Defender la democracia e inaugurar una socio-ecológica o ecosocialista

Leonardo Boff*

La Tierra está cambiando de forma irreversible. Hemos entrado en un nuevo régimen climático mucho más caliente y amenazador. La ciencia y la técnica han llegado atrasadas. Sólo con lo acumulado en la atmósfera de gases de efecto invernadero se está trasformando el curso del planeta vivo. Los distintos saberes, desde los populares a los más científicos, apenas pueden disminuir los efectos dañinos. Pero estos vendrán con más frecuencia y más graves. 

Si queremos continuar sobre este planeta tenemos que elaborar otro paradigma civilizatorio, amigable con la vida y en el que nos sintamos hermanos y hermanas de todos los demás seres vivos, como lo postula el Papa Francisco en la Fratelli tutti(2020). Pues con ellos tenemos el mismo código genético de base. 

Dentro de este contexto se impone la urgencia de otro tipo de democracia: la socio-ecológica o la ecosocialista. Ella representaría la culminación del ideal democrático, exactamente en este momento en que constatamos un descenso grave de los ideales democráticos en un contexto de ascenso de movimientos autoritarios.Hay que añadir los peligros para la democracia y para la vida humana la inteligencia artificial que puede ser altamente destructiva o bien benevola, pero trabaja con millones y millones de algoritmos que ya no dependen de nuestro control.

Subyacente a ella está la idea originaria de toda democracia: todo lo que interesa a todos debe ser pensado y decidido por todos.

Hay una democracia directa en pequeñas comunidades o en un país como Suiza. Para agrupaciones sociales más grandes, se proyectó la democracia representativa. Como por lo general la controlan los poderosos, se propuso una democracia participativa en la cual los del piso de abajo pueden participar en la formulación y seguimiento de las políticas del país.

Avanzando más se creó una democracia comunitaria, vivida por los pueblos andinos, en la cual todos participan de todo dentro de una gran armonía ser humano-naturaleza. Es el “bien vivir y convivir”. Se vio que la democracia es un valor universal (N.Bobbio), practicado cotidianamente en la vida, en la familia, en las asociaciones y en la forma de organizar el estado. También es una democracia sin fin (Boaventura de Souza Santos), pues siempre pode ser perfeccionada y nunca está terminada. Ante la inminencia del riesgo de desaparición de la especie humana, todos, para salvarse, se unirían en torno a una superdemocracia planetaria (J.Attali).

Más o menos en esta línea deben ser pensadas y vividas las distintas formas de democracia. Los sobrevivientes de la gran transformación de la Tierra, estabilizando su clima medio en torno a los 38 grados centígrados o más, habrán de aplicar medidas drásticas. Como modo de supervivencia tendrán que incorporar nuevas formas de relación en armonía con la naturaleza y con la Madre Tierra. De ahí se pensó este tipo de democracia socio-ecológica. Es social por envolver a toda la sociedad. Es la gran propuesta del ecosocialismo, que no tiene nada que ver con el frustrado socialismo real ya desaparecido. 

Esa democracia socio-ecológica o ecosocialista tiene como eje estructurador lo ecológico. No como una técnica para garantizar la sostenibilidad del modo de vida humana en los moldes del paradigma vigente del ser humano dominus=señor que está fuera y encima de la naturaleza, sino como frater= hermano y hermana, que es parte y está dentro de la naturaleza. La ecología sería pues un arte, un modo de convivencia tierna y fraterna con la naturaleza.

El modo de producción y las instituciones ya no obligarán a la naturaleza a adaptarse a los deseos humanos. Estos se adecuarán a los ritmos de la naturaleza, cuidando de ella, dándole reposo para que pueda regenerarse. El ser humano sentirá que es la propia naturaleza, de suerte que cuidando de ella estará cuidando de sí mismo.

La singularidad del ser humano, y esto ha sido comprobado por los neurólogos, genetistas, bioantropólogos y cosmólogos, es presentarse como un ser-nudo-de-relaciones, de amorosidad, de cooperación, de solidaridad y de compasión. Esto lo dijo James D.Watson en su libro ADN. El secreto de la vida (2005): el amor y la solidaridad pertenecen al código genético humano.

Tal singularidad aparece mejor cuando lo comparamos con los simios superiores, de los cuales nos diferenciamos solo en un 1,6% de carga genética. Ellos también tienen una vida societaria, pero se orientan por la lógica de la dominación y la jerarquización. Nosotros nos diferenciamos de ellos por la cooperación y por la comensalidad.

Hoy se admite que tanto la naturaleza como la Tierra son sujetos de derechos. Son los nuevos ciudadanos con los cuales debemos convivir amigablemente. La Tierra es una entidad biogeofísica, Gaia, que articula todos os elementos para continuar viva y producir toda la biodiversidad. En un momento avanzado de su evolución y complejización empezó a sentir, a pensar, a amar y a cuidar. Fue entonces cuando surgió el ser humano, hombre y mujer, que es la Tierra pensante y amante.

Si queremos sobrevivir juntos, esta democracia deberá ser una biocracia, una sociocracia, una geocracia y una cosmocracia, en una palabra, una democracia ecológico-social o ecosocialista. El tiempo urge. Debemos generar una nueva conciencia y prepararnos para los cambios que no tardarán en llegar. 

¿Es una utopía? Sí, pero una utopía necesaria si todavía queremos vivir en este planeta. 

*Leonardo Boff ha escrito con Jürgen Moltmann ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Vozes 2014; Cuidar la Tierra-proteger la vida:cómo evitar el fin del mundo, Record 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

 La importancia fundamental de la vida del espíritu

Leonardo Boff*

El conocido y siempre apreciado piloto y escritor Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, en un texto póstumo escrito en 1943, Carta al General “X”, antes de que su avión se precipitase en el Mediterráneo, afirma con gran énfasis: «No hay más que un problema, sólo uno: redescubrir que hay una vida del espíritu que es todavía más elevada que la vida de la inteligencia, la única que puede satisfacer al ser humano» (Macondo Libri 2015, p. 31).

En otro texto, escrito en 1936, cuando era corresponsal de “Paris Soir” durante la guerra civil española, que lleva como título “Es preciso dar un sentido a la vida” retoma el tema de la vida del espíritu. Afirma: «el ser humano no se realiza sino junto con otros seres humanos en el amor y en la amistad; los seres humanos no se unen solo aproximándose unos a otros, sino fundiéndose en la misma divinidad. En un mundo hecho desierto, tenemos sed de encontrar compañeros con los cuales compartir el pan» (Macondo Libri p.20). Al final de la “Carta al General “X” concluye: “Cuánta necesidad tenemos de un Dios” (op.cit. p.36).

Efectivamente, sólo la vida del espíritu confiere plenitud al ser humano. Ella representa un bello sinónimo para espiritualidad, no pocas veces identificada o confundida con religiosidad. La vida del espíritu es un hecho originario de nuestra dimensión profunda, un dato antropológico como la inteligencia y la voluntad, la libido, algo que forma parte de nuestra esencia. Ella está en la base del nacimiento de todas las religiones y caminos espirituales. 

Sabemos cuidar de la vida del cuerpo. Hoy existe una verdadera cultura con tantos gimnasios por todas partes. Los psicoanalistas de varias tendencias nos ayudan a cuidar de la vida de la psique, de nuestros ángeles y demonios interiores, para llevar una vida con relativo equilibrio, sin neurosis ni depresiones.

Pero en nuestra cultura nos hemos olvidado prácticamente de cultivar la vida del espíritu. Las religiones, que por su naturaleza deberían cumplir con esta misión, en su mayoría predican sus doctrinas, dogmas y ritos ya endurecidos más que ofrecer una iniciación a la vida del espíritu. Esta es nuestra dimensión radical, donde se albergan las grandes preguntas, se acarician los sueños audaces y se elaboran las utopías más generosas.

La vida del espíritu se nutre de bienes intangibles como el amor, la amistad, la convivencia amistosa con los demás, la compasión, el cuidado y la apertura al infinito. Sin la vida del espíritu divagamos por ahí, sin un sentido que nos guíe y que haga la vida apetecida y agradecida.

Una ética de la Tierra, de reconocimiento de su dignidad, de respeto por su compleja y riquísima diversidad, no se puede sostenerse por mucho tiempo sin ese supplément d’âme que es la vida del espíritu. Fácilmente la ética decae en moralismo o en llamamentos espirituales, sin hablar al corazón de las personas. 

La vida del espíritu, es decir, la espiritualidad hace que nos sintamos parte de la Madre Tierra a quien debemos amar y cuidar, pues esa es la misión que el universo y Dios nos han confiado. 

Pero no estamos cumpliendo con la misión que nos fue dada en el acto de la creación del ser humano de “guardar y cuidar del Jardín del Edén” (Gn 2,15) y por ello hemos llegado hoy al límite extremo en que, por guerras nucleares y terminales, por el cambio drástico del régimen climático y otros factores que desequilibran el planeta, podemos ir al encuentro de grandes catástrofes ecológico-sociales. No es imposible que lleguemos a autodestruirnos, frustrando el designio del Creador.

Confiamos y esperamos en la racionalidad mínima que nos queda, imbuida de la inteligencia emocional y cordial, que nos forzarán a cambiar el rumbo e inaugurar una biocivilización en la cual la amistad entre todos y los lazos amorosos podrán salvarnos. Al final, la vida del espíritu habrá realizado su misión salvadora.

*Leonardo Boff ha escrito con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada?, Vozes 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Una escalada en la guerra Rusia-Ucrania puede poner en peligro la vida sobre la Tierra

Leonardo Boff*

Se oye hablar cada vez más de una escalada en la guerra entre Rusia y Ucrania, provocada por el propio Putin al admitir, eventualmente, el uso de armas nucleares tácticas. No destruyen mucho pero la radioactividad emitida podrá volver la región inhabitable durante muchos años. La razón básica es que Rusia no puede perder la guerra.

Esta situación se agravó cuando la OTAN, por presión de Estados Unidos, extendió su acción ofensiva del Atlántico al Pacífico con la adhesión de Japón, de Corea del Sur, de Australia y de Nueva Zelanda. La OTAN se sometió vergonzosamente a la voluntad imperial de los USA. Parece que no aprendió nada de las dos guerras del siglo XX en Europa que causaron 100 millones de víctimas.

Hoy se sabe que detrás de la guerra que sucede en Ucrania está el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia/China para ver quien se hace con el dominio geopolítico del mundo. Hasta ahora existía un mundo unipolar con total predominio de los Estados Unidos. 

Nuestro maestro en geopolítica Luiz Alberto Moniz Bandeira (1935-2017) en su minucioso libro El desorden mundial:el espectro de la dominación total (Civilização Brasileira,RJ 2016), señaló claramente los tres mantras fundamentales del Pentágono y de la política exterior norteamericana: (1) un mundo-un imperio (USA); (2) full spectrum dominance: dominar todo el espectro de la realidad, en la tierra, en el mar y en el aire con cerca de 800 bases militares repartidas por todo el mundo; (3) desestabilizar todos los gobiernos de los países que resisten o se oponen a esta estrategia imperial, como ocurrió en Honduras, en Bolivia y en Brasil con el golpe contra Dilma Rousseff en 2016 y posteriormente con la injusta prisión de Lula.

Los USA no desisten de su propósito de ser la única potencia mundial. Pero ocurre que el imperio norteamericano está a la deriva por más que apele todavía a su excepcionalidad y al “destino manifiesto”, según el cual Estados Unidos sería el nuevo pueblo de Dios que llevará a las naciones la democracia, la libertad y los derechos (entendidos siempre dentro del código capitalista).

Sin embargo, Rusia se ha armado con potentes armas nucleares, con misiles inatacables, y disputa formar parte del liderazgo en el proceso de globalización. China ha irrumpido con proyectos nuevos como la ruta de la seda y como una potencia económica que ya ha superado a la norteamericana. Paralelamente, ha surgido el Sur Global, un grupo de países BRICS en el que Brasil participa. En otras palabras, ya no existe un mundo unipolar, sino un mundo multipolar.

Este hecho exaspera la arrogancia de los supremacistas neocons que afirman que es necesario continuar la guerra en Ucrania para sangrar y eventualmente arrasar a Rusia y neutralizar a China para enfrentarse a ella en una fase posterior. De esta forma se volvería al mundo unipolar.

He aquí los elementos que podrían conducir a una tercera guerra mundial, que será terminal. El Papa Francisco con su clara intuición ha dicho repetidas veces que ya estamos en una “tercera guerra mundial por partes”. Por eso insiste en tono casi desesperado (aunque personalmente esperanzado) que “todos estamos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salvará nadie” (Fratelli tutti n.32). Es la razón que se ha vuelto irracional y enloquecida. Y António Guterres, Secretario General de la ONU, ha repetido a menudo: “la única alternativa es la cooperación entre todos o el suicidio colectivo”. 

¿Por qué el Occidente europeo optó por la voluntad de poder y no por la voluntad de vivir de los pacifistas como Albert Schweitzer, Leon Tolstói, Mahatma Gandhi, Luther King Jr y Don Helder Câmara? ¿Por qué Europa que ha producido una gran cultura y muchos genios, santos y santas, ha escogido este camino que puede devastar todo el planeta y hacerlo inhabitable? ¿Por qué ha dejado irrumpir, sin control, el más peligroso de los arquetipos, según C.G.Jung, el del poder, capaz de autodestruirnos? Es un misterio de la historia humana a ser descifrado.

En Dios vivo y fuente de vida ponemos nuestra última esperanza. Esto sobrepasa los límites de la ciencia y de la razón instrumental-analítica. Es el salto de la fe que es también una virtualidad presente en el proceso global cosmogénico. La alternativa a esta esperanza son las tinieblas. Pero la luz tiene más derecho que las tinieblas. En esa luz creemos y esperamos.

*Leonardo Boff ha escrito En busca de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez encantado,Vozes 2022 y Habitar la Tierra:¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Un Papa que ama al modo de Jesús

                               Leonardo Boff*

El día 13 de marzo la Iglesia celebró 10 años de pontificado

del Papa Francisco. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que es elegido un Papa fuera de la galaxia del cristianismo europeo. Y con razón, pues la vitalidad del mensaje evangélico se

ha enraizado en las culturas no-europeas en las cuales vive numéricamente la mayoría de los católicos. Resaltamos algunas características de su pontificado.

La más importante de ellas ha sido la nueva atmósfera creada dentro de la comunidad cristiana a nivel mundial. Hemos salido de un invierno, de los últimos Papas, y se ha inaugurado una primavera. Ya no predomina la doctrina, sino la vida concreta de la fe. Ya no hay miedo y condenaciones, sino gran libertad de expresión y de participación, especialmente de las mujeres en cargos importantes dentro del Vaticano.

El Papa Francisco ha encarnado una nueva manera de ser Papa. No vive en el palacio pontificio, sino en una casa de huéspedes, Santa Marta. Rechaza cualquier privilegio. Vive en su cuarto de huéspedes. Hay otro reservado para recibir a la gente. Hace cola para servirse la comida. Con humor, pensando en hechos del pasado, dice “así es más difícil que me envenenen”. Vive una pobreza franciscana, despojándose de todos los símbolos de poder.

Ha abierto una nueva perspectiva en la Iglesia. Si antes era un castillo fortificado contra los errores del mundo, ahora es “una

Iglesia-hospital-de-campaña” que acoge a todos, sin preguntar su origen o su situación moral. Como él mismo subraya: “es una Iglesia en salida hacia las periferias existenciales”, que pega su oído al grito de los que sufren en este mundo.

Ha dado centralidad a los pobres. Escogió el nombre de Francisco para rescatar la figura de San Francisco, el poverello de Asís. En su primera aparición dijo claramente: quiero una Iglesia de pobres y una Iglesia con los pobres. Poco importa que el pobre sea cristiano o musulmán: le lava los pies el Jueves Santo.

Su principal inspiración es el Jesús histórico, artesano, contador de historias, defensor de todos los que tienen menos vida, curándolos de sus dolencias, enjugando sus lágrimas e incluso resucitando muertos. Llama a Dios, Abbá = “papá” sintiéndose su Hijo querido. Ama a todos a la manera de ese Dios-Abbá, bien expresado en el evangelio de San Juan: “si alguien viene a mí yo no le echaré fuera” (Jn 6,37). Podía ser una adúltera, un teólogo angustiado como Nicodemo que va a buscarlo por la noche, una mujer extranjera siriofenicia o un oficial romano. A todos acoge afectuosamente.

Ha dejado claro muchas veces que Jesús no vino a crear una nueva

religión, sino que vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión y el perdón. Las doctrinas están ahí y

no hay por qué no darles importancia. Pero sólo con ellas no se llega al corazón humano. Se necesita ternura y amor. Lo que convence a las personas y las deja fascinadas es su predicación ininterrumpida sobre la importancia de esa ternura que abraza al otro y que vale también para la política, como lo dice claramente en su encíclica Fratelli tutti.

Pero para él, el punto central de su predicación es la misericordia. 

Es la característica personal de Jesús y se enraíza en la esencia de

Dios mismo. Nadie puede poner límites a la misericordia de Dios que alcanza incluso al peor de los pecadores. Dios no puede perder a ningún hijo o hija que ha creado con amor. Él no puede perder nunca. Por eso afirma que la condenación es solo para este mundo. Todos están destinados, por esta misericordia ilimitada, a participar del Reino bienaventurado de la Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

El mensaje de Jesús no es solo bueno desde la perspectiva de la

vida eterna. También debe ser bueno para esta vida y para la

propia Madre Tierra. Su encíclica “cómo cuidar de la Casa

Común: Laudato Sì” (2015) lo sitúa, según notables ecólogos, a la cabeza de la reflexión ecológica mundial. No se trata de una ecología verde, sino de una ecología integral: abarca lo ambiental, lo político, lo social, lo cultural, la vida cotidiana y la vida del espíritu. No se trata de una técnica para curar las heridas del cuerpo de la Madre Tierra, sino del arte de vivir en comunión con ella y con todas las demás criaturas, abrazadas como hermanas y hermanos. Está tan preocupado por el futuro de la vida que en su otra encíclica, Fratelli tutti (2020), dice con palabras muy serias: “o nos salvamos todos o nadie se salva”.

No obstante los nubarrones que amenazan nuestro futuro, se muestra esperanzado. Confía en la esperanza como el principio, o mejor dicho, como el motor que trabaja siempre dentro de nosotros, buscando mejores caminos, proyectando utopías viables y despejando la oscuridad de nuestra historia. Se expresa por estas palabras al final de su encíclica “Cómo cuidar de la Casa Común”: “Caminemos cantando, que nuestras luchas y la preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza”.

En fin, estamos delante de una figura de especial densidad humana, testimonio de una fe y una esperanza inquebrantables de que atravesaremos los sombríos tiempos actuales rumbo a una

biocivilización en la cual podamos hermanarnos entre todos, la naturaleza incluida, dentro de la misma gran Casa Común, cuidada y amada.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Francisco de Asís-Francisco de Roma: la irrupción de la primavera, 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano