Coronavirus: ¿reacción y represalia de Gaia?

Todo está relacionado con todo: es hoy un dato de la conciencia colectiva de los que cultivan una ecología integral, como Brian Swimme y tantos otros científicos y el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”. Todos los seres del universo y de la Tierra, también nosotros, los seres humanos, estamos envueltos en intrincadas redes de relaciones en todas las direcciones, de suerte que no existe nada fuera de la relación. Esta es también la tesis básica de la física cuántica de Werner Heisenberg y de Niels Bohr.

Eso lo sabían los pueblos originarios, como lo expresan las sabias palabras del cacique Seattle en 1856: “De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están interligadas como la sangre que une a una familia; todo está relacionado entre sí. Lo que hiere a la Tierra hiere también a los hijos e hijas de la Tierra. No fue el hombre quien tejió la trama de la vida: él es meramente un hilo de la misma. Todo lo que haga a la trama, se lo hará a sí mismo”. Es decir, hay una íntima conexión entre la Tierra y el ser humano. Si agredimos a la Tierra, nos agredimos también a nosotros mismos y viceversa.

Es la misma percepción que tuvieron los astronautas desde sus naves espaciales y desde la Luna: Tierra y humanidad son una misma y única entidad. Bien lo declaró Isaac Asimov en 1982 cuando, a petición del New York Times, hizo un balance de los 25 años de la era espacial: “El legado es la constatación de que, en la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad (New York Times, 9 de octubre de 1982)”. Nosotros somos Tierra. Hombre viene de húmus, tierra fértil, el Adán bíblico significa hijo e hija de la Tierra fecunda. Después de esta constatación, nunca más ha apartado de nuestra conciencia que el destino de la Tierra y el de la humanidad están indisociablemente unidos.

Desafortunadamente ocurre aquello que el Papa lamenta en su encíclica ecológica: “nunca maltratamos y herimos a nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos” (n.53). La voracidad del modo de acumulación de la riqueza es tan devastadora que hemos inaugurado, dicen algunos científicos, una nueva era geológica: la del antropoceno. Es decir, quien amenaza la vida y acelera la sexta extinción masiva, dentro de la cual estamos ya, es el mismo ser humano. La agresión es tan violenta que más de mil especies de seres vivos desaparecen cada año, dando paso a algo peor que el antropoceno, el necroceno: la era de la producción en masa de la muerte. Como la Tierra y la humanidad están interconectadas, la muerte se produce masivamente no solo en la naturaleza sino también en la humanidad misma. Millones de personas mueren de hambre, de sed, víctimas de la guerra o de la violencia social en todas partes del mundo. E insensibles, no hacemos nada.

No sin razón James Lovelock, el formulador de la teoría de la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula, Gaia, escribió un libro titulado La venganza de Gaia (Planeta 2006). Calculo que las enfermedades actuales como el dengue, el chikungunya, el virus zica, el sars, el ébola, el sarampión, el coronavirus actual y la degradación generalizada en las relaciones humanas, marcadas por una profunda desigualdad/injusticia social y la falta de una solidaridad mínima, son una reaacción, hasta una represalia de Gaia por las ofensas que le infligimos continuamente. No diría como J. Lovelock que es “la venganza de Gaia”, ya que ella, como Gran Madre que es, no se venga, sino que nos da graves señales de que está enferma (tifones, derretimiento de casquetes polares, sequías e inundaciones, etc.) y, al límite, porque no aprendemos la lección, toma represalias como las enfermedades mencionadas.

Recuerdo el libro-testamento de Théodore Monod, tal vez el único gran naturalista contemporáneo, Y si la aventura humana fallase (París, Grasset 2000): «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora se puede temer todo, realmente todo, inclusive la aniquilación de la raza humana; sería el precio justo de nuestras locuras y crueldades» (p.246).

Esto no significa que los gobiernos de todo el mundo, resignados, dejen de combatir el coronavirus y de proteger a las poblaciones ni de buscar urgentemente una vacuna para combatirlo, a pesar de sus constantes mutaciones. Además de un desastre económico-financiero puede significar una tragedia humana, con un número incalculable de víctimas. Pero la Tierra no se contentará con estas pequeñas contrapartidas. Suplica una actitud diferente hacia ella: de respeto a sus ritmos y límites, de cuidado a su sostenibilidad y de sentirnos, más que hijos e hijas de la Madre Tierra, la Tierra misma que siente, piensa, ama, venera y cuida. Así como nos cuidamos, debemos cuidar de ella. La Tierra no nos necesita. Nosotros la necesitamos. Puede que ya no nos quiera sobre su faz y siga girando por el espacio sideral pero sin nosotros porque fuimos ecocidas y geocidas.

Como somos seres de inteligencia y amantes de la vida podemos cambiar el rumbo de nuestro destino. Que el Espíritu Creador nos fortalezca en este propósito.

*Leonardo Boff escribió Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

El día internacional de la mujer nos desafía a pensar

El Día Internacional de la Mujer, aunque en el fondo cada día es el día de la mujer, nos ofrece la oportunidad de pensar en el desafío que nos plantea el movimiento feminista mundial.

Ese movimiento más que otros ha hecho tres revoluciones: puso en cuestión el machismo, el patriarcalismo y el control de la natalidad. El machismo como la dominación del hombre sobre la vida de la mujer, que dura ya siglos. La lucha de las mujeres nos despertó hacia la cuestión de género, que envuelve relaciones de poder. Este no puede ser sólo del hombre. Debe ser compartido entre el hombre y la mujer. Evitar la división sexual del trabajo y priorizar la lógica de compartir y de coparticipar en todo el proyecto de vida a dos. De aquí surge una relación más justa y armoniosa.

En segundo lugar, el movimiento feminista ha hecho tal vez la crítica más consistente a la cultura patriarcal, que organizó toda la sociedad y las distintas instancias de la vida y también de la religión y de modo especial en la Iglesia romano-católica. El hombre asumió el poder a través del cual somete a los demás, dirige el Estado, crea la burocracia, organiza el ejército y hace guerras. Casi todos los héroes y la mayoría de las divinidades son masculinas. Él ocupa la vida pública y relega a la mujer a la vida privada y familiar. El patriarcado ha sido desmantelado teóricamente por la crítica feminista, si bien en la práctica intente siempre de nuevo dominar a la mujer. Un refugio especial del patriarcado son los medios de comunicación y el marketing, que usan a la mujer, no sólo su todo, sino las partes de ella, sus pechos, sus piernas, sus partes íntimas. Es una forma de transformar a la mujer en objeto y uso.

La gran contribución del feminismo ha sido haber mostrado que todas o casi todas las culturas que existen hoy son patriarcales. Como consecuencia mantienen la desigualdad en la relación hombre-mujer en todos los ámbitos. Sea en los USA, en Alemania o en Brasil una mujer en el mismo trabajo, incluso siendo más competente, por el hecho de ser mujer gana un 20-30% menos que el hombre que ejecuta la misma función. No basta tener conciencia de la superación teórica del patriarcado, hay que demoler sus hábitos mantenidos en las instituciones y en los comportamientos sociales.

La tercera revolución ocurrió cuando se inventó la pildora anticonceptiva y la mujer assumió el control de su cuerpo, de su sexualidad y de su maternidad. Ella no se hace fatalmente madre cuando se relaciona en tiempos fértiles. Con su compañero decide cuando quiere hacerse encinta. Eso le propició gran libertad y una forma de vivir la sexualidad sin miedos y recelos, como expresión de ternura, cariño y amor.

Pero no siempre ha sido así. El ser humano existe desde hace ya 7-8 millones de años. En la primera fase, que duró millones de años, las relaciones hombre-mujer eran de armonía y de equilibrio con la naturaleza. Contrariamente a lo que cree el pensamiento patriarcal, la verdadera convivencia humana no fue regida por la violencia de unos sobre otros sino por la solidaridad y por la cooperación. La violencia es reciente en el proceso de la antropogénesis. Comenzó con el homo faber hace dos millones de años, que en su búsqueda de alimentos, especialmente en la caza, empezó a usar el instrumento y la fuerza. Ahí el masculino pasó a ser el género predominante. Adquirió hegemonía al surgir hace 8 mil años la agricultura, los pueblos, las ciudades y los imperios. Las relaciones hombre-mujer pasaron a ser de desigualdad: él ha ocupado toda la vida pública, gobierna solo y relega a la mujer a la función de procreadora y cuidadora del hogar.

Los cambios siempre buscados culminan en el siglo XX con la segunda revolución industrial cuando la mujer entra en el dominio público porque el sistema competitivo fabrica más máquinas que machos. Desde finales del siglo XX hasta hoy, las mujeres son la mayoría en la humanidad y casi el 50% de la fuerza laboral mundial. Con esto se cierra, en cierto modo, el ciclo patriarcal y comienza un nuevo paradigma de valoración de las diferencias y de búsqueda de la igualdad, que aún debe ser alcanzada.

Las mujeres aportan algo radicalmente nuevo al sistema productivo y al Estado. No será solo competitivo y autoritario. La mujer aporta lo que vive en el dominio privado: los valores de solidaridad, de compartir y de cuidado. Milenariamente ha sido educada para el altruismo. Si un bebé no tiene a su disposición a alguien desinteresado que lo cuide, no durará ni unos días. De esta manera, la entrada de las mujeres en el dominio público masculino es condición esencial para la humanización y una mayor cooperación en el mundo del trabajo y, lo que es fundamental, ayuda a revertir el proceso de destrucción de la naturaleza y de la especie humana.

Esto quedó claro para la conciencia colectiva en el Informe de las Naciones Unidas para el Fondo de Población (UNFPA) que sostiene: “la raza humana ha estado saqueando la Tierra de manera insostenible y dar a las mujeres un mayor poder de decisión sobre su futuro puede salvar al planeta de su destrucción”. Véase que aquí no se habla de “poder de participación”, que ellas siempre han tenido, sino de “poder de decisión”.

Ellas son las que entienden de vida puesto que la generan. Serán las principales protagonistas en la decisión de una biocivilización asentada en el cuidado, la solidaridad y la lógica del corazón, sin la cual la vida no germina. Ellas, junto con los hombres que desentrañaron su dimensión de “anima” (cuidado, gentileza y amor) que se articula con la dimensión “animus” (razón, organización, dirección), presentes en proporciones propias en cada persona, pueden dar un nuevo rumbo a nuestra existencia en este planeta y alejarnos del camino sin retorno, camino de perdición.

*Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro Femenino & Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Trotta, Madrid, 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

¿PARA QUIENES ES O NO ES QUERIDA LA “QUERIDA AMAZONIA”?

¿PARA QUIENES ES O NO ES QUERIDA LA “QUERIDA AMAZONIA”?

                                  Leonardo Boff*

El Papa Francisco es el campeón mundial en la defensa de la Madre Tierra y de todo lo que sostiene su supervivencia. He leído con atención y gran entusiasmo su Exhortación Apostólica “Querida Amazonia”. En ella considera un verdadero crímen lo que se está haciendo ahora en la Amazonia. Contrapone 4 sueños axiales: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial.

Cómo no quedar encantado con afirmaciones como esta, entre otras tantas,  clara expresión de una ecología integral y cósmica:

«Somos agua, aire, tierra y vida del medio ambiente creado por Dios. Por lo tanto, pedimos que cesen los maltratos y el exterminio de la Madre Tierra. La Tierra tiene sangre y se está desangrando, las multinacionales le han cortado las venas a nuestra Madre Tierra».

Estoy plenamente de acuerdo con este tipo de lenguaje y de denuncia y especialmente con los tres primeros sueños y con la primera parte del quarto que van en la línea de la “Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común”.

Quatro sueños y medio y una pesadilla

Esta primera parte del 4º sueño sigue el estilo de gran belleza de los sueños anteriores. Sin embargo, la segunda parte me parece más bien una pesadilla. El tono antes profético, ético ecológico y poético de los primeros se ha evaporado. ¿Estará ahí la presencia de otra mano?

Me atrevo a pensar que esta parte está bajo el dominio del viejo paradigma cultural latino, clerical y masculinista. Y se niega a los indígenas el derecho divino de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo de manos de sus viri probati casados y ordenados. Son impedidos por la aplicación de una ley humana eclesiástica: el celibato. Otros teólogos lo han afirmado y yo lo enfatizo: “no podemos colocar la cuestión del celibato por encima de la celebración de la Eucaristía”.

Esa parte del cuarto sueño, tengo la impresión de que viene de otra mano y de otro espíritu, diferente de aquel al que nos tiene acostumbrados el Papa Francisco. Lo confirma claramente el obispo Erwin Kräutler, de la Amazonia, figura central en el Sínodo panamazónico: “muchas personas, y yo mismo, hallamos esta parte muy extraña porque realmente cambia de estilo, como si el escrito papal hubiera sufrido una intervención en la parte más controvertida de la Exhortación Apostólica”.

En esta parte habla no el pastor sino el doctor. Más la autoridad doctrinaria que impone una lección teológica que um cura que reflexiona a partir de las urgencias de su comunidad. No es aquel que tiene coraje para enfrentarse al sistema anti-vida, sino aquel que se rinde a los temores y a la presión de los grupos conservadores, posiblemente por el riesgo de una escisión dentro de la Iglesia. El temor siempre frena o posterga las innovaciones por excesiva prudencia. Eso me hace recordar las palabras de Dante Alighieri en la Divina Comedia: “nel pensier rinova la paura” (Inferno I, verso 4).

Con referencia al punto importante del ministerio sacerdotal, el “autor” prefiere el eclesiástico tradicional al indígena amazónico actual. Al rosto amazónico de la Iglesia prefiere, en el punto del ministerio sacerdotal, el rosto romano-latino occidental. A semejanza de los que imponen la recolonización económica de América Latina, el “autor” ha preferido la recolonización latino-romana y occidental de la Iglesia amazónica. Frente a aquellos, que, con mayoría de votos en el Sínodo panamazónico, aceptaron la ordenación de “viri probati”, el “autor” optó por la minoría que lo rechazó.

¿Por quienes no es querida la “Querida Amazonia?

Seguramente no es “querida” por el presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, de extrema derecha, anti-amazónico y anti-indígenas. No es “querida” por los madereros, ni por los “garimperos” del oro y las empresas nacionales e internacionales que piensan en las minerías, en las hidroelétricas y en la explotación de las riquezas naturales amazónicas. Pero eso era de esperar.

Pero lo que no era de esperar en lo que atañe a la inculturación del ministerio sacerdotal, era la no aceptación al sacerdocio de los indigenas viri probati. Por eso la “Querida Amazonia” no es “querida” para estos indígenas casados e impedidos de ser ordenados. No es “querida” para las mujeres, a las cuales se les niega el diaconado femenino, y además advirtiendo, de forma infundada a mi juicio, del riesgo de clericalismo. Ni es “querida” especialmente para tantos teólogos y obispos, misioneros y misioneras, agentes de pastoral laicos que están en medio de los indígenas, como lo ha manifestado claramente el ya referido obispo Erwin Kräutler desde el corazón de la Amazonia (Xingú). Todos esperaban verdaderamente la aprobación de los viri probati: indígenas, hombres casados y ordenados con rostro verdaderamente amazónico. El obispo Kräutler postulaba más: la ordenación de personae probatae (personas probadas) para incluyr a las mujeres en el ministerio sacerdotal, ejercido a su manera feminina.

No ha sido así. En sus textos sobre ecología y economía el Papa Francisco ha sabido escuchar a la ciencia. En lo que atañe a este específico ministerio sacerdotal, el “autor” parece que no se permitió consultar a una persona experta en el tema de los ministerios, el cardenal Walter Kasper, amigo y muy cercano al Papa Francisco. En sus escritos expuso las mejores reflexiones sobre la función/misión del presbítero en la Iglesia, basado en el Vaticano II. Su posición va en una dirección muy diferente a la que está representada por el “autor” en la Exhortación “Querida Amazonia”. Con esta visión que mantiene el régimen occidental, clerical y celibatario, no se puede pensar una Iglesia amazónica de rostro verdaderamente indígena.

La especificidad del sacerdote no es concentrar poder sino coordinar y presidir la comunidad.

La visión de ese texto en el cuarto sueño se retrotrae al Concilio IV Lateranse de 1215 bajo Inocencio III que afirma “nemo potest conficere sacramentum nisi sacerdos rite ordinatus” (“nadie puede realizar el sacramento eucarístico a no ser que sea sacerdote, ordenado según el rito”). La eclesiología de este sueño sigue el rigor del Concilio de Trento, que en la sesión XIII del 11 de octubre de 1551, bajo el Papa Julio III, reafirmó la misma doctrina exclusivista.

Según la mejor eclesiología nacida del Concilio Vaticano II, la función/misión específica del presbítero debe ser pensada, no de forma absoluta, sino siempre dentro del Pueblo de Dios y en el contexto de la comunidad.

Su singularidad no es consagrar absolutamente, como si fuera un mago, sino ser en la comunidad principio de cohesión y de unidad de todos los servicios y carismas. No es la de concentrar sino la de coordinar y presidir Por el hecho de presidir la comunidad, preside también la celebración eucarística.

El problema surge cuando, sin culpa, no hay un sacerdote presente y la comunidad, como lo reconoce la Exhortación, “debido en parte a la inmensa extensión territorial, con muchos lugares de difícil acceso” (n.85) no puede tenerla.

En el texto se plantea con gran realismo el problema y aquí aparece la mano del Papa Francisco: “¿será posible evitar pensar en una inculturación del modo como se estructuran y viven los misterios eclesiales?” (n.85). Y añade con sinceridad: “es necesario conseguir que la ministerialidad se configure de tal manera que esté al servicio de una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía, incluso en las comunidades más remotas y escondidas” (n.86). Esta situación es absolutamente verdadera. Pero el “autor” no la consideró así y no propició la configuración del ministerio como sería necesario.

Es aquí donde la eclesiología de comunión podía haber ayudado mucho al “autor”en su concepción de poder consagrar. Ella predominó en todo el primer milenio como la investigación histórica ha demostrado inequívocamente.

Durante mil años: quien presidía la comunidad, presidía también la eucaristía

La ley básica en aquellos tiempos era: quien preside la comunidad, presida también la Eucaristía. Podía ser un obispo, un presbítero, un profeta o un confesor, incluso un laico, según Tertuliano, que era un eximio teólogo laico.

Si esto es verdad, ¿por qué negarle a un indígena casado presidir su comunidad y presidir también la celebración eucarística?

En esta parte se realiza lo que los eclesiólogos llaman “cefalización” de la Iglesia. Todo poder se concentra en la “cabeza”, en el Papa o en el clero, prescindiendo totalmente de la comunidad.

En esta visión reduccionista el “autor” pensó solo en el sacerdote con el poder de consagrar de forma exclusiva y absoluta, sin conexión con la comunidad. Entonces surge una contradicción: Un sacerdote puede celebrar solo, sin la comunidad, pero la comunidad no puede celebrar sola sin el sacerdote.

En los mil años subsiguientes: sólo consagra quien es ordenado en el Sacramento del Orden.

Esta visión se deriva no de cuestiones teológicas sino de cuestiones políticas: las disputas de poder entre el Imperium y el Sacerdotium, entre los Papas y los Emperadores. ¿Quién tiene, en ultimo término, el poder? Esto aparece claramente bajo Gregorio VII (1077). Con él se desplazó el eje de la comunidad hacia el eje del poder sagrado (sacra potestas). El poder absoluto lo posee el Papa. Recordemos su Dictatus Papae que bien traducido es: La dictadura del Papa. Todo el poder está en la cabeza, es decir, en el Papa y en quien él delega. Los portadores del poder sagrado serán exclusivamente los ordenados en el sacramento del Orden, es decir, los de la jerarquía eclesiástica. Solo celebra la Eucaristia el sacerdote ritualmente ordenado”. La comunidad de los fieles ya no cuenta más.

El padre J. Y. Congar, el más erudito y notable eclesiólogo del siglo XX, denunció esta peligrosa desviación teológica con consecuencias perjudiciales para toda la eclesiología posterior, que perdura hasta hoy día. En la Exhortación “Querida Amazonia” resuena todavía este tipo de eclesiología del poder desgarrada de la comunidad.

Por eso no dejan de causar perplejidad las afirmaciones: “es importante determinar lo que es específico del sacerdote, aquello que no se puede delegar. La respuesta está en el sacramento del Orden sacro, que lo configura a Cristo sacerdote… El carácter exclusivo recibido en el Orden le deja habilitado solo a él para presidir la Eucaristía; esta es su función específica, principal y no delegable” (n.87).

Es en este punto, supongo yo con otros, en donde aparece una “mano exterior”, con su eclesiología del poder específico e indelegable de consagrar, visión sacerdotalista, tardía y desvinculada de la comunidad de fe. Con esta visión en vano se puede realizar una inculturación del ministerio sacerdotal a indígenas viri probati casados que conferirían un rostro verdaderamente amazónico a la Iglesia. Una vez más se prolonga un cristianismo de colonización dentro del paradigma romano-católico, occidental y celibatario.

Para sanar este tipo de recolonización hay que volver a la eclesiología del primer milenio que establecía una conexión íntima entre la comunidad y su presidente. No hay que olvidar el canon 6 del Concilio de Calcedonia (451), válido para la Iglesia oriental hasta hoy y para la occidental solo hasta el siglo XII-XIII. En esta, la occidental, todo cambió por las disputas políticas sobre el poder entre los Papas y los Emperadores. El lugar de la visión comunional del primer milenio se impuso la visión jurídico-canónica de la sacra potestas excluyente, de los inicios del segundo milenio. Dice el canon 6:

Nadie sea ordenado de manera absoluta, ni un sacerdote ni un diácono, si no le fuere asignado de forma precisa una iglesia urbana o rural o un martyrion o monasterio. Aquellos que fueron ordenados de forma absoluta, el santo Concilio decidió que su ordenación será nula y no acaecida… y no podrán en parte alguna ejercer sus funciones”.

Aquí aparece clara la conexión entre la comunidad y el celebrante de la Eucaristía. Ahora emerge un problema teológico que debe ser tomado en serio: existe el derecho divino de todos los fieles de recibir el cuerpo y la sangre de Jesús (Jn 6,35) y de celebrar su memoria (Lc 22,19; 1Cor 11,25).

Este derecho divino no puede ser negado en razón de una ley humana que lo vincula exclusivamente a una persona, al sacerdote célibe, sin el cual este derecho divino no puede realizarse. Lo divino está siempre y sin ninguna excepción por encima de lo humano.

Es Cristo quien bautiza, perdona y consagra y no el sacerdote.

Por otra parte hay que recordar algo con consecuencias fundamentales: después del sumo sacerdocio de Cristo no hay más sacerdotes in se en la Iglesia. Quien lleva este nombre –sacerdote– es solamente un representante del sacerdocio de Cristo. Es Cristo quien bautiza, es Cristo quien perdona, es Cristo quien consagra. El sacerdote no tiene en sí mismo el poder de consagrar. Solamente el de representar y de actuar “in persona Cristi”, en lugar de Cristo, pero sin sustituirlo. El sacerdote hace visible a Cristo-Sacerdote invisible.

¿Por qué en ausencia del sacerdote, por razones que no dependen de la comunidad, otro cristiano laico, “vir probatus” por la comunidad y casado, no puede representar a Cristo, hacerlo visible, una vez que, por el bautismo, también él participa del sacerdocio de Cristo?

Además el Concilio Vaticano II, resumiendo la Tradición dice con acerto: no se edifica ninguna comunidad cristiana si ella no tiene como raíz y centro la celebración de la Santísima Eucaristía” (PO 6).

Negando la ordenación de viri probati indígenas, se les niega la posibilidad de edificar la comunidad cristiana. Este derecho divino no se les puede negar en nombre de una ley humana y cultural como el celibato y por una eclesiología, entre otras, que entiende como exclusivo el poder de consagrar. ¿Aquí entonces no vale la inculturación tan convincentemente desarrollada en la Exhortación “Querida Amazonia”? ¿No se impide esta por razones eclesiológicas extrañas, que terminan por inviabilizar el rostro indigena y amazónico de la Iglesia al negar la ordenación de viri probati indígenas y casados?

 

Las 24 Iglesias también católicas sin la ley del celibato

Es iluminador en este contexto recordar que hay otras 24 Iglesias, que son también católicas pero no romanas, como la copta, la melquita, la maronita, la etíope, la bizantina griega, la armenia, la siríaca, la caldea y otras. En todas ellas hay sacerdotes casados y sacerdotes célibes. No por eso ellas son menos iglesias católicas que la romana.

¿Por qué razón la Iglesia católica romana es tan inflexible con referencia a la ley del celibato, condición para ser ordenado sacerdote? Sabemos que la ley del celibato surgió lentamente en la Iglesia y que en la historia ha sido siempre un problema, siendo violada por papas, cardenales, obispos y presbíteros. Y en los últimos años ha salido a la luz, en los más altos eslabones de la Curia vaticana, la violación del celibato, agravada por los crímenes de pedofilia, que son también una forma de violar el sentido del celibato.

En la Exhortación “Querida Amazonia” el tema de la inculturación en las culturas indígenas y amazónicas, por razones ya aducidas, no ha sido llevado hasta las últimas consecuencias, hasta la raíz. Como se sabe, en la cultura indígena no existe la figura del indígena célibe. Todos viven con su pareja. Y así sería el sacerdote indígena.

Los viri probati indígenas: rehenes de la cultura romana, latina, occidental y celibataria.

Impedir que viri probati indígenas casados sean sacerdotes significa no encarnarse en la totalidad de su cultura. En ella el sacramento eucarístico debería ser celebrado por un sacerdote indígena casado. Al no encarnarse en plenitud, se condena a los indígenas a continuar rehenes, en lo que atañe al sacramento del Orden, de la cultura romana, latina, occidental y celibataria. Esto es no hacerles justicia, pues tienen el derecho divino de recibir, en el modo de su cultura, la presencia eucarística del Señor.

El supplet Eclesia y el ministro extraordinario de la Eucaristía

A pesar de esta limitación en la comprensión de quien preside la eucaristía, la comunidad cristiana puede recurrir a otro expediente eclesiológico asegurado en la tradición, el famoso “supplet ecclesia”. Aclaro: el indígena casado que ya preside la comunidad, puede presidir la celebración de la cena del Señor supliendo al sacerdote célibe ausente a título de “suplencia de la Iglesia”. Él funciona como ministro extraordinario de la Eucaristía y lo hace con la intención de estar con la Iglesia (cum Ecclesia), jamás contra la Iglesia (contra Ecclesiam), y de hacer todo lo que haría el sacerdote si estuviera presente.

Toda situación extraordinaria demanda también una solución extraordinaria: la legitimidad del laico indígena y casado de presidir la celebración de la cena y la memoria del Señor. La necesidad no conoce ley. El ordo caritatis (el orden de la caridad) y la solicitud para la salus animarum (para la salvación de las almas) y la oeconomía salutis (el proceso historico de la salvación) sustentan teológicamente tal práctica.

La misma visión se encuentra en el sistema jurídico-canónico de la Iglesia. El Derecho Canónico dice explícitamente que la ley suprema en la Iglesia es siempre la “salvación del alma” (canon 1752). ¿Esto no implicaría también el acceso sin las limitaciones impuestas por leyes humanas al sacramento del Orden?

Es injusto mantener a las mujeres como cristianas inferiores

Dejemos aparte el tema del diaconado de las mujeres, igualmente negado en la Exhortación. Tal negación no supera, desgraciadamente como se esperaba, la cuestión de género y hace a las mujeres, por más comprometidas que estén en las comunidades, cristianas inferiores, de segunda categoría, como lo afirma además la cultura machista todavía dominante con referencia a ellas. Bien se podría romper en la Iglesia con esta tradición tan injusta. Para las mujeres no valen los 7 sacramentos; para ellas solamente cuentan 6 porque están excluidas del Ordo.

Recordemos que Santo Tomás de Aquino, en su doctrina sobre los sacramentos, afirmaba que el bautismo es el sacramento de iniciación a la vida cristiana y simultáneamente es la iniciación para todos los demás sacramentos y por eso contiene los 7 sacramentos. Según esta comprensión del Doctor Angélico, por el hecho de ser mujer, esta, la mujer, recibe un bautismo menor porque le falta el contenido del sacramento del Ordo.

Pero no queremos olvidar una flagrante paradoja: una mujer puede engendrar un hijo que es el Hijo de Dios. Esta misma mujer, que ha engendrado a este hijo que es el Hijo de Dios, no puede representar a su hijo que es Hijo de Dios. Solo por el hecho de ser mujer. Las Escrituras dicen que esta mujer, María, “es bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,41). Pero parece que no es suficientemente bendita para representar a su propio Hijo que es el Hijo de Dios encarnado.

Añado también el hecho de que las mujeres nunca traicionaron a Jesús, como lo hicieron Pedro y los apóstoles, que lo abandonaron. Fueron siempre fieles y fueron ellas las primeras testigas del hecho mayor de la fe, que es la Resurrección. Solamente por tales razones deberían tener un lugar central dentro de la Iglesia si esta no estuviera atada a la cultura latino-occidental masculinista.

Nada es más fuerte que una idea cuando alcanza su punto de maduración

Todo lo que he escrito no significa una falta de lealtad al Papa Francisco, que es inquebrantable en mí. Pero vale el dicho antiguo: Amicus Plato, sed magis amica veritas. Compete al teólogo buscar caminos nuevos para problemas nuevos, siempre al servicio de las comunidades cristianas y de la propia Iglesia universal.

Como ya se dijo: “nada es más fuerte que una idea cuando llega el momento de su realización”. Llegará este momento para los viri probati indígenas y principalmente para las mujeres dentro de la Iglesia romano-católica. Pero cómo se demora…

A pesar de estas limitaciones internas, la “Exhortación Apostólica Querida Amazonia” es, en este momento crucial de la crisis ecológica como emergencia planetaria, la más decidida y valiente defensa de la Amazonia, presente en 9 países, fuente de vida para toda la humanidad, garantía del futuro de la Tierra y esperanza de la salvaguardia de nuestra civilización. Por eso no acabamos de agradecer al Papa Francisco este servicio profético en beneficio de toda la Humanidad y para todos aquellos que aman y cuidan este bello y esplendoroso Planeta, nuestra Casa Común, la grande y generosa Madre Tierra.

*Leonardo Boff es eclesiólogo de Brasil y entre otros libros de eclesiología ha escrito: Die Kirche als Sakrament im Horizont der Welterfahrung, Padeborn 1972; Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Record, Rio de Janeiro 2008 y Dabar, México 2009; Iglesia: carisma y poder, Vozes 1982, Borla 1985; La Iglesia se hizo pueblo, Vozes 1984; Nuevas fronteras de la Iglesia, Verus 1986.

Gracias a María José Gavito Milano que há mejorado mi español.                                   

                                           ANEXO

         Carta do bispo emérito do Xingú Dom Erwin Kräutler

Meu caro irmão,

Li seu artigo com imensa satisfação. Não preciso dizer-lhe que concordo com tudo que escreveu. Você traduziu em palavras claras e diretas o que a grande maioria de nós pensa. Nosso sonho não acabou. Lamentamos apenas que vamos ter que esperar ainda não sei por quanto tempo que ele se torne realidade. Infelizmente, nós já octogenários certamente não teremos mais a graça de entoar o Te Deum laudamos… agradecendo que finalmente a nossa Igreja também tem um rosto indígena.

É simplesmente absurdo pensar que isso aconteça sem que a Eucaristia seja celebrada pelos mesmos indígenas com jeito indígena, na língua indígena, na cultura indígena e nos parâmetros indígenas em relação a quem ocupa função de coordenar/presidir.

Não sei se lhe contei uma vez a minha primeira visita como bispo a uma aldeia Kayapó. À pergunta do cacique: “Aprô“ – “Sua esposa“ – respondi “Iprô kêt“: “sem esposa”. Olhou-me um tanto desconfiando. Outra vez fui lá e veio a mesma indagação. Aí respondi: „Onij“ – tá muito longe! Aí ficou com pena. Deus certamente já me perdoou a mentirinha que certamente me aproximou mais dos indígenas. Mais tarde a mulher do cacique me adotou com „Ikra“ – meu filho. Lindo não é!

Pergunto se não seria importante traduzir seu artigo para o alemão, inglês e italiano para os da extrema-direita tão agressiva dos países desses idiomas se poderem inteirar da caprichada fundamentação de seus argumentos?

Cordial abraços,

Dom Erwin Kräutler

 

 

“Querida Amazonia”: una inculturación truncada

La Exhortación Apostólica “Querida Amazonia” del Papa Francisco es un himno a la magnitud y a la belleza de ese inmenso bioma que se extiende por nueve países de América Latina. El Papa se dio cuenta como pocos de la importancia de la Amazonia para el futuro del equilibrio ecológico y de la supervivencia del sistema-vida en el planeta.

Dividió su exposición, en la cual cita a nuestros autores y poetas, en cuatro sueños: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial. Comparto totalmente tres sueños y medio. La segunda mitad del cuarto sueño nos parece, a no pocos, más bien una pesadilla. Y explico por qué.

El estilo antes profético, ético, ecológico y poético desaparece. Parece como si otra mano hubiera escrito el texto y, seguramente bajo presión, consiguió incorporarlo al cuarto sueño, transformándolo en una pesadilla. Aquí no habla el pastor sino el doctor, no el profeta que denuncia el sistema mundial anti-vida sino la autoridad doctrinaria que fija una lección teológica.

¿Cuál es el propósito de toda la Exhortación Apostólica? La inculturación de la fe cristiana en el universo de los indígenas de tal forma que surja una Iglesia de rostro amazónico. Tal iniciativa implica prestigiar la sabiduría ancestral, los valores, las costumbres y la forma de ser indígena. De una Iglesia-espejo de la europea, implantada por la colonización, debería surgir una Iglesia-fuente, con raíces en nuestra realidad, especialmente inculturada en los pueblos originarios de la Amazonia.

El Papa Francisco fue quien más estimuló a los participantes del Sínodo Panamazónico para que tuviesen el valor de enfrentarse a este desafío. Esa inculturación para ser real conllevaba obviamente sacerdotes casados, los “viri probati”. Los indígenas no se imaginan a un indígena célibe. El sacerdote debía ser alguien casado. Esta era una petición de las comunidades amazónicas, apoyadas por la mayoría de sus obispos y aprobada mayoritariamente por el Sínodo Panamazónico. Grande fue la decepción cuando se vio que este tipo de sacerdotes casados era rechazado por el cuarto sueño. ¿La inculturación no debería ser completa?

La argumentación para negar el sacerdocio casado se funda en una eclesiología tradicionalista y superada por el Concilio Vaticano II. Este da centralidad, primero al pueblo de Dios y después a la jerarquía a su servicio. La misión del ministro ordenado no es la de concentrar el poder sagrado, sino la de coordinar todos los servicios, dar cohesión y presidir la comunidad. Por el hecho de presidir la comunidad, preside también la celebración eucarística.

La lección doctrinaria de la Exhortación se presenta aquí: “El carácter exclusivo recibido por el sacramento del Orden, deja solo al sacerdote habilitado para presidir la Eucaristía; esta es su función específica, principal y no delegable (n.87)”. Cabe recordar que se está pensando únicamente en el sacerdote célibe. Esta es la doctrina tradicionalista que hace del sacerdote una especie de mago solitario.

Y aquí surgen dos problemas: los fieles según el mandato de Jesús (Jn 6,35; Lc 22,19; 1Cor 11,25) tienen el derecho divino de participar de su cuerpo y sangre eucarísticos. No se puede negar la Eucaristía a los indígenas por no permitirles tener un sacerdote casado. Un derecho humano no puede estar por encima de un derecho divino.

El segundo problema: un sacerdote puede celebrar la Eucaristía él solo pero la comunidad no puede celebrar sola la misma Eucaristía. Sin el sacerdote célibe no hay Eucaristía.

Es importante rescatar una idea antigua y moderna: no se puede imaginar una ordenación en absoluto, sin conexión con la comunidad. El canon 6 del Concilio más importante de todos, el de Calcedonia (451), consideró inválida toda ordenación absoluta.

Durante los primeros mil años de cristianismo estuvo en vigor la siguiente norma: quien preside la comunidad, preside también la Eucaristía. Podía ser un obispo, un presbítero, un profeta e incluso un laico.

Solamente en el milenio siguiente, por razones políticas de disputa entre los Papas y los Emperadores, se consolidó la doctrina de la “cefalización” según la cual todo el poder está en la “cabeza”, en el Papa y en quien él lo delegue. Sólo el sacerdote ordenado puede presidir la Eucaristía. El poder sagrado queda desligado de la comunidad. Surgió un sacerdocio absoluto y celibatario contrariamente a lo que prescribía el canon 6 del Concilio de Calcedonia.

Tal doctrina ha sido considerada por el mayor estudioso de la Iglesia, J. Y. Congar, como dañina hasta el día de hoy. Ella separa a los curas célibes de la comunidad. Pero en realidad ha sido superada actualmente gracias a la concepción del Vaticano II que religa la Iglesia al Pueblo de Dios y el sacerdote a la comunidad.

Pero lo que propiamente está en cuestión para ser ordenado es la ley del celibato, impuesta históricamente sólo en la Iglesia Católica Romana. No existe en las otras 24 Iglesias también católicas (ortodoxa, armenia, melquita etc), sin ser por eso menos católicas.

En pocas palabras: la llamada inculturación total de la iglesia en las culturas indígenas se ha truncado debido a una ley humana, occidental y sexista (celibato). Se ha frustrado así el sueño de una Iglesia de rostro verdaderamente indígena y amazónico por la imposición de una norma occidental, romana y excluyente.

La ordenación de indígenas casados llegará, pues cuando una idea se hace firme en las conciencias acaba por realizarse.

*Leonardo Boff es eclesiólogo y ha escrito entre otras obras Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Record 2008. Sigue un estudio más detallado sobre el tema en mi blog.

Traducción de Mª José Gavito Milano