La Terra está viva, es generadora de todos los seres vivos

Leonardo Boff*

En la comunidad científica hay consenso en que la Tierra está viva. Por ejemplo, en un sólo gramo de tierra, o sea, en menos de un puñado, viven cerca de 10 mil millones de microorganismos: bacterias, hongos y virus. Nos lo afirma el gran biólogo E.Wilson en La creación: cómo salvar la vida en la Tierra (2008, p. 26). Son invisibles pero siempre están activos, trabajando para que la Tierra permanezca viva y fértil. La Tierra, así llena de vida, es la madre generadora de todos los seres vivos.

Tal constación no era evidente. Tanto para Einstein como para Bohr “la vida sobrepasa la capacidad de comprensión del análisis científico” (N.Bohr, Atomic Physis and human knowledge, 1956 cp. “Light and Life”, p.6). Sin embargo, la aplicación de la física cuántica, de la teoría de la complejidad (Morin), del caos (Gleick, Prigogine) y de la biología genética y molecular (Maturana, Capra) mostraron que la vida es parte del proceso evolutivo, desde las energías y partículas más originarias, pasando por el gas primordial, las grandes estrellas rojas, las super novas, las galáxias, el polvo cósmico, la geosfera, la hidrosfera, la atmósfera y finalmente la biosfera.

Como afirma Christian de Duve, el premio Nobel en biología de 1974: “el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno, el oxígeno, el fósforo y el azufre forman la mayor parte de la materia viva” (Polvo vital: la vida como imperativo cósmico 1995 cp.1).

Fue mérito especial de Ilya Prigogine, premio Nobel de química 1977, mostrar que no basta la presencia de los elementos físico-químicos. Ellos intercambian continuamente energía con el medio ambiente. Consumen mucha energía y por eso aumentan la entropía (desgaste de la energía utilizable). Él las llamó, con razón,  estructuras disipativas (gastadoras de energía). Pero son igualmente estructuras disipativas en un segundo sentido, paradójico, por disipar la entropía, porque metabolizan el desorden y el caos del medio ambiente en órdenes y estructuras complejas. Estas se auto-organizan, huyendo de la entropía, produciendo negentropía: entropía negativa; positivamente: producen sintropía (Order out  of Chaos, 1984).

           Lo que es desorden para uno sirve de orden para otro. Es a través de un equilibrio precario entre orden y desorden (caos: Dupuy, Ordres et Désordres, 1982) como se mantiene la vida (Ehrlich, O mecanismo da natureza, 1993, p. 239-290).

         Baste referirnos a las investigaciones del médico y biólogo inglés James E. Lovelock y de la bióloga Lynn Margulis (Gaia, 1989; 1991; 2006; José Lutzemberger, Gaia, o Planeta Vivo: por um caminho suave, 1990; Lynn Margulis, Microcosmos, 1990) que constataron la existencia de un calibre sutil entre todos los elementos químicos, físicos, entre el calor de la corteza terrestre, la atmósfera, las rocas, los océanos, todos bajo los efectos de la luz solar, de suerte que tornan la Tierra buena e incluso óptima para los organismos vivos. Ella surge así como un inmenso superorganismo vivo que se autorregula, llamado por James E. Lovelock Gaia, nombre que los griegos daban a la Tierra viva.

           Esto vale también para nosotros los humanos. Entre nosotros se originan formas de relación y de vida en las cuales predomina la sintropía (economía de energía) sobre la entropía (desgaste de energía). El pensamiento, la comunicación por la palabra, la solidaridad, el amor son energías fortísimas con escaso nivel de entropía y alto nivel de sintropía. En esta perspectiva tenemos por delante no la muerte térmica sino la transfiguración del proceso cosmogénico que se va revelando, cada vez con más intensidad, en órdenes supremamente ordenados, creativos y vitales. ¿Cuál es el  futuro de este proceso? No lo sabemos. Es totalmente misterioso.

           La articulación sinfónica de las cuatro interacciones básicas del universo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil) continúan actuando  sinergéticamente para mantener la actual flecha cosmológica del tiempo rumbo a formas cada vez más relacionales y complejas. Muchos científicos sostienen que ellas, en realidad, constituyen la lógica y el dinamismo interno del proceso evolutivo; por así decir, la estructura, o mejor dicho, la mente ordenadora del propio cosmos.

Es oportuno citar la famosa afirmación del físico británico Freeman Dyson (*1923): “cuanto más examino el universo y los detalles de su arquitectura, más evidencias encuentro de que el universo sabía que un día, más adelante, íbamos a surgir” (Disturbing the Universe, 1979, p. 250).

El propio ser humano es un nudo de relaciones dirigidas hacia todas las direcciones. La propia Divinidad se revela panrelacional, como enfatiza el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ (n. 239). Si todo es relación y no existe nada fuera de la relación, entonces la ley más fundamental es la sinergia, la sintropía, la inter-retro-relación, la cooperación, la solidaridad cósmica, la comunión y la fraternidad/sororidad universales.

           Esta visión de Gaia podría reavivar nuestra convivencia con la Tierra y hacer que vivamos una ética de la sostenibilidad y de la responsabilidad necesaria, de la compasión y del cuidado, actitudes que salvarán la vida en la Casa Común, en la Tierra.

*Leonardo Boff ha escrito Sostenibilidad y cuidado: cómo asegurar el futuro de la vida, Editora Conhecimento Liberta, 2025.

Traduzione di María José Gavito

El ascenso del fascismo en el mundo

Leonardo Boff*

En el mundo entero y también en Brasil se observa el ascenso de ideas fascistas o de actitudes autoritarias que se saltan todas las leyes y rompen los acuerdos como se nota claramente en la política del presidente de USA Donald Trump con su ufanismo MAGA (Make America Great Again). Las promesas hechas por las grandes narrativas modernas han fracasado. Produjeron una enorme insatisfacción y depresión más o menos generalizadas y olas de rabia y de odio. Crece la convicción, debida especialmente al clamor ecológico, de que el mundo no puede continuar así como está. O cambiamos de rumbo o vamos al encuentro de una catástrofe bíblica. En este contexto veo el siniestro fenómeno del fascismo y autoritarismo imponiéndose en nuestra historia.

La palabra fascismo fue usada por primera vez por Benito Mussolini en 1915 al crear el grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva de un haz (fasci) de varas, fuertemente atadas, con un hacha sujeta a un lado. Una vara puede romperse, un haz es casi imposible. En 1922/23 fundó el Partido Nacional Fascista que perduró hasta su derrocamiento en 1945. En Alemania se estableció a partir desde 1933 con Adolf Hitler que al ser canciller creó el Nacionalsocialismo, el partido nazi que impuso al país fuerte disciplina, vigilancia y el terror de las SS.

La vigilancia, la violencia directa, el terror y el exterminio de los opositores son características del fascismo histórico de Mussolini y de Hitler y entre nosotros de Pinochet en Chile, de Videla en Argentina y en el gobierno de Figueiredo, de Médici y como tendencia, de Bolsonaro en Brasil.

            El fascismo originario es una derivación extrema del fundamentalismo que tiene larga tradición en casi todas las culturas. S. Huntington en su discutida obra Choque de civilizaciones (1997) denuncia a Occidente como uno de los más virulentos fundamentalistas, que en las guerras coloniales mostró claras señales fascismo. Occidente se imagina como el mejor de los mundos, junto con USA, lo que le conferiría, según ellos, su excepcionalidad. Cuando el presidente Trump afirma “America first” está entendiendo “sólo América” y el resto del mundo que se fastidie.

Conocemos el fundamentalismo islámico con sus innumerables atentados y crímenes, y otros, también de grupos de la Iglesia Católica actual. Estos todavía creen ser la única y exclusiva Iglesia de Cristo, fuera de la cual no hay salvación. Tal visión errónea y medieval, publicada todavía oficialmente en el año 2000 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, después Papa Benedicto XVI, en el documento “Dominus Jesus”, humilló a todas las iglesias, negándoles el título de iglesias, considerándolas solamente comunidades con elementos eclesiales. Gracias a Dios el Papa Francisco, lleno de razonabilidad y de sentido común, invalidó tales distorsiones y favoreció el reconocimiento mutuo de las iglesias, todas unidas al servicio de la humanidad y de la salvaguarda del planeta seriamente amenazado.

Todo aquel que pretende ser portador exclusivo de la verdad está condenado a ser fundamentalista, con mentalidad fascistoide y sin diálogo con los otros. Bien dijo el Dalai Lama: no insistas en dialogar con un fundamentalista. Solo ten compasión de él.

Aquí viene bien recordar las palabras del gran poeta español Antonio Machado, víctima de la dictadura franquista en España: “La verdad, no tu verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Si la buscamos juntos, entonces será más plena.

El fascismo nunca desapareció totalmente, pues siempre hay grupos que, movidos por un arquetipo fundamental desintegrado de la totalidad, buscan el orden de cualquier modo. Es el protofascismo actual.

En Brasil hubo una figura más hilarante que ideológica que propuso el fascismo en nombre del cual justificaba la violencia, la exaltación de la tortura y de los torturadores, de la homofobia, de la misoginia y de los LGBTQ+1. Siempre en nombre de un orden a ser forjado contra el pretendido desorden vigente, usando de violencia simbólica y real.

Bajo el ahora condenado Jair M.Bolsonaro el fascismo adquirió una forma asesina y trágica: se opuso a la vacuna contra el Covid-19, estimuló las aglomeraciones y ridiculizó el uso de la mascarilla y, lo que es peor, dejó morir a más de 300 mil de las 716.626 víctimas, sin el menor sentido de empatía hacia los familiares y próximos. Fue la expresión criminal de desprecio por la vida de sus compatriotas. Dejó un legado siniestro.

Y finalmente el líder de ese protofascismo rudo, Jair Messias Bolsonaro, forjó una organización golpista con militares de alto rango y otros, para intentar dar un golpe de estado junto con el eventual asesinato de las más altas autoridades, a fin de imponer su tosca visión del mundo. Pero fueron denunciados, juzgados y condenados, y nos libramos así de un tiempo de tinieblas y de crímenes atroces. 

El fascismo siempre ha sido criminal como se ha visto recientemente en Utah con el asesinato de un fundamentalista Charlie Kirk, supremacista, antislámico y homofóbico, proclamado falsamente como mártir. Bajo Hitler se llevó a cabo la Schoah (eliminación de millones de judíos y de otros). El fundamentalismo usó la violencia como forma de relacionarse con la sociedad, por eso nunca pudo ni podrá consolidarse por largo tiempo. Es la mayor perversión de la sociabilidad esencial de los seres humanos.

El fascismo se combate con más democracia y con el pueblo en la calle. Hay que enfrentarse a las razones de los fascistas con la razón sensata y con el valor de reafirmar los peligros que todos corremos. Debemos combatir duramente a quien usa la libertad para eliminar la libertad. Y tenemos que unirnos pues no tenemos otro planeta ni otra Arca de Noé.

*Leonardo Boff ha escrito: Fundamentalismo y terrorismo,Vozes 2009.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

El caso Bolsonaro: a nosotros la justicia, a Dios la venganza

Leonardo Boff*

De mi recordado padre, maestro de escuela, con un método semejante al de Paulo Freire,

 educaba a los alumnos y alumnas de Planalto-Concórdia-SC siempre con este consejo: “nunca se venguen; la venganza pertenece a Dios; y confíen siempre en la divina Providencia”. Esa enseñanza permanece como legado permanente en sus alumnos, sus alumnas y sus once hijos. Las Escrituras afirman: “A Dios cabe la venganza”. Es el juicio último de quien juzga definitivamente nuestro proyecto de vida. A nosotros no nos corresponde juzgar a las personas, pues poseen algo del misterio que sólo Dios penetra. Lo que nos corresponde es juzgar los actos concretos pues estos tienen objetividad y pueden ser enjuiciados. Esto se aplica al sonado caso del juicio de la organización criminal que tramó un golpe de Estado teniendo como cabeza al expresidente Jair Messias Bolsonaro. Han sido procesados y juzgados. No ha habido espíritu de venganza por parte de los magistrados, que han aplicado estrictamente las leyes y la Constitución: 27 años y tres meses de prisión en régimen cerrado. Ha sido condenado solo por 5 delitos, objetivamente comprobados, entre los muchos que cometió.

Por más que busquemos, no ha dejado ningún legado positivo. En su gobierno irrumpió el imperio de la maldad oficializada y popularizada. Su lema fue expresado claramente en una reunión con un grupo ultra-conservador de Estados Unidos, el Tea-Party: “no pretendo construir nada, sino destruir todo para recomenzar otra historia”. Y de hecho así lo hizo, destruyó todo lo que pudo sin construir nada de positivo en favor del pueblo.

       Diría que las varias sombras que maculan nuestra historia ganaron con sus prácticas malévolas plena densidad. (1) La mácula del genocidio indígena: dejó morir, entre otros, a cientos de yanomami. (2) La mancha de la esclavitud de 350 años, sus palabras fueron: “las personas negras fueron legalmente esclavizadas en función de su masa corporal”; los quilombolas “no sirven para nada, ni para procreador sirven”. (3) La marca del colonialismo: el Brasil que Bolsonaro venera es el Brasil colonia, servil y sumiso, que saluda la bandera estadounidense, que exalta la tortura y el fusilamiento de enemigos, que descuidó totalmente nuestro mayor patrimonio natural, la Amazonia y el Pantanal. (4) El estigma de la ocupación del Estado por la clase dominante: Bolsonaro, no sabiendo administrar nada, entregó a la Cámara Legislativa funciones que serían del Ejecutivo, como la gestión del Presupuesto; no solo favoreció la acumulación de las clases acomodadas en el campo y la ciudad sino que militarizó gran parte de los aparatos de Estado. (5) Los actos de negacionismo de la vacuna contra la Covid-19 fueron ignominiosos, haciéndole reponsable de 430 mil muertes evitables del total de las 716.626 víctimas; ofendió a las víctimas imitando la muerte de una de ellas, con la boca abierta en busca desesperada de oxígeno; consideró la pandemia “una gripecita” y trataba el dolor de quienes perdían a seres queridos como un lloriqueo inútil, un “mero mimimi”; se burló de los familiares que no podían acompañar a sus muertos a los cementerios improvisados. (6) Tuvo un desprecio soberanos por los pobres, “sólo tienen una utilidad, la de tener el título de elector y el diploma de burro… no valen para nada, en su gran mayoría no sirven para el futuro de nuestro país”. (7) Se mostró enemigo de la ciencia, de la educación, de los derechos humanos, de la investigación científica, haciendo retroceder al país a los tiempos anteriores al iluminismo. (8) Actos de los más perversos fueron los que deseducaron al pueblo, con palabrotas vulgares, con odio manifesto a los LGBTQ+1 y con clara misoginia, hasta el punto de avergonzarse por haber tenido una hija, “fruto de una debilidad”; difundió noticias falsas y una ola de odio que dividió familias y volvió tóxicas las relaciones sociales. (9) Cometió manipulación explícita del discurso religioso, contradiciendo el mensaje religioso por sus actitudes verdaderamente farisaicas y para fines directamente electoralistas, lo que contradice la naturaleza laica del Estado. (10) Finalmente, algo inaudito y de suma atrocidad en nuestra historia de 135 años de república, fue el propósito de asesinar al ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, de envenenar al presidente Lula y a su vice, Geraldo Alckmin. 

Estos actos merecen la repulsa de una mente mínimamente humana y sensible. Aquí es donde entra la justicia que juzga según el Contrato Social firmado por la Constitución de 1988 y por la ley del Código Penal. Sé que el concepto de justicia, desde los clásicos griegos con Sócrates, Platón y Aristóteles hasta los modernos John Rawls y Macintyre, está cargado de discusiones. No cabe en este lugar asumir una de sus versiones o definiciones. Para el caso de Bolsonaro nos basta la aplicación de la Constitución y del Código Penal que definen como delitos los actos que él y la organización delictiva perpetraron. Cabe enfatizar que no se trata de una cuestión de cálculo sino principio, de pura y simple aplicación de las penas penales.

      La Constitución de 1988 es límpida cuando define la

      “Abolición violenta del Estado Democrático de Derecho

      Art. 359-L. Intentar, con empleo de violencia o grave amenaza, abolir el Estado Democrático de Derecho, impidiendo o restringiendo el ejercicio de los poderes constitucionales:

      Golpe de Estado

       Art. 359-M. Intentar deponer, por medio de violencia o grave amenaza, el gobierno legítimamente constituido”.

      El veredicto de la Primera Sala del STF fue clara frente a los actos praticados por Jair Messias Bolsonaro y por la organización criminal.

      Todo eso fue organizado y planeado como un intento frustrado que, de por sí, ya constituye un delito. La sentencia es adecuada a los delitos y por eso justa:

      “Condeno al reo JAIR MESSIAS BOLSONARO por los delitos de organización delictiva armada, intento de abolición violenta del Estado Democrático de Derecho, golpe de Estado, daño contra el patrimonio de la Unión y deterioro del patrimonio destruido a la pena de 27 años y 3 meses de reclusión” (Supremo Tribunal Federal, 11/09/2025).

      Por primera vez en nuestra historia de golpes y contragolpes se ha llevado a los tribunales a un expresidente, varios militares de alto rango y otros cómplices.

      Como ha sido comentado por periódicos extranjeros especialmente de USA: la democracia brasilera y sus instituciones se han mostrado más sólidas que la norteamericana, considerada siempre como realidad de referencia.

      Para la comunidad jurídica y la más alta corte ha quedado claro que “no puede tener indulto, no puede tener amnistía, no puede tener perdón judicial alguien que intentó destruir  la democracia”. El país ha dado un salto decisivo hacia su solidez y madurez. La gran mayoría de la población ha dado un profundo suspiro de alivio. ¡Por fin se hace justicia!

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor ha publicado Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Balance Ético Global para la COP30

Leonardo Boff

La Presidencia de la COP30 y el Círculo del Balance Ético Global, junto con el Movimiento Global de la Carta de la Tierra hicieron una invitación abierta a todos los interesados para contribuir al Balance Ético Global (BEG).

Por tanto, como miembro de la Carta de la Tierra Internacional, me propongo responder a las preguntas formuladas por la Presidencia de la COP30. Veo en la Carta de la Tierra y en la encíclica del Papa Francisco Cómo cuidar de la Casa Común fuentes inspiradoras para una Ética en nuestro turbulento tiempo.

Preguntas / Respuestas:

1. ¿Por qué tantas veces negamos o ignoramos lo que la ciencia y los saberes tradicionales dicen sobre la crisis climática y compartimos o toleramos la desinformación aun sabiendo que nuestras vidas están en peligro?

R/ La desinformación es voluntaria. Muchos jefes de estados ricos y CEOS de grandes corporaciones saben los peligros, pues están presentes y son innegables, como el calentamiento global, las crecidas de los ríos inundando ciudades enteras, los inmensos incendios en  California, en Amazonas, en España así como la presencia de varios virus, en particular el Coronavirus que alcanzó a toda la humanidad.

Niegan estos datos claros porque son antisistémicos. El sistema del capital hoy mundializado se concentra cada vez más (1% contra 99%). Tomar en serio estos datos obligaría a este capital a cambiar de lógica, cuidar de la naturaleza en lugar de superexplotarla, cultivar una justicia social y una justicia ecológica. No basta descarbonizar manteniendo la voracidad de acumulación. Como dice la Carta de la Tierra: «Adoptar patrones de producción y consumo que protejan las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario» (§II,7). Ese sistema inhumano y falto de solidaridad jamás va a renunciar a sus ventajas y privilegios. De seguir la lógica del capital, tarde o temprano iremos al encuentro de una gran tragedia ecológico-social que podrá afectar a la biosfera y en el límite a la supervivencia de los seres humanos sobre este planeta que, siendo limitado, no soporta un proyecto de crecimiento/desarrollo ilimitado.

2. ¿Por qué seguimos con modelos de producción y de consumo que perjudican a los más vulnerables y no están alineados con la Misión 1,5°C?

R/ No le interesa al sistema dominante de producción que superexplota a la naturaleza y a los trabajadores, pues eso implicaría cambiar de paradigma de acumulación a paradigma de sostenimiento de toda la vida, humana y de la naturaleza (CT§ I.). Los representantes de este sistema ponen el lucro por encima de la vida, la violencia contra la naturaleza y los seres humanos y la competición por encima de la paz y de la colaboración de todos con todos. Desconocen el hecho científicamente comprobado del “espíritu de parentesco con toda la vida” (CT § Preámbulo c). Ese sistema impide “la justicia social y económica y erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental” (CT III§9). Niega su lugar en el conjunto de los seres, pues todos son importantes para componer el Todo. El sistema de acumulación ya sea capitalista o de otra denominación va contra la lógica de la naturaleza y del proceso de cosmogénesis, pues “se debe  tratar a todos los seres con respeto y consideración” (CT § III,15), cosa que no hace. Aquí reside su vacío ético.

3. ¿Qué podemos hacer para garantizar que los países ricos, grandes productores y consumidores de combustibles fósiles, aceleren sus transiciones y contribuyan a financiar esas medidas en los países más vulnerables?

R/ Debemos alimentar indignación contra ese sistema que produce tantas víctimas. Debemos tener el valorde hacer todo tipo de presión  contra este sistema que mata y proponernos modificarlo. Usar los movimientos que “cuidan de la comunidad de vida con comprensión, compasión y amor” (CT § I,2) y presionar a los estados y las corporaciones. Saber usar las legislaciones existentes que protegen el medio ambiente y limitan la concentración de riqueza. Todo eso se consiguió gracias a la presión venida de abajo. Pero la indignación y la presión no bastan. Debemos comenzar con algo nuevo y alternativo. El camino más directo y con buenos resultados es vivir y fomentar el biorregionalismo. Dar valor a la región y al territorio. No a los establecidos con límites arbitrariamente por los estados, como por ejemplo, los municipios. Debemos asumir la región como la naturaleza la diseñó, con sus bosques y sus selvas, sus ríos, sus montañas, en fin, su naturaleza con la población que vive allí. Ella tiene su cultura singular, sus fiestas, sus personalidades notables que han existido: “se trata de proteger y restaurar los sistemas ecológicos de la Tierra con especial preocupación por la diversidad biológica y por los procesos que sustentan la vida” (CT § II,5). Se puede realizar un modo de producción con los bienes y servicios naturales locales, sin necesitar grandes fábricas, ni hacer grandes transportes. Sacar de la naturaleza lo que se necesita, respetar sus ritmos y darle tiempo para recuperarse (§ todo el número II: Integridad ecológica). Es posible y viable “construir sociedades democráticas que sean justas, participativas y pacíficas” (CT§ I,3), disminuyendo fuertemente la pobreza e incluso superándola. El centro es la comunidad humana y de vida, y todo lo demás al servicio de este centro. El resultado es alcanzar un modo sostenible de vida como afirma la Carta de la Tierra (§ El camino por delante) y con su desarrollo sostenible, adecuado a aquella región. Hoy hay en el mundo inumerables regiones que viven este proyecto con gran integración de todos. La Tierra entera podría ser como un tapete de biorregiones que se relacionan y se ayudan entre sí, y así salvan la sostenibilidad de todo el planeta Tierra.

4. ¿Qué tradiciones, historias o prácticas (culturales, espirituales) de su comunidad nos enseñan a vivir en mayor equilibrio con la naturaleza?

R/ Muchas ciudades replantan las calles y plazas con plantas nativas. Otras hacen campañas para arborizar espacios degradados o limpiar los ríos de residuos, especialmente plásticos y otros, asegurar la mata ciliar de todos los ríos y riachuelos, incentivar la agricultura agroecológtica en el campo y el cultivo de hortalizas y otros productos naturales en los espacios de tierra entre las construcciones o en las azoteas. Establecer también una relación amigable entre los consumidores de la ciudad y los productores del campo. Se visitan mutuamente e intercambian saberes. Entonces se crea una verdadera democracia de producción y consumo.

5. Teniendo en cuenta que necesitamos garantizar la diversidad en lo colectivo, ¿cómo podemos movilizar a más personas, líderes, corporaciones, empresas y naciones para que apoyen cambios justos y éticos en el combate contra la crisis climática? ¿Qué ideas y valores podrían inspirarnos en esta misión?

R/ En primer lugar es importante transmitir todo tipo de información sobre el estado de la Tierra y las amenazas que pesan sobre ella hasta el punto de poner en peligro la biosfera y la existencia del ser humano. Aquí es importante proporcionar datos sobre la Sobrecarga de la Tierra, es decir, cuánto suelo y mar necesitamos para garantizar la subsistencia de la humanidad. Resulta que la Tierra ha entrado en números rojos. En el año 2024, en los primeros meses del año, hemos consumido todos los bienes y servicios renovables de la Tierra que garantizan la vida. En el momento actual necesitamos casi dos Tierras  para atender el consumo humano, especialmente aquel suntuoso de los países ricos, en detrimento de gran parte de la humanidad que no posee alimentos suficientes y padece de falta de agua potable y de infra-estructura sanitaria (CT § III,10). Solo en el año 2024 hemos lanzado 40 mil millones de toneladas de CO² a la atmósfera, que permanecen allí unos cien años, a las que hay que añadir 20 mil millones de toneladas de metano que es 28 veces más dañino que el CO², aunque permanezca en la atmósfera unos 10 años. Toda esa contaminación produce un efecto invernadero que calienta cada vez más el planeta. Ahora ha superado la media tolerable de 1,5ºC. En este año 2025 está 1,7ºC por encima de lo que se postuló en el Acuerdo de París en 2015. El objetivo era alcanzar ese nivel solamente en el año 2030. El calor se ha  anticipado y ha tenido graves consecuencias humanas, con temperaturas por encima de 40-45ºC en los países europeos y fríos extremos en el Sur del mundo. La ciencia ha llegado atrasada y no puede contener ese calentamiento ni hacer que retroceda, sólo advertir su llegada y mitigar los efectos dañinos. ¿Cuándo estabilizará la Tierra su nuevo nivel climático? Si la temperatura alcanza los 38-40ºC, muchos seres vivos no podrán adaptarse y desaparecerán, tanto en la naturaleza como en la humanidad. Y no nos referimos a una eventual guerra nuclear con «destrucción mutua asegurada» que acabaría con la vida humana, u otro tipo de guerra utilizando la Inteligencia Artificial General, mediante la cual una potencia pueda inmovilizar a otra de tal forma que nada puede funcionar, energía, coches, aviones, cohetes, medios de comunicación hasta el punto de poner de rodillas a la otra nación. Esa guerra no es  imposible. No destruye nada pero somete a toda una nación o a toda la humanidad, un despotismo cibernético que controlaría todo hasta la vida privada. La IA autónoma puede decidir que la especie humana no le resulta conveniente y resolver exterminar la vida en la Tierra.

Todo este escenario sombrío nos lleva a proponer un nuevo paradigma, sugerido por la Carta de la Tierra y por las dos encíclicas del Papa Francisco:  Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) y la Fratelli tutti (2020). En la Carta de la Tierra se dice así de claramente:

«Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en una época en que la humanidad debe escoger su futuro. Nuestra elección es o formar una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros o arriesgarnos a nuestra nuestra destrucción y a la destrucción de la diversidad de la vida» (2003, Preámbulo).

Y el Papa Francisco dice:

«Estamos todos en el mismo barco, nadie se salva solo, o nos salvamos todos, o todos pereceremos» (Fratelli n.30,32).

La Carta de la Tierra reclama respeto y cuidado por todo lo que existe y vive y hacia la responsabilidad universal (§ I,1). El Papa apunta el paso del dominus o paradigma de la modernidad prevalente en el mundo–, el ser humano como dueño y señor de la naturaleza sin sentirse parte de ella, al frater, el ser humano hermano y hermana con todos los seres. Pues todos vienen del mismo polvo de la Tierra; todos tienen el  mismo código biológico de base (los 20 aminoácidos y las 4 bases nitrogenadas); el ser humano se siente parte de la naturaleza, no su dueño y señor, y su misión es cuidar y guardar el Jardín del Edén (la Tierra). “La fraternidad universal debe ser principalmente entre todos los seres humanos, formando la gran comunidad humana y terrenal” (Fratelli tutti,n.6)

Este sería el  paradigma nuevo. El centro sería la vida en toda su diversidad. La economía, la política y la cultura al servicio de la vida.

Es importante destacar que una ética del cuidado, de la responsabilidad general y de la fraternidad/sororidad universal no se garantiza por sí misma sin la espiritualidad natural. Esta no se deriva directamente de la religión, aunque pueda reforzarla, sino de la propia naturaleza humana. Esta espiritualidad natural es parte de la naturaleza humana como es la inteligencia, la voluntad y la sensibilidad. Ella se revela por el amor incondicional, por la solidaridad, por la empatía, por la compasión, por el cuidado y reverencia hacia la totalidad de la naturaleza y del universo y al Creador de todas las cosas. Es la vivencia de la espiritualidad natural con sus valores, que sustentan comportamientos éticos, necesarios para salvaguardar la vida en la Tierra.

Sólo este nuevo paradigma podrá garantizar el futuro de la vida en general, de la vida humana y de su civilización. En caso contrario podremos engrosar el cortejo de aquellos que caminan en dirección a su sepultura común. Pero cómo dice la Carta de la Tierra: «Nuestros desafíos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interligados y juntos podremos forjar soluciones incluyentes» (CT§ Preámbulo c). Por aquí pasa la solución de nuestra crisis planetaria. Por eso prevalece la esperanza de que el ser humano puede cambiar de rumbo e inaugurar una nueva etapa de la aventura humana sobre el planeta Tierra.