo, e daí a reação de Rockefeller em 1969 e dos assessores de Reagan, em 1980. E ameaça à segurança nacional, e daí as reações dos generais na década de 1980. Também no interior da Igreja, por ignorância, por medo de perder o poder ou por obstinação de não querer reconhecer a verdade com que se respondiam às críticas. Lembre-se de Dom López Trujillo e de vários bispos e cardeais. E a instrução da Congregação para a Doutrina da Fé, de 1984, sem que a de 1986 conseguisse consertar totalmente o anterior.

IHU On-Line – Qual o significado teológico e antropológico da expressão “libertação”, a partir do contexto latino-americano? Como essa perspectiva teológica se implica no atual contexto de sociedade e de Igreja?
Jon Sobrino – Se me lembro bem, o conceito de “libertação” foi usado para superar o conceito de “desenvolvimento”, a solução que o mundo ocidental propunha para superar a pobreza. Na Igreja, redescobriu-se que era um termo-chave no Êxodo e em Lucas para expressar salvação. Parece-me importante ter presente que “a libertação” foi redescoberta na América Latina, o chamado terceiro mundo, por ser um continente não só atrasado ou subdesenvolvido, mas também oprimido e escravizado pelo primeiro mundo, europeus e norte-americanos. E em Igrejas, se não oprimidas pelas europeias, fortemente dependentes delas. O termo “libertação” remetia de forma muito importante à opressão e à repressão, isto é, à privação injusta e cruel da vida, o que se mantém até os dias de hoje. Outra coisa é que, felizmente, o conceito foi estendendo seu significado na teologia para designar libertação da indignidade, da opressão de gênero, do despotismo de uma religião… E é preciso ter presente também que a teologia da libertação, diferentemente de outras teologias e ideologias, dá prioridade ao “povo” sobre o “individualismo”, e à “abertura à transcendência” sobre o “positivismo”, como disse Ellacuría em uma reunião de religiões abraâmicas. Em todo caso, embora com o retorno massivo a individualismos espiritualistas, a teologia da libertação introduziu a dimensão religiosa do humano no âmbito do mundo exterior. Ela a tornou presente na realidade social, por direito próprio e sem que possa ser facilmente ignorada. É religião política, afim à de Metz, o que não é um pequeno benefício.

IHU On-Line – Fazendo memória de Dom Oscar Romero, Ignácio Ellacuría e Companheiros, dentre tantos outros rostos que foram assassinados porque assumiram a causa dos empobrecidos e marginalizados, o que significa ser Igreja, hoje, no limiar do século XXI?
Jon Sobrino – Menciono duas sentenças. Ignacio Ellacuría, no funeral celebrado na UCA, disse: “Com Dom Romero, Deus passou por El Salvador”. Ser Igreja é trabalhar com decisão e simplicidade, para que Deus passe por esse mundo desumano. E para o não crente trabalhar para que a solidariedade e a dignidade, o melhor do humano, passe por este mundo, que embora seja mais secular, continua sendo desumano. Dom Romero, na Universidade de Louvain, no dia 2 de fevereiro de 1980, poucos dias antes de ser assassinado, disse: “A glória de Deus é que o pobre viva”.
Ser Igreja é trabalhar pela glória de Deus. E para o não crente “a glória da humanidade é que os pobres vivam, cheguem a formar parte da família humana”. Por isso, é preciso trabalhar. E termino com algo que me faz pensar. Penso que no Concílio a Igreja sentiu o impulso de humanizar o mundo e de se humanizar juntamente com ele, sem se envergonhar diante do mundo moderno e de usar o moderno para tornar mais crível o Deus cristão. A finalidade é magnífica. Em Medellín, a Igreja sentiu o impulso de não se envergonhar dos pobres e de não escutar a repreensão da Escritura: “Por causa de vocês, blasfema-se o nome de Deus entre as nações”. E com humildade se pôs a “limpar o rosto de Deus”. Acredito que o que se chamou de Teologia da Libertação pode aportar a ambas as coisas: racionalizar a fé em um mundo de injustiça e oferecer uma imagem mais limpa de Deus, não manchada com a imundície das divindades que dão morte aos pobres.

FONTE: http://www.ihu.unisinos.br/entrevistas/514096-o-absoluto-e-deus-e-o-coabsoluto-sao-os-pobres-entrevista-especial-com-jon-sobrino

Mantener viva la causa del Partido de los Trabajadores (PT) más allá del proceso del “mensalón”.

Hay un proverbio popular alemán que reza: “Le das al saco pero piensas en el animal que carga el saco”. Se aplica al PT con referencia al proceso del “mensalón” [escándalo de las mensualidades supuestamente pagadas a varios diputados para que votaran a favor de proyectos de interés del Poder Ejecutivo] que se está realizando estos días. Se golpea en los acusados pero con la intención de golpear al PT. El tipo de destaque que la mayoría de los medios de comunicación están dando a la cuestión, muestra que el gran interés no se concentra en la condenación de los acusados sino en, a través de su condenación, herir de muerte al PT.

De entrada quiero decir que nunca he estado afiliado al PT. Me intereso por la causa que él representa pues la Iglesia de la liberación colaboró en su formulación y en su realización en los medios populares. Reconozco con dolor que cuadros importantes de la dirección se dejaron picar por la mosca azul del poder y cometieron irregularidades inaceptables. Muchos nos sentimos decepcionados pues depositábamos en ellos la esperanza de que sería posible resistir a las seducciones inherentes al poder. Tenían la posibilidad de mostrar un ejercicio ético del poder en la medida en que este poder reforzase el poder del pueblo que así se haría participativo y democrático. Lentamente vino la caída, pero ésta nunca es fatal. Quien cae, puede siempre levantarse. Con la caída no cayó la causa que el PT representa: la de aquellos que vienen de la gran tribulación histórica mantenidos siempre en el abandono y en la marginalidad. Por políticas sociales consistentes, millones han sido integrados y se han vuelto sujetos activos. Ellos están inaugurando un tiempo nuevo que obligará a todas las fuerzas sociales a reformularse y a cambiar también sus hábitos políticos.

¿Por qué muchos resisten e intentan herir de muerte el PT? Hay muchas razones. Resalto apenas dos decisivas.

La primera tiene que ver con una cuestión de clase social. Es sabido que tenemos élites económicas e intelectuales de las más atrasadas del mundo, como solía repetir Darcy Ribeiro. Están más interesadas en defender privilegios que en garantizar derechos para todos. Ellas nunca se reconciliaron con el pueblo. Como escribió el historiador José Honório Rodrigues (Conciliação e Reforma no Brasil 1965,14) ellas «negaron sus derechos, arrasaron su vida y tan pronto le vieron crecer, le negaron poco a poco su aprobación, y conspiraron para ponerlo de nuevo en la periferia, lugar que siguen creyendo que le pertenece». El PT y Lula vienen de esta periferia. Llegaron democráticamente al centro del poder. Esas élites tolerarían a Lula en el palacio de Planalto, solamente como sirviente, nunca como presidente. No consiguen digerir este hecho imborrable. Lula Presidente representa un cambio de magnitud histórica. Las élites han perdido. Su tiempo pasó. Y no aprendieron nada. Siguen conspirando, especialmente a través de determinados medios de comunicación y de sus analistas, amargados por sucesivas derrotas como se nota en estos días, a propósito de una entrevista montada de la revista Veja contra Lula. Estos grupos se proponen apear al PT del poder y acabar con sus líderes.

La segunda razón está en su arraigado conservadurismo. No quieren cambiar, ni ajustarse al nuevo tiempo. Internalizaron la dialéctica del señor y el siervo. Nostálgicos, prefieren alinearse de forma agregada y subalterna, como siervos, al señor que hegemoniza la actual fase planetaria: Estados Unidos y sus aliados, hoy todos en crisis degenerativa. Difamaron el valor de un presidente que demostró la autoestima y la autonomía de un país, decisivo para el futuro ecológico y económico del mundo, orgulloso de su ensayo civilizatorio racialmente ecuménico y pacífico. Quieren un Brasil menor que ellos para seguir teniendo ventajas.

En conclusión, tenemos esperanza. Según Ignace Sachs, Brasil, en el camino de las políticas republicanas inauguradas por el PT y que todavía deben ser profundizadas, puede ser la Tierra de la Buena Esperanza, es decir, una pequeña anticipación de lo que podrá ser la Tierra revitalizada, bajada de la cruz y resucitada. Muchos jóvenes empresarios, con otra manera de pensar, ya no se dejan ilusionar por la macroeconomía neoliberal globalizada. Procuram seguir el nuevo camino abierto por el PT y por los aliados de su causa. Quieren producir autónomamente para el mercado interno, abasteciendo a los millones de brasileros que buscan un consumo necesario, suficiente y responsable, y así poder vivir un desahogo con digidad y decencia. Esta utopía mínima es factible. El PT se esfuerza por realizarla. Esa causa no puede ser perdida por la férrea resistencia de opositores superados porque es demasiado sagrada por el sudor y la sangre que costó.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo, escritor y doctor honoris causa en política por la Universidad de Turín a solicitud de Norberto Bobbi