Actualización de lo que significa el ayuno hoy

El Papa Francisco entiende el cristianismo no como un fósil del pasado, sino como un organismo vivo que se relaciona siempre con el tiempo presente y se renueva. Entonces es cuando muestra su permanente actualidad y enriquece el sentido de nuestra vida.

Así ha hecho con el ayuno que los católicos suelen hacer el Miércoles de Ceniza, después del carnaval y al comienzo de la cuaresma (los 40 días que preceden a la Pascua), y el Viernes Santo, en el cual se recuerda la muerte de Jesús en la cruz. 

El ayuno es una constante en todas las tradiciones religiosas. Su significado trasciende a no tomar alimentos y no beber agua. Se renuncia a ellos, fundamentales para la vida, para repensar el sentido de la vida y preguntarse por el lugar que Dios ocupa en ella. Los grandes nombres de nuestra tradición judeo-cristiana ayunaron. Así Moisés, Juan Bautista, San Pablo, Jesús y Francisco de Asís, entre otros muchos.

Chuang-Tzu habla del ayuno del corazón que es el origen de la unidad interior y de la libertad del espíritu. Es hacerse por un momento una ventana, que es un hueco vacío en la pared, pero por ella toda la habitación se llena de luz (Thomas Merton, La Vía de Chuang-Tzu, Vozes,1993,71-72).

Veamos, pues, la inteligente actualización que propone el Papa Francisco:

1- Saludar (siempre y en todo lugar).

2- Dar las gracias (aunque no “debas” hacerlo).

3- Recordarles a los demás cuánto los amas.

4- Saludar con alegría a esas personas que ves a diario. 

5- Escuchar lo que te dice el otro, sin prejuicios, con amor.

6- Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita.

7- Levantar los ánimos a alguien.

8- Celebrar las cualidades y los éxitos del otro.

9- Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita.

10- Ayudar cuando se necesite para que otro descanse.

11- Corregir con amor, no callar por miedo.

12- Tener buenos detalles con quienes están cerca de ti. 

13- Limpiar lo que uso en casa. 

14- Ayudar a los demás a superar obstáculos.

15- Llamar por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos. 

Después, propone estas maneras concretas de practicar el ayuno.

Ayuna de palabras hirientes y trasmite palabras amables. 

Ayuna de descontentos y llénate de gratitud.

• Ayuna de rabia y llénate de mansedumbre y de paciencia.

• Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo.

• Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios.

• Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida.

• Ayuna de presiones y llénate de oración. 

• Ayuna de tristezas y amarguras y llénate de alegría el corazón. 

• Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás. 

Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación 

• Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escucha a los otros. 

Si todos hacemos este ayuno, nuestro día a día se llenará de:

Paz, Confianza, Alegría, Vida.

No hay nada que comentar a estos audaces preceptos, solo tratar de vivirlos con perseverancia. 

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito con frei Betto Mística y espiritualidad, Vozes 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

La locura de los jinetes del Apocalipsis: USA y RUSIA

El libro del Apocalipsis, que narra los enfrentamientos finales de nuestra historia entre las fuerzas de la muerte y las de la vida, nos pinta un caballo de fuego que simboliza la guerra: “al que lo montaba se le concedió desterrar la paz de la tierra para que los hombres se degollaran unos a otros” (6,4). La guerra entre Rusia y Ucrania y la orden del presidente ruso de mantener las armas nucleares en alerta máxima, nos traen a la mente la acción del caballo de fuego, la destrucción de la humanidad, es decir, un Armagedón humano.

Las durísimas sanciones impuestas por la OTAN y por USA a la Federación Rusa pueden llevar al colapso de toda su economía. Ante este desastre nacional no se puede excluir la posibilidad de que el líder ruso no acepte la derrota como si Napoleón (1812) o Hitler (1942) hubiesen tomado el país, cosa que no consiguieron. Entonces cumpliría las amenazas e iniciaría un ataque nuclear. Sólo el arsenal de Rusia puede destruir varias veces toda la vida del planeta. Y una respuesta puede damnificar toda la biosfera sin la cual nuestra vida no podría continuar.

Detrás de esta confrontación Rusia/Ucrania se ocultan fuerzas poderosas en disputa por la hegemonía mundial: Rusia, aliada a China, y los USA. La estrategia de este último es más o menos conocida, orientada por dos ideas-fuerza: “un mundo y un solo imperio” (USA), garantizado por la full-spectrum dominance: la dominación en todos los campos, con 800 bases militares distribuidas por el mundo, pero también con la dominación económica, ideológica y cultural. Tal dominación completa sería la base de la pretensión de “excepcionalidad” de USA, de ser “la nación indispensable y necesaria”, el “ancla de la seguridad global” o el “único poder” (lonely power) realmente mundial.

En esa voluntad imperial, la OTAN, detrás de la cual está Estados Unidos, se ha extendido hasta los límites de Rusia. Sólo faltaba incluir a Ucrania para cerrar el cerco. Misiles colocados en la frontera ucraniana alcanzarían Moscú en minutos. De ahí se entiende la exigencia de Rusia de mantener la neutralidad de Ucrania o en caso contrario sería invadida. Ha sido lo que ha ocurrido con las perversidades que toda guerra produce. Ninguna guerra es justificable porque asesina vidas humanas y va contra el sentido de las cosas, que es la tendencia a mantenerse en la existencia.

China, a su vez, disputa la hegemonía mundial no por la vía militar, aun siendo aliada de Rusia, sino por la vía económica con sus grandes proyectos, como el de la Ruta de la Seda. En este campo está superando a los USA y podría alcanzar la hegemonía mundial con un cierto ideal ético, el de crear “una comunidad de destino común participado por toda la humanidad, con sociedades suficientemente abastecidas”.

Pero no quiero prolongar esta perspectiva bélica, verdaderamente insana hasta el punto de ser suicida. Esta confrontación de potencias revela la inconsciencia de los actores en cuestión acerca de los peligros reales que pesan sobre el planeta que, incluso sin armas nucleares, pueden poner en peligro la vida humana. Recordemos que todos los arsenales de armas de destrucción masiva se mostraron totalmente inútiles y ridículos frente un pequeñísimo virus como el Covid-19.

Esa guerra revela que los responsables del destino humano no han aprendido la lección básica del Covid-19. Este no ha respetado las soberanías ni los límites nacionales. Ha alcanzado al planeta entero. La epidemia pide la instauración de una gobernanza global para un problema global. El reto va mucho más allá de las fronteras nacionales; es construir la Casa Común.

No se han dado cuenta de que el gran problema es el calentamiento global. Ya estamos dentro de él, los eventos fatales de inundaciones de regiones enteras, de huracanes y de escasez de agua dulce, son visibles. Tenemos solamente 9 años para evitar una situación de no retorno. Si hasta 2030 alcanzamos 1,5°C más de calor, seremos incapaces de controlarlo e iremos en dirección a un colapso del sistema-Tierra y de los sistema-vida.

Hemos llegado a los límites de sostenibilidad de la Tierra. Los datos de la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot) indican que el 22 de septiembre de 2020 se agotaron los recursos anuales no renovables, necesarios para la vida. El consumismo persistente exije de la Tierra lo que ella ya no puede dar. En respuesta, ella nos envía virus letales, aumenta el calentamiento, desestabiliza los climas y destruye millares de seres vivos.

La sobrepoblación mundial asociada a una nefasta desigualdad social, con la gran mayoría de la humanidad viviendo en la pobreza y en la miseria cuando el 1 % de ella controla el 90% de la riqueza y de los bienes y servicios esenciales, pueden conducir a conflictos con incontables víctimas y a la devastación de ecosistemas completos. 

Estos, entre otros, son los problemas que deberían preocupar a los jefes de estado, a los CEOs de las grandes corporaciones y a los ciudadanos, pues son los que ponen directamente en peligro el futuro de toda la humanidad. Ante este peligro global es ridícula una guerra por zonas de influencia y de soberanías ya obsoletas.

Lo que nos causa esperanza son esos “Noés” anónimos que brotan en todas partes, a partir de abajo, construyendo sus arcas salvadoras mediante una producción que respeta los límites de la naturaleza, mediante una agro-ecología, comunidades solidarias y democracias socioecológicas participativas, que trabajan a partir de sus mismos territorios. Poseen la fuerza de la semilla, de lo nuevo, y con una mente nueva (la Tierra como Gaia) y un corazón nuevo (lazo de afecto y de cuidado con la naturaleza) garantizan un nuevo futuro, con la conciencia de una responsabilidad universal y una interdependencia global. La guerra de estos es contra el hambre y lo que produce la muerte, y su lucha es por justicia para todos, promoción de la vida y defensa de los más débiles y desvalidos. Así es como debe ser y lo que debe ser tiene intrínsecamente una fuerza invencible.

*Leonardo Boff es eco-teólogo, filósofo y ha escrito: Habitar la Tierra: ¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Dios y el sufrimiento humano: cuestión nunca resuelta

La catástrofe ecológica ocurrida en Petrópolis en el mes de febrero de 2022 con lluvias torrenciales, inmensos deslizamientos de laderas, inundaciones de regiones enteras, destrucción de cientos de casas, caminos y calles, con casi 300 víctimas entre muertos y desaparecidos, plantea cuestiones políticas, ecológicas, de responsabilidad por parte de los poderes públicos y de consecuencias debidas a la nueva fase de la Tierra en acelerado calentamiento global.

Ha habido irresponsabilidad de los poderes públicos por no tener cuidado de las poblaciones pobres, empujadas hacia las zonas escarpadas de la ciudad. Está el hecho geofísico de la sierra con densas rocas y suelos encharcados por las lluvias, que ocasiona deslizamientos. Está la población que, por no tener adonde ir, se instaló en sitios peligrosos. Está la situación de alarma ecológico-climática que desequilibra el régimen de lluvias, que se manifestó en varias regiones del país y ahora en la sierra de Petrópolis, y de manera general en todo el planeta, y otras razones que no cabe exponer aquí. Todos estos datos merecerían un análisis profundo e incluso señalar culpables.

Pero junto a esto, surge una cuestión existencial y teológica ineludible. Muchos se preguntan: ¿dónde estaba Dios en estos momentos dramáticos de Petrópolis, causantes de tantas víctimas, muchas de ellas inocentes? ¿Por qué no intervino si, por ser Dios, podría haberlo hecho? Es la misma pregunta que se repite una y otra vez: ¿dónde estaba Dios cuando los colonizadores cristianos cometieron bárbaros genocidios de indígenas al ocupar sus tierras en las Américas? ¿Por qué Dios se calló ante la Shoá, el exterminio de seis millones de judíos, enviados a las cámaras de gas por los nazis o los muertos en los Gulags soviéticos? ¿Dónde estaba?

Esta pregunta lancinante no es de hoy. Tiene una larga historia, desde el filósofo griego Epicuro (341-327aC) que la formuló por primera vez, y por eso es llamada “el dilema de Epicuro”. Es la irrevocable relación de Dios con el mal. Epicuro argumentaba así: “O Dios quiere eliminar el mal y no puede, por lo tanto, no es omnipotente y deja de ser Dios. O Dios puede suprimir el mal y no quiere, por eso no es bueno y deja de ser Dios”.

En un ambiente cristiano recibió una formulación semejante: O Dios podría haber evitado el pecado de Adán y Eva, base de nuestra maldad, y no quiso, y entonces no es bueno para nosotros, los humanos, o Dios no puede y por eso no quiere, por lo tanto no es omnipotente y tampoco es bueno para nosotros. En ambos casos deja de aparecer como el Dios verdadero.

Este dilema permanece abierto hasta hoy, sin que pueda ser respondido adecuadamente con los recursos de la razón humana.

Las eco-feministas sostienen, con razón, que esa visión de un Dios omnipotente y señor absoluto es una representación de la cultura patriarcal que se estructura en torno a categorías de poder. La lectura eco-feminista se orienta por otra representación, la de un Dios-Madre, ligado a la vida, solidario con el sufrimiento humano y profundamente misericordioso. Él está siempre junto al que sufre.

Independientemente de esta discusión de género, hay que afirmar que el Dios bíblico no se muestra indiferente al sufrimiento humano. Ante la opresión en Egipto de todo el pueblo hebreo, Dios escuchó el grito de los oprimidos, dejó su transcendencia y entró en la historia humana para liberarlos (Ex 3,7). Los profetas   que inauguraron una religión basada en la ética, en vez de en los

cultos y en los sacrificios, testimonian la Palabra de Dios: “estoy cansado y no soporto vuestras fiestas… buscad la justicia, corregid al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda” (Is 1,14.17). ¡Misericordia quiero y no sacrificios!

En base a esta visión bíblica ha habido teólogos como Bonhoeffer y Moltmann que hablan de “un Dios impotente y débil en el mundo”, de un “Dios crucificado”, y que solamente este Dios que asume el sufrimiento humano nos puede ayudar. El principal ejemplo nos lo habría dado Jesús, Hijo de Dios encarnado, que se dejó crucificar y que en el límite de la desesperación grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34).

Esta visión nos muestra que Dios nunca nos abandona y que participa de la pasión humana. El fiel puede superar el sentimiento de abandono y de desamparo y sentirse acompañado. Pues lo terrible del sufrimiento no es solo el sufrimiento sino la soledad, cuando no hay nadie que te diga una palabra de consuelo y te de un abrazo solidario. El sufrimiento no desaparece, pero se hace más soportable.

La pregunta sin embargo permanece abierta: ¿por qué Dios tiene que sufrir también, aunque establezca un lazo profundamente humano con el que sufre aliviando su dolor? ¿por qué el sufrimiento en el mundo y también en Dios?

No acalla nuestro cuestionamiento la constatación de que el sufrimiento es parte de la vida y que el caos está en la estructura del propio universo (una galaxia engulle a otra con una destrucción inimaginable de cuerpos celestes).

Lo que sensatamente podemos decir es que el sufrimiento pertenece al orden del misterio del ser. No hay una respuesta al porqué de su existencia. Si la hubiese, él desaparecería. Pero él sigue existiendo como una llaga abierta en cualquier dirección en la que dirigimos nuestra mirada.

Tal vez haya un sentido en la lucha por la superación del sufrimiento: sufrir para que otros no sufran o sufran menos. Ese sufrimiento es digno y nos humaniza, pero no deja de ser sufrimiento. Por eso nos solidarizamos y sufrimos junto con los familiares de Petrópolis y de otros lugares que perdieron seres queridos y rezamos por las víctimas.

Es un acto de la razón reconocer aquello que la supera. Ella se inclina ante Algo mayor, ante el misterio, y se obliga a admitir que el sufrimiento está ahí, produce tragedias y muertes de inocentes. No hay respuesta al sufrimiento, queda reservada a Dios, Aquel Ser que hace ser a todos los seres. A Él cabe la revelación definitiva del sentido del sin-sentido.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Cómo predicar hoy la

cruz en una sociedad de crucificados, Vozes 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Una Iglesia que escogió el lado justo

No es fácil resumir las dimensiones variadas y detalladas de este significativo libro de Antônio Canuto, Vientos de Profecía en la Amazonia: 50 años de la Prelazia de São Félix do Araguaia(2021).

Durante 26 años, Canuto actuó en la Prelazia y anotó todos los hechos, tiempos y contratiempos, conflictos, persecuciones, martirios y, al mismo tiempo, las alegrías evangélicas de estar en medio de los condenados de la Tierra, ribereños, “posseiros”, indígenas y poblaciones tradicionales, testimoniando cómo el obispo catalán-brasilero Pedro Casaldáliga dispuso su vida en función de la dignidad y de los derechos de los más pequeños e indefensos.

Dom Pedro era, ante todo, un ser humano radical, sensible, poeta y místico. Estas características las traía consigo y las profundizó como obispo de la Prelazia de São Félix, zona marcada por grandes conflictos por la tierra.

Son notables los relatos de las Hermanitas de Jesús francesas, que fueron a vivir con los indios Tapirapé, condenados a desaparecer. En todos los años que estuvieron allí, no convirtieron a nadie. Pero hicieron mucho más: salvaron biológica y culturalmente a un pueblo; de unas cuantas decenas de supervivientes pasaron a ser centenares.

Las Hermanitas se hicieron Tapirapé. El gran antropólogo Darcy Ribeiro afirmó que esta inserción de las Hermanitas de Jesús hasta el punto de asumir la vida, las costumbres y los valores de los Tapirapé es un hecho único en la historia de la antropología. 

Es emocionante el relato del asesinato del padre João Bosco Penido Burnier que fue con Dom Pedro a intentar salvar a dos mujeres que estaban siendo bárbaramente torturadas. El hecho brutal fue minuciosamente contado por Dom Pedro en su libro La Muerte que da sentido a mi Credo. Al padre Burnier un policía le disparó un tiro en la cabeza, que acabó matándolo. En el lugar, Ribeirão Cascalheira, se construyó después el santuario de los Mártires, único en el mundo, hoy centro de celebraciones y romerías. 

El 10 de octubre de 1971 cuando Dom Pedro Casaldáliga era ungido obispo, hizo publicar el famoso texto que corrió por el mundo: “Una Iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginalización social”.

Su denuncia provocó grandes reacciones por parte de los latifundistas y los agentes del régimen militar. Como todo profeta, conoció la difamación, la persecución y las amenazas de muerte. Una gran tristeza fue percatarse de que hermanos del propio episcopado se opusieron a él con el pretexto de que estaba politizando su misión pastoral. Llegó a ser amenazado de expulsión por la dictadura militar. 

Las autoridades romanas también se asociaron al movimiento, aunque el Papa Pablo VI lo apoyó siempre (“quien toca en Pedro,toca en Pablo”), pues veía claramente que pertenece a la misión de la Iglesia la defensa de la dignidad humana y de los derechos, especialmente los de los más indefensos.

En la Carta que Dom Pedro escribió al Papa Juan Pablo II muestra todo su coraje profético al denunciar que “las estructuras de la Curia Romana no responden al testimonio de sencillez evangélica y de comunión fraterna que el Señor y el mundo reclaman de nosotros. Denuncia igualmente posturas, más o menos inconscientes, de etnocentrismo cultural europeo frente a América Latina. Sale en defensa de las mujeres que siguen estando fuertemente marginadas en la Iglesia”.

En efecto, desde que la Iglesia-institución se dejó absorber por el poder de los emperadores romanos, particularmente a partir del siglo IV con Constantino, se cristianizó el imperio y se imperializó el cristianismo. La cultura imperial empezó a ser adoptada por las autoridades eclesiásticas, asumiendo los títulos, las indumentarias, el estilo palaciego, hasta el día de hoy.

No son pocos los cristianos, acostumbrados a leer los evangelios y a descubrir a Jesús de Nazaret pobre y despojado de todo poder y de la pompa que conlleva, que se escandalizan, y con razón, de todo ese aparato, más próximo a un desfile carnavalesco que a la indumentaria de los seguidores y de los apóstoles del Jesús histórico.

En São Félix do Araguaia hemos encontrado una Iglesia que escogió el lado justo, el lado evangélico, la posición del Nazareno, siempre al lado de los que sufren, de los difamados y hechos invisibles. Su pastoral estaba toda organizada por comunidades de base, con una coordinación colegial, con gran participación de laicos y de mujeres. 

Agradecemos a Antônio Canuto habernos conservado esta memoria sagrada de la Prelazia de São Félix do Araguaia y de su profético y poético pastor, que inspira e ilumina a las demás iglesias, las presentes y las del futuro dispuestas a seguir el camino y la tradición de Jesús.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito Iglesia: carisma y poder, Vozes 1982; Eclesiogénesis: las comunidades de base reinventan la Iglesia, Record 2008. Publicados ambos en español por la editorial Sal Terrae.

Traducción de Mª José Gavito Milano